La directora de la Zona Arqueológica Caral de la Unidad Ejecutora 003, adscrita al Ministerio de Cultura, Ruth Shady Solís, fue condecorada con la ‘Medalla al Mérito Ciudadano’ por su destacada trayectoria en la investigación arqueológica en el Perú y por la puesta en valor de la Ciudad Sagrada de Caral, ubicada en el valle del distrito de Supe, provincia de Barranca.
La distinción estuvo a cargo del presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano Bellido, en una ceremonia especial realizada en la Sala Cáceres de Palacio de Gobierno, que contó con la presencia de la ministra de Relaciones Exteriores, Ana María Sánchez Vargas.
En el evento, también fueron condecorados Luis Bedoya Reyes, el monseñor Javier del Río Alba, el embajador Allan Wagner Tizón y Mauricio De Romaña y Bustamante.
La Medalla al Mérito Ciudadano de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), creada en octubre de 2009, es otorgada a las personas que han destacado en el ejercicio de su profesión, oficio o actividad, beneficiando con ello a la Nación, a la sociedad, a su comunidad o a sus prójimos.
Ruth Shady indicó que figuras de barro halladas en el sitio arqueológico de Vichama revelan la importancia del rol de la mujer en la civilzación Caral.
Según la especialista, directora de los trabajos arqueológicos, las piezas recientemente encontradas en este complejo cercano al pueblo de Végueta, norte de Lima, muestran a una pareja de gobernantes – hombre y mujer – acompañados de una sacerdotiza de mayor tamaño.
De acuerdo a Shady en conversación con la agencia de noticias Andina esto es una señal de la igualdad de género en la que se desarrollaban las sociedades prehispánicas y que continuó hasta la conquista.
Estas estatuillas de barro no cocido se encontraron en el edificio conocido como de las Hornacinas, en medio de arena, ceniza y material orgánico.
Shady hace notar que por la posición en que se descubrieron las piezas hace entender que el personaje principal es la sacerdotiza, lo que da luces sobre el rol que cumplía la mujer ya desde aquella época.
En este mismo lugar se hallan los altorrelieves antropomorfos y zoomorfos que la arqueóloga explica como alegoría de un fenómeno climático marcado.
Esta revelación la hizo en el marco de la presentación del material desenterrado en este sitio precerámico.
Otro descubrimiento mostrado fueron dos cabezas femeninas modeladas en barro no cocido. Estas se encontraron en un edificio conocido como del Depósito y se encontraban envueltas en un manto de plumas de variados colores.
Pedro Vargas, arqueólogo del lugar, explicó a la agencia de noticias Andina que detalles como esas plumas son evidencia del contacto fluido que se tenía con la Amazonía.
Los últimos hallazgos arqueológicos encontrados en Vichama, la civilización agropesquera de Végueta, han dado la vuelta al mundo. Uno de ellos consiste en tres estatuillas: una deidad o sacerdotisa y la pareja de autoridades, representadas en arcilla. Llaman la atención, por su forma, su posición, sus accesorios, por la pintura aplicada en sus rostros y los diversos colores de sus respectivos cabellos. Los rasgos de estas estatuillas han tenido fuerte impacto en la sociedad actual; imaginemos el mensaje transmitido, el sentir, la motivación y el fin que tuvieron nuestros antepasados, de hace 3.800 años, para hacer una ofrenda de estatuillas que representan a personajes importantes.
Para comprender la dimensión de las cosas hay que hacer un análisis integral de los hechos; hace ocho años se iniciaron las investigaciones en el Complejo Arqueológico de Vichama, atendiendo la iniciativa de la autoridad municipal, de ese entonces, del distrito de Végueta, provincia de Huaura. Al visitar el sitio, se pudo reconocer su importancia en relación con rasgos culturales compartidos con la civilización Caral pero, además, fue motivadora la información etnohistórica, registrada en las crónicas de Pablo Joseph de Arriaga y fray Antonio de la Calancha en el siglo XVII, que hacen alusión a un relato sobre el poblamiento de Végueta, las condiciones del territorio y sus recursos en esos tiempos míticos y los sucesos ocurridos entre dioses, semidioses y humanos, destacando el semidiós Vichama, una crisis climática y la falta de alimentos. Asimismo, se encuentran referencias a determinados rasgos geomorfológicos del paisaje y, entre ellos, a Anat, la isla creada al ser convertido en ella el curaca principal de ese nombre, y que hoy en día se conoce como la isla Don Martín, en relación con el relato del desembarco de don José de San Martín en la playa aledaña, denominada Tambo de Mora.
Es así como, a partir del 2007, un equipo de profesionales de la Zona Arqueológica Caral inició las actividades de investigación, conservación y puesta en valor de este sitio arqueológico, al que denominó Vichama, en relación con el relato mítico.
Lamentablemente, el sitio arqueológico había perdido en parte su paisaje cultural, se encontraron un número de viviendas construidas en y cerca de los monumentos, forados excavados en varios edificios monumentales e incluso un tanque de agua, instalado en la cima del edificio mayor por una autoridad edilicia; y a un personaje interesado en continuar con la lotización de este importante sitio.
Las investigaciones arqueológicas, realizadas hasta la fecha, evidencian un asentamiento con 16 edificios que formaban el centro urbano. Se han identificado conjuntos arquitectónicos, edificios públicos, residencias, conjuntos de viviendas, cenizales, conchales y cementerios.
En la sección baja, el edificio principal tiene una secuencia de construcciones monumentales, realizadas a través del tiempo. Es impresionante uno de los edificios antiguos: su fachada y plaza circular hundida están orientadas al norte y en la cima destaca el salón ceremonial con dos escenas, representadas en relieve, en dos niveles, en un muro y en la banqueta, asociada a este. Se han identificado 32 seres antropomorfos y dos ictiomorfos, cada uno mide aproximadamente 80 cm de alto por 60 cm de ancho.
En el plano inferior modelaron una secuencia horizontal de 16 personajes antropomorfos, de adultos, con rasgos famélicos y moribundos entre dos esqueletos, que representan a la muerte. De los 16 personajes de esta escena, se han expuesto siete de ellos. En el plano superior representaron una danza ritual de personajes jóvenes entre dos figuras de peces, y tienen también rasgos de carencia alimentaria.
En un período posterior, el edificio fue modificado y la fachada y una nueva plaza circular fueron construidas hacia el este, con rasgos arquitectónicos diferentes.
Es interesante señalar que en uno de los salones ceremoniales del período Tardío de este edificio destaca la representación en relieve de un sapo humanizado, en actitud de emerger del fondo de la tierra con un rayo que le cae en la cabeza. Estaría vinculada con ritos propiciatorios de las lluvias, considerando que, desde antiguo, las poblaciones andinas han incluido al sapo dentro de su ideología, como un ser relacionado con el agua, la agricultura y la fertilidad.
De estas representaciones, en asociación con otros datos cronológicos, se pueden inferir trascendentes significados simbólicos –posiblemente, relacionados con la productividad y la vida, la escasez, la muerte y los cambios cíclicos– que se habrían expresado en las actividades rituales. Se trata, asimismo, de uno de los edificios más importantes de la ciudad de Vichama, al parecer relacionado con la religión y el rol de la mujer en la producción alimentaria, como estaría indicado en uno de los importantes personajes recuperados en la ofrenda de las estatuillas mencionadas, que también ha sido encontrada en el valle de Supe, en el sitio de Miraya, y que podría estar vinculada a los mitos y rituales que permanecieron en la ideología de las sociedades andinas a lo largo del proceso cultural andino hasta la época inca. No obstante haber sido nuestro país pluricultural y multilingüe, compartieron un territorio megadiverso, atravesado por la cordillera andina, afectado por periódicos cambios cíclicos, y aprendieron a establecer redes de contactos e interacción permanentes para el aprovechamiento apropiado de los recursos en condiciones de paz para beneficio compartido.
Las tres estatuillas y las dos cabezas, hoy conocidas en el mundo entero, fueron encontradas entre arena, ceniza y material orgánico depositados para construir uno de los edificios de este principal. Los pobladores de Vichama de hace 3.800 años dejaron estas ofrendas de profundo significado simbólico. Por la posición en que fueron halladas, se trataría de una pareja de autoridades políticas vinculadas a la sacerdotisa.
Hay que señalar que los edificios fueron construidos con muros de piedra y mortero de arcilla, y emplearon depósitos estructurales compuestos por shicras (bolsas de fibra vegetal rellenas con piedras); tecnología sismorresistente aplicada desde la civilización Caral. Estos depósitos constructivos lograron que los edificios tuvieran una gran resistencia frente a los movimientos sísmicos.
Este recuento de los hallazgos nos permite establecer algunas conclusiones: la confirmación de la importancia de la mujer en la civilización Caral –la más antigua del continente americano–; la sacerdotisa evidencia un mayor poder y quizá por eso fue representada en un mayor tamaño y con 28 dedos.
Las representaciones en relieve con los seres antropomorfos pueden entenderse como la interpretación de los efectos que dejó el cambio climático que los afectó entre los años 1800 y 1850 a.C., pero del cual pudieron sobrevivir porque tuvieron acceso a actividades económicas complementarias, a la pesca y a la agricultura. Esta forma de organizarse de los peruanos de esa época tiene plena vigencia en nuestros tiempos, ya que tenemos, en ciernes, casi los mismos problemas que ellos afrontaron con éxito. La pregunta es: ¿nosotros somos conscientes de lo que significa el cambio climático en la existencia futura de la humanidad? ¿Estamos preparados para enfrentar un hecho de esas dimensiones? La respuesta no solo está en quienes conducen los países, sino en cada uno de nosotros.
Ruth Martha Shady Solís (Callao, Perú, 29 de diciembre de 1946), es una destacada antropóloga, arqueóloga y educadora peruana. Reconocida por su labor de revalorización y datación de Caral. Actualmente es catedrática de postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Mayor de San Marcos.
Esta destacada arqueóloga estudió en la G.U.E Juana Alarco de Dammert. Ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1964, y realizó estudios en los programas de Antropología y Arqueología. Ha hecho pasantías de especialización en los Estados Unidos y Francia. De 1975 a 1984 se desempeñó como jefa de investigaciones en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología, institución de la que fue directora en 1984.
Ha efectuado investigaciones en Végueta (Huaura), Maranga (Lima); Pacopampa y Chota (Cajamarca); Bagua (Amazonas). Estas últimas junto con el arqueólogo Hermilio Rosas LaNoire. Ha sido directora de la Escuela Académico Profesional de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y becaria de investigación en la Dumbarton Oaks (Washington), durante los años 1992-1993. Ha estado dedicada, además de la investigación y la docencia universitaria, a dirigir el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, entre los años 1997-2002, donde impulsó programas de difusión científica mediante exposiciones, conferencias y publicaciones. Fue Decana del Colegio Profesional de Arqueólogos del Perú en el período 2006–2007. Es coordinadora de la Maestría en Arqueología Andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos desde 2010, cargo que ocupó anteriormente entre 1999 y 2007. Es Presidenta del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios – ICOMOS Perú
Al mismo tiempo que Egipto florecía a orillas del Nilo, 5.000 años atrás, una cultura similar en complejidad empezaba a despuntar al norte de Lima en Perú, donde los arqueólogos han encontrado los restos de la civilización más antigua de América. Según la doctora Ruth Shady, Caral es la cuna de la civilización peruana y la sede del primer gobierno estatal. Caral fue ocupada hacia el tercer milenio antes de Cristo por gente con un nivel cultural tan desarrollado, que la cronología que hasta el momento se tenía de nuestro pasado ha tenido que ser replanteada.
En 1994 Ruth Shady inició una prospección en el valle de Supe, con excavaciones en 1996, cuyos resultados publicó en 1997, afirmando abiertamente la naturaleza precerámica de la ciudad sagrada de Caral, y de la primera civilización andina. Esta afirmación fue nuevamente recibida con escepticismo y rechazo por parte de los arqueólogos. Sin embargo, con el avance de las investigaciones, y nuevas publicaciones, así como las varias y sucesivas decenas de pruebas de radio carbono 14, quedaría finalmente demostrada la antigüedad, originalidad y naturaleza acerámica de la civilización Caral.
En febrero del 2018 obtuvo el Premio Nacional “Por las Mujeres en la Ciencia 2018”, distinción organizada por L’Oréal, la UNESCO, la Academia Nacional de Ciencias y el Concytec. La premiacion es la más importante del país a científicas peruanas, cuyos aportes contribuyen a afrontar desafíos planteados a la humanidad con relación a las áreas de Ciencias de la Vida, Ciencias Básica, Ingeniería y Arqueología.
La pionera que desenterró los secretos de Caral
Ruth Shady Solís, reconocida como una de las arqueólogas más importantes del Perú, ha dedicado su vida a desentrañar los misterios de la Ciudad Sagrada de Caral, la civilización más antigua de América. Su incansable labor de investigación y su pasión por el pasado la han convertido en una figura legendaria en el mundo de la arqueología.
En 1994, Ruth Shady fundó el Proyecto Arqueológico Caral, dando inicio a una aventura que cambiaría para siempre nuestra comprensión del pasado prehispánico. Bajo su dirección, las excavaciones en Caral-Supe revelaron una civilización sin precedentes, con una arquitectura monumental, un sistema social complejo y una organización urbana avanzada que data de entre 3.000 y 1.900 a.C.
El trabajo de Ruth Shady no se limita a la investigación científica. Ella ha sido una líder incansable en la preservación y puesta en valor de la Zona Arqueológica Caral, promoviendo la educación y el desarrollo sostenible de las comunidades locales. Su visión multidisciplinaria, que vincula el patrimonio arqueológico con las poblaciones actuales, ha sido fundamental para el éxito de sus proyectos.
La trayectoria de Ruth Shady se extiende más allá de Caral. Ha dirigido proyectos de investigación en la costa, sierra y selva del Perú, profundizando en el estudio del desarrollo de las organizaciones sociopolíticas complejas en diferentes regiones del país. Su trabajo ha contribuido significativamente al conocimiento de las culturas prehispánicas y ha inspirado a nuevas generaciones de arqueólogos.
Ruth Shady es un ejemplo de dedicación, pasión y rigor científico. Su trabajo ha transformado nuestra comprensión del pasado prehispánico del Perú y ha abierto nuevas vías de investigación. Su legado continuará inspirando a las futuras generaciones de arqueólogos a explorar los tesoros que aún guarda nuestro suelo.
Publicaciones
Bagua: del periodo formativo en la cuenca inferior del río Utcubamba (1971);
Intensificación de los contactos entre sociedades andinas como preludio al movimiento Huari del Horizonte medio (1981)
La cultura Nievería y la interacción social en el mundo andino en la época Huari (1982);
La interacción regional durante la época Huari (1988);
Sociedades del nororiente peruano durante el formativo (1992);
La ciudad sagrada de Caral-Supe en los albores de la civilización en el Perú (1997);
La ciudad sagrada de Caral-Supe.
La organización de la civilización andina y la formación del Estado prístino en el Arcaico Tardío (2003),
Caral, la ciudad del fuego sagrado (2004),
La civilización de Caral-Supe: 5000 años de identidad cultural en el Perú (2005);
La ciudad sagrada de Caral: símbolo cultural del Perú (2006);
«Caral-Supe and the North-Central Area of Peru: The History of Maize in the Land Where Civilization Came into Being», en el libro Histories of Maize (2006)
«America’s First City? The Case of Late Archaic Caral», en la revista Andean Archaeology III (2006)
La tierra sagrada de Caral-Supe(2007):
Premios y reconocimientos
Premio Nacional por las Mujeres en la Ciencia 2018 de L’Oreal, Unesco y Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec). 2019.4
Reconocimiento, por parte de la BBC, como una de las «100 mujeres más influyentes e inspiradoras» 2020.5
Orígenes de la Civilización Peruana Teorias Actuales
a) La Teoría Hologenista de Luis Guillermo Lumbreras: Sostiene la influencia externa asociado a los logros internos.
b) Moseley, plantea el impulso civilizador debido a la pesca marina intensiva en la costa.
c) La Nueva Tesis de Kauffmann: Propone concretamente que la dinámica civilizatoria afloró por presiones demográficas (Asociado a la agricultura).
d) La tesis de Ruth Shady Solís: Caral, con una antigüedad de 5,000 años y contemporánea a Egipto, sería la cuna de la civilización en el Perú. Ubicada en el valle de Supe al norte de Lima, es considerada una de las ciudades más antiguas del mundo y la más antigua de América.
Luis Guillermo Lumbreras
Luis Guillermo Lumbreras Salcedo (Ayacucho, Perú, 29 de julio de 1936) es un destacado antropólogo, arqueólogo y educador peruano. Reconocido como uno de los arqueólogos más brillantes de América Latina porque impregnó una nueva perspectiva a la arqueología con valiosos aportes, no sólo en el aspecto descriptivo y analítico, sino también en el plano teórico de la definición de la arqueología peruana. Es el impulsor de la llamada arqueología social, que no se limita a la recopilación de datos, sino que participa del desarrollo y la integración de la sociedad. Planteó la teoría hologenista sobre el origen de la cultura en el Perú, que sostiene que en ella actuaron tanto elementos propios o autóctonos, como foráneos.
Michael E. Moseley
Michael Edward Moseley es un americano antropólogo en la Universidad de Florida.
Fue director de Chan Chan – Valle Moche proyecto en Perú, un estudio y excavación de sitios urbanos y pre-urbanos en el Valle de Moche entre los años 1969 a 1975, y fue asesor del Instituto Nacional de Arqueologia en reconocimiento de Tiwanaku y sitios relacionados en las tierras altas del norte de Bolivia en 1976 y desde 1978 hasta 1979. Fue director del proyecto de investigación, mapeo y excavación de los sistemas de irrigación prehispánicos en el norte de Perú desde 1976 hasta 1980.
Moseley es científico senior de Programa Contisuyo, la exploración de los yacimientos arqueológicos en el departamento de Moquegua , en el sur de Perú , desde 1980 hasta la actualidad.
En 1975, Michael Moseley postuló la fundación sobre bases marítimas de la civilización andina (The Maritime Foundations of Andean Civilization) aunque el descubrimiento de Caral aún no se producía y las evidencias arqueológicas eran bastante más escasas que hoy en día. Este planteamiento contrastaba con el origen amazónico de la civilización andina postulado por Julio C. Tello.
Los descubrimientos de Caral añaden una nueva dimensión a una teoría propuesta por el arqueólogo Michael Moseley en los 70’s: que la civilización costera de Perú estuvo enfocada en el mar y desarrolló deforma independiente de las posteriores culturas de las montañas.
Ruth Shady
Ruth Shady Solís (Callao, Perú, 29 de diciembre de 1946), es una destacada antropóloga, arqueóloga y educadora peruana. Reconocida por su labor de revalorización y datación de Caral. Actualmente es catedrática de postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Mayor de San Marcos.
Al mismo tiempo que Egipto florecía a orillas del Nilo, 5.000 años atrás, una cultura similar en complejidad empezaba a despuntar al norte de Lima en Perú, donde los arqueólogos han encontrado los restos de la civilización más antigua de América. Según la doctora Ruth Shady, Caral es la cuna de la civilización peruana y la sede del primer gobierno estatal. Caral fue ocupada hacia el tercer milenio antes de Cristo por gente con un nivel cultural tan desarrollado, que la cronología que hasta el momento se tenía de nuestro pasado ha tenido que ser replanteada.
En 1994 Ruth Shady inició una prospección en el valle de Supe, con excavaciones en 1996, cuyos resultados publicó en 1997, afirmando abiertamente la naturaleza precerámica de la ciudad sagrada de Caral, y de la primera civilización andina. Esta afirmación fue nuevamente recibida con escepticismo y rechazo por parte de los arqueólogos. Sin embargo, con el avance de las investigaciones, y nuevas publicaciones, así como las varias y sucesivas decenas de pruebas de radio carbono 14, quedaría finalmente demostrada la antigüedad, originalidad y naturaleza acerámica de la civilización Caral.
Todo empezó a finales de octubre de 1994. Entonces, la doctora Ruth Shady junto con un equipo de jóvenes arqueólogos de la Universidad de San Marcos llegaron al extenso valle de Supe, al norte de Lima. Los guiaba solo una sospecha: ahí, entre la pampa desértica, a la que pocos investigadores le prestaban atención, se ocultaban vestigios de sociedades precolombinas muy antiguas que podían dar nuevas luces sobre nuestro pasado milenario.
El tiempo no solo les dio la razón, sino que se sobrepasaron ampliamente sus expectativas. “Yo había leído las prospecciones del arquitecto Carlos Williams en Supe, pero no pensé que se trataran de monumentos tan antiguos”, dice Ruth Shady mientras recuerda esos primeros fines de semana de exploración en Caral, cuando, con sus estudiantes, tenía que armar una carpa en medio de la nada para pasar la noche.
La historia del descubrimiento de la ciudad sagrada de Caral es también el relato de una incansable búsqueda de subsistencia y apoyo económico. “En estos 19 años hemos tocado todas las puertas posibles y a veces, cuando conseguíamos sensibilizar a los gobernantes, venían cambios de autoridades y todo volvía a fojas cero”, cuenta la investigadora.
LOS PRIMEROS AÑOS ¿Qué le hizo prever que ahí, en el valle de Supe, se escondía algo importante?
Yo había leído los trabajos de Paul Kosok sobre la importancia de las sociedades costeñas, entre ellas las de Supe. También había visto una tesis de un colega norteamericano sobre el sitio de Áspero, donde se definían sociedades precerámicas con una arquitectura monumental. Sin embargo, cuando me encontré con algo tan impresionante como Caral, pensé que era de un período más reciente, contemporáneo a Casma o Chavín. Pero, después de dos años de prospección, me di cuenta de que estábamos frente a un hecho histórico diferente. Entonces, ya tenía a Caral metido en el alma y solo quería definir de qué período databan esos asentamientos.
¿Usted ha contado que tuvo que tocar muchas puertas para lograr que las autoridades políticas y académicas se interesaran en Caral?
Hasta el año 2001 trabajé con pequeñas ayudas de la Universidad de San Marcos. El rector de entonces, Manuel Paredes, visitó Caral y quedó impresionado con lo que vio, y, como era directora del museo de arqueología de la universidad, podía llevar los fines de semana a estudiantes voluntarios para realizar excavaciones.
En el 2001 visitó Caral el entonces ministro de Educación Marcial Rubio y su esposa, Margarita Gisecke, una colega mía que lamentablemente ya falleció. Ellos quedaron maravillados y recuerdo que me dijeron “esto tiene que verlo el presidente”. Dos semanas después, el propio presidente Valentín Paniagua y sus ministros estaban en Caral. Los hice caminar hasta las 4 de la tarde. Fue una experiencia sin parangón. Al final, el presidente me preguntó qué necesitábamos para dar a conocer Caral al mundo. Le dije que queríamos convertir este patrimonio en un motor de desarrollo para la población local, gente rural dedicada mayormente a la agricultura. Así, empezamos a tener un presupuesto para las investigaciones en Caral, que después, con el cambio de gobierno, tuvimos que volver a negociar y pasamos a depender del Instituto Nacional de Cultura, donde estamos hasta el presente, ahora como parte del Ministerio de Cultura. Son 19 años en los que, con mucho esfuerzo de todo un equipo, hemos puesto en valor el monumento, pero también hemos continuado las tareas de investigación y de conservación, no solo en Caral, sino en 11 sitios en los que estamos trabajando a la fecha.
¿Cómo fue el momento en que se confirmaron las pruebas en el extranjero y se anunció la antigüedad de Caral?
Fue en un encuentro en Chicago, donde unos colegas de Estados Unidos se me acercaron y me propusieron ayudarme para obtener los fechados de los monumentos de Caral. Antes ya había remitido pruebas a Alemania, pero no obtenía los resultados. Estamos hablando de 1999 y, como no tenía presupuesto, acepté el ofrecimiento. Mi sorpresa fue que, después de un tiempo, cuando se anunciaron los resultados, ellos se presentaron ante el mundo como los investigadores de Caral. Fue una experiencia terrible y solo me quedó defender los derechos que consideraba nos correspondían después de tantos años de trabajo. Comprendí entonces que existen malas intenciones y celos, sobre todo cuando se cambian paradigmas históricos.
La doctora Ruth Shady profundizó, en 1992, sus investigaciones sobre los orígenes de la civilización andina en el área norcentral del Perú. Con un grupo de arqueólogos peruanos, ella había revisado las evidencias obtenidas en investigaciones previas en Bagua y la bibliografía disponible.
EN 1993, como resultado de sus estudios del año anterior, Ruth Shady publicó el artículo “Del Arcaico al Formativo en los Andes Centrales” en la Revista Andina del Centro Bartolomé de las Casas, donde examinaba la información del fenómeno Chavín (1800-200 a.C.) que era la síntesis de un proceso cultural que venía ocurriendo desde siglos atrás. Nadie se imaginó entonces que estaba atrapando la punta de una madeja que pronto iba a cambiar la historia.
Y el tiempo se ha hecho corto. Hoy, con el Pago a la Pachamama, comienzan las celebraciones de uno de los hallazgos más extraordinarios en nuestra historia. Hace 19 años se iniciaron las investigaciones sobre la civilización Caral y ahora se darán a conocer los avances en la investigación, conservación y difusión de los valores de esta cultura, así como las acciones realizadas para la ejecución de los proyectos de desarrollo, planteados en el Plan Maestro, con la finalidad de fomentar un crecimiento sostenible.
ESPACIO Y CONMOCIÓN
Aquella vez, la primera que visité Caral, me sentí en el origen de este mundo al reconocer las entrañas de la Ciudad Sagrada, y escribí: “Toco el génesis de mi civilización. Este viento del tiempo telúrico está en sus piedras articuladas a los constructos piramidales. Aquí vivieron los primeros peruanos 2.627 años antes de Cristo. Mucho antes
de nuestra era y su confín. Y en esta soledad intemporal que me conmueve, digo, la inmensidad espacial es un portento”.
Había partido de Lima tres horas antes. El bus me trajo a Barranca, 197 km por la Panamericana Norte. La ciudad es un emporio comercial; tiene agro y océano. Bajé a la playa y ahí estaba lo de ‘Tato’, el chef que le dio brillo al “tacu tacu”. Con alma marina, ¡qué de mariscos y crustáceos!, ¡qué de aromas de nuestro mar! Como afirma el maestro Lenin Gonzales, hasta antes de Caral se consideraba que en los inicios de la civilización andina los antiguos peruanos se organizaron en aldeas, dedicados a la recolección de tubérculos y mariscos y la caza en pequeña escala. Se creía también que en los momentos previos a la aparición de la cerámica (1800 a.C.) se construyeron los primeros templos, como La Galgada y Kotosh, y que los grandes conjuntos de pirámidescorresponden al período siguiente: Inicial (1800 a.C. a 800 a.C.). Sin embargo todo eso cambió, pues las investigaciones realizadas desde 1994, dirigidas por la doctora Shady, demuestran que en tiempos tan remotos como hace 5000 años, Caral ya era una vibrante ciudad de monumentales pirámides.
Si Egipto es lo que es, si las civilizaciones de la Mesopotamia tienen ausencia de memoria, si la China suma el tiempo en otros dígitos, Caral es contemporánea a ese momento histórico.
Como afirma la maestra Shady, Caral es la organización urbanística más antigua de esta parte del mundo. Cierto es que el sitio fue descubierto en 1905, pero la ausencia de cerámica y otros datos faltantes impidieron que los arqueólogos se percataran de su antigüedad.
En 1949, los primeros que llamaron la atención sobre Caral fueron el viajero estadounidense Paul Kosok y el arqueólogo Richard Schaedel. En su informe, publicado en el libro Life, Land and Water in Ancient Peru (1965), mencionan a Chupacigarro –como se le conocía a Caral entonces– que debía ser un centro ceremonial muy antiguo, pero no pudieron explicar su antigüedad. Las pirámides y sus teatros confirman que Caral fue construida por una sociedad de organización sociopolítica que ya conocía el concepto ‘Estado’.
Al ingresar a Caral, encuentro el anfiteatro perfecto y circular. Ahí se hallaron hasta 15 instrumentos musicales. Una orquesta. Pero hay más: las pirámides de más de 150 metros de planta y muros de hasta 20 metros de elevación confirman los 600 años de ocupación.
VERDAD CONTINUA
Caral es mucho más que ese engranaje espacial. Es una verdad irresuelta. He tocado sus piedras y su imaginario. He temblado con su energía. He celebrado mi sorpresa. Y luego, regresar a Lima alucinado. No sé a qué tiempo pertenezco y eso me explota en el corazón.
INFINITO CONCRETO
He vuelto a Barranca y en un taxi –por cinco soles– me llevan a Caral. A tiro de piedra está Supe. Su valle es prominente y ubérrimo. Su puerto, un poema de Blanca Varela.
Una carretera entre sembríos de una naturaleza vigorosa nos acerca al lugar. Desde el auto uno siente un ligero temblor personal. Estoy frente a la seguridad de lo
imprevisible. El ascenso demora 40 minutos, quebrada arriba. De pronto se cruza el río y sobre un promontorio macizo, aparece Caral. Aparece el infinito concreto.
Fuente: Revista Variedades – El Peruano Escribe: ELOY JÁUREGUI