Con el aporte de la arqueología, antropología, etnografía, geografía, historia y otras disciplinas, el Programa Qhapaq Ñan ha podido ser analizado desde diversas perspectivas y no solo como una red de caminos que comunicaba pueblos alejados entre sí. Hoy es posible tratarlo y entenderlo como una obra cuya dimensión espacial adquiere cada vez mayor importancia social y cultural.

Reconocimiento del Gran Camino.

La investigación y registro arqueológico del Qhapaq Ñan, de su estado de conservación y de la investigación sobre los sitios asociados a él, busca concluir un catastro arqueológico nacional vinculado a la extensión total del Qhapaq Ñan.

La identificación y el registro de tramos de caminos prehispánicos y sitios arqueológicos, requiere de un agotador recorrido a pie por el camino. Para que se comprenda la magnitud del trabajo realizado, vale la pena referir algunas cifras: Se estima que a la fecha, los técnicos peruanos han identificado y registrado aproximadamente el 80% del Qhapaq Ñan en nuestro territorio, el faltante 20% aproximado aún no se registra debido a problemas de accesibilidad como cobertura vegetal y terrenos inestables.

Los museos, soporte y refuerzo de nuestra identidad Entendiendo los museos como centros de interpretación y custodia de la memoria material e inmaterial, el Programa Qhapaq Ñan busca a través de ellos vincular el pasado con el presente, unir a poblaciones y países andinos en busca de la conservación y conocimiento de sus elementos más caracterizados, para reforzar la identidad local y dotar a las poblaciones de elementos atractivos para el uso turístico en beneficio de su propio desarrollo. Dentro del Programa Qhapaq Ñan, el componente museológico ha implementado el Plan de la Red de Museos que se ha iniciado con la musealización del primer tramo de la Ruta del Peregrino (Jauja-Pachacamac) y del Proyecto Museo Nacional Pachacamac, cuya ejecución debe iniciarse en breve a fin de dotar a este importantísimo santuario de la costa del Perú, de un centro de interpretación adecuado y acorde con la importancia del sitio arqueológico.

La Red de Museos del Qhapaq Ñan tiene como misión poner en valor el Qhapaq Ñan y contribuir con el desarrollo local, regional y nacional a través de una propuesta descentralizada que refuerce la identidad presente y de lineamientos para el uso sostenible de los recursos culturales.

Es sustantivo el aporte del conocimiento geográfico del Qhapaq Ñan que permite contextualizar el territorio y descubrir el papel que éste juega en la dinámica territorial actual.

Aportes del Qhapaq Ñan Desde el punto de vista científico y gracias a los aportes multidisciplinarios del Programa, ha sido posible establecer, entre otros lineamientos, una metodología para el reconocimiento y registro del entorno territorial relacionado al Gran Camino. Asimismo, fijar los parámetros para el estudio y catalogación de los paisajes culturales a nivel nacional y dotar una adecuada normativa para la declaración y manejo de los paisajes culturales, algunos de los cuales han sido declarados como patrimonio cultural de la Nación.

Sector Mullococha, tramo Jauja-Pachacamac.

Paisajes: expresiones de la sociedad andina Desde las primeras ocupaciones humanas, el habitante de las zonas altas de los Andes fue capaz de responder con imaginación y eficiencia ante los retos que planteaba el territorio andino, al que intervino dejando diversidad de paisajes culturales a lo largo de la red caminera. Perviviendo aún en nuestros días como expresiones tangibles de la capacidad de las sociedades que ocuparon el extenso universo andino.

En ese sentido, es sustantivo el aporte del conocimiento geográfico del Qhapaq Ñan que permite contextualizar el territorio y descubrir el papel que éste juega en la dinámica territorial actual. Asumir el paisaje cultural como una riqueza propia y singular, será una herramienta de posicionamiento regional en el futuro.

Las poblaciones y su cultura Luego de cinco años de investigación y actividades realizadas en conjunto con las poblaciones asociadas al Qhapaq Ñan, el Instituto Nacional de Cultura ha desarrollado productos finales que ponen de manifiesto la vigencia de formas de ser y vivir, tradiciones y prácticas de cosmovisión que muestran cada vez más el valor ancestral de la cultura transmitida de generación en generación y cómo ello sustenta la diversidad cultural de nuestro país, rico en expresiones y saberes.

El componente etnográfico ha aportado un conocimiento cabal de: la cultura Chopcca, etnia de Huancavelica que ha guardado celosamente sus tradiciones haciendo de ellas una práctica habitual y un elemento de identidad y orgullo; la cerámica tradicional de Pucará, como un gran remanente de técnicas alfareras cuyos orígenes se remontan a épocas milenarias; el anaco, que es uno de los elementos de vestimenta a manera de túnica, con mayor presencia y permanencia en las poblaciones en territorio peruano; la recuperación de la memoria del Inca en Huánuco Pampa; la persistencia del Tanta, en la ruta del Pariacaca; así como la sorprendente pervivencia del arte textil en Aypate, provincia de Ayabaca, Piura, en la frontera norte del país.

Patrimonio colonial y republicano Dentro del Programa Qhapaq Ñan existe la necesidad de investigar y comprender el aporte que ha tenido el hombre en tiempos de la presencia española en nuestras tierras. Es así que encontramos espacios y territorios en los que se han superpuesto construcciones, esquemas arquitectónicos y se ha dado uso dual a lugares que trataron a lo largo de los siglos de mantener un valor ancestral, muchas veces oculto bajo las formas y visión occidentales.

Es por ello que se ha desarrollado tres ámbitos de trabajo: diagnóstico y registro, estudio de tipologías arquitectónicas y técnicas constructivas, todo ello con la finalidad de comprender las circunstancias y el valor del aporte y la presencia de los distintos grupos humanos que viven y ocupan espacios a los largo del Qhapaq Ñan.

Producto de ese trabajo son importantes publicaciones que han permitido establecer las pautas para la preservación, conservación e intervención futura en centros urbanos y ceremoniales, como Vilcashuamán en Ayacucho, que constituye uno de los lugares en los que se aprecia claramente la superposición y continuidad de las edificaciones incas con las ocupaciones modernas. Las investigaciones realizadas allí han aportado pautas para intervenciones futuras en centros similares, en los que es necesario identificar la obra primigenia para poder valorar los aportes posteriores.

Defendiendo lo nuestro La apropiación de los valores culturales es una tarea impostergable y a ella se aboca de manera intensa el Instituto Nacional de Cultura, interviniendo de manera directa en los sitios arqueológicos e históricos asociados al Qhapaq Ñan, para sensibilizar a la población, fomentar el conocimiento y cuidado de lo propio, a partir del crecimiento de la autoestima y orgullo por los valores y bienes culturales que les son propios.

A través de la labor del área de defensa del patrimonio, el Programa Qhapaq Ñan busca, entre otros, reducir el tráfico ilícito de bienes culturales, involucrar a la población cercana a los sitios asociados al Gran Camino para que, conociendo su valiosa riqueza ancestral, sepan cómo protegerla y puedan identificar las amenazas a que ese patrimonio está sometido. Una permanente labor de asesoramiento busca brindar herramientas que orienten y ayuden en las acciones de protección y defensa de los bienes del patrimonio cultural mueble e inmueble.

La labor de defensa es ardua y tiene como meta fomentar la apropiación cultural para disminuir y erradicar los atentados contra los sitios arqueológicos e históricos asociados al Qhapaq Ñan, así como poner término al expolio de bienes muebles.

Logros en la defensa del patrimonio Son muchos los logros obtenidos y es quizá la tenacidad y la persistencia de las campañas realizadas las que generan una conducta cada vez más comprometida por parte de la población y de las autoridades locales.

Destaca la permanente asesoría técnica en programas de participación ciudadana y capacitación en programas de defensa del patrimonio; el apoyo permanente para el desarrollo de los planes de trabajo relacionado a la sensibilización y educación de la población en zonas de gran importancia como Huánuco Pampa, Cabeza de Vaca y Huaycán de Cieneguilla, en los que se ha realizado el diagnóstico sociocultural para identificar agentes internos y externos que deben ser involucrados como parte de la labor conjunta con la población. Para ello ha sido de gran importancia la organización de mesas de trabajo con el objetivo de diseñar una propuesta curricular que contenga fundamentos para la valoración del patrimonio cultural, y diseñar así una guía metodológica para la intervención en proyectos con fines de uso social.

Promoción de nuestro patrimonio Los resultados de las investigaciones elaboradas por los especialistas de los diferentes componentes que integran el Programa Qhapaq Ñan, se plasman en publicaciones de libros, música y discos documentales con la finalidad de poner a disposición de la población los estudios realizados, así como material de trabajo para la defensa del patrimonio histórico.

Se ha editado una nutrida lista de publicaciones tanto en versión impresa, como en digital, referidas a los informes técnicos de las diferentes campañas anuales de trabajo de campo y de gabinete, para dar a conocer los trabajos realizados, los logros alcanzados y poner en conocimiento de los grupos especializados y de la población en general, el aporte de los componentes etnográfico, geográfico, arqueológico y de defensa del patrimonio histórico.

Además de las publicaciones de corte académico, existen material de difusión masiva y otros destinados al mayor conocimiento de los logros en estos años de trabajo como el boletín Proyectos de investigación y puesta en uso social; y los informes relativos a las intervenciones en el Proyecto Cabeza de Vaca, Huánuco Pampa y Huaycán de Cieneguilla. El programa Qhapaq Ñan también ha editado su Plan cuatrienal 2006-2010, así como el producto del registro e identificación del camino hacia el Apu Pariacaca y el Alto Cañete, informe contundente respecto al estudio de paisaje cultural. Algunas ediciones aportan primicias técnicas y ofrecen perspectivas novedosas para el futuro del programa Qhapaq Ñan. En ese sentido, destacan también las publicaciones tituladas Reconocimiento y registro del entorno territorial del Qhapaq Ñan cuyo volumen I aborda la ruta del Chinchaysuyu entre Acostambo y Huanucopampa; el segundo volumen registra la ruta entre Jauja y Pachacamac, el tercero está dedicado al tramo entre Huánuco Pampa y Conchucos y el cuarto entre Piás y Chachapoyas. El volumen V se aboca al recorrido del Qhapaq Ñan desde Acostambo hacia Andahuaylas y el volumen VI presenta el tramo del camino transversal desde Vilcashuamán hasta Chincha Alta.

Vislumbrando un gran futuro En el convencimiento de que el Programa Qhapaq Ñan es el empeño cultural nacional más importante de las últimas décadas, resulta evidente que se trata de un esfuerzo que involucra a las autoridades y población de todas las regiones y pueblos por donde discurre este portento de ingeniería y dominio territorial como se demuestra día a día que fue y es el Camino Principal Andino. Hoy lo comprendemos en su dimensión real y compleja y no cabe duda que se trata del proyecto de mayor envergadura para asociar a todos los pueblos del Perú, de sur a norte y de este a oeste, aglutinando experiencias, reconociendo individualidades y esencias para valorar la diversidad cultural, étnica, lingüística y la diversidad de cosmovisiones, reconociendo que el gran tesoro del Perú y el eje de su futuro es su riqueza cultural sustentada en la variedad de formas de ser y de saber. Nada de ello se desdice de la unidad: todo puede conducirnos a ello y el Qhapaq Ñan es, sobre todo, el “camino que nos une”, que nos remonta a orígenes comunes, a valores ancestrales y a experiencias culturales de singular valor.

Por ello es que la participación activa y constante de la población asociada al Camino Principal Andino es de importancia fundamental para la sostenibilidad del Programa, en vista de que es la sociedad la que debe reconocer, admirar y cuidar su patrimonio cultural y al apropiarse de él, ser el beneficiario directo del mismo.

Finalmente, y como producto asociado al trabajo que se realiza, se espera generar espacios de encuentro y colaboración a nivel nacional e internacional, públicos y privados, para el desarrollo económico, técnico y de gestión de los ámbitos comprometidos en el Programa Qhapaq Ñan, al que queremos entender como el “camino que nos une”, criterio en el que radica mucho de su valor actual.

Aportes del Qhapaq Ñan
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Desde el punto de vista científico y gracias a los aportes multidisciplinarios del Programa, ha sido posible establecer, entre otros lineamientos, una metodología para el reconocimiento y registro del entorno territorial relacionado al Gran Camino. Asimismo, fijar los parámetros para el estudio y catalogación de los paisajes culturales a nivel nacional y dotar una adecuada normativa para la declaración y manejo de los paisajes culturales, algunos de los cuales han sido declarados como patrimonio cultural de la Nación.

Rescate de la tradición
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La realización de los documentales denominados Ruraq Maki (o “Hecho a mano”) que rescata la tradición artística popular de diversas regiones en las que se ha mantenido las formas, iconografías y técnicas de producción artesanal tanto de objetos suntuarios como de uso diario; el registro de tradiciones orales; la investigación, registro y producción digital de música tradicional, entre otros productos, dan cuenta de la importancia del elemento etnográfico que contiene el Qhapaq Ñan a lo largo de todo su recorrido. Ello queda plasmado en la edición de Chopccam Kani, conjunto de tres discos que incluyen 38 canciones tradicionales Chopcca, nunca antes registradas y menos grabadas por sus auténticos cultores, junto a una investigación profunda del sentido y contenido de cada una de esas canciones.

Principales Culturas
COSTA CENTRAL

Etapas o períodos:

  • Imperio Tahuantinsuyo.
  • Estados regionales
  • Imperio Wari
  • Culturas Regionales
  • Formativo
  • Arcaico
  • Período Lítico

Filiación Cultural:

  • Inka
  • Chancay
  • Wari Pachacamac
  • Lima
  • Miramar, Ancón
  • Haldas, Paraíso, Encanto
  • Canario, Luz, Arenal, Oquendo, Chivateros

Principales Culturas
Costa Norte
LAMBAYEQUE

Los trabajos arqueológicos realizados en la costa norte, principalmente en el área de Lambayeque, son muy escasos, razón por la cual solo se conocía las referencias que dieron los Cronistas; Francisco de Jerez (1537), Cieza de León (1547), Miguel Cabello de Balboa (1586) en su obra «Miscelánea Antártica», el Cura de Morrope y Pacora, Modesto Ruviñoz y Andrade. La tradición contenida en estos documentos constituye el objeto principal de la tradición Lambayecana. Posteriormente estos aportes dieron lugar a que los investigadores tomen interés sobre el desarrollo cultural de Lambayeque. Los primeros en tratar el tema fueron: Tello (1937) quien realizó una somera visita para inspeccionar e inventariar las huacas y artefactos funerarios de oro saqueados en Pampa Grande, anteriormente Brunning (1917-1922), el primer erudito que hizo un estudio conciente y sistemático de la historia cultural de está región, registrando en su monografía las impresiones de los sitios más importantes que él visitara y fotografiara, en su breve estancia. Kroeber (1930) su labor fue limitada, visitó únicamente el Purgatorio, Chotuna y Etén.

Los primeros estudios de campo propiamente hechos se deben a Wendell C. Bennett, quien por los meses de Abril y Mayo de 1939 estuvo en la zona Lambayecana e hizo algunas excavaciones en 81 tumbas y visitó otros 15 lugares sin excavar, llegó a la conclusión de que aquella parafernalia funeraria pertenecía a una época transicional, más tardía. Richard Shaedel (1951-1966), es uno de los primeros en realizar un estudio en gran escala con bosquejos de mapas, para dicha disponiendo de fotografías áreas, actualizaron y recopilaron las principales categorías de restos arqueológicos tales como canales, campos de cultivo, pirámides y lugares habitacionales. Kosok (1965) reportó y trazó mapas de 250 sitios en los valles de Motupe, La Leche y Lambayeque, su investigación se basó en la interpretación del desarrollo socio-económico, político y la irrigación a gran escala de los Lambayeque.

Su base económica estuvo ligada a la construcción de grandes complejos hidráulicos, obras que en su mayoría requirió de un gran despliegue de fuerza de trabajo. Construídas con la finalidad de llevar agua hacia los campos de cultivo ubicados en las laderas del río como el de La Leche y otros.

En la década de los 70, Lambayeque empieza a recibir la debida atención y se desarrolla el Programa de excavación a gran escala (1971-1976) en Pampa Grande, que ofreció un amplio entendimiento de la vida urbana prehistórica del lugar. Ya en 1978 se desarrolla el Proyecto Arqueológico «Batán Grande-La Leche», que al presente es conocido como Proyecto Arqueológico «Sicán,» que fue dirigido por Izumi Shimada, proporcionando nuevos datos para un mejor entendimiento sobre la cultura en estudio.

Las antiguas culturas pre-hispánicas del área andina, mantienen un sin número de relatos y leyendas que muestran los posibles orígenes de estos pueblos, la leyenda de Naylamp, descrita por Cabello de Balboa, narra la llegada mítica de un gran personaje acompañado de un gran séquito, que se asentó cerca al río Iaquisllampa donde construyó el templo Chot. Naylamp tuvo un hijo del cual tuvo 12 descendientes que luego le sucedieron 8 gobernantes más hasta que fueron conquistados por los Incas.

En los últimos trabajos científicos desarrollados en la zona, se estima que los orígenes de la cultura Lambayeque se encuentra a finales del Horizonte Medio o etapa en la cual colapsa la cultura Moche y las tradiciones sincréticas y fusión estilística del dominio de Cajamarca Medio en la Costa Norte, debido a la intrusión de un nuevo concepto social, ideológico y estilístico denominado Wari.

Con el decaimiento de la influencia Wari en el norte se produce el surgimiento de pequeños reinos y culturas regionales que se refleja en una nueva concepción ideológica social y económica como se refleja en la cultura Lambayeque o Sicán. Los diferentes restos materiales encontrados han sido atribuidos por muchos años, a la Cultura Chimú. De tal modo que esta región fue «Chimuizado» por Tello en 1929, Kroeber en 1939; denomina a la cerámica clásica como «North Chimú» y «Chimú Cursivo.

Fue Rafael Larco Hoyle el primero en usar clara y categóricamente la frase «Cultura Lambayeque» (1948), en su «Cronología Arqueológica del Norte del Perú», puntualizando a la vez los elementos diagnósticos que en su criterio distinguían y aislaban con nombre propio la cerámica clásica de la región aludida. Basado en los motivos escultóricos y asas puentes, la divinidad antropomorfa de ojos alados, y la atribuye cierta anexión al estilo Cajamarca, posteriormente lo ubica dentro y como consecuencia del Tiahuanaco expansivo en la Costa.

Para Izumi Shimada el nombre que debe llevar este conjunto de elementos culturales, es la de Sicán, debido a un antiguo documento (Archivo general de los Indios, Sevilla/Justicia 418); menciona que en el año 1536 ésta área fué denominada como «Sicani o Cani».
En la encomienda confiada a F. Pizarro que este entregó a Lobo en 1536, menciona que el área principal fué denominado como «Sicán».

Shimada (1985) caracteriza cronológicamente a esta cerámica en 3 períodos:

  • El Sicán Antiguo (750 -900) caracterizado por la fuerte influencia de estilos foráneos como Cajamarca Medio y Wari/Pachacamac. Constituye una fase de transición entre el fin del Moche o el surgimiento de Sicán.
  • El Sicán Medio (900 – 1,100) época que decae Wari, la cerámica de este período con el símbolo del señor Sicán, se ha encontrado desde Ancón y Pachacamac hasta la Isla de la Plata cerca a Guayaquil.
  • El Sicán Tardío (1,100 – 1,375) la cerámica presenta un bruñido perfecto, negro oscuro y negro manchado. En 1963; sostenía Lothrop es una publicación en 1964 y Engel en 1965, expresiones de ambos estilos se debía a que en la mayoría de la cerámica de Lambayeque es negra como la Chimú y a falta de estudios importantes sobre el valle de Lambayeque. (La zona fue conquistada y anexada a la cultura Chimú).

Los rasgos más saltantes es la producción metalúrgica a gran escala de todo tipo de objetos de metal, su empleo fue masivo incluso llegándose a cubrir completamente la cerámica y cámaras funerarias con laminas de tumbaga (aleación de cobre, plata y oro), entre ellos destaca elementos elaborados en base a cobre arsenical (bronce).

Respecto al poder económico estuvo basado en una alta productividad agrícola y aún amplio control del sistema de irrigación artificial, A la vez tenían control en una amplia red de intercambio de objetos provenientes de diversas partes de América del sur.

Su organización ideológica estaba bien definida y tenían como deidad principal presente en sus representaciones materiales así como los rasgos de aves que mantienen estos.

Shimada menciona de acuerdo a sus investigadores principalmente los referidos a la arquitectura monumental son:

Construcciones de grandes pirámides truncas, combinadas con plataformas generalmente en forma de «T», un modelo en es el caso de Huaca del Loro. La construcción en esta arquitectura monumental usando cámaras de adobe relleno con residuos sueltos, troncos de algarrobo y grandes losetas cocidas, en donde estas últimas deben haberse empleado como refuerzo estructural de las cámaras.

El uso de grandes pilares distribuidos en cuadradas cajas de adobe para el subsuelo, como ejemplo tenemos a Huaca El Corte en donde halló 48 columnas cuadradas pintadas y alineadas en 12 filas de 4 columnas cada una, las bases de estas columnas estaban dispuestas en forma cuadrada, y colocadas en cajas de adobe con piedras y/o ripio rellenos de arena, posiblemente esta área no pudo cumplir funciones de vivienda; pero si empleada como escenarios de exposición de sus ritos públicos.

Una importante tradición en la arquitectura monumental del Sicán- Medio, fue el uso de adobes intencionalmente marcados, estas marcas geométricas que fueron hechos con los dedos antes de que el adobe tomara consistencia. El 90% del total de adobes del mismo tamaño, color, textura y forma con diferentes marcas se repetían en adobes de diferentes tamaños, formas color y textura. Se admite que los adobes marcados eran fabricados por diversas adoberas, (bajo contrato) y para diferentes patrocinadores, y los adobes sin marcas fabricados para cumplir una labor de impuesto para el estado. Los adobes marcados fueron colocados en las construcciones por diferentes grupos de obreros (no pertenecientes a los productores de adobes) quienes usaron diversos adobes marcados que en un principio apilaron en forma desordenada.

Los recintos de las élites mostraban detalles de varios cuartos interconectados, se supone que incluía residencias de las élites y algunos talleres artesanales.

Un ejemplo de la decoración mural que presenta un diseño de 6.70 m. de largo por 1.02 m. de alto, donde 6 personajes llevan un alto y suntuoso tocador sobre una corona de contornos escalonados, resaltando en las mascaras el ojo alado. Los colores utilizados correspondían al rojo oscuro, blanco, anaranjado ocre, rosado, marrón de decoración mural, pero con relieves policromos, son los recientemente hallados en Túcume.

Los estudios sobre cerámica no han podido hasta la fecha aún establecer una secuencia aceptable, sólo se limitaba especialmente a su fase media. Las características más resaltantes que destacan a esta cerámica es el color negro; de cuerpo esférico que descansa sobre una base de pedestal; de pico cónico, en el se desplaza la cabeza de un personaje con ojos alados (Naylamp), estilizada; en el sector occidental de la cabeza de Naylamp nace un asa conectada al cuerpo del recipiente. Frecuentemente este personaje es acompañado por dos sujetos secundarios, estirados y recostados boca abajo como adorándole, esta forma de cerámica es conocida.

Zevallos (1971) propone a la cerámica como una creación de patrones propios del poblador de este valle, diferenciándolo de otras cultural regionales, y que deriva de la cultura mochica por el realismo. Para la cerámica utilitaria Walter Alva los distingue por su singular técnica del paleteado con variados motivos impresos en especifica distribución territorial.

Dos mil años atrás, anónimos habitantes de la costa central edificaron con barro el centro religioso más importante de esta parte del mundo. Hoy el Santuario de Pachacamac atraviesa su hora crucial: el restablecimiento de un adecuado Museo de Sitio.  Las piezas que se presenta en este artículo nunca han sido mostradas al público.

A lo lejos, el santuario se divisa impreciso y muestra sus estructuras y piramides como si emergieran del desierto de Lurín, cargadas del mismo magnetismo que atraía a los antiguos peruanos. Dicen que en un zorros, peces y otros animales.  También cuentan que el lugar se llenó de la sangre de miles de individuos sacrificados como ofrendas para aquellas deidades avizoras.

La ciudadela de Pachacamac fue un enclave sagrado no sólo para los yungas o habitantes de la costa, sino para muchas culturas y sociedades prehispánicas. Fue erigido y concebido por los hombres de la cultura Lima como el gran centro de peregrinación, el aposento del oráculo, el hogar de aquel dios a quien se atribuía la capacidad de dar vida a todo lo existente. Las ceremonias realizadas en su honor se llevaron a cabo durante casi dos mil años.

Con el tiempo las edificaciones fueron consolidándose gracias al aporte de las culturas Wari, Ychma y, finalmente, Inca. A pesar de introducir sus propias deidades, estos pueblos jamás le dieron la espalda a la devoción por el Señor de los Temblores, Pachacamac, hacedor del universo. La grandeza arquitectónica de la reserva arqueológica más importante del litoral peruano, es un tema que se desplaza por el imaginario y se desarrolla en las páginas de los principales investigadores.

HOMBRES DE BARRO

La inquietud por saber qué anónimos personajes habitaron al pie de los grandiosos templos durante las épocas de peregrinación, fue una exigencia determinante para que, desde el año 2003, el Proyecto Arqueológico Pachacamac, que dirige el reconocido arqueólogo norteamericano Izumi Shimada, desentrañe los secretos que aún guarda el enigmático complejo. A Shimada también se le atribuyen exhaustivos estudios y reveladoras tesis sobre la cultura Lambayeque y Sicán.

“Nos interesa descubrir cuál fue la organización social de la población que llegó y cómo se mantuvieron en este sitio”, comenta.  “Estamos haciendo excavaciones en la Plaza de los Peregrinos –280 m de largo y 200 m de ancho– que es básicamente una construcción inca. Sin embargo, opinamos que esta plaza esconde gran cantidad de restos anteriores”.

De los avances de su metódico sondeo, se conjetura que el paisaje y funcionamiento del lugar fueron distintos antes de la llegada de los incas. La intención de Shimada y su equipo es complementar la actual visión que se tiene del lugar –reforzada por diversos documentos históricos.

“Nuestra hipótesis es que en el santuario se realizaban diversas actividades. Por un lado, se brindaban ofrendas, pero también existían talleres y viviendas”, señala. Estas conclusiones son refrendadas por esclarecedores hallazgos de objetos y elementos utilizados en la cotidianidad de los remotos habitantes: construcciones de quincha, gran cantidad de figurines –básicamente de estilo Chancay–, basura de todo tipo, restos humanos y de alimentos, pescados, semillas, piedras y cántaros que hoy se encuentran en un proceso de análisis químico.

Pero no es todo. También “hay una zona de cementerio y restos que indican que aquí se realizaban sacrificios. La idea que ahora tenemos de Pachacamac es mucho más compleja”, indica el arqueólogo. “Estamos investigando sobre la procedencia de los peregrinos que, aparentemente, llegaron de distintos lugares de la costa central para quedarse por un tiempo. También indagamos sobre la relación de los asentamientos con el Templo del Sol y otros lugares sagrados”.
Trabajo por delante, el proyecto arqueológico espera configurar plenamente el valor del santuario a la luz de sus próximos descubrimientos.

EL FUTURO DEL ORÁCULO

Hoy el complejo religioso tiene un lugar en la mente y en las agendas de trabajo de un grupo de profesionales y técnicos del INC, quienes velan por su protección y su futuro. El nuevo director del Museo de Sitio Pachacamac, Marcelo Saco, lo tiene clarísimo. La idea es consolidar al conjunto arqueológico como un foco que dinamice la zona. Ya se han puesto manos a la obra y las instancias involucradas comienzan a dar forma a lo que próximamente podría ser un eje cultural, turístico y económico.

“Lurín es uno de los valles de mayor impacto en el Perú. Está siendo urbanizado y pronto la ciudad se expandirá por aquí”, comenta Saco. “He ahí la importancia de empujar el proyecto del museo de sitio que, enmarcado en un adecuado plan de manejo, activaría el desarrollo ordenado del valle gracias a su potencial. Un museo en Pachacamac necesita un plan que proteja y ayude a recuperar el santuario, y que resguarde los sitios arqueológicos del valle medio y bajo de Lurín”.

Pocos saben que el futuro del sitio es materia de varias mesas de trabajo, las cuales reúnen a personal del INC y autoridades de la zona con el fin de establecer criterios, ubicar necesidades y recoger puntos de vista para elaborar el Plan de Manejo. Este es un requisito indispensable para que Pachacamac forme parte de la Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

“La idea es implementar un plan operativo para administrar el complejo en las tareas de investigación, conservación, puesta en valor e interacción con el entorno”, explica Saco. Asimismo, “establecer lineamientos mediante los cuales sea sostenible una gestión eficiente en concordancia con el desarrollo local, regional y de los distritos implicados en la expansión turística y defensa del complejo”.

Por lo pronto, son puntas de lanza de la actual administración del conjunto arqueológico temas clave como: la protección de la zona intangible, la puesta en valor y preservación de los monumentos, así como el proceso de conservación y restauración de piezas invalorables –textiles, cerámica, material orgánico– que, después de muchos años, están en manos de un equipo técnico joven y entusiasta.

La nueva mirada y el interés del INC para consolidar el gran proyecto se manifiestan en la voluntad de remodelar los espacios de exhibición, la implementación de laboratorios, almacenes y gabinetes con las condiciones ambientales y de trabajo idóneas.

También se proyecta el establecimiento de una correcta señalética, el reforzamiento de la seguridad, el asesoramiento y la especialización en lenguas extranjeras para los guías, e incluso la apuesta por un proyecto de alumbrado.

El camino es largo. Varias instancias del INC (Dirección de Arqueología, Dirección de Museos, Dirección de Defensa del Patrimonio, Dirección de Sitios de Patrimonio de la Humanidad, Dirección de Paisaje Cultural) trabajan coordinadamente y en estrecha relación con la Dirección de Museos, que lleva la batuta del proyecto.

El objetivo es la creación de un soporte idóneo para la investigación –aún hay vetas no estudiadas en el sitio–, y el logro de convenios y beneficios a partir de la cooperación técnica. Se busca así una dinámica de servicio turístico que apelea las necesidades de todo tipo de visitantes –extranjeros, estudiantes, escolares, profesionales, etcétera–, que contemple la preservación de la reserva arqueológica, y la participación de la comunidad a través de gobiernos locales, empresas y comités populares, en el proceso de manejo sostenible.

Mientras tanto, la ciudadela permanece silente, sabia y sagrada, a la espera de su porvenir. A la espera de que la gente arribe de distintas partes del mundo para rendirle pleitesía y demostrarle su respeto. Centro de peregrinación también en el siglo XXI, Pachacamac ha despertado y está entre nosotros con nuevos bríos y más fuerza que nunca.

(José Carlos Picón)

Pachacamac – Ciudad de Dios

Desde hace dos mil años, mientras los primeros cristianos esparcían sobre el mundo conocido la fe que siglos después tendría como epicentro la ciudad de Roma, sede de peregrinación y culto, generaciones de anónimos hombres de una costa incognoscible para los europeos edificaban con barro el centro religioso más importante e influyente de aquello que mucho después sería conocido como el nuevo mundo.

El santuario llevaba el mismo nombre de la divinidad temible y avizora que lo inspiraba, un Señor de los Temblores cuya ira se manifestaba en los más destructivos movimientos terráqueos y cuyo conocimiento del futuro abarcaba la eternidad: Pachacamac, al que sus fieles, en sus trances místicos, llamaban Pachacoyochi.

En efecto, Pachacacamac, el santuario arqueológico ubicado actualmente a apenas 31 kilómetros de Lima, la céntrica capital del país, tuvo para nuestra América o para los hombres que la poblaron hace ya algunos siglos la misma importancia que para los musulmanes La Meca o para los actuales cristianos El Vaticano.

O acaso más.

La ciudadela enclavada en el desierto era estratégica para contener la ira del dios mediante los oficios y para conocer de primera fuente lo que deparaba el destino a los hombres.

Pachacamac era un oráculo poderoso y una divinidad impía.

La fama de ambas características se extendió rápidamente por todo el continente.

Por todo ello su culto se mantuvo intacto a pesar de los cambios históricos que acaecieron sobre el Perú antiguo, tal como explican María Rostworowski y Antonio Zapata: «Dominar las fuerzas telúricas le valió una amplia difusión en todo el espacio del antiguo Perú.

Pachacamac no fue solamente un dios local sino que se levantó hasta alcanzar la categoría de panandino.

Peregrinos de cuatro partes del mundo entonces conocido lo visitaban en grandes ocasiones, cuando se cumplían sus principales rituales.

En esas circunstancias miles de personas, incluyendo numerosos curacas y principales acudían al santuario de Pachacamac a rendirle tributo.

Sus poderes le valieron una larga continuidad histórica.

De hecho, fue venerado por mil quinientos años, desde comienzos de nuestra era hasta la llegada de los españoles».

El dios de los Yungas –u hombres de la costa–, entonces, no declinó jamás ante la fuerza de divinidades como Wiracocha o el Sol; sólo empezó a eclipsar ante la labor de los extirpadores de idolatrías españoles.

Su santuario fue respetado por todas las civilizaciones que se aposentaron en la zona durante los quince siglos previos a la llegada de Francisco Pizarro y sus huestes.

Fueron los hombres de la cultura Lima, a comienzos de nuestra era, quienes iniciaron la edificación del santuario.

Los huari, algunos siglos después, y los habitantes del señorío Yschma luego de que la influencia huari declinara, respetaron el centro religioso tanto como el imperio inca.

Cada grupo humano lo afirmó y lo administró en su momento, añadiéndole estilos arquitectónicos, modelos de gestión, diversos mitos y relatos que finalmente hicieron del actual complejo arqueológico un muestrario de lujo para entender las mutaciones y estadios del vasto recorrido cultural que el hombre prehispánico trazó en estas tierras.

Para el afortunado visitante Pachacamac supone un viaje temporal fascinante a través de edificaciones erigidas con varios siglos de distancia.

La Huaca de los Adobitos (típicas del Intermedio Temprano), el Templo Viejo (cuya remodelación corresponde a la expansión del horizonte Huari), el Templo Pintado (que según Rostworowski corresponde al Intermedio tardío) y el Templo del Sol o el Aclla Huasi de las Mamacunas, de construcción eminentemente incaica y muestra más «moderna» de este complejo arqueológico, se suceden ante la vista del atento visitante como elementos de un palimpsesto en que se manifiestan los alcances de la mentalidad prehispánica y su paulatino desarrollo.

Pachacamac es, por estas mismas características, una verdadera joya para los investigadores y estudiosos de ese recorrido cultural en la historia del Perú.

LA CIUDAD AHORA

Hoy, acosada por el paso del tiempo pero sobre todo por la amenaza constante de invasiones sobre su zona arqueológica, declarada «intangible» mediante Resolución Ministerial N° 740-83-DE del 4 de julio de 1983, el complejo religioso continúa siendo una de las más importantes reservas arqueológicas con las que cuenta el país.

Pachacamac es visitado, según estadísticas del Museo de Sitio –órgano fundado el 21 de noviembre de 1965 por el doctor Arturo Jiménez Borja con el fin de preservar y exponer el santuario y los numerosos materiales encontrados durante las investigaciones– por un promedio de 75,000 visitantes por año.

Su importancia histórica no es menor de la que detentan Chan Chan o el complejo Sipán en la costa del Perú; sin embargo en torno a ella no existe una atención turística similar a la que rodea a lo complejos anteriores.

Ello, ciertamente, bajo cierta perspectiva, resulta difícil de entender.

En el mes de febrero, un grupo nutrido de invasores –cerca de 2,000 personas– intentó asentarse una vez más en el sector noroeste del complejo, parte de la «zona intangible» que en el momento de esplendor de la ciudadela era el espacio en que descansaban o esperaban turno y purificación los viajeros que acudían al oráculo en pos de revelación.

El Instituto Nacional de Cultura emprendió rápidas medidas para frenar este intento.

Gracias al apoyo de la Policía Nacional del Perú se logró desalojar a los invasores.

La atención de la prensa y la opinión pública general sirvió para que el INC hiciera un llamado enérgico a la sociedad civil a fin de unir esfuerzos y recuperar e impulsar el santuario de Pachacamac.

Inmediatamente se procedió a realizar una jornada de limpieza en la zona y a plantear soluciones para cercar el área amenazada por los invasores.

Por otro lado el Museo de Sitio de Pachacamac tiene nueva responsable.

Ella es Luisa Díaz, quien en el año 2001 integró la Comisión del Plan de Manejo del Santuario de Pachacamac y es una de las principales propulsoras de una acción sostenida en torno a la problemática de este patrimonio nacional.

A través de ella se pondrán en ejecución una serie de pasos en el corto, mediano y largo plazo.

Pocos saben que Pachacamac forma parte de la llamada Lista Indicativa de la UNESCO, suerte de lista de espera de aquellos monumentos que podrían ingresar a la selecta Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad –a la que ya pertenecen Machu Picchu, Chan Chan, el Centro Histórico de Lima y las Líneas de Nazca–, con lo que ganaría una serie de beneficios de cooperación técnica, inversión e interés a nivel mundial.

Para ello es necesario contar con un Plan de Manejo, un documento valioso que reúne el plan operativo para administrar el complejo en las tareas de investigación, conservación, puesta en valor e interacción con el ecosistema, y que establezca los lineamientos mediante los cuales sea sostenible una gestión eficiente en concordancia con el desarrollo local, regional y de los distritos implicados en la expansión turística del santuario.

El Plan de Manejo de Pachacamac y su ingreso en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad es el objetivo medular de la estrategia.

Los pasos previos se han emprendido ya, a través de una serie de mesas de trabajo entre personal técnico del INC y las autoridades de la zona, a fin de recoger puntos de vista, necesidades y criterios para plantear un primer esbozo de ese plan operativo que se verá cristalizado más adelante en un documento de trabajo inicial: los Lineamientos.

Para el INC es fundamental integrar a los sectores cercanos al santuario –gobiernos locales, empresas, comités populares– a participar de este trabajo en pos de un manejo equilibrado y sostenible del complejo arqueológico.

Para ello se estudian diversas maneras de relación fluida y sostenida con el entorno.

Una de las ideas centrales es potenciar la zona aun no cercada del santuario a través de la dotación de una infraestructura cultural al servicio de la comunidad, donde un nuevo museo será el eje dinamizador.

Las ideas empiezan a implementarse paso a paso.

Mientras tanto la ciudadela permanece allí, silente, inmutable, a la espera de que una vez más la gente acuda a ella desde distintos puntos del mundo conocido.

Porque Pachacamac sólo ha estado durmiendo un sueño de siglos.