La simbología totemica del torito de Pucará

RESUMEN
Pucará es considerado como el Centro de Cerámica más grande del sur del Perú y del mundo, sus habitantes adquirieron esta importante habilidad del arte autóctono a base de arcilla, desde sus ancestros pre-Incas. Siendo el objeto cerámico más representativo de la artesanía pucará el “Torito de Pucará”, es una grotesca caracterización del toro que representa un cuerpo ampliamente exagerado, de color natural o más de dos colores actualmente.

En esta investigación realizada en el distrito de Pucará especialmente en el Museo Arqueológico, Antropológico, Lítico y Arte Contemporáneo “ALCRA” un centro particular donde se resguarda los distintos modelos de toritos y el proceso de cambio que ha sufrido desde la llama hasta su forma actual, una asociación de lo andino y occidental. La magnificencia representación simbólica del torito lleva consigo en su iconografía algunas figuras geométricas, orlas, chalina en el cuello, con asa, capellón y orificio en el lomo, decoraciones de hondo significado. El color blanco del toro simboliza pureza y protección; color negro el Ego, defectos psicológicos; y el agua que está dentro como fuente de vida relacionado con la transmutación del factor nacer. Los mismos artísticamente acabados que dan un valor estético y espiritual. Dichos ejemplares se han escogido con el objetivo de analizar desde un punto de vista antropológico en su forma y fondo, para descifrar y comprender la simbología esotérica y exotérica, teniendo en cuenta los documentos publicados, monografías, recopilaciones de los cronistas y técnicas de observación para hacer comparaciones del ayer y hoy del modelo explorado desde la litoescultura hasta la estilización en cerámica.

En conclusión sostengo la autoría del mito para su validez y discusión del campo científico que el “Torito de Pucará” es una representación simbólica conocida como qonopas (quechua) y/o Illas (aymara) que se usaba en los rituales andinos: Señalaquy y Haywariquy, sustituyendo a la llama; oculta la sabiduría totémica practicada por los grandes sacerdotes pre-incas, la Cultura Pucará que dio sus aportes a la humanidad en el campo de la filosofía, ciencia, arte y mística.

Palabra clave: Protección, símbolo, tótem, transmutación, ego, despertar de la conciencia y muerte.

Autor: FREDY REYES APAZA
Antropólogo y Docente de la Facultad de Ciencias Sociales. UNA – Puno.
Fuente: Sitio Web del Colegio de Antropólogos del Perú

2. INTRODUCCIÓN

En plena vigencia del III milenio la humanidad no ha llegado explorar a plenitud muchos enigmas que mantenían las grandes culturas del mundo como la herencia cultural: arte, ciencia, filosofía y mística que se van debilitando, dejando es ascuas la sabiduría de los hombres aquellos que a través del tiempo y espacio se van disipando. Frente a ello están los científicos encargados de llegar al fondo de la verdad, el porqué de ese legado de cultura material e inmaterial, cabe preguntarnos ¿Que enseñanza subliminal se rescata de las culturas milenarias? o simplemente queda en la historia universal como una exploración etnográfica de su desarrollo, civilizaciones humanas que pasaron épocas de oro, plata, cobre y hierro. Vale decir que toda cultura evoluciona e involuciona, nace en algún punto del tiempo, crece, entra en apogeo, declina, se degenera y muere; porque todo principio tiene fin; pero, lo que queda como huellas son las obras de arte, litoescultura, metalurgia, cerámica, textilería; tecnología, filosofía y el misticismo, principalmente la infraestructura que los cobijó como obras monumentales con alto contenido espiritual, mensaje oculto imborrable que se perpetua en la ignorancia humana.

A manera de reflexión, últimamente la humanidad doliente da más importancia e interés a lo exotérico, apego a lo material, dinero y lo exótico que ofrece la globalización neoliberal capitalista. Incluso las abstracciones humanas de este tiempo caen en el dogmatismo, absolutismo que difiere mucho del credo andino. Caso de las sectas y credos religiosos que a través de sus líderes asaltan sutilmente a los feligreses con la Biblia en mano, tal es así que el diezmo y la salvación de sus almas lo relacionan con el dinero y se deja de lado la verdadera evolución humana en espíritu y la realización del ser como tal y despertar de la conciencia, que de un tiempo a esta el hombre se haya deshumanizado por la bendita post modernidad y la era cibernética que convierte al individuo en “hombre máquina” sin sentimiento y amor que los valores humanos se mutaron en valor dinero. Un verdadero problema que enfrentan y propician los gobiernos del mundo, en complicidad con las industrias transnacionales que no solo contaminan el medio ambiente sino contaminan el alma y la esencia humana de los consumidores de sus productos que diseminan los males y dolores.

Como antecedente histórico podemos evidenciar que el capital del distrito de Pucará está ubicado en las faldas de peñón o cerro calvario, en las proximidades del complejo arqueológico de Pucará, provincia de lampa, departamento de Puno; a 62 kilómetros de Juliaca por vía asfaltada.

La existencia de la Cultura Pucará se ha ubicado en el tiempo entre 200 a.C. a 400 d.C. alcanzando una civilización y polo de desarrollo en el altiplano puneño similares a las Culturas Serpentinas peruanas y del mundo. Los estudios muestran su similitud con Chavín de Huantar y su fuerte influencia en Tiahuanaco y/o Tiwanaku en cuanto a su arquitectura, escultura y cerámica, es más en su misticismo e ideología.

Las investigaciones antropológicas y de su rama la arqueología evidencian que se trata de un pueblo fundamentalmente religioso, su arquitectura monumental como es la pirámide escalonada, formas, diseño y acabados de su arte lítico, resaltan el Hatun ñaqaj (gran degollador psicológico), el puma pez (Cristo pucareño), la estela del rayo, los grandes devoradores, cabezas de guerrero, monolitos tipo lanzón, el sapo, serpientes, pumas, suche, etc. Similarmente encontramos como artefactos religiosos en su cerámica y litoescultura vasos ceremoniales y cuencos con la figura de llama o alpaca. Muchos de ellos tótems que demuestran que bebieron de un conocimiento universal trascendental, al igual que las grandes culturas como Grecia, Roma, Egipto, India, Tibet, Mayas, Aztecas, Chavin, Paracas, Incas, entre otros. Estos sacerdotes andinos, seres extraordinarios con conocimientos valiosos que conocían los secretos para cristificarse, como manifiesta Ruben Iwaqui que Manco Capac fue un cristo1 andino, “el príncipe encargado del gran poder” (R. Iwaqui 2005: p.78) o como dice Inca Garcilazo de la Vega que uno de los hermanos, Ayar Manco tenía el poder y se manifestaba en el Warayoq con la cual fundó el Imperio del Tawantinsuyo. Esto lo afirmamos porque se demuestra en sus tótems, donde se manifiesta que conocieron los tres factores de la revolución de la conciencia como: Nacimiento2, muerte y sacrificio (E.Villegas 1981: p.14). Que son la verdadera terapia contra los factores psicológicos que producen dolor que enferma el cuerpo y el alma.

Con el presente trabajo entramos a explicar en el contexto cultural cómo en tiempos milenarios el hombre empezó con la gran tarea de dejar a sus descendientes una historia en base a la experiencia y práctica religiosa sagrada, mítica y reveladora que otrora fuera sabiduría inspirado por los dioses o espíritus progenitores del mundo, evocación a la bendita diosa madre del mundo, Pachamama que cada año va dando vida a los cuatro reinos de la naturaleza: mineral, vegetal, animal y humano en estricta relación entre sí, conocido en las dimensiones del mundo andino: Sallqa (naturaleza), Wak’as (deidades) y Runas (hombre) que comparten un territorio y una historia también común.

La formación de teorías científicas no han sido suficientes, toda vez que se da conocer exotéricamente la forma, descripción somera, imaginativa, pero no se explica esotéricamente el trasfondo que encierra cada objeto, icono, códices, apócrifos y símbolos, porque ambas deben ir juntos. En consecuencia el objeto de estudio es explicar, desmenuzar cada una de las configuraciones y representaciones simbólicas significantes estampadas en el Torito de Pucará y similitudes con otras efigies totémicas existente en la cultura andina y del mundo.

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1 Cristo, la palabra da poder. Cristo es el verbo…cuando el bienamado se transforma en el alma, cuando el alma se transforma en bienamado, entonces de esa mezcla inefable –divina y humana- nace eso que nosotros llamamos el Hijo del Hombre. El hombre-Sol (Lupaka) es el último resultado de todas nuestras purificaciones y amarguras. El Hombre-Sol es divino y humano. El Hijo del Hombre es el último resultado del hombre; el hijo de nuestros sufrimientos; el solemne Misterio de la Transubstanciación. Cristo es el LOGO SOLAR (Unidad Múltiple Perfecta). (A. Weor 2005: 75)

2 El Nacimiento es desde luego como todo los nacimientos, es decir, por intermedio del sexo; estamos hablando concretamente del nacimiento segundo del cual habló el Gran Maestro Jesús a Nicodemus, nos referimos al nacimiento de agua y del espíritu (el sacramento cristiano del bautismo). El segundo factor es sin lugar a dudas la muerte del Ego, la desintegración de los defectos psicológicos o eliminación de los errores (Lujuria, Pereza, Gula, Ira, avaricia, Orgullo y Odio); por último diremos que el tercer factor es e sacrificio por la humanidad o sea servir a nuestro prójimo, entregándoles las claves y técnicas precisas, no solamente para erradicar el dolor humano, sino también para solucionar todos los problemas que aquejan al individuo. (E. Villegas 1981: 15)

ANTECEDENTES MITOLOGICOS

Refiriéndose a la leyenda del “Torito de Pucará” se dice: “Que en Pukara, se registraba hace mucho tiempo una sequia prolongada, ya no había agua, se estaban secando los pozos. Entonces cierto día a un campesino indígena se le ocurrió hacer una ofrenda de sacrificio al Dios Pachakamaq, decidió subir al peñón de Pukara, llevando consigo un toro y de esa manera hacer sus peticiones de lluvia. El toro que llevaba parecía adivinar que algo le pasaría y se resistía subir con su amo. Ya estando arriba, el toro quiso sobarse en el peñón, logró hincar con su cuerno la roca… Y asombrosamente brotó agua, tanta agua que el pueblo pudo sobrevivir. La población asombrada por tal milagro admiró mucho más al toro. A partir de ese entonces el toro constituyó un elemento ritual, utilizado en la marcación del ganado. Esto provocó la inspiración de artesanos alfareros, que en un inicio fue símbolo de ceremonias, y ahora le atribuyeron poder de protección, cuando es colocada en los techos de las viviendas”(Fuente: Edilburgo Castillo. 56 años). Claro está en la Cultura Andina se teje una serie de mitos que conllevan a entender el misterio y origen de historias fantásticas que enriquecen la creencia popular, especialmente la asociación de un animal traído de España y fusionada con la Illa y/o qonopa andina. Antes relacionada con la llama un tótem muy venerado por los ganaderos del altiplano, como la sustitución de la llama de carga por el caballo y el toro como protector utilizado en los rituales de “señalización” del ganado.

En la primera década del siglo anterior, después de haberse inaugurado el transporte en ferrocarril del sur Juliaca a Cusco pasando por la estación de Pucará, un villorrio en ese entonces –hoy distrito José Domingo Choquehuanca- nace la autentica denominación y su fama del Torito hacia el mundo. Se dice que un día los alfareros exponían sus productos artesanales frente a los visitantes viajeros en la Estación de Pucará, donde llamó la atención grandemente a los primeros turistas y estos con voz asombrosa dijeron: “que hermoso torito” “hermosa obra de arte” y preguntan a los lugareños que se llamaba el poblacho o la estación? sobre esto contestan: “Estación de Pucará –y el gringo contesta- ¡Ah Pucará! ¡Torito de Pucará! (Huargaya 2010.p.15).

La fabricación del torito muestra una expresión de mofa, de burla ante las caprichosas costumbres de dominio de los españoles como la tauromaquia europea, frente a esto los alfareros pucareños demuestran burlescamente sus toros con todos los atuendos del toro de lidia. Al respecto afirma el V.M. Aun Weor que dicha práctica del toreo viene de la Civilización Atlante3, donde exotéricamente se desata la lucha entre el bien y el mal, donde el torero con traje de luces representa el bien que vence, mata al mal, Ego4 representado por el toro negro. Esotéricamente significa la lucha del hombre contra su defecto psicológico: lujuria.

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3 En el viejo Egipto de los faraones, los sacerdotes de Sais dijeron a Solón que la Atlántida había sido destruida nueve mil años antes de conversar con él…conocieron la energía atómica, fabricaron robots extraordinario, dotados así de inteligencia, parecía seres humanos y servían fielmente a sus amos (Glosario Gnóstico, 2005: p.26)

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