Inauguran nuevo circuito turístico en Templo del Sol de Pachacámac, Lima, Perú

El santuario arqueológico de Pachacámac, uno de los sitios más importantes del país, cuenta ahora con un nuevo circuito turístico peatonal en el Templo del Sol, informó el Ministerio de Cultura, entidad que gestiona dicho sitio.
Dicho portafolio informó que en el 2012 el santuario recibió la visita de 140,906 turistas entre nacionales y extranjeros, quienes recorrieron el museo de sitio y el amplio circuito de visitas.

También apreciaron las pirámides con rampa, el Templo Pintado, el Palacio de Taurichumpi y el Templo del Sol, ahora con una nueva ruta que permite visualizar la arquitectura del monumento y su relación con el paisaje.

El nuevo circuito incluye caminos peatonales, pasarelas que evitan dañar la arquitectura por parte de los transeúntes, paneles explicativos y paradores que se convierten en miradores naturales. El visitante podrá observar desde diversos ángulos el espectáculo natural que forman las islas de Pachacámac.

El Templo del Sol es el edificio más grande del santuario, fue construido en el siglo XV durante el reinado del inca Túpac Yupanqui para imponer el culto al Sol en la costa.

Los trabajos llevados a cabo por el museo, con el apoyo del programa Qhapaq Ñan, buscan de esta manera mejorar y ampliar la oferta turística de Pachacámac y procurar que cada visitante disfrute y aprenda de la historia de Lima.

Para el 2013 se espera superar la cifra de visitantes del 2012. Para ello, recientemente se inauguró el nuevo circuito peatonal La Ruta del Peregrino, con el cual el visitante puede ingresar a la calle norte-sur, la calle este-oeste y la pirámide con rampa 2.

El circuito recrea el tránsito que los peregrinos hacían cuando ingresaban a la ciudad con sus ofrendas para la deidad de Pachacámac.

Adicionalmente, en los próximos meses se inaugurará un nuevo recorrido en el Templo del Sol y un circuito alrededor del Palacio de Taurichumpi, el lugar donde habitaba el administrador del santuario cuando llegaron los conquistadores españoles.

Hallazgos de Canis familiaris en el santuario de Pachacamac, Lima, Perú

Resumen

El santuario arqueológico de Pachacamac, con una ocupación de más de 1200 años, durante el Horizonte Tardío (1470 – 1533 d.C.) extendió su fama como  el más importante centro ceremonial de la costa peruana al cual acudían peregrinos de diversos lugares. De las intervenciones arqueológicas realizadas en la Segunda Muralla y la Pirámide con Rampa 07 (PCR 07) del santuario, efectuadas por el equipo del Museo de sitio, se han recuperado una serie de hallazgos, entre los que se encuentran los restos de más de una veintena de canes con pelo (Canis familiaris). Gracias al trabajo multidisciplinario realizado (arqueología, medicina veterinaria, artes plásticas), se ha podido determinar la identificación de la especie, la variedad de las características fenotípicas de los canes y proponer una hipótesis sobre la variedad y la presencia de éstos en el santuario.

Palabras claves: Pachacamac, Segunda Muralla, Pirámide con Rampa 07, Canis familiaris.

Abstract

The Pachacamac archaeological sanctuary, with an occupation of more than 1200 years, during the Late Horizon (1470 – 1533 A.D.) extended his reputation as the most important ceremonial center of the Peruvian coast to which there were coming pilgrims of diverse places. Of the archaeological interventions realized in the Second Wall and the Pyramid with ramp 07 (PCR 07) of the sanctuary, effected by the equipment of the Museum of site, have recovered a series of findings, between which they find the remains of more than one score of khans with hair (Canis familiaris). Thanks to the multidisciplinary work (archaeology, veterinary medicine, plastic arts) realized, one could have determined the identification of the species, the variety of the phenotypic characteristics of the khans and to propose a hypothesis on the variety and the presence of these in the sanctuary.

Keywords: Pachacamac, The Second Wall, Pyramid with Ramp 07, Canis familiaris.

Autores:

Isabel Cornejo
[email protected]

Denise Pozzi-Escot
[email protected]

Katiusha Bernuy
[email protected]

Enrique Angulo
[email protected]

Luis Miguel Tokuda
[email protected]

Artículo publicado en la Revista Haucaypata Número 5, Dic 2012
https://sites.google.com/site/revistahaucaypata/home/revista-haucaypata-nro-5-2012

 

El santuario arqueológico de Pachacamac

Figura 1. Mapa de ubicación del santuario de Pachacamac. Perú.

El santuario de Pachacamac se ubica a 31 km. al sur de la ciudad de Lima, en la margen dere- cha del río Lurín, frente a las costas del Océano Pacífico. Su emplazamiento elevado, sobre un afloramiento rocoso recubierto por arena de origen eólico que forma parte del tablazo de Lu- rín, provocó la aridez del sitio a pesar de limitar por el sur con la franja cultivable del río Lurín, y al oeste con un área de lagunas y humedales.

Por el norte limita con la Quebrada de Atocongo y por el este con el valle y las primeras estribaciones andinas. El clima de la zona es característico de la costa central: árido, semicálido y húmedo, con bajo índice de precipitación pluvial (2 milímetros anuales según la Estación Meteorológica – Museo de Sitio de Pachacamac). Todas estas condiciones, han favorecido notablemente la preservación de los restos orgánicos recuperados en las intervenciones arqueológicas (Figura 1).

La ocupación y construcción del santuario fue continua, desde el periodo Intermedio Tem- prano (300 a 700 d.C.) hasta el Horizonte Tar- dío (1470 a 1533 d.C). Fue un centro ceremo- nial que en el Horizonte Tardío llegó a extender su fama como oráculo (Fernández de Oviedo1945: 46-54 [1535: Libro XII, Capitulo XI]; Cie- za 1986: 213 – 214 [1553: Capítulo LXXII, folio
97v]; Villar 1935: 212). Bajo el dominio Inca, acudían al santuario peregrinos de diversos y lejanos lugares del imperio para realizar con- sultas y obtener vaticinios del oráculo.

En la actualidad el área intangible del santua- rio comprende 465 hectáreas, donde se distri- buyen importantes edificaciones construidas en base a adobes y piedra, como el Templo del Sol, el Templo Viejo, el Templo Pintado, el Acllawasi y alrededor de quince PCR1. Estas edificaciones se encuentran distribuidas en sectores delimitados artificialmente por murallas y por un eje de calles internas (Norte-Sur y Este-Oeste) que mantenían conexión con el Gran Camino o Qhapaq Ñan2. Dicha infraestructura habría servido para controlar tanto el flujo de las peregrinaciones (Paredes 1991) como el crecimien- to y ordenamiento interno de sus edificaciones. Desde el año 2010 el equipo del Museo de sitio de Pachacamac viene realizando excavaciones en la Segunda Muralla y en la PCR 07. Como parte de estos trabajos, hemos recuperado una serie de hallazgos de la época Inca, entre ellas los restos de más de una veintena de canes con pelo (Canis familiaris) de distintas edades y en buen estado de conservación. El trabajo multi- isciplinario que conjuga la arqueología, la medicina veterinaria y las artes plasticas, nos permite realizar propuestas basadas en reconstrucciones fenotípicas3, señalar el modo en que fueron utilizados estos animales y formular un planteamiento hipotético sobre su variedad y presencia, relacionada a las peregrinaciones, en el santuario.

Hallazgos de canes en el santuario

Evidencias de canes con pelo, similares a nuestros hallazgos, han sido encontradas en varias edificaciones del santuario: en el Templo del Sol a fines del siglo XIX (Uhle 2003 [1896]); en la PCR 02, al pie del Templo Viejo (Paredes y Fran- co, 1984 y1989); en la PCR 03, 07 y 13 (Eeckhout,1995 y 2008; Pozzi-Escot y Chávez 2009; Pozzi- Escot y Bernuy 2010) y en la PCR 08 (Málaga 2008).

Entre estos restos, se ha podido determinar que solo algunos presentaron evidencias de enfarde- lamiento por los fragmentos o restos de textiles que tenían en el cuerpo o sobre la cabeza. Se resalta el hecho de que los mejores conservados tienen un característico pelaje corto, lacio y de color marrón amarillento y/o marrón oscuro.

El entierro de estos canes como “acompañantes de entierros humanos” para los periodos tardíos (1000 – 1533 d.C) fue recurrente en el santua- rio (Uhle 2003[1896]; Eeckhout 1995; Paredes y Franco 1984). Asimismo, fueron ofrendados en las nuevas construcciones de edificaciones o ele- mentos arquitectónicos del santuario (Eeckhout 2008; Málaga 2008).

El reporte de hallazgos de canes en el santua- rio es bastante frecuente. Sin embargo, en esta oportunidad la participación de especialistas en los análisis biológicos y zoológicos nos ha permi- tido confirmar su identificación a nivel de sexo y especie y otras características que a continuación describiremos y comentaremos.

Otras evidencias de canes en la costa peruana prehispánica

Los diversos hallazgos de canes registrados en el santuario se diferencian de los canes de las re- presentaciones iconográficas Moche y Nazca (Intermedio Temprano) que son de talla pequeña, cola enroscada sobre el lomo, pelo corto y de co- lor blanco con grandes manchas oscuras o negras (ver Donnan y MacClelland 1999: 89, Fig.4.29). También difieren de los canes sin pelo de las representaciones Chancay (Intermedio Tardío) (ver Weiss 1976:41, Lam. III); asimis- mo de los conocidos como “perros pastores” de Chiribaya (Intermedio Tardío) excavados en Ilo por Sonia Guillen y del ejemplar recupera- do por Engel en un cementerio localizado en la península de Paracas, que son de talla menor, orejas semicaídas, patas cortas y pelo largo de color amarillento o blanco en casi todo el cuer- po (ver Engel 1987: 125, Fig. III-19b).

Esta comparación general, pone en evidencia que los canes de Pachacamac no parecen tener relación directa o descienden de ellos, debido a las evidentes diferencias de forma de cuerpo, pelaje y color.

Los hallazgos en la PCR 07 y Segunda Muralla del santuario El conjunto de hallazgos de canes con pelo, identificados como Canis familiaris, provienen de las excavaciones realizadas en la PCR 07 y en la Segunda Muralla que delimita la concen- tración de edificaciones del santuario, principalmente a las PCR (Figura 2).

Los hallazgos en la PCR 07 corresponden a una excavación realizada al pie del acceso que conec taba la Calle Norte-Sur a una de las plazas late- rales de dicha PCR. El hallazgo en su conjunto procede de los últimos niveles de utilización de la plaza durante la época Inca; cinco de los canes se encontraron asociados al entierro del fardo de un niño y un sexto can fue localizado al interior de un pequeña intrusión hecha en uno de los apisonados de la plaza (Pozzi-Escot et al. 2012) (Figura 3).
En la Segunda Muralla, en un tramo colindante con la vía conocida como Calle Este-Oeste, área aprovechada para configurar una plaza rec- tangular, se recuperaron los restos de diversas ofrendas entre los que resaltan objetos de estilo local y foráneos consistentes en dos escultura en madera de estilo Chimú e Ychsma, vasijas cerámicas de estilo Ychsma, Inca y Casma moldeado, así como los restos de una veintena de canes de distintas edades en buen estado de conservación. Por las características estilísticas de las vasijas y esculturas, se ha podido establecer que este con- junto de hallazgos dataría del Horizonte Tardío.

Sin embargo, el contexto fue disturbado por un huaqueo probablemente de la época Colo- nial (Figura 4).
Los restos de los canes recuperados, en su mayoría, se encuentran muy bien conservados (piel, pelos y huesos articulados). El tratamien- to mortuorio es diverso, algunos se encuentran envueltos con textiles de algodón (enfardela- dos), otros no tienen ningún tipo de envolto- rio, otros tienen solo una tela envolviéndoles la cabeza (a la altura de los ojos) y al menos uno tiene las extremidades amarradas con una soguilla de fibra vegetal (Figura 5). Los textiles usados no parecen haber sido elaborados ex- clusivamente para fines mortuorios ya que evi- dencian desgaste, recortes, falta de orillos, todo lo cual indicaría que provienen de otras piezas textiles que tuvieron otro uso previo.

Metodología de estudio
Para el estudio de nuestros recientes hallazgos de canes, hemos realizado exámenes anatómi- cos-forenses para determinar aspectos como sexo y especie, edad, tamaño, patologías óseas y traumas pre o perimortem que podrían aso- ciarse a posibles causas de muerte, etc. Para ello, utilizamos una colección de material óseo comparativo de individuos modernos y fuentes bibliográficas especializadas (Fiennes y Fien- nes 1968; Smith y Jones 1962; Blanco et al.
2009), así como la revisión de información so- bre hallazgos similares en Pachacamac que he- mos desarrollado en la parte inicial del artículo. La edad fue determinada teniendo en cuenta el tamaño y estado de fusión de las epífisis y diáfisis de los huesos largos, en los dientes se observó si éstos eran deciduos4 o permanentes, los cuales terminan de erupcionar alre- dedor de los siete meses, así como el desgaste en dientes incisivos, premolares y molares en los adultos. Con esta información se agrupa- ron a los canes por rangos de edad (Tabla 1). Para el cálculo de la altura de los canes se consideró la sumatoria de las medidas de las falanges, radio-cúbito, húmero y escápula5. Para el largo del cuerpo se consideró la medida en centímetros de la distancia desde el pecho hasta la base de la cola. El peso corporal fue obtenido en base al tamaño aproximado del can mejor conservado (Figura 6) y comparado con un perro vivo de similares características físicas. Todo esto nos dió una aproximación al tamaño que habrían tenido los canes.

Para caracterizar el tipo de cráneo, se empleó la propuesta veterinaria de Dyce et al. (2004), quienes realizaron una tipología basada en la forma y tamaño del cráneo en canes: dolicocefálica, mesocefálica y braquicefálica (ver Dyce et al.
2004: 398, Fig. 11-1).

Las reconstrucciones fenotípicas del conjunto de hallazgos analizados corresponden a ejem- plares que representan la variedad del grupo. Estas se han realizado mediante la observación directa de los restos óseos. El primer paso para la reconstrucción fue la realización de bocetos hechos en base al esqueleto armado de los ejem- plares seleccionados (Figura 7); el boceto considera las medidas de los huesos y la forma de cráneo. El siguiente paso fue la reconstrucción de los planos musculares (miológica). En un tercer paso se agregaron las características corporales como las dimensiones y colores del pelaje mediante el uso de lápices de colores y conside- rando la intensidad y distribución de la pigmentación del pelaje observado en cada uno de los ejemplares; las imágenes fueron digitalizadas y editadas en el programa Adobe Photoshop CS3, donde se trabajaron por capas para retocar cada uno de sus detalles como la intensidad de color, el tamaño de ojos, cola y orejas (Figura 8).

En esta etapa de nuestras investigaciones no hemosconsiderado por el momento el desenfardelamiento de los hallazgos, por lo que la revisión de los restos se ha realizado aprovechando la condición de desgaste y roturas en que se encuentran los envolto- rios. Por ahora, y debido a las dimensiones de los hallazgos, hemos empleado el uso de placas radiográficas en uno de los pequeños fardos para examinar las condiciones del animal al in- terior (Por ej. lesiones, fracturas, etc.) (Figura
9).

Tenemos evidencia de restos de pupas de in- sectos asociadas a cada uno de los hallazgos que indican que estos quedaron expuestos a la intemperie por algún tiempo. A futuro debere- mos ampliar las investigaciones hacia la ento- mología forense, lo que permitirá identificar al tipo de insecto al que pertenecen, los posibles traslados de cuerpo y las características de las zonas de procedencia.

El análisis histopatológico6 se ha incorpora- do recientemente a nuestros estudios. En esta etapa inicial, se ha realizado un examen visual de los ejemplares mejor conservados (momifi- cados) y que no tienen lesiones óseas aparen- tes. El examen ha incluido la toma de muestras correspondientes al hallazgo SM162, éstas corresponden a restos orgánicos oscuros disemina- dos sobre y alrededor de las vertebras cervicales, que por sus características y apariencia podrían tratarse de restos de coágulos de sangre (Figura10), indicio probable de que la causa de muerte fuera por ahorcamiento. Los resultados del aná- lisis nos brindarán información más detallada y abrirá un nuevo campo de evaluación sobre la causa de muerte de los estos animales.

Conclusiones preliminares
Hemos realizado el estudio de los restos de al menos 26 Canis familiaris o perros domésticos. Y en su mayoría se trata de cachorros de 1 sema- na hasta adultos jóvenes de 18 meses de edad.

Comunmente a la idea del perro prehispánico que se tiene y gracias a que las condiciones climáticas de las costa peruana que han permitido la preservación de los restos estudiados, los canes analizados tienen pelaje de tamaño corto o medianamente largo (entre 1 a 2 cm. y 3 a 4.5 cm.), y principalmente en dos colores: marrón ama- rillento y marrón oscuro que se manifiestan de forma individual o en combinación. Eran canes de talla mediana (38 – 42 cm. a la cruz7) y gran- de (45- 52 cm. a la cruz), de orejas cortas, cola larga, con estructura rectangular del cuerpo y miembros y, con un peso corporal entre 12 – 14 kilos para los de talla mediana y entre 18 – 22 kilos para los de talla grande.

El tratamiento mortuorio es variado e indi- ca que el enfardelamiento no fue planificado. Casi todos se encontraron en posición cubito- lateral; los encontrados en las excavaciones de la Segunda Muralla, y que mantuvieron su posición original, nos indican que fueron en- terrados dentro de fosas individuales de poca profundidad.

En al menos tres canes, se ha identificado patologías óseas compatibles a raquitismo y desnutrición (Figura 11). No se encontraron evidencias de cortes o lesiones en los huesos de los ejemplares analizados que nos den certeza sobre la causa de muerte de los animales. Fu- turos análisis toxicológicos (por ejemplo: en- venenamiento) y los resultados de los análisis histopatológicos nos podrán ayudar a deter- minar con seguridad los indicios que tenemos sobre la muerte por ahorcamiento y/o sacrificio. Si bien las causas de muerte de estos animales pueden ser naturales y/o intencionales, solo iden- tificamos su utilización en contextos rituales.
La variabilidad en el pelaje (longitud y den- sidad), la distribución de colores y característi- cas óseas del cráneo indican que estamos ante tres diferentes fenotipos de canes (Figura 12). Y, aunque no hay una correlación entre el tra- tamiento mortuorio y los fenotipos señalados, consideramos que estas características deberían ser estudiadas a futuro para poder determinar si se tratan de indicadores de procedencia. En cuyo caso, sería posible plantear que los canes fueron traídos al santuario por peregrinos provenientes de diversos lugares (locales y foráneos), y fueron dados como acompañantes de entierros huma- nos u ofrendas para el oráculo.
Sobre la utilización de los canes como “acompa- ñantes en la otra vida” existen varias referencias en crónicas y otros documentos, tal como lo su- giere una referencia recogida del Padre Arriaga, extirpador de idolatrías del Perú del siglo XVII, que señala que “los muertos van a la tierra del silencio pasando por un puente de palos y lle-
vados por perros negros, que en algunas par-
tes los crían para ese fin” (Citado por Weiss
1976: 43).
Asimismo, en el incanato los perros habrían formado parte de los cultos relacionados a la petición del agua realizados bajo la presencia de la luna o en el mes lunar cuando escasea el agua. Guaman Poma y Garcilaso de la Vega re- fieren que los incas amarraban y golpeaban a sus llamas y a sus perros en las plazas, mientras que ellos mismos y sus hijos lloraban y hacian ruidos con caracoles, tambores y otros instru- mentos; expresaban dolor, exponiendo sus su- frimientos y los de sus animales para atraer la atencion de la luna, que según Garcilaso “lla- masen la luna, que por cierta fabula que ellos contaban, decían que la luna era aficionada a los perros, por cierto servicio que le habían hecho, y que oyéndolos llorar, habría lastima de ellos” (Garcilaso 1941: 182-183 [1609: Libro Segundo, capítulo XXIII]).
Los canes procedentes de diversas edificacio- nes del santuario (Templo del Sol, Templo Vie- jo, PCR 02, PCR03, PCR 08 y PCR 13) guardan similitudes anatómicas con los tres fenotipos propuestos en base a los recientes hallazgos. Muy por el contrario, este conjunto no parece tener relación directa con los tipos de canes en- contrados en otros sitios de la costa peruana, debido a las diferencias de forma de cuerpo,
pelaje y color, que permitan establecer relaciones de descendencia y/u otros aspectos biológicos y culturales.
La importancia de estas evidencias hace necesa- rio continuar y desarrollar nuestra investigación mediante los análisis propuestos (entomología forense, patología forense, etc.), el estudio de contextos similares de los Andes Centrales, fuen- tes etnohistóricas etc. En un nivel comparativo, lo que podremos obtener es una visión amplia sobre su procedencia, variantes en sus caracte- rísticas fenotípicas y las diversas formas en que fueron utilizados éstos animales por las socie- dades prehispánicas involucradas en el culto a Pachacamac, a través del tiempo y del territorio andino.

Agradecimientos
A Sonia Quiroz Calle; María Luisa Patrón; Dr. Héctor Guzmán Iturbe de la Clínica Veterinaria “Las Garzas”, quien nos apoyó con la radiogra- fía de uno de los fardos; Dr. Ivanoe Vega por su colaboración con los análisis de patología vete- rinaria y a todo el equipo del Museo de Sitio de Pachacamac.

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Santuario Arqueológico de Pachacamac tendrá nueva ruta turística

Pachacamac, santuario arqueológico administrado por el Ministerio de Cultura, ha inaugurado la “Ruta de los Peregrinos”, un nuevo circuito turístico que permitirá a sus visitantes recorrer el mismo camino que realizaban los viajeros provenientes de distintas partes del país hace más de 500 años.

Arqueólogos del Ministerio de Cultura trabajaron durante más de dos años para rehabilitar esta ruta, que alcanza los 1250 metros. Se inicia en un mirador, desde donde se puede apreciar gran parte del santuario, para luego recorrer la parte externa de una de las murallas del sitio hasta llegar al acceso principal.

Allí confluyen dos rutas: el Qhapaq Ñan de la Sierra –denominado Tramo Xauxa-Pachacamac– y el Qhapaq Ñan de la Costa. La relación de la “Ruta de los Peregrinos” con estos importantes tramos indica la importancia que tuvo la peregrinación en época inca, debido a que aquí se encuentra la deidad de Pachacamac.

Pachacamac es una imagen religiosa, venerada en el Perú prehispánico por ser la representación del dios de los temblores. Era, además, un oráculo consultado incluso por los gobernantes incas, quienes confiaban en sus vaticinios para la toma de decisiones como el emprendimiento de guerras.

Este nuevo circuito turístico comprende también la Calle Norte-Sur y la Calle Este Oeste. Llega hasta el Conjunto de la Pirámide con Rampa 2 y Palacio de Taurichumpi, es decir, la parte pública del santuario.

Entre los hallazgos encontrados durante el proceso de investigación, conservación y musealización de la “Ruta de los Peregrinos” hay una gran tumba en uno de los conjuntos de pirámide con rampa hacia los que la calle da acceso. La presencia de un kero en el nicho reveló que el individuo principal podía tratarse de un curaca.

También se ha reportado gran variedad de ofrendas: desde cántaros con evidencias de haber contenido líquidos, envoltorios con pigmentos y joyas de cobre dorado, hasta ofrecimientos masivos de perros.

Recorrer la “Ruta de los Peregrinos” representaba un hito en la vida espiritual de miles de antiguos peruanos, para los que el Santuario Arqueológico de Pachacamac era un sitio de veneración. Una experiencia que los actuales visitantes podrán revivir.

 

 

Fuente: Ministerio de Cultura del Perú

Científicos peruanos buscan salvar muros de Pachacámac

La sospecha se acrecentaba con el trabajo, pero no llegaba a convertirse en certeza. La arqueóloga Gianella Pacheco cargaba consigo los resultados de los análisis hechos a los pigmentos de los murales de Templo Pintado (650 D.C.). El rojo es hematita y sulfato; el negro, carbón; el verde, la incógnita. Su teoría: se trataba de una ofrenda traída por los peregrinos. Con la asesoría de la doctora Dalva Faria, de la Universidad de Sao Paulo, obtuvo la respuesta: el verde es un mineral de cobre que, a diferencia de los otros que sí se encuentran en las canteras de Pachacámac, es de procedencia desconocida. “Por haber sido dispuesto de manera selectiva y especial al igual que los spondylus, creemos que es un pigmento que habría sido usado como ofrenda”.

Llegar al origen de las cosas en el Santuario de Pachacámac, al sur de Lima, parece una labor sostenida por la fe. El sol inclemente, la humedad, el paso del tiempo, la erosión, el tránsito vehicular, las invasiones, los sismos, la falta de presupuesto, todo eso y más han hecho que su historia, levantada y delineada en cientos de muros de adobe, sea declarada en emergencia. No se sabe cuántas paredes podrían venirse abajo, aunque estiman que son más de cien. Templo Pintado, incluso, es la huella del principal oráculo de la costa central y, a la vez, el recordatorio de una lamentable realidad: sus figuras no se notan más, salvo por detalles que con los relatos adquieren relieve.

Para apreciar el verde de las supuestas ofrendas hay que ir al Museo de Sitio y contemplar las fotos. En Templo Pintado, donde se ubica la arqueóloga Pacheco, y en el Templo del Sol, donde está su colega Carolina Jiménez, ambas bajo la dirección de Denise Pozzi-Escot, se hacen los esfuerzos por devolver al santuario una labor que se dejó de lado en los últimos años: la conservación.

Por eso han recurrido a la arqueometría: la disciplina que, mediante métodos científicos, permite conocer los pigmentos utilizados en un mural, fechar objetos cerámicos, saber la procedencia de piezas a través de su composición química y conocer la situación de estructuras por venirse abajo, como es este caso. “Desde el 2008 hemos intervenido en más de cien muros a punto de colapsar. Ahorita un equipo está haciendo un inventario. Por eso recurrimos a los científicos, ellos lo interpretan con nosotros. Es un trabajo multidisciplinario”, indica Pozzi-Escot.

Desde los años 90, calculan los especialistas, en el Perú se aplican técnicas analíticas (aunque con limitaciones de presupuestos, herramientas y profesionales especializados) con miras a resolver las incógnitas del antiguo Perú y, sobre todo, a conservar el patrimonio histórico y cultural.

LOS EXPERTOS
Pertenece a ese reducido grupo de especialistas en arqueometría la científica Susana Petrick (jefa del Laboratorio de Datación de la UNI), quien estudia los materiales de construcción empleados en Pachacámac a fin de interpretar sus propiedades mecánicas y evitar que colapsen. Es una labor que ha ido desarrollando ante la necesidad de los arqueólogos, que recurrieron a ella desesperados.

“Estamos viendo cómo recuperar para la arcilla sus propiedades consolidantes sin alterar el monumento y su valor, no solo desde el punto de vista visual sino como material. No se trata de reponer una pared. Hay que estudiar qué ocurre si conseguimos restituir la humedad que ha perdido el muro”, explica.

En su laboratorio hay un equipo de termonoluminiscencia igual al que se usa en el Museo del Louvre: con este puede fechar 48 muestras que han sido expuestas al sol o calentadas en hornos como cerámica, piedras quemadas, sedimentos, arena. Pero por ahora no urge fechar sino evitar que los muros se deshagan.

El suyo es uno de los pocos laboratorios que brindan servicios a arqueólogos; muchas veces en forma gratuita. Esta labor es fortalecida con el apoyo de la Agencia Internacional de Energía Nuclear, que tras un convenio en el 2004 le otorgó a la UNI el equipo de termonoluminiscencia; al Laboratorio de Arqueometría de la Universidad de San Marcos, el de espectroscropía Mössbauer (para cerámica y obsidianas con el fin de determinar procedencia, reconocer pigmentos y fechar) y al Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN) otros equipos que potencien su análisis de activación neutrónica, cuyo fin es determinar la procedencia de las piezas de cerámica en base a los elementos químicos hallados. Una especie de huella digital del objeto que se contrasta con información química levantada en distintas zonas del Perú, para saber cómo han sido las ocupaciones de los imperios y sus migraciones, por ejemplo. A cambio ellos brindaron un diplomado sobre arqueometría que tuvo dos promociones.

“No hay muchos especialistas. Por eso sería bueno introducir la arqueometría en los arqueólogos. Su rol es muy importante para dar interpretación a los datos químicos y a la estadística”, dice Patricia Bedregal, jefa de la División de Técnicas Analíticas Nucleares del IPEN. “Es un trabajo delicado. Está el tema científico, social y de patrimonio”, agrega la doctora Petrick.

SÍMBOLO DEL PODER
En Pachacámac, el Templo del Sol levantado por los incas posa ante el mar como si fuese un rey caído en el olvido: los vientos del oeste y todas las condiciones mencionadas han puesto sus imponentes fachadas en peligro. Por eso caminamos junto a la arqueóloga Carolina Jiménez y vemos los muros de ensayo que ha elaborado mientras la doctora Petrick trabaja en soluciones posibles. “Ella me ha ayudado no solo a caracterizar el material sino a sumar más datos que no tenía en cuenta para manejar una interpretación mejor y específica del edificio”, dice. La arqueometría –agrega entusiasmada– le ha planteado nuevas interrogantes y nuevas soluciones. Las certezas, sabe, vendrán con el tiempo.

 

Fuente: El Comercio

Nuevos hallazgos en el templo de Pachacámac, Lurín

Un grupo de estudiosos a cargo de la arqueóloga Katiusha Bernuy, acaba de descubrir la entrada a la Calle Norte-Sur del templo de Pachacámac, en Lurín, y que sería el ingreso original de este centro pehispánico.

De acuerdo a los trabajos de exploración, que forman parte del Proyecto del Plan de Manejo de Pachacámac, la Calle Norte-Sur data de 1380 a 1440 de nuestra era. Se espera abrir el espacio a los visitantes en el 2013.

Desde esta calle de los peregrinos uno empieza a imaginar cómo pudo haber sido la vida allí en tiempos prehispánicos: la vista da exactamente a la puerta de la tercera columna, a varios cientos de metros de distancia, interrumpida hoy por la carretera, en lo que fue la puerta principal de ingreso en la era Ichma, y tal incluso hasta tiempos de los incas.

Bernuy fue quien descubrió la calle misma escondida en la arena en 2009. “Las paredes de piedra estaban siete metros debajo de la superficie, estas se prolongaron con arena”, explica la especialista.

Recientemente hallaron una tumba “de un personaje importante, con deformación craneana, rodeado de mujeres, con un kero ceremonial, así como textiles y vasijas”, revela la arqueóloga.

Asimismo, diseños de ave tallados en piedra. También una spondylus gigantesca, y un hueso tallado con un rostro felino.

En la Calle Norte-Sur no se realizan trabajos de reconstrucción, sino de preservación, para respetar la estructura original. Y se viene preparando la musealización de la calle, es decir, presentarla de manera didáctica y entretenida al visitante. Por ejemplo, se ha dejado visible parte del suelo original a través de un vidrio.

Por ese sendero, donde se cruzaban el camino inca de la sierra con el de la costa, llegaban miles de peregrinos a consultar el oráculo de Pachacámac, un espacio de encuentro entre varias culturas.

Lo que llevaban, lo que hacían y cómo eran recibidos, está por descubrirse con el trabajo de Bernuy y su equipo.

Andina.

Hallan perros momificados del siglo XV en Pachacámac

Animales fueron encontrados envueltos con telas, como especie de ofrenda, en la zona de acceso a la pirámide siete del santuario. Canes se dedicaban a la caza en la época inca.

Seis perros momificados de la época inca y cuatro fardos funerarios de niños que corresponderían al siglo XV, en buen estado de conservación, fueron hallados por un grupo de arqueólogos en el santuario de Pachacámac (sur), informó este miércoles el experto Jesús Holguín.

«Los perros momificados se encuentran en buen estado, tienen pelo y la dentadura completa», dijo a la AFP Holguín tras señalar que junto a los animales se halló el fardo funerario de un niño supuestamente sacrificado de la época inca.

«Lo que llama la atención es que todos los perros tienen la misma característica», indicó el arqueólogo, quien no pudo precisar la raza a la que corresponden, porque aún están en estudio.

Los animales fueron encontrados envueltos con telas, como especie de ofrenda, hace dos semanas en la zona de acceso a la pirámide siete del santuario de Pachacámac (unos 25 km al sur de Lima).

Enrique Angulo, veterinario del centro histórico, dijo que estos animales posiblemente se dedicaban a la caza en la época inca.

«Su fuerte dentadura nos hace pensar que se trataría de perros domésticos que también se dedicaban a la caza», señaló el especialista.

Angulo explicó que las radiografías y los estudios forenses sumados al tipo de objetos encontrados en la zona (cerámica y tejidos) permitirán identificar la tipología de estos animales.

Por su parte, la directora del museo de Sitio de Pachacámac, Denise Pozzi-Escot, manifestó que el hallazgo de seis perros momificados junto a cuatro fardos funerarios de niños del siglo XV permitiría ampliar los conocimientos sobre el perro peruano antiguo.

Según Pozzi-Escot, las pruebas determinarán la relación de éstos con un anterior hallazgo: el perro de Chiribaya, encontrado en la zona de Ilo en el departamento de Moquegua (a unos 1.220 km al sureste del Perú).

Arqueólogos peruanos han hallado desde 1993 alrededor de 82 tumbas de perros, acompañando a restos humanos de la cultura prehispánica Chiribaya (entre los años 900 y 1.350).

El único can peruano reconocido a nivel mundial es el perro sin pelo, declarado por el gobierno peruano como patrimonio cultural.

Pachacámac es un complejo arqueológico con numerosas edificaciones, que corresponde a la cultura Lima.

RPP

Descubren tumba en Santuario de Pachacamac que pertenecería a personajes de élite

El reciente descubrimiento de una tumba con cinco restos óseos pertenecientes a niños y adultos, posiblemente miembros de una élite preinca, abre las puertas hacia nuevos e importantes hallazgos que colocan al Santuario de Pachacamac en el centro de estudio del mundo arqueológico.

“La tumba fue descubierta durante los trabajos de excavaciones y recuperación de una calle principal que data del periodo preinca”, informó la directora del Museo de Sitio de Pachacamac, Denise Pozzi-Escot.

Los restos estaban envueltos en fardos funerarios con  finos textiles y bellos objetos de cerámica entre ellos un elaborado kero que afianzaría la teoría de que los personajes enterrados pertenecerían a una élite que residió en ese recinto.

En esta zona costeña se desarrolló, entre 1200 y 1450 d.C., la cultura Ichma, quienes construyeron los primeros templos y pirámides del santuario ceremonial, considerado como el más influyente de la costa peruana.

“Recién se ha descubierto esta tumba que, lamentablemente, ha sido disturbada (huaqueada) en la época colonial y se sigue trabajando para encontrar otros vestigios que nos permitan conocer las características de los personajes” señaló

Pozzi-Escot no descartó que en el inmenso santuario de 465 hectáreas, ubicado a 31 kilómetros al sur de Lima, se hallaran en algunas de las 17 pirámides de adobe existentes, los restos de algún personaje de élite, como ocurrió en el complejo de Huaca Rajada con el Señor de Sipán.

“Sólo se han realizado estudios en tres pirámides y los trabajos de investigación datan de 1896. Desde ese año a la fecha, sólo se ha estudiado entre 25 y 30 por ciento del complejo. Aún falta mucho por desentrañar y por descubrir en Pachacamac”, aseguró.

El hallazgo de la última tumba se realizó hace unas semanas cuando el equipo de arqueólogos del Santuario realizaba excavaciones y limpiaba una calle principal pre inca cubierta de adobes. En una de las zonas adyacentes, estaba la tumba con fardos funerarios y cráneos diseminados de niños y mujeres.

“Aún no estamos cien por ciento seguros si los personajes pertenecen a la élite, pero los objetos que se han encontrado podrían señalar que esta tumba no era de una persona común” afirmó.

Finos telares

En el interior de la fosa funeraria se hallaron finos telares que envolvían a uno de las esqueletos y diversas vasijas, entre ellos un kero finamente labrado y diversos cráneos y textiles.

“Suponemos que los adultos son mujeres porque hay una canasta de hilos y agujas y tienen telares únicos como si fueran el ajuar de una mujer de la época” refirió. Los cráneos y objetos descubiertos han sido trasladados al laboratorio del museo. Allí, un equipo de especialistas estudia y analiza cada una de las piezas arqueológicas”, manifestó.

Fuente: Andina

Pachacamac: paisaje natural y cultural

La naturaleza excepcional del Santuario Arqueológico de Pachacamac, se caracteriza por la extraordinaria concentración de arquitectura monumental y la permanente evolución de su desarrollo urbano, lo que nos proporciona un testimonio único de una notable y continua ocupación cultural, que abarca unos quince siglos, iniciada por lo menos desde la época Lima (ca. 100-600 d.C.) para culminar con la tardía ocupación Inca.

Pero los valores universales y excepcionales que Pachacamac representa no pueden estar desligados de su especial integración y manejo del paisaje. Un paisaje que debemos tutelar y poner en valor, con el mismo o mayor empeño que el que dedicamos a preservar el sitio arqueológico, ya que este enfrenta un creciente conjunto de amenazas –especialmente las derivadas de las presiones de expansión urbana– que pueden significar daños y pérdidas de carácter irreversible para su conservación.

Pachacamac se ubica en el valle bajo de Lurín, en un marco paisajístico donde se conjugan de forma especial la planicie aluvial que se encuentra bajo cultivo y el cauce del río; al oeste los humedales y la orilla de playa del litoral marino, en cuyo horizonte se perfilan las islas de Pachacamac; al norte un amplio tablazo desértico que culmina en una elevación que se proyecta de forma contundente en la desembocadura del valle.

Precisamente, el sitio arqueológico se encuentra emplazado sobre este tablazo elevado, mientras que la arquitectura monumental de la zona nuclear se localiza sobre un notable y aun más elevado promontorio rocoso. Por constituir el lugar más elevado y aprovechando su posición estratégica, prominencia y dominio visual sobre el paisaje del entorno, se emplazaron allí los edificios monumentales de mayor significación sacra y representación simbólica, lo que se verifica desde los inicios de la ocupación del sitio durante la época Lima, con la construcción en el lugar de grandes plataformas piramidales como el Templo Viejo de Pachacamac, y que finalmente tendrá su apogeo con la intervención inca y la construcción del Templo del Sol en la cima más elevada del sitio y sobre una antigua pirámide Lima.

Este emplazamiento, que logra una espectacular inserción en el paisaje y que permite una espectacular contemplación paisajística, revela el profundo enraizamiento de los artífices del desarrollo del centro ceremonial con los aspectos simbólicos que el paisaje incorporó en sus múltiples interrelaciones. Nos referimos a la especial integración que ofrece la diversidad de componentes paisajísticos, con sus asociaciones ecosistémicas y sus respectivos recursos naturales. La sacralización de este paisaje mágico se manifiesta en los testimonios etnohistóricos, especialmente los estudiados por María Rostworowski, y en los relatos míticos reunidos en el célebre documento Dioses y Hombres de Huarochirí.

Desde la temprana época Lima, el emplazamiento de las principales edificaciones ceremoniales de Pachacamac privilegia la zona constituida por el promontorio elevado que se encuentra al sur del sitio. Este es un lugar desde el que se contempla un amplio registro visual, con un abanico compuesto de paisajes muy especiales y contrastados en su singular acostamiento.

Este es el caso cuando se contempla hacia el norte los arenales del árido desierto bordeados por el verdor del valle bajo; como también hacia el este y sur el río que corre hacia su desembocadura en el mar, al igual que los llanos cultivados del valle con su trama de acequias y arboledas, delimitados en el horizonte por los cerros que descienden de la cordillera occidental; mientras que hacia el sur y el oeste se dominan los humedales que anteceden a las playas y el horizonte marino, del cual emerge la enigmática silueta de la isla de Pachacamac y su séquito de islotes.

No es, por lo tanto, casual que en esta singular localización paisajística se hayan concentrado las principales intervenciones arquitectónicas posteriores y especialmente la Inca, al igual que no es casual que las tradiciones míticas que perduraron hasta nosotros se hayan nutrido y culminado sus relatos y hazañas heroicas con la magia de un escenario tan atractivo como este.

Desde el punto de vista ambiental, científico y educativo, Pachacamac reviste también una condición especial, ya que es uno de los escasos lugares de Lima que se encuentra estrechamente vinculado a un conjunto de ecosistemas y a sus correspondientes distintos tipos de paisajes, que el sitio articuló desde su especial emplazamiento estratégico.

Asociados al manejo de estos distintos ecosistemas la etnohistoria registra la presencia de diversas entidades étnicas y curacazgos, lo que se expresa en el registro arqueológico de los patrones de asentamiento establecidos en distintos sectores del valle de Lurín y en su entorno territorial.

En el caso de la explotación de los recursos marinos del litoral, María Rostworowski señala la presencia del pueblo de Quilcay cuyos residentes estaban especializados en las faenas de la pesca. Asimismo, si bien este tipo de ecosistema ha sido fuertemente alterado por el proceso de urbanización, el sitio de Pachacamac conserva algunos vestigios de humedales, algunos de ellos célebres e incorporados a relatos míticos, como es el caso de la laguna de Urpi Wachac, que hoy en día luce desecada a diferencia de los amplios espejos de agua y totorales que se apreciaban en los apuntes y fotografías realizadas en los años cuarenta del siglo pasado. Igualmente, los estudios etnohistóricos refieren que existían una serie de curacazgos afiliados a Pachacamac y que estaban asociados al manejo agrícola del valle bajo de Lurín, como Pacat y Manchay.

En el patrón de asentamiento de las épocas tardías, destaca la presencia de centros poblados de mediana jerarquía como Pampa de Flores, así como poblados y aldeas rurales emplazados a lo largo de los distintos sectores del valle medio, como Tijerales, Huaycán de Cieneguilla, Panquilma y Chontay, entre otros. En cuanto al especial ecosistema de lomas, destacan las del valle de Lurín, como las lomas de Lúcumo, Malanche y Caringa al interior de las quebradas entre Punta Hermosa y San Bartolo; lugares con poblaciones tributarias de Pachacamac, como los Caringa que manejaban las lomas de las quebradas entre Lurín y Chilca. Finalmente se encuentran las pampas desérticas constituidas por arenales o pedregales, normalmente privados de la presencia de vegetación. A este propósito, es de destacar que una amplia extensión desértica que se encuentra entre la segunda y tercera muralla y aún más al norte, fue incorporada al oráculo para albergar temporalmente a los peregrinos que acudían convocados por el santuario.

Resulta significativo apreciar que desde este lugar árido, que podemos asociar simbólicamente al régimen de abstinencia y ayuno a los cuales se sometían los peregrinos, se imponía una visión espectacular, sacralizada por la orientación hacia el sur, que tiene como fondo el refrescante verdor del valle y el río (símbolos de reproducción-fertilidad), y el horizonte del mar y las islas (asociados a la mamacocha-culto lunar-dioses marinos).

Esta visión es intermediada por la interposición de la ciudad sagrada, coronada por los templos principales: el Viejo Templo de Pachacamac y el resplandeciente templo solar inca.

Los excepcionales valores de este paisaje cultural deben ser preservados y puestos en valor. Este es precisamente uno de los objetivos centrales del plan de manejo en elaboración, considerando su especial integración con los valores patrimoniales que el santuario de Pachacamac atesora.

Santuario Arqueológico Pachacamac: patrimonio nuestro

La protección del patrimonio arqueológico debe constituir una obligación moral para cada persona ya que se trata de una riqueza cultural frágil y no renovable. Sin embargo, también es una responsabilidad pública colectiva.

El Santuario Arqueológico de Pachacamac, ubicado al sur de Lima, es uno de los sitios más visitados de la costa central del Perú. Su importancia radica en ser uno de los principales santuarios de la costa peruana cuya divinidad aparece en los relatos coloniales como “dios costeño soberano en todos los yunga durante el último milenio”. Sus características en arquitectura y paisaje circundante le otorgan una belleza excepcional.

A la llegada de los españoles, constituía el santuario más importante de la costa, espacio sagrado habitado por sacerdotes dedicados al culto del dios Pachacamac, al cual acudían peregrinos de distintas partes para pedir consejo y augurios. Los incas establecieron en el lugar una importante capital provincial, donde destacaban el imponente templo del Sol y el Acllawasi.

El santuario reúne una historia milenaria, reflejada en la cerámica, arquitectura, tejidos o madera.

Desde el año 2008 se viene trabajando en la conservación y protección del Santuario Arqueológico de Pachacamac, para tratar de consolidarlo como un vital referente arqueológico de Lima. Se busca, complementariamente, preservar y difundir el patrimonio cultural mejorando la calidad educativa de las poblaciones escolares de Lima, creando un espacio de diálogo entre el pasado y el presente, trabajando con los niños y jóvenes y, a la vez, aumentando el flujo de turistas con el impacto consiguiente en la generación de empleo y desarrollo sostenible del valle de Lurín.

Para lograr estos objetivos se han elaborado una serie de proyectos de conservación y restauración. De otra parte, se han remodelado los gabinetes y depósitos del museo, los cuales albergan una rica y variada colección de cerámica, textiles y madera, y material orgánico prehispánico provenientes de las excavaciones arqueológicas realizadas en el santuario así como del valle de Lurín, dotándolos de las condiciones adecuadas de seguridad, iluminación, embalaje y registro que permitan garantizar su conservación y exposición en futuros proyectos de exhibición.

Asimismo, se han remodelado los ambientes del Museo de sitio de Pachacamac, optimizando la actual sala de exposición con una adecuada museografía, a la espera de la edificación del nuevo Museo Nacional de Pachacamac, que permitirá mostrar la importancia histórica, cultural y religiosa del santuario.

En efecto, el año 2008 se llevó a cabo el proyecto de evaluación arqueológica en los terrenos propuestos para la construcción del Museo Nacional de Pachacamac, lo que permitió definir el área donde se podría construir el futuro museo. Se evaluó un total de 7938 m2 en los terrenos del actual museo y los jardines, donde no se encontraron evidencias arqueológicas, frente al actual museo de sitio se evalúa un área de 5000 m2, donde tampoco se encontraron evidencias arqueológicas.

Cabe indicar que uno de los objetivos principales del museo es mejorar la oferta pedagógica para los visitantes en edad escolar –sus principales usuarios– estableciendo áreas de trabajo y preparación de materiales educativos que permitan trabajar programas sobre el patrimonio cultural en el aula y en el museo, a través de talleres. Se ha elaborado por ello una serie de propuestas y metodologías para trabajar con maestros, niños y jóvenes de diferentes edades, desde inicial hasta secundaria, incentivando en ellos el interés en la defensa y conservación de nuestro patrimonio arqueológico. El museo también propone talleres para maestros, para capacitarlos en temas relacionados al trabajo educativo en relación al santuario.

Participación ciudadana

Otra razón para insistir en el programa educativo reside en la importancia de concientizar a la población en el valor de la protección y conservación de nuestro patrimonio para reforzar nuestra identidad. En nuestro país existe poca valoración por el patrimonio cultural material e inmaterial, por ello Pachacamac representa un espacio privilegiado, y el museo de sitio debe proponer y contribuir en mejorar la calidad educativa de los sectores populares, a partir de los recursos con que cuenta.

Inventario y registro

El material cultural recuperado en el santuario es fundamental para entender su larga ocupación, que perduró hasta la llegada de los españoles. Es por eso que el registro e inventario de las colecciones del museo se realiza con minuciosidad, para que los investigadores interesados en el tema tengan a su disposición los materiales culturales que permitan entender cual fue la evolución histórica del sitio.

En ese afán, hemos culminado con el registro e inventario de las 587 piezas cerámicas con las que cuenta el santuario, cada una de ellas con su respectivo número de registro nacional, además de 820 piezas de madera y 129 mates, 157 piezas textiles y una de metal que tienen igualmente un número de registro nacional.

Pero no basta con mantener un buen registro pues es preciso atender a la conservación de los monumentos. El estado de conservación del Santuario Arqueológico de Pachacamac representa un reto para la institución y para las personas involucradas directa o indirectamente con el santuario.

Plan de Manejo

Sólo se podrá intervenir en el santuario de manera ordenada cuando se tenga un plan de manejo, donde se puedan comparar una serie de factores que permitan un mejor entendimiento del sitio, además de poseer una oportunidad para integrar a las comunidades que se ubican en las zonas cercanas, buscando la sostenibilidad del lugar con sus valores culturales, mejorando al mismo tiempo su calidad de vida, contribuyendo así a su protección a futuro. En la actualidad hay un equipo de expertos de UNESCO que trabaja en la elaboración de este plan de manejo.

La participación activa de la población resulta esencial, pero debe basarse en la accesibilidad a los conocimientos, condición necesaria para tomar cualquier decisión, por lo tanto la información al público es un elemento fundamental de la conservación integrada.

Por último, refiriendo a Julio C. Tello, es importante señalar que es deber de todos nosotros contribuir para hacer de Pachacamac uno de los sectores estratégicos en el desarrollo de su entorno, por su capacidad de atracción y, a través de su preservación, afirmación como referencia de la identidad nacional.

Denise Pozzi-Escot

Los Incas establecieron un fuerte control sobre el santuario de Pachacamac, el cual no se restringió al aspecto religioso y administrativo sino también al tema político. Los habitantes de Pachacamac, accedieron a la cerámica Inca Imperial, Inca Local, Chimú Inca e Ica Chincha.

Parte de la modificación del santuario incluyó el uso extensivo de la pirámide con rampa Nº 1 (PCR 1), cuyos patios fueron utilizados constantemente, acumulándose una densa capa de deshechos.

Contrariamente a la costumbre costeña de limpiar los recintos públicos antes de abandonarlos, los patios de la PCR 1 presentan una abundante cantidad de deshechos del uso, lo cual significa que los Incas ya no realizaban el mantenimiento de los patios, sino que acumularon sus deshechos sobre el piso, por ende las pirámides habrían perdido su carácter sacro y se convirtieron en lugares públicos, tal vez para recibir a los peregrinos.

Durante el periodo Inca, Pachacamac incrementó sus relaciones con diversas partes del imperio.

Las poblaciones asentadas en el lugar recibieron cerámica de la capital del imperio Inca en Cusco, cerámica de estilos altiplánicos tal como ocurría con las elites cusqueñas en otras partes del imperio, así como cerámica con estilos de la costa norte, costa sur y costa central.

Estos estilos cusqueños y provinciales no son exclusivos de la PCR 1 pues han sido igualmente hallados por Max Uhle (1903), Julio C.Tello, William Strong (1943), Peter Eeckhout (2004), Régulo Franco (2004) e Izumi Shimada (2004) en las excavaciones realizadas en diferentes partes del santuario.

Una descripción detallada de la cerámica tardía de Pachacamac procedente de la PCR 3, fue realizada por Jane Felthan.

Formas típicas de cerámica inca, como el aríbalo, el plato y la taza, son utilizadas, siendo escasas en otras partes del valle, a excepción de la residencia de algún señor local que tiene este tipo de vasijas en número reducido.

Esto indicaría que el tipo de deshechos presentes en la PCR 1 corresponde a basura selecta, no precisamente de campesinos que hayan usado de mala forma este espacio, sino que representarían contextos de ceremonias y de banquetes muy importantes que se llevaban a cabo en Pachacamac durante el periodo Inca.

El dato arqueológico indicaría que la ocupación Inca no solo modificó el uso del santuario de Pachacamac, sino que incrementó las relaciones con otras zonas y creó una sociedad cusqueña en la costa con todos los elementos de la capital imperial y con cerámica muy fina y estandarizada en formas y decoración.

La Pirámide con Rampa Nº 1.

La PCR 1 es la de mayores dimensiones de todo el santuario. Es una estructura masiva de adobes, piedras y tapiales, ubicada a la vera de la calle Norte-Sur. Fue excavada y restaurada por Arturo Jiménez Borja.

Fue excavada entre 1958 y 1963, lográndose la restauración del edificio principal. Los trabajos de restauración iniciados por Jiménez Borja se realizaron en la calle norte sur, la plaza frontal o patio 1, las rampas, la plataforma superior, el patio posterior y cuatro depósitos sumamente grandes, los cuales fueron hallados vacíos.

Posteriormente, Jesús Ramos Giraldo (1999) realizó labores de conservación, principalmente en la pirámide anexa colindante a la calle norte-sur. Hay sectores de la pirámide que aún no han sido excavados.

Los datos relevantes sobre las excavaciones en PCR 1 han sido publicados por Jiménez Borja, quien plantea que ésta era la típica construcción cívica administrativa del periodo Intermedio Tardío del valle de Lurín, que cumplía las funciones de embajada de los curacas locales.

Esta propuesta estuvo basada en la crónica del padre Calancha, quien refiere que en Pachacamac vivían embajadores de los valles supeditados al santuario.

La colección.

La colección de cerámica recuperada por Jiménez Borja obra en el Museo de Sitio de Pachacamac. Algunas piezas enteras han formado parte de las exposiciones permanentes del museo.

Regulo Franco sin embargo, enuncia muchos postulados acerca de la función de las pirámides, partiendo del comentario de los materiales recuperados por Jiménez Borja.

Otra colección importante proviene del patio posterior. En ambos lugares han quedado depósitos de basura estratificada a manera de testigos; éstos oscilan entre 100 cm. en el patio delantero y 120 cm. en el patio posterior, e incluyen estratos superpuestos con capas de 30 a 40 cm. de espesor, conteniendo abundante material orgánico, cerámica, huesos de animales, moluscos, vegetales y textiles llanos.

Si asumimos que la PCR 1 es del periodo Intermedio Tardío, los basurales corresponden a su uso y abandono. No existen evidencias de pisos superpuestos que indiquen mantenimiento o remodelaciones de las PCR.

La cerámica incluye fragmentos (bordes, bases, decorados y asas) casi en su totalidad del periodo Inca. Los depósitos de la parte posterior fueron hallados vacíos.

La cerámica asociada.

La mayor parte de la cerámica fragmentada corresponde al periodo Inca y, a diferencia de otros sitios de la costa, la densidad de vajilla Inca Imperial y provincial es alta. Aparece también cerámica del estilo Ychma tardío, así como de otros estilos contemporáneos.

De acuerdo al registro del museo, ocho vasijas enteras proceden de la PCR 1, entre ellos se incluyen aríbalos, botellas de doble cuerpo estilo Chimú Inca, un cántaro globular de superficie alisada color marrón que representa un personaje con grandes orejeras, con los brazos y las piernas flexionadas, además de platos Inca, entre otros.

Dentro de la fragmentería y siguiendo la descripción de la cerámica Inca realizada por John Rowe (1944), así como de otros estilos contemporáneos, podemos distinguir los estilos Inca Imperial A y B, Cusco Llano, Cusco Bícromo, Cusco Polícromo Figurativo, Estilo Watanay Polícromo, Urcosuyo Polícromo, Inca provincial, Cerámica Inca del altiplano, Inca Local, Chimú Inca, Ica Chincha, Ichma Tardío, y estilo Puerto Viejo.

Las formas más frecuentes de cerámica Inca incluyen: aríbalos con diseños geométricos y de helechos; tazas de labio biselado, decoración externa con banda de color crema delineada en negro que se ubica a partir del labio. Además, cuerpo de fondo naranja y decoración de una banda a la altura del asa cintada horizontal.

La mayor variedad decorativa se encuentra en los platos, donde destacan platos con mango escultórico en forma de cabezas de pato, patas de camélido o asas cintadas.

La decoración interna, en muchos casos en fondo crema o naranja con diseños de bandas, incluye diseños geométricos.

A nivel de pastas, algunas vasijas habrían sido importadas del Cusco mientras que otras corresponden a imitaciones locales o regionales.

Dentro de la cerámica con formas Inca, existe una baja proporción de las llamadas ollas cáliz. Los fragmentos de aríbalos corresponden a diversos tamaños desde aquellos que superan el metro de altura hasta aquellos de pequeñas proporciones, algunos de los cuales presentan cara gollete.

El número de fragmentos es escaso, y corresponden a botellas negras pulidas con gollete tubular con apéndice, propios del estilo Chimú tardío.

Los ejemplares completos de este tipo corresponden a botellas de doble cuerpo con vaso comunicante y asa cintada, en cuyo remate del pico se desarrollan diseños escultóricos de felinos, personajes antropomorfos o escenas.

Si bien estas piezas tienen un acabado muy fino y han sido definidas como de estilo Chimú Inca, cabe precisar que no han sido reportadas en la costa norte, siendo más comunes en la costa central y la costa sur, y aparecen durante la expansión Inca.

Asimismo, se registran cántaros y botellas con decoración tricolor estilo Chincha, fragmentos de cántaros cara gollete, estilo Puerto Viejo, y escudillas negro sobre crema y Cerámica Ichma, la cual corresponde al estilo Ichma tardío e incluye cántaros llanos que con diseños escultóricos de manos sosteniendo conchas (spondylus); en otros casos sostienen perros sin pelo o monos; hay cántaros pequeños de cuello recto y base cónica.

Aparecen figurinas y esculturas de sapos o de personajes ricamente ataviados que deben pertenecer a cántaros, además de varios fragmentos de cántaros cara gollete representando algunas veces animales.

Estas formas son bastante escasas en otras colecciones. Además hay fragmentos de tazas de color negro con decoración incisa y pintura roja.

También se da cuenta sobre el hallazgo de un taller de alfarería evidenciado por el descubrimiento de moldes de cerámica pertenecientes a figurinas y pulidores de piedra entre otros asociados al patio principal.

Si bien la cerámica local Ychma no es muy variada en su decoración y morfología, la llegada de vasijas importadas incrementó el prestigio del santuario, especialmente de las élites Incas que gobernaban política e ideológicamente desde el santuario. Aríbalos, tazas, ollas y platos Inca aparecen en ínfima cantidad en los palacios Inca del valle de Lurín (Panquilma y Pueblo Nuevo) y del valle del Rímac.

Rommel Ángeles Falcón