Pueblo Arabela

Pueblo indígena: Arabela
Lengua: Arabela

Familia lingüística: Záparo

El pueblo arabela es uno de los pocos cuya lengua pertenece a la familia lingüística záparo, cuyo idioma ha sobrevivido en el Perú. Si bien un grupo reducido de personas habla la lengua de este pueblo, muchos habitantes de las comunidades arabela se comunican en castellano y en una variedad de kichwa o quechua amazónico.

La denominación de este pueblo proviene de la zona donde entraron en contacto con misioneros agustinos, el río Arabela, tributario del río Napo. Otra denominación de este pueblo estapueyocuaca palabra que significa ‘familia, hermanos’.

Los arabela permanecieron en relativo aislamiento voluntario hasta la década de 1940. Actualmente, este pueblo habita principalmente en comunidades ubicadas en el departamento de Loreto, cerca del río Arabela. Según cifras del INEI, para el 2007, las comunidades autoidentificadas como arabela contaban con una población de 403 personas.

HISTORIA

A mediados del siglo XVII, los misioneros avanzaron por el río Marañón, llegando hasta la boca del río Curaray, probablemente antiguo territorio de los arabela. Si bien en este momento no se precisan lugares ni pueblos afectados, en 1667 se reporta la pérdida de 3400 indígenas a causa de rebeliones. En el siglo XVIII se reportaron numerosas rebeliones indígenas contra los misioneros evangelizadores. Según Waldemar Espinoza, en 1749 se reporta una de las ultimas rebeliones de los gayes o gaes en la región de Maynas, luego de ello y de la expulsión de los jesuitas del virreinato del Perú, la región donde se ubicaban los arabela quedaría en tranquilidad (DAIMI 2008).

Recién a comienzos del siglo XX, cuando la orden de sacerdotes agustinos manifiesta expresamente su deseo por establecer misiones en los ríos Napo, Putumayo y Curaray es cuando se encuentran nuevamente referencias de los pueblos indígenas de familia záparo, entre ellos los arabela, en esta zona geográfica (DAIMI 2008).

La explotación del caucho fue otro proceso que empujó el ingreso y penetración en esta zona que se había mantenido aislada. A inicios del siglo XX, con la expansión e interés por el caucho, patrones ecuatorianos ingresaron por el río Napo estableciendo pueblos caucheros o fundos gomeros, los cuales se convertirían en comunidades ribereñas ubicadas en los ríos Napo y Curaray. En este contexto, algunos pueblos indígenas fueron reclutados por la fuerza y otros fueron secuestrados de sus tierras y llevados a convivir con otros pueblos, algunos de ellos rivales (DAIMI 2008). Según Alberto Chirif y Carlos Mora (1976), la región actualmente ocupada por los arabelas estuvo poblada por záparos, oas, gayes y shimigayes, pueblos que desaparecieron por la violencia de la época del caucho y las enfermedades.

Los arabela mantuvieron una vida nómade, movilizándose en la zona del Alto Curaray, hasta aproximadamente la década de 1940 cuando establecieron contacto con misioneros agustinos (DAIMI, 2008).Según Ribeiro y Wise (1978), en 1945 se da el primer contacto registrado, con la aparición de un grupo de 27 indígenas que salieron de la cuenca del río Arabela, de donde tomaron el nombre. Es probable que los arabela sea un grupo descendiente de los antiguos oas o gayes (INEI 2007, DAIMI 2008).

La actividad misionera por el río Napo iniciada por Avencio Villarejo, fue proseguida por el padre Ismael Barrios, quien fue el primero en ponerse en contacto con los denominados arabelas (DAIMI 2008). Hasta el año 1959 vivieron bajo el dominio de un patrón del Napo en el río Arabela, en un lugar denominado Vaca Cocha (INEI 2007). A raíz del contacto con grupos de mestizos, los arabela comenzaron a aprender el quechua amazónico o kichwa (DAIMI 2008).

En 1964, con la ayuda del Instituto Lingüístico de Verano, se crea la primera escuela Arabela en la comunidad Buena Vista Viejo (DAIMI 2008).

INSTITUCIONES SOCIALES, ECONÓMICAS Y POLÍTICAS

Si bien antiguamente en los asentamientos arabela predominaba el patrón de familias extendidas; es decir, tres o más generaciones habitaban una misma vivienda, Chirif y Mora (1976) han sostenido que la unidad social básica de los arabela es la familia nuclear, constituida por dos generaciones.

Tradicionalmente, los arabela vivieron en malocas, que son viviendas donde habitan varias familias vinculadas por parentesco de tipo sanguíneo o afinidad, repartiéndose el espacio interior por cada jefe de familia. Este patrón se habría mantenido hasta que los arabela se encontraban en aislamiento; luego del contacto con otras sociedades, el grupo habría ido cambiando estas prácticas adoptando un modelo de construcción de viviendas familiares, vigente en la actualidad (DAIMI 2008).

Según la tradicional división sexual del trabajo, los hombres arabela se dedican a ciertas actividades como la caza, la pesca, la preparación del terreno para la chacra, la construcción de casas, la fabricación de canoas, entre otras. Mientras que las mujeres arabela, en cambio, tienen como actividades principales la cosecha, el molido de maíz, la cocina, el hilado de chambira, y la alfarería. Ellas, antiguamente, hacían sus vestidos de corteza de árbol (Ribeiro y Wise 1978). Cuando se trata de trabajos mayores como la limpieza de la chacra o la construcción de una casa, el dueño organiza una minga e invita a los miembros de la comunidad al trabajo en común (ILV 2006).

En las últimas décadas, la crianza de aves y animales menores se ha generalizado en las familias. Los arabela destinan a la comercialización los excedentes de yuca, maíz, plátano y algunos frutales (Mora y Zarzar 1997).

CREENCIAS Y PRÁCTICAS ANCESTRALES

Tradicionalmente los hombres arabela usaban coronas hechas de plumas largas de guacamayo, pegadas en semicírculo con cera de abeja. En los brazos llevaban brazaletes tejidos y también cinturones adornados con borlas de plumas de colores, que iban hasta los codos y las rodillas, además usaban adornos corporales en la nariz y orejas, y pintaban su cuerpo. Por su parte, las mujeres usaban vestidos tubulares hechos de corteza, la tela se pintaba con diseños hexagonales (ILV 2006).

Existe un cambio cultural en algunas de las prácticas de los arabela, un ejemplo de ello es la bebida tradicional. Antiguamente se elaboraba una bebida hecha en base a yuca y ungurahui denominada como “sacamanacu”, esta fue remplazada paulatinamente por el masato, bebida tradicional de los indígenas kichwa (DAIMI 2008).

OTROS DATOS

A partir del Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía realizado en el año 2007, la población de las comunidades autoidentificadas como arabela se estima en 403 personas, ubicadas principalmente en la región Loreto. Según los datos del mismo censo, la población mayor de 14 años asciende a 212 personas, para las cuales se estima que el índice de analfabetismo es del 10% (INEI 2007).

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Pueblo indígena: Aimara
Lengua: Aimara
Familia lingüística: Aru

El pueblo aimara es uno de los más numerosos de nuestro país. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda de 2007, la población peruana con lengua materna aimara es de 443,248 personas, cifra que representa el 1.7% de la población nacional. Si bien no se ha llevado a cabo en el país un censo de poblaciones indígenas, la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) de 2013, revela que el 2% de la población nacional, se considera aimara “por sus antepasados y de acuerdo a sus costumbres”.

La historia del pueblo aimara se remonta a la época preinca con la conformación de un conjunto de unidades políticas, comúnmente denominadas reinos, que controlaron la zona del altiplano a partir del siglo XIII. De esta manera, su población se ha asentado históricamente en ámbitos de tres países limítrofes: Perú, Bolivia y Chile. En nuestro país, la población aimara se encuentra principalmente en seis provincias del departamento de Puno y en algunos distritos rurales de los departamentos de Moquegua y Tacna. No obstante, el proceso migratorio de la población rural iniciado a mediados del siglo XX ha llevado a que exista una importante cantidad de población aimara en ciudades grandes como Lima, Arequipa o Tacna.

El pueblo aimara se ha caracterizado por su capacidad de recrear y adaptar su cultura a los profundos cambios políticos y sociales acaecidos desde la Colonia. Reflejo de ello es la persistencia de ciertas prácticas e instituciones que conservan rasgos de su origen prehispánico. Sin duda, es la lengua la característica distintiva más resaltante de este sector de la población peruana, la cual les vincula entre sí y es fuente primordial de una identidad distinta al resto de la sociedad nacional.

HISTORIA

Periodo Prehispánico

La historia del pueblo aimara se remonta a la época preinca con la conformación de un conjunto de unidades políticas comúnmente denominadas reinos, dominados por señores o mallkus, quienes controlaron la zona del altiplano a partir del siglo XIII. Los reinos aimaras establecidos en esta zona fueron los Collas, los Pacajes y los Lupacas. La invasión inca a partir del siglo XV fue resistida por los aimaras; sin embargo, fue con el gobernante Huiracocha que los incas lograron la expansión del imperio, conquistando y anexando a los aimaras y formando el Collasuyo. La conquista inca significó un relativo repliegue de los aimaras por la imposición del quechua como lengua oficial y el control del Estado Inca sobre los recursos y la población. No obstante, algunos reinos como los Collas fueron copartícipes en la administración política de la región y en los rituales alrededor del lago Titicaca (Roel y Rojas 2012).

Periodo Colonial

El pueblo aimara es también conocido por la resistencia que tuvo frente a otras incursiones en su territorio. Su población se resistió a las primeras expediciones españolas al altiplano y participó en el movimiento religioso-político Taki-Onqoy entre los años 1540 y 1560. Durante estos años, se inició una campaña de restauración de los santuarios destruidos por los españoles, campaña que no duraría mucho tiempo ya que la represión y el asesinato de los sacerdotes andinos logró sofocar este movimiento (Cárdenas 1988).

El sistema colonial significó una nueva configuración étnica, política y económica de la zona aimara. Además del establecimiento de una nueva administración, se estableció un sistema de tributación, siendo uno de los cambios más importantes la imposición de la mita en las minas de Potosí, que reorganizó la economía y la sociedad en el sur andino (Roel y Rojas 2012). Esto estuvo aunado a un nuevo sistema de control sobre la población, estableciéndose encomiendas, repartimientos, haciendas y obrajes que agruparon a la población indígena para su control y pago de tributos. Dichas agrupaciones serían el antecedente de las futuras comunidades asentadas en el territorio (Damonte 2011).

Periodo Republicano

Establecida la República en 1821 se inició el proceso de liberalización de las tierras, que tuvo como resultado un despojo sistemático de tierras comunales que permanecían en manos de indígenas, proceso que tuvo su máxima expresión con el apogeo del comercio lanero en el sur del país.

En este contexto, la estrategia de los hacendados ganaderos para aumentar su producción fue ampliar constantemente la extensión de las haciendas a costa de las tierras indígenas. En el transcurso de tres décadas, el número de haciendas en Puno duplicó su número. En aquellos casos donde las poblaciones indígenas lograron resistir el embate de los hacendados, estos perdieron gran parte de sus tierras y fueron empujadas a zonas de menor producción (Del Pozo 2004).

Entre 1895 y 1925 se sucedieron varias revueltas indígenas en respuesta a la expansión de los hacendados, aunque se trató en su mayoría de acciones espontáneas y sin ninguna articulación (Del Pozo 2004). En 1915 ocurren las sublevaciones aimaras y quechuas de Pomata, Chucuito, Huancané y Azángaro, dirigidas por el mayor Teodomiro Gutiérrez Cuevas, llamado también Rumi Maki (Mano de Piedra, en quechua) (Renique 2004). Más adelante, en 1920, se daría el reconocimiento constitucional de las denominadas ‘comunidades indígenas’.

En 1969 se da lugar la Reforma Agraria liderada por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Además de tener impactos en la propiedad y tenencia de la tierra –expropiando tierras de hacendados para constituir empresas asociativas-, esta reforma tuvo efectos simbólicos importantes al cambiar la denominación de las comunidades indígenas por comunidades campesinas (Decreto Ley 1776 del 24 de junio de 1969).

En paralelo, el proceso migratorio de la población rural hacia las urbes reconfiguró las características de las ciudades. En Lima, por ejemplo, numerosos barrios fueron creados a partir de la llegada de estos migrantes provenientes de todas las partes del país. En el caso de los aimaras es bien conocido el caso de los ciudadanos provenientes de Unicachi, quienes lograron consolidar asociaciones empresariales y establecimientos comerciales importantes en diversas partes de la ciudad limeña (Suxo 2008). Lejos de perder sus vínculos con sus lugares de origen, los aimara han seguido recreando costumbres y prácticas en las urbes, y han mantenido lazos con sus lugares de origen a través de las fiestas y celebraciones anuales.

INSTITUCIONES SOCIALES, POLITICAS, ECONOMICAS

Instituciones sociales

La vivienda campesina aimara puede ser habitada por una familia nuclear compuesta por padres e hijos, o una familia extendida que incluye una tercera o hasta una cuarta generación (Arias y Polar 1991). Por lo general, en las comunidades ganaderas, las familias habitan dos tipos de vivienda: la primera, que podría considerarse como la vivienda principal, es aquella donde la familia pasa la mayor parte del tiempo en el año. Además, se mantiene una vivienda secundaria o anaqa, ubicada en las partes altas de la comunidad, zonas donde se cuenta con pastos naturales para el ganado (MINSA 2010).

Tradicionalmente, el pueblo aimara ha practicado formas de trabajo colectivo y relaciones de reciprocidad, dentro de los cuales están la minka (ayuda solicitada), el ayni (ayuda recíproca con el trabajo), la arkataya (dar una mano de ayuda), el waki o chikata (cultivar a medias o para distribuir por iguales), la satja y phaja (sembríos de tubérculos o granos que se permite a los indigentes) (Arias y Polar 1991). Estas formas de trabajo colectivo tienen sentido en tanto conforman una comunidad de personas y refiere a un uso colectivo a la tierra.

Los vínculos entre las familias que habitan las comunidades aimaras se refuerzan también mediante el parentesco ceremonial, aquel que se constituye mediante el rito de padrinazgo o madrinazgo y se formaliza a través de bautizos y matrimonios. Este vínculo, en ocasiones, puede llegar a generar vínculos más fuertes que el consanguíneo. Este tipo de parentesco permite ampliar la noción de familia.

Instituciones económicas

El pueblo aimara ha sido tradicionalmente agrícola y ganadero. Dependiendo del lugar donde se ubica la población, en algunas de ellas predomina una u otra actividad económica, siendo las comunidades circunlacustres y las de la zona media quienes se dedican en su mayoría al cultivo de tubérculos, cereales y granos, así como a la crianza de vacunos, ovinos y animales menores. Las comunidades ubicadas en las zonas altas se dedican predominantemente a la actividad ganadera tradicional, a través de la crianza de camélidos sudamericanos y ovejas.

En las actividades agrícolas y ganaderas se puede encontrar diferencias de género, pues son los varones quienes se encargan de la roturación y preparación de la tierra, el aporque y la cosecha de los productos; mientras que las mujeres se dedican a la siembra, la selección, la preparación y el procesamiento de los alimentos para diversos usos. En la ganadería el hombre realiza la esquila de ganado, mientras que la mujer se encarga del pastoreo (MINSA 2010).

La siembra de las chacras tradicionalmente obedecía a un orden rotativo de tierras y cultivos en los espacios denominados aynuqas, aunque actualmente existen muy pocos debido a la parcelación y a la presión demográfica sobre el territorio de las comunidades (MINSA 2010).

En las comunidades ubicadas cerca del lago Titicaca en Puno, además, se encuentran actividades de pesca y caza de animales cuyo hábitat es el lago. Al respecto, se encuentran algunas prácticas culturales asociadas a la caza de aves, denominada chuka liwi, que se realiza a manera de competencia entre los varones de varias comunidades.

Instituciones políticas

En la actualidad, la mayoría de la población aimara que habita en zonas rurales se organiza en comunidades campesinas y, en menor medida, en parcialidades. La organización comunal está liderada por presidentes elegidos en asamblea junto a una Junta Directiva comunal, siendo estas autoridades los principales representantes de la comunidad frente a otros actores externos. En las comunidades y parcialidades aimaras, se encuentra además el teniente gobernador como autoridad principal y representativa de la parcialidad y del centro poblado. Esta autoridad cumple funciones de control, sancionando las posibles faltas o conflictos al interior de su ámbito. A diferencia de los presidentes comunales, quienes son autoridades recientes en la zona aimara (a partir de la década de 1970) los tenientes gobernadores son autoridades tradicionales que antes, en la época de las haciendas, estuvieron a mando de los “mistis” (Peña 2004). Estos recuerdan a antiguas autoridades tradicionales aimaras denominadas jilaqatas (Luque 2013).

Hasta la década de 1990 se encontraba entre los cargos tradicionales aimaras a los campo vigilante, quienes eran los encargados de observar los cambios en el clima, observando las chacras y vigilando su buen funcionamiento; sin embargo, en estudios recientes no se encuentra esta función dentro de las comunidades, lo que estaría indicando su paulatina desaparición (MINSA 2010).

Los cargos comunales son concebidos, ante todo, como un servicio orientado a cubrir roles muy específicos en el ámbito práctico y ceremonial (Carter y Albó 1988). Existe una serie de cargos dentro de las comunidades aimaras, algunos de ellos son de tipo político: teniente gobernador, presidente comunal; mientras que otros son de tipo festivo: qhapero, alferado, guía; entre otros (Luque 2013).

Entre las principales obligaciones de un comunero aimara, se encuentra asumir cargos públicos establecidos por el colectivo o la comunidad (presidente comunal, teniente gobernador, campo vigilante, alférez, entre otros). El comunero que falla o incumple con este mandato sería visto como yuqalla (término que alude a la inmadurez). Siendo estos criterios de ciudadanía asociados a la posesión de la tierra, los campesinos sin tierra carecen de pleno derecho en la asamblea comunal, así como de la obligación de pasar por estos cargos públicos (Carter y Albó 1988).

CREENCIAS Y PRÁCTICAS ANCESTRALES

Creencias

Según la cosmovisión aimara, existe un orden en el universo, en el que las esferas físicas, sociales y espirituales se encuentran en equilibrio mutuo (Arias y Polar 1991). A su vez, los aimaras tienen la creencia ancestral de que existen tres mundos: Alax Pacha (mundo de arriba o cielo), Aka Pacha (mundo que nos rodea) y Manqha Pacha (mundo de abajo). Cada uno de estos mundos está habitado por seres vivientes organizados jerárquicamente, quienes tienen una relación e influencia sobre los humanos (Llanque 1990)

La cosmovisión aimara además está llena de seres sobrenaturales quienes pueden actuar como espíritus malignos (supaja, anchanchu, sirena o sirenu, antawalla, entre otros) y espíritus protectores (achichila, uywiri, illa, entre otros).

Ritos

Hay una gran variedad de ritos que practican los aimaras. Algunos hacen referencia al vínculo de sus actividades agrícolas y ganaderas con la pachamama o madre tierra, como el ayta o despacho para la siembra de la papa, el piwi para la preparación de semillas, o el rito para conseguir lluvia o contrarrestar el granizo o la helada (INDEPA 2011). Además, hay varios ritos que implican cambios en la vida social de algunas personas, como aquellos que se realizan una vez que asumen un cargo importante en la comunidad y aquellos relacionados al ciclo vital de las personas (nacimiento, muerte y el matrimonio).

Los oficiantes de estos ritos son personas entrenadas y escogidas por las propias divinidades para cumplir las funciones de mediación entre las personas y las divinidades. Estos maestros aimaras se denominan yatiris (INDEPA 2011). Dependiendo del tipo de rito o ceremonia, en algunos casos pueden suplir este rol los jefes de hogar ayudados por algún familiar, como sucede con los ritos relacionados a la ganadería; en otros casos, quienes ofician estos ritos son personas mayores conocedoras de los pasos necesarios del ritual como en el caso de los ritos asociados a los difuntos o curaciones (Rivera 2006).

Si bien hay una gran variedad en los ritos celebrados dentro de las practicas aimara, se puede mencionar que en general constan de una “misa” o ceremonia y una mesa constituida de varios elementos que deben ofrecerse a los espíritus, como por ejemplo: cebo de llama o alpaca, fetos de animales, figuras de animales, hojas de coca, alcohol, entre otras. Esta mesa será luego incinerada y enterrada en algún lugar previamente escogido. El lugar para realizar las ceremonias dependerá del tipo de rito, puede ser en la misma vivienda, en parajes especiales o en las faldas de cerros o apus protectores (Rivera 2006).

En estas ceremonias se encuentran elementos de la religión católica, como la invocación a Dios, la Virgen y santos católicos, reflejo de la imposición cultural durante la Colonia y su impronta evangelizadora. A pesar de ello, los símbolos y las creencias de la religión andina se han mantenido, lo que ha significado una cierta convivencia entre ambas religiones (Mennelli y Podjajcer 2009).

Festividades, danzas y vestimenta

El pueblo aimara conserva festividades, danzas y música practicadas desde tiempos inmemoriales, las mismas que se han ido recreando y reconfigurando de acuerdo al paso del tiempo y de los nuevos contextos e influencias. Como señalan Roel y Rojas (2012), la música y la danza están presentes en todos los aspectos de la vida indígena andina desde los ritos del ciclo vital y productivo hasta las actividades asociadas al calendario católico y conmemorativo, siendo constitutivas a la vida comunal aimara. En la década de 1980, José Portugal Catacora, mencionaba que en el altiplano peruano existían más de 100 danzas, muchas de las cuales tomaban el nombre de la zona donde se bailaba.

De acuerdo con este autor, se ha asociado a las danzas aimaras diversos orígenes. Existen, por ejemplo, danzas cuyo origen se asocia a épocas prehispánicas como el Choquela o el Chiriguano y la Cullahua, así como también danzas de origen colonial como los Sicuris, siendo todas ellas referentes de la identidad aimara (Portugal 2012). En las danzas se representa las múltiples facetas de la vida comunal: las actividades agrícolas y ganaderas, la caza; también hay danzas guerreras y satíricas que rememoran un pasado glorioso (INDEPA 2011).

Junto a las danzas y música se presenta un conjunto importante de símbolos a través de su vestimenta y trajes de uso cotidiano y festivo, los cuales funcionan también como marcadores de identidad. Es bien sabido que desde la época prehispánica “cada pueblo del Tahuantinsuyo se identificaba a sí mismo a través del traje; por sus formas y colores en primera instancia y luego por los elementos naturales y culturales de su propia región simbolizados en adornos, bordados, pinturas, dibujos, etc.” (Vásquez 2008). Si bien han existido enormes cambios a través de todo el periodo colonial y republicano, los pueblos andinos han mantenido ciertos rasgos en su vestimenta que los identifican y diferencian al interior del conjunto heterogéneo de los andes y que también los diferencia respecto del resto de población de la sociedad nacional.

Un buen ejemplo de adaptación de un traje occidental a la realidad andina es el sombrero pequeño que usan las mujeres aimaras en todo el altiplano. Este sombrero que no tapa ni del sol o la lluvia habría sido introducido como moda por comerciantes en el siglo XIX, adaptándose a la vestimenta de las mujeres aimaras configurándose así una nueva estética (Vásquez 2008).

Un ejemplo de permanencia en la vestimenta ha sido el anaco, vestimenta femenina usada entre los aimaras de la provincia de Candarave, en el departamento de Tacna. Ésta representa uno de los “casos más sorprendentes de permanencia de una manifestación cultural cuyos orígenes se remontan a épocas precolombinas”. La vestimenta consta de varias piezas (túnica, camisa o mancaza, faja, dos tupus, manto y tocado) y su confección tiene como base las prácticas antiguas de tejido a través de las técnicas empleadas en el telar horizontal de cuatro estacas (Instituto Nacional de Cultura 2009).

Existe también un calendario festivo bastante nutrido en toda la zona aimara. Muchas festividades importantes están asociadas a santos patrones: Santiago, la Fiesta de las Cruces, San Juan y San Pedro, Pentecostés, la Virgen de la Candelaria, entre otros. Además, existen festividades asociadas a eventos cívicos como el aniversario de la comunidad, localidad o el centro poblado; o festividades asociadas a momentos especiales en el calendario religioso: semana santa, día de los difuntos o todos los santos, navidad, entre otras.

Un ejemplo de la riqueza cultural asociada a las fiestas se encuentra dos celebraciones declaradas como patrimonio inmaterial de la Nación: el Sarawja y la fiesta de Tata Pancho.

El “Sarawja” es música y danza aimara ejecutada en el valle de Tixani en la provincia de Mariscal Nieto en Moquegua, durante la semana siguiente a la Semana Santa. De acuerdo con los registros de las crónicas de Guamán Poma de Ayala y Bernabé Cobo, su origen se remonta a épocas prehispánicas. Se cree que esta danza es una referencia a las kiwlas, aves de las alturas que en su cortejo hacen movimientos circulares que se asemejan a una danza (Ministerio de Cultura 2010).

La “fiesta de Tata Pancho”, en honor a San Francisco de Borja, patrón religioso de las pueblos de la provincia de Yunguyo, departamento de Puno. Esta celebración es un ejemplo del sincretismo religioso aimara, pues si bien proviene del calendario católico cristiano ha sido adaptado a las prácticas y creencias indígenas (Ministerio de Cultura 2011).

ORGANIZACIONES REPRESENTATIVAS DE NIVEL COMUNAL
Las comunidades campesinas han constituido de manera histórica la forma de organización, distribución del trabajo y posesión del trabajo de muchos pueblos indígenas, como es el pueblo aimara. No obstante, el Estado peruano no cuenta actualmente con información pertinente que tome en consideración la complejidad histórica y cultural de la auto-identificación en el contexto andino.

En este contexto, se ha considerado de manera preliminar una lista referencial de comunidades campesinas del pueblo aimara, sobre la base de un porcentaje mínimo de 40% de población cuya lengua materna es aimara, en dichas comunidades. Este modelo tiene como sustento el hecho de que la lengua es un referente central a través del cual se transmiten culturales ancestros-descendientes, y constituye además una institución distintiva en relación al resto de la sociedad nacional.

Cabe precisar que la lengua no es el único elemento a considerar para la identificación de pueblos indígenas, y que tampoco es una condición necesaria para identificarse como indígena, como sucede con quienes se identifican como parte del pueblo uro. En ese sentido, hacemos énfasis en el carácter referencial de esta lista, elaborada sobre la base de la información oficial pública disponible.

OTROS DATOS
En el año 1985, mediante Resolución Directoral N° 1218-85-ED del Ministerio de Educación, se aprobó el alfabeto de la lengua aimara.

En el año 2009, mediante Resolución Directoral N° 558, el INC declaró como Patrimonio Cultural de la Nación el Anaco de Camilaca, vestimenta utilizada por mujeres aimaras en la provincia de Candarave, departamento de Tacna.

En el año 2010, según Resolución Directoral N° 1919, el INC declaró como Patrimonio Cultural de la Nación el Sarawja, danza y música aimara ejecutada en los distritos de Cuchumbaya, San Cristobal y Carumas, provincia de Mariscal Nieto, departamento de Moquegua.

En el año 2011, según Resolución Viceministerial N° 681-2011, el Ministerio de Cultura declaró como Patrimonio Cultural de la Nación la Fiesta de “Tata Pancho”, celebrada en los pueblos de la provincia de Yunguyo, departamento de Puno.

Referencias geográficas

Altiplano peruano
Región:
Moquegua
Puno
Tacna

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Fuente: Ministerio de Cultura del Peru

Pueblo Amahuaca
Otras denominaciones: Yora
Familia lingüística: Pano
Lengua: Amahuaca

Si bien el nombre amahuaca habría sido escuchado por primera vez de boca de los militares que se establecieron en su territorio; los amahuaca pronuncian su nombre como amin waki, ‘hijos de la capibara’, explicando que antiguamente este animal, similar al ronsoco, podía cantar en su lengua.

Al igual que otros pueblos de familia lingüística pano, los amahuaca reconocen una categoría inclusiva de ‘gente’ con la que se identifican y a la que denominan yora.
Los amahuaca son uno de los pueblos cuya lengua pertenece a la familia lingüística pano, tradicionalmente asentados en la cuenca de los ríos Ucayali, Yavarí, Purús y Madeira. Debido a su proximidad territorial y cultural, los amahuaca han sido relacionados con los yaminahua. Al respecto, Dole sostiene además que la lengua de los amahuaca es muy parecida a la de los yaminahua.

Este pueblo se ubica principalmente en los departamentos de Ucayali y Madre de Dios. Según el INEI, para el 2007, la población de las comunidades autoidentificadas como amahuaca se estimaba en 301 personas.

Historia

Los relatos amahuaca cuentan que los antepasados del pueblo vivían cerca de un gran lago. Investigadores han sugerido que este gran lago de los relatos amahuaca sería el Imiría, actualmente en el departamento de Ucayali, en donde los arqueólogos han encontrado vestigios de la mayor concentración humana prehispánica ubicada en la cuenca central del Ucayali. A partir de este descubrimiento se estima que esta sociedad habría estado presente desde 800 d.C. hasta el siglo XIV (Dole 1998).

Las referencias históricas sobre los amahuaca son escasas. Dole (1998) sostiene que estas referencias datan del siglo XVII y que la mayoría se encuentran en los informes de misioneros y funcionarios, exploradores y patrones que se dedicaron a la explotación del caucho. A partir de las primeras referencias, se sabe que el padre franciscano Manuel Biedma encontró en 1686 aldeas amahuaca en las riberas de los tributarios orientales del Ucayali. En adelante, los amahuaca se verían expuestos a incursiones de religiosos que tenían como misión evangelizar a los indígenas.

Entre fines del siglo XIX e inicios del XX, las capturas contra los amahuaca se intensificaron, esta vez a cargo de los patrones caucheros. Producto de las incursiones y ataques de los patrones caucheros este pueblo se vio afectado por una epidemia de sarampión. En respuesta, se sabe que un grupo de amahuacas atacó un campamento cauchero en la confluencia de los ríos Mapuya e Inuya ocasionando la muerte de 60 personas, en 1910. Para Dole (1998), incidentes como este llevaron al establecimiento de una guarnición militar, que permaneció en el campamento hasta 1960, a fin de proteger a los colonos de los “salvajes amahuaca”.

A los enfrentamientos con los caucheros, se suman los enfrentamientos con otros pueblos indígenas, quienes realizaban incursiones a territorio amahuaca con el fin de capturarlos y convertirlos en sirvientes que intercambiaban por bienes materiales. Este contexto fomentó una continua movilidad del pueblo amahuaca, contribuyendo a la dispersión de su población (Dole 1998).

En 1948, se inicia la construcción de la Misión de Rosario de Sepahua, que tendría influencia sobre un asentamiento amahuaca cercano (Alvarez 1996). Como esta misión, el puesto misional que en 1953 estableció el Instituto Lingüístico de Verano contribuyó a la existencia de asentamientos amahuaca nucleados, ya que después de la partida de los misioneros, la dispersión de los amahuaca se intensificó (Dole 1998).

El INEI (2007) ha señalado que algunas familias de este pueblo decidieron dejar las cabeceras de los afluentes con el Curiuja y asentarse en las riberas del río Urubamba, en el año 1962. Además, en el estudio se sostiene que una parte de este pueblo se mantiene fuera de contacto con el mundo exterior. Al respecto, la Dirección de Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial del Viceministerio de Interculturalidad ha identificado población amahuaca en situación de contacto inicial en la Reserva Territorial Murunahua, ubicada en el departamento de Ucayali, creada mediante Resolución Directoral Regional N°189-97-CTARU/DRA.

Instituciones sociales, económicas y políticas

Tradicionalmente, los asentamientos amahuaca están conformados por familias extensas; es decir, familias numerosas compuestas por más de dos generaciones, que habitan una misma vivienda. Mora y Zarzar (1997) sostienen que, de acuerdo a la tradición amahuaca, el lugar de residencia de una nueva pareja es la vivienda o el asentamiento de la familia del esposo. En términos antropológicos, se dice que el patrón de residencia de la nueva pareja es patrilocal. Según Dole (1998), el pueblo amahuaca practica una horticultura de gran movilidad que cada año los hace mudarse a un nuevo lugar y abrir nuevos espacios para establecer sus chacras. Los hombres amahuaca se hacen cargo de la roza del bosque y participan de la siembra en la chacra; no obstante, tradicionalmente se han dedicado en mayor medida a la caza y a la pesca.

Las mujeres son las principales responsables de la chacra; ellas son quienes siembran la mayoría de los cultivos con excepción de la yuca y el tabaco, para los cuales es necesario cavar hoyos profundos. Las mujeres se encargan también de elaborar cerámicas, hilar y tejer. Ellas hacen buena parte de las canastas, esteras, cernidores, abanicos para avivar el fuego, escobas y adornos de semillas (Dole 1998).

Los asentamientos amahuaca que se establecieron a inicios del siglo XX tenían varios jefes, un jefe principal y jefes de sub grupos que formaban parte del asentamiento, quienes se encontraban subordinados al jefe principal. El jefe amahuaca era considerado un líder guerrero, debido a la historia de enfrentamientos entre los amahuaca y foráneos, así como también pueblos vecinos, con quienes vivían constantemente enfrentados (Dole 1998).

Organizaciones representativas de nivel comunal

El listado que se puede descargar en esta página incluye a las organizaciones representativas de nivel comunal de comunidades nativas autoidentificadas como parte del pueblo amahuaca y que cuentan con reconocimiento oficial. El Viceministerio de Interculturalidad se encuentra recopilando información sobre otros niveles de representatividad, información que se publicará en cuanto sea procesada.

Creencias y prácticas ancestrales

Según la creencia ancestral de los amahuaca el cosmos está formado por tres espacios: agua, tierra y un cielo sostenido por raíces de árboles que le impiden caer al agua. Según sus mitos, en un tiempo muy antiguo, los antepasados de los amahuaca vivían en el cielo, pero a causa de un gran cataclismo, el cielo y todos sus habitantes cayeron sobre la tierra, ocultando al sol. Más tarde, el sapo (hïo) logró levantar el cielo, permitiendo que la luz del sol llegara a la tierra y fuera posible repoblarla (Dole 1998).

Para Dole (1998), los amahuaca pueden ser identificados por lo característico de sus atuendos y por los adornos que llevan en sus cuerpos. Los informes de la época de la Colonia indican que los amahuaca portaban una especie de colgante en la nariz, hecho de trozos triangulares de concha. Así mismo, llevaban consigo “sombreros de madera” decorados con pieles de animales y cuatro plumas, collares de dientes de jaguar, pulseras de semillas y de dientes de mono. Estos sombreros serían coronas anchas de bambú que los amahuaca conservarían hasta hoy.

Dole (1998) sostuvo a partir de su investigación que las mujeres vestían unas faldas tubulares tejidas en algodón que llegan hasta las rodillas. Estas faldas eran coloreadas con achiote y eran teñidas de color marrón oscuro sumergiéndolas en un cocimiento de corteza de caoba, o de negro, remojándolas en agua en que se ha disuelto la arcilla. Otra práctica ancestral entre hombres y mujeres amahuaca ha sido pintarse en la cara y el cuerpo, una variedad de dibujos geométricos rojos y negros, empleando el achiote y el huito como tintes naturales. La decoración facial típica consiste en una ancha media luna negra pintada con jugo de huito mezclado con polvo de carbón de palo, que va de oreja a oreja cruzando la boca.

Otros datos

A partir del Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía realizado en el año 2007, la población de las comunidades autoidentificadas como amahuaca se estima en 301 personas, ubicadas principalmente en las regiones de Madre de Dios y Ucayali. Según los datos del mismo censo, la población mayor de 14 años asciende a 175 habitantes, para los cuales se estima que el índice de analfabetismo es del 30% (INEI 2007).

En relación a la situación actual de este pueblo, el INEI (2007) ha sostenido que una parte del mismo se mantiene fuera de contacto con el mundo exterior. Por su parte, la Dirección de Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial del Viceministerio de Interculturalidad, ha identificado población amahuaca en situación de contacto inicial en la Reserva Territorial Murunahua, ubicada en el departamento de Ucayali.

Datos Geográficos

Referencias geográficas: río Purús, río Yurúa, río Inuya, río de las Piedras Región: Madre de Dios

Bibliografía
ÁLVAREZ, Ricardo
1996 – Sepahua II: fundación de una misión católica en el Bajo Urubamba. Lima: Enotria.

DOLE, Gertrude
1998 – “Los amahuaca”, en SANTOS GRANERO, Fernando y BARCLAY, Frederica (editores), Guía etnográfica de la Alta Amazonía. Volumen III. Lima: Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, IFEA.

INEI
2007 – Censo Nacional 2007 (XI de Población y VI de Vivienda). Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía 2007.

MORA, Carlos y ZARZAR, Alonso
1997 – “Información sobre familias lingüísticas y etnias en la Amazonía peruana”, en BRACK, Egg(editor),Amazonía peruana, comunidades indígenas, conocimientos y tierras tituladas: Atlas y base de datos. Lima: GEF, PNUD, UNOPS.

URL de origen (Obtenido en 12/06/2013 – 14:05): http://bdpi.cultura.gob.pe/pueblo/amahuaca

Fuente: Ministerio de Cultura del Perú

Pueblo Achuar, Perú

Pueblo Achuar
Otras denominaciones: Achual, Achuare, Achuale
Familia lingüística: Jíbaro
Lengua: Achuar

El pueblo achuar, cuya lengua se denomina con el mismo nombre, forma parte de la familia lingüística jíbaro. Este pueblo está asentado principalmente en la zona norte del departamento de Loreto. Según las cifras del INEI, para el 2007, la población de las comunidades autoidentificadas como achuar se estimaba en 10,919 personas.

La historia del pueblo achuar se relaciona con la del pueblo jíbaro, la cual se caracteriza por las luchas de resistencia contra la colonización española que impuso en buena parte de la selva peruana misiones evangelizadoras. Esto causó que durante la primera parte del siglo XIX, los achuar permanecieran en relativo aislamiento del resto de la sociedad peruana, situación que hoy en día ha variado de manera importante. Al igual que otros pueblos de la Amazonía peruana, los achuar sufrieron los estragos de la época cauchera, caracterizada por la invasión y esclavización de pueblos indígenas. La historia contemporánea de los achuar se relaciona con las  exploraciones de hidrocarburos de las décadas de 1960 y 1970, actividad que ha dejado pasivos ambientales importantes y que afectan la salud de la población indígena del lugar.

Historia

El pueblo achuar y los ejércitos incaicos entablaron contacto en el siglo XV. Fueron dos las expediciones realizadas por estos últimos a territorio jíbaro hacia finales de dicho siglo, y una tercera realizada durante el gobierno del inca Atahualpa, poco después de que venciese a su hermano Húascar (Chirif y Mora 1976).

La primera incursión en territorio de los jíbaro, familia lingüística a la que pertenecen los achuar, fue realizada por Alonso Alvarado en 1535, quien habría empleado la ruta desde la ciudad de Chachapoyas hacia la confluencia de los ríos Chinchipe y Marañón. En 1556, Juan de Salinas emplearía otra ruta para incursionar en la misma zona, partiendo desde la ciudad de Loja, hoy en Ecuador.

Las fundaciones de las ciudades de Valladolid en 1557, Loyola y Santiago de las Montañas en 1558, y Santa María de Nieva en 1564 han sido momentos importantes en la incursión de los conquistadores en territorio jívaro. Sin embargo, es la fundación de la ciudad de Borja por Diego de Vaca en 1619 la que constituye un punto especialmente estratégico de ingreso a territorio jíbaro. Es desde allí que en 1638 llegan los jesuitas para iniciar las misiones de Maynas, cuya influencia se hizo
sentir por los próximos 130 años (Uriarte 2007).

Al igual que los demás pueblos jívaro, los achuar se enfrentaron frecuentemente con los españoles que intentaron reducirlos en las misiones. Esta resistencia indígena ocasionó continuos fracasos de los misioneros hasta que, en 1704, los misioneros jesuitas recibieron la orden de abandonar la labor misional en territorio jívaro. A pesar de que en 1767 los jesuitas logran obtener un permiso para reiniciar las misiones, este intento duraría poco debido a que en 1769 los jesuitas son expulsados del Perú (Uriarte 2007).

Los achuar experimentan un relativo aislamiento durante las primeras cinco décadas del siglo XIX, hasta el aumento de la navegación fluvial a partir de 1850 y el periodo de la extracción del caucho entre 1880 y 1914. Aunque los caucheros no ingresan directamente a territorio jíbaro, sí establecen relaciones de intercambio con ellos; los achuar entregaban caucho a cambio de escopetas y telas (Chirif y Mora 1976).

Las exploraciones en busca de petróleo iniciadas a fines de 1920 y la guerra entre Perú y Ecuador en 1941 afectaron de manera importante la vida de los achuar, así como también su relacionamiento con agentes foráneos. En las décadas de 1960 y 1970, tanto Perú como Ecuador relanzaron sus campañas de exploración petrolera de manera más ambiciosa, pero también intensificaron proyectos de “colonización” de la zona estableciendo asentamientos de población no-nativa, puestos y guarniciones militares (Uriarte 2007). 

En la década de 1950, los achuar empiezan a intercambiar regularmente maderas, pieles, carne y pescado salado, barbasco, productos hortícolas y animales de corral en los puertos comerciales del Pastaza, Huasaga y Huitoyacu (AIDESEP 2004).

Instituciones sociales, económicas y políticas

Antiguamente, los achuar habitaron enormes casas ovaladas, multifamiliares, espaciosas y con cerco de guerra (AIDESEP 2004). Hoy, la composición de los hogares achuar, así como el tipo de asentamiento en el territorio, es diversa. Mientras algunos achuar viven en comunidades en donde las viviendas están aisladas, otros habitan en comunidades nativas densamente nucleadas (Uriarte 2007). Los achuar pueden habitar también en viviendas unifamiliares o en viviendas comunales habitadas por una familia extensa.

Tradicionalmente, existe entre los achuar una división sexual del trabajo. Los hombres se dedican a la caza y a la pesca, actividades cuya frecuencia e importancia

depende de la cercanía de la comunidad respecto de los ríos. Si bien los hombres tienen un papel protagónico en la roza y tala de la chacra, son las mujeres quienes se relacionan más con la actividad agrícola. La siembra, el deshierbe y la cosecha son actividades femeninas. Según Descola (1988), es tradición que cada mujer achuar posea y maneje su propia chacra. Según fuentes más recientes, el 80% de las chacras de los achuar son destinadas al autoconsumo (yuca, plátano, frutales, barbasco, entre otros), mientras que un 20% son cultivos comerciales como maíz, frijol, maní, etc. (AIDESEP 2004).
Organizaciones representativas de nivel comunal

El listado que se puede descargar en esta página incluye a las organizaciones representativas de nivel comunal de comunidades nativas autoidentificadas como parte del pueblo achuar y que cuentan con reconocimiento oficial. El Viceministerio de Interculturalidad se encuentra recopilando información sobre otros niveles de representatividad, información que se publicará en cuanto sea procesada.

Creencias y prácticas ancestrales

El instrumento tradicional de caza para el hombre achuar es la cerbatana, un tubo de tres metros hecho de madera de palmera que se usa con pequeñas flechas. La práctica ancestral frecuente entre quienes hacen uso de la cerbatana es untar la flecha con el curare, un veneno natural cuya preparación supone la cocción de cortezas de árboles, tallos y raíces diversas. Este veneno puede ser tan poderoso que una cuchara de curare alcanzaría para envenenar aproximadamente 70 flechas (Descola 1988).

Otros datos

A partir del Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía realizado en el año 2007, la población de las comunidades autoidentificadas como achuar se estima en 10,919 personas, ubicadas principalmente en la región Loreto. Según los datos del mismo censo, la población mayor de 14 años asciende a 6293 habitantes, para los cuales se estima que el índice de analfabetismo es del 17% (INEI 2007).

Datos Geográficos

Referencias geográficas: río Tigre, río Corrientes, quebrada Masacuri, río Pastaza, río Huasaga, río Manchari, río Huitoyacu, quebrada Anazo, río Situche
Región: Loreto

Bibliografía

AIDESEP, FORMABIAP, FUNDACIÓN TELEFÓNICA
2004 – El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas. Lima: AIDESEP, FORMABIAP, Fundación Telefónica.

CHIRIF, Alberto y MORA, Carlos
1976 – Atlas de comunidades nativas. Lima: Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS).

DESCOLA, Philipe
1988 – La selva culta, simbolismo y praxis en la ecología de los achuar. Quito: AbyaYala.

INEI
2007 – Censo Nacional 2007 (XI de Población y VI de Vivienda). Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía 2007.

URIARTE, Luis M.
2007 – “Los achuar”, en SANTOS GRANERO, Fernando y BARCLAY, Frederica (editores), Guía etnográfica de la Alta Amazonía. Volumen VI. Lima: Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, IFEA.

URL de origen (Obtenido en 03/13/2014 – 11:18): http://bdpi.cultura.gob.pe/pueblo/achuar

Fuente: Ministerio de Cultura del Perú