Áspero Raymi 2026: La Ciudad Pesquera de Caral Celebra 21 Años de Investigación y Puesta en Valor Patrimonial

En 2026, el sitio arqueológico de Áspero, puerto pesquero de la civilización Caral (Supe Puerto, Barranca), celebra 21 años de investigaciones, conservación y difusión cultural bajo la gestión de la Zona Arqueológica Caral (ZAC). Las celebraciones del Áspero Raymi 2026 incluyen el tradicional Pago a la Cochamama, ferias gastronómicas, pasacalles y escenificaciones históricas. Tras más de dos décadas de labor, Áspero destaca por hallazgos trascendentales como la Dama de los Cuatro Tupus y la consolidación de infraestructuras piramidales como la Huaca de los Ídolos, consolidándose como un referente de arqueología social y turismo sostenible en la costa central del Perú.

Por: Arqueologia del Perú (arqueologiadelperu.com)

El sitio arqueológico de Áspero, considerado la emblemática ciudad pesquera de la civilización Caral, se viste de gala este 2026 para conmemorar el Áspero Raymi 2026, una festividad cultural y comunitaria que enmarca la celebración por los 21 años del inicio de los trabajos de investigación, conservación y difusión turístico-cultural liderados por la Zona Arqueológica Caral (ZAC), Unidad Ejecutora del Ministerio de Cultura.

Ubicado en el distrito de Supe Puerto, provincia de Barranca (Lima), el complejo monumental de Áspero emerge frente a las frías aguas del océano Pacífico como un testimonio excepcional de la complejidad socioeconómica y tecnológica alcanzada por la civilización más antigua de América hace más de 5,000 años (3000 – 1800 a. C.).

1. Dos Décadas y un Año de Recuperación Histórica en el Puerto de Supe

Antes del inicio de las intervenciones sistemáticas dirigidas por la Dra. Ruth Shady Solís en 2005, el sitio monumental de Áspero atravesaba por un crítico estado de vulnerabilidad, afectado por la acumulación de desechos urbanos, el huaqueo sistemático y el avance incontrolado de invasiones.

Durante estos 21 años de trabajo ininterrumpido, el equipo multidisciplinario de la Zona Arqueológica Caral ha logrado excavar, consolidar y poner en valor estructuras piramidales clave como la Huaca de los Ídolos, la Huaca de los Sacrificios y la Huaca Alta. Estos trabajos no solo permitieron frenar el deterioro del yacimiento, sino que transformaron radicalmente la relación entre la población local de Supe Puerto y su patrimonio milenario, convirtiendo a Áspero en un modelo regional de arqueología social y desarrollo sostenible.

2. Los Grandes Hallazgos que Redefinieron la Prehistoria Marítima

El dinamismo investigador en Áspero ha aportado evidencias fundamentales para comprender el modelo de desarrollo complementario entre el litoral y los valles interandinos del área norcentral del Perú:

  • La Dama de los Cuatro Tupus: Descubierta en la Huaca de los Ídolos, esta sepultura correspondiente a una mujer de la alta jerarquía social (de aproximadamente 40 a 50 años) confirmó el rol preponderante de la mujer en la estructura política y ceremonial de la civilización Caral hace 4,500 años. El ajuar funerario incluyó cuatro tupos o prendedores de hueso tallados con motivos de aves y monos, collares de valvas de Spondylus y una manta de tejido vegetal.

  • Redes de Intercambio y Tecnología Pesquera: Los hallazgos de redes de pescar elaboradas con fibra de algodón (proveniente de los valles del interior como Caral y Miraya), anzuelos de hueso, pesas de piedra y una inmensa variedad de restos malacológicos y de peces (anchovetas, choros, machas) demostraron la intensa especialización marítima de los pobladores de Áspero y su articulación comercial mediante trueque con las poblaciones agrícolas del valle de Supe.

  • Estatuillas Antropomorfas: Las estatuillas modeladas en arcilla no cocida halladas en contextos ceremoniales revelaron detalles inéditos sobre la vestimenta, peinados, pintura corporal y estratificación social de los antiguos habitantes del litoral.

3. Las Festividades del Áspero Raymi 2026: Identidad y Tradición Ancestral

El Áspero Raymi es la manifestación festiva anual donde convergen la ciencia arqueológica, la memoria colectiva y la identidad viva de la comunidad costera. En el marco de este 21.º aniversario, el programa de actividades integra ceremonias ancestrales, expresiones artísticas y oferta gastronómica tradicional:

El Pago a la Cochamama y a la Pachamama

Como acto central de la festividad, se realiza la tradicional ceremonia del Pago a la Cochamama (Madre Mar) y a la Pachamama, oficiada por chamanes y maestros ceremoniales locales. En este ritual se ofrecen productos del mar, chicha de jora, hojas de coca y semillas milenarias en agradecimiento por la abundancia de los recursos marinos y la protección del territorio costero.

Muestra Gastronómica y Artesanal

La población de Supe Puerto y los municipios de la provincia de Barranca participan activamente en ferias gastronómicas que rescatan insumos marinos consumidos desde tiempos precerámicos, combinados con la cocina tradicional norteña. Asimismo, artesanos locales exhiben réplicas de la iconografía de Caral y productos elaborados a base de fibras vegetales (junco y totora).

Escenificación y Pasacalle Cultural

Estudiantes de la provincia y elencos de danza presentan escenificaciones históricas sobre la vida cotidiana en Áspero, el intercambio de productos pesqueros por algodón del valle y la investidura de las autoridades ceremoniales de la Huaca de los Ídolos.

4. Impacto Socioeconómico y Turismo Sostenible

La puesta en valor de Áspero no se limita a la producción académica; constituye un verdadero motor de desarrollo económico local para la provincia de Barranca y el distrito de Supe Puerto. A través del circuito turístico condicionado por la ZAC, los visitantes pueden recorrer senderos interpretativos delimitados, acceder al centro de recepción de visitantes y apreciar la arquitectura monumental sin impactar los estratos arqueológicos.

El turismo de conservación en Áspero ha fomentado la creación de guías locales, la dinamización del sector restaurantero y hotelero en Barranca y la concientización escolar sobre el valor irremplazable del patrimonio cultural.

Guía Práctica para el Visitante
  • Ubicación: Distrito de Supe Puerto, Provincia de Barranca, Departamento de Lima (a aproximadamente 191 km al norte de Lima Metropolitana por la Panamericana Norte).

  • Acceso: Desde la Panamericana Norte (km 191), ingresar al desvío hacia Supe Puerto. Un ramal asfaltado y señalizado conduce directamente al centro de visitantes del sitio arqueológico.

  • Horario de Atención: Lunes a domingo de 9:00 a. m. a 4:00 p. m.

Más allá de los horizontes y las etapas: Una propuesta de periodificación para la arqueología peruana

RESUMEN:

El ordenamiento secuencial de los fenómenos sociales que se dieron a lo largo de la historia peruana es una de las principales tareas de los historiadores y arqueólogos. En el caso de la prehistoria andina (circa 12000 a.C.-1532 d.C.), los estudiosos del pasado y arqueólogos, han propuesto una serie de esquemas para organizar una infinitud de fenómenos sociales, a pesar, incluso, de carecer de fuentes escritas, como el caso de la arqueología precolonial peruana. Si bien se han propuesto importantes esquemas, muchos de ellos han sido superados por los nuevos datos de las investigaciones arqueológicas o, simplemente por su propuesta teórica subyacente, ya no dan cuenta de manera efectiva de los fenómenos sociales que esperaban organizar. En este ensayo se propone una nueva periodificación para la prehistoria peruana que abarca desde el temprano poblamiento de los Andes Centrales, hasta la caída del Imperio de los Incas. El objetivo inmediato de esta propuesta es organizar los fenómenos del pasado de una manera más coherente con respecto a los datos arqueológicos y las discusiones académicas más recientes.

Palabras clave: arqueología peruana, Andes centrales, cronología, periodos, etapas.

ABSTRACT

The sequential ordering of the social phenomena that occurred throughout Peruvian history is one of the main tasks of historians and archaeologists. In the case of Andean prehistory (ca. 12 000 BC-AD 1532), scholars interested in the past and archaeologists have proposed a series of schemes to organize an infinite number of social phenomena, despite even lacking written sources, as is the case of Peruvian pre-Colonial archaeology. Although important schemes have been proposed, many of them have been overcome by new data from archaeological research or, simply because of their underlying theoretical proposal, they no longer effectively account for the social phenomena they hoped to organize. This essay proposes a new periodization for Peruvian prehistory that spans from the early settlement of the Central Andes to the fall of the Inca Empire. The immediate objective is to organize the phenomena of the past in a more coherent way regarding to the most recent archaeological data and academic discussions that allows us to continue with the construction of Peruvian prehistory. Keywords: Peruvian archeology, central Andes, chronology, periods, stages.

Más allá de los horizontes y las etapas: Una propuesta de periodificación para la arqueología peruana

Beyond horizons and stages: A periodization proposal for peruvian archaeology

Henry Tantaleán [email protected]

https://orcid.org/0000-0002-3087-7968

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

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Introducción

Desde el inicio de la arqueología como disciplina científica en el Perú, a finales del siglo XIX, una serie de investigadores ha contribuido a la definición y organización de las diferentes entidades sociales que se desarrollaron a lo largo del territorio del Perú (Isbell y Silverman, 2002; Silverman e Isbell, 2008). Incluso, este interés puede remontarse a un momento pre-disciplinario, cuando otros estudiosos comenzaron a estudiar los restos de sociedades que les antecedían (Rivasplata, 2015; Tantaleán, 2021, 2023). Sus esfuerzos, no solamente fueron empíricos, vale decir descripciones de sitios o artefactos, sino que también, se embarcaron en la creación de originales hipótesis y teorías sobre la naturaleza y el carácter de esas sociedades pasadas (Dillehay, 2008; Moore, 2014; Tantaleán, 2016). Con este fin, varios estudiosos del pasado propusieron y describieron marcos temporales o cronológicos para poder organizar su narrativa histórica.

De ese modo, la arqueología, cómo también hace la historia, ha planteado separaciones o divisiones de bloques de tiempo que, en el caso del mundo andino prehispánico, se aplican a más de 14000 años. Asimismo, tales propuestas cronológicas pretenden captar fenómenos sociales que se dan en un espacio bastante extenso y que cubren, en nuestro caso, gran parte de la zona andina, incluso más allá de las fronteras peruanas actuales, un territorio que se conoce en la literatura arqueológica como los Andes Centrales (Quilter, 2022). A la vez, también tienen el desafío de poder expresar las historias locales y regionales, por ejemplo lo que sucede en un solo valle de la costa o sierra peruana.

Con ese objetivo en mente, diversos arqueólogos desarrollaron una serie de sistemas cronológicos desde la fundación de la arqueología científica en el Perú a finales del siglo XIX. Así, por ejemplo, las publicaciones de Max Uhle (1902, 1903a, 1903b) establecieron una secuencia de momentos por los cuales habrían atravesado las antiguas sociedades andinas. Posteriormente, a lo largo de todo el siglo XX, investigadores como Julio César Tello (1921, 1923), Alfred Kroeber (1927), Gordon Willey (1945), Rafael Larco Hoyle (1948), Wendell Bennett (1946), William Strong (1948), Wendell Bennett y Junius Bird (1949), entre otros, plantearon, de acuerdo con su conocimiento de la arqueología andina y sus perspectivas teóricas, propuestas cronológicas para organizar los datos arqueológicos y las culturas que habían descubierto y/o estudiado (ver Lanning, 1963, pp. 22-27; Lumbreras, 1969, pp. 21-27, Ravines, 1970; Ramón, 2005; Kaulicke, 2010, 93-146; Carmichael, 2019).

Sin embargo, en la actualidad dos son los sistemas de división del largo proceso prehistórico andino más utilizados: el de John Rowe (1962) y el de Luis Guillermo Lumbreras (1969) (Silverman, 2004, p. 11; Silverman e Isbell, 2008; Quilter, 2022, p. 32). En términos generales, el sistema de Rowe estableció la presencia de tres grandes periodos que denominó «horizontes», los cuales se caracterizan por la aparición y existencia de un estilo cerámico y/o arquitectónico que se extendió por gran parte de los Andes Centrales. Estos horizontes se relacionaron con los estilos Chavín, Wari e Inca, a los cuales denominó Horizonte Temprano, Horizonte Medio y Horizonte Tardío, respectivamente. A su vez, entre cada horizonte, Rowe reconoció la existencia de una serie de periodos intermedios (Rowe, 1962), los cuales se reconocían por los estilos que utilizaban las sociedades de una manera más local. A ellos los denominó Periodo Intermedio Temprano y Periodo Intermedio Tardío. Para la parte previa al primer horizonte u Horizonte Temprano, Rowe se valió principalmente de los trabajos de Edward Lanning, pero también de otros investigadores, proponiendo los periodos Precerámico e Inicial, siendo la ausencia o presencia de cerámica el principal indicador arqueológico de tales periodos (ver una versión más lograda en Menzel y Rowe, 1967).

Por su parte, el sistema de Lumbreras se caracterizó por la definición y explicación de etapas o estadios. Desde una perspectiva inspirada en el marxismo, Lumbreras trató de generar una narrativa histórica que tratase de captar y explicar los desarrollos socioeconómicos por los que habrían atravesado las sociedades prehispánicas de los Andes. Así, Lumbreras definió y caracterizó, yendo de lo más antiguo a lo más reciente, las etapas o estadios Lítico, Arcaico, Formativo, Culturas regionales, Imperio Wari, Estados Regionales e Imperio Tawantinsuyu (Lumbreras, 1969, en especial ver el Cuadro de la página 28). A pesar de que su propuesta trataba de evitar problemas previos que observó de anteriores sistemas cronológicos, sus etapas o estadios incorporaron una visión evolutiva y culturalista de las sociedades prehispánicas

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Como era de esperar, ambos sistemas cronológicos han sido criticados durante décadas (Stone-Miller, 1993; Ramón, 2005; Kaulicke, 2010; Swenson y Roddick, 2018, pp. 7-9; Carmichael, 2019; Vega-Centeno, 2020, entre otros). No obstante, hasta la fecha no han podido ser sustituidos pese a que han transcurrido más de 60 años desde sus propuestas originales. Incluso, han existido recientes intentos para actualizar tales sistemas cronológicos (ver, por ejemplo, Kaulicke, 2010; Shady, 2008; Lumbreras, 2019; Burger, 2019; Makowski, 2020), aunque no han estado exentos de críticas. En el mejor de los casos, simplemente se han actualizado/ cambiado las fechas o los nombres de los periodos o etapas propuestas, pero manteniendo la esencia teórica y metodológica incorporada por sus autores desde su génesis. Por tanto, debido a que existe una serie de críticas del aspecto teórico y metodológico, como también por el avance de la cronología absoluta y de nuevos y crecientes hallazgos en las últimas décadas, creemos que resulta necesario plantear una alternativa a los marcos cronológicos ya existentes.

Una propuesta de periodificación para los Andes Centrales prehispánicos[1]

A pesar de las críticas señaladas y de las probables falencias de ambos sistemas cronológicos, hay varias cuestiones que hemos tomado en cuenta, en tanto hay algunas fechas y fenómenos sociales que son innegablemente importantes, así como hitos históricos. Como nuestra propuesta también persigue explicar fenómenos sociales bastante amplios, tomamos como hitos más importantes, dentro de la prehistoria andina, a los grandes momentos o periodos de integración regional. Lo anterior quiere decir que, tomamos en cuenta esos momentos en los cuales gran parte de los Andes Centrales estuvieron unidos, articulados y/o conectados por una misma élite o élites económicas, políticas y/o religiosas y que dominaron o influenciaron a una gran área del territorio peruano y, como es de esperar, más allá de las fronteras nacionales actuales. Los indicadores arqueológicos que evidenciarán tales integraciones regionales y multirregionales, deberán estar interconectados y correlacionados materialmente, siendo la construcción de arquitectura (monumental, residencial de elite, comunitaria y funeraria) y la producción artesanal (cerámica, textil, metalurgia, lítica, etc.), las que guarden una similitud muy importante para una misma área o región.

De esta manera, en nuestra propuesta existen tres principales tipos de integración: económica, política y religiosa. Se puede dar una o varias de ellas simultáneamente, dependiendo de los desarrollos históricos en cada periodo. En ese sentido, tanto el sistema cronológico de Rowe como el de Lumbreras tomaron como base elementos de dichas integraciones regionales y los correlacionaron con lo que se conoce como las «culturas» Chavín, Wari e Inca.

Así, un elemento clave en nuestra propuesta es que podemos apreciar que, desde un centro principal en el cual reside una poderosa élite económica, política y/o religiosa, se ejerce una hegemonía y/o un control directo de grandes extensiones de territorios, pero, sobre todo, de las comunidades. En ese sentido, para nosotros, una entidad política regional comprende un valle o una serie de valles, generalmente dentro de una misma zona ecológica como puede ser la costa o la sierra como, por ejemplo, podría ser la entidad política chimú. Mientras que, cuando nos referimos a una integración multirregional, se trata de un conjunto mayor de valles e, incluso, de grandes y diversas zonas ecológicas como, por ejemplo, la costa norte o la sierra norte. Este fue el caso de la gran integración multirregional que desarrolló el Imperio inca (Covey, 2006; D´Altroy, 2015; Bauer, 2018).

Sin embargo, en Luis G. Lumbreras, se parte de la presunción que, desde un centro principal, ya sea Chavín de Huántar, Huari o Cusco, se controlaron las practicas sociales económicas, políticas y/o ideológicas de diferentes comunidades y sus territorios, lo cual se plasmaría en una homogeneidad en la arquitectura y artesanía de manera sincrónica. Si bien esto podría resultar más plausible para el último periodo con los incas, resulta menos claro para el caso de lo Wari y, sobre todo, para lo Chavín (Burger et al., 2019; Seki, 2023). De hecho, muchas veces, incluso con los incas, el control completo de los territorios no es muy evidente y, más bien, se trata de una serie de articulaciones, hegemonías o influencias de diferentes tipos e intensidades (Jennings, 2010; Makowski y Giersz, 2016; Isbell et al., 2018).

Asimismo, los periodos de integración multirregional son grandes momentos en los cuales una serie de asentamientos humanos se encuentran conectados bajo la predominancia de uno en particular. Por tanto, como se puede imaginar, estos asentamientos que se encuentran distribuidos a lo largo de una amplia zona de los Andes Centrales, no lo harán al mismo tiempo y con la misma intensidad. De este modo, se toma como punto de partida de inicio de este periodo, el momento en que el asentamiento principal comienza a establecer o ejercer relaciones económicas, políticas y/o ideológicas con mayor intensidad sobre varios sitios del área andina. De la misma manera, el final del periodo ocurre cuando el asentamiento principal deja de ejercer dominio, control y/o influencia sobre tales asentamientos y sus pobladores. Esta es la principal diferencia con las nociones de etapas y horizontes que tienden a generar una visión de unidad y homogeneidad de los fenómenos sociales sincrónicos. Por el contrario, lo que realmente sucede es que existe una diversidad de fenómenos sociales a lo largo de los Andes que, incluso, debido a la carencia de investigaciones arqueológicas, aún resultan difíciles de comprender y explicar.

Por tanto, para nosotros, a pesar de que aparentemente se aprecia una cierta homogeneidad durante estos grandes periodos de integración multirregional que estamos planteando, también evidenciamos que las entidades políticas regionales y locales aún mantienen muchos de sus rasgos, unidades y prácticas sociales económicas, políticas y religiosas propias (Silverman e Isbelll, 2008; Moore, 2014; Malpass, 2016; Tantaleán, 2021; Quilter, 2022). En realidad, observamos el proceso histórico prehispánico como una serie de periodos de autonomía local y/o regional y periodos de integraciones multirregionales. Por ello, nuestra propuesta toma en cuenta las prácticas sociales económicas, políticas e ideológicas que se expresan de maneras locales, regionales y multirregionales. La materialización de tales integraciones o autonomías se puede apreciar en la presencia de paisajes, arquitectura y producción artesanal dentro de los territorios durante cada periodo específico.

De hecho, existe una dinámica que oscila entre la integración y la autonomía debido a las fuerzas sociales que se encuentran distribuidas por el paisaje social a lo largo del tiempo. Esto se refleja en lo que políticamente se denomina la conformación de jerarquías que tienen su contraparte en las heterarquías (sensu Crumley, 1995). En realidad, esa tensión tanto dentro de las entidades políticas, como entre ellas, es lo que genera la historia cambiante y la conformación sincrónica de los paisajes económicos y políticos (Tantaleán, 2021; Stanish et al., e.p.).

Asimismo, se debe resaltar que la base para la existencia de todos estos fenómenos sociales amplios siempre será la unidad doméstica que, además de ser una unidad social, es también una unidad mínima laboral (Stanish, 1992; Tantaleán, 2006). A su vez, las unidades domésticas conforman comunidades, las cuales de manera colectiva enfrentaron sus desafíos ecológicos, sociales, económicos y políticos. Las comunidades a lo largo del tiempo y de acuerdo con su propia historia específica y prácticas sociales concretas, conformaron entidades políticas de diversa naturaleza y escala. A partir de tales entidades sociales podremos observar el surgimiento de estados y hasta imperios. Al final, como veremos, todo este proceso se fundamenta en las prácticas sociales y la organización de sus consecuentes relaciones económicas, políticas y religiosas.

También, debemos señalar que, en nuestra propuesta, hemos tratado de evitar las cargas evolucionistas de sistemas cronológicos previos, pues, esperamos no asumir de manera a priori una serie de características sociales que se darían dentro de un territorio dado y que impiden comprender la verdadera naturaleza de las trayectorias históricas particulares en su desarrollo y dimensión real. Asimismo, cuando los hay, hemos integrado los nuevos fechados radiocarbónicos y secuencias históricas y arqueológicas de muchas investigaciones recientes, lo que permite actualizar los sistemas cronológicos previos y brindar un panorama contemporáneo de la arqueología peruana. Adicionalmente, algunos fenómenos climáticos de impacto regional, como grandes periodos de sequías, son tomados en cuenta por su reconocida influencia en las sociedades andinas.

Como resultará evidente, es imposible captar y capturar toda la heterogeneidad y matices de las comunidades locales e integraciones regionales y multirregionales en cada periodo. Sin embargo, el objetivo principal de esta propuesta es generar un esquema sobre la aparición y desaparición de una serie de fenómenos y prácticas sociales que siguen siendo y serán discutidos por los arqueólogos en el futuro. De hecho, en paralelo o conviviendo con los grandes periodos de integración regional o multirregional, podremos encontrar una serie de comunidades y entidades políticas que se mantienen aisladas o conviven con dichos fenómenos sociales más extensos. Por lo tanto, cada uno de nuestros periodos prioriza o resalta la existencia de un fenómeno o fenómenos socioeconómicos y sociopolíticos dominantes, aunque no únicos, pero que sí, indiscutiblemente, transformaron a las comunidades y a los paisajes andinos, de una manera tal que es reconocible en el paisaje andino y en sus producciones materiales. No obstante, también existirán otros fenómenos sociales incluso diferentes pero paralelos, conviviendo con ellos o que los ignoran o rechazan. De hecho, su existencia también permite interesantes relaciones dialécticas entre tales entidades sociales de diferentes caracteres económicos y/o políticos.

Por tanto, para nosotros los periodos aquí propuestos resultan herramientas heurísticas para la explicación arqueológica. Vale decir, nuestra propuesta reúne una serie de hipótesis de trabajo con las cuales enfrentar y confrontar esos fenómenos arqueológicos prehispánicos que deben seguir siendo investigados. Por ello, los periodos propuestos suponen una primera entrada para comenzar a ubicar los diferentes fenómenos sociales de manera cronológica y comprender su propia naturaleza, y las relaciones dentro de cada propia entidad y con otras con las que convivieron.

De este modo, siguiendo lo previamente expuesto, en la tabla 1 hemos dividido a la época prehispánica peruana en los siguientes nueve periodos:

Tabla 1

Propuesta de periodificación para la época prehispánica en el Perú

Años aproximados

Periodos

Sitios arqueológicos representativos

1 400 d. C. – 1 532 d. C.

Tercera integración multirregional

Cusco, Machu Picchu, Choquequirao, Vilcashuamán, Huánuco

Pampa, Pumpu, Hatuncolla, Inkawasi de Cañete, Tomebamba, Pachacamac

1,000 d. C. – 1 400 a. C.

Entidades políticas autónomas tardías

Túcume, Batán Grande, Chan Chan, Kuélap, Armatambo, La Centinela de Tambo de Mora, Pucarani (Puno)

700 d. C. – 1 000 d. C.

Segunda integración multirregional

Huari, Pikillacta, Viracochapampa, El Castillo de Huarmey, Cerro Baúl

500 a. C. – 700 d. C.

Entidades políticas autónomas tempranas

Cerro Colorado, Huacas de Moche, Huaca Rajada-Sipán, Yayno, Complejo Maranga, Cahuachi

800 a. C. – 500 a. C.

Primera integración multirregional

Chavín de Huántar, Pacopampa, Kunturwasi, Ancón, Karwas

1 800 a. C. – 800 a. C.

Entidades políticas autónomas iniciales

Caballo Muerto, Sechín Alto, Garagay, Qaluyu

3 500 – 1 800 a. C.

Integraciones regionales prístinas

Caral, Áspero, Kotosh, La Galgada

6 000 – 3 500 a. C.

Comunidades sedentarias tempranas

Nanchoc, Huaca Prieta, La Paloma, La Yerba III

12 000 – 6 000 a. C.

Comunidades trashumantes primigenias

Amotape, Pampa de Paiján, Pachamachay, Pikimachay, Guitarrero

Fuente: Elaboración propia.

1. Periodo de las Comunidades Trashumantes Primigenias (12 000 a. C. – 6 000 a. C.)

Este es el primer periodo de la prehistoria andina. Inicia con la llegada de los primeros seres humanos al territorio andino y se relaciona con la creación y desarrollo de una serie de prácticas sociales económicas e ideológicas relacionadas con la subsistencia, enfocadas en la caza, la recolección, el marisqueo y la pesca. La trashumancia y/o la semisedentariedad, son las principales formas de vida social de estas comunidades. Con relación a la época geológica del Pleistoceno, el clima mejoró considerablemente con temperaturas más elevadas desde los 9600 a. C. en adelante, dando paso al Holoceno, que es la época geológica en la que vivimos (León, 2007, p. 42; Malpass, 2016, p. 22).

En general, los fechados más antiguos relacionados con cuerpos humanos en la costa norte, se aceptan como la evidencia más temprana de poblamiento en el territorio peruano. Así, un fechado realizado por Claude Chauchat y su equipo a partir de una muestra de carbón asociada directamente a un resto humano en el sitio de Pampa de los Fósiles 13, arrojó el rango de 10387 a. C. – 9458 a. C. (Chauchat, 2006, p. 200; León, 2007, p. 109). No obstante, los recientes hallazgos realizados por el equipo liderado por Tom Dillehay en los estratos arqueológicos más profundos del sitio arqueológico de Huaca Prieta en el valle de Chicama, proponen ocupaciones humanas más tempranas, en torno al 12 000 a. C. (Dillehay et al., 2012). Incluso, es posible que hayan existido ocupaciones humanas mucho más tempranas debido a la presencia de otros sitios en Sudamérica, donde hay evidencias de posibles artefactos hechos en piedra producidos por seres humanos. Es posible que, en los próximos años, nuevos hallazgos superen la antigüedad de tales fechados.

Por el momento, lo que sí sabemos es que los grupos humanos del periodo de las comunidades transhumantes primigenias ocuparon gran parte del territorio peruano desde el litoral hasta la selva baja. Sin embargo, donde las ocupaciones humanas de este periodo han sido mejor evidenciadas arqueológicamente es en la costa peruana, principalmente en la costa norte, especialmente en el departamento de La Libertad (Chauchat, 2006; Dillehay, 2017). Asimismo, una importante concentración de sitios arqueológicos de este periodo ha sido descubierta en la sierra central, en especial en las punas de Junín (Rick, 1980; Lavallée, 1995). No obstante, la costa central y la costa sur (Lima e Ica) también conservan algunos sitios resaltantes de este periodo, lo mismo que la sierra norte y sierra sur peruana, incluyendo el altiplano circunlacustre (ver León Canales, 2007 para una buena síntesis).

periodificación para la arqueología peruana
Figura 1. Cueva de Pikimachay, Ayacucho. Fuente: Cortesía de Juan Yataco.

Entre los sitios arqueológicos más representativos de este periodo tenemos al Complejo Amotape, en la costa de Piura; Pampas de los Fósiles y Paiján, al norte del valle de Chicama; Quirihuac y La Cumbre, en el valle de Moche; Guitarrero, en el Callejón de Huaylas; Tres Ventanas, en la parte alta de la quebrada de Chilca; el Cerro Lechuza, en Pisco; las cuevas y los abrigos rocosos de las punas de Junín como Pachamachay; Lauricocha, en Huánuco; Pikimachay, en Ayacucho; Asana, en las alturas de Moquegua; el Sitio Anillo y Quebrada Tacahuay, en la costa de Moquegua; la cueva de Toquepala, en la sierra de Tacna; Quebrada de los Burros, en la costa de Tacna, y los sitios de las punas del altiplano puneño como Macusani.

Este periodo termina cuando algunos grupos sociales comienzan a sedentarizarse, es decir, cuando empiezan a vivir en asentamientos de manera permanente y, a la vez, se enfocan en una subsistencia basada en la horticultura, la pesca o la recolección intensiva. Asimismo, los grupos humanos cuentan con un número de miembros que les permite transitar de ser nómades a formar comunidades que construyen viviendas y habitan permanentemente en aldeas que sobrepasan las decenas de unidades domésticas.

Prácticas sociales económicas

Las prácticas sociales económicas de este periodo están relacionadas con las de subsistencia, aún no productora ni reproductora de especies botánicas y animales. Las prácticas sociales económicas se fundamentan en la explotación directa de los recursos naturales que se recolectan, cazan o pescan de la tierra y el mar. El grupo humano a veces se especializa en la explotación de algún tipo de recurso, pero, en general, los grupos humanos utilizan expeditivamente cualquier recurso natural que se encuentra a la mano para su reproducción social y realizan intercambios intermitentes con otros grupos humanos. Por tales tipos de prácticas sociales económicas, los grupos humanos están plenamente cohesionados y distribuyen inmediatamente los recursos apropiados de la naturaleza. No existe, por tanto, una acumulación colectiva o individual de recursos humanos o excedentes. La tecnología necesaria para sus prácticas sociales económicas se basa en el conocimiento profundo de la naturaleza de los nichos ecológicos, el clima, el comportamiento de las especies animales y vegetales y las fuentes de materias líticas. Especialmente su tecnología de producción de instrumentos estaba basada en la talla de rocas, pero, también existe una importante tecnología producida en huesos de animales. Podemos apreciar que existe una especialización de la producción de instrumentos líticos como las puntas líticas orientadas principalmente para la caza. En especial, la tradición de puntas paijanenses y de «cola de pescado», que está muy extendida en la costa peruana, mientras que, en la sierra, sobre todo en las punas, podemos apreciar una tradición de puntas foliáceas. Pero, en general, lo que más abundan son la industria de cantos rodados desbastados y de lascas retocadas. Una importante tradición de instrumentos hechos con huesos de animales también se ha podido reconocer en los asentamientos de este periodo.

Prácticas sociales políticas

Debido al tipo de prácticas económicas de subsistencia directa, la alta movilidad y el número de personas del grupo, las prácticas y relaciones sociales políticas entre miembros de estas comunidades son prácticamente igualitarias. Sin embargo, existen líderes que basan su autoridad en la experiencia o la edad o alguna habilidad primordial concreta para la supervivencia del grupo. En colectivos de número reducido, hablamos de decenas de personas, no es necesaria una serie de instituciones políticas formales que vayan más allá del tabú, normas y castigos y recompensas comunales. Tales normas permiten la reproducción social del grupo. Por ejemplo, controlar la cantidad de miembros de la comunidad es un tema fundamental porque de ello depende la supervivencia del grupo y que los recursos puedan ser accesibles para todos. Como señala el antropólogo Marshall Sahlins (1977), es posible que, a diferencia de nuestra visión contemporánea que percibe a este periodo como de precariedad e inestabilidad económica, más bien se tratarían de «sociedades de la opulencia», en las cuales los miembros de tales grupos sociales gozaban de una serie de posibilidades materiales significativas para su vida, sobre todo, si uno las compara con otros periodos posteriores.

Prácticas sociales ideológicas

A través de la arqueología, hemos sido capaces de reconocer que, como sus antecesores de otras partes del mundo, estos grupos humanos en particular materializaban sus prácticas sociales ideológicas mediante la pintura de escenas de su vida cotidiana y de sus creencias en las paredes rocosas de abrigos o cuevas. Este tipo de evidencia arqueológica ha sido hallada y registrada, sobre todo, en cuevas de la puna de la sierra central del Perú, en muchas de las cuales habitaban temporal o permanentemente dichos grupos humanos. Asimismo, en algunas de tales cuevas o en las zonas costeras se han excavado enterramientos humanos, los cuales materializan la necesidad que tenían estos grupos humanos de cuidar a sus muertos y darles un espacio funerario acorde con sus creencias sobre la muerte.

2. Período de las Comunidades Sedentarias Tempranas (6000 a. C. – 3500 a. C.)

Este periodo se caracteriza por la presencia de los primeros poblados sedentarios que permanecieron ocupados durante varias generaciones y en los cuales habitaron centenares de individuos. Asimismo, se encuentran las primeras expresiones de arquitectura comunitaria/corporativa, aunque de pequeña escala.

Aproximadamente en el milenio vI a. C., grupos de seres humanos comenzaron a habitar en espacios de la costa y sierra peruana de manera permanente. Este periodo correspondiente al Holoceno Medio coincide con un clima más cálido y que se conoce como el «Optimum Climaticum», que se inicia alrededor del 6900 a. C. (León Canales, 2007, p. 44). Los habitantes de este periodo, conocedores de su medio y habiendo experimentado con la horticultura y domesticación de plantas y animales previamente, fueron capaces de establecerse de manera permanente en un solo asentamiento a lo largo de las diferentes estaciones del año. Este es el surgimiento de las primeras aldeas fijas que fueron habitadas durante muchas generaciones. Incluso tales asentamientos fueron también cementerios de sus propios habitantes. Asimismo, aparecen pequeños espacios de reunión colectiva, una serie de edificios públicos que, por lo general, son denominados «templos» o «santuarios» pero que, también, podrían tener funciones políticas o, simplemente, ser espacios de reunión colectiva. En cualquier caso, ninguna de estas edificaciones excede la función de un espacio arquitectónico destinado a la reunión de un bajo número de autoridades o líderes de la misma comunidad o vecinas o de personajes relevantes del grupo. Asimismo, no integran algún tipo de manifestación de religión institucionalizada ni mucho menos coercitiva. Las tumbas conocidas de este periodo en ningún caso acusan un tipo de tratamiento o ajuar funerario que vaya más allá del cuidado y la atención que se le pueda ofrecer a un ser querido, o al respeto o autoridad que pueda ser dado a un líder comunal.

Los primeros poblados aldeanos sedentarios se focalizan en espacios ecológicos que permitieron la recolección de plantas y animales, la producción agrícola y/o la explotación de recursos marinos. En especial, los asentamientos conocidos se emplazan, sobre todo, frente al litoral de la costa peruana a lo largo de la gran extensión del territorio peruano. Además, cerca de ríos costeños y lomas también se han hallado sitios de este periodo, especialmente en la costa central. Asimismo, algunos asentamientos de la sierra han sido ubicados, en algunos casos sobre ocupaciones del periodo anterior, presenciando tales procesos de sedentarización como es el caso del abrigo rocoso de Telarmachay (Lavallée, 1995). Sin embargo, en general, los asentamientos registrados e investigados aún siguen siendo escasos, quizá, debido a problemas de conservación o a su reocupación por grupos humanos posteriores.

Entre los sitios arqueológicos más representativos de este periodo tenemos a Nanchoc en el valle de Zaña, Huaca Prieta en el valle bajo de Chicama, Telarmachay en su fase v en Junín, La Paloma al norte de la quebrada de Chilca, Chilca (pueblo 1) en la quebrada del mismo nombre, los sitios Paracas 514 y Paracas 96 en la península epónima, La Yerba III en la desembocadura del río Ica y Pernil Alto en Palpa.

Este periodo culmina cuando aparecen asentamientos humanos que reflejan concentraciones regionales de comunidades e intercambios económicos y religiosos regionales, y aparecen las primeras evidencias de arquitectura monumental, las cuales marcan la existencia de un tipo de religión supracomunal y compleja.

Prácticas sociales económicas

Las prácticas sociales económicas de este periodo se amplían para, además de la recolección, pesca y caza, incorporar plenamente la agricultura y la ganadería. Asimismo, se percibe una serie de intercambios a mediana distancia, que posibilita la complementación de la dieta alimenticia y la obtención de materias primas y artefactos gracias a otras comunidades vecinas. Las tecnologías principales se basan en la producción de embarcaciones y redes de pesca, principalmente de fibra de algodón. Aunque la agricultura todavía depende de las avenidas de aguas en los valles de la costa, a consecuencia de las lluvias en la sierra, estaría aún relacionada con instrumentos de madera y piedra. Evidentemente, dada la extensa lista de especies botánicas que se han reconocido en los yacimientos arqueológicos, se construyeron huertos y corrales para la reproducción de plantas y animales.

Huaca Prieta, Valle de Chicama
Figura 2. Huaca Prieta, Valle de Chicama. Fuente: Elaboración propia

Prácticas sociales políticas

Las comunidades de este periodo que concentran una importante cantidad de unidades familiares suponen que existió una coordinación en la habitación y organización del espacio y de las relaciones sociales. Evidentemente, existieron líderes comunitarios que se encargaban de gestionar las necesidades y la redistribución de las materias primas, los recursos y los bienes que se producían en la comunidad. Las relaciones sociales seguirían siendo de tipo igualitario, aunque con un grupo de personas que tiene cierta predominancia sobre el resto de la comunidad sin que esto llegue a generar una verdadera asimetría social o acumulación de poder económico con respecto al resto de los comuneros.

Prácticas sociales ideológicas

Lo que sabemos sobre las prácticas sociales ideológicas de estos grupos humanos es reducido debido a que su propia producción artesanal no expresa mayores evidencias del desarrollo de una ideología que haya quedado materializada. Por tanto, debieron tener creencias animistas y no necesitaron expresarse en soportes como la piedra o el hueso, sus principales materias para la producción de sus artefactos. Sin embargo, sí se han hallado algunos artefactos principalmente textiles y artefactos de hueso y de piedra, y mates y figurinas de barro que representan animales y seres antropomorfos, algunos de ellos evidencian algún sentido de dualidad o complementariedad. Por un lado, en este periodo no se reconoce una religión estandarizada que reitere un mensaje bien establecido o institucionalizado, mucho menos se observa algún tipo de religión coercitiva o violenta. Por otro lado, en este periodo las creencias relacionadas con la muerte se tornan más complejas. Principalmente tenemos que los individuos fallecidos son internados y enterrados dentro de los asentamientos, se les envuelve en textiles y se les acompañan algunos artefactos como líticos o artefactos utilizados en la producción. La necesidad de concentrarlos en un lugar de habitación supone la existencia de una concepción desarrollada con respecto a la muerte durante este periodo. Es posible que la práctica social de ofrecer cuidados y reverencias a los ancestros se haga mucho más importante durante este periodo como parecen indicar los enterramientos humanos excavados en las casas del sitio arqueológico de La Paloma.

3. Período de las Integraciones Regionales Prístinas (3500 a. C. – 1800 a. C.)

Este periodo se caracteriza por la aparición de los primeros asentamientos sedentarios que incorporan arquitectura monumental y que se interrelacionan de manera regional conectando valles y/o zonas ecológicas diferentes. Así, el milenio Iv a. C. es un momento crucial en el cual algunas aldeas o poblados comienzan a erigir arquitectura supradoméstica, es decir, se construyen, además de viviendas, talleres o espacios de producción, las primeras y más evidentes muestras de construcciones colectivas o corporativas que no son usadas para habitación, sino, más bien, para reuniones grupales y rituales al aire libre, pero también de manera secreta. El concepto de huaca, materializado en construcciones arquitectónicas, su fundación, vida, y enterramiento cíclico se hace muy evidente durante este periodo.

La extensión de los asentamientos de este periodo a lo largo del territorio peruano se amplía significativamente. En realidad, los mapas arqueológicos se cubren de numerosos puntos, indicando sitios de las integraciones regionales prístinas. Así, los valles de la costa peruana, principalmente relacionados con el litoral, tienen uno o varios sitios de este periodo. Asimismo, aparecen sitios arqueológicos en espacios geográficos como bahías o ensenadas aptas para la pesca y el marisqueo, lo mismo que en algunas zonas de lomas donde la recolección y la caza permiten la vida de manera permanente y a lo largo de generaciones. Según los estudios arqueológicos y paleoclimáticos, existiría una importante relación entre el aumento y la monumentalidad de sitios cercanos al litoral y una abundancia de recursos marinos relacionada con el inicio de fenómenos de El Niño (Richardson y Sandweiss, 2008). En ese sentido, el área denominada como Norte Chico (valles de Huaura, Supe, Pativilca y Fortaleza) sobresale por la gran cantidad de sitios de este periodo que contienen edificios de plataformas arquitectónicas con plazas circulares hundidas (Haas y Creamer, 2006; Shady et al., 2015).

De igual manera, en la sierra, en la puna y en los valles interandinos y quebradas de la zona montañosa se desarrollan asentamientos de este periodo. Entre los más resaltantes se encuentran los asociados a la denominada «tradición religiosa kotosh», la cual se caracteriza por asentamientos que incluyen la construcción y superposición de pequeñas estructuras cuadrangulares con banquetas, un fogón central y ducto de ventilación (Burger, 1992). Ejemplos de sitios dentro de esta tradición arquitectónica son Kotosh, Shillacoto, La Galgada, Piruru y Huaricoto. Adicionalmente, Cerro Ventarrón, ubicado en el valle de Lambayeque, también es un ejemplo extraordinario de un asentamiento de este periodo, donde se construyó arquitectura monumental y que, incluso, expresó materialmente sus prácticas ideológicas mediante murales polícromos (Alva Meneses, 2012).

Así, los asentamientos de este periodo han sido encontrados principalmente en la costa norte, costa central y costa sur del Perú. Asimismo, tenemos evidencias de este tipo de poblaciones en la sierra norte y en la sierra central. La sierra sur, como la del departamento de Puno, por el momento, no ha demostrado una importante cantidad de sitios de este periodo, aunque prospecciones arqueológicas recientes señalan su posible existencia (Stanish et al., 2014).

Entre los sitios arqueológicos más importantes de este periodo tenemos a Cerro Ventarrón en el valle de Lambayeque, Los Morteros y Salinas de Chao en el valle del mismo nombre, Primer Edificio de Sechín Bajo en el valle bajo de Casma, El Áspero y Caral en el valle de Supe, Bandurria en el litoral de Huacho, Kotosh y Shillacoto en Huánuco, Huaricoto en el Callejón de Huaylas, Piruru en la puna de Junín, La Galgada en la quebrada de Tablachaca en Áncash y El Paraíso en el valle bajo de Chillón.

El área monumental de Caral.
Figura 3. El área monumental de Caral. Fuente: Cortesía de la Zona Arqueológica Caral.

Este periodo culmina cuando aparecen las vasijas cerámicas en diferentes asentamientos del mundo andino, además, acompañada de una nueva forma de construcciones públicas que incorporan representaciones de seres extraordinarios en murales y artefactos. Asimismo, se establecen redes de asentamiento de manera local que unen uno o varios valles. Incluso, en algunos sitios como los del Norte Chico se ha detectado la ocurrencia de un evento climático relacionado con sequías y arenización de las zonas agrícolas y los canales que evidentemente impactaron en varias de las sociedades de esta zona (Sandweiss et al., 2009).

Prácticas sociales económicas

Las prácticas sociales económicas de este periodo experimentan la aparición de los primeros proyectos hidráulicos en los valles costeros. Asimismo, en la sierra se debió haber generado una agricultura más extensiva contando seguramente también con sistemas de canales. De esta manera, las prácticas sociales económicas se convierten en prácticas de autosuficiencia básica, aunque amplía por otro lado la extensión de los intercambios a gran distancia. En realidad, estas prácticas sociales económicas son mixtas, compartiendo producción interna para el consumo y para el intercambio. Esta base económica supone una primera integración regional en algunos valles o conjuntos de valles como puede ser el caso del Norte Chico. La tecnología sigue siendo bastante básica y se siguen utilizando artefactos para la pesca, principalmente redes de algodón y palos excavadores para la agricultura. Además, la tecnología constructiva se hace significativa debido a que se construyen importantes obras comunitarias. Una valiosa producción de artefactos elaborados en concha y piedras se hace presente en varios de los asentamientos de este periodo.

Prácticas sociales políticas

Evidentemente existen líderes dentro de estas comunidades, los cuales ocupaban las edificaciones anexas a las principales edificaciones corporativas de estos asentamientos. Sin embargo, la organización de la sociedad se encontraba regida por principios de cooperación y cohesión social, basada en el parentesco y en su relación con sus líderes y asentamientos. La generación de la noción de huaca por parte de los líderes y comunidades ayudó a la construcción y reproducción de una identidad política. No se puede hablar de grandes diferencias sociales debido a la inexistencia de evidencias arqueológicas que así lo atestigüen.

Prácticas sociales ideológicas

La religión de estas sociedades es poco representada en la arquitectura o los materiales arqueológicos. Pero, sin duda, existió una religión que debió ser de carácter animista; de esta manera, no necesitarían de la representación de seres extraordinarios de manera física. Lo más probable es que estas comunidades rindiesen culto a los «monumentos naturales» como cerros y a las crecientes huacas construidas por ellos y que iban poblando sus paisajes. También comienzan a aparecer algunos elementos como figurinas antropomorfas hechas en barro, como las recuperadas en Áspero o Caral, que pueden indicar el surgimiento de la reverencia hacia personajes de la misma sociedad (Shady et al., 2015). Aunque algunos de los enterramientos humanos descubiertos incorporan algunos bienes exóticos o artefactos de gran valor artístico, no se trata de una gran cantidad ni tampoco se percibe una fuerte inversión de fuerza de trabajo en la creación de las pocas tumbas halladas. En realidad, tales prácticas funerarias tan solo acusan creencias religiosas relacionadas con el culto a los ancestros. Sin embargo, hacia el final de este periodo sí podemos ver algunos cambios, por ejemplo, cuando en el sitio de La Galgada en Áncash se permite la inhumación de ciertos individuos dentro de cámaras funerarias asociadas a la arquitectura pública con ajuares mortuorios extraordinarios (Grieder et al., 1989).

4. Período de las Entidades Políticas Autónomas Iniciales (1800 a. C. – 800 a. C.)

Para los arqueólogos de todo el mundo, la aparición de la cerámica es un evento clave en la historia de la humanidad. No solo por las características materiales sino por la organización social para su producción y, sobre todo, por su uso en espacios domésticos y públicos. Ningún arqueólogo o arqueóloga evitaría asumir que el fenómeno de la aparición de la cerámica también está ligado en el mundo andino con el compartir, los festejos colectivos y los banquetes públicos en espacios como plazas, santuarios o huacas. Así, este periodo se inicia con la aparición de las primeras cerámicas en los Andes Centrales que se establece alrededor del 1800 a. C., con posibles apariciones más tempranas en la costa norte.

Las entidades políticas autónomas iniciales aparecen en varias áreas del territorio peruano. Sin embargo, en la costa norte y en la costa central serán donde más entidades políticas de este tipo se manifestarán. Así, en la costa norte destaca el fenómeno cupisnique con edificaciones monumentales entre las que resalta el complejo Caballo Muerto y, en especial, la Huaca de los Reyes en el valle medio de Moche. Más al sur, en el valle de Casma, tenemos al conjunto de edificaciones monumentales relacionado con la entidad política Sechín Alto. Concentrados en el valle bajo de Casma, se tratan de edificios monumentales coordinados espacialmente y construidos con adobes y piedras, y en algunos de los cuales se representaron personajes antropomorfos y zoomorfos en sus paredes principales. En la costa central sobresalen, por su monumentalidad y por presentar un patrón arquitectónico que se repite a lo largo de varios siglos, los denominados templos en U o, más recientemente, como la «cultura Manchay» (Burger, 2008).

Pero también otras regiones del Perú, principalmente la sierra norte y sierra central e, incluso, la sierra sur, presenciarán la aparición o producción de artefactos cerámicos en sus sitios arqueológicos. En general, la mayoría de yacimientos arqueológicos de este periodo en el territorio peruano incorporaron cerámica en sus prácticas sociales. La Amazonía posiblemente experimentó la aparición de cerámica mucho más temprano, quizá un milenio antes; sin embargo, al momento de escribir este ensayo no poseemos fechados absolutos para datar más tempranamente tal fenómeno en esta área del Perú. No obstante, las investigaciones de Donald Lathrap (1970) y otros autores posteriores han dejado claro que la cerámica también estuvo presente desde temprano en la Amazonía peruana (Clasby y Nesbitt, 2021). Por otro lado, aún no han sido localizado asentamientos extensos o monumentales en esta región, aunque trabajos en la selva de Ecuador y Bolivia señalan tal posibilidad.

Entre los sitios arqueológicos más representativos de este periodo tenemos a Purulén en el valle bajo de Zaña, Huaca Collud en el valle de Lambayeque, Las Huacas y Montegrande en el valle medio de Jequetepeque, Puémape al sur de la desembocadura del río Jequetepeque, Caballo Muerto en el valle medio de Moche, Cerro Blanco y Huaca Partida en el valle de Nepeña, Sechín Alto en el valle de Casma, Las Haldas en el litoral de Casma, los templos en U de la cultura Manchay en los valles de la costa central, Marcavalle en el Cusco y Qaluyu en la cuenca noroeste del lago Titicaca.

Bloques de piedra con grabados en Cerro Sechín.
Figura 4. Bloques de piedra con grabados en Cerro Sechín. Fuente: Elaboración propia.

Este periodo termina con el ingreso en diferentes lugares del mundo andino de artefactos y arquitectura vinculadas con la primera gran integración multirregional andina, asociada a elementos materiales que inicialmente se relacionaron con la comunidad habitante del sitio de Chavín de Huántar alrededor de 800 a. C. De hecho, se ha hablado de un «Horizonte Chavín» (Burger, 2019) en el sentido que muchos elementos que se generaron o se hicieron visibles de manera regional en Chavín de Huántar, comenzaron a aparecer de manera consistente en diferentes lugares del territorio peruano. Sin embargo, también existen otros asentamientos que se van influenciando mutuamente.

Prácticas sociales económicas

Las prácticas sociales económicas de este periodo se caracterizan por incorporar la agricultura como una de sus actividades fundamentales; proyectos hidráulicos en la costa y sierra permiten ampliar el terreno cultivable y la diversidad de especies botánicas. Sin embargo, aún se practican la caza y recolección como actividades complementarias. La ganadería de camélidos también se sigue manteniendo de forma complementaria, principalmente en la sierra. Además, aparecen los primeros indicios de especialización artesanal, entre los que sobresalen los ceramistas, los tejedores y los metalurgos. El intercambio económico se hace notable y se percibe en la amplia distribución de estilos locales acompañados de otros foráneos.

Prácticas sociales políticas

Muchas comunidades presentan formas de asentamiento similares a las del periodo anterior; se manifiestan como aglomeramiento de unidades domésticas. Sin embargo, también aparecen formas arquitectónicas públicas que definitivamente exceden el ámbito doméstico. Estas construcciones expresadas en diferentes patrones arquitectónicos, reflejan la existencia de élites locales que comienzan a controlar ciertas cantidades del trabajo de los comuneros y de la producción de subsistencia. Es el momento del surgimiento de verdaderos líderes políticos que auspician y dirigen ceremonias desde los edificios principales de cada asentamiento. De esta manera, podríamos estar ante la aparición de las primeras diferenciaciones sociales, aunque aún sin la capacidad ni la necesidad de las élites de establecer estrategias de control social coercitivas.

Prácticas sociales ideológicas

Durante este periodo, las comunidades adquieren la necesidad de construir espacios monumentales. La práctica reiterativa de rituales colectivos debió haber sido una causa importante y justificación suficiente para movilizar el trabajo colectivo de las diferentes comunidades y, a la vez, lograr su cohesión. Elementos iconográficos relacionados con animales extraordinarios como felinos, aves de presa, reptiles y ofidios aparecen de manera reiterativa en los principales asentamientos con santuarios o huacas. Esta misma iconografía también aparece en otros soportes como la cerámica, los textiles, los metales, el hueso y la piedra. Así, vemos que las comunidades ya establecen ciertos cánones artísticos, los cuales nos indican la existencia de cuerpos de especialistas religiosos encargados de diseñarlos y crearlos.

5. Período de la Primera Integración Multirregional (800 a. C. – 500 a. C.)

Este periodo inicia con las primeras apariciones de evidencias de una integración multirregional de carácter económico y religioso, que tiene el centro de Chavín de Huántar como uno de los principales y mayores asentamientos de la sierra norte peruana. Como señala Richard Burger (2019, p. 196), el periodo entre los 800 y 500 a. C. corresponde al cénit del fenómeno Chavín en los Andes centrales.

Sin embargo, esto no significa que la comunidad y la élite religiosa asentadas en Chavín de Huántar ejerzan un control directo y efectivo sobre todos los sitios relacionados. Pero, lo que sí es evidente es que se mantiene como una importante influencia o inspiración para ellos, la cual debió ser canalizada por las élites locales en cada región con diferentes niveles de apego. A su vez, algunos de estos sitios afiliados o relacionados con Chavín de Huántar debieron dispersar tales elementos relacionados hacia otros sitios del mismo periodo. En dirección inversa, muchos de los asentamientos de este periodo influyeron y/o participaron en los eventos y reuniones celebradas en Chavín de Huántar.

Dichos asentamientos se encuentran en la costa, cerca al litoral, sobre todo en los valles, y también en la sierra, especialmente en los valles interandinos, en lugares que se erigen como nodos de rutas de intercambio económico y religioso. Primordialmente, Chavín de Huántar se vinculó con asentamientos de la sierra norte (Cajamarca), costa norte (valles de Moche y Jequetepeque), costa sur (valles del Rímac y Lurín; valle de Ica y bahías de Paracas y de la Independencia), sierra central (Pasco, Junín) y sierra sur (Huancavelica y Ayacucho) del Perú.

Entre los sitios arqueológicos más significativos de este periodo están Chavín de Huántar; Kunturwasi, en el valle del Rio San Pablo; en Cajamarca; Pacopampa, en el valle del rio Chotano, también en Cajamarca; Karwa, en el litoral de la Bahía de la Independencia; Coyungo, en el valle del Río Grande en Ica; Atalla, en Huancavelica; y Campanayuq Rumi, en Ayacucho.

El área monumental de Chavín de Huántar.
Figura 5. El área monumental de Chavín de Huántar.

Este periodo termina cuando la influencia y hegemonía de Chavín y de los estilos contemporáneos asociados, desaparecen del mundo andino y, al mismo tiempo, o poco tiempo después, surgen una serie de identidades e integraciones políticas que cohesionan a las comunidades de uno o algunos valles, o áreas contiguas.

Prácticas sociales económicas

Las prácticas sociales económicas de este periodo están basadas en la agricultura, ganadería, pesca y recolección. Sin embargo, dada la integración económica, se observa un fuerte intercambio interregional con productos y artefactos que viajan desde zonas muy amplias del territorio peruano e, incluso, fuera de sus fronteras actuales, como en la parte norte, principalmente del actual Ecuador. La producción artesanal ya establecida en diferentes asentamientos también se hace muy importante durante este periodo y está interesantemente relacionada con la iconografía religiosa que acompaña a Chavín de Huántar y a otros sitios relevantes del periodo. Sobresalen la producción cerámica, litoescultórica, metalúrgica y textil.

Prácticas sociales políticas

Durante este periodo, se hace evidente que existen líderes políticos y religiosos muy importantes. Ellos ocuparán y utilizarán la arquitectura más amplia y extensa de los asentamientos. También, aparecen las primeras tumbas suntuosas y con acumulación de materiales exóticos o altamente valorados. De hecho, muchas de estas tumbas se incorporan a las mismas edificaciones mayores de los asentamientos. Claramente, estamos ante líderes políticos y religiosos que controlan una cantidad importante de la producción de las comunidades locales y regionales. Asimismo, se establece la presencia de artesanos especializados. En general, se puede apreciar que la sociedad esta escindida en grupos sociales. El control social, sin embargo, se mantenía mediante la religión, a la que se podrá incorporar sacrificios humanos como medio de cohesión, pero también de coerción política.

Prácticas sociales ideológicas

Las prácticas religiosas están basadas en el culto a una serie de seres extrahumanos que dominan la cosmovisión de ese momento. Aunque no existe un patrón homogéneo que se respete en las diferentes áreas vinculadas con Chavín de Huántar, sí existen algunos seres extraordinarios que aparecen reiterativamente en diferentes áreas como, por ejemplo, el denominado «dios de los báculos» que fue representado en el mismo Chavín de Huántar, pero puede reproducirse con diferentes atributos y peculiaridades, como fue el caso de los seres análogos pintados en los textiles de Karwa, en la Bahía de la Independencia en Ica. Asimismo, se observa una gran dispersión de la representación en diferentes soportes, especialmente en la cerámica, de seres relacionados con el felino o sus atributos. En general, se puede decir que la religión local y multirregional consistía en el culto a una serie de personajes zoomorfos y antropomorfos que se vinculan e invocan a fuerzas naturales. Aparejado a lo anterior, se extiende en diferentes regiones de los Andes centrales la práctica de rituales de tipo chamánico que incorporan sustancias psicotrópicas, como la del cactus de San Pedro.

6. Período de las Entidades Políticas Autónomas Tempranas (500 a. C. – 700 d. C.)

Este extenso periodo se caracteriza por el surgimiento de una serie de entidades políticas que emergen tras la desaparición de la influencia y desarticulación de las redes económicas y religiosas que tenían como eje principal al sitio de Chavín de Huántar. A su vez, aparecen algunas entidades políticas regionales que poseen su propia identidad cultural, y los primeros ejemplos de estados arcaicos.

Las diferentes sociedades de este periodo aparecen y se reproducen en gran cantidad en el territorio peruano. Prácticamente cada región del Perú incluye algún desarrollo social de este tipo. Sin embargo, podemos resaltar a la costa norte del Perú, principalmente entre los valles de Lambayeque a Nepeña o lo conocido como lo Moche; la costa central, principalmente en el valle del Rímac y reconocido como lo Lima; y en la costa sur, especialmente en la Bahía de Paracas, los valles de Chincha e Ica, lo relacionado con el fenómeno Paracas. A continuación, practicamente en la misma zona, surgirá lo conocido como Nazca. Asimismo, tenemos entidades políticas importantes en la sierra norte, principalmente en la sierra de La Libertad como Huamachuco, el Callejón de Huaylas y el Callejón de Conchucos que se vinculan a lo Recuay y, en la sierra sur del Perú, con lo Huarpa en Ayacucho y alrededor del lado occidental del lago Titicaca, lo que se denomina como Pukara.

Entre los sitios arqueológicos más representativos de este periodo tenemos a Huaca Rajada-Sipán y Pampa Grande en el valle de Lambayeque, Pacatnamú en el valle bajo de Jequetepeque, Huacas del Sol y La Luna y Galindo en el valle de Moche, El Brujo en el valle bajo de Chicama, San José de Moro en el Rio Chamán, el Grupo Gallinazo en el valle bajo de Virú, Pañamarca en Nepeña, Chankillo en el valle de Casma, Marcahuamachuco en la sierra de La Libertad, Yayno en el Callejón de Conchucos, Huaca San Marcos y Huaca Pucllana en el valle bajo del Rímac, el Templo Viejo de Pachacamac en el valle bajo de Lurín, Cerro Colorado en la Bahía de Paracas, Huaca Santa Rosa en el valle bajo de Chincha, Ánimas Altas/Ánimas Bajas en el valle de Ica, Cahuachi en el valle del Rio Grande, Ñawinpukyo en Ayacucho y Pukará en la cuenca norte del Titicaca.

Este periodo termina cuando el fenómeno social Wari hace evidente su presencia y/o influye en diferentes sociedades y territorios del actual Perú. Asimismo, alrededor del año 562 d. C., un decrecimiento en las lluvias y una consecuente sequía de cerca de tres décadas afectaron a gran parte de los Andes centrales, condicionando el desarrollo de muchas sociedades, especialmente en la costa peruana (Shimada, 1994a, p. 382; 1994b, p. 124).

Huaca de La Luna
Figura 6. Huaca de La Luna. Fuente: Elaboración propia.

Prácticas sociales económicas

Las comunidades de este periodo emprenden grandes proyectos hidráulicos, los cuales incrementan la producción agrícola, especialmente en la costa norte y central peruana. Asimismo, la especialización artesanal se expande y se diversifica como nunca antes, lo que supone el incremento exponencial de bienes y artefactos de alta calidad tecnológica y artística. También se concentran los intercambios económicos en ciertos puntos del territorio que ocupan estas sociedades, cristalizándose como verdaderos centros económicos. Materias primas exóticas aparecen de maneras diversas en varios sitios de este periodo. Las tumbas acusan una importante inversión de trabajo y acumulación de riquezas. Claramente estamos ante la aparición de las clases sociales en el antiguo Perú.

Prácticas sociales políticas

Es el momento del surgimiento de algunos de los verdaderos estados tal como se definen clásicamente en la antropología política. Los líderes o curacas controlan la producción de las comunidades y la distribuyen a su manera, siguiendo las diferentes posiciones sociales que establecen claras asimetrías sociales. Además de la religión, el control de la sociedad se realiza mediante la fuerza y es evidente la existencia de especialistas en el ejercicio de la violencia que controlan a la sociedad, pero también se enfrentan a otros grupos sociales fuera de los límites de control de cada entidad o asentamiento.

Prácticas sociales ideológicas

Cada una de las sociedades de este periodo genera una serie de religiones que ponen el énfasis en sus propias formas de comprender el mundo. Si bien existen similitudes en las creencias entre los grupos de la costa, cada uno de ellos desarrolla un panteón religioso particular. Lo mismo sucede con las comunidades de la sierra, que también desarrollan una cosmovisión muy particular. En términos generales, las religiones de las sociedades de este periodo ponen énfasis en seres antropomorfos con atributos de la naturaleza, pero con símbolos de poder terrenal. La práctica del sacrificio humano y de la ostentación de las cabezas trofeo se hace mucho más extendida y numerosa durante este periodo.

7. Período de la Segunda Integración Multirregional (700 d. C. – 1000 d. C.)

Este periodo tiene como protagonista a la entidad política wari, la cual, a partir de su control e influencia en gran parte de los Andes centrales, genera una integración económica, política y religiosa de muchas regiones (Makowski y Giersz, 2016; Isbell, 2018, p. 427; 2019). Durante este período, también en la sierra sur del Perú, los asentamientos wari conviven y/o se influencian por medio de sitios de origen tiwanaku.

En este caso, a diferencia del primer periodo de integración multirregional vinculado con Chavín de Huántar, las élites políticas y económicas residentes en la ciudad de Huari sí ejercen control efectivo sobre territorios bien acotados. Así tenemos evidencia arqueológica sólida de que la sierra norte y sur tuvieron asentamientos que controlaron zonas productivas, fuerza de trabajo y rutas de intercambio. Este el caso de Huamachuco y la zona sur del Cusco. Asimismo, tenemos evidencias claras de lo mismo en la costa norte, principalmente en el sitio de El Castillo de Huarmey. Otras evidencias indiscutibles se encuentran en el valle alto del Osmore, Moquegua, donde el sitio de Cerro Baúl es un indisputable centro administrativo wari. Igualmente, toda la región de Ayacucho contiene algún sitio wari e, incluso, la ceja de selva con el sitio de Espíritu Pampa supone una evidencia contundente del control directo de ciertas áreas del territorio de los Andes centrales por parte de las élites wari. Sin embargo, es importante señalar que, contemporáneas a esta explosión de sitios wari, existieron en el territorio andino otras comunidades y entidades políticas que también siguieron desarrollando sus propios proyectos económicos y políticos, tal como lo Moche en la costa norte o de lo Lima en la costa central. Además, varios desarrollos políticos de la zona de Puno continuaron activos como sociedades autónomas o relacionados con Tiwanaku. Algo semejante sucede en la costa del extremo sur del actual Perú donde el valle de Osmore contiene una serie de sitios tiwanaku que convivieron con los wari, como era el caso de Cerro Baúl, antes mencionado. Lo mismo se podría decir del fenómeno Cajamarca en la sierra norte, que conserva un alto grado de autonomía e, incluso, de interacción con Wari.

Templo de Vegachayoqmoqo, ciudad de Huari, Ayacucho.
Figura 7. Templo de Vegachayoqmoqo, ciudad de Huari, Ayacucho. Fuente: Elaboración propia.

Entre los sitios arqueológicos más importantes de este periodo tenemos a Huari, Conchopata y Azángaro en Ayacucho, Pikillacta y Huaro al sur de la ciudad del Cusco, Viracochapampa en la sierra de la Libertad, El Palacio en Cajamarca, El Castillo en el valle bajo del rio Huarmey, Espíritu Pampa en la ceja de selva del Cusco, Maymi en el valle bajo de Pisco, Pacheco y Huaca del Loro en Nazca, y Cerro Baúl en el valle del rio Osmore en Moquegua.

Este periodo acaba con la desaparición del control de zonas administradas por las élites wari desde sus centros provinciales o la ausencia de la influencia o existencia de la artesanía del estilo wari en los Andes. Asimismo, alrededor del año 1020 d. C., una sequía de varias décadas afecta a gran parte de los Andes centrales, condicionando el desarrollo de muchas sociedades de este periodo (Shimada 1994a, p. 382; 1994b, p. 124).

Prácticas sociales económicas

La producción agrícola se erigirá como la base principal de la economía de las sociedades integradas en torno a Wari. Para ello, también se fundarán nuevos asentamientos wari, los cuales ampliarán los proyectos hidráulicos y las áreas de cultivo. Los nuevos centros wari se ubican en lugares estratégicos desde la perspectiva de los recursos económicos y laborales. Asimismo, la economía basada en la agricultura intensiva se combina con la ganadería de camélidos y con la pesca en las zonas costeras. En general, se amplía la intensidad de las prácticas sociales económicas no solo en los sitios wari, sino también en otros contemporáneos que tienen más o menos relación con esa sociedad. Pero lo que sí es importante resaltar es que la especialización artesanal aumenta y muchos artefactos son intercambiados en diferentes lugares del actual territorio peruano, principalmente en los centros administrativos wari. Caminos que conectaban a varios de estos sitios son arterias principales para el traslado de personas y bienes a lo largo del territorio andino.

Prácticas sociales políticas

Durante este periodo, existe una clase gobernante o élite que domina el paisaje político en gran parte de los Andes. Las élites wari controlan o influyen efectivamente a los grupos sociales mediante la religión y la coerción física. A la élite ayacuchana de la ciudad de Huari le siguen en jerarquía política una serie de élites wari directamente emparentadas con las familias «reales» y otras élites locales que se han aliado, se afilian o que imitan a la wari. Debajo de ellos, toda una burocracia se establece y cuerpos de especialistas aparecen y se asientan en los diferentes sitios wari. Asimismo, diferentes grupos de artesanos y productores sustentan la riqueza de las élites. Existen instituciones políticas que establecen las posiciones sociales de cada grupo dentro de la integración wari. En este periodo se han localizado mausoleos de grandes personajes y un conjunto de distintas tumbas que representan materialmente la posición social de sus miembros.

Prácticas sociales ideológicas

En la religión de este periodo se reconoce la presencia de seres antropomorfos con rasgos animales. Especialmente, los íconos relacionados con la influencia tiwanaku se hacen presentes en la producción artesanal wari, principalmente en los textiles y cerámica. Sin embargo, no existe un panteón muy estandarizado y, más bien, conviven muchos personajes, versiones de otros seres extrahumanos antiguos u otros que recién aparecen en este periodo. En general, podríamos señalar que existen seres extraordinarios que representan fuerzas naturales y supernaturales que están organizados dentro de un discurso religioso controlado, gestionado y dirigido por los especialistas religiosos desde Wari, pero también desde otros centros administrativos wari. El culto a los ancestros se puede evidenciar contundentemente en sitios como el mismo Huari, donde se enterraron a los líderes políticos en mausoleos hechos con grandes bloques de piedra.

8. Período de las Entidades Políticas Autónomas Tardías (1000 d. C. – 1400 d. C.)

Este período se caracteriza por el resurgimiento o surgimiento de una serie de tradiciones y entidades locales y regionales tras la desaparición del dominio y/o influencia wari. Varias entidades políticas florecen principalmente en valles costeros e interandinos. Verdaderas ciudades aparecen y reúnen a miles de personas. Este periodo también coincide con lo que en Europa se conoció como la «Anomalía Climática Medieval», la cual se extendió entre el 1000 d. C. y el 1300 d. C. (Fagan y Durrani, 2021). En los Andes centrales este fue un periodo de severas sequías, pero también de intermitentes y violentos fenómenos de El Niño que afectaron de diferentes maneras a las comunidades de la costa y sierra peruana (Fagan, 2009).

Las principales entidades políticas de este periodo surgen desde los principales asentamientos, ya verdaderamente urbanos, en gran parte de la costa peruana, pero principalmente en el norte y centro. De este modo, en la costa norte, con mucha diferencia, destacan lo Lambayeque y lo Chimú. La entidad política Chimú, incluso, se extendió entre los valles de Motupe y Casma. En la costa norcentral veremos el surgimiento de los asentamientos vinculados con las tierras agrícolas en el valle de Chancay y cercanos, y en la costa central los sitios relacionados con lo conocido en la literatura arqueológica como lo Ychsma en los valles del Rímac y Lurín. En la costa sur hay algunos valles como Chincha, Ica o Nazca e, incluso el Osmore, donde también se generan extensos asentamientos y cementerios. En la sierra norte, lo Cajamarca sigue aún vigente y vibrante, y en la sierra central tenemos que el valle del Mantaro contiene una serie de comunidades integradas políticamente conocidas como Xauxa y relacionadas con la agricultura y la ganadería. Finalmente, la sierra sur observó el surgimiento de los «reinos altiplánicos» entre los que destacan lo Colla y lo Lupaca, ambos ubicados en lo que ahora es el departamento de Puno. En la ceja de selva del norte del país, lo Chachapoya dominará el paisaje político de este periodo.

Entre los sitios arqueológicos más representativos de este periodo tenemos a Batán Grande, Túcume y Chotuna-Chornancap en Lambayeque; Chan Chan en el valle bajo de Moche; Kuélap en el departamento de Amazonas; el Gran Pajatén en el departamento de San Martín; Cerro El Purgatorio en el valle bajo de Casma; Pisquillo Chico y Lauri en el valle de Chancay; el Complejo Maranga, donde resalta la Huaca Tres Palos y Mateo Salado en el valle del Rímac; Armatambo al sur de la ciudad de Lima; las Pirámides con Rampa de Pachacamac; La Centinela de Tambo de Mora en el valle bajo de Chincha; Chiribaya Alta en el valle de Moquegua; Tantamayo en Huánuco; Tunanmarca en Junín; y Pucarani y Pucara de Juli en Puno.

Fotografía aérea de Chan Chan tomada en 1931 por la Expedición Shippee-Johnson.
Figura 8. Fotografía aérea de Chan Chan tomada en 1931 por la Expedición Shippee-Johnson.

Este periodo acaba con el control territorial o la influencia del Imperio Inca en gran parte de los Andes durante el siglo Xv.

Prácticas sociales económicas

En este periodo se regresa a las producciones locales enfocadas y distribuidas en regiones relativamente constreñidas a grandes zonas ecológicas como la costa y la sierra. Aunque también hay algunos casos de «archipiélagos» territoriales en estas sociedades (Murra, 1975). Sin embargo, la principal producción agrícola se realiza en los valles costeros con proyectos preexistentes o que se amplían, y en la sierra con agricultura en terrazas agrícolas o andenes. En la costa, la agricultura se convierte en la principal práctica social económica y en la sierra, esta actividad se encuentra bien complementada con la ganadería extensiva de camélidos. Las producciones artesanales se concentran en los artefactos necesarios para las élites locales y, en algunos casos, se conservan importantes tradiciones como la metalúrgica, la textil y la cerámica. Los intercambios se siguen realizando entre comunidades, pero se enfocan sobre todo en las entidades políticas locales.

Prácticas sociales políticas

Durante este periodo tenemos sociedades con relaciones sociales políticas muy variadas. Se observan desde verdaderos imperios como el Chimú hasta comunidades dispersas como las del altiplano cincum-Titicaca entre las que sobresalen lo conocido como Colla y Lupaca. Así, tenemos relaciones bastante jerárquicas y otras más laxas. Sin embargo, en algunas sociedades vemos que ciertas élites se han establecido y controlan gran parte de la producción comunal. Debido a esta diversidad, las estrategias políticas de control social van desde las religiosas hasta las coercitivas o una combinación de ambas.

Prácticas sociales ideológicas

Nuevamente, como ocurrió en el periodo de las Entidades políticas autónomas tempranas, las comunidades generan sus propias visiones del mundo en donde producen sus propias representaciones de sus divinidades o sujetos de culto. La iconografía representa variadas formas de expresión de sus religiones. Los personajes antropomorfos, algunos con rasgos animales, perviven en su religión. Muchas huacas florecen en el paisaje ritual andino hacia las cuales las comunidades se orientan, movilizan y rinden culto. Extensos cementerios en la costa peruana señalan que los rituales funerarios se vuelven importantes para las comunidades andinas de este periodo.

9. Período de la Tercera Integración Multirregional (1400 d. C. – 1532 d. C.)

Este es el último periodo de la época prehispánica y tiene como principal protagonista a la entidad política inca, la cual despliega una importante integración económica, política y religiosa en gran parte de la costa, sierra y ceja de selva del área andina (D’Altroy, 2003, p. 47; Bauer y Smit, 2019, p. 129). Desde el Cusco, el Estado inca se expandirá por gran parte de los Andes sudamericanos en cuestión de décadas, formando un verdadero imperio prehispánico que incorporó a una multitud de comunidades y grupos étnicos.

Con respecto a la extensión de los asentamientos vinculados directamente con las élites del Cusco, tenemos que prácticamente todo el territorio peruano, a excepción, por ahora, de la selva baja, tuvo algún asentamiento o influencia de los incas. En este caso, los incas seleccionaron la ocupación de ciertas zonas por razones económicas, políticas e ideológicas. Destaca la colocación de nuevos asentamientos en zonas no explotadas económicamente previamente y la reocupación de sitios o huacas con poder económico, político y religioso. Evidentemente, el Tawantinsuyu excede en su extensión al Perú y llega a ocupar áreas de los actuales países de Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina, constituyéndose como uno de los imperios antiguos más importantes del mundo.

Los sitios arqueológicos construidos por los incas, o que fueron intervenidos por ellos en su expansión, se encuentran dispersos por gran parte del Perú y otros países andinos de Sudamérica. Entre los sitios arqueológicos más importantes de este periodo tenemos a la ciudad del Cusco, Ollantaytambo, Pisac y Machu Picchu en el centro del antiguo Imperio Inca; Cabeza de Vaca en Tumbes; Paramonga en el valle de Fortaleza; el Templo del Sol y el Acllahuasi en Pachacamac en el valle bajo de Lurín; Tambo Colorado en el valle de Pisco; Inkawasi en el valle medio de Cañete; Quebrada de Vaca en el litoral de Arequipa; Hatuncolla, Chucuito y las Chullpas Incas de Sillustani y Cutimbo en Puno; Huánuco Pampa en la puna de Huánuco y Pumpu en Pasco.

Este periodo finaliza con el inicio de la caída del Imperio Inca a consecuencia de la llegada de los españoles al territorio andino en 1532.

El Coricancha en Cusco.
Figura 9. El Coricancha en Cusco. Fuente: Elaboración propia.

Prácticas sociales económicas

La base de la economía incaica fue la agricultura. Para ello, extensos proyectos hidráulicos y de construcción de andenes y campos de cultivo se dieron durante este periodo. Asimismo, la ganadería de camélidos se hace mucho más intensiva. Las producciones artesanales ven un gran desarrollo alimentado por las grandes rutas de intercambio de materias primas y por las propias necesidades de las élites incaicas y aliadas. Los especialistas florecen o son asimilados por las élites incas, lo cual se expresa en una amplia variedad de productos de alta calidad tecnológica y artística. Asimismo, muchos especialistas en la producción de alimentos son parte importante de la base económica. La misma fuerza de trabajo extraída mediante «mitas» es un importante insumo para la economía incaica. La gran red de caminos incas garantizó la circulación de los bienes y de fuerza de trabajo a lo largo de todo el Imperio.

Prácticas sociales políticas

En este caso, gracias a la arqueología y la etnohistoria sabemos de la existencia de una verdadera pirámide política encabezada por el Sapa Inca y seguido de sus familias reales, élites intermedias, burócratas y especialistas hasta llegar a los comuneros. La política estatal es ejercida mediante la coerción física, aunque se mantienen ciertas manipulaciones ideológicas basadas en la tradición y religiones precedentes. El aparato estatal inca creó una serie de instituciones políticas que establecieron y garantizaron la organización de la sociedad inca. Los gobernantes y sus familias reales ejercieron un control sobre la vida y muerte de las comunidades dominadas e integradas durante este periodo.

Prácticas sociales ideológicas

La religión incaica es animista. A pesar de que existen relatos etnohistóricos que afirman la representación de sus dioses. En realidad, salvo unas cuantas descripciones, no tenemos evidencias de una religión que plasmase sus divinidades en su cultura material. De esta manera, es posible que su religión estuviera basada en el culto a fuerzas sobrehumanas y fenómenos naturales. Asimismo, los ancestros como los antiguos Incas y sus mallquis, fueron objeto de culto por los linajes reales y sus seguidores. En general, en todo el territorio andino, muchas otras creencias precedentes se amalgamaron para crear una religión con múltiples personajes que proyectaban su fuerza y control sobre las actividades del ser humano. Los incas supieron articular estos oráculos o huacas muy bien dentro de su estructura religiosa, en la cual el sol era una de las divinidades principales y oficiales, aunque no la única.

Comentarios finales

Es imposible dar cuenta de todas las prácticas sociales inmersas en ese continuum histórico denominado prehistoria de los Andes Centrales. Pero, no por ello, tal empresa debería ser abandonada ni menospreciada. Un esfuerzo por comenzar a comprender tales prácticas sociales parte de una síntesis de los datos arqueológicos e históricos y de un empeño por tratar de comprender una serie de fenómenos sociales discretos que se han materializado en el territorio estudiado. La propuesta aquí esbozada trata de asumir tal desafío con los medios y materiales disponibles en este momento concreto.

Así, como hemos podido apreciar, la prehistoria andina se puede ver grosso modo como un constante juego de integraciones y desintegraciones, las cuales tenían como principales protagonistas a los líderes y gobernantes de cada entidad política. Esto no quiere decir que los otros agentes de la historia no hayan tenido nada que ver. Por el contrario, fueron parte fundamental de tal escenario social. Por ello, incluso cuando se daban tales integraciones económicas, políticas y/o ideológicas, las fuerzas centrífugas o de resistencia al control o hegemonía desde otras facciones políticas o comunidades, también estuvieron presentes y fueron el embrión de nuevos cambios sociales. La generación de estratos o clases sociales también fue un elemento importante en tales organizaciones políticas que, más allá de ordenar a los grupos sociales de acuerdo con su actividad laboral o estatus, supuso una cuota de control sobre sus vidas y sus producciones materiales. Por ello, la coerción muchas veces apareció como la manera más efectiva para disminuir tales tensiones sociales.

De toda esta historia prehispánica aquí esbozada, afortunadamente nos han quedado paisajes, monumentos, poblados, cementerios y artefactos arqueológicos que nos hablan de la gran diversidad social y étnica que se dio en los Andes peruanos prehispánicos. Esa riqueza es la que nos permite contar con una importante colección de las mejores obras de arquitectura y de arte de todo el mundo y que los arqueólogos no se cansan de estudiar.

Finalmente, es nuestro deseo que esta propuesta de periodificación ayude a organizar de manera más coherente los datos arqueológicos actuales, pero, sobre todo, espera proponer una manera de ver a la historia precolonial andina desde una perspectiva más dialéctica en la cual todos los actores de la escena histórica estén iluminados.

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Recibido: 20 de setiembre de 2023

Aceptado: 23 de octubre de 2023

Publicado: 19 de diciembre de 2023

Contribución del autor: El autor ha participado en la elaboración, el diseño de la investigación, la redacción del artículo y aprueba la versión que se publica en la revista. Financiamiento: Sin financiamiento. Conflicto de intereses: El autor no presenta conflicto de interés.

Correspondencia: [email protected]

  1. Una versión preliminar de esta sección fue publicada en Tantaleán (2023).

 

 

 

Resumen 2025: El año en que la tecnología y las mujeres reescribieron el antiguo Perú

El 2025 pasará a la historia no solo por la cantidad de hallazgos, sino por la calidad de la información recuperada. La tecnología (LiDAR e Inteligencia Artificial) y los nuevos enfoques de género nos han regalado una visión del Perú antiguo mucho más compleja y fascinante.

A continuación, el resumen exhaustivo de los descubrimientos que marcaron la pauta este año.

Por: Jaime Briceño Lozada

1. La Reina de Pañamarca: Un trono para el poder femenino

Sin duda, la joya de la corona de este año. En el valle de Nepeña, el Proyecto Arqueológico Pañamarca desenterró una sala del trono con evidencias claras de haber sido usada por una mujer gobernante (no solo una sacerdotisa). Los murales asociados muestran a una mujer sentada en el trono recibiendo visitantes, y el desgaste en el adobe, junto con hallazgos de cabello humano y cuentas de piedra verde, confirman su uso real.


2. Templo de las Garras en Zaña (5,000 años)

En el sitio arqueológico de Los Paredones de la Otra Banda – Las Ánimas (Lambayeque), se halló un templo ceremonial del periodo Formativo. Lo impresionante son los frisos de barro que muestran figuras antropomorfas con cabeza de ave, rasgos felinos y garras de reptil/ave.


3. La nueva pirámide de Chupacigarro (Caral)

Muy cerca de la Ciudad Sagrada de Caral, en el asentamiento de Chupacigarro, el equipo de Ruth Shady identificó un nuevo edificio piramidal y un geoglifo asociado. La estructura cuenta con grandes piedras («huancas») en las esquinas y escaleras centrales.


4. Nazca y la IA: 303 nuevos geoglifos

La colaboración entre la Universidad de Yamagata e IBM, utilizando modelos avanzados de IA, logró identificar 303 nuevos geoglifos figurativos en la pampa de Nazca en tiempo récord. Son figuras más pequeñas (tipo relieve) que muestran camélidos, escenas de decapitación y orcas con cuchillos, ubicadas cerca de antiguos senderos.


5. Gran Pajatén: Una metrópoli en la selva (LiDAR)

El World Monuments Fund reveló, gracias a la tecnología láser LiDAR, que el Gran Pajatén no está solo. Se detectaron más de 100 nuevas estructuras conectadas alrededor del sitio principal, revelando una red urbana densa oculta bajo la vegetación amazónica.


Otras menciones honoríficas del 2025

  • Peñico (Barranca): Se reportó como un centro urbano de 3,500 años clave para el intercambio costa-sierra.

  • Hallazgos en Lima (Cálidda): Nuevos entierros de las culturas Lima e Ychsma hallados durante instalaciones de gas, demostrando que Lima sigue siendo una huaca viva bajo el asfalto.

Introducción a las primeras culturas del Perú

Las primeras culturas del Perú

El Perú alberga una de las historias culturales más fascinantes de América, con civilizaciones que se desarrollaron miles de años antes de la llegada de los incas. Estas primeras culturas sentaron las bases del desarrollo social, económico y religioso que más tarde caracterizaría a las grandes civilizaciones andinas.

1. Los orígenes: Cazadores-recolectores y los primeros asentamientos

Los primeros pobladores llegaron al territorio peruano alrededor del 12,000 a.C., durante el periodo lítico, dedicándose a la caza de megafauna (como mastodontes y camélidos) y a la recolección. Con el tiempo, hacia el 6,000 a.C., surgieron los primeros grupos seminómadas que practicaban una incipiente agricultura y domesticación de plantas y animales.

2. Las culturas precerámicas (3,000 – 1,800 a.C.)

En este periodo, surgieron sociedades más organizadas que construyeron los primeros centros ceremoniales, destacando:

  • Caral (Civilización Caral-Supe): Considerada la civilización más antigua de América (3,000 a.C.), ubicada en el valle de Supe. Desarrolló arquitectura monumental, como pirámides escalonadas, y un sistema de cultivo basado en el riego.
  • Kotosh: En la sierra de Huánuco, donde se encuentra el Templo de las Manos Cruzadas, uno de los primeros ejemplos de ritual religioso organizado.

3. El surgimiento de las culturas formativas (1,800 a.C. – 200 d.C.)

Con el dominio de la cerámica y el tejido, aparecieron sociedades más complejas:

  • Cultura Chavín (1,200 – 200 a.C.): Centrada en Chavín de Huántar, fue un importante centro religioso que influyó en gran parte del Perú antiguo. Su iconografía con seres felínicos y el uso de galerías subterráneas reflejan un culto sofisticado.
  • Paracas (700 a.C. – 200 d.C.): En la costa sur, destacó por sus textiles finamente elaborados y las prácticas de trepanación craneana.

4. Legado e importancia

Estas primeras culturas desarrollaron:

  • Avances agrícolas (canales de riego, cultivo de maíz, papa, algodón).
  • Arquitectura monumental (plataformas, templos, centros urbanos).
  • Sistemas de creencias que influyeron en culturas posteriores.
  • Su estudio permite entender el proceso de civilización en los Andes y cómo sentaron las bases para el surgimiento de grandes imperios como los Moche, Nazca, Wari y, finalmente, el Imperio Inca.

5. Ampliación de información sobre las culturas

a. Cultura Caral (c. 3000 a.C. – 1800 a.C.)

Considerada la civilización más antigua de América, Caral se desarrolló en el valle de Supe, al norte de Lima. Su antigüedad es comparable a las grandes civilizaciones del mundo como Egipto y Mesopotamia. Caral no dejó evidencias de armas ni de conflictos bélicos, lo que sugiere una sociedad pacífica basada en la organización y el comercio.

Entre sus principales características destacan:

  • Arquitectura monumental: pirámides, plazas circulares y residencias jerárquicas construidas con piedra y barro.
  • Economía basada en el trueque entre productos del mar (como anchovetas secas) y agrícolas (como algodón y calabazas).
  • Conocimientos avanzados en astronomía y matemáticas, como se demuestra en su planificación urbana y uso de quipus (nudos en cuerdas).
  • Religión compleja, con rituales y templos ceremoniales.

b. Cultura Chavín (c. 1200 a.C. – 200 a.C.)

Chavín fue una cultura de gran influencia ideológica y artística en los Andes centrales. Se desarrolló en la sierra de Áncash, en torno al templo de Chavín de Huántar, un centro ceremonial que atrajo a pueblos de distintas regiones.

Principales aportes y características:

  • Arte religioso simbólico, con figuras antropomorfas que combinan rasgos humanos y animales como jaguares, serpientes y águilas.
  • El Lanzón Monolítico, una de sus esculturas más emblemáticas, representa a una deidad central del panteón Chavín.
  • Difusión cultural, pues su influencia se extendió a través de la religión, el arte y el comercio a muchas otras culturas andinas.
  • Arquitectura con técnicas avanzadas, como galerías subterráneas, canalización de aguas y acústica ritual (efectos sonoros en los templos).

c. Cultura Paracas (c. 700 a.C. – 200 d.C.)

Ubicada en la península de Paracas, al sur del actual departamento de Ica, esta cultura es famosa por su arte textil y sus conocimientos médicos.

Sus características principales incluyen:

  • Textiles elaborados de gran belleza y complejidad, considerados entre los mejores del mundo antiguo. Usaban lana de camélidos y algodón teñidos con colores naturales.
  • Trepanaciones craneanas, evidencia de conocimientos en cirugía y medicina, acompañadas muchas veces de técnicas de momificación.
  • Prácticas funerarias complejas, como los famosos fardos funerarios, en los que se enterraban a los muertos envueltos en mantos y con ofrendas.
  • División en dos fases: Paracas Cavernas (con entierros en cámaras subterráneas) y Paracas Necrópolis (con entierros en cementerios organizados).
  • 4. Cultura Kotosh (c. 2500 a.C. – 1000 a.C.)

    La Cultura Kotosh se desarrolló en la sierra central del Perú, específicamente en la región de Huánuco, y es reconocida por su importante transición entre las sociedades precerámicas y las primeras civilizaciones del Perú. Su sitio arqueológico más representativo es el Templo de las Manos Cruzadas.

    Principales características:

  • Arquitectura religiosa temprana, con templos de adobe cuidadosamente construidos, como el mencionado Templo de las Manos Cruzadas, donde se hallaron esculturas en relieve de manos humanas entrelazadas, símbolo de carácter ritual o religioso.
  • Evidencias de continuidad cultural con culturas posteriores como Chavín, por el uso de elementos simbólicos y arquitectónicos similares.
  • Sociedad agrícola, dedicada al cultivo de productos como maíz, papa y calabaza, combinada con actividades de recolección y caza.
  • Transición entre el uso de piedra sin alfarería (etapa precerámica) hacia el desarrollo de cerámica simple, lo que marca un avance tecnológico y cultural.

 

Descubren nuevo edificio piramidal en centro urbano Chupacigarro, contemporáneo de Caral

El equipo multidisciplinario de la Zona Arqueológica Caral, Unidad Ejecutora 003 del Ministerio de Cultura, ha descubierto un nuevo edificio piramidal en el denominado “Sector F” del asentamiento arqueológico de Chupacigarro, ubicado a un kilómetro al oeste de la Ciudad Sagrada de Caral, Patrimonio Mundial, en el Valle de Supe, provincia de Barranca, Región Lima.

Las recientes exploraciones arqueológicas permitieron identificar este nuevo edificio, que estaba cubierto por un pequeño conjunto de árboles de huarangos secos y maleza. Al retirar estos arbustos, se visualizaron los muros de piedras que conforman, por lo menos, tres plataformas superpuestas.

En estos muros destacan grandes piedras colocadas de manera vertical, a las que se denominan “huancas”. Estas piedras señalan las esquinas del edificio cuadrangular y la escalera central que permitía llegar a la cima del edificio.

Las investigaciones en este nuevo edificio permitirán al equipo de la Zona Arqueológica Caral, dirigido por la doctora Ruth Shady, conocer la traza urbana completa del centro urbano Chupacigarro y complementará la puesta en valor de este asentamiento, con el fin de que pueda ser visitado, junto a Caral.

CHUPACIGARRO

Se encuentra en una pequeña quebrada y, junto a la Ciudad Sagrada de Caral, forma parte de un sistema mayor que abarca estos y otros asentamientos arqueológicos en el Valle de Supe, pertenecientes a la civilización Caral (3000 – 1800 a. C.). La quebrada fue una vía de comunicación natural con la costa, al sur del Valle de Supe, hacia el Valle de Huaura.

Las 12 estructuras consideradas públicas o ceremoniales, se encuentran esparcidas, coronando las cimas de las pequeñas colinas de la quebrada, alrededor de un espacio central.

Los edificios difieren en tamaño, orientación y características formales, lo que podría corresponder a factores funcionales. En la periferia se ha descubierto arquitectura considerada residencial. Los pequeños edificios se encuentran presididos por el Edificio Principal, que presenta una plaza circular hundida, típica de este período.

Estos indicadores nos permiten afirmar la existencia de un pequeño centro urbano con varios edificios públicos y seculares, que abarca un área de 38,59 hectáreas.

En cada edificio, se pueden reconocer varias fases de construcción, en las que varían las técnicas, los materiales, el diseño, el uso del espacio, la decoración y los elementos arquitectónicos característicos de este período.

Chupacigarro fue ubicado en un lugar estratégico para la relación con las poblaciones de la sección baja del Valle de Supe y el litoral de Huaura, que proporcionaban productos marinos. Sus pobladores tuvieron acceso inmediato al bosque ribereño, a puquios o manantiales, a canteras de piedra y a los campos de cultivo.

El asentamiento no era visible desde el valle, por lo que debe haber formado parte de una extensión de la Ciudad Sagrada de Caral, quizás vinculado con una función más privada o religiosa.

Uno de los hallazgos más representativos del sitio es un geoglifo donde se aprecia una cabeza de perfil estilo Sechín. Fue trazado con piedras angulares, con la cara orientada al Este, el ojo cerrado, la boca abierta y el cabello batido por el aire, o la “sangre” que fluye de la cabeza. Mide 62.1 por 30.3 metros, y solo es visible desde un punto estratégico de la antigua ciudad de Chupacigarro.

DATO

  • Conoce los antiguos centros urbanos de la primera civilización de América, con nuestro programa de Viajes Culturales. Más información al WhatsApp: 955 881 340.

 

 

 

Arqueólogos descubren en Pachacámac 73 momias Huari con máscaras de madera

Imagen de dos coloridas cerámicas con la posible representación de un antepasado. Milosz Giersz / K. Kowalewski

Los hallazgos se produjeron en el Templo Pintado, uno de los principales complejos religiosos de Pachacámac. Las momias, que datan de la segunda mitad del período Horizonte Medio (800-1100 d.C.), se encontraban en fardos funerarios envueltos en telas de vivos colores y atados con cuerdas.

Algunos de los cuerpos lucían sobre su rostro una máscara tallada en madera y cerámica que se conoce como «cabeza falsa». Estas máscaras, que eran muy comunes en la cultura huari, se cree que tenían un significado ritual o religioso.

Además de las momias, los arqueólogos también encontraron dos bastones de madera que pertenecieron a altos dignatarios de la élite huari. Los báculos estaban decorados con motivos típicos de la cultura tiahuanaco, lo que sugiere que la población de Pachacámac tuvo algún tipo de contacto con esta civilización.

Los hallazgos de Pachacámac son un importante aporte al conocimiento de la cultura huari. Las momias, con sus máscaras y su buen estado de conservación, proporcionan una valiosa información sobre las costumbres funerarias de esta antigua civilización.

INFLUENCIAS DE TIAHUANACO

Imagen de los dos bastones de madera en los que se representa a dos altos dignatarios de la cultura huari. Juan Tió Idrogo

En el Templo Pintado, los arqueólogos descubrieron los restos óseos de 73 personas, hombres y mujeres, envueltos en telas de vivos colores y atados con cuerdas. Algunos de ellos portaban máscaras de madera y cerámica, conocidas como «cabezas falsas». Estas máscaras eran comunes en la cultura huari y se cree que tenían un significado ritual o religioso.

Además de las momias, los arqueólogos encontraron dos bastones de madera que pertenecieron a altos dignatarios de la élite huari. Los bastones estaban decorados con motivos típicos de la cultura tiahuanaco, una civilización que se estableció en lo que ahora es parte de Perú, Bolivia y Chile.

Los personajes representados en los bastones llevan tocados con forma de kero, un vaso ceremonial característico de Tiahuanaco. Esto sugiere que la población de Pachacámac tuvo algún tipo de contacto con esta civilización.

Interpretación

Los hallazgos de Pachacámac sugieren que la cultura huari tuvo una influencia significativa en la región. Las máscaras de madera y los bastones de madera decorados con motivos tiahuanacos indican que los huari importaron bienes y ideas de esta civilización.

También es posible que los huari hayan enviado colonos a Pachacámac. Esto podría explicar la presencia de personajes con tocados tiahuanacos en el sitio arqueológico.

Importancia

Los hallazgos de Pachacámac son un importante aporte al conocimiento de la cultura huari y su influencia en los Andes. Las máscaras de madera y los bastones de madera decorados con motivos tiahuanacos proporcionan nuevas pistas sobre las relaciones entre estas dos civilizaciones.

Máscara tallada en madera y cerámica conocida como «cabeza falsa» descubierta recientemente en el sitio arqueológico de Pachacámac. Programa de Arqueología PUCP «Valle de Pachacámac»

UNA MEJOR COMPRENSIÓN DE LA SOCIEDAD HUARI

Los hallazgos de Pachacámac brindan una oportunidad única para comprender mejor la cultura huari. Las máscaras de madera, los bastones de madera y los fardos funerarios ofrecen información sobre las creencias religiosas, las relaciones comerciales y la estructura social de esta antigua civilización.

Las máscaras de madera

Detalle de una de las telas encontrada en uno de los fardos funerarios. Milosz Giersz / K. KowalewskiLas máscaras de madera son un elemento característico de la cultura huari. Se cree que tenían un significado ritual o religioso, y que se usaban en ceremonias o rituales funerarios.

Las máscaras encontradas en Pachacámac son muy parecidas a la «el ídolo de Pachacámac», una pieza que representa a dos deidades unidas espalda con espalda. Esto sugiere que las máscaras de Pachacámac también representaban a deidades o espíritus.

El estilo de las máscaras también es similar al de la iconografía documentada en el sitio arqueológico de Castillo de Huarmey. Esto sugiere que la cultura huari tenía una tradición artística compartida en toda su área de influencia.

Los bastones de madera

Los bastones de madera encontrados en Pachacámac están decorados con motivos típicos de la cultura tiahuanaco, una civilización que se estableció en lo que ahora es parte de Perú, Bolivia y Chile.

Esto sugiere que la cultura huari tuvo contacto con la cultura tiahuanaco. Es posible que los huari hayan importado bienes y ideas de esta civilización, o que incluso hayan enviado colonos a Pachacámac.

Los fardos funerarios

Los fardos funerarios encontrados en Pachacámac brindan información sobre la estructura social de la cultura huari. Los investigadores están analizando los fardos para determinar la posición social de los individuos enterrados.

Los bioarqueólogos de la Pontificia Universidad Católica del Perú Andrew Nelson y Lucía Watson están utilizando tomografía computarizada no invasiva en 3D para estudiar los fardos. Este método les permite ver el interior de los fardos sin dañarlos.

Los investigadores creen que los análisis de los fardos les permitirán determinar la edad, el sexo, la salud y la dieta de los individuos enterrados. También podrán identificar los objetos que estaban enterrados con ellos, lo que les dará información sobre su posición social.

Conclusiones

Los hallazgos de Pachacámac son un importante aporte al conocimiento de la cultura huari. Las máscaras de madera, los bastones de madera y los fardos funerarios brindan información sobre las creencias religiosas, las relaciones comerciales y la estructura social de esta antigua civilización.

El análisis de estos hallazgos continuará en los próximos años, y los investigadores esperan aprender aún más sobre la cultura huari.

Siete maravillas arqueológicas para explorar en Perú

En estos centros arqueológicos en Perú yacen antiguos asentamientos de civilizaciones andinas, desde la más antigua de América hasta el imperio más poderoso del sur del continente.

Coronado por  Machu Picchu, el espectacular centro arqueológico situado en las inmediaciones de Cuzco, el territorio peruano está repleto de antiguos asentamientos milenarios que guardan un rico patrimonio histórico y cultural. Aunque menos conocidos que la capital inca, Caral, Huacas del Sol y la Luna, El Brujo, Chan Chan, Pachacámac y Sipán proponen un viaje a antiguas civilizaciones donde hoy sus cimientos revelan algunos de los secretos de su existencia.

Fuente: National Geographic
Escribe: Laura Fernández

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CARAL

FOTO: ISTOCK

Con más de 5.000 años de antigüedad, Caral- Supe está considerada por los arqueólogos como la civilización más antigua del continente americano. Fue contemporánea a otros pueblos de Egipto, India y Mesopotamia, y fue nombrada ciudad sagrada debido a los restos religiosos hallados en ella. Su asentamiento, localizado en el valle de Supe, al norte de Lima, se compone de seis pirámides, diferentes plazas circulares, los restos de un anfiteatro y varias viviendas que podrían ser utilizados también como talleres. Entre las ruinas también se han hallado varios instrumentos relacionados con la pesca y la agricultura, además del quipu más antiguo del mundo – un artilugio elaborado con cuerdas de lana y utilizado para la contabilidad del censo, cosechas, etc. – y 32 flautas realizadas con huesos de cóndores y pelícanos. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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HUACAS DEL SOL Y DE LA LUNA

FOTO: SHUTTERSTOCK

Localizado al sur de la ciudad de Trujillo, en la costa norte del país, el santuario de Huacas del Sol y de la Luna fue la antigua capital de la cultura mochica desde el siglo I a.C hasta el IX. En él se ubica la pirámide escalonada de 43 metros de altura que corresponde a Huacas del Sol y que se cree que contaba con fines administrativos; y Huaca de la Luna, que consta de varios templos superpuestos y que datan de diferentes épocas. Este último sirvió como importante centro religioso, pues en él se encontraron un altar ceremonial con varios cuerpos de guerreros sacrificados, patios y plazas ceremoniales y murales donde se representaron algunas divinidades como Aiapaec, el dios castigador de la cultura mochica. Entre ambos templos se localizaba el centro urbano con grandes avenidas, comercios y viviendas.

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PACHACÁMAC

FOTO: SHUTTERSTOCK

Consagrado a Pachacámac, el dios del fuego e hijo del sol, el lugar fue el oráculo más importante de la costa peruana durante la época preínca. El complejo estaba compuesto de majestuosas pirámides, palacios, templos y plazas dirigidas a la vida política, cultural y religiosa. Los primeros centros en construirse fueron el de Urpiwachak y Adobitos, caracterizados por su compleja arquitectura. Formaban parte de la cultura Ichma, quienes levantaron un gran centro ceremonial antes de la llegada de los incas. Con estos últimos, se construyó el templo del Sol, el Acllahuasi y algunos palacios. Actualmente, Pachacámac cuenta con un museo donde se puede conocer la historia del lugar y las épocas dominadas por las distintas culturas, así como contemplar las diferentes piezas y colecciones de cerámica, madera o textil.

FOTO: ISTOCK

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SIPÁN

FOTO: SHUTTERSTOCK

Conocido como Huaca Rajada, aquí es donde se encontró en 1987 la tumba del Señor de Sipán, uno de los gobernantes mochica más importantes del Antiguo Perú cuya civilización dominó la costa norte del país entre los años 100 y 800 d.C. Con él se hallaron piezas de oro y plata, así como restos de mujeres, niños y animales que fueron sacrificados para que viajasen con él a la otra dimensión. Actualmente, este importante descubrimiento se encuentra expuesto en el museo del Centro Arqueológico de Sipán, uno de los más importantes de su época por su valor a nivel mundial. En la ciudad de Lambayeque, además, se ubica el museo Tumbas Reales de Sipán, donde se encuentran algunas de las joyas localizadas en la zona.

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CHAN CHAN

FOTO: ISTOCK

Esta zona arqueológica situada a 5 kilómetros de Trujillo está considerada como la construcción de adobe más grande de América. En total, Chan Chan consta de diez ciudadelas amuralladas donde se pueden contemplar algunos grabados con formas geométricas, figuras de animales como aves o peces, o algunos otros símbolos. El lugar, que está declarado Patrimonio de la Humanidad, fue la antigua capital del reino Chimor entre los siglos XII y XV y pertenecía a la antigua cultura Chimu.

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MACHU PICCHU

FOTO: ISTOCK

Situado en un promontorio rocoso que une las montañas de Machu Picchu y Huayna Picchu, este antiguo santuario inca está declarado Patrimonio de la Humanidad y es una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo Moderno. Fue la capital del Imperio inca, quienes construyeron en este valle sagrado un conjunto de templos a mediados del siglo XV, durante el reinado de Pachacuti Yupanqui. Está dividida en dos sectores: el agrícola, conformado por andenes; y el urbano, con funciones administrativas. Machu Picchu estuvo conectado con el resto de asentamientos a través de Qhapaq Ñan, la ruta de los caminos incas.

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EL BRUJO

FOTO: GETTY IMAGES

Ubicado en el valle del río Chicama, El Brujo está considerado como uno de los complejos arqueológicos más importantes del norte de Perú. Compuesto por tres huacas: Prieta, Cao Viejo y Cortada, el lugar fue un importante centro religioso y político de la cultura moche. En él fue hallada la tumba y la momia de la Señora de Cao, una antigua gobernanta de la cultura mochica considerada casi divina y cuya historia se cuenta en el homónimo museo, en Cao Viejo. El complejo El Brujo se trata de un antiguo centro ceremonial cuyos restos datan de diferentes épocas y culturas como, además del moche, cupisnique, Lambayeque, chimú e inca, entre otras.

Las peruanas de hace 2.500 años le daban de lactar a sus bebés por casi tres años

Un nuevo estudio realizado por investigadores peruanos analiza los hábitos de lactancia en la población de agricultores del valle de Supe.

La arqueología y antropología cuentan cada vez con más y mejores técnicas para conocer cómo vivían nuestros antepasados. Desde su forma de organización hasta su alimentación, la ciencia actual permite acercarnos más a sus hábitos de vida.

Escultura antropomorfa que muestra la lactancia en Caral. (Zona Arqueológica Caral)

Un ejemplo de ello es el nuevo estudio realizado por el equipo de investigadores de la Zona Arqueológica Caral, dirigido por la doctora Ruth Shady, y el bioarqueólogo peruano Luis Pezo-Lanfranco, de la Universidad de São Paulo (Brasil), autor principal del trabajo que ha sido publicado en la revista especializada Bioarchaeology International de la Universidad de Florida (EUA)

El trabajo brinda detalles sobre la dieta y los hábitos de c en la población de agricultores del valle de Supe, hace 2500 años. Los autores determinaron que los recién nacidos lactaban exclusivamente hasta los seis meses, aproximadamente. Luego de ello, recibían progresivamente alimentos sólidos.

Pero el destete total ocurría a los 2,6 años, en promedio, lo cual sugiere que la tasa de natalidad en dicha población era menor. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los isótopos estables de carbono y nitrógeno del colágeno extraído de las costillas de 12 adultos y 22 menores (seis de menos de un año y nueve menores de cuatro años), que fueron exhumados del cementerio Quebrada Chupacigarro, a un kilómetro de la Ciudad Sagrada de Caral.

Además del vínculo que se establece entre la madre y el hijo debido a la lactancia, la alimentación de los infantes revela mucho sobre la forma de vida de las comunidades. Así, por ejemplo, si en un determinado lugar la lactancia se da durante un reducido periodo de tiempo, se puede entender que había una alta probabilidad de que las madres vuelvan a quedar embarazadas más rápido, mientras que si esta dura más tiempo, entonces nacen menos niños en un mismo período de tiempo.

Escultura antropomorfa hallada en uno de los sitios arqueológicos de Caral. (Zona Arqueológica Caral)

Es por ello que el hallazgo de los investigadores peruanos es importante, ya que nos muestra información valiosa de la natalidad en esta población y de su entorno. Sobre ello conversamos con los arqueólogos de la Zona Arqueológica Caral. En el estudio, además de Luis Pezo-Lanfranco y Ruth Shady, participaron los arqueólogos Aldemar Crispín, Marco Machacuay y Pedro Novoa. A continuación, sus respuestas:

– ¿Qué nos dice este estudio sobre la forma de vida de los antiguos pobladores de Caral?

Este estudio es sobre pobladores del valle de Supe de los años 500 a.C. Por tanto, son los descendientes de aquellos que vivieron en la época de la Ciudad Sagrada de Caral, que es 3.000-1.800 a.C. La información que nos pueden dar sobre poblaciones más antiguas son indirectas, porque los hábitos de lactancia materna son hábitos culturales muy conservadores. Este estudio muestra que el hábito de amamantar y destetar tardíamente (hacia los dos años y medio) es muy antiguo en las poblaciones de los Andes. Ya había sido referido así en crónicas coloniales tempranas y se ha constatado en poblaciones rurales andinas modernas, pero es la primera vez que se remonta a una época tan antigua. Es muy probable que este comportamiento haya sido común también en épocas anteriores. Sin embargo, debemos recalcar que, en este caso particular, también es probable que las mujeres utilizaran la lactancia materna como una forma de suplementar la alimentación de los niños, porque otros datos de los esqueletos muestran que la población estaba enfrentando una época de carestía de alimentos.

– ¿Por qué los resultados respecto al destete tardío sugieren que no hubo una alta tasa de fertilidad?

Teóricamente, un destete más precoz está relacionado con una mayor fertilidad. Debido a mecanismos hormonales, la lactancia inhibe la restauración de la ovulación, necesaria para restablecer el ciclo reproductivo. Una vez que cesa la lactancia y se restablece el ciclo ovulatorio la mujer puede quedar embarazada nuevamente. Si una sociedad desteta a sus niños más temprano, digamos antes del año, como sucede actualmente, el intervalo entre nacimientos será menor y las mujeres tendrán más hijos durante su vida reproductiva (en ausencia de cualquier mecanismo de control de la natalidad lógicamente). Una edad de destete de 2,6 años, como la observada en esta población, no es enteramente compatible con una alta tasa de fertilidad, pues el intervalo entre los nacimientos sería de más o menos 3-3,5 años, así la tasa de fertilidad no sería muy alta. Lo que sucede es que estos mecanismos fisiológicos pueden fallar debido a una serie de factores como el estado de nutrición de la madre, la disponibilidad de carbohidratos y la forma de amamantar al niño en los Andes. El trabajo discute varias posibles explicaciones.

– ¿Se utilizará o se está utilizando esta técnica para otros estudios en Caral?

Para hacer un estudio de este tipo se necesitan huesos y dientes que contengan la proteína colágeno. Esta molécula, debido al ambiente desértico es difícil de recuperar en individuos muy antiguos como los de la Ciudad de Caral y aún otros posteriores en el litoral y valle de Supe. Sin embargo, a pesar del escaso material recuperado, está previsto realizar estudios de destete similares a éste en los próximos meses, utilizando métodos todavía más novedosos y precisos.

Fuente: El Comercio

Yerson Collave García

Yerson Collave García

Periodista de ciencia y salud
[email protected]

25 años de excavaciones en el yacimiento de Caral

Hablamos con la doctora Ruth Shady, directora de la zona arqueológica de Caral, quien reflexiona sobre estos 25 años de excavaciones en este importante yacimiento arqueológico y en otros pertenecientes a esta cultura ancestral, y ve con optimismo el futuro de un lugar que es patrimonio mundial desde el año 2009.

Carme Mayans.

Panorámica de la ciudad sagrada de Caral, al norte de Perú. Foto: Zona Arqueológica Caral

Hace justo 25 años se descubrió un lugar que escondía mucha historia sobre la desconocida civilización Caral. Aprovechamos para hablar con la doctora Ruth Shady, responsable de la zona arqueológica y una eminencia de la cultura Caral, quien rememora los inicios de la excavación del yacimiento, unos trabajos en los que ella ha participado desde el principio.

Las investigaciones en Caral empezaron en el año 1994 y Ruth Shady, en aquel entonces docente de la Escuela de Arqueología de la Universidad Mayor de San Marcos, cuenta como «invité a participar a un pequeño grupo de tres arqueólogos, que habían sido mis estudiantes, y con ellos salíamos de Lima hacia el valle de Supe los viernes en la tarde, después del horario de trabajo, y retornábamos el domingo. Yo manejaba mi pequeño Volkswagen, donde llevábamos carpa, balón de gas, una pequeña cocina, además de los materiales necesarios para hacer la prospección arqueológica en el valle durante el día. Donde nos daba la noche nos instalábamos y hacíamos nuestra comida».

Para llevar a cabo su trabajo, los arqueólogos usaron como guía el inventario y catastro del patrimonio arqueológico del valle de Supe, que había sido realizado en 1979 por el arquitecto Carlos Williams y el arqueólogo Francisco Merino.

«Salíamos de Lima hacia el valle de Supe los viernes en la tarde, después del horario de trabajo, y retornábamos el domingo» explica Shady

Primeras excavaciones y apoyo institucional
En 1996, se iniciaron las excavaciones propiamente dichas en el lugar, que entonces se llamaba Chupacigarro. Shady recuerda los problemas con que se encontró en esos momentos: «La dificultad que tenía que abordar era la falta de recursos económicos. Decidí comunicarme con la investigadora Betty Meggers, que había sido mi asesora durante el año que hice una pasantía de investigación en el Smithsonian Institution, y ella se mostró muy interesada ante el planteamiento del problema de investigación y la propuesta de interpretación que le hice; y me ayudó a presentar un proyecto a National Geographic para la obtención del apoyo económico que nos permitiera sustentar nuestro primer diagnóstico temporal. Con ese fondo económico iniciamos las excavaciones en Caral. Con los datos obtenidos, que ratificaba mi propuesta, hice al año siguiente, en 1997, dos publicaciones: un artículo remitido a la revista francesa Archeologie y un libro, editado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos».

El yacimiento arqueológico de Caral se convirtió en Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 2009. Foto: Zona Arqueológica Caral

El rector de la universidad, Manuel Paredes, ayudó a la arqueóloga, que desde 1999 era directora del Museo de Arqueología y Antropología. En Caral trabajaron estudiantes voluntarios, y los resultados de las excavaciones se publicaron en una serie de artículos en la revista Arqueología y Sociedad. También recibieron ayuda de empresas privadas, como Lima Tours, que prestó a los arqueólogos un local –sin coste alguno durante cinco años– para estudiar los materiales procedentes de las excavaciones.

Los arqueólogos también recibieron ayuda de empresas privadas para continuar con su trabajo arqueológico

Ruth Shady alaba también la colaboración de las autoridades peruanas en la continuidad del trabajo de investigación, «pues cumplimos 25 años, debido al reconocimiento que le dieron el ministro de Educación, Marcial Rubio y el Presidente de la República del Perú, Valentín Paniagua, al visitar Caral en 2001 y comprender su significado e importancia.

Desde entonces, hemos recibido presupuesto anual del Estado peruano, que ha hecho posible que estemos investigando en 12 asentamientos de la civilización Caral, para conocer el sistema social de esta civilización, su organización social, económica, política; comprender su desarrollo precoz en América, el prestigio alcanzado a lo largo de un milenio y las causas de su crisis y colapso».

Un proyecto monumental
En la actualidad, los arqueólogos que excavan en Caral y en los yacimientos aledaños pertenecientes a esta cultura están investigando diversos aspectos de la organización social y política de esta civilización y la relación que hubo entre los diversos centros urbanos. También se pretende saber más sobre los conocimientos y tecnologías que aplicaron los Caral, por ejemplo en agricultura, como es el caso de la producción de algodón de varios colores.

El estudio del cambio climático que acabó con la civilización Caral también es prioritario. De hecho, la población de San Nicolás de Supe ha hecho donación a los arqueólogos de nueve hectáreas durante 99 años para que se pueda establecer, tal como explica Ruth Shagy, «un Centro Cultural y de Desarrollo Social, donde habrá un museo, un centro de formación en conservación del patrimonio cultural y de instrucción en agricultura ecológica y en otros aspectos para contribuir con el desarrollo de las poblaciones. Para lo expuesto, se requieren recursos, ya se elaboró el diseño, estamos en proceso de buscar apoyo para hacer el expediente técnico y saber los costos, de modo que podamos buscar los fondos económicos dentro y fuera del país».

Estudiar el devastador cambio climático que acabó con la civilización Caral es prioritario para los arqueólogos en la actualidad

Un gran proyecto con apoyo institucional
En suma, todo un gran proyecto de investigación y desarrollo de la región que llena de orgullo a sus promotores. No en vano cuenta la doctora Shady: «No imaginé los logros que alcanzaríamos con la investigación, conservación y difusión de esta importante civilización; y las afrentas de algunas personas, llevadas por el ánimo de expropiar, deslucir u obstaculizar nuestro trabajo. Pero frente a todo, animados por los valores sociales y culturales de la civilización Caral, seguimos en el esfuerzo con perseverancia y el año 2009 UNESCO, en la reunión de los representantes de países integrantes, designó a la Ciudad Sagrada de Caral como Patrimonio Mundial».

La celebración de este importante aniversario culmina con la muestra Los valores de la civilización Caral: reflexiones para el buen vivir que se expone en el Ministerio de Cultura, en Lima, y que a través de 600 objetos hace un recorrido por los hitos más importantes de esta enigmática civilización.

Parece que la arqueología goza de buena salud en Perú. ¡Brindemos por otros 25 años más (por lo menos)!

 

Escribe: Carme Mayans
Fuente: National Geographic

Caral, una gran civilización en el norte de Perú

En octubre de 2019 se cumplen 25 años del inicio de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento peruano de Caral, capital de una brillante civilización que se desarrolló en esa zona hace casi 5.000 años y que terminó desapareciendo a causa de un cambio climático devastador.

Una de las culturas más importantes y, sin embargo, poco concocidas del continente americano, se encuentra en Perú. Se trata de la cultura Caral, cuya capital fue la ciudad del mismo nombre de la que ahora se celebran veinticinco años de excavaciones. Hemos hablado con la doctora Ruth Shady, directora de la zona arqueológica de Caral, quien nos ha contado muchas cosas sobre este lugar, situado en el valle del Supe, en la costa norcentral de Perú, un yacimiento que es, con sus 66 hectáreas, uno de los más grandes de América, y sobre la civilización que lo construyó, la cultura Caral, considerada la más antigua del continente americano.

Agricultura, pesca, comercio

Los Caral basaron su economía en la agricultura y la pesca en el litoral del océano Pacífico, en el denominado puerto Supe. En la región, empezaron muy pronto a desarrollarse pequeños asentamientos entre los años 3000 y 2700 a.C., que interactuaron entre ellos e intercambiaron productos, incluso con otras poblaciones más alejadas. Se formaron sociedades más complejas y entre los años 2700 y 2550 a.C. se construyó la gran ciudad de Caral, un lugar con una arquitectura monumental. Fue en ese momento cuando empezaron a aparecer nuevos centros urbanos en el valle de Supe y en el valle vecino de Pativilca, entre 2550 a 2400 a.C. La influencia de la cultura Caral fue tal que llegó hasta el norte de Perú, como se aprecia en el yacimiento de Ventarrón, en Lambayeque, o en otros sitios del sur, como en los valles del Chillón, Rímac, Asia….

La cultura Caral basó su economía en la agricultura y la pesca en el litoral del océano Pacífico, donde empezaron muy pronto a desarrollarse pequeños asentamientos entre los años 3000 y 2700 a.C., que interactuaron entre ellos e intercambiaron productos

Avances tecnológicos

Como nos explica en exclusiva Ruth Shady, los Caral fueron una sociedad avanzada que desarrolló grandes conocimientos científicos y tecnológicos que transmitieron a otras culturas vecinas. No vivieron en ciudades amuralladas ni manufacturaron armas, pero sí intercambiaron recursos, bienes y conocimientos con poblaciones de la sierra y la selva. Asimismo, tuvieron acceso al molusco Spondylus, muy característico de las aguas tropicales del Ecuador y que tuvo un importante papel en las sociedades andinas; también obtuvieron sodalita, un mineral que proviene de Bolivia, e incluso replicaron, en el entierro de un niño, el tratamiento que se daba a los muertos en la cultura Chinchorro de Chile, lo que demuestra que los Caral se relacionaron con otras culturas muy alejadas geográficamente.

Los Caral fueron una sociedad avanzada que desarrolló grandes conocimientos científicos y tecnológicos que transmitieron a otras culturas vecinas

Todos estos edificios disponían de un altar con un fuego central (de forma circular o cuadrangular)
Foto: Zona Arqueológica Caral
Una arquitectura monumental

Como arqueóloga, la doctora Shady insiste en que la importancia de Caral queda reflejada en los elementos de su arquitectura, de significado simbólico –asumidos a su vez por otras culturas–: plazas circulares hundidas, hornacinas, puertas de doble jamba, tecnología resistente a terremotos, plataformas escalonadas… Caral fue un complejo urbano formado por distintas construcciones. Carece de recinto amurallado y se encuentra ubicado sobre una terraza que lo protegía de posibles desastres naturales.

La ciudad de Caral carece de recinto amurallado y se encuentra ubicada sobre una terraza que la protegía de desastres naturales. Se conservan seis pirámides, cada una de ellas con una escalera central y un altar con un fuego central

Los edificios se construyeron con piedra y madera de árboles caídos. Se conservan seis pirámides, cada una de ellas con una escalera central que se orienta hacia determinadas estrellas. Todos estos edificios disponían de un altar con un fuego central (de forma circular o cuadrangular) y conductos subterráneos que canalizaban la energía del viento. En estos complejos se debían llevar a cabo ceremonias religiosas que incluían la incineración de ofrendas a las divinidades. Pero unas de las construcciones que resultan más llamativas son sus dos enigmáticas plazas circulares, situadas frente a dos edificios piramidales. Muy posiblemente relacionadas asimismo con ceremonias religiosas.

Desastre ecológico

La doctora Shady y su equipo arqueológico trabajan en 12 asentamientos de esta cultura con el objetivo de «conocer el sistema social de la civilización Caral y los cambios que se fueron dando a lo largo de los mil años, de gran prestigio y desarrollo alcanzado, hasta que entró en crisis y colapsó por un intenso cambio climático, que transformó el valle productivo de Supe en tierras arenosas con dunas, afectado por una prolongada sequía. Condiciones que hicieron que las poblaciones abandonaran los centros urbanos». De hecho, y a pesar de su armoniosa relación con la naturaleza, la cultura Caral sucumbió a un duro cambio climático, catastrófico por sus efectos. Los arqueólogos han identificado una serie de fenómenos meteorológicos extremos, como terremotos y lluvias torrenciales que anegaron la bahía de la ciudad pesquera.

También se ha documentado una sequía extrema que se prolongó durante varias décadas: el río Supe se secó y los campos de cultivos se llenaron de arena. Al final, tras diversas y devastadoras hambrunas que acabaron con esta brillante civilización, Caral y las poblaciones aledañas fueron abandonadas hacia 1900 a.C., sin que se sepa qué fue de sus habitantes…

Fuente: National Geographic