Gran Pajatén al descubierto: Tecnología LiDAR revela una inmensa metrópoli oculta bajo la selva

Durante décadas, el Gran Pajatén ha sido el «Dorado» inaccesible de la arqueología peruana. Ubicado en el corazón del Parque Nacional del Río Abiseo, se pensaba que este sitio era un enclave ceremonial aislado y solitario entre la bruma. Sin embargo, una nueva investigación liderada por el World Monuments Fund (WMF) ha derrumbado esa hipótesis: el sitio es mucho más grande de lo que imaginábamos.

Gracias al uso de tecnología láser (LiDAR) y fotogrametría avanzada, se han identificado más de 100 nuevas estructuras arqueológicas que permanecían invisibles bajo la densa vegetación amazónica. Este hallazgo multiplica exponencialmente el tamaño conocido del sitio, pasando de las 26 estructuras registradas en la década de 1980 a un complejo urbano masivo que redefine nuestro entendimiento de la cultura Chachapoyas.

Por: Jaime Briceño

Durante bastante tiempo, el imaginario arqueológico peruano concibió al Gran Pajatén como un santuario solitario, una suerte de «isla de piedra» perdida en el mar verde del Parque Nacional del Río Abiseo, compuesta por apenas 26 estructuras circulares. Sin embargo, esta visión ha quedado obsoleta.

Una ambiciosa investigación multidisciplinaria liderada por el World Monuments Fund (WMF), ejecutada entre 2022 y 2024, ha confirmado mediante tecnología LiDAR que la selva ocultaba una compleja red urbana. Se han identificado más de 100 nuevas estructuras arqueológicas, un hallazgo que cuadruplica la extensión conocida del sitio y redefine nuestra comprensión sobre cómo la cultura Chachapoya dominó la Amazonía andina.

A continuación, desglosamos todos los detalles de esta expedición que combinó la ingeniería de punta con el respeto a los caminos ancestrales.

1. La Travesía: Cruzando la cordillera por el Qhapaq Ñan

Para entender la magnitud del hallazgo, primero hay que entender lo difícil que es llegar allí. Según detalla el informe de PuntoEdu (PUCP), el Gran Pajatén no es solo remoto geográficamente, es un desafío físico.

El equipo de investigadores no llegó en helicóptero directo a la zona. La logística implicó seguir las huellas de los propios Chachapoya e Incas:

El equipo tuvo que cruzar el abra que divide las cuencas hidrográficas del Pacífico y el Atlántico.

Caminaron por un antiguo ramal del Qhapaq Ñan, el sistema vial andino, que aún serpentea por estas montañas.

La etapa final requirió un ascenso extenuante de siete horas entre la densa vegetación del bosque de neblina hasta alcanzar los muros.

Esta dificultad de acceso ha sido, históricamente, el mejor guardián del sitio, protegiéndolo del saqueo masivo pero también manteniéndolo oculto a la ciencia integral… hasta ahora.

2. Antecedentes: Los pioneros peruanos (1960-1980)

Es vital reconocer que este descubrimiento se apoya en hombros de gigantes. La Agencia Andina ofrece una cronología precisa que reivindica el esfuerzo nacional:

El hallazgo civil (Años 60): El sitio no fue «descubierto» por académicos extranjeros, sino por pobladores de la provincia de Pataz (La Libertad). Fue el alcalde de dicha localidad, Carlos Torrealva, quien lideró una audaz expedición con machete en mano, enfrentando condiciones climáticas adversas para revelar las ruinas al Perú y al mundo.

La primera intervención oficial (1965): El arquitecto Víctor Pimentel dirigió la primera expedición científica del Estado, enfocándose en la limpieza y el desbroce de la vegetación que devoraba las piedras.

Las excavaciones de Bonavia: Poco después, el renombrado arqueólogo Duccio Bonavia realizó las primeras excavaciones sistemáticas, definiendo la cronología inicial.

El estancamiento (Años 80): Hacia la década de 1980, se había logrado documentar y consolidar las famosas 26 estructuras del sector principal (datadas en el siglo XIV). Paralelamente, el Dr. Federico Kauffmann Doig investigaba los mausoleos cercanos de Los Pinchudos, pero la densa selva impidió ver la conexión entre ambos sitios.

3. El Salto Tecnológico: «Sin LiDAR, hubiéramos visto solo diez más»

La selva alta es engañosa. Uno puede estar parado a dos metros de un muro monumental y no verlo por la espesura del follaje. Aquí es donde entra la tecnología de 2025.

El proyecto utilizó LiDAR (Light Detection and Ranging), un sistema que dispara pulsos láser desde el aire (drones) y escáneres terrestres. Estos pulsos penetran los huecos entre las hojas, rebotan en el suelo y regresan al sensor, permitiendo «borrar» digitalmente los árboles y revelar la topografía exacta del terreno.

Juan Pablo de la Puente Brunke, director ejecutivo de WMF Perú, explicó a la PUCP la importancia crítica de esta herramienta:

«Gracias a la exploración arqueológica tradicional más el registro LiDAR, se ha identificado que hay más de 100 estructuras. Sin la nueva tecnología, habríamos avanzado diez o veinte estructuras, nada más, pero el LiDAR te permite ver a través de la cobertura vegetal».

El resultado es un nuevo mapa donde aparecen terrazas, muros de contención y, lo más importante, caminos prehispánicos que conectan el Gran Pajatén con asentamientos vecinos como La Playa y Papayas. Esto confirma que no era un sitio aislado, sino el nodo central de una red sociopolítica articulada.

4. Una expedición sostenible: «Cirugía fina» en la selva

Un aspecto que destaca PuntoEdu y que diferencia a esta expedición de las del siglo XX es su enfoque ambiental. Trabajar en el Parque Nacional del Río Abiseo (Patrimonio Mundial Mixto de la UNESCO) exigía un impacto cero.

Energía Limpia: Todo el campamento y los equipos tecnológicos operaron exclusivamente con energía solar, evitando el ruido y la contaminación de generadores a combustible.

Corredores Biológicos: El equipo incluyó no solo arqueólogos e ingenieros, sino también botánicos y especialistas ambientales. Ellos diseñaron las rutas de tránsito del personal para asegurar que no se cortaran ni interfirieran los corredores naturales por donde transita la fauna local (como el oso de anteojos o el mono choro de cola amarilla).

Intervención mínima: Se trató de una operación de «cirugía fina», removiendo vegetación solo donde era estrictamente necesario para la conservación, manteniendo el equilibrio del ecosistema.

5. Arquitectura y Conservación: Salvando la Estructura 1

Más allá del escaneo digital, el equipo realizó intervenciones físicas urgentes, especialmente en la icónica Estructura 1, famosa por sus frisos de piedra pizarra y arenisca con motivos antropomorfos (los «Pinchudos») y geométricos.

Según detalla Andina, el desafío era estabilizar un edificio sometido a lluvia perpetua. El equipo de conservación, liderado por el Dr. Ricardo Morales Gamarra, realizó:

Limpieza controlada: Retiro manual de raíces leñosas que estaban desplazando las piedras.

Tecnología de materiales: Se desarrolló una mezcla de arcilla y aglomerantes compatible con la original. Aquí fue clave la participación de artesanos de las comunidades locales, cuyo conocimiento tradicional se fusionó con la ciencia para crear morteros que resistan la humedad sin dañar la autenticidad del monumento.

Reforzamiento estructural: Se aseguraron las escaleras de acceso y los muros perimetrales que estaban en peligro de colapso inminente.

Conclusión: Un nuevo capítulo

Este hallazgo de 2025 nos obliga a reescribir los libros de historia. El Gran Pajatén ya no es esa «ciudad perdida» solitaria. Es una metrópoli que demuestra la capacidad de los Chachapoya para urbanizar y administrar uno de los terrenos más agrestes del planeta.

Aunque el acceso turístico sigue siendo restringido para proteger este frágil patrimonio mixto, la documentación digital obtenida permitirá, muy pronto, que el mundo recorra virtualmente esta maravilla sin romper una sola rama.

¿Se puede visitar?

Aunque el hallazgo es monumental, el acceso turístico sigue siendo restringido. El Parque Nacional del Río Abiseo es un Patrimonio Mundial Mixto de la UNESCO (natural y cultural) extremadamente frágil. La buena noticia es que toda esta documentación digital servirá para crear experiencias inmersivas y visitas virtuales que pronto estarán disponibles, permitiéndonos caminar por esta metrópoli de la selva sin dañar ni un solo musgo.

El Gran Pajatén ha despertado de su sueño de siglos, y tal parece que tiene mucho más que contarnos.


Fuentes consultadas:

Fuentes Consultadas para este Informe:

World Monuments Fund (WMF): «Discovery of Over 100 Archaeological Structures At Gran Pajatén» (Press Release, Mayo 2025).

PuntoEdu PUCP: «Descubrimiento en el Gran Pajatén: 100 nuevas estructuras…» (Información logística, ambiental y declaraciones).

Agencia Andina: «El Gran Pajatén: ¿Cómo se dieron los nuevos hallazgos…?» (Contexto histórico detallado y expediciones previas).

National Geographic Historia: Contexto cultural de los Chachapoya.

Galeria fotográfica y video del Gran Pajatén

 

 

Complejo Arqueológico de La Congona

El Complejo Arqueológico de la Congona es un vestigio y atractivo turístico peruano ubicado en el distrito de Leimebamba, en la provincia de Chachapoyas, dentro de la región del Amazonas. Y resulta, junto con El Complejo Arqueológico de Macro, uno de los conjuntos habitacionales que pertenecieran a la cultura Chachapoyas.

Al pertenecer a la cultura Pre-Inca Chachapoyas, La Congona tiene su origen por los años 1100 a 1350 d.C. y es un resto arquitectónico que no tiene aún estudios profundos, algunos estudiosos creen por ejemplo, que su ubicación podría tratarse de un fuerte militar, aunque en sí la mayoría de los edificios de la cultura Chachapoyas se caracterizan por estar ubicados en diferentes zonas de difícil acceso; ubicación que bien pueden responder o a un interés de defensa o a la conservación de sus edificaciones antes posibles desastres naturales como potenciales inundaciones producidas a causa de las profusas lloviznas típicas de la zona del Amazonas a la que pertenecen.

La congona se encuentra dividida en dos partes. En la Primera, la parte Norte, se pueden observar al menos treinta construcciones en las que puede observarse un rasgo tradicional de la arquitectura Chachapoyas: la forma circular, junto con la presencia de frisos de formas de olas en su decorado. Esta zona del Complejo se caracteriza también porque las edificaciones se encuentran parcialmente cubiertas por la vegetación del lugar, entre las que pueden observarse principalmente la presencia de orquídeas, entre otros.

En la parte Sur de La Congona se ha podido encontrar un aproximado de 34 estructuras arquitectónicas, aunque en esta zona la decoración de las mismas no resulta tan abundante y significativa como el de la otra área.

En este Complejo también se puede observar una construcción que difiere un tanto de las otras por la forma y los motivos. Se trata de un edificio rectangular de 16 metros por 6 en el que se puede observar seis puertas de forma trapezoide. Esta estructura más bien parecería evidenciar en ella la presencia de la influencia incaica, y que, posiblemente hubiera sido construida precisamente durante la época de ocupación y dominio de esta cultura sobre el pueblo de los Chachapoyas.

Para poder visitar y conocer los diferentes vestigios de este conjunto habitacional el viajero deberá salir de Leimebamba y caminar un promedio de dos horas y media en compañía de un guía hasta el lugar, aunque también existe la posibilidad de realizar el viaje sobre el lomo de un animal (comúnmente caballos) lo que aligerará el viaje hasta el Complejo. Es recomendable que el viajero poco acostumbrado a los climas de esta región peruana opte por acudir a esta zona entre los meses de mayo y octubre donde el clima es más seco y las lluvias no llegan a magnitudes torrenciales.

Ubicación
El complejo arqueológico de la Congona está ubicado en el distrito de Leymebamba, en la provincia de Chachapoyas, dentro de la región del Amazonas. Está localizada a dos horas de camino de Leymebamba. Este trayecto se puede hacer caminando o a caballo, pues no hay carretera. Situada sobre los 2520 m.s.n.m. de altitud.

Región Amazonas
Provincia Chachapoyas
Distrito Leimebamba
Latitud -6.68855
Longitud -77.8302
Altitud 2520 msnm

¿Cómo llegar a La Congona?
Para poder conocer este hermoso complejo arqueológico, usted deberá de salir de Leymebamba, caminando aproximadamente 3 horas, siempre acompañados por un guía.

Album: Kuelap

Album del Mes

Kuelap

La presente es una muestra fotográfica de Kuélap o Cuélap, un importante sitio arqueológico preinca ubicado en los Andes nororientales del Perú, en la Provincia de Luya, fue construido por la cultura Chachapoyas en el siglo XI.

Forma un conjunto arquitectónico de piedra de grandes dimensiones. La plataforma se extiende a lo largo de casi 600 metros y tiene como perímetro una muralla que en algunos puntos alcanza 19 metros de altura. Sus colosales murallas y su compleja arquitectura interior son evidencias de su función como un conjunto poblacional bien organizado, que incluye recintos de índole administrativa, religiosa, espacios ceremoniales y de residencia permanente.

 

Sarcófagos milenarios de la cultura Chachapoyas en Amazonas

Hace ocho años, durante una labor cotidiana de pastoreo, Francisco Ventura Ascencio llegó hasta la parte más alta del cerro El Tigre, en la provincia de Bongará, Amazonas, donde tiene su parcela de 20 hectáreas. Cuando se abría paso entre la maleza para acceder a donde creía que había un ojo de agua, sintió que imperturbables ojos observaban todos sus movimientos.

Avanzó unos metros más entre la espesa vegetación que crece casi al borde del abismo y se dio cuenta de que las miradas eran parte de impresionantes rostros y que integraban un grupo de sarcófagos de la cultura Chachapoyas, los que, según los expertos, tendrían mil años de antigüedad.

Creyó que lo ocurrido era algo normal. No se le ocurrió informar a la comunidad campesina San Gerónimo de la que forma parte, hasta que hace un mes el presidente de esta agrupación, Francisco Ventura Ascencio, se enteró de ello.

Ventura se contactó con la Dirección Regional de Cultura de Amazonas y su director, José Trauco, dispuso que el arqueólogo Manuel Malaver investigara este hallazgo que aportará información sobre la cultura Chachapoyas. Por las características de los tamaños y las decoraciones multicolores, los 23 sarcófagos descubiertos en el cerro El Tigre pertenecerían a un cementerio de élite que habría sido dedicado exclusivamente a niños de la cultura Chachapoyas.

En los últimos días, un equipo de El Comercio participó en una expedición a través del bosque de neblina del distrito de Jazán, en Bongará, hasta donde es difícil acceder por lo complicado de la geografía, las lluvias y el terreno pantanoso.

AVENTURA MILENARIA

El punto de partida para llegar hasta el conjunto de sarcófagos se inicia en la localidad de Pedro Ruiz Gallo, capital de Jazán, a través de una trocha carrozable que conduce al anexo de San Gerónimo, habitado por unas mil personas.

El reto consiste en escalar unos ocho kilómetros por un camino serpenteante, que se hace cada vez más angosto hasta llegar al farallón donde hace unos mil años fue colocado un grupo de sarcófagos a unos 2.900 m.s.n.m.

Los vestigios dan la bienvenida con miradas amigables y coloridos rostros, como si se tratase de un grupo humano que quedó plasmado en este tipo de patrones funerarios.

La hipótesis de que sería un cementerio de niños es manejada por expertos de la Dirección Regional de Cultura de Amazonas, quienes afirmaron que el grupo de sarcófagos mide un máximo de 1,5 metros a diferencia de otros que han sido descubiertos, como los de Karajía, que miden 2 metros de alto y albergan momias de adultos.

También se encontraron pequeñas figuras de barro semejantes a sarcófagos en miniatura, que fueron colocadas junto a los sarcófagos principales. Podría tratarse de algún juguete de los niños enterrados en el lugar u ofrendas. El uso de varios colores, entre ellos rojo, amarillo, negro y blanco, es un detalle particular de los restos.

INTACTOS

Un primer registro revela que diez de los 23 sarcófagos están intactos y en buen estado de en la parte externa, mientras que los otros 13 se encuentran deteriorados por los efectos del clima.

Una decena de sarcófagos se halla totalmente sellada y se presume que guardan momias. Según dirigentes de la comunidad campesina San Gerónimo, en los alrededores de El Tigre existen otros sarcófagos y mausoleos que han sido completamente destruidos.

“Estaríamos frente a los restos de un grupo que se manejaba como confederaciones independientes en los aspectos territorial, social y político, pero que compartía una misma identidad”, sostuvo Malaver, quien recomendó no retirar los sarcófagos del lugar e instalar una cubierta.

Además, dijo que elabora un expediente con el que se pretende pedir que se declare lo hallado Patrimonio Cultural de la Nación.

Fuente: El Comercio

Los trabajos de conservación que técnicos realizan en la ciudadela peruana de Kuélap, perteneciente a la civilización chachapoyas, permitieron descubrir los restos de 79 cuerpos humanos que datan del siglo VII, informa la prensa local.

Según la información proporcionada por el director del proyecto de conservación, Alfredo Narváez, los restos humanos se encontraban en el interior de una muralla y pertenecerían a entierros secundarios.

Esto significa que los restos fueron extraídos de su entierro original y trasladados hasta donde fueron descubiertos.

«Esta costumbre es muy difundida en el Perú Prehispánico y Kuélap, por su extensión y monumentalidad requirió el trabajo comunitario de varias zonas», explicó Narváez, quien añadió que los que participaron en la construcción de la ciudadela llevaron a sus muertos desde sus lugares de origen para volver a enterrarlos.

Esto explicaría cómo en una construcción que data según los estudios del año 1.000 se encontraron restos humanos que, según Narváez, pertenecerían a los siglos VII y VIII.

El mismo clima húmedo y lluvioso que está obligando a realizar los trabajos de restauración y conservación en la actualidad sería el culpable de que los restos no hayan conservado ningún vestigio orgánico ni de tejidos.

«La mayor parte son restos óseos de adultos, pero no descartamos que haya también adolescentes», detalló Narváez al diario Perú21.

El arqueólogo agregó que, debido a los problemas de financiamiento del proyecto, el estudio minucioso de los cuerpos deberá postergarse hasta finales de año.

El director del proyecto de restauración y conservación de Kuélap también anunció que se está trabajando en la rehabilitación de un conjunto de 27 estructuras que fueron recientemente descubiertas en el sector sur de la fortaleza.

«Queremos encontrar evidencias que nos permitan conocer un poco más de la historia de este recinto», indicó.

En relación a las 35 secciones de la fortaleza que se encontraban a punto de caer el experto señaló que ya se logró rehabilitar el 60 por ciento del área afectada.

Aunque la ciudadela de Kuélap, ubicada en el norte del país, presenta un alto grado monumental, con cerca de 400 recintos y una muralla de 19 metros de altura, su difícil acceso no lo convierte en un destino importante dentro del circuito turístico peruano

Internado en la ceja de selva, oculto durante siglos, el centro arqueológico del Gran Pajatén se ha mostrado al mundo moderno como la manifestación más señera de la destreza de la Cultura Chachapoyas y como testimonio de su avanzada organización política, sólo opacada por el poderío del reino de los Incas.

Llegar al Gran Pajatén no es una empresa sencilla.

La ciudad perdida está rodeada de exuberante vegetación, lo que anuncia la proximidad de ingentes áreas vírgenes.

Cada tanto aparecen en el paisaje barrancos eriazos, manifestación de que el hombre ha querido ampliar su frontera agrícola desde siempre.

Una vez llegado al recinto nadie deja de sorprenderse.

Éste, maltratado por el clima y el paso del tiempo, sorprende por sus dimensiones y su estructura, formada por un conjunto de torres circulares y techos cónicos en cuyas paredes, a través de símbolos, se muestra lo universal de la condición humana.

Impresiona también lo agreste del área, pues la edificación se levanta sobre una angosta y elevada meseta, centro de un triángulo de cauces que confluyen en el río Montecristo.

De orígenes lejanos, la historia inicial de las restos parece perderse en el tiempo.

Pero sucede lo contrario con la Cultura Chachapoyas, la diligente civilización que en medio de una aventura migratoria hizo realidad el Gran Pajatén.

HOMBRES EN LA SELVA

Alrededor del siglo VII de nuestra era, un grupo de organizados hombres procedentes de dominios Tiwanaku Wari – entonces un Estado constituido- decidió cruzar la cordillera e instalarse en la ceja de selva.

Motivados por desequilibrios ambientales y excesos demográficos, los futuros amazonas habrían resuelto buscar nuevas tierras en las que pudieran abastecerse del alimento sin sobresaltos y, de modo planificado, ampliar sus terrenos cultivables.

Encontraron, en este proceso inicial de serranización de la selva, una biodiversidad prodigiosa, sobre la que pronto aplicaron un manejo de pisos ecológicos ya implementado por sus antepasados.

El conjunto de valles que tomaron los Chachapoyas era propicio para este tipo de estrategias.

Tierra muy áspera y de gran humedad -todo el año no hace sino llover, dijeron los cronistas españoles-, el lugar donde se instalaron los nuevos residentes descansa en el flanco oriental de la Cordillera de Andes, lo que habría generado macro regiones entre la selva alta, la montaña y la alta amazonía, cuyas zonas ocupadas fluctúan entre los 2.000 y 3.000 metros de altura.

Los hombres chachapoyas llegaron a controlar aproximadamente 300 kilómetros cuadrados.

Las fronteras naturales de este territorio fueron el río Marañón por el lado oeste y el flanco de los Andes amazónicos por el este.

Pero es en el intermedio tardío, a inicios del primer milenio de nuestros días, cuando la Cultura Chachapoyas alcanzó su auge.

Como los Incas, que se habrían instalado en el lugar hacia 1470, los habitantes de estas tierras tropicales y fecundas pudieron ejercer vigilancia sobre las subculturas –a menudo hostiles entre ellas– de forma vertical, de modo que la distribución recíproca de bienes no tuviera contratiempos.

No abunda información sobre la situación sociopolítica de entonces, pero ya el cronista Pedro Cieza de León menciona en sus textos que el conquistador ibérico recibió resistencia y tuvo que asediar la circunscripción en dos oportunidades, lo que probaría cierto orden social relativamente consolidado en el momento de la conquista.

Poco antes de este evento, cuando los Incas cercaron la ciudad de Pajatén, se encontraron con la misma cohesión poblacional, pero a diferencia de las huestes españolas, respetaron el orden esencial de sus dominados, lo que no detuvo su evolución cultural.

No está demás agregar que los cerca de 300.000 habitantes chachapoyas que presenciaron la llegada de los españoles habitaron lo que hoy es Bagua, en Amazonas, las latitudes occidentales de San Martín y una parte de la región La Libertad.

LA CIUDAD ETERNA

El Gran Pajatén es parte de la arquitectura pública de la Cultura Chachapoyas y, como el resto de construcciones cercanas, hace las veces de un poblado conformado por llactas: estancias circulares de piedra con armazones de madera usadas para albergar a quienes administraban la comarca, depositar alimentos y realizar el culto a favor del sustento y el monitoreo eficiente de la comunidad.

Lo recogido por estudiosos en los restos arquitectónicos del Gran Pajatén -así como en el recinto de Kuélap y otros monumentos cercanos- indica que en las grandes unidades urbanas chachapoyas puede percibirse claramente una disposición espacial dividida en torno a organizadores y obreros.

También aparecen sepulturas suntuosas en forma de mausoleo, de modalidad Tshuilpa (chulpa), donde descansarían los cuerpos de los gobernantes, quienes, a diferencia del resto de lugareños, no eran enterrados en fosas.

En cuanto a la unidad de la región, refrenda lo señalado la similitud de los motivos que aparecen en las paredes de algunos de sus recintos circulares y la amplia difusión de los patrones funerarios ya mencionados.

El imponente conglomerado de torres se ubica a 2.580 metros de altura, en la provincia Mariscal Cáceres, región San Martín, sector occidental del Parque Nacional del Río Abiseo.

Emplazado en medio de un bosque húmedo y montano, llama la atención el tamaño de sus torreones –cuyo máximo diámetro alcanza 15 metros– y las plazoletas embaldosadas provistas de escalinatas que conducen al segundo piso.

En medio de los vestigios, al observar el orden de las estructuras arquitectónicas, el curioso o el erudito pueden imaginar cómo el hombre tuvo, desde siempre, un espíritu aglutinador que superó las rencillas comunales en aras de organizaciones sociales más complejas y vastas, característica de casi todas las grandes culturas preíncas.

Sin embargo, las figuras que adornan las murallas y el interior de las construcciones sugieren cierto ánimo bastante particular en los Chachapoyas, vigente hasta hoy en la mitología del lugar.

Así, mientras en la parte superior de los muros un conjunto de figuras geométricas y biomorfas con cabezas clavas representan la contemplación o el descanso, en la de abajo una variedad de cuerpos antropomorfos y zoomorfos hacen pensar en motivos religiosos: fisonomías femeninas con atributos sobrenaturales que llevan alas con manos tridáctiles y pies bidáctiles, así como aves en vuelo o ríos de curvaturas que recuerdan serpientes.

VERDADES Y MENTIRAS

Es ineludible resaltar que gran parte de las aseveraciones en torno al origen de los Chachapoyas proviene de la observación de sus códigos urbanísticos, puesto que las referencias de otras fuentes son escasas.

El patrón Tshuilpa de sus fortines, por citar el caso emblemático, es un elemento cultural andino y no amazónico, lo que prueba la procedencia serrana del grupo cultural.

Sin embargo, hay indicios -restos de arte rupestre sobre imágenes de recolección- de que la dispersión en la zona data de 10.

000 años atrás, lo que modificaría las hipótesis hasta hoy sostenidas.

Otras de las discusiones que convoca el Gran Pajatén está relacionada con su descubrimiento a mediados de los años sesenta.

Con visos legendarios, la historia cuenta que el poblador Tomás Torrealva penetró por primera vez el espacio mientras formaba parte de una expedición.

Pero otras voces canónicas aseguran que la ciudadela fue visitada, en 1553, por quien fuera el arzobispo de Lima, Toribio Alfonso de Mogrovejo, y siglos después, en 1920, por el botánico alemán August Weberbauer.

Sin embargo, estas dos últimas versiones han quedado desvirtuadas sobre la base de documentos escritos por los propios protagonistas.

Se ha resuelto que todos ellos habrían pisado otros vestigios.

Lo demás son especulaciones.

Lo concreto –en medio de las interrogantes– es que la integración del antiguo peruano con la naturaleza y la destreza de su arquitectura están demostradas, a través de una lección asombrosa, en el Gran Pajatén.

Los Chachapoyas, cuyos misterios están guardados en la espesura del bosque, son los mayores gestores de esa fantástica armonía.

EL CIRCUITO

Durante años, y por el tipo de suelo que lo acoge, la riqueza de este emporio cultural pasó desapercibida para el mundo.

Hoy las cosas han cambiado.

Con el fin de fortalecer el eje histórico del norte peruano se ha elaborado el Plan Maestro de Conservación del Complejo Arqueológico de Kuélap y su Entorno, que implica básicamente las manifestaciones de la cultura Chachapoyas.

El trabajo multidisciplinario ha sido financiado por el Mincetur, Proinversión y el Instituto Nacional de Cultura y propone actuar desde las potencialidades de las zonas cercanas a los sitios arqueológicos de modo que se alcance el soporte necesario para establecer una actividad turística sostenible.

Con el fin de recoger información y dar base palmaria al proyecto, el equipo de trabajo ha realizado un conjunto de talleres a través de los cuales los pobladores han podido expresar sus necesidades.

Hecho el diagnóstico, se ha diseñado un esquema de acciones paralelas dirigidas a fomentar la protección, la conservación y el uso social del patrimonio cultural.

La licenciada Ana María Hoyle, asesora del proyecto y Directora General de Patrimonio Arqueológico del Instituto Nacional de Cultura, sostiene que «el proyecto recién está en sus inicios.

Se trata de un trabajo de 10 años y parece que será continuo, salvo que haya algún cambio a medio camino, lo que parece improbable».