El ceviche como bandera

¿Qué hubiera pasado si la patata no hubiera cruzado el charco? Sin este tubérculo, las hambrunas que asolaron la mitad del mundo hubieran sido mucho más cruentas y desastrosas. Este es un ejemplo de la aportación andina que antaño llegó a modificar y mejorar nuestros hábitos alimenticios, nuestro paladar y nuestro patrimonio. Quinientos años más tarde, el planeta vuelve a mirar hacia la república de la infinita despensa para analizar y adoptar nuevas técnicas.

El discurso y el empeño de profesionales peruanos comoGastón Acurio han logrado convencer a la élite culinaria foránea hasta el punto de que ya es común encontrar interpretaciones del ceviche, la causa (un plato elaborado a base de patata) o el pisco sour en establecimientos de cualquier ciudad. Una pasión que llega, cada vez más, al ámbito doméstico. En España, la responsabilidad de su auge recae sobre peruanos como Jorge Muñoz (restaurante Pakta, Barcelona), Luis Arévalo (Kena, Madrid), Roberto Sihuay (Ceviche 103, Barcelona), Pablo Ortega (Tanta, Barcelona), Omar Malpartida(Tiradito, Madrid) y Victor Gutiérrez (Victor Gutiérrez, Salamanca). Pero también resulta indudable el apoyo de cierta vanguardia gastronómica española encabezada por Ferran y Albert Adrià.

El mismo espíritu de divulgación es el abanderado por La Pandilla de la Leche de Tigre, nombre que recibe la hermandad aventurera y culinaria formada por cinco de los mejores chefs peruanos: Gastón Acurio, Rafael Piqueras, Mitsuharu Tsumura, Héctor Solís y Virgilio Martínez. Juntos recorren kilómetros fuera y dentro de Perú con la intención de transmitir un legado milenario capaz de reinterpretarse en el tiempo y en el espacio, tal y como demuestran con los ceviches que proponen en este reportaje.

El quinteto coincide en los términos empleados por el norteño Héctor Solís: “Es una diversión, un grupo de amigos que se juntan para llevar la cocina peruana por el mundo”. Mitsuharu Tsumura añade: “Tenemos la suerte y la ilusión de poder formar parte de un país con 84 microclimas, con alturas de todo tipo, en las cuales podemos sembrar prácticamente de todo”. Y Gastón Acurio remata: “Los peruanos estamos revelando una despensa y un recetario que ha estado oculto mucho tiempo, un tesoro que tiene como gran virtud su multiculturalidad. El resultado es un universo que ­representa al Perú de hoy, orgulloso de la oportunidad que tiende al mundo”.

 

La modernidad de tradición

Rafael Piqueras. Lima, 1976.

Cuando cocina o conversa, transmite tranquilidad y timidez, pero también lucidez y disciplina. Considerado como uno de los precursores de la vanguardia culinaria de su país, no teme a las etiquetas. Ahora Piqueras define su arte por medio del producto, a él le otorga el protagonismo de su trabajo. Tras finalizar sus estudios en Le Cordon Bleu de Perú, cruzó el charco con el fin de sumergirse en la cocina europea que tanto le había influido. En nuestro país desarrolló su experiencia en templos como elBulli, El Celler de Can Roca y L’Esguard. Hoy gobierna en Lima el restaurante Maras.

 

Entre la tierra y el fuego

Virgilio Martínez. Lima, 1977.

Alma de naturalista, mirada de explorador y paladar de botánico. Define su trabajo como “cocina natural de alturas”, lo cual podría ser tanto literal como metafórico, porque este limeño a quien sus colegas llaman El Pitillo, ha conseguido ubicar a su restaurante Central en la cima de la lista 50 Best de Latinoamérica. Su obsesión culinaria radica en la revalorización del producto, olvidado o por descubrir, motivo por el cual fundó el proyecto Mater Iniciativa, a través del cual investiga y divulga los tesoros naturales del territorio junto a un grupo científico multidisciplinar.

 

Rigor japonés, picardía peruana

Mitsuharu Tsumura. Lima, 1981.

Micha, tal y como le llaman sus amigos, ha creado un nuevo lenguaje desde su restaurante Maido, resultado del legado familiar, de su formación en Estados Unidos, de su prolífica estancia en Japón y de su viajado pasaporte por los paladares del planeta. Su discurso desborda una emoción y una sabiduría cimentada en la libertad del que mira y el que absorbe sin límites ni complejos. En el libro Nikkei es Perú (2013) recopila el patrimonio de los emigrantes japoneses en Perú. Si Tsumura es su cocina, también es la confirmación del crisol cultural que se renueva diariamente sobre el suelo peruano.

 

Sabor ancestral

Héctor Solís. Chiclayo,1971.

Nació entre las mismas vigas que sostenían el restaurante familiar. Es heredero de la cultura moche, una de las más remotas del país, y donde, casualmente, se ubica la supuesta cuna del ceviche. La reivindicación de la cocina regional es su mayor batalla. Cursó Economía antes de embarcarse en su vocación culinaria. Entre sus proyectos: una casa de comidas (La Picantería, Lima) y cuatro espacios gastronómicos repartidos por toda la costa (Chiclayo, Trujillo, Lima y Tacna) bajo el nombre de Fiesta, el apelativo que mejor define lo que supone sentarse a sus mesas.

 

El pater familias

Gastón Acurio. Lima, 1967.

Llegó a España en 1989 con la intención de convertirse en un hombre de leyes, pero la vocación le convirtió en cocinero. Se formó en los fogones franceses, pero poco a poco encontró en los ingredientes y técnicas peruanas la mecha perfecta para encender una revolución gastronómica. Su trabajo refleja un antes y un después de la cocina peruana y de su posición e influencia en los movimientos culinarios globales. A mitad del pasado año anunció su retiro de la creatividad diaria en pro de la promoción del país y protagonizó un documental que explora su figura.

 

(El País)

Top 10 Things to Eat in Peru

In recent years, Peru’s eclectic cuisine has earned acknowledgement as one of the world’s finest. But while quinoa and pisco sour cocktails have migrated to become favorites around the world, the best Peruvian specialties are still found in their home country. Here are ten to try en route to Machu Picchu.

  1. Ceviche

    The icy Humboldt Current that flows through the Pacific Ocean just off Peru’s coast supports one of the world’s most bountiful sources of seafood. If Peru had an official national dish, it would probably be this preparation of raw fish marinated in citrus juice. The acid in the fruit “cooks” the fish, giving it a delicate flavor and slightly chewy consistency. The dish is usually spiced with red onion and aji pepper, and served (typically at lunch) with sweet potato or choclo, a white Andean corn with dime-size kernels. Bold gastronomes can drink the leftover citrus marinade, which is known as leche de tigre, tiger’s milk.

  2. Cuy

    There’s no way to sugarcoat it. This staple meat raised in many households of the Andes goes by a different name in the United States: guinea pig. (One indication of how important the dish is to the rural Peruvian diet: In a cathedral in Cusco hangs a replica of Da Vinci’s Last Supper, in which Christ and the 12 disciples are seated around a platter of cuy.) The meat, which is quite bony, is usually baked or barbecued on a spit and served whole—often with the head on. It has a pleasant, gamy taste like that of rabbit or wild fowl.

  3. Causa

    A visitor to any market in Peru is certain to find two things—hundreds of varieties of potatoes, which may have originated here (Peru’s longtime rival Chile also claims tuber originality), and piles of avocados large enough to toboggan down. A traditional causa layers these two ingredients into a sort of casserole, which is sliced and served cold. Other layers might contain tuna, meat, or hard-boiled egg.

  4. Lomo Saltado

    A hundred years before anyone had heard of Asian fusion cuisine, boatloads of Chinese immigrants arrived in Peru looking for work. The ingredients and techniques they added to Peru’s food vocabulary are probably best exemplified by this hearty hybrid stir-fry, in which beef, tomatoes, peppers, and onions are blended in a pan with soy sauce and fried potatoes. Not a dish for the carb-phobic; it’s usually served over white rice.

  5. Aji de Gallina

    The yellow aji pepper lends its color—a hue similar to Tweety Bird’s—as well as its mild kick to several Peruvian dishes. Among them is this rich, velvety stew made with chicken and condensed milk and thickened with de-crusted white bread. A vegetarian alternative with a similar flavor is the ubiquitous papa a la huancaina, boiled potato with creamy yellow sauce.

  6. AnticuchosThese skewers of grilled, marinated meat (much like shish kebabs) are served everywhere in Peru. High-end restaurants offer them as entradas, or appetizers. Street-cart vendors sell them slathered in a garlicky sauce. While almost any meat can be prepared this way, the most traditional—and best—anticuchos are made with beef heart, a practice believed to trace back to the days when Peru’s Spanish conquerors would consume a cow’s choicest cuts and leave the organs for their slaves.
  7. Rocoto RellenoThis dish is typically associated with Arequipa, Peru’s second largest city, but it is served everywhere. What appears to be a plain-old red bell pepper is actually a fiery Capsicum pubescens (at least ten times as hot as a jalapeño when raw, but boiled to reduce its thermonuclear properties), stuffed with spiced, sautéed ground beef and hard-boiled egg. This is topped with melted white cheese, baked, and served whole.
  8. Alpaca In the Northern Hemisphere, the name alpaca refers to expensive wool used to make sweaters and socks. In the Andean highlands, this camelid (a smaller cousin of the llama) has also been a source of meat for centuries. The taste is similar to buffalo or other grass-fed meats: somewhat gamier than beef and very lean. Alpaca’s lack of greasiness makes for excellent jerky, which coincidentally is another ancient Peruvian culinary innovation. (The name comes from the Quechua word charqui, meaning “to burn.”)
  9. LucumaWhile Peru’s cuisine is most famous for its spicy and savory dishes, Peruvians adore sweets, too—as evidenced by the popularity of Inca Kola, a teeth-melting bubblegum-flavored soda. Lucuma is a tree fruit that looks like a mango, but it has a custardy taste akin to maple syrup. It’s usually used as a flavoring in desserts, and is justifiably popular as a variety of ice cream.
  10. Pollo a la BrasaThis Peruvian-style roast chicken is so delicious—and popular—that it’s now available in cities around the globe. The secret is marinating the bird in soy sauce flavored with red peppers, garlic, and cumin, which gives the meat and skin a smoky, salty taste. Outside Peru it’s typically paired with French fries, but the more traditional accompaniment is fried yuca, a waxy tuber that has a pleasant chewiness and holds its own against the spicy dipping sauces with which pollo a la brasa is typically served.

 

By Mark Adams, author of Turn Right at Machu Picchu
Source: National Geographic

El Seviche: Patrimonio Cultural de la Nación

Si a cualquier peruano se le pregunta cuál es el plato nacional seguramente respondería el seviche.

El usual potaje de las veladas playeras y el reencuentro ha sido declarado, por Resolución Directoral Nacional N° 241/ INC, Patrimonio Cultural de la Nación y Comida Tradicional del Perú.

El documento señala que si nos remitimos a su origen etimológico deberíamos escribir su nombre «Seviche», puesto que proviene del vocablo antiguo «seí-vech», que es como se llamaba al plato en épocas en que los peruanos comían pescado crudo.

Si bien al principio se elaboraba con jugo de tumbo luego, al evolucionar, se preparó con el limón que trajeran las mujeres moras.

La cebolla llegó de España; el ají limo, en cambio, fue un aporte netamente peruano.

Algunos cronistas describieron al seviche como «lo que come la plebe» o como «algo intragable por lo muy picante».

Ilusos ellos.

La comida tradicional tiene ahora gran aceptación y se ha grabado en la depurada pléyade de manifestaciones culturales que nos identifican.

Sírvase con camote, cancha, choclo y una cerveza bien helada.