San Pedro: el cactus sagrado

INTRODUCCIÓN.

Esta tesis se refiere a una planta sagrada de la región andina: el San Pedro o “cacto de los cuatro vientos”, también conocido como achuma, gigantón, aguacolla y otros nombres de acuerdo a la región. Es un cactus de ramas columnares que alcanzan hasta 15 cm de diámetro y algunos metros de altura. El examen químico del San Pedro ha revelado la presencia de mescalina (que constituye el 2% del peso seco de los tallos) y otros alcaloides (Schultes y Hofmann, 1993: 58, 154-157).

El San Pedro es utilizado por la medicina tradicional en diversas localidades andinas a través de una extensa región: desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile y noroeste argentino, pasando por Ecuador, Perú y Bolivia. Sin embargo, donde mejor se ha conservado la tradición prehispánica propia del uso de esta planta es en el norte de Perú, allí los curanderos se definen como especialistas en su manejo y aplicación curativa. A partir de los tallos del cactus, preparan una bebida sacramental que les permite alcanzar estados de alto rendimiento intelectual, que aplican al diagnóstico y tratamiento de una amplia gama de enfermedades y problemas. El uso del San Pedro implica un sistema religioso con características propias condicionadas por su acción farmacológica.

Hay referencias de uso del San Pedro en tiempos coloniales. Durante la primera mitad del siglo XVII, la Iglesia Católica emprendió una campaña para “la extirpación de idolatrías” en el Perú. En este contexto el San Pedro, conocido como achuma, aparece como un obstáculo para la cristianización de los nativos. La achuma era utilizada por las elites gobernantes en Cuzco, Potosí, Cajatambo y otros sitios, donde los principales curacas y caciques la consumían como una bebida sacramental, con grandes ceremonias y cantos, para los fines de “adivinar” y tomar decisiones. El poder impuesto por los conquistadores no logró extirpar este uso ancestral de la achuma, sin embargo provocó cambios en su carácter original como se refleja en el nuevo nombre que adquirió la planta (San Pedro, el que sostiene las llaves del cielo).

cactus san pedro museo tucume
Cactus San Pedro en Jardín de Museo de Túcume

A partir de los años 70, una serie de evidencias arqueológicas documentan el uso ritual del San Pedro en tiempos previos a la Conquista, desde unos 1000 años a. C. El San Pedro es una de las plantas sagradas mejor representadas en la iconografía preinca, aparece en el arte Chavín, Nasca, Moche, Chimú, etc., denotando una continuidad cultural de larga duración en su uso ritual.

Entre las numerosas evidencias de uso del San Pedro en tiempos prehispánicos, destaca la de Chavín de Huántar en la sierra de Ancash. Se trata de uno de los 22 bajorrelieves recuperados en la plaza circular del Templo del Lanzón, representa a un sacerdote llevando un tallo de la planta en su mano derecha, en el contexto de una acción ritual. Esta figura (reproducida en la portada) es conocida como “el portador de San Pedro”. La importancia de esta evidencia se refuerza por el descubrimiento reciente del fragmento de un relieve gemelo, que representa a otro “portador de San Pedro”. Chavín de Huántar fue el principal oráculo y centro de peregrinaje durante el Formativo, hacia 1300-600 años a. C. (Rick, 2005a: 71), de lo cual se deduce la importancia social que adquirió el uso del San Pedro en esta época.

Si bien hay una copiosa literatura etnográfica referida al uso actual del San Pedro, existe un vacío en lo que respecta al conocimiento del rol y significado de esta planta en la época previa a la Conquista. El tema de esta tesis es el uso ritual del cactus San Pedro en tiempos prehispánicos, particularmente en Chavín de Huántar. Tiene por finalidades:

  1. Aumentar el conocimiento actual acerca del ritual y la ideología religiosa de Chavín de Huántar y el culto chavín.
  2. Demostrar la importancia del San Pedro en la arqueología, la religión y la historia de los Andes Centrales.
  3. Construir una base teórica sobre la aplicación del uso tradicional del San Pedro en relación con el fortalecimiento de la identidad cultural y la cohesión social en los pueblos andinos.

El problema de la investigación se plantea así: hay representaciones del cactus San Pedro en el arte lítico de Chavín de Huántar; sin embargo, se desconoce cuál fue la función y el significado de esta planta en el ritual, la cosmovisión y las relaciones sociales étnicas e interétnicas.

La hipótesis es que el San Pedro jugó un rol central en los rituales realizados en el Templo del Lanzón de Chavín de Huántar y fue fundamental en la estructuración del sistema religioso y en la integración social, étnica e interétnica que caracterizó al culto chavín.

El objetivo, consecuentemente, es reconstruir el sistema religioso asociado al uso del San Pedro en Chavín de Huántar. Las metas consisten en definir cada uno de los aspectos relacionados con el uso de esta planta en el sistema religioso, a saber:

    1. El espacio ceremonial de uso del San Pedro.
    2. El tiempo ceremonial de uso del San Pedro.
    3. El modo de consumo del San Pedro.
    4. El desarrollo de la acción ritual.
    5. La función social del uso del San Pedro.

 

san pedro planta alucinogena
Cactus San Pedro

La metodología aplica el análisis contextual y la analogía etnográfica. El análisis contextual presenta muy buenas perspectivas pues el relieve del “portador de San Pedro” fue hallado en su sitio original, inserto en un “contexto arqueológico” muy completo: el Templo Viejo o Templo del Lanzón de Chavín de Huántar, que incluye diferentes clases de datos interrelacionados: la arquitectura, el arte lítico y la parafernalia ritual asociada. La analogía etnográfica se basa en que el uso actual del San Pedro en el curanderismo, si bien ha incorporado elementos cristianos, es de raíz prehispánica y conserva un sistema religioso plenamente configurado en el período Formativo.

Los antecedentes que condujeron a esta investigación se remontan a una década atrás, cuando comencé a participar del uso tradicional del San Pedro. Luego, como licenciado en Historia de las Artes Plásticas, mi interés se dirigió al arte chavín y su interpretación iconográfica. En el año 2000, al visitar el sitio de Chavín de Huántar en el Callejón de Conchucos, pude apreciar que el San Pedro no sólo está representado en el arte lítico, sino que además esta especie botánica crece espontáneamente sobre las mismas ruinas y el pueblo cercano -Chavín de Huántar- es también conocido como “San Pedro de Chavín”. Gracias a las facilidades que nos brindara “Tito” Miranda Monzón, arqueólogo entonces encargado del sitio, celebramos una serie de rituales en el Templo; fue madurando así la idea de esta tesis. Estas experiencias preliminares han quedado expresadas en el poema Achuma (anexo 2), en el cual hay una percepción intuitiva de la importancia antropológica, histórica y arqueológica del cactus San Pedro en las culturas andinas.

“Y para concluyr con este capítulo […] remataré / con una infernal [idolatría] que todavía dura y está muy introducida, y usada dellos y de los casiques y curacas más prinçipales desta nación y es que para saber la voluntad mala ó buena que se tienen unos á otros, toman un brebaje que llaman Achuma; que es una acua, que haçen del çumo de unos cardones gruessos y lisos, que se crían en valles calientes; bévenla con grandes çeremonias, y cantares: y como ellas sea muy fuerte, luego, los que la beven quedan sin juiçio; y privados de su sentido: y ven visiones que el Demonio les representa, y conforme a ellas jusgan sus sospechas y de los otros las intensiones.” (Oliva, 1998 [1631]: 169).

“Es ésta una planta con que el demonio tenía engañados a los indios del Perú en su gentilidad; de la cual usaban para sus embustes y supersticiones. Bebido el zumo della, saca de sentido de manera que quedan los que lo beben como muertos […]” (Cobo 1956 [1631]: 205).

Titulo original: El Cactus San Pedro: Su Función y Significado en Chavín de Huantar y la Tradición Religiosa de los Andes Centrales

TESIS para optar el Grado de MAGISTER EN ARQUEOLOGÍA ANDINA
Autor: Leonardo Peldman Gracia
ASESORA: Dra Ruth Shady Solis
LIMA – PERU 2006

Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Facultad de Ciencias Sociales
Unidad de Post – Grado

CAPÍTULO 1
MARCO TEÓRICO
1.1. Arqueología Andina y plantas de poder: definiendo el campo de la investigación
1.1.1. Plantas de poder (alucinógenos)

Nos referimos a un conjunto de plantas sagradas o “mágicas”, que generalmente se catalogan como “alucinógenos”. Contienen alcaloides y su consumo produce alteraciones en la percepción, pensamiento y ánimo durante un lapso de tiempo, sin causar mayores disturbios en el sistema nervioso (Schultes y Hofmann, 1993: 13).

Los investigadores andinos, en su mayor parte, rechazan la categoría “alucinógenos” para clasificar a éstas plantas, pues la acción farmacológica de la mayoría de ellas no se traduce en un “engaño de los sentidos” como el término “alucinógeno” sugiere. Se han propuesto alternativas como “sicotrópicos” (Cabieses, 1993) o “sicoactivos” (Camino y Anderson, 1994). Aquí, hemos optado por plantas de poder, un concepto más adecuado para la antropología y la Arqueología Andina, pues expresa el modo en que son consideradas por el hombre andino desde tiempos prehispánicos. En la ideología de los Andes, estas plantas contienen un poder (sinónimo de “encanto”, “espíritu” o “virtud”).

El uso de plantas de poder es una característica que define a las culturas del continente americano, donde el estudio del uso ritual de muchas de ellas se ha convertido en una “especialidad” antropológica. Es sugestivo, como señala Furst (1980: 15), el hecho de que mientras los “alucinógenos” nativos del Viejo Mundo y Asia no llegan a la docena, en el Nuevo Mundo se conocen y utilizan, desde tiempos ancestrales y hasta la actualidad, un centenar de plantas de poder.

En los Andes Centrales –considerando las regiones de costa, sierra y selva alta- diferentes etnias usan actualmente una gran variedad de plantas de poder. Entre las más importantes están el tabaco o “tupac sayri” (Nicotiana tabacum), la “micha” o “floripondio” (Brugmansia), la “vilca” o “cevil” (Anadenanthera), la “ayahuasca” o “yajé” (Banisteriopsis), la “coca” (Erythroxylum coca) y el San Pedro (Trichocereus pachanoi, Trichocereus peruvianus).

El contexto social de uso de estas plantas es conocido como “medicina tradicional”. Es “medicina” porque se utilizan para el diagnóstico y la cura de enfermedades; el adjetivo “tradicional” refiere al sistema religioso en que se inscribe su uso, cuyo origen es prehispánico y representa una sobrevivencia de la tradición ancestral en las comunidades actuales (Polia, 1989: 7). El uso de plantas de poder es, en este contexto, necesariamente ritual y comunal, facilitando el acceso a “imágenes simbólicas compartidas” vinculadas a la cosmovisión y el orden social de las culturas nativas. Desempeñan un importante rol en la construcción de identidades étnicas y -en el caso de las plantas que son motivo de intercambio interregional o “franco”- en la mediación de relaciones interétnicas y en la configuración de “áreas de culto” (Camino y Anderson, op. cit.: 28).

1.1.2. El “amarre” con la Arqueología Andina

A partir de la segunda parte del pasado siglo, las plantas de poder de los Andes comenzaron a ser objeto de estudio científico desde diferentes perspectivas: la botánica, la química, la farmacología, la neurosiquiatría y la etnografía. Al mismo tiempo, paulatinamente, un conjunto de evidencias arqueológicas demostró que su uso ritual se remonta por lo menos hasta el periodo Formativo; así se documenta para el San Pedro como veremos más adelante- y la coca (Rostworoski, 1988: 36).

A este descubrimiento, en un principio, no se le confirió la debida importancia. Pudo haber influido “[…] un prejuicio etnocentrista que niega, a priori, valores culturales acumulados a través de miles de años de experiencias prácticas en estas áreas, en las que la ciencia recién comienza a interesarse seriamente.” (Menacho, 1988: 19).

Luego de los numerosos estudios que han tratado el tema desde variadas perspectivas (arqueológicas, antropológicas, iconográficas), ha quedado fundamentada la importancia de las plantas de poder para la Arqueología Andina. Hoy se reconoce el rol central y decisivo que desempeñaron estas plantas –utilizadas por la elite gobernante- en la ideología religiosa de las sociedades prehispánicas (Donnan, 1978; Cané, 1988; Elera, 1994).

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