Arquitectura Inca como expresión de poder: Pachacamac

Introducción.

La arquitectura monumental del complejo de Pachacamac es un tema que ha sido tratado ampliamente. En este sentido, ha llamado la atención el desarrollo urbano y el carácter de asentamiento al interior de la primera y segunda muralla en la que confluyen grandes edificios desde periodos tempranos. Tal es el caso del Templo Viejo (Intermedio Temprano) abordado por Franco (1993a, 1993b), Franco y Paredes (2016); y el complejo de adobitos por Marcone (2001). El caso del Horizonte Medio es aún incierto a nivel de arquitectura que pueda marcar diferencias, debido a la falta de estudios concretos de edificios construidos propiamente para esta época, siendo solo abordado por Paredes (1985) y Franco y Paredes (2016) a través de fases superpuestas a los ya existentes Templo Viejo y Templo Pintado.

Caso contrario ocurre con los edificios denominados Pirámides con Rampa (Eeckhout 1995, 2000, 2003, 2010). Eeckhout basa sus estudios a partir de una caracterización de fundación y clausura de las Pirámides con Rampa, y sostenidas en base a fechados. Además, postula una propuesta teórica basada en la jerarquía entre los edificios y la sucesión de gobernantes principales que construyeron cada Pirámide-Palacio principal (concretamente PCR1, 2, 3, 7 y 12). Postula también que a la par de lo anteriormente descrito, se dio la presencia de ocupaciones transitorias de peregrinos, que ocuparon los espacios abiertos (patios) de estos edificios; remodelados en ciertos aspectos por una arquitectura en muros de quincha o muros ordinarios, dando paso a ocupaciones domésticas en los mismos (Eeckhout 2004; Eeckhout y Luján 2013a).

La arquitectura inca ha sido también un tema muy discutido para el complejo monumental de Pachacamac en estos últimos años. De acuerdo a las evidencias, se ha venido sosteniendo que muchos edificios fueron construidos en dicha época (Makowski 2015). Sin embargo, esto no parece ser del todo cierto, como bien pudimos argumentar en el ciclo de conferencia organizado por el Qapaq Ñan – Ministerio de Cultura y el simposio organizado por la FCS-EAPA de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Eeckhout y Luján 2016a, 2016b). Los cambios de una arquitectura sobre otra se observan claramente al interior del complejo monumental, lo cual se hace evidente en el edificio B15, el cual fue remodelado tras ser ocupado por los incas. Por lo tanto, el carácter formal de continuidad en el sitio se basa en remodelaciones y renovaciones de edificios particulares; en principio como consecuencia de procesos de coyunturas de poder político, la cual pudo darse en las esferas de las élites en Pachacamac a la llegada de los incas. Una vez transcurrido este hecho, el Estado inca (en el Horizonte Tardío) habría fortalecido su poder político con la construcción de edificios como el Templo del Sol, el Acllahuasi, etc.; esto como una cuestión necesaria para afianzar su legitimidad en la costa central, basada en una estructura orgánica (piramidal) social, política, económica y religiosa.

Dada entonces la naturaleza del poder inca en la costa central, sus manifestaciones se fueron dando de formas diversas. Una de estas fue la arquitectura bajo el prolegómeno de remodelaciones de edificios que cumplieron roles fundamentales de manejo del poder. Este fue el caso del edificio B15, absorbido y asimilado por principios religiosos y políticos que permitieron continuidad (control, manejo y uso) para actividades de tipo ritual, las cuales parecen tener su precedente en periodos anteriores. Estas se realizaban con el fin de fortalecer vínculos entre la esfera política (inca) y el oráculo (dioses), teniendo como intermediadores a los sacerdotes (o chamanes).

Arquitectura Inca como expresión de poder: alcances,
perspectivas y fases constructivas del edificio
B15 (Complejo Monumental de Pachacamac)
Autores: Peter Eeckhout y Milton Luján

Antecedentes

Muchos han sido los estudios desarrollados en Pachacamac. El pionero Uhle (1903) fue el primero en proponer un plano para monumento. Un siglo después, el Proyecto Ychsma logra desarrollar, como parte de su proyecto de investigación, un levantamiento topográfico y sistemático del complejo monumental de Pachacamac (Eeckhout 2010). Esto ha permitido tener un mejor conocimiento de la arquitectura y su diversidad, hecho que ha llevado al desarrollo de una propuesta tipológica de los diferentes edificios (Eeckhout 2012a), con el fin de diferenciar el grado de función, pudiendo ser: sagrado-religioso, palaciego, político-administrativo, etc.

Por otro lado, las intervenciones de Tello, hoy conocidas a través de los Cuadernos del Archivo Tello (2007, 2009, 2012), nos han brindado una idea clara sobre los edificios tardíos, aspecto fundamental para entender el posicionamiento de los incas en el Oráculo de Pachacamac. Desde estas fuentes es posible hacer una lectura y entender el rol que desempeñó cada edificio, pudiendo distinguir su importancia en el último Horizonte. Los recientes trabajos en diferentes sectores y edificios en el sitio, desarrollados por el Museo de Sitio de Pachacamac (MSP), ayudan también a enriquecer nuestros conocimientos, especialmente los concernientes al área monumental (Bueno 1982; Franco 1993a, 1993b, 2016; Jiménez Borja 1985; Marcone 2001; Paredes 1988; Pozzi y Bernuy 2010).

Otro de los aspectos importantes para entender

Pachacamac, son los edificios, los cuales sintetizan particularidades funcionales para las épocas tardías. Los estudios abordados por el proyecto Ychsma (Eeckhout y Luján, 2013a, 2014) fundamentan de manera concreta, no solo procesos sociales sino, procesos de cambio en la arquitectura, tales como las remodelaciones o renovaciones. Por lo tanto, cada estudio, a partir de una visión no sesgada, ayuda a ampliar las bases fundamentales para una explicación de los procesos que pudieron desarrollarse al interior de los edificios.

Desde esta lectura un tanto generalizada, se puede explicar entonces los roles protagónicos desempeñados, de manera particular, en edificios como el B15 en época inca. Un claro ejemplo de esto nos lo brinda el caso del edificio 8, el cual por sus características, ayuda a entender y esclarecer aspecto de complementariedad económica en Pachacamac (Eeckhout, 2012b; Eeckhout y Luján 2013a, 2013b; Luján y Eeckhout, 2016).

Cuestiones como estas sustentan procesos de cambio a nivel de arquitectura, que se regulan y complementan a través de las evidencias de hallazgos in situ al interior de los edificios, y expresan así roles protagónicos al interior del complejo monumental. Esta visión se amplía y complementa con la presencia de representaciones iconográficas que forman parte de los murales hacia la etapa final de ocupación en Pachacamac. Un ejemplo de ello se evidencia en el edificio B15 (Eeckhout y Luján 2014) cuyas representaciones iconográficas indican tanto las relaciones o influencias de otras sociedades, así como la existencia de contenido simbólico sagrado. Estas representaciones también se encuentran plasmadas en el Templo Pintado (Muelle 1939).

Es así que la naturaleza de los murales merece nuestra atención y discusión. El caso del edificio B15 ha sido solo abordado dentro de procesos de renovación

Figura 1. Localización del sector B15 entre la segunda y tercera Muralla.

de las pinturas murales en espacios específicos. Por otro lado, el tema de la iconografía puede ser vista de manera más amplia desde su aspecto formal, entendiendo los murales de los templos y su relación con la religión, la cual fue originada posiblemente desde periodos tempranos en el Templo Viejo. Este tema ha sido abordado superficialmente por Franco y Paredes (2016) en el Templo Viejo; y por Uhle (1903), Bonavía (1985) y Marcone (2003) en el Templo Pintado. Finalmente, no trataremos dicha cuestión en este ensayo, al margen que el templo del sol muestre únicamente pintura monocroma (lo cual es una característica de la época tardía).

Localización

El Complejo Monumental de Pachacamac está ubicado a la altura del km 30 de la Panamericana Sur, margen derecha del rio Lurín y próximo a su desembocadura en el océano Pacifico. El edificio (B15) se localiza al noreste del Templo Viejo, Templo Pintado y el Templo del Sol, encontrándose aislado de las pirámides, edificios, plazas y otros. En términos de localización espacial, el edificio se encuentra entre la primera y segunda muralla. Su ubicación entonces permite sugerir una relación directa con los templos y edificios de diferentes épocas (Figura 1), aun, cuando no se ha evidenciado pasajes o calles que permitan conectar a

estos espacios. Esto se deba posiblemente a la presencia del actual circuito turístico, el cual podría haber cortado las antiguas vías, tema que queda por resolver.

Resultados preliminares a nivel la arquitectura del edifico B15
Figura 2. Corte oeste – este relacionado a rasgos arquitectónicos.

El edifico B15 corresponde al “Tipo 4” (Eeckhout 2012a) de nuestra clasificación arquitectónica, es decir, a una estructura cuadrada rodeada por cuatro muros bastante anchos de cerca 2 m, a la que se accede por un solo ingreso de 0.90 m de ancho ubicado en la esquina noreste. Sus paredes se encuentran pintadas de color rojo intenso, similar al templo del sol.

La estratigrafía del edificio B15, a nivel de las dos primeras capas superficiales, cubrió componentes arquitectónicos como el muro perimétrico, relacionado con el ingreso principal; y los muros de la parte central, relacionados a accesos, pasadizos y otros rasgos arquitectónicos (pozas, estructuras en desnivel, banquetas, hoyos, enlucidos y pisos) (Figura 2), que estuvieron relacionadas a ofrendas de “abandono”. Por otra parte, se presentó superposición de muros, donde los muros perimétricos corresponden a la última época (Horizonte Tardío), y el muro por debajo de la base del anterior, estaría relacionado a una de las últimas fases del Intermedio Tardío.

La asociación de este conjunto de evidencias, junto con el registro sistemático, teniendo en cuenta la superposición y recurrencia de los hallazgos (Lumbreras 2005), nos ayuda a proporcionar una interpretación del edificio, estableciendo dos aspectos fundamentales para nuestra investigación: fases relacionadas con los últimos periodos en el edificio (Intermedio Tardío – Horizonte Tardío) y su función.

La caracterización del edificio busca resolverse a través de excavaciones en área, lo cual permitirá claridad con los eventos temporales (cortos o procesos largos), generados a través de las remodelaciones de los espacios, ya sean en el exterior o al interior del conjunto arquitectónico; así como renovaciones de rasgos particulares.

Figura 3. Distribución de las unidades excavadas en relación al plano de sector B15.

La unidad 124, excavada en un área de 300 m2, evidenció un conjunto de contextos de ofrendas de abandono perfectamente depositadas sobre el último piso de los recintos, pasadizos, pozas y nichos. Si bien esos hallazgos no son materia de este ensayo, estos serán referenciados sucintamente. La unidad 126, excavada en un área de 27 m2, mostró correlación con la arquitectura central a través de cambios arquitectónicos por superposición de muros y recurrencia de pisos, asociados a contextos de ofrendas. La unidad 127, acceso principal, fue excavada en un área de 18 m2. Esta se planteó para explorar el ingreso al edificio, así como posibles fases de superposición arquitectónica relacionada a épocas tardías.

Figura 8. Estructura en desnivel 2 (banqueta) con diseños de motivos de personajes y peces relacionados con la ocupación Inca.

La estratigrafía en el acceso estuvo conformada por dos capas relacionadas con la última ocupación: una superficie de arena eólica y una siguiente formada por tierra suelta beige, creada a partir parte de restos de adobes (de los muros perimétricos), los cuales cubrieron tanto remanentes de enlucido simple como con segmentos de pintura y motivos figurativos. Estos motivos presentaron decoración en color amarillo, crema y verde, encontrándose en los mismos adobes. Desde el borde interno del muro perimétrico, la capa presentó un desnivel con eje norte-sur hasta alcanzar una superficie horizontal, que se encontró alterada con material removido y relacionado a entierros disturbados de épocas más tempranas.

Al interior del acceso principal, el piso estuvo alterado, presentando ofrendas de figurinas marinas en nácar (Figura 6), asociado a un poste ubicado en la parte central. También se encontraron restos óseos de cuyes por debajo del último piso (que cubre una sucesión de pisos por renovación), el cual se encontró relacionado con la ocupación inca y quizá con la última fase del periodo Intermedio Tardío. La base del muro perimétrico presentó superposición en relación a un muro anterior. De igual manera, el uso de técnicas constructivas diferenciadas, tecnologías constructivas diferenciadas, así como el uso de diferentes tipos de adobes, supondría la existencia de dos diferentes fases constructivas (Figura 7).

La arquitectura interna nos muestra áreas de recepción, pasadizos laberinticos y recintos, a los cuales se ingresaron a través un vano. Este último estuvo asociado con la prolongación del muro que separa el pasadizo laberintico, del recinto 7; y un muro aún no definido, posiblemente asociado al muro perimétrico del lado norte. Este muro también restringió ingreso directo al recinto 7, el cual delimitó en el lado sur con otro muro (M19) en eje este a oeste (de 0.60 m de ancho por cerca de12.50 m de largo) (Eeckhout y Luján 2014).

La presencia de tierra, adobes y piedras asociados al muro (M19) que divide el lado norte del lado sur del edificio, cubre la estructura en desnivel 2 (banqueta), la cual presenta 0.50 m de ancho por 1.40 m de largo. Esta

banqueta, que también presenta en una sección enlucido (con diseños de peces y personajes) (Figura 8), similares a los encontrados en el templo pintado, representa por si misma un espacio privado de interacción entre personaje e individuos que probablemente transportaban recursos (como alimentos) y aquellos que desarrollaban labores específicas en el edificio (como lo sería la decoración con pintura en paredes). La evidencia de esta última actividad se encuentra también sustentada en el hallazgo de un primer pincel en un contexto de ofrenda cercano a la estructura en desnivel 2 (banqueta). Por lo anteriormente descrito, es muy probable que el uso de dicha banqueta estuviese destinado exclusivamente para el representante que controló el edificio.

Figura 7. Superposición de muros relacionados con la remodelación del edificio B15.

La arquitectura de este espacio (recinto 7) se complementa con la presencia de banquetas en sus extremos (0.5 m de ancho por 2 m a 1.50 m), construida sobre una plataforma de 2.40 m de ancho por 8 m de largo. También se registró la presencia de una poza cuadrangular de 2 m de largo por 1 m de ancho, la cual contuvo en su interior una poza menor elaborada con lajas. Estas se encuentran localizadas al extremo oeste del espacio, asociadas a un, no menos importante, contexto de deposición de ofrendas (correspondientes a cerámica en miniatura con representación de pez, paleta trabajada en mullu, artefactos líticos, sandalia y otros). Además, se registró la existencia de un pequeño silo hacia el extremo noroeste del espacio, muy cerca a la plataforma elevada orientada de sur a norte, sobre cuya superficie (sobre el piso) se halló un muro de piedras que correspondería a etapa final de abandono. El muro de adobes, construido en varias hiladas, funcionó a manera de contención para la elevación del muro de piedras, lo que supone la remodelación de este espacio asociado a la época inca.

La arquitectura se hace más formal en la parte central del edificio debido a la presencia de los pasadizos laberinticos (3, 4 y 5) y un vestíbulo. Estos fueron rellenados intencionalmente por una gran cantidad de adobes (como se describió anteriormente), los cuales presentaban remanentes de enlucidos con diversos restos de pinturas murales polícromas y monocromas (roja o amarilla), una tras otra. Esto significaría la constante renovación de los enlucidos pintados y de las imágenes representadas, lo cual fundamenta temporalidades diversas, que, si bien son difícil de determinar con exactitud, nos ayuda a entender la existencia de fases cortas o largas durante la ocupación inca.

Debajo del relleno se encontraron contextos de ofrendas tales como: spondylus triturado, discos elaborados en mullu y nácar, copas, figurinas (con representaciones marinas), cuentas de spondylus, grapas para las copas de madera y láminas de metal, plumas, restos óseos de cuy, conopas, artefactos líticos y vasija fraccionadas intencionalmente. Estas ofrendas fueron distribuidas por los pasadizos en el momento de abandono del espacio.

Figura 9. Pintura mural con motivos de influencia norteña antes del ingreso al recinto 2.

Los pasadizos laberinticos (1 y 2) presentaron dos direcciones: la primera de sur-norte con un ligero desnivel asociado a un nicho localizado por debajo del piso del vestíbulo, y la segunda de norte-sur. Ambos pasadizos fueron de circulación restringida, con un ancho de 0.60 m y una altura de sus muros que no sobrepasó el 1 m de altura. Esto habría permitido únicamente el paso de un individuo. Otro elemento asociado, que llamó la atención, fue la presencia de una banqueta de descanso en la esquina noroeste del pasadizo sur-norte. Lo anteriormente dicho hace suponer la restricción a espacios interiores, como el caso del recinto 4 (patio) o el recinto 2.

El recinto 4 (patio principal) fue un espacio que pudo ser utilizado para reuniones de consenso entre el encargo del edificio y la élite religiosa. Este presentó un piso uniforme asociado a un artefacto lítico inusual incrustado sobre el piso, en la esquina noroeste del mismo. Este artefacto pareciera ser la representación simbólica de una wanka. Otro de los hallazgos asociados a este espacio fue una concentración Concholepas concholepas, ofrendadas encontrada en el ingreso del espacio. Respecto a la arquitectura, el recinto 4 se configuró además con la presencia de la estructura en desnivel 1 y otras dos banquetas. La primera se encontró adosada al muro perimétrico del patio, presentando una altura no mayor al 1 m de altura. La segunda se encontró adosada al muro sur del recinto. Estos rasgos corresponden a una fase posterior del muro perimetral del patio, debido a que sus enlucidos se registran desde la cabecera hasta la base de los muros.

Figura 10. Pozo y posible canal relacionado a ritual de culto al agua.

Respecto a los murales ubicados cerca al ingreso del recinto 2, estos presentan escalonamiento en ambos extremos, mostrando en su interior diseños de grecas, las cuales recuerdan a los diseños norteños (específicamente chimú), aunque estos diseños también han sido registrados en piezas tardías de la costa sur (Figura 9). Un rasgo curioso es que en una de estas paredes (de los murales), se encuentra incrustada una pelvis humana cuya explicación podría responder a cuestiones culturales, vinculada temporalmente con la época inca. Otro aspecto importante de resaltar es el hallazgo de adobes con murales de diseños variados: peces, plantas y otros en colores variados (negro, blanco, verde, amarillo), todas ellas presentes también en el Templo Pintado (Marcone 2003). Debemos destacar en este sentido la renovación de enlucidos del pasadizo laberintico e ingreso, asociados a las fases finales del Horizonte Tardío.

El recinto 2 fue de forma alargada, presentado 3 m de largo por 2 m de ancho, y delimitándose por cuatro muros de 1.60 m de ancho aproximadamente. La anchura de los muros parece corresponder al adosamiento de muros de diferentes fases. Esto se evidencia en la parte central de uno de los muros, donde se observa una línea semi abierta que permite diferenciar entre cada una de las fases (Figura 3), Los extremos este, sur y oeste del muro corresponderían a la última fase de la ocupación inca, propuesta que será verificada en una posterior intervención.

Figura 11. Paquetes de barro a manera de esferas asociadas a caña de función incierta.

Un componente a resaltar para este espacio fue la presencia de un nicho de 0.30 por 0.30 m en sus lados y 0.30 m de profundidad, así como un muro que forma una “L”, con una altura de 0.80 m, el cual termina restringiendo un espacio relativamente pequeño. En este se ha registrado ofrendas de spondylus, cuentas de spondylus y líquidos depositados en hoyos. También se han registrado placas de mullu (colocadas sobre el piso), y una sucesiva presencia de contextos de ofrendas depositadas en la vía de ingreso, tales como: mullu, artefactos líticos, ornamentos de textil con plumas, plumas depositadas individualmente, vasijas rotas, mullu triturado, etc. Estas últimas se encontraron en una poza pequeña, donde posiblemente vertían líquidos.

Por otro lado, también se han registrado la presencia de postes, rasgo que nos sugiere que el espacio posiblemente se encontró techado. También se registró un entierro disturbado de un personaje femenino (probablemente tratase de un “ancestro”), hallado sobre la base del piso, delimitado por un pequeño muro que parece corresponder a la etapa final de clausura del edificio.

Desde la esquina noreste del recinto 2, la presencia de una “poza de agua” da pie a proponer la existencia de un “canal”, de donde este partiría. El canal presenta las siguientes dimensiones: 0.50 m de ancho por 2.40 m de largo, direccionado hacia el recinto de la poza hundida. La base de los muros de este espacio presenta desgaste, ocasionado posiblemente por escorrentía. La conformación de este rasgo se configura además con la presencia de un dintel a 0.50 m de la superficie del piso del “canal” (Figura 10), rasgo que aparentemente remodeló un espacio más amplio, probablemente usado en un momento anterior. Esto se hace entrever a través del adosamiento de muros paralelos.

La esquina noroeste de la poza hundida, en el recinto 1, formó parte de la prolongación del “canal” hasta perderse por la presencia de un muro cortina, el cual hizo que se estreche entre 0.40 m a 0.50 m de ancho. El piso recorrió en desnivel en dirección oeste a este, y de norte a sur. La superficie del piso estuvo cubierta por enlucido muy compacto y fino, el cual cubrió las lajas. Un hallazgo interesante asociado a este canal, fue la de una cerámica (maqueta), la cual en su interior presentó la representación de un hoyo. Pensamos que esto podría asociarse al tema de culto al agua, a lo cual se suma la presencia de spondylus en variadas formas.

Figura 5. Relleno de lajas asociadas a ofrendas de abandono de de función incierta. spondylus

Por otra parte, en la misma poza hundida (recinto 1), hacia el extremo sur, se registró un rasgo particular en un espacio estrecho de 0.40 m de ancho por 4 m de largo. Este consistió en una gran concentración de material vegetal, donde se encontró paquetes de barro, a manera de esferas con una caña la cual atraviesa desde la mitad de las mismas (Figura 11). La función de estas fue incierta.

La poza hundida presenta unas dimensiones de 1.40 m a 1.60 m de ancho, por 4 m de largo y una altura promedio de 1.50 m (desde el piso de la poza), que funcionalmente guarda cierta relación con la arquitectura relacionada con espacios dedicados al “culto al agua” (como lo hemos mencionado antes), arquitectura que se asemeja a la estructura B1 de Choquepukio (McEwan et al. 2005) no solo por la forma sino por los elementos asociados como son las ofrendas. Por otro lado, desde el nivel del pasadizo del recinto 1 (espacio probablemente relacionado con la época inca), los muros anteriormente referidos no sobrepasan el 1 m de altura.

Continuando, los muros laterales (este y oeste) de la poza hundida presentan un ancho de 0.40 m, mientras que los muros de los extremos norte y sur presentan un ancho de 0.60 m y 1 m respectivamente. Se debe señalar que al extremo sur del pozo hundido se registró un muro (en paralelo al muro sur), el cual presenta una ligera orientación o desviación, lo cual hace suponer una fase anterior (Figura 3). De igual manera, hacia el extremo norte de esta estructura, se ha registrado una considerable cantidad de dinteles junto con ofrendas de mullu y una vasija doméstica, los cuales se encontraron depositados en el piso de la poza (Figura 5). La presencia de los dinteles nos sugiere que este espacio fue transitable

Figura 12. Ofrendas de artefactos múltiples de abandono

La presencia de una hornacina de 0.40 por 0.40 m ubicada en la esquina SO, no encaja en la distribución homogénea de la arquitectura de la poza hundida, por lo tanto su ubicación, así como el hecho se haberse encontrado cubierta por relleno constructivo permite suponer que habría estado relacionada a una etapa anterior a la ocupación inca.

La base de la poza hundida presentó un piso uniforme con revoque asociado a la base de los muros. Ha de resaltarse que a diferencia de los muros norte, sur y este de la estructura, que fueron construidos íntegramente de adobes, el muro oeste presenta piedras en la base, sobre las cuales fueron colocados los adobes hasta alcanzar 1 m de altura.. Al sur de este espacio se ubica una pequeña poza elaborada con las lajas de piedra de 0.50 m por 0.70 m, en la cual se halló masa compacta de material orgánico posiblemente en descomposición. Nuevamente, la relación de estos elementos en el espacio, sugieren ritos de culto al agua.

Los espacios del extremo oeste del edificio parecen guardar una relación diferente a lo expuesto hasta este punto. La separación existente con el espacio de recepción se relaciona en principio a una plataforma cuadrada de 1.90 m por 2 m, asociado a los ambientes 1, 2 y el recinto 6 (donde se encuentran los nichos). En principio los ambientes parecen haber cumplido la función de espacios para el procesamiento de algunos especímenes (spondylus); que fueron encontrados en contextos de ofrendas de abandono sobre el último piso, en el que también se ha encontrado un mortero y un artefacto lítico a manera de cono. Estos últimos se encuentran además en un espacio separado por un murete bajo y poco ancho, con presencia de banquetas muy angostas En términos formales se registra renovación de pisos; así como la remodelación del área ocupada por estos ambientes y el recinto en la última etapa de ocupación inca.

Figura 4. Capa de abandono intencional en los pasadizos

El recinto 3 (también llamado recinto de las conopas) presenta un acceso trapezoidal de 0.40 m a 0.50 m de ancho. Las dimensiones del recinto son de 1.40 m de ancho por 3.40 m de largo. Los muros de este espacio parecen adosarse a muros de fases anteriores, similar a los recintos 1 y 2, correspondiendo de esta manera a dos momentos distintos. Este recinto presentó en el piso hoyos con ofrendas de conopas de diversos tamaños, ovillos de vegetal, cañas, spondylus triturado y fragmentado, artefactos de madera, plumas, copas de madera con incrustaciones de discos, láminas rectangulares de nacar y spondylus, chaquiras hechas de cuentas, textiles con ornamentos de pluma, unkus, fragmentos de cerámica, pinceles, etc. Estos también se encontraron regados en el piso contiguo, perteneciente al recintos 6 (Figura 12).

Tras el abandono y clausura del edificio, próximo a los ambientes 1 y 2 se encontraron dos muros en “diagonal”, los cuales rompen el patrón arquitectónico del edificio. Dichos muros fueron construidos con adobes desmontados de los muros de la arquitectura central. Presentan una dimensión de 9.50 m de largo por 0.50 m de ancho; y 3 m de largo por 0.40 m de ancho, respectivamente, con una altura promedio, en ambos casos, de 0.40 m Esta construcción estaría relacionada con la fase epi-

colonial. (Figura 3).

En términos generales, los muros de la arquitectura central variaron entre 1 m y 1.50 m de ancho. Por otra parte, es interesante notar como el muro central oeste que demarca un eje en el que se puede diferenciar espacios, tales como espacios pintados y no pintados, espacios de recepción y espacios para acuerdo, y espacios para rituales con espacios para actividades laborales. La presencia de hoyos de postes, podría sugerir que el espacio estuvo techado e su momento de uso.

La estratigrafía tardía del edificio B15

La naturaleza estratigráfica de la superficie del edificio muestra una elevación irregular a consecuencia de la arquitectura de la construcción. Los niveles de estratos en las tres unidades se conforman en principio por una capa superficial homogénea, arena eólica que cubre el edificio, mientras la capa 1 estuvo conformada por tierra suelta de coloración beige. Ha de resaltarse que esta última fue consecuencia del desgaste de los componentes de adobes que formaron parte de los muros, así como rellenos (principalmente de adobes y terrones) entremezclados con presencia de cultura material, las cuales entraron en contacto con la superficie del último piso presente en las unidades 124, 126 y 127. Las dos últimas presentaron áreas más disturbadas (Eeckhout y Luján 2014).

Si bien el edificio muestra áreas alteradas, el sector excavado evidencia un relleno de abandono intencional provocado por los propios habitantes al momento de sellar el edificio. La disposición de adobes registrados al interior del ingreso principal y pasadizo en el laberintico sugiere que fueron desmontados y posiblemente depositados intencionalmente hacia los espacios abiertos (tránsito y recintos) (Figura 4). En esta se registraron adobes con enlucidos, con decoración pictórica o sin ella, grandes lajas de piedra asociadas a ofrendas de mullu y una serie de artefactos (Figura. 5); más la acumulación ex-profesa de tierra y terrones que fueron colocados para cubrir los contextos de ofrendas de abandono. No es casual entonces esta deposición, lo cual lleva a suponer el carácter funcional, así como la importancia que tuvo el edifico durante la ocupación inca y el porqué de su abandono quizá tan intempestivo.

El conjunto de materiales cubiertos por esta capa de abandono brinda luces sobre la explicación ontológica de los materiales registrados en contextos de ofrenda. El conjunto general hallazgos encontrados se sintetiza de la siguiente manera: gran cantidad de material lítico, conopas de formas diversas, láminas de metal, spondylus en estado natural, triturado, placas, polvo o representando a especies marinas; discos y placas rectangulares para copas, plumas de aves de la Amazonía, vasijas y plaquetas de cerámica fracturadas intencionalmente, cuentas de Spondylus, ornamentos de textiles con plumas, uncus, brazaletes, pinceles, pigmentos para pintura, etc.

Todo estos conjuntos de contextos conformados por estás ofrendas asociados a los espacios del edificio induce a plantear la hipótesis en la cual el edificio B15 desempeñó una función particularmente (religiosa) en la época inca. Cada espacio del edificio cumplió un rol protagónico, desde actividades particulares hasta rituales, las cuales fueron generadas y auspiciadas por personajes religiosos como sacerdotes o chamanes. Creemos que dentro de estas actividades se involucró los diferentes especímenes que llegaron al edificio, para que luego de un proceso de limpieza litúrgica, se destinaran como ofrendas en ritos religiosos al oráculo, los ancestros o a los entierros específicos que se registraron en el cementerio de la parte posterior de la pirámide 13 (Eeckhout y Luján 2013a) y/o depósitos registrados en el edificio 8 (Eeckhout y Luján 2013b, Luján y Eeckhout 2016).

Conclusiones preliminares

El edificio B15 del tipo “4” cumplió una función trascendental y de continuidad en las que se desarrollaron actividades relacionadas con aspectos rituales hasta el Horizonte Tardío. El carácter formal de la arquitectura y los rasgos presentes invita a proponer que al interior del edificio se desarrollaron actividades particulares en beneficio de los templos, edificios, y ancestros, bajo el encargo de un personaje que mantendría relaciones directas con la élite y/o sacerdotes. Esta hipótesis se sustenta a través de los rasgos formales de la arquitectura del edifico, expresada por pinturas murales y pinturas monocromas en espacios específicos, que difieren dependiendo del uso y distribución de los espacios; así como de la distribución de la cultura material y ofrendas sobre la superficie del piso.

De manera preliminar sostenemos la propuesta de una superposición de arquitectura que nos lleva a sugerir que el espacio fue remodelado horizontalmente, basado en el ancho de los muros de los recintos 1, 2 y 3 que marcaron diferencias en el espacio de los mismos. Además estos presentan ciertos rasgos, como en el caso del pozo hundido (que presenta un nicho) el cual induce a sostener distintos momentos o fases arquitectónicas. La intrusión en el muro que modifica el pasadizo o canal entre los recintos 1 y 2, también es un buen ejemplo para el caso.

Otro elemento que sustenta que el edificio fue construido en fases distintas, son los muros perimetrales del edificio. Estos muros se encuentran asentados sobre un muro bajo elaborado con una técnica constructiva distinta. Estos muros también se diferencian en el tamaño, tal como ocurre con el muro registrado por debajo del muro perimetral sur del recinto 1, el cual no guarda simetría de continuidad vertical o simetría con la técnica constructiva. De igual manera el ambiente 1 y 2 parecen modificar en algún momento el espacio de conexión (pasadizo) con el recinto 3.

Las renovaciones están claramente identificadas en los enlucidos presentes de los pasadizos, vestíbulo y el recinto 6, ya que se han registrado entre 3 y 4 capas de enlucidos con murales de diseños diversos, los cuales expresan la importancia de estos espacios. De igual manera, esta práctica se evidenció una superposición de enlucido monocromo rojo-amarillo y en el adosamiento de banquetas sobre paredes con pintura, que corren de la cabecera del muro al piso, registrado en el recinto 4. Finalmente creemos que la renovación de pisos ocurrido al interior del ambiente 2, debe correlacionarse con el ambiente 1 por presentar las mismas características.

De esta manera, podemos decir que la construcción de algunos espacios se habría dado en momentos próximos al “abandono” del edificio, tal como lo expresa el muro en “L” y el muro que diferenció la zona de contextos de entierros funerarios. Esta información se complementa con la presencia de contextos de ofrenda de “abandono” y el cubrimiento de las áreas por relleno intencional (de los propios adobes que formaron parte de los muros de la arquitectura central e ingreso principal). Finalmente, estos cambios también se evidenciaron en la construcción de dos muros con direcciones distintas en la etapa epicolonial, los cuales rompieron con el esquema del edificio del Horizonte Tardío.

Agradecimientos

Al Ministerio de Cultura por autorizar las excavaciones. También queremos agradecer el apoyo financiero de la Universidad Libre de Bruselas, del FNRS. El apoyo logístico de la Embajada de Bélgica en el Perú y del MSP. Muchas gracias a todos los miembros del equipo Ychsma 2014.

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Más allá y más arriba del Cuzco. En torno a los ushnus de puna durante el Horizonte Tardío

Resumen
Discuto la importancia de los pisos ecológicos (y la altitud) para contextualizar la arquitectura sagrada pre-colonial, tomando el caso del ushnu inca. Actualmente, el número de ushnus identificados en la puna ha superado largamente al de ushnus de la región quechua. ¿Pueden proyectarse los modelos originalmente sugeridos para los ushnus de la región quechua a los de zonas más elevadas, con distintos modos de subsistencia? Al explorar la relación entre pisos ecológicos, modos de subsistencia y divinidades, este artículo introduce viejas preguntas al reciente debate sobre estas plataformas de piedra y propone una metodología de trabajo.
Palabras claves: Yllapa ushnu, ushnu de puna, arquitectura inca, rayo.

Abstract
I discuss the importance of ecological levels (and altitude) to contextualize sacred pre-colonial architecture, taking the case of inca ushnu. Currently, the number of ushnus located in the puna has largely surpassed the number found in the quechua level. Can we project the models originally suggested for the quechua ushnus to those at higher elevations? Exploring the relations between ecological levels, livelihood, and divinities, this article re-introduces old questions to recent debates about these stone structures, and proposes a working methodology.
Keywords: Yllapa ushnu, ushnu of the puna, inca architecture, lightning.

Autor: Gabriel Ramón Joffré ([email protected])
Artículo publicado originalmente en la Revista Huaycapata numero 9
https://sites.google.com/site/revistahaucaypata/home

 

Figura 1. Aypate, 2827 msnm, Ayabaca, Piura. Foto Gabriel Ramón. Figura 2.

Introducción
En el homenaje al fallecido arqueólogo norteamericano Craig Morris, fui invitado a sustentar mi propuesta sobre los ushnus hallados en el piso ecológico puna (sobre los 3900/4000 msnm). Sugerí la utilidad de abandonar la tendencia –frecuente entre arqueólogos- de “solarizar” todas las manifestaciones de la religión pre-colonial andina. Para evitar esta homogenización artificial, es preciso tomar en cuenta otros entes sagrados de los Andes reconocidos en los testimonios coloniales tempranos. Por ejemplo, el rayo (Yllapa, Liviac, Catequil) o más ampliamente, lo que Mariscotti (1973 y 1978) denomina “el señor de los fenómenos meteorológicos”. Por razones de espacio, incluyo aquí sólo mis consideraciones metodológicas, ya que la versión completa del estudio aparecerá posteriormente. Mi objetivo es presentar las coordenadas del debate sobre las plataformas de piedra que denominamos ushnu (husno, husnu, osno, osño, ozño, usno, usnu, uzno, vsnu) y proponer algunas hipótesis de trabajo. Espero que mis consideraciones ayuden a pensar estos altares y otros tipos de estructuras religiosas pre-coloniales desde una perspectiva más amplia, más abierta. La presente quedaría en una discusión de claustro, si no ejemplificara una vieja polémica en arqueología andina, que mencionaré más adelante. Siguiendo a Avendaño, usaré al rayo como ejemplo, que nos guiará hacia la puna (1).

Mapa 1. Ubicación de algunos ushnus en Ecuador y Perú. Figura 2. Huánuco Pampa, 3658 msnm, La Unión, Huánuco. Foto Gabriel Ramón.

Para comenzar, anoto cuatro principios que guían mi aproximación al ushnu:
(a) Cronología. La categoría ushnu debe preceder a los incas, pero es prematuro proyectarse antes del Horizonte Tardío.
(b) Cronología interna. Carecemos de indicadores temporales certeros para distinguir entre los ushnus inca: una cronología relativa basada en criterios formales (P.e. número de plataformas, detalles estilísticos) es todavía una meta. Del mismo modo, las especulaciones sobre “áreas originarias” del término en cuestión deben ser propiamente fundamentadas.
(c) Función. Según las fuentes publicadas y la etnografía religiosa, el ushnu fue un altar (Santo Thomas 1951 [1560], Bertonio 1984 [1612]), y el ushnu inca un altar político. Complementariamente, el término ushnu se vincula a diversos significados (P.e. arcaduz, cátedra, cueva, enfermedad, estela, gnomon, pan de azúcar, pozo, tribunal) y existen diversos usos mencionados en las fuentes coloniales, o deducidos a partir de ellas.
(d) Forma. Reconociendo la gran variedad morfológica de los ushnus inca, mis límites van entre sitios como Aypate (Piura), Huamanillo (Ayacucho), Maucallacta (Arequipa), Pumpu (Junín) y Tambo Colorado (Ica). Otros ejemplos en el Mapa 1 y para los detalles ver las fotografías (figuras 1-4). Salvo que tengamos información documental, no extiendo esta categoría a edificaciones formalmente distintas. A diferencia de algunos autores, aún no puedo reconocer el ushnu de Choquequirao (Cuzco), el de Machu Picchu (Cuzco) ni el de Incallajta (Bolivia) (2).
Investigaciones actuales sobre los ushnus de puna La primera referencia explícita a los ushnus, aquí tratados, la hizo un atento jesuita: “Altar de las huacas hecho de piedras labradas, como se ve en la puna” (Bertonio 1984 [1612]). Hoy en día, más de una docena de arqueólogos está lidiando con este tipo de ushnus. Primero, la misión de la Universidad de Varsovia que -junto con colegas arequipeños- trabaja en las alturas de ese departamento, en las zonas asociadas a los nevados Coropuna y Solimana. Liderados por Mariusz Ziółkowski, han identificado entre siete y diez de estas estructuras, la mayoría en la puna(3). Segundo, los arqueólogos Yuri Cavero y Cirilo Vivanco de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Cavero ha publicado un interesante opúsculo sobre el tema, basado en su tesis de licenciatura (Cavero 2009).

Figura 3. Huamanillo, 4350 msnm, cerca al pueblo de Putaccasa, Huancasancos, Ayacucho. Foto Gabriel Ramón.

Mientras tanto, Vivanco está dando a conocer numerosos ushnus de puna en Ayacucho- como los que presentó en el homenaje a Morris- y forma parte del equipo multinacional de investigadores sobre el ushnu con sede en Londres. Este equipo -en el cual he participado en los últimos dos años- es dirigido por los arqueólogos Frank Meddens, Colin McEwan y Nicolas Branch (ver Meddens et al. 2007) (4). En cuarto lugar, y aunque centrado en los ushnus de la zona quechua, el arqueólogo José Luis Pino; especialmente a raíz de su valiosa propuesta para Huanucopampa (Pino 2005) y su incursión en los yllapa ushnu. Con Vivanco y Pino participamos del debate, animado por las interrogantes de los historiadores sanmarquinos Luis Arana y Guillermo Flores(5).

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Figura 4. Tambo Colorado, Pisco, Ica, 1928. El ushnu está al extremo derecho de la imagen. Palmer 1928.

1 Mi propuesta inicial sobre los ushnus de puna fue leída en el seminario organizado en el Instituto Cultural Peruano Británico (Septiembre 2008, El ushnu en los documentos coloniales). La versión ampliada en el seminario de Arqueología Sudamericana de la Universidad de Londres (Mayo 2009) y en el Centre for Anthropology del Museo Británico (Abril 2010).

2 Un buen conjunto de imágenes de los ushnus de puna en Cavero 2009.

3 Ver especialmente Ziółkowski (2008: 134-6). Agradezco al arqueólogo Janusz Wołoszyn por enviarme detallada información sobre el proyecto de la Universidad de Varsovia. Ver también: http://www.maa.uw.edu.pl/obp/esp_projekt6.htm [Consultada el 11.11.2011] y http: //maucallacta.com/Complejo-Arqueologico-Maucallacta.html. [Consultada el 11.11.2011].

Figura 5. Francisco Bautista Cayampe en Putaccasa, Huancasancos, Ayacucho. Parte de sus animales se observan en segundo plano. Foto Gabriel Ramón.

4 http://www.britishmuseum.org/research/research_projects/inca_ushnus.aspx [consultada el 10.10.2010; y http://www.gg.rhul.ac.uk/Incaushnus/ethnography.html. [consultada el 10.10.2010]
5 Nuestra lista aumentaría exponencialmente si incluimos a los arqueólogos que han hallado ushnus mientras realizaban sus proyectos. Acá me limito a quienes han tenido a los ushnus de puna como componente central o importante en sus investigaciones.

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Figura 6. Vista general del área de la puna desde la plataforma de Huamanillo, cerca a Putaccasa, Huancasancos, Ayacucho. Foto Gabriel Ramón.

Dos escuelas: Andes, incas, ushnus
Las líneas maestras de los estudios sobre el ushnu fueron trazadas por Tom Zuidema (1979). Combinando observaciones arqueológicas, información colonial y etnografía, este antropólogo holandés propuso un valioso modelo analítico. Esto le permitió sugerir dos atractivas hipótesis, potencialmente detectables mediante estudios arqueológicos. Primero, los ushnus estarían relacionados físicamente (por su localización/orientación) al calendario imperial inca. Segundo, la estructura interna del ushnu se vincularía a los rituales de libación: como corolario deberíamos encontrar conductos para líquidos en la construcción de las plataformas.

Figura 7. Cerro Huamanillo, desde el pueblo de Putaccasa, Huancasancos, Ayacucho. Foto Gabriel Ramón.

Cabe anotar, que Zuidema partía de la evidencia asociada a la plaza mayor cuzqueña (el Haucaypata inca), que justamente es una excepción: allí las fuentes coloniales no mencionan plataformas ushnu. Más aún, carecemos de evidencias materiales sobre el ushnu de esa plaza. Sin embargo, estas significativas diferencias no fueron enfatizadas al sugerir el modelo. Por esto, el citado artículo pertenece a una tendencia muy precisa en los estudios andinos, que se remonta a los famosos artículos de Tello sobre Wiracocha. Esta escuela “aditiva” o pananadina insiste en los rasgos comunes, que luego califica de inca o andino: generaliza, antes de distinguir. Este método, en muchos sentidos ha significado un pachacuti académico, ya que permitió interrogar el material arqueológico desde una perspectiva ‘estereoscópica’ (como bien apuntó Yuri Berezkin), pero tiene limitaciones también detectables en el tratamiento de los ushnus y más puntualmente aquellos de la puna (6).

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6 La ponencia de José Luis Pino, para el homenaje a Morris, publicada en Arqueología y Sociedad 21, es un buen ejemplo de esta tendencia. Su lista, útil como apéndice para nuestro debate, soslaya las diferencias geográficas (latitud, altitud) y temporales entre los testimonios sobre ushnus.

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En la otra orilla, una segunda escuela, ‘distintiva’ o intra-andina, se puede remontar a las peripatéticas indagaciones de Max Uhle por diversos rincones de los Andes y está materializada en la obra de John Rowe y sus discípulos. Ellos han insistido en la diferencia, en el valor semántico de la variabilidad cronológica y geográfica (Ramón 2005). Mientras la primera escuela enfatiza en la larga duración, las permanencias, las estructuras, la segunda se especializa en percibir los índices de la transformación. No es casual que sean los historiadores quienes presenten más cuestionamientos a las propuestas de Zuidema (P.e. Cummins 1992), y que Rowe sea reconocido como un historiador de la cultura material latu sensu. Para reconciliar lo más útil de ambas tendencias, es preciso tener en cuenta que incluso las estructuras son históricamente construidas: lo que en la práctica significa que debemos justificarlas, no asumirlas(7).

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7 Indicios del debate en Hammel (1965), Urton (1996) y, desde otra orilla, Urbano (1989). Un contrapunto directo entre Rowe y Zuidema, justamente sobre arqueoastronomía inca en Latin American Research Review, Nros. 14 y 16.

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Este debate entre dos escuelas atraviesa toda la historiografía andinista, especialmente la dedicada al mundo pre-colonial, y es legible en la actual controversia sobre los ushnus de puna. Avanzando hacia el debate religioso vinculado a estas estructuras, y la concepción del Tahuantinsuyo en general, cito las ilustrativas observaciones de Trimborn (1968: 115): “Luis Valcárcel ve la enorme multiplicidad de dioses incas como un conjunto de ‘facetas’ de un dios, del cual los otros son meramente símbolos; pero esto es una sobre-simplificación. Los dioses en los Andes, tienen, sin embargo, cierto número de rasgos compartidos. Muchos de ellos, por ejemplo, son héroes culturales.

También es típico el vínculo entre dioses y fenómenos naturales (especialmente astrales) y la existencia de divinidades plurales, con varios aspectos (usualmente tres o cinco)”. Para Trimborn, el tamaño y diversidad del panteón inca eran resultado del paulatino proceso de conformación imperial, que iba asimilando entidades locales mientras se expandía. Es decir, el panteón era fruto de negociaciones, no necesariamente de una imposición absoluta. Esto va en la ruta de la valiosa síntesis de Pärssinnen (1992), que privilegia la contingencia histórica y la variabilidad política interna dentro del Tahuantinsuyo. En este contexto imperial, ¿qué sucedió con los ushnus de puna? Como anotamos, el texto de Zuidema permite observar que hay diferencias (no sólo formales) entre el ushnu del centro y los de provincias, entonces: ¿cuáles serían las diferencias esperables entre los ushnus de la zona quechua y la puna?

Pisos ecológicos y subsistencia: de las entrevistas a la cuadrícula
Por razones logísticas, generalmente los arqueólogos permanecen periodos cortos en la puna. Ello tal vez explique que hayan obviado tres aspectos reconocidos por los antropólogos.
(a) La puna es un área con un complejo cultural propio (Flores Ochoa 1975 y Ricard 2006).
(b) La puna fue una zona de importancia política y económica en el pasado, no una simple periferia (Browman 1974 y Flores Ochoa 1970).
(c) Los antropólogos suelen realizar su trabajo de campo en periodos largos (observando los cambios estacionales), mientras los arqueólogos generalmente visitan la puna en el verano serrano (de junio a septiembre) justamente para evitar lluvia, granizo, rayos y truenos. Además de documentar la importancia de estos fenómenos naturales en la vida cotidiana de los pastores y sus ganados, los antropólogos han registrado la existencia de un calendario regido por las actividades pastoriles, distinto al agrícola de la zona quechua.

En suma, y confirmando las tempranas observaciones del geógrafo Carl Troll (1943) los estudios etnográficos en los Andes nos muestran que cuando cambia la ecología también lo hacen las actividades de subsistencia. Avanzando en esa dirección: ¿qué sucede con las concepciones religiosas? Al estudiar retablos mexicanos Giffords (1992: 71) notó que la especialidad de los santos cristianos influye en la distribución de sus territorios de popularidad: “Cada ocupación suele tener sus patrones. Por ejemplo un agricultor puede rezar a San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, o un vaquero a Santiago, por la fertilidad de su ganado. Naturalmente un área con gran población agrícola mostrará predilección por San Isidro, mientras que una área ganadera tendrá a Santiago como su favorito” (énfasis agregado). Ya que en los Andes cada piso ecológico se vincula a una actividad económica prioritaria (P.e. quechua con agricultura de maíz) se puede establecer un vínculo entre zonas de vida, actividades de subsistencia y deidades. Es a partir de este vínculo que conviene interrogar la evidencia arqueológica(8).

Altares y alturas: el rayo, Santiago e Yllapa
La etnografía andina ha demostrado la relación ecológicos. Por ejemplo, el minucioso trabajo de Escalante y Valderrama entre los pastores de Cotabamabas (Apurímac) confirma la importante presencia de Santiago en la puna. Además de ser el patrón del pueblo, y de los ganaderos en general, Santiago habría reemplazado al dios padre [Taytacha Dios] en la jerarquía religiosa. Según el testimonio de Victoriano Taparaku: “… Aquí en Apumarka, no hay ni un hombre que no sirva a Santiago o al Llaqtayuq-machu.” (Valderrama y Escalante 1992: 134). “… Taytacha Dios ya muy viejo por eso a Santiago le está transfiriendo sus poderes. Por eso el taytaku Santi, con la mamita y los angelitos, le ayudan a sostener el mundo. Si no fuera así, de todo nos puede pasar.” (Valderrama y Escalante 1992: 122) (9).
Y esta asociación documentada en Apurímac, puede extenderse a otras punas, como Bolivia, justamente caracterizada por la gran altitud de sus centros poblados. En ese país: “Santiago es patrono de más parroquias que cualquier otro santo” (Berg 1989: 190, n. 84; ver también Monast 1966: 52-55, 57, 89). En el periodo colonial temprano este santo cristiano ocupó buena parte del radio de acción de Yllapa. Quien siga la documentación colonial temprana podrá observar la constante presencia de Yllapa (en la sierra sur), Lliviac (en la sierra norcentral, entre Ancash y Lima), Catequil (en la sierra norte, especialmente Cajamarca) o sus otros equivalentes (Gade 1983; Gisbert 1980: 28-9; Schenone 1992: I 22; II: 707-713; Yaranga 1976). Una relectura de las deidades nativas en las fuentes coloniales tempranas atenta a los cambios altitudinales permitirá confirmar que a medida que ascendemos a la puna, el sol (o su equivalente cristiano) pierde importancia .

Para concluir con nuestra conexión entre Santiago/Yllapa y la puna, cabría responder a una potencial objeción. Si en el caso de Santiago hablamos de un santo colonial, ¿cómo podemos transferir nuestras observaciones al periodo pre-colonial? Cabe indicar que se trata solamente de proponer interrogantes desde la evidencia colonial, y Santiago/Yllapa es un indicio valioso. Esta metodología no es reciente, como indiqué anteriormente, el grueso de las sugerencias de Zuidema sobre el ushnu se basa en evidencia colonial. Y este procedimiento es corriente en la arqueología andina, especialmente para los periodos tardíos. Así como los datos históricos nos permiten proponer el panorama general, la evidencia etnográfica ayuda a obtener una mejor visibilidad de lo que nos cuentan las fuentes y de este modo facilita establecer conexiones entre objetos y documentos (Ramón 2008: 1-13), como en el caso de los potenciales ushnus de puna.

Visibilidad arqueológica del rayo
Con base en las observaciones precedentes, podríamos sugerir dos hipótesis:
(a) En el Horizonte Tardío el panteón de puna fue distinto al panteón quechua.
(b) Como integrante de ese panteón de puna, el rayo primaría o tendría gran importancia.
¿Cómo probarlo materialmente? o ¿cómo darle visibilidad arqueológica al rayo? El intenso debate sobre la dificultad de identificar las huellas pre-coloniales de algo aparentemente tan obvio como el ayllu (Isbell 1997) nos da una idea de la dificultad de conectar conceptos y objetos en arqueología. Podríamos decir que algo análogo sucede con buena parte de las deidades andinas, a excepción de aquellas ricamente ilustradas en la cerámica de las sociedades del Intermedio Temprano/Horizonte Medio. En el caso del sol, además de las representaciones iconográficas, sus movimientos en el firmamento pueden ser rastreados con relación a la orientación de las edificaciones (alineamiento). Sin embargo, casos como el rayo durante el Horizonte Tardío resultan más elusivos. Hay –al menos- una pista que podemos seguir para incrementar su visibilidad (11).
En un apéndice de su manual de climatología, Schwerdtfeger (1976: 192-3) nota que los viajeros del XIX o XX relatan las casi diarias tormentas con rayos en el altiplano boliviano y el sur peruano entre noviembre y marzo. Esto es confirmado cuantitativamente revisando datos de diversas estaciones meteorológicas de gran altitud. El rayo es el personaje principal de las tardes y/o noches durante esos meses, lo cual explica su importancia telúrica. Aunque se suele pensar que los rayos caen en cualquier parte, hay razones para dudarlo: justamente los viajeros suelen mencionar que han sido capillas en las partes altas de la puna las que resultaron fulminadas. El conocimiento del paisaje ayuda a entender estos patrones. Nuestro trabajo de campo en la puna de Ayacucho, 2008, nos dio importantes pistas al respecto. Especialmente una conversación con Francisco Bautista, pastor cerca al área de Putaccasa, un poblado menor a una hora en carro de Huancasancos (Ayacucho).

Como muchos otros paisajes puneños, esta zona es una gran explanada rodeada de algunos cerros (figura 5).
Mientras Francisco Bautista explicaba las características de los cerros circundantes al área donde pasta su ganado indicó que algunos eran poderosos o “bravos”. Uno de estos era Huamanillo, donde justamente se ha identificado un ushnu, llamado bovete por nuestro informante. Este cerro se caracterizaba por la constante presencia de granizo “bravos siempre ahí, ahí paran chikchi, granizo, porqué es bravo pues” y otros fenómenos atmosféricos asociados, como el rayo (Ramón 2009: 84-85). Dentro del paisaje de puna, hay ciertos puntos que sobresalen por su circunstancia geográfica, que va asociada a la fuerte presencia de fenómenos atmosféricos. No es casual que este tipo de plataformas, estos altares, hayan sido precisamente localizados en su cima. (figura 6 y 7). Como reconoció Sopher (1967: 18-19, utilizando a Malinowski) la ritualización de la ecología tiene un carácter selectivo, con énfasis en lo impredecible. Los trobriandeses (Papua Nueva Guinea) tenían muchos rituales vinculados a la riesgosa pesca en profundidad y pocos para la bastante segura pesca en lagunas. Algo semejante sucede con el rayo y los pocos lugares donde su presencia es más o menos constante son idóneos para reverenciarlo.

Los indicios anteriores se vinculan a la localización de estas plataformas. Sin embargo, quedan por explorar otros tres criterios complementarios. Primero, necesitamos determinar si los ushnus de puna tienen alguna orientación relacionada con el calendario ganadero o el agrícola. Segundo, buscar trazos en la estructura que se vinculen al rayo. Tercero, hallar vestigios de los rituales asociados a su culto. Esta búsqueda se esquematiza en el Cuadro 1.

La evidencia sobre los tres criterios complementarios es todavía preliminar y proviene de los rituales asociados al ganado. Como se sabe el punto central del calendario pastoril es la marcación de los animales (señalakuy) siempre en alto riesgo de ser fulminados por el rayo12. Hay dos datos sobre este complejo ritual que pueden ser útiles para consolidar el vínculo entre los elementos tratados. Primero, en la puna de Chumbivilcas (Cuzco), al enterramiento ceremonial de los animales fulminados por el rayo se le denomina usnuy, y usnu es la tumba, sobre la que van piedras y un cactus denominado waraq’o (Roel 1966: 29). Si la víctima del rayo es humana, sus familiares le consultarán que hacer a Santiago, por medio del paqo. En el caso del ganado, leyendo la coca el paqo dirá si Santiago sugiere enterrarlo o usar su carne (como alimento). Estos huesos irán al usnu. Segundo, el lugar para guardar los restos de la ceremonia del marcado (“señal”) en la sierra sur de Lima, Tupe, se le denomina usño en lengua jacaru.

Este acto de llevar la señal es complementario a la herranza, y se hace el día de la lava señal, o -si el sitio es lejano- al día siguiente. El usño tupino es “una especie de altar hecho de piedra en forma de una pequeña hornacina: y cuenta con una tapa de piedra que encaja a la entrada. El acto de guardar la señal le permitía al tupino comunicarse con aquel poder sobrenatural que protegerá a sus animales y hará aumentar su ganado” (Delgado 1965, cf. Quispe 1969: 98). Estas dos referencias, entre otras halladas en los Andes, justifican la vinculación de los elementos tratados. Culminemos ahora tratando un controversial indicio contenido en las fuentes coloniales tempranas.

De los documentos a los objetos (sobre Yllapa usno). Antes de terminar quiero aludir al nombre de la entidad que hemos venido tratando. Tanto la ponencia de Pino como la mía aludían al Yllapa usno (o su equivalente modernizado Yllapa ushnu), pero con interpretaciones distintas: enfatizamos en los ancestros y el rayo, respectivamente. La palabra Yllapa aislada aparece en muchos documentos coloniales. Sin embargo, junto al otro término (usno) sólo en la Relación… de Cristóbal de Albornoz 1984 [1584] sobre su labor en Huamanga (Ayacucho)13. En este listado de los objetos recogidos por el extirpador de idolatrías el término conjugado aparece -al menos- diecisiete veces14. Apoyándome en la discusión previa, empleo el término Yllapa en su acepción más común, rayo, por tres razones, una interna y dos externas.

(a) Al concluir el listado de su labor extirpadora el propio Albornoz aclara “Y oznos que fueron más de noventa, donde abía yllapas, relánpagos, truenos, que por sus nombres están asentados en la visita” (Relación…: 287).
(b) Proyectando hallazgos realizados por muchos etnógrafos, este término permite asociar la deidad principal de la puna con el ushnu: un altar para el rayo15.
(c) La Relación… de Albornoz es sobre la región de Ayacucho. Justamente este departamento se caracteriza por dos rasgos: 45% de su territorio es puna (Díaz Martínez 1985: 4
[1969]) y hay una gran cantidad de ushnus en ese nivel ecológico (Cavero 2009 y Meddens et al. 2007).
A fin de evitar malentendidos, cabe aclarar que la identificación con el rayo sólo define la función principal del altar (ushnu) pero no la parafernalia asociada. Seguramente estos altares para el rayo (Yllapa ushnu), incluyeron objetos portátiles aún por determinar. Lamentablemente, desconocemos su forma concreta, ya que los indicios no son concluyentes en la citada Relación… Al comentar el otro documento de Albornoz (donde se hace la asociación entre Yllapa y los difuntos embalsamados), una especialista en religión andina y cultura de puna coincide con nuestra interpretación: “Aunque Albornoz no lo diga expresamente, creo que no hay razón para dudar de que estos antepasados derivaban su importancia y se denominaban así, por hallarse mitológicamente emparentados con el Rayo, es decir, con el señor de los fenómenos meteorológicos”

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8 En un estudio inicial sobre la alineación de los sitios religiosos costeros, ya Urton (1982) había observado la necesidad de no proyectar necesariamente los calendarios de la región quechua. En una reciente conferencia en Lima, Jeffrey Parsons, con larga experiencia en la puna, reconoció la necesidad de tomar en cuenta las particularidades culturales de cada piso ecológico al interpretar sitios arqueológicos (Daniel Dávila, com. pers.).

9 En algunos testimonios etnográficos sobre Santiago hay un elemento interesante: su primacía se anota como un fenómeno reciente, algo que está en proceso. Sin embargo, la evidencia revisada muestra que se trata de una situación de larga data, es precisamente por ello que en Apumarka ya habían decidido tener a Santiago como patrón.

10 El libro de Bolin (1998), sobre pastores de puna cuzqueños, es también una buena introducción a los aspectos más cotidianos de la percepción sagrada de la puna, marcada por Santiago. Rösing (1990) ha dedicado una monografía completa al rayo, centrada en Bolivia. Sería útil incorporar a Tunupa en el debate sobre Yllapa, para trazar diferencias y semejanzas.

11 Sobre el ushnu y los rayos ver las útiles observaciones de Monteverde (2010: 64-65). Sin embargo, no creo que la presencia de cantos rodados sea un indicador claro de la asociación con el rayo, ya que los cantos rodados son frecuentes en todo tipo de edificación. Una manera de evaluar la indicada hipótesis sería observar el relleno de los ushnus de la costa (donde no caen rayos), pero eso está pendiente.

12 Cavero (2009: 123-6) ha sugerido algo parecido, pero sin sustentar la asociación entre esta festividad y este tipo de estructura. Ver mis comentarios a la segunda edición de ese libro en Ramón 2010.

13 Sobre la controvertida figura de Albornoz y su obra, sigo a Guibovich (1990) y Ramos (1992). Hay dos documentos atribuidos a este personaje a los que aludiremos indicando sus nombres para distinguirlos, la Relación… [1584] y la Instrucción… [1583/4].

14 La presencia del término “Yllapa usno” en el documento incluye un detalle adicional. Los dos términos aparecen divididos por una coma (p.e. “dos yllapas, usnos”). Sin embargo, siempre hay coincidencia de número entre ambas partes. La coma tal vez sea un agregado del copista. Agradezco a Francisco Ferreira haberme facilitado una copia del documento original conservado en el Archivo de Indias.

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(Mariscotti 1978: 369, énfasis agregado). Fuera de Ayacucho, en los Andes nor-centrales también se pueden identificar ancestros que incluyen el término Lliviac (el equivalente de Yllapa en esa área), que justamente son llacuaces, es decir pastores de puna (cf. Duviols 2003: 226, 268, 274, 290, 402, passim). Aunque en la región quechua y la costa hay muchos ancestros embalsamados descritos en el periodo colonial temprano, ninguno ha recibido la denominación de Yllapa. Mientras tanto, en la puna los ancestros reciben (ocasionalmente) el apelativo Yllapa por su vinculación con el rayo ya que se sitúan en su esfera de influencia (16).

Perspectivas
La discusión sobre el nombre de la entidad de la que tratamos es sólo un detalle para mostrar la dificultad que suelen tener los arqueólogos para desprenderse de sus esencialismos al incursionar en los documentos históricos. Como advirtió Macera (1988: XLIX) uno de los paradójicos privilegios de la arqueología pre-colonial es que “no tiene nombres propios”, y consecuentemente nos obliga a trabajar más bien con categorías. Los Yllapa ushnus o ushnus de puna, o como quiera que los llamemos, son precisamente eso, una categoría, que podrá ser contrastada o corregida con futuros datos de campo o de archivo.
La información etnográfica e histórica presentada nos sugiere la necesidad de no proyectar los modelos establecidos para los ushnus de quechua a los ushnus ubicados a mayores altitudes. Más precisamente, se trataría de usar estos modelos sólo como un conjunto de interrogantes para estudiar los ushnus de puna, pero sin descuidar los fenómenos sagrados que caracterizan esa zona. Todavía es necesario definir como se materializó en la arquitectura sagrada la relación entre el Tahuantinsuyo, con su capital en zona quechua, y los territorios conquistados en la puna.
En general, hay múltiples líneas que podemos seguir para documentar la variabilidad de los ushnus y de los altares pre-coloniales. Primero, además de la tipología sugerida, basada en pisos ecológicos, es necesario contar con otras complementarias (sustentadas en aspectos formales, materiales constructivos, estilos técnicos y/o detalles estilísticos de estas plataformas). Segundo, sería útil considerar la posibilidad de que los casos costeros estén vinculados a un calendario distinto (como los ushnus de Tambo Colorado, Incawasi o Pachacamac). Tercero, convendría distinguir entre el (o los) usnhu(s) de la capital (Cuzco) y los otros ushnus principales, los capac ushnu, considerando sus evidentes diferencias formales. Ojalá las observaciones aquí presentadas puedan servir como un conjunto de interrogantes que ayuden a evitar la homogenización del pasado pre-colonial. No se trata de un problema limitado al ushnu, sino a la comprensión del Tahuantinsuyo como imperio en el cual también era preciso negociar.

Agradecimientos
Este texto preliminar debe mucho a las conversaciones sostenidas con el arqueólogo José Luis Pino y con mis colegas del proyecto Ushnu: site, symbol and landscape, especialmente con el arqueólogo Frank Meddens y el geógrafo Francisco Ferreira, con quien realizamos las entrevistas en la puna ayacuchana y me proporcionó valioso material bibliográfico. Martha Bell y Sara Joffré revisaron y comentaron una versión preliminar. El trabajo de campo y las investigaciones fueron posibles gracias a la beca de post-doctorado del Arts and Humanities Reseach Council, en el marco del proyecto Inca ushnu landscape, site and symbol in the Andes, con sede en el Museo Británico (2008-2010).

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