La peste que destruyó el Imperio Incaico

huayna capac
Huayna Cápac murió en Quito por viruela o sarampión, ambas enfermedades que llegaron de Europa con las expediciones españolas en el Nuevo Mundo. No nombró definitivamente a un sucesor. A su muerte siguió una Guerra Civil entre sus hijos Huáscar y Atahualpa, que significó la decadencia de los Incas y la posterior conquista por Francisco Pizarro.

“Los relatos de la época describen los presagios que perturbaron el sueño de Huayna Cápac antes de caer enfermo”.

No es la primera vez que el Perú interrumpe su vida por una enfermedad desatada como plaga transcontinental. Sucedió también en el siglo XVI, en momentos de la expansión del Tahuantinsuyu hacia el norte de sus fronteras.

No es posible precisar la naturaleza del mal que causó terribles bajas en la población indígena, el único indicio es que las erupciones cutáneas desfiguraban a los enfermos, lo que hizo suponer que el sarampión o la viruela fueron la peste a la que se refieren las crónicas.

La otra precisión que puede hacerse es que la rapidísima dispersión del mal nació a raíz del contacto con la población europea, que contagió uno de sus males ya conocidos a gente sin las ventajas de haber lidiado contra esa enfermedad.

De ser así, el camino de la plaga navegó por las Antillas y Panamá antes de llegar al Pacífico y tomar por asalto lo que nuestra historia llama el reino de Quito, donde abatió al gobernante de los incas, y a su recién elegido heredero Ninan Cuyuchi, que murió junto con él.

Autor: Luis Millones Santagadea (*)
Titulo original del artículo: La peste que destruyó el imperio, publicada en diario El Comercio de Perú.

(*)Luis Millones Santagadea (Lima, 9 de marzo de 1940) es un historiador, antropólogo y catedrático universitario peruano. Es reconocido por sus importantes trabajos de investigación sobre etnicidad y religiosidad andina

Los relatos de la época describen los presagios que perturbaron el sueño de Huayna Cápac antes de caer enfermo. Dicen los textos de los siglos XVI y XVII que en un sueño se vio rodeado por “un millón de millones de hombres”, que en lugar de venerarlo le eran hostiles. Una vez despierto, concurrió a su llamado el arúspice que acompañaba a sus tropas, quien le explicó que la plaga de la que ya tenía noticia, aun sin saberse enfermo, le anunciaba, con el número de personas soñadas, las que se preparaba a devorar.

A ello se sumó el disgusto de la Madre Luna, que apareció rodeada de tres círculos, uno de color sangre, otro negro y un tercer anillo de humo, presagiando las guerras entre los miembros de la familia imperial, el luto que cubrirá el imperio por la presencia de enemigos de tierra ajena, que destruirían el imperio, y, por último, la Luna mostraba un aro de color de humo, que le anunciaba la forma en que se desvanecerá el universo conocido.

Otra señal turbó la vida del inca antes aun de su viaje al norte. En el cielo del Cusco se vio sufrir a un águila real perseguida por aves rapaces menores, que la golpeaban sin cesar; finalmente, el ave atacada cayó al suelo. No hubo forma de recuperarla, su muerte fue interpretada como un mal presagio.

No sabemos si el agorero de los casos mencionados fue premiado o ajusticiado, nadie puede agradecer el aviso de desgracias. No conocemos el destino del adivino, pero es claro que su interpretación fue valedera.

El destino anunciado se cumplió después de la muerte del inca, cuyo cuerpo momificado regresó al Cusco, acompañado por una de sus esposas, para recibir las honras fúnebres de otro de sus hijos, Huáscar, que gobernaba en su reemplazo. La historia que sigue cumple el destino fijado por anillos de la Madre Luna: la guerra entre Huáscar y Atahualpa, que gobernaba en Quito, teñirá de sangre el territorio andino. Atahualpa, que contaba con las experimentadas tropas de su padre, logró imponerse al reclutamiento improvisado de su rival. Pero el vencedor no llegaría a ceñirse la mascapaycha en Cusco, en su camino a la capital será interceptado en Cajamarca, capturado y ajusticiado por mandato de Francisco Pizarro. La ocupación inmediata del espacio incaico por una migración de Europa y de origen africano convertirá Sudamérica en una colonia, desvaneciéndose el Tahuantinsuyu hasta en el recuerdo de sus hijos.

Pero la peste no solo llegó a través de agüeros que necesitaron interpretación. También cayó directamente sobre el desventurado Huayna Cápac. Habiendo recibido los anuncios arriba mencionados, el inca tuvo una extraña visita en el reino de Quito. Un desconocido se le acercó portando una caja pequeña y luego de haber saludado al monarca, con mucha reverencia, le dijo que traía un regalo del dios Viracocha. Se le pidió entonces que lo mostrase, pero el desconocido dijo que solo el inca debería abrir la misteriosa caja, saludó nuevamente y se retiró. Para sorpresa de todos, de ella salieron pequeños seres alados, como mariposas, que volaron esparciendo “el sarampión” y causando pavor a los testigos y al resto de la población.

Desesperado, Huayna Cápac hizo construir una habitación cerrada para impedir que las “mariposas” lo tocaran y no cayera enfermo.

Dicen las crónicas que, pasado un tiempo, cuando su gente rompió el encierro, su cuerpo ya estaba medio podrido y los presagios comenzaron a convertirse en inevitables realidades.

Quinientos años más tarde, otra plaga nos amenaza y empieza a tener víctimas. ¿Estamos preparados? La ventaja sobre el inca encerrado para protegerse es que nosotros sabemos que el remedio es la voluntad de vivir, por encima de los presagios.

Imperio Incaico: Los Quipus

Los Quipus, en quechua: khipus (conjuntos de nudos de colores), eran un instrumento nemotecnico utilizado para la comunicación y también como un registro de expedientes mnemónicos de los gobernantes Incas. Los Quipus consistian en uniones de cordones en forma de cadenas que podian ser de color, y podrían tener adornos como plumas y huesos, donde cada nudo en un lugar tenía un significado o mensaje distinto.

Los quipus constituyeron un original sistema de registro de datos que se desarrollo en el periodo arcaico en el antiguo Perú. De hecho, algunos ejemplares de Quipus pueden remontarse a varios miles de años como uno encontrado en la ruinas de la civilización de Caral, 4500 años atrás.

Los Quipus son conocidos sobre todo por su utilidad para la Administración en el imperio Inca. Lo utilizaban para la gestión de todos los aspectos económicos y sociales del Imperio. El Quipucamayoc (especialista que elaboraba, leía y archivaba los quipus y estaba dotado de una memoria prodigiosa) presentaban datos de localización, demográficos y económicos de las poblaciones de la comunidad, estos datos eran enviados a los centros administrativos del imperio inca para permitir el control de las comunidades. Así, podrían redistribuir los excedentes a las comunidades menos prósperas.

Los quipus también parece haber sido una herramienta de comunicación en el antiguo Perú, el cronista Garcilaso de la Vega, Hijo de una princesa inca y un soldado español, se informó de las pruebas de tal uso. El transporte de los quipus se realizó por medio de mensajeros rápidos «Los Chasquis», que recorrian los caminos incaicos con los quipus que contenían la información que debía ser transmitida a los gobernantes incas para la administracion del Imperio Inca.

La mayoría de los quipus fueron destruidos por los conquistadores españoles en el siglo XVI. En la actualidad hay en todo el mundo unos 800 quipus aproximadamente que han sido encontrados. El Museo Etnológico de Berlín tiene alrededor de 289 quipus y por lo tanto la colección más grande de su tipo que datan de los siglos XVy XVI.

El enigma relativo acerca de los Quipus

Actualmente los quipus no han sido totalmente descifrados, y de hecho hay una gran variedad de teorías sobre el tipo de información que realmente llevan.

Estructura y utilidad de los Quipus

Los Quipus eran hechos de cadenas de lana hechas con llama, Alpaca o de algodón. La posición de los nudos, así como la cantidad, indicaban los valores numéricos en un sistema decimal. Los colores de la médula, a su vez, indicaba el artículo que se cuentan, y para cada actividad (agricultura, militar, de ingeniería, etc.) Hubo una simbología de los colores.

Marcia y Robert Ascher, después de analizar varios centenares de quipus, han demostrado que la mayoría de la información sobre los quipus es numérico

Se usaban 3 tipos de nudos:
Simples se encuentran en la parte media y superior de la cuerda y simbolizan las cifras altas (decenas, centenas y millares)
Flamencos se encuentran en la parte inferior de las cuerda y representan las cifras bajas (unidades)
Compuestos

Los colores tambíen contenian informacion:

Color Sector
Pardo Gobierno
Carmesí Inca
Morado Curaca
Verde Conquista
Rojo Guerrero
Negro Tiempo
Amarillo Oro
Blanco Plata

El problema de los quipus

Los quipus, cuerdecitas de diferentes colores y nudos, cuyo empleo estuvo muy difundido entre los incas, constituyen sin lugar a duda uno de los problemas más difíciles que puedan presentarse al investigador de la antigua cultura peruana. Estas cuerdas anudadas, llamaron poderosamente la atención desde el momento mismo de la conquista del Tahuantinsuyo y fueron después señaladas o descritas por casi todos aquellos cronistas que con sus informaciones contribuyeron al mejor conocimiento de los incas y sus costumbres.

Desgraciadamente, este lento, pero seguro proceso de recopilación de noticias, que hubiera permitido resolver felizmente el problema de los quipus, se detuvo en el siglo XVIII, en que, con excepción de unas cuantas citas curiosas de viajeros, todo lo publicado al respecto no fue sino repetición, adulterada las más de las veces, de lo que ya habían dicho los antiguos cronistas. Además, en ese mismo momento, los literatos se apoderaron del tema y lo convirtieron en el argumento predilecto de sus obras. Todo estudio serio fue imposible y los quipus llegaron a ser, para los crédulos hombres del setecientos, ese perfecto sistema gráfico del idílico Estado incaico que permitiera a la bellísima peruana Zilia —protagonista de una famosa novela de Madame de Graffigny— enviar, mediante cuerdas y nudos, sus conmovedoras cartas de amor al adorado Aza, heredero del imperial trono del Cuzco.

Esta manera de estudiar los quipus perduró también en el siglo pasado, en que lo novelesco asumió manifestaciones aún más peligrosas. Las nuevas publicaciones revistieron, en efecto, una aparente austeridad científica, pues, su contenido fue, según se pretendía, el resultado de la consulta de quipus interpretados con la ayuda de una clave conocida por supuesto, solamente por el autor de la obra. Esta es la época de la publicación de las numerosas «Quipolas» (PHAIR 1827), que con sus quipus apócrifos sembraron no poca duda y desconcierto. Contadísimos fueron en esos momentos los investigadores que, como J. J. Tschudi por ejemplo (1846), proporcionaron datos fidedignos de los quipus encontrados por ellos en excavaciones de ruinas famosas.

Es solamente en los últimos años del pasado siglo que se inició, podemos decir, la investigación científica de los quipus. Fue la publicación de dos ejemplares modernos que llevó al estudio y descripción de los antiguos. Dichos especímenes, fabricados por pastores de la sierra peruana, fueron expuestos por Bastian (1895) y Uhle (1897), quienes lo compararon con los datos que contienen las viejas crónicas. Poco tiempo después, investigadores de prestigio, animados por el ejemplo de estos dos sabios alemanes, decidieron estudiar el quipu arqueológico y arrancarle su secreto: ellos fueron, principalmente, el norteamericano Locke, el sueco Nordenskiöld, el italiano Cipriani y el argentino Altieri.

Empero, si bien es cierto que el estudio científico del quipu ha tenido ya sus manifestaciones, aún no se han conseguido con él los resultados deseados. Poco se ha avanzado en la investigación, y no se ha logrado desterrar siquiera las interpretaciones románticas que recuerdan a madame de Graffigny y sus cartas. En nuestros días se continúa discutiendocon la misma improvisación de los polemistas del siglo XVIII; hoy como ayer, el quipu apasiona más bien al dilettante del saber que al verdadero investigador. Es necesario, entonces, que el hombre de ciencia dedique al quipu mayor atención y lo estudie valiéndose no sólo de la fuente histórica sino también de la arqueológica, hasta ahora por desgracia demasiado descuidada.

Es verdad que en cuanto a investigación arqueológica, hay que admitirque en América se está todavía en la etapa inicial: una etapa que hace recordar aquella que atravesaban los estudios de la antigüedad clásica hace aproximadamente unos dos siglos; hasta entonces, en efecto, había imperado en la investigación del mundo greco-romano, la erudición, la cual se servía de la filología como única fuente auxiliar de la historia. La arqueología aún no había nacido y el estudio de los monumentos estaba reducido a la actividad del anticuario que recolecta y describe sin método alguno. Fue preciso que apareciera Winckelmann y su escuela para que, por fin, los sabios se decidieran a emprender la verdadera conquista del mundo clásico; fue preciso llegar al siglo XIX para que se comprendiera que es necesario editar, o sea, describir y publicar los monumentos, si se quiere interrogarlos como seguros testimonios históricos y descifrar, gracias a ellos, las incógnitas del pasado. Este es el momento en que se comenzó a aplicar el método arqueológico que se basa, como se sabe, en tres etapas sucesivas: del hallazgo, de la descripción y de la interpretación del monumento.

Galeria Khipus
Ciudad de Cusco – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

La Ciudad del Cusco (Perú) (C 273) fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien cultural bajo los criterios (iii) (iv), en la 7ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en Florencia, Italia, el 9 de diciembre de 1983.

Certificado de Inscripción del Cusco como Patrimonio de la Humanidad
Significado Cultural

La Ciudad del Cusco fue la capital del Imperio del Tawantinsuyu que a principios del siglo XVI se erigió como el imperio territorial más extenso de la América precolombina, abarcando poco más de 900000 km² que hoy se distribuyen en seis países sudamericanos (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú).

Ubicada a 3400 metros sobre el nivel del mar en el corazón de los Andes centrales de América del Sur, en un fértil valle aluvial alimentado por varios ríos, la Ciudad del Cusco atestiguó su primera gran transformación, posiblemente alrededor del año 1410, bajo el gobierno de Inca Pachacuteq (Tito Cusi Inca Yupanqui), noveno regente de la dinastía inca en el siglo XV, quién la rediseñó y remodeló después de un proceso de ocupación que ya sumaba más de 3000 años, reconfigurando la capital del Imperio del Tawantinsuyu. Su segunda gran transformación ocurrió a partir de noviembre de 1533, cuando el conquistador Francisco Pizarro y sus huestes tomaron y ocuparon la ciudad, transformándola luego en uno de los centros del poder español más importante de los Andes sudamericanos.

La ciudad imperial de los incas que concibió Pachacuteq fue diseñada como un complejo centro urbano con funciones religiosas y administrativas perfectamente definidas, distribuidas y organizadas en sectores y componentes precisos. Los edificios religiosos y de gobierno se erigieron cerca de las exclusivas residencias de las familias reales, conformándose un ensamble urbano-monumental simbólico sin precedentes en la América precolombina. La suntuosidad de los edificios se engrandeció mediante el uso de una técnica constructiva en piedra con propiedades estéticas y estructurales excepcionales. Con esta técnica se levantaron los edificios más representativos de la ciudad, tales como el Qoricancha (Templo del Sol), el Acllawasi (casa de las escogidas del Inca), el Puka Marca (Palacio de Tupaq Inca Yupanqui), el Palacio de Inca Roca, el Sunturcancha, el Kusicancha y una serie de edificios muy finamente acabados que dan forma a la ciudad como una unidad indivisible del urbanismo inca. La ciudad real estaba claramente segregada de las áreas de producción agrícola, artesanal e industrial, así como de los vecindarios circundantes. Los patrones y edificios prehispánicos que dieron forma a la ciudad imperial de los incas, son visibles hoy en día.

Después de la conquista hispana en el siglo XVI, los nuevos vecinos europeos conservaron la estructura urbana de la ciudad imperial de Cusco, erigiendo templos, monasterios y casas señoriales sobre sus construcciones de piedra. Las nuevas edificaciones evidenciaron mayoritariamente un estilo barroco enriquecido con adaptaciones locales, que crearon una configuración mixta única y de alta calidad que representa la yuxtaposición inicial y la fusión de períodos y culturas diferentes, así como la continuidad histórica de la ciudad. El notable sincretismo cultural de la ciudad no solo es evidente en su estructura física sino también en las expresiones artísticas del virreinato. La Ciudad del Cusco se convirtió en uno de los más importantes centros de creación y producción de arte religioso a nivel continental. Este sincretismo se expresó también en las costumbres y tradiciones de la población, muchas de las cuales aún conservan sus orígenes ancestrales.

A través de su rica y compleja historia, tejida con eventos significativos y hermosas leyendas, la Ciudad del Cusco ha mantenido un notable y coherente ensamble, y hoy día constituye una sorprendente amalgama de la antigua capital inca y la ciudad colonial. De la primera preserva impresionantes vestigios, entre los que destacan aquellos que definieron su traza original, organizada alrededor de dos plazas, calles rectilíneas y estrechas enmarcadas por muros de granito o andesita meticulosamente cortadas, y el concepto de la cancha inca (unidades de vivienda); asimismo, importantes edificios residenciales y religiosos, como el Qoricancha o Templo del Sol. De la ciudad colonial, se conservan las casas recién encaladas y los techos de tejas, numerosos conventos y las maravillosas iglesias barrocas en cuyo diseño se conjugó la casi imposible fusión de los estilos europeos Plateresco, Mudéjar o Churrigueresco con modelos propios de la tradición inca.

Criterio (iii): La Ciudad del Cusco es un testimonio único de la antigua civilización inca, núcleo del gobierno imperial del Tawantinsuyu, que ejerció control político, religioso y administrativo sobre gran parte de los Andes sudamericanos entre los siglos XV y XVI. La ciudad representa la suma de 3000 años de desarrollo cultural indígena y autónomo en los Andes del sur peruano.

Criterio (iv): La Ciudad del Cusco ofrece un testimonio único de los logros urbanísticos y arquitectónicos de importantes asentamientos políticos, económicos y culturales durante la era precolombina en América del Sur. Es un ejemplo representativo y excepcional de la confluencia de dos culturas distintas, inca e hispana, que a lo largo de los siglos consolidaron un extraordinario sincretismo cultural y configuraron una estructura urbana y una forma arquitectónica únicas.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

La Ciudad del Cusco mantiene la organización espacial y la mayoría de los edificios que datan de la antigua capital del Imperio inca y del virreinato. A lo largo de sus calles y plazas, muestra sus características urbanas y arquitectónicas originales. A pesar del crecimiento urbano, son reconocibles los sectores que conformaron la antigua ciudad imperial, incluyendo sus antiguas estructuras de piedra y su avanzada técnica constructiva. Dichas estructuras definen y encierran calles y canchas (unidades de vivienda), sobre las que se levantaron casas, monasterios y templos de las épocas virreinal y republicana que conservan intactos sus componentes arquitectónicos y las obras de arte que guardan en su interior. Todo este valioso conjunto de atributos se puede encontrar inalterado dentro del área delimitada, manteniendo su integridad estructural, material y urbana.

Uno de los principales factores que amenazan periódicamente la integridad de la ciudad es la actividad sísmica, como la de 1950, que deterioró muchos edificios culturalmente valiosos.

De allí en adelante se han restaurado progresivamente muchos monumentos y ambientes urbanos monumentales y la ciudad ha ido recuperando gran parte de su fisonomía urbana y patrimonial.

La autenticidad de la Ciudad del Cusco se sustenta en la evidencia física de su composición urbana en calles y plazas, su diseño original, los valores urbanos y arquitectónicos, el uso del espacio y la arquitectura inca y colonial. Estas características son testimonio de la importancia de Cusco como centro del poder político y de su simbiosis con asentamientos coloniales y patrones de ensamblaje del siglo XV, lo que nos permite comprender más claramente a la ciudad y sus procesos históricos. La originalidad y la autenticidad del sitio también están respaldadas por documentos del siglo XVI recopilados por testigos directos desde la conquista hispana. Los factores que amenazan los atributos de la Ciudad del Cusco no han afectado la autenticidad de sus elementos básicos. Asimismo, se están adoptando medidas para gestionar adecuadamente el desarrollo turístico que represente un riesgo a la preservación y a la capacidad funcional de los edificios antiguos.

Gestión

La Ciudad del Cusco ostenta la condición de Patrimonio Cultural de la Nación en la categoría de zona monumental, conforme a lo dispuesto en la Resolución Suprema N° 2900 de 1972. Esta resolución establece el ámbito de protección del casco histórico, aunque no precisa la extensión de su zona de amortiguamiento. Según esta misma norma, todas las calles del área delimitada poseen la categoría de ambiente urbano monumental y 103 inmuebles con valor histórico han sido identificados y registrados en la categoría de monumento. Este patrimonio se encuentra protegido por la Constitución Política del Perú (artículo 21°), y por la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación de julio 2004, entre otras normas.

El Ministerio de Cultura del Perú y la Municipalidad Provincial del Cusco son los principales responsables de la conservación y gestión del bien y realizan permanentemente trabajos de evaluación, registro, protección, supervisión y control urbano. Ambas instituciones son responsables de aprobar y autorizar las obras en la ciudad y, asimismo, participan activamente en programas y proyectos de conservación y restauración del patrimonio cultural.

Después del terremoto de 1950, se iniciaron intervenciones de recuperación y restauración de monumentos arqueológicos e históricos de la Ciudad del Cusco. Estas continuaron desde 1973 en adelante, a través de diversos proyectos apoyados técnica y financieramente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Estado Peruano. Los proyectos contemplaron la capacitación de especialistas para mejorar el nivel técnico y herramientas avanzadas para las tareas de conservación. En los últimos años, la Ciudad del Cusco ha crecido notablemente en la elaboración del catastro e inventario de bienes monumentales, así como en la declaratoria de inmuebles con valor histórico.

El Plan Maestro del Centro Histórico del Cusco, que es fundamental para su protección, ha sido actualizado y aprobado mediante Ordenanza Municipal N° 24-2018-MPC del 25.09.2018. Complementariamente se cuenta con el Plan de Desarrollo Urbano de la Provincia de Cusco 2013-2023 aprobado por la Municipalidad Provincial de Cusco con Ordenanza Municipal N° 032-2013-MPC, del 22.10.2013. Ambos instrumentos de gestión contienen estrategias y medidas reglamentarias de acuerdo a pautas y lineamientos precisos para garantizar la protección y la sostenibilidad de la conservación de la propiedad.

Descripción

Ubicada al sur de los Andes peruanos sobre los 3,400 msnm, Cusco fue el centro hegemónico del imperio de Tahuantinsuyo y el centro urbano más importante del antiguo Perú en esta época.

La urbe, fundada por el Inca Manco Capac, se conformaba de amplios palacios, templos y canchas (viviendas), con calles y plazas, rodeada de extensas áreas para la agricultura, la artesanía y la producción pre-industrial, alcanzando su mayor desarrollo durante el reinado del Inca Pachacutec en el siglo XV.

Cuando los españoles conquistaron el Imperio Incaico en 1534, fundaron y construyeron la ciudad española sobre los recintos y construcciones Inca, las cuales aún se pueden apreciar.

A pesar del paso del tiempo y convertida en una de las ciudades más atractivas para el turismo en América Latina, Cusco mantiene un ensamble monumental destacado y la coherencia de su traza urbana; sus calles intercalan con el mismo magnetismo, construcciones coloniales y muros incas, iglesias y templos paganos, sitios arqueológicos y haciendas campestres.

La ciudad de Cusco fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1983 bajo los criterios (iii) y (iv) de la Convención.

Galería fotográfica del Cusco
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