Con monitoreo satelital supervisarán la situación de glaciares de Áncash

Un total de 16 estaciones meteorológicas e imágenes satelitales en tiempo real, servirán para realizar el monitoreo de los glaciares de Áncash y conocer su situación real, para adelantarse a los posibles efectos adversos del cambio climático.

Así lo informó, Benjamín Morales Arnao, titular del Instituto Nacional de Investigación de Glaciares y Ecosistemas de Montañas (Inaigem), organismo técnico de reciente creación y que está adscrito al Ministerio del Ambiente.
«Estamos haciendo las coordinaciones con la universidad Santiago Antúnez de Mayolo, para hacer uso de un completo sistema de estaciones meteorológica de última generación, así como un sistema de información de imágenes por satélite que ellos tienen y que son los mejores del Perú», aseveró.
Detalló que son 16 estaciones que están distribuidas en toda la región y que podrán operar de manera conjunta con la universidad, lo cual es un logro importante para obtener información valiosa sobre los cambios que suceden en los glaciares por el incremento de la temperatura.
Informó que estas estaciones meteorológica van a permitir contar con información útil para los ecosistema de montaña, ya que se podrá conocer sobre el recurso hídrico que se contará en las partes bajas.
Morales recalcó que fruto de esta cooperación la universidad contratará a personal especializado, como meteorólogos y otros profesionales, que podrán operar dichas estaciones meteorológicas.
«Al usar un centro de recuperación de imágenes por satélite en tiempo real, vamos a tener la oportunidad de usar esto en forma diaria para tener los pronósticos que serán de gran utilidad para la parte agrícola y la generación de energía», subrayó.
El titular de Inaigem mencionó también que este año empezarán a estudiar la zona norte de la Cordillera Blanca y diversas lagunas como la laguna 513, ubicada en la provincia de Carhuaz, en la región Áncash, para conocer su situación y los riesgos que tendría por los efectos climáticos.
Precisamente el Inaigem se encargará de liderar las acciones de respuesta frente a los efectos del cambio climático en el Perú, ya que el país es muy vulnerable a este fenómeno que ya se registra de manera global.
La sede de este organismo técnico se ubicará en Huaraz, en un terreno de tres hectáreas que fue donado por la Municipalidad Distrital de Independencia.
Cambio climático: Los glaciares fatales del Perú

Callejón de Huaylas, en Perú, donde existen cerca de 400 lagunas de origen glaciar. / ERNESTO BENAVIDES

No fueron uno ni dos aluviones los que asolaron el departamento de Ancash, en el norte de Perú, en el siglo XX. Fueron por lo menos cinco, importantes, que provocaron cientos de muertos. En algún caso fueron miles, como ocurrió en la ciudad de Yungay la tarde del 31 de mayo de 1970, hace 45 años, cuando millones de metros cúbicos de hielo provenientes del Huascarán, el monte más alto del Perú (6.768 metros) se desprendieron a raíz de un terremoto de 7,7 grados de magnitud.

El saldo fatal fue de cerca de 15.000 víctimas mortales que se sumaron a otras 50.000 más causadas por el mismo sismo, que devastó numerosos pueblos, ciudades y carreteras. Mark Carey, profesor de Historia de la Universidad de Oregón, norteamericano de origen, se ha internado por esta tormentosa ruta glaciar para, además de hacer su tesis doctoral, producir el libroGlaciares, cambio climático y desastres naturales, una obra que deshiela el pasado y el futuro.

Un aluvión de aluviones

También el presente, por supuesto, porque persiste la amenaza de una avalancha de origen glaciar en este país, que ha sufrido la mayoría de desastres de este tipo en todo el planeta. La saga que explora Carey comienza con el aluvión de Huaraz (capital del departamento) en 1941, que produce más de 4.000 muertos; sigue con el de Chavín, que acaba con la vida de unas 500 personas, y continúa con el de Los Cedros, que mata a por lo menos 200.

Las mayores tragedias, sin embargo, ocurren en la década de los sesenta. En 1962, Ranrahirca, una ciudad ubicada al pie del Huascarán, como Yungay, es arrasada por un aluvión causado por un inmenso bloque de hielo desprendido del nevado, que baja devorando campos, pueblos y vidas. Sólo ocho años después llega la hecatombe de 1970, que en su momento remeció a Ancash, al Perú, a todo Sudamérica. Al mundo entero porque fue una de las fatalidades sísmicas más grandes.

Nevado Pirámide de Garcilaso (5.885 metros). Su belleza es arrobadora, pero, como otras montañas, abriga un riesgo para las poblaciones vecinas. / ERNESTO BENAVIDES

¿Qué ocasiona esto, qué mantiene la amenaza latente y qué descubre Carey? En este territorio, hermoso como pocos, denominado por algunos como «la Suiza peruana» por su parecido con el país alpino, existen una cadena nevada denominada, por visibles y hermosas razones paisajísticas, Cordillera Blanca. Podría decirse que, incluso, tiene un parecido con Nepal, esa nación hoy agobiada por dos sismos y que también ha sufrido avalanchas en el Himalaya.

Son cerca de 600 glaciares distribuidos a lo largo de unos 200 kilómetros, varios de ellos de más 6.000 metros de altura, y que hacen vecindad con el Callejón de Huaylas, un valle verde y deslumbrante que yace a los pies de este conjunto de montañas, que Carey en una parte llama «el hielo asesino de los Andes». No es para menos, por lo ya descrito y por registros históricos a los cuales el autor se asoma, que hablan de tragedias similares ocurridas en los siglos anteriores.

La glaciología pionera

Como en otras zonas del mundo, el retroceso glaciar avanza en la Cordillera Blanca. El cambio climático lo agudiza y puede aumentar el riesgo de desastres. / ERNESTO BENAVIDES

Esa combinación de presencia sobrecogedora y poblaciones vulnerables —debido a que, tras la Conquista, se asentaron en lugares donde el hombre prehispánico no lo hizo— ha resultado literalmente mortal desde el siglo XX, antes y hasta la actualidad. En los últimos años, como bien se desprende de las rigurosas líneas de Carey, un germinal pero incipiente cambio climático fue, lenta pero terriblemente, estimulando las tragedias de origen glaciar.

A pesar de de establecer con precisión las coordenadas científicas de estos fenómenos, el autor va más allá porque justamente busca otra cosa: establecer cómo cambió la sociedad ancashina por estos dramáticos hechos, cómo se relacionó con el Estado y cómo se generó, por las desoladoras consecuencias de los aluviones, una generación de científicos peruanos, de glaciólogos, que fue realmente pionera en el estudio de los hielos a nivel mundial.

Lo que hace Carey es Historia Ambiental con mayúsculas, una disciplina que recién crece al ritmo del cambio climático y otras señales del ambiente que invitan a revisar nuestro devenir en la Tierra con ojos más inclusivos. En el caso de las tragedias ancashinas, percibe el surgimiento de ese núcleo profesional, que se especializa en el tema a causa de las desgracias y que terminan “actuando como intermediario entre el gobierno nacional y el Callejón de Huaylas”.

Laguna Parón, la más grande de la Cordillera Blanca. Varias veces ha estado a punto de desbordarse y provocar un desatre de enormes proporciones. / ERNESTO BENAVIDES

En ese viaje siguieron ocurriendo los aluviones de origen glaciar, pero la glaciología peruana hizo un aporte desde la periferia al centro, como bien apuntó en la presentación del libro el historiador Jorge Lossio. A la vez, también ocurrieron hechos penosos, como la resistencia de algunos estratos sociales a la reconfiguración de la ciudad de Huaraz, tras el aluvión de 1941, una pequeña y penosa historia que el autor del libro relata con cierto minucioso detalle.

“El aluvión erosionó los indicadores de esta distinción social”, sostiene Carey al describir esas resistencias, que incluso hicieron que muchas personas insistieron en ponerse en el mismo cono aluviónico, con lo que aumentaban su propia vulnerabilidad. Simultáneamente, aparecerían en el escenario los turistas, las empresas que edifican hidroeléctricas y otros actores que van configurando lo que en el mundo académico contemporáneo se llama economía del desastre.

La privatización de los glaciares

Se produjo una trágica falta de visión de parte de algunas autoridades y pobladores, que trataba de ser contenida por los glaciólogos, que hasta proponían traslados. No siempre fueron escuchados y tuvieron que convenir en hacer drenaje de lagunas, algo que sirvió para evitar algunas desgracias pero no pudo evitar otras. Ya en los noventa, Carey registra la impronta de la nueva economía, de la globalización y la apertura de mercados aterrizando sobre los hielos tropicales.

El hielo de estas montañas inmensas suele agrietarse por las lluvias, por los sismos o por el cambio climático. Entonces crece el peligro de las avalanchas. / ERNESTO BENAVIDES

Lo llama «la neoliberalización de los glaciares» y es un tiempo en el cual las grandes empresas pisan fuerte en los glaciares ancashinos, sobre todo la norteamericana Duke Energy, que insiste en represar algunas de las cerca de 400 lagunas de origen glaciar que, como consecuencia de los deshielos, existen en la zona. El súmmum de esta deriva es el cierre de la Unidad de Glaciología y Recursos Hidrológicos en tiempos del presidente Alberto Fujimori (1990-2000) que, al son de la privatización, llegó al extremo de desproteger a la población cerrando esa entidad.

Dicha instancia era heredera de otras anteriores (Comisión de Lagunas, Corporación del Santa, por el río que recorre el Callejón y otras), y ya había incurrido en la tentación de pensar más en la generación de energía que en el riesgo potencial de desastres para los pobladores de Ancash. Pero los tiempos fujimoristas, tan llenos de corrupción y desatado ultraliberalismo, parecen haber sido los peores, pues “significaron mayor vulnerabilidad ante las amenazas glaciares”.

En su navegación por esta cordillera nevada, Carey se encuentra además con una falsa alarma emitida por la NASA en el 2003, en torno a una laguna denominada Palcacocha, ubicada al pie del nevado Cupi. Revuelo, desesperación, a partir de una «grieta ominosa en el hielo», que no fue tal, como luego demostraron los glaciólogos peruanos. En los hechos, la ciencia «de la periferia» le enmendaba la plana a un organismo de ese nivel, que no supo diferenciar el hielo de la roca.

La amenaza latente

Las lagunas glaciares han sido drenadas por años, para evitar desastres. Pero en los últimos años se ha puesto en valor su potencial hidroeléctrico. / ERNESTO BENAVIDES

Al momento de escribir estas líneas, la Unidad de Glaciología en Ancash vive otra vez, ya que fue restablecida en el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006). Duke Energy sigue allí, como propietaria de la Hidroeléctrica del Cañón del Pato, y las inmensas montañas aún muestran su manto blanco. No obstante, en los últimos años el cambio climático ha ido derritiendo parte del paisaje y las esperanzas de este lugar, uno de los más hermosos y espectaculares de la Tierra.

Se estima que, desde 1970, los glaciares de la Cordillera Blanca han retrocedido al menos en un 30%. Uno se para en la ciudad de Huaraz y ya no se ve tanta nieve en las montañas circundantes, como cuando ocurrió el destructor aluvión en 1941. Aún así, o precisamente por eso, por el derretimiento de los hielos supuestamente eternos de los Andes, la peligrosa amenaza persiste y esta historia de Carey lo cuenta, lo advierte. Lo registra con rigor y emoción.

 

Fuente: El Pais

Parque Nacional Huascarán

Fecha de Inscripción: 06/12/1985
9ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, París, 02-06/12/1985

Presentación

Localizada en la Cordillera Blanca de la Región Ancash, es el segundo parque más alto en los Andes Sudamericanos y constituye el corazón de la cadena montañosa tropical más alta del mundo, superando los 6000 metros de altura.

El parque Huascarán posee 27 montañas, 663 glaciares, 269 lagos y 41 ríos. Además, conviven diversas especies de fauna como la vizcacha, la vicuña, el puma, el ciervo de cola blanca, el cóndor, el gato y el zorro andinos, e innumerables especies de flora nativa, entre las que destaca la Puya de Raimondi.

Criterios

El Parque Nacional Huascarán fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1985 bajo el Criterio N (iii) de la Convención:

(iii)          Características naturales superlativas y excepcional belleza natural. Huascarán es el segundo parque mas alto de los Andes Sudamericanos y se encuentra en el centro de las montañas tropicales mas altas del mundo. La meseta de la alta puna, los glaciares y el grupo de picos sobre los 6,000 msnm hacen de éste uno de los mejores escenarios de todas las montañas de la región.

Yayno: Cima del Mundo

Ciudadela Fortificada de la Tradicion  Recuay.

Si bien Raimondi la avizora y Tello la estudia parcialmente, la ciudadela de Yayno, ubicada en las recónditas alturas conchucanas, es uno de los asentamientos prehispánicos de menor visita científi ca. Una expedición financiada por National Geographic y la Academia Británica llegó recientemente a la cima donde reposa.

Desde las primeras décadas del siglo XX, las ruinas de Yayno (Pomabamba) han sido reconocidas en la arqueología andina. Su ubicación, al pie de la Cordillera Blanca, y el enorme esfuerzo que supuso su construcción, causó la admiración de Tello (1929: 29), quien visitó el sitio en 1919 y lo utilizó como base de su teoría sobre la distinta trayectoria de la civili- zación autóctona en el Perú. Sin embargo, el sitio no ha tenido las investigaciones sistemáticas que merece para aclarar su rol en la prehistoria andina. Presentamos los resultados preliminares del Proyecto Arqueológico Yayno-2006, que busca reestablecer la secuencia de ocupación, la organi- zación del espacio y las obras arquitectónicas del sitio. Se inician, de esta forma, las investigacio- nes para reconstruir el carácter y el surgimiento de la complejidad sociopolítica Recuay durante el primer milenio d.C.

Los antecedentes y las labores de 2006 Ubicado en la margen sur del valle de Pomabamba, Yayno reposa sobre un promontorio alto, a 4.170 msnm, en una zona formada por tributarios del Yanamayo originados en las vertien- tes orientales de la Cordillera Blanca, en la cuenca superior del Marañón. Su área de infl uencia contiene terrenos apropiados para una economía mixta: agrícola y ganadera. Terrazas agrícolas contiguas permitieron una densa población en zonas tan altas, ‘agrestes e inhospitalarias’ (Tello 1929: 29-30).

Califi cado como asentamiento tipo fortaleza o ciudadela (Tello 1929: 31), con funciones administrativas y ceremoniales (Kauffmann 2002: 487-488), Yayno tiene una extensión mayor a las 100 Has. Es evidente que el sitio tuvo carácter monumental, no sólo por su ubicación estratégica, sino por sus construcciones imponentes (Apolín G. 2004; Bartle 1981; Kinzl 1935; Ravines 2005; Soriano 1947), con testigos arqueológicos monumentales cada 30 hectáreas.

El montículo del sector monumental, ‘gigantesca pirámide’ (Tello 1929: 30), está formado por altas terrazas escalonadas y platafor- mas sobre las cuales erigieron un complejo de plazas, construc- ciones defensivas y otros conjuntos arquitectónicos, hasta la cima. La mayoría de edifi cios tiene acceso restringido, con pocas entradas, ventanas y rutas de ambulación. Más de 30 construcciones circu- lares cilíndricas fueron establecidas con muros concéntricos, formando ambientes periféricos en el interior. Tienen, cada una, diámetros que oscilan entre 15 y 25 m, con paredes altas que dan la impresión de ser torreones. Se puede identifi car, asimismo, más de una docena de recintos cuadrangulares, cada uno con plazuelas en el interior y habitaciones a los lados. El edifi cio más grande mide 30 m de ancho y 10 m de altura. Cabe destacar (Quebrada Los Cedros).

La cerámica es fina: más del 30% de la muestra es de pasta kaolinita fi na, con engobe rojo y pintura polícroma y/o negativa, en típicos diseños recuay (Grieder 1978).

Se encuentra en formas tipo cuencos (con bases anulares) y kancheros.

Recuperamos la cerámica fina en asociación con cerámica utilitaria (cántaros, ollas), sugiriendo que fueron usadas y depositadas coetáneamente. La cerámica se encuentra en los pisos de construcciones y en capas de relleno y caída. Si bien los análisis siguen en proceso, ya hay dos fechados en niveles de su ocupación tardía (asociados con Recuay Tardío): 670±40 d.C. y 690±50 d.C. (calibrados). Cabe notar que, hasta el presente, no tenemos evidencia de estilos tempranos como Chavín y Huarás Blanco sobre Rojo. Tampoco hay evidencia inca.

Las investigaciones confi rman que el sitio era un centro protour- bano recuay de alta importancia. Excavaciones en ambientes interiores de los conjuntos circulares y cuadrangulares descu- brieron morteros/chancadores, objetos cotidianos, basurales y fogones de función doméstica intensiva. Estos elementos indican que los edifi cios eran residenciales, aunque respondían a una orientación monumental por estar destinados a grupos de extensión considerable, organizados por parentesco, ocupación o estatus, quizás como linajes o ayllus. Indican la coexistencia de grupos segmentarios de varios tamaños que, juntos, consti- tuyeron la comunidad yayno. Aún no es claro si los conjuntos funcionaron como castillos (Tello 1929), para funciones rituales (Kauffmann 2002) o astronómicas (Apolín 2004). Protegidos por muros altos sin ventanas ni entradas, la vida social se centró en sus recintos.

Varios elementos arquitectónicos tenían un carácter defensivo: ubicación estratégica, muros monumentales y periféricos, otros con parapetos, fosos y trincheras, acceso restringido, agrupación de cuartos y conjuntos, recintos cerrados y murallas largas y paralelas. La evidencia enfatiza que el tipo de asentamiento más signifi cativo en el mundo recuay era la marca o aldea fortifi cada.

Estos patrones indican una forma de socialización que valori- zaba la guerra y la defensa. Las prácticas ceremoniales incluyeron fi gurines de animales (ofrendas), objetos de prestigio (hachas, metales, cuentas de piedras, conchas) y piruros de cerámica y de piedra que indican la importancia de la textilería. También se encontraron restos óseos animales, mayormente camélidos. Hasta el presente no se encuentra en el complejo mucha evidencia de interacción foránea ni de prácticas funerarias, que sí se ve en otros asentamientos recuay (Lau 2000; 2005).

Varios pozos produjeron restos de arquitectura más temprana, de diversas fases de construcción (muros, cimientos, pisos). Indican que la historia de construcción y uso del sitio es complejo, consistente en varios episodios de construcción, renovación y destrucción. Por la cerámica se puede notar que Yayno podría haber tenido varias fases de ocupación, quedando aún muchos de sus elementos en proceso de análisis. Podemos concluir que era una ciudadela muy grande y de función diversa, que no sólo cuenta con evidencia arquitectónica sino con una distribu- ción de artefactos que sugiere poder político y económico.

Es seguro señalar que surgieron facciones poderosas recuay en la zona de infl uencia yayno, probablemente organizada en forma de curacazgo o reino pequeño. Los más conocidos se desarrollaron en los alrededores de Cabana y de Huaraz. Pero otro foco fl oreció en las alturas de Pomabamba, con su centro en Yayno.