Un contexto del Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa de Pucalá

La Tumba 21: Un contexto funerario del Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa de Pucalá[1], Valle de Lambayeque

EDGAR BRACAMONTE[2]

RESUMEN

Las investigaciones arqueológicas en Huaca Santa Rosa, localizada en el extremo final del valle bajo de Lambayeque, Costa Norte del Perú, permitieron conocer la existencia de un asentamiento cuyo poder y prestigio perduró por más de 2500 años. Así mismo, se descubrió la presencia de una ocupación con materiales cerámicos de estilos asignados al Horizonte Medio, localizado cronológicamente entre los años 650 al 1050 d.C.

La Tumba 21 (HSR-T21) de Huaca Santa Rosa fue descubierta en la planicie 2, Sector I. Se trató del entierro de un adolescente en posición sentada con las extremidades inferiores flexionadas y recogidas hacia la caja torácica. Las extremidades superiores se hallan extendidas sobre las inferiores, el cuerpo estuvo orientado de este a oeste con la mirada al este. El personaje fue sepultado con siete vasijas de cerámica y una valva de Spondylus princeps depositada entre sus manos.

La presencia de objetos cerámicos del Horizonte Medio apertura investigaciones que permiten conocer el destino de las élites Mochicas de Sipán, su relación con el repentino crecimiento de la ciudad de Pampagrande y el surgimiento del estado Lambayeque entre Pátapo y Cerro Luya. Un rasgo importante del hallazgo fue su localización, en una capa donde la arquitectura estuvo cubierta por sedimentos de lluvia y se depositaron hasta 19 entierros de camélidos, nivel conocido como capa de las ofrendas.

INTRODUCCIÓN

La Arqueología en Lambayeque se viene desarrollando de manera intensiva, investigando yacimientos arqueológicos de diferentes períodos, permitiendo establecer un orden cronológico del desarrollo cultural de esta parte del Área Andina Central. Desde el año 2007, se ha podido conocer ocupaciones con rangos cronológicos que no se conocían hasta esa fecha, tal es caso de Ventarrón (Alva y Alva 2007, 2010, Alva en prensa) en la sección baja del valle de Lambayeque donde se identificó la ocupación con arquitectura monumental más antigua de la Región y el templo con arte mural de mayor antigüedad en los Andes Centrales, pertenecientes al Período Precerámico con 4,000 años a.C. Esta ocupación inicial abre nuevas vías para explicar el origen y desarrollo de las sociedades prehispánicas de los valles lambayecanos y, desde luego, de la costa norte peruana. Otro vacío que ha podido llenarse en los últimos tres años corresponde al final del Horizonte Temprano y el inicio de la sociedad Mochica, marcada en otros valles por la presencia de los estilos Virú, Salinar y Vicús. A tres kilómetros de Ventarrón y dos de Collud[3], localizamos el complejo arqueológico El Chorro donde se descubrió tumbas en fosa con ofrendas de cerámica de estilos correspondientes al Formativo Superior, según la cronología de Lumbreras, con marcados rasgos de estilo Vicús y Salinar (Alva y Bracamonte 2010).

En este afán de buscar evidencias de transformaciones socioculturales de un sociedad a otra, Huaca Santa Rosa aparece como un sitio clave para entender los mecanismos que rigieron el colapso Mochica y el surgimiento del Estado Lambayeque en el este valle norteño. Los estilos de cerámica local mezclada con tradiciones foráneas, tanto de la costa central como de la sierra norte y sur del Perú durante el Horizonte Medio son evidencias tangibles que estamos frente a un fenómeno de cambios en los patrones culturales que dieron origen a la Sociedad Lambayeque; entonces podremos intentar determinar relaciones entre la Leyenda de Naymlap como mito creador de los Lambayeque y los datos arqueológicos que explicarían como los Mochica bajo ciertas condiciones ambientales y culturales se transforman en una nueva entidad que adelante se denominará Lambayeque.

Con el presente artículo, pretendemos esbozar algunas características de la ocupación del Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa, basándonos en el hallazgo de la Tumba 21 cuyas ofrendas de cerámica indican que estamos ante un contexto con materiales de estilo foráneo (Wari) y local (PostMochica), y que además se asocia a fragmentos de cerámica de estilo Cajamarca serrano, Cajamarca costeño, Wari polícromo local y el estilo impreso.

HUACA SANTA ROSA, CONTEXTO GEOGRÁFICO Y CULTURAL

En el valle de Lambayeque, Huaca Santa Rosa de Pucalá se localiza en el extremo final de la parte baja, en eje norte – sur con los promontorios rocosos aislados y las pequeñas cadenas montañosas que marcan el inicio de las estribaciones norteñas de la cordillera de los Andes (Fig. 1A).

El monumento arqueológico se localiza a 3,45 km. al noroeste de Huaca Rajada – Sipán y a 4,08 km. al sureste de Cerro Pátapo. Políticamente, el yacimiento se ubica en el distrito de Pucalá, provincia de Chiclayo en la Región Lambayeque.

Las excavaciones arqueológicas que desarrollamos actualmente son parte de un programa de investigaciones en el Valle de Lambayeque, que busca contextualizar los materiales cerámicos de diferentes estilos del Horizonte Medio que fueron identificados entre los años 2006 y 2008 (Bracamonte et. al. 2006, Pasapera 2008), además de los procesos de interacción interregional (Lambayeque – Cajamarca – Jequetepeque) durante el Horizonte Medio y sus implicancias.

A la fecha, hemos caracterizado de forma preliminar la secuencia ocupacional de Huaca Santa Rosa, encontrando una ocupación continua iniciada en el Horizonte Temprano y que se prolongaría hasta el Horizonte Tardío (Bracamonte 2011). Las ocupaciones se distribuyen entre las tres pirámides, dos plataformas, planicies y montículos sin arquitectura que componen el complejo arqueológico, dividido en tres sectores en relación con el uso del espacio.

FIG. 1. A) Mapa de ubicación de Huaca Santa Rosa de Pucalá en el valle de Lambayeque. B) Foto satelital del Sector I (área monumental) donde se localiza la Planicie 2. C) Plano del Sector I, tomado de Tschauner 2001.

A
B
C

La importancia del monumento se determinó por el uso intensivo y extensivo del área, obteniendo una secuencia perfectamente estratificada, donde las ocupaciones tempranas sólo han podido registrarse en los pozos de huaquero con más de 8 m. de profundidad. El continuo uso del espacio a lo largo de la historia ocupacional del sitio es un indicador de la importancia y rol que debió cumplir en el desarrollo sociocultural del valle; así mismo, nuestras excavaciones han reportado elementos significativos en las ocupaciones Mochica, Lambayeque, Chimú e Inca, relacionados con temas rituales y la presencia de una clase gobernante ocupando Santa Rosa determinada por templos, altares, recintos decorados con pintura mural y tumbas con interesantes ajuares funerarios donde se halló textiles polícromos, ofrendas de camélidos y objetos de madera.

LA PLANICIE 2

Huaca Santa Rosa de Pucalá es un complejo arqueológico que se compone de tres sectores diferenciados por la concentración de pirámides, plataformas y montículos sin arquitectura. El sector I, denominado Área monumental, se localiza en el extremo este del complejo y está compuesta por tres pirámides, dos plataformas y tres planicies (Fig. 1B y C). El Sector II se ubica en el lado norte del complejo, comprende la concentración de tres montículos compuestos por pequeñas plataformas hechas de adobes y adosadas a elevaciones artificiales sin arquitectura. El Sector III, al sur oeste del complejo, está compuesto por cuatro montículos artificiales configurados del mismo modo que los registrados en el Sector II.

La Planicie 2 se encuentra en el Sector I, al este de la pirámide central y al norte de la Plataforma E1 (Fig. 2). Actualmente está ocupada por algunos corrales y viviendas abandonadas de los pobladores del C.P. Santa Rosa (Fig. 1B). Tiene una extensión de 70 ml. de eje este – oeste y 85 ml. norte – sur.

Fig. 2. Planicie 2 localizada en el área monumental de Huaca Santa Rosa de Pucalá , al este de la pirámide central y al norte de la Plataforma E1. Actualmente está ocupada por algunos corrales y viviendas abandonadas de los pobladores del C.P. Santa Rosa.

Las excavaciones arqueológicas en esta área se plantearon para identificar la naturaleza de su ocupación y la procedencia de algunos fragmentos de estilo Mochica Tardío de línea fina registrados en la superficie del área. Tanto en las unidades 11 y 12 (Fig. 2) las evidencias arqueológicas nos han permitido conocer parte de la secuencia ocupacional de la Planicie 2, identificando que las capas más profundas con ocupación humana se localizan a 4,90 m. desde la superficie (Unidad 12), en lo que parece ser una formación geológica donde el primer poblador de Santa Rosa habría realizado actividades que aún deben ser explicadas con más excavaciones. En la capa 19 de la unidad 12, la más profunda excavada en la Planicie 2, se halló arena eólica que sería parte de la formación geológica del sitio, mezclada con grumos de barro de coloración marrón, restos malacológicos y fragmentos de cerámica diagnóstica, especialmente de uso doméstico. Esta capa midió 120 cm. pero no se conoce la real dimensión, pues no se concluyó su excavación.

Sobre la capa 19 de la unidad se registró una fuerte ocupación Mochica de la fase media con materiales cerámicos estilísticamente similares a los reportados en Sipán para su etapa de apogeo (200 – 500 d.C). Al parecer esta área estuvo ocupada ininterrumpidamente hasta la ocupación Lambayeque Medio y una de sus ocupaciones más complejas ocurrió durante el período estilístico conocido como Horizonte Medio (650 – 1050 d.C.), época a la que correspondería la Tumba 21 (Fig.3).

 

A

B

C

D

E

F

Grupo Fig. 3. Estratigrafía de la Unidad 12. La ocupación Lambayeque se identificó cerca de la superficie (A), mientras que la ocupación Mochica Tardío y del Horizonte Medio se halló bajo la ocupación Lambayeque (B y C). Subyacente a esta ocupación se halló arquitectura y cerámica Mochica Medio (E y F).

LA TUMBA 21 (HSR – T21)

En la unidad 11, ubicada al norte de la Planicie 2, se descubrieron dos tumbas en la capa 3, correspondiente al Horizonte Medio (Capa de las ofrendas). La Tumba 21 es más completa y corresponde a un adolescente sepultado en una fosa cuadrangular, mientras que la Tumba 20 no presenta fosa, se trata de un infante y su osamenta está incompleta. Ambas tumbas han sido cuidadosamente colocadas al interior del recinto 3 y se hallan asociadas a los entierros de camélidos de la capa de la ofrendas.

La Tumba 21 fue hallada en el lado sur del recinto 3, su intrusión rompe el muro 10. La fosa desde su aparición en la capa 3 estuvo cubierta por arcilla grumosa de color amarillo y fue hallada a una profundidad de 0,20 ml. en relación a la superficie del perfil oeste de la unidad 11 (parte central de la fosa). El contexto funerario estuvo localizado al sureste del entierro del camélido 8 y del conjunto de ofrendas 1, y al norte del entierro del camélido 10 (Fig. 8).

Fig. 4. Tumba 21 (HSR-T21) descubierta en la Planicie 2 del Complejo Arqueológico Huaca Santa Rosa de Pucalá. Presentaba una fosa cuadrangular y una ofrenda de camélido asociada y colocada hacia el lado suroeste.

 

Fig. 5. Primer grupo de vasijas dispuestas como ofrendas en la Tumba 21, estuvieron dispuestas al sureste de la osamenta.

 

Fig. 6. Segundo grupo de vasijas de la Tumba 21. La HSR-T21-C3 fue colocada cuidadosamente en el contexto con el rostro de la representación zoomorfa y la mirada al este.

Este particular contexto funerario es una fosa de forma cuadrangular, mide 1 m. de largo, 0,81 m. de ancho y 0,60 m. de altura. Está orientada de este a oeste y ha sido elaborada excavando directamente en el relleno del recinto 3, rompiendo el muro 10 que lo delimita por el lado sur (Fig. 4). La fosa estuvo rellena con arcilla preparada expresamente para este evento funerario y una mínima cantidad de tierra suelta, el color varía de amarillo a beige claro. Presenta textura compacta y ligeramente grumosa.

En la Tumba 21 se halló los restos de la osamenta de un adolescente, dispuestos en la parte central de la fosa. Estuvo en posición sentada con las extremidades inferiores flexionadas y recogidas hacia la caja torácica. Las extremidades superiores se hallan extendidas sobre las inferiores, el cuerpo estuvo orientado de este a oeste, con la mirada al este (Fig. 4 y 13).

El personaje de la Tumba 21 fue sepultado con siete vasijas y una valva de “mullu” (Spondylus princeps). Se descubrieron cuatro cántaros, dos botellas y un vaso (Fig. 5, 6 y 7).

  1. El Cántaro lenticular cara-gollete (HSR-T21-C1) fue hallado en el lado sur de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete divergente y base plana. Fabricado en atmósfera oxidante, cocción irregular e incompleta y superficie color anaranjado. La vasija es moldeada y presenta bruñido como acabado superficial. Presenta decoración en alto relieve dispuesto en el gollete (cara – gollete), elaborado con el molde del mismo proceso de manufactura, se representa a una imagen zoomorfa de rasgos similares a las de un cánido con la boca entreabierta mostrando la dentadura. Los ojos se han representado por una ligera oquedad y una pequeña protuberancia. La parte lateral del gollete lleva dos protuberancias semilenticulares con perforación central que representarían las orejas de la imagen zoomorfa (Fig. 7). Un cántaro similar fue hallado en la Tumba M-U1242 de San José de Moro (Del Carpio y Delives 2004:131, 140; Castillo et al. 2008:60, fig.50).
  2. El Cántaro ovoide (HSR-T21-C2) se recuperó del lado sur de osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo ovoide, gollete corto y divergente, borde divergente y labio plano. Elaborada con la técnica del modelado, en horno de atmósfera oxidante, la cocción es irregular y completa; la superficie es de color roja y alisada. El cántaro está decorado con aplicaciones de forma cónica con perforación basal, colocados en la parte superior del cuerpo (hombros de la vasija), cerca de la inflexión con el gollete (Fig. 7). Un cántaro de rasgos similares de recuperó en la Tumba M – U1407 de filiación Mochica Tardío en San José de Moro (Rengifo 2006), así como en dos tumbas de El Chorro en el Valle de Lambayeque (Alva y Bracamonte 2010).
  3. Cántaro lenticular cara-gollete (HSR-T21-C3), hallado en el lado sureste de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete y borde recto, labio redondeado y base plana irregular. Elaborado con la técnica del moldeado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie es de color gris oscuro y se encuentra bruñida. Presenta decoración incisa postcocción (grabado) y en alto relieve dispuesto en el gollete (cara – gollete), elaborado con el molde del mismo proceso de manufactura, se representa a una imagen zoomorfa, donde la representación de la nariz es de forma plana frontal mostrando los orificios nasales, recordando a las viejas representaciones de “murciélagos” de la fase Mochica Temprano (ver Donnan 2003:59, Lám.2.3a). Los ojos se han representado por oquedades colocadas a la altura de las comisuras. La parte lateral del gollete lleva dos protuberancias de forma triangular con perforación central que representarían las orejas de la representación zoomorfa (Fig. 7). Esta vasija tiene paralelos en diferentes contextos funerarios de Horizonte Medio 2 de San José de Moro, como la Tumba M – U615 (Castillo et al 2008), M – U1221 (Rengifo 2004), M – U1307 (Castillo y Rengifo 2006 y Rengifo 2006) y la Tumba M – U1316 (Castillo y Rengifo 2009), todas correspondientes al Período Transicional.
  4. Botella globular (HSR-T21-C4) hallada en el lado este de la osamenta del personaje. Se trata de una botella pequeña de cuerpo globular, cuello alto y recto, labio redondeado y base plana. Elaborado con la técnica del moldeado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie es de color gris oscuro y se encuentra pulida. El cántaro está decorado con aplicaciones de forma circular con perforación central, colocados en la parte superior del cuerpo (hombros de la vasija), en el punto de inflexión con el gollete (Fig. 7). Piezas de este estilo fueron registradas en tumbas del Período Transicional en San José de Moro, como la M-U615 (Castillo et al. 2008), M-U409-C13 (Castillo 2003: 93 fig. 18.15) y MU1316 (Castillo y Rengifo 2006: 58, 61).
  5. Botella lenticular cara – gollete (HSR-T21-C5) localizada en el lado este de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete y borde recto, labio redondeado y base plana irregular. Elaborado con la técnica del moldeado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie es de color gris oscuro y se encuentra bruñida. Presenta decoración en alto relieve dispuesto en el gollete (cara – gollete), elaborado con el molde del mismo proceso de manufactura, se representa a una imagen antropomorfa, con las facciones definidas, simétricas y armónicamente estructuradas. Los ojos son círculos concéntricos en relieve, la boca una banda en bajo relieve, dando la apariencia de estar entreabierta. La parte lateral del gollete lleva dos protuberancias de forma semicircular con perforación central que representarían las orejas de la imagen antropomorfa (Fig. 7).
  6. Vaso (HSR-T21-C6) hallado en el lado este de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de paredes divergentes, labio redondeado y base plana irregular. Elaborado con la técnica del modelado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie externa es de color gris oscuro y se encuentra bruñida, mientras que la superficie interna es de color gris claro y sólo presenta bruñido en el borde y la parte media de la vasija. Se identifica una gran cantidad de inclusiones de micas en la composición de la pasta. Presenta decoración en alto relieve consistente en una banda elevada en la parte superior del cuerpo (Fig. 7). Este tipo de vasijas es de estilo foráneo, tendría sus orígenes en la tradición Tiahuanaco (comparar con Millones – Fundación El Monte 2001: 359), apareciendo luego en el Horizonte Medio 1, especialmente en tumbas de gente que no pertenecería a la élite como la de Qori Huillca en Ayacucho (Ochatoma y Cabrera 2001:101). Las excavaciones en el sector ceremonial de Conchopata revelaron la presencia de vasijas rituales entre las que se encuentran vasos de diferentes estilos. “Su presencia no es frecuente en las unidades domésticas habiendo sido encontrados en contextos de tumbas y el área ceremonial en “D” (Ochatoma 2007:247). En esta zona de Conchopata se halló cuatro tipos de vasos, siendo el primer grupo el que presenta características similares a las descubiertas en el vaso HSR-T21-C6 de la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa. En San José de Moro, Valle del Jequetepeque, se registraron vasos similares en las tumbas MU626-C6, M-U729-C2 como materiales pertenecientes a la fase Mochica Tardío C (Castillo 2000), así como en la Tumba M-U615 del Período Transicional (Castillo et al. 2008)
  7. El cántaro lenticular (HSR-T21-C7), estuvo ubicado al lado norte de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete recto, borde divergente, labio redondeado y base plana. Fabricado en atmósfera reductora, cocción irregular y completa; la superficie es de color gris. La vasija es moldeada y presenta pulido como acabado superficial. Presenta decoración en alto relieve dispuesto en el gollete, consistente en un desnivel que marcarían la inflexión cuello – borde, dando la impresión de tratarse de una banda. El cántaro está decorado con aplicaciones de forma semicircular con perforación central, colocados en la parte superior del cuerpo (hombros de la vasija), cerca de la inflexión con el gollete.
    (Fig. 7)
  8. Valva de Spondylus (HSR-T21-Ml1) ubicada al centro de las extremidades inferiores, a la altura de los huesos de las manos (Fig.7).
    Fig. 7. Tumba 21 (HSR-T21). Conjunto de ofrendas de cerámica y una valva de mullu (Spondylus princeps) colocada entre sus manos.

     

    LA TUMBA 21 Y LA SECUENCIA OCUPACIONAL DE LA PLANICIE 2 La excavación de las unidades 11 y 12 nos han permitido entender preliminarmente la secuencia ocupacional del área norte de la Planicie 2. Los contextos arquitectónicos y funerarios recuperados permitieron establecer las primeras características de la ocupación del Horizonte Medio como parte de la secuencia ocupacional de la Planicie 2, que se habría iniciado durante la fase Mochica Medio y habría finalizado con la ocupación Lambayeque.

    La Tumba 21 (HSR-T21), descubierta en la unidad 11, fue colocada en el interior del Recinto 3 pero de manera intrusiva, pues rompe el muro 10 (muro sur del recinto) y los pisos 2a y 2b correspondientes a un momento de ocupación previo al entierro de las tumbas 20 y 21 y los fenómenos de lluvia que sepultaron la capa 3 donde subyace la HSRT21 (Fig. 8)

    Fig. 8. Área norte de la Unidad 11. Se identificó unidades arquitectónicas y pisos deteriorados, así como una gran cantidad de entierros de camélidos, un conjunto de ofrendas de Spondylus trabajado y dos Tumbas (HSR-T20 y HSR-T21). A esta capa se le conoce como capa de las ofendas.

    TUMBA 21

    RECINTO 3

    Tomando como referencia la ubicación del contexto funerario, se puede entender los procesos de estratificación cultural de la Planicie 2, ubicando como primeras ocupaciones a la fase Mochica Medio, materializada por la presencia de arquitectura y objetos cerámicos, mientras que la ocupación Mochica Tardío estaría definiéndose por materiales cerámicos del particular estilo de Línea Fina. Entre esta ocupación y la capa 4 se halló un conjunto arquitectónico de singulares características constructivas para el valle de Lambayeque, se trata de arquitectura en tapial, que muestra marcadas diferencias a los tapiales Gallinazo e Inca. En este conjunto arquitectónico, al que venimos denominando el Templo del Tapial se identificaron recintos, corredores, escalinatas de acceso, hornacinas y un patio cuyas dimensiones y morfología aún falta determinar. La denominación de “templo” se debe a las escasas huellas de uso en los ambientes y el trabajo invertido en sepultar esta arquitectura con arcilla pura y bien elaborada (Fig. 9).

    Fig . 9. Área sur de la Unidad 11. Unidades arquitectónicas que componen el Templo del Tapial. Al norte se ubican las capas del Horizonte Medio donde fue hallada la Tumba 21. El edificio fue cubierto con arcilla fina y bien preparada, al parecer este evento tendría relación con el final del Intermedio Temprano y el Horizonte Medio.

    El Templo del Tapial fue cubierto al momento de la construcción de las unidades arquitectónicas ubicadas a la partir de la capa 4, lo que nos permite establecer un orden cronológico relativo de los acontecimientos de la Planicie 2. En esta secuencia tenemos a la Tumba 21 en la capa 3 cuyos materiales corresponden estilísticamente al Horizonte Medio 2, así tenemos que las vasijas más diagnósticas descubiertas (HSR-T21-C3, C4, C5 y C6) corresponden, según la cronología establecida para San José de Moro, al Período Transicional (800 – 950 d.C. aproximadamente) (Castillo et al. 2008), aunque algunas formas parecen tener paralelos durante el final de la Fase Mochica Tardío o lo que para San José de Moro se conoce como Mochica Tardío C o tercera fase (Castillo 2000, 2003; Gayoso 2004), este es el caso de la HSR-T21-C1, C2, C6 y C7 (Fig. 10, 11 y 12).

    A

    A

    B

    C

    D

    EFig. 10 . HSR-T21, ofrendas de cerámica recuperadas (A-D), nótese las similitudes con las vasijas halladas en la tumba de la textilera M-U1316 de San José de Moro (Castillo y Rengifo 2009), ubicadas en la imagen inferior (E).

    A

    A

    B

    C

    D

    D

    Fig. 11. HSR-T21, ofrendas de cerámica recuperadas (A y D), nótese las similitudes con las vasijas halladas en la tumba M-U615 de San José de Moro (Castillo et al. 2008) (C) y en Huaca Bandera en el valle de La Leche (B) (Curo et al. 2011).

    A

    B

    C

    D

    E

    F

    G

    H

    I

    Fig. 12. Diferentes muestras de keros con la clásica decoración de la banda en relieve en la parte superior del cuerpo. Esta tradición se habría iniciado en Tiahuanaco (A y B) y luego habría influenciado a los estilos Wari de inicios del Horizonte Medio (C) (Millon es –Fundación El Monte 2001). Este estilo se halló en la Tumba Wari del Horizonte Medio de Qori Huillca-Ayacucho (D) (Ochatoma y Cabrera 2001) y en los espacios ceremoniales de Conchopata (E) (Ochatoma 2007). En la Costa norte este estilo apareció en Huaca Bandera (F) (Curo et al. 2011) y San José de Moro (G) (Castillo et al. 2008), así como en la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa (H). Este estilo de keros perdurará hasta la fase Lambayeque Medio incluso en soportes como el metal (I).

    Los materiales registrados como ofrendas en la Tumba 21 corresponden a vasijas de calidad intermedia[4], y que han sido comúnmente utilizadas en actos rituales como el caso de la HSR-T21-C3 y C6. El patrón de enterramiento constituye una forma atípica para el Horizonte Medio 2 (Fig. 13), si tomamos como referencia los entierros de San José de

    Moro, “…la posición flexionada sentada, típica de la tradición serrana, tampoco fue asimilada en San José de Moro sino hasta el periodo Lambayeque. La posición extendida dorsal y la orientación en el eje noreste-suroeste siguió predominando en San José de Moro durante el periodo Transicional.” (Rucabado 2008:375-376). Los estudios de las tumbas Lambayeque de San José de Moro determinaron que “La posición flexionada, principal característica de las tumbas de los tipos B y C, se observa en San José de Moro por primera vez durante el periodo Lambayeque. Casi el total de los contextos funerarios que comparten esta característica pertenecen a la fase Lambayeque Medio.” (Bernuy 2008:61).

    La Tumba 21, entonces, muestra un patrón funerario que va a popularizarse durante el Intermedio Tardío, constituyéndose hasta el momento en el antecedente más próximo de este patrón que se habría iniciado, al menos en Huaca Santa Rosa, durante el Horizonte Medio 2. La cerámica hallada nos revela el estatus del individuo sepultado, colocándolo en un nivel intermedio, en relación a la calidad de objetos y principalmente por la presencia del vaso de estilo Wari monocromo, cuya presencia sólo se da en actividades rituales, y al parecer en este tipo de contextos reemplazaría a los keros polícromos tan cotizados en el área andina y cuyo acceso debió ser contralado por las élites gobernantes (Fig. 12). Quizá sea particular encontrar este contexto funerario asociado a eventos intensos de lluvia que habrían erosionado la arquitectura donde fue depositada y también la de cobertura, sugiriendo que el suceso funerario ocurrió durante tiempos de anomalías climáticas relacionadas con eventos pluviales intensos, quizá un fenómeno El Niño. Aún es necesario analizar los demás materiales asociados y las mismas osamentas para determinar las causas de la muerte y otros rasgos del individuo, teniendo en cuenta que se trata de un personaje adolescente no mayor de 15 años aproximadamente.

    Después de los eventos pluviales y el entierro de la Tumba 21, el área fue reacondicionada, construyendo nuevamente muros delimitatorios asociados a fragmentería de cerámica doméstica de estilo Lambayeque. Aún es necesario excavar otras áreas en la Planicie 2 para caracterizar la ocupación Lambayeque, pues esta ha sido severamente afectada por actividad antrópica.

    EL HORIZONTE MEDIO EN HUACA SANTA ROSA DE PUCALÁ

    Las investigaciones arqueológicas relacionadas con el Período estilístico conocido como Horizonte Medio en la Costa Norte del Perú han ido en aumento, esto se debe al interés generado por entender los procesos de colapso de la sociedad Mochica y el surgimiento de Lambayeque. Los trabajos de investigación en San José de Moro y Cerro Chepén (Valle del Jequetepeque) aperturaron nuevos horizontes para comprender los procesos socioculturales y políticos que se desarrollaron durante el colapso de la élite gobernante Mochica (Rucabado y Castillo 2003; Castillo 2003), además se ha recopilado valiosa información sobre la presencia de materiales cerámicos de otras latitudes como los estilos Nievería, Atarco, Viñaque, Pachacámac y Cajamarca (Castillo 2000, Rosas 2007).Estos materiales cerámicos, vinculados con las vasijas descubiertas en la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa corresponderían al Horizonte Medio 1 y 2, momento en que aparentemente decae el poder político Mochica.

    En el valle de Lambayeque, la presencia de materiales del Horizonte Medio 2 de rasgos similares a los documentados en el Valle de Jequetepeque, son escasos. En Pampa Grande solamente se identificó materiales de estilo Mochica Tardío (Shimada 1994; Castillo 2000; Rojas et al. 2006; Wester et al. 2006), mientras que en Sipán, recientemente se han descubierto elementos cerámicos de estilos Mochica Tardío (Chero 2007, 2008, 2010), con características semejantes a las que Castillo (2000) clasifica como el primer momento de la Fase Mochica Tardío A, etapa en la que se inician los cambios en la entidad gobernante e introducen nuevas tendencias morfológicas en la producción de bienes suntuarios, desde luego con el régimen y pervivencia de las tendencias precedentes. En Sipán aún es necesario determinar la naturaleza de la ocupación Mochica Tardío identificada en el sector II y IV del Complejo (Bracamonte 2008), donde se reconoció conjuntos residenciales similares a los investigados en Pampa Grande (Rojas et al. 2006; Wester et al. 2006) y cerámica doméstica de estilos Mochica Tardío y Cajamarca Costeño.

    Fig. 13. Reconstrucción hipotética (explosivo) de la forma de enterramiento de la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa de Pucalá. (Dibujo Percy Fiestas)

     

    Fig. 14. Estilos de cerámica hallados en la Unidad 11, asociados a las capas donde se recuperó la Tumba 21. A) Cántaros Mochica Tardío, B) Botellas Mochica Tardío, C) Asa de botella Mochica V, D) fragmentos decorados de estilo impreso, E) Estilos Cajamarca cursivo y cursivo floral y F) fragmento de vaso Wari de manufactura local.

    Mientras las evidencias de Pampa Grande y Sipán reflejan los procesos de transformación estilística Mochica en Lambayeque, lo hallado en Santa Rosa de Pucalá nos muestra, además de este fenómeno, la aparición de materiales Lambayeque junto a vasijas de clara influencia Wari y reminiscencias Mochica en contextos como rellenos de unidades arquitectónicas, áreas de ocupación doméstica y un contexto funerario (Tumba 21).

    Aún es prematuro determinar el rol que jugó Santa Rosa en el proceso de transformación de las entidades gobernantes Mochicas hacia el Estado Lambayeque en este valle norteño, pero queda claro que los mecanismos de legitimación del poder por parte de las Élites Mochicas, así como las estrategias de integración entre la costa y la sierra vecina fueron productivos no sólo en el Valle del Jequetepeque, sino también en el Valle de Lambayeque. Es necesario ahora determinar rutas de interacción ideológica y económica, tanto al sur como al norte con el vecino valle de La Leche, donde se ha descubierto recientemente un Centro ceremonial del Horizonte Medio con presencia de materiales Mochica Tardío (polícromo) y del Período Transicional (Curo et al. 2011). La presencia de la Tumba 21 y de abundantes fragmentos de cerámica de estilo Mochica Tardío, Cajamarca serrano, Cajamarca costeño, Wari, Wari local, nievería, impreso y Lambayeque Temprano (Fig. 14), no sólo llena un vacío cronológico en el valle de Lambayeque, también deja muchas interrogantes sobre las relaciones intravalle e intervalle; ¿acaso Santa Rosa de Pucalá es sólo el punto de convergencia de grupos culturales dueños de diferentes estilos durante el Horizonte Medio?, de ser así, ¿qué factores determinaron el papel que desempeñaría Santa Rosa en los procesos de transformación de entidades políticas y religiosas Mochica a Lambayeque?. Quizá una de las mayores discusiones que debemos plantear con estos hallazgos es la relación Sipán – Pampa Grande – Santa Rosa, buscando aclarar si el poder y prestigio de Pampa grande y su monumental arquitectura Mochica Tardío se habrían trasladado a Santa Rosa al consumarse el colapso Mochica durante el Horizonte Medio 2 o quizá Santa Rosa, por su larga secuencia ocupacional de más de 2,500 años, compitió por el liderazgo en el valle y durante el Horizonte Medio se convirtió en el único centro de poder por encima de Pampa Grande y la otrora pujante urbe de Sipán. Estas respuestas se podrán encontrar a medida que las investigaciones en Santa Rosa logren determinar la naturaleza de la ocupación del Horizonte Medio, caracterizarla y desde luego entender si estamos ante un desarrollo con mucha fuerza local o sujeto a muchas y muy marcadas influencias foráneas.

     

    AGRADECIMIENTOS:

    Deseo expresar mi gratitud al Dr. Walter Alva por su constante asesoramiento, del mismo modo a Bruno Alva y Ceyra Pasapera por sus revisiones y sugerencias; a Julio Rucabado por los comentarios sobre algunas vasijas de la Tumba 21. También expreso mi agradecimiento a Mayra Medina quien estuvo a cargo de las excavaciones en la Tumba 21 y la Unidad 11, apoyada por Hoover Rojas y Doris Rodriguez, estudiantes de Arqueología de Universidad

    Nacional de Trujillo. También agradezco a Leslie Cochayalle, Percy Fiestas, Luis Saavedra y Rosendo Domínguez quienes colaboraron en la revisión del material, los gráficos y la búsqueda de bibliografía.

     

    UNIDAD EJECTURORA 005 NAYLAMP – LAMBAYEQUE
    MUSEO TUMBAS REALES DE SIPÁN
    PROGRAMA ARQUEOLÓGICO VALLE DE LAMBAYEQUE

    La Tumba 21: Un contexto funerario del
    Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa de
    Pucalá, Valle de Lambayeque

    EDGAR BRACAMONTE LÉVANO

    Ponencia presentada al XVII Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina y
    Amazónica “Alfredo Torero Fernández de Córdova” realizado del 22 al 27 de agosto de
    2011.

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    1. Huaca Santa Rosa de Pucalá forma parte del Programa Arqueológico Valle de Lambayeque que también involucra a Cerro Pátapo y Cerro El Combo.
    2. Director del Programa Arqueológico Valle de Lambayeque. Arqueólogo del Museo Tumbas Reales de Sipán de Lambayeque
    3. Collud – Zarpán es un complejo arqueológico ubicado en la sección baja del valle de Lambayeque y está formado por una extensa plataforma de aproximadamente 500 ml por 300 ml, donde destacan tres grandes estructuras piramidales de filiación Lambayeque construídas sobre la ocupación del Período Formativo (1200-100 a.C.).
    4. La calidad intermedia se le denomina a las vasijas que no son finas ni de calidad burda (Castillo 2003:91)
Hallan 47 entierros de más de 2,500 años en Huanchaco, Trujillo, La Libertad

Un equipo de arqueólogos halló 47 entierros y más de 50 esqueletos humanos que registran una antigüedad de hasta más de 2,500 años en el sector Lomas La Cruz, distrito de Huanchaco, provincia de Trujillo, región La Libertad, se informó hoy.

Estas tumbas, en las cuales también se encontraron cerámica, utensilios de pesca, spondylus, entre otros objetos que, según los investigadores, están asociados a las culturas Salinar (400 a.C. al 300 d.C.) Virú (150 a.c. al 500 d.c.), y Chimú (1200 d.C. 1400 d.C.).

El arqueólogo Víctor Campaña León informó que dentro de los entierros destacan el de una persona adulta, el cual había sido enterrado con ocho vasijas escultóricas, que está asociado a la cultura Virú y representa un grado de importancia dentro del contexto.

Asimismo, el hallazgo de la tumba de un niño asociado a la cultura Chimú, que había sido enterrado con 49 spondylus, algo sin precedentes, puesto que ni en Chan Chan se han encontrado tantos de estos moluscos asociados a un solo entierro.

Campaña indicó que estos entierros dentro de un corredor formado por muros de piedra grandes, que permite determinar la importancia del sitio, asimismo debajo de ello hay otras arquitecturas que por ahora se van a dejar intacto.

Estas excavaciones forman parte del Proyecto de Rescate Arqueológico La Lomas 2017–2018, impulsado por la Municipalidad Distrital de Huanchaco, a fin de ejecutar en la zona un proyecto de agua potable y alcantarillado.

Las excavaciones iniciaron el 23 de octubre del 2017 y terminarán el 23 de junio del año en curso, en el cual se excavarán un total de 6,444 metros cuadrados, de las cuales ya se han excavado el 49 por ciento.

“Las excavaciones y los hallazgos en realidad no están dando muchas luces, especialmente la parte de investigación, porque pocos son los sitios que se excavan en esa magnitud, máximo, más de 3,000 metros cuadrados, pero aquí se hará casi el doble, y sin duda nos dará grandes respuestas sobre lo que pasó aquí”, indicó el arqueólogo e investigador de la Universidad Nacional de Trujillo y de la Universidad de Yale, Gabriel Prieto Burméster.

Meta de museo

Prieto sugirió que Huanchaco debe tener un museo donde poder exhibir a los huanchaqueros, trujillanos y todos los peruanos los hallazgos, para que puedan entender la importancia de las culturas que se desarrollaron en la costa norte del Perú.

Ante ello, el alcalde de Huanchaco, José Ruiz Vega, indicó que se va a gestionar un proyecto de la construcción de un museo para que el próximo alcalde pueda ejecutarse y sugirió la explanada papal, donde el papa Francisco celebró la Santa Misa.

Ruiz indicó que el presupuesto para la ejecución del proyecto de rescate asciende a 650,356.34 soles.

“Hay alrededor de 3,000 familias las que viven actualmente en este sector y no podemos sacarlas por estar asentadas en sitio arqueológico, por lo que pedimos al Ministerio de Cultura hacer este trabajo de rescate, a fin de que se puedan preservar las piezas”, indicó.

Teorías Autoctonistas: de Origen Costeño

Orígenes de la Civilización Peruana
Teorías Autoctonistas
De Origen Costeño
Sustentado por Rafael Larco Hoyle (1901 – 1966). Sustenta que el origen de la civilización peruana está en la costa, en Cupisnique (La Libertad), desde allí se habría difundido a la región andina. Se apoyó en la mayor antigüedad de Cupisnique sobre Chavín, contradiciendo las tesis de Julio C. Tello.

Rafael Larco Hoyle
Rafael Carlos Víctor Constante Larco Hoyle (Hacienda Chiclín, Trujillo, 18 de mayo de 1901 – Lima, 23 de octubre de 1966) fue un arqueólogo,investigador, escritor, ingeniero agrícola e historiador peruano. Hizo contribuciones fundamentales para el conocimiento de diversas culturas preincaicas del norte del Perú. Fundó el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera en 1926.

Larco Hoyle se dedicó a explorar los diversos parajes del Valle de Virú y Quebrada de Cupisnique, labor en la que sería acompañado por sus hermanos Constante y Javier Larco Hoyle, por su esposa, su hija y por su amigo Enrique Jacobs. De esas investigaciones se registró información sobre la asociación de áreas de sepulcros. Fue en el Valle de Virú donde en1933 descubrió la primera tumba conteniendo vasos cuya característica principal era la pintura negativa, identificándola como la Cultura Virú. En el mismo valle de Virú descubrió la Cultura Cupisnique en 1940.

Asimismo, estudió la Cultura Mochica localizada en el Valle Moche, que había sido descubierta por Max Uhle en 1909 (bajo la denominación de pre-Chimú), convirtiéndose entonces en uno de sus principales intereses. Para 1948, ya había estudiado a profundidad la cerámica de Mochica clasificándola en cinco fases, tomando como base ciertos criterios de forma y dimensiones de los picos, asas estribo y cuerpo, así como las decoraciones.

En 1941, en Pampas Jaguey identificó la Cultura Salinar, en la parte alta del valle de Chicama. A partir del estudio de los conjuntos funerarios postuló que Salinar marcaba la transición entre Cupisnique y el advenimiento de la Cultura Moche.

En 1953, debido a las exigencias del negocio azucarero, tuvo que instalarse en Lima, donde se asoció a otras especulaciones (Banco Comercial, Rayón Peruana S. A., Filamentos Sintéticos S. A., etc.). Trasladó entonces, con mucho cuidado, el museo Larco Herrera a dicha ciudad, para lo cual acondicionó una casona en el distrito de Pueblo Libre. Este Museo constituye una de las más valiosas riquezas culturales del Perú.

En el campo de la investigación arqueológica, la obra de Rafael Larco Hoyle ha sido de fundamental importancia, equiparable a la de otro gran arqueólogo peruano, Julio César Tello. De hecho, ambos deberían compartir el título de fundadores de la arqueología peruana.

  • Descubrió y estudió varios yacimientos arqueológicos, como Cupisnique, Queneto, Salinar, Virú, Pacopampa y Barbacoa, estudios que fueron de fundamental importancia para fijar la secuencia cronológica de las culturas peruanas
  • Demostró que la construcción del santuario de Chavín de Huántar, considerado como la cuna de la civilización andina por Tello, fue posterior a otros restos arquitectónicos de la costa, como el de Punkurí, y a la cultura Cupisnique. Llegó incluso a sostener que la alta cultura peruana se había originado en la costa norte y que de allí se había irradiado a la sierra, lo que contrariaba los postulados de Tello, considerado entonces la autoridad máxima en la materia.
  • Ahondó la investigación hacia períodos anteriores a la utilización de la cerámica (precerámico), hurgando las huellas de los recolectores y cazadores paleolíticos. Fue el primero en estudiar las puntas líticas de Paiján, encontradas profusamente en los alrededores de la localidad de dicho nombre.
  • Prestó preferente atención a la evolución de las culturas del norte peruano, especialmente la Mochica, identificando sus diversos períodos de manera científica, a base de los estilos y la técnica estudiados en la cerámica. Su estudio abarca desde el Precerámico hasta la irrupción incaica, pasando por las culturas Cupisnique, Salinar, Mochica y Chimú, entre otras.
  • Expuso la posibilidad de que existiera entre los mochicas un sistema primitivo de escritura sobre pallares.

Estudio Zooarqueologico de un sitio domestico del Período Gallinazo Virú – Valle Medio

  • Generalidades
  • Medio Ambiente
  • Investigación Arqueológica
  • Metodología
  • Resultados
  • Discución e interpretaciones
  • Comentarios
  • Bibliografia
Lugar estudiado

I. GENERALIDADES

1.- Ubicación Geográfica

El valle de Virú está integrado a la franja costeña septentrional, perteneciendo a la vertiente occidental de la cordillera de los Andes, situándose entre los valles de Moche al Norte, y de Chao hacia el Sur, con 8°20’32» de latitud meridional. Forma parte de la cuenca del río Virú, el que presenta una distancia media de 25 Km. (ONERN 1973:44)

La zona de estudio se encuentra ubicada en el flanco Oeste del cerro Castillo, colindando con el sector denominado Pampa de Pur-Pur; aproximadamente a 1.5 Km al Noreste del conjunto monumental Castillo de Tomabal, área que corresponde al Distrito de Virú, Provincia de Virú, Departamento de la Libertad Lugar estudiado

2.- Medio AmbienteEl medio ambiente de la formación Desierto Pre-montano (d-PM), se caracteriza por presentar un clima extremadamente árido y semi-cálido, con ligeras precipitaciones, donde se registran unos 7 mm anuales hasta unos 40 a 50 mm en el nivel altitudinal superior; la temperatura promedio es de 20.3° C. El área observada (T-A2) corresponde a pampas y colinas per-áridas (0-900 m.s.n.m) con suelos litosólicos esqueléticos sin valor agrícola, su relieve es complejo, mayormente accidentado, el material madre está constituido por rocas volcánicas intercaladas con sedimentos, actualmente es zona desértica en vías de habilitación para el riego. Sus características biológicas arrojan ausencia o escasa vegetación con algunas cactáceas y capparidáceas en laderas de montañas aisladas. (ONERN 1973:43-46)

3.- Investigación Arqueológica

3.1. Antecedentes

El valle de Virú no solamente presenta una considerable densidad de sitios arqueológicos ubicados cronológicamente en diferentes periodos culturales, sino también es evidente.- a partir de los estudios desarrollados en esta región de la costa Norte de Perú.- que fue escenario del origen y desarrollo de una tradición ó manifestación cultural propia denominada «Gallinazo» por Bennett (1939), y «Virú» por Larco Hoyle (1948), quien en 1933, reporta en la Pampa Los Cocos cerca a las Huacas del Sol y La Luna (Valle de Moche), la primera tumba con cerámica que corresponde a este estilo cultural, caracterizada por su cerámica con decorado negativo, y sus grandes conjuntos monumentales, o «castillos fortificados»: Castillo de Tomaval, Castillo San Juan, Castillo de Saraque, y el Castillo Napo, que ocupan sectores estratégicos en la sección media del Valle de Virú (Willey 1953); constituyéndose en los principales núcleos arquitectónicos, compuestos además por un conjunto de estructuras accesorias, como son las grandes murallas perimetricas, plazas, plataformas, cementerios y sectores habitacionales, emplazados a su alrededor. Asimismo; los centros urbanos ceremoniales estudiados por Bennet (1950) donde destaca el Grupo Gallinazo caracterizan el patrón arquitectónico en esta sección del Valle Bajo, donde se registraron conjuntos habitacionales de planta ortogonal, utilizando el adobe y la tapia como principal elemento constructivo, los mismos que se asocian a montículos o pirámides de estructura compacta con una evidente tendencia a la orientación cardinal y el uso racional del espacio, teniendo en cuenta; que existe una superposición de estructuras, marcada por la sobreelevación de las mismas.

En el valle medio se registra una gran concentración de recintos aglutinados, elaborados en masposteria de piedra con doble paramento, estos se encuentran diseminados a lo largo del flanco occidental de la cordillera, sector donde se ubica nuestra área de investigación.

Estudios recientes realizados por el Proyecto CHAVIMOCHIC, en el cementerio VM-150, del Sector Cerro Oreja (Valle de Moche), han develado un conjunto de recintos funerarios elaborados en mamposteria de piedra canteada con doble paramento; compuestos por espacios necrológicos, donde se han definido, un aproximado de 320 entierros, asociados a elementos ceramográficos, metalúrgicos y arqueofaunísticos, dispuestos a manera de ofrendas. Asimismo; en el sitio se ha registrado una superposición de estructuras con fines de uso doméstico, reportándose una gran densidad de recintos habitacionales, las mismas que se asocian a estructuras públicas levantadas con adobe y piedra dispuestas en diferentes sectores del área investigada. A partir de la magnitud del sitio y los alcances del mencionado proyecto estaríamos frente a uno de los complejos de ocupación Gallinazo más importantes de esta región.

Las exploraciones y excavaciones desarrolladas por el Proyecto Sicán, plantean la probable área de in fluencia de esta cultura. «… Nuestro estudio muestra que durante los tres o cuatro siglos despues de Cristo, la Cultura Gallinazo tuvo una distribución en toda la costa Norte, cubriendo al menos desde Casma, al Sur, y La Leche (probablemente hasta Piura), por el Norte, esencialmente la misma extensión alcanzada algo más tarde por los Moche». (Shimada y Maguiña 1994:33).

Los futuros trabajos reafirmarán o descartarán dichas apreciaciones, lo cierto e incuestionable es que la cultura Gallinazo nunca perdió identidad étnica, constituyéndose en el principal antecedente de la cultura Moche.

3.2. Métodos de Excavación

El área se delimitó tomando como referencia los puntos de la poligonal existente en el terreno (PP-2/PP3), de cuyo eje se proyectaron tres unidades de excavación de 10 por 10 metros cada una, tomándose como punto de referencia el ángulo Noreste de cada unidad para el control altitudinal. Todo el proceso se efectuó utilizando instrumental adecuado a cada contexto que debió intervenirse, el control de los mismos se realizó por niveles naturales.

El sistema de registro fue tridimensional, subdividiéndose en cuadrículas de 1 m., utilizando cordeles horizontales y verticales, dibujando planos que reflejan las remodelaciones del sector; asignando a cada estructra, una categoría y número correlativo, describiendo en el cuaderno de campo y ficha respectiva cada nivel de excavación, detallando: textura, color, composición y las evidencias asociadas al contexto arqueológico; el registro gráfico se sustenta en una simbología objetiva para las diversas convenciones del terreno, culminando con el registro fotográfico.

3.3. Datación y Estratificación

La metodología empleada (excavación en área), nos permite tener una visión más completa en cuanto al sistema de distribución espacial, determinando las modificaciones o remodelaciones con dos fases arquitectónicas, prestándole singular atención a las técnicas constructivas que nos permita determinar su filiación cultural y cronología relativa. El patrón constructivo consiste, en habilitar el terreno a través de la acumulación de materiales transportados con textura semicompacta (tierra, grava, arena); logrando su aterrazamiento, para luego ser delimitados por muros de contención en doble paramento, sobre los cuales se levantan las estructuras; con una tendencia que se logró definir a partir de las remodelaciones, de ir reduciendo los espacios y sellando los accesos de los recintos y corredores, y la reutilización o sebreelevación de las estructuras existentes; denotando un patrón arquitectónico que es característico de la cultura Gallinazo (Lámina Nº 4).

El análisis ceramográfico nos permite reafirmarlo, a partir de diversos fragmentos de material cerámico y los recipientes completos (Recintos 14, 15, 22) que conservan la técnica del negativo y los denominados apéndices ornamentales con motivos zoomorfos (cabezas de ardilla, felinos, monos) que corresponden al periodo Gallinazo o Virú. Los estudios de Heydi Fogel (1987: Fig. 15-39) asocia este tipo de material cerámico a la Fase Media o Gallinazo Medio.

3.4. Métodos de Recuperación de la Muestra Faunística

Los materiales orgánicos provenientes del proceso de excavación fueron registrados de acuerdo a su emplazamiento original.

Para el caso de la concentración de restos óseos y malacológicos dispuestos sobre superficies de uso o pisos, se procedió a su registro descriptivo, tridimensional y fotográfico; (Ejem. Recintos 13 y 20), teniendo en cuenta su asociación y tratándose de elementos diagnósticos de primer orden que reflejan el uso o consumo de una especie de invertebrado en este caso Scutalus proteus, actividad que está asociada a un determinado nivel de ocupación.

Asimismo, la naturaleza de la ocupación y el patrón constructivo nos ha permitido reportar como contenido de los rellenos arquitectónicos, una considerable cantidad de muestras arqueofaunísticas al interior de los mismos. El mecanismo utilizado para trasladar los materiales procedentes de las superficies de ocupación -a parte de su recolección- fue a través de cubos de 10 litros y tamizados en mallas de 1/4″ y 1/8″, para luego ser clasificados arbitrariamente como restos orgánicos: óseos, moluscos, malacológicos, etc., depositándolos en bolsas plásticas debidamente rotuladas para su posterior identificación taxonómica.

3.5. Procesos Tafonómicos Observados en el Campo

El sector T-A2 se encuentra ubicada en un área con marcado desnivel, el reconocimiento previo permite identificar las características más notables de su topografía, reportando un terreno con gran acumulación de material pétreo mezclado con restos culturales en la superficie, producido como efecto de un intenso proceso de escombraje; generando la destrucción y sellado parcial o total de las evidencias arquitectónicas desde el momento de su abandono. La Unidad 1, por su emplazamiento (ubicada en la parte más elevada), presenta mejor conservación en relación a la Unidad 3, que se constituye en la sección más afectada (parte más baja).

A todo ello debemos agregar otros procesos pertotáxicos a partir de la meteorización originados por condiciones de humedad ambiental y cambios drásticos de temperatura, producto de ligeras lluvias en la temporada de avenidas de agua, como la experimentada durante el proceso de excavación en los meses de Noviembre y Diciembre (sin tener en cuenta los fenómenos ENSO ocurridos en las últimas centurias); resulta obvio sostener que los fenómenos antes mencionados afectaron con mayor intensidad el nivel superficial del área intervenida.

Es importante señalar que la mayoría de los materiales provenientes de la excavación (Unidades 1, 2 y 3) se encuentran en buen estado de conservación, sólo en algunos casos, como se ha observado en las vértebras cervicales, toráxicas y lumbares, presentan ausencia de las apófisis espinosas.

También se han registrado en los especímenes y elementos que componen la muestra arqueofaunística, presencia de colonias de hongos e impregnación de sales; evidenciando un tiempo considerable de exposición al aire libre, factor que es detallado en capítulo aparte.

4.- El Estudio Zooarqueológico

El estudio zooarqueológico a desarrollar con los materiales provenientes del sector doméstico denominado T-A2, a través de las diversas evidencias arqueofaunísticas, nos permiten plantear a manera de sugerencias tentativas, propuestas relacionadas a aspectos paleoecológicos y patrones de subsistencia vinculados al periodo Gallinazo; reportando elementos para proponer y correlacionar con materiales de otros sitios cronológicamente similares.


II. METODOLOGIA

1.- Procedimiento Inicial y Preparación de la Muestra

Los materiales en el campo fueron embalados con sumo cuidado, utilizando: papel, algodón industrial, bolsas, cajas apropiadas, para luego ser trasladados a gabinete.

Luego se realizó la limpieza, lavado y refacción de los especímenes o elementos en mal estado de conservación para su posterior identificación taxonómica.

2.- Métodos de Identificación

La metodología aplicada en el estudio de los restos arqueofaunísticos se fundamenta en el método comparativo, que para el caso de restos óseos de mamíferos, peces y aves, se utilizaron muestras comparativas y bibliografía especializada que a continuación detallamos.

En el caso del taxón CAMELIDAE se consultó con la Guía Osteológica de Camélidos Sudamericanos – Serie Investigaciones Nº 4 (Pacheco, Altamirano y Porras 1979), la muestra moderna de ARQUEOBIOS, y la asistencia permanente del Dr. J. Kent. Sólo fue posible registrar osteométricamente tres muestras basadas en el texto «Osteometría de los Camélidos Sudamericanos» (Kent 1996).

Si bien es cierto que la muestra es mínima, los resultados del análisis discriminadamente indican que la especie con más alto índice de consumo es la Llama (Cuadro Nº 12).

A partir de la morfología de dos fragmentos de mandíbula se ha logrado identificar un individuo sub-adulto y un adulto, tomando como referencia el tiempo de erupción y grado de desgaste de las cuatro cúspides y exposición de la dentina en cada uno de los dientes: PM y M, presentes en las muestras observadas y comparadas con la figura 4 y 7 del artículo «Aging Llamas and Alpacas by their Teeth» (Wheeler, 1982).

La identificación de taxón CERVIDAE fue posible en base a la «Guía osteológica de cérvidos andinos» (Altamirano, 1983), la muestra compuesta por dos astas y un astrágalo pertenecen a la especie Odocoileus virginianus.

El taxón MURIDAE se identificó por la morfología morfología y fórmula dentaria: 1:0:1:2 ——- 1:0:1:2

de la muestra del maxilar inferior comparada con la Fig. A del texto «Living Mammals» (Lawlor, 1 979). La presencia de un húmero con foramen supratroclear en la sección distal, y la tuberosidad lateral extendida sobre el nivel de la cabeza de la sección proximal, permiten identificar el taxón CAVIIDAE perteneciendo a la especie Cavia sp. (Miller, 1973).

El resto óseo trabajado de un mamífero marino pertenece al taxón BALANEIDAE, según la referencia del Biol. William Zelada del Departamento de Zoología de Vertebrados de la Universidad Nacional de Trujillo, quien también logró identificar los restos óseos del taxón CANIDAE.

Motivo de singular interés, en la muestra ósea, son los restos del taxón HOMINIDAE que corresponden a un individuo bastante joven por los dientes deciduos identificados.

El taxón PELECANIFORMES se determinó por la morfología de los huesos largos que corresponden a la especie Phalacrocorax sp., basado en el texto «Avian Osteology» (Gilbert, Martin y Savage; 1 985).

Asimismo, los restos óseos del taxón OSTEICHTYES fueron identificados a nivel de especies: Mustelus sp., Paralonchorus peruanus y Paralichtys sp., utilizando la muestra comparativa de ARQUEOBIOS, del Dpto. de Zoología de Vertebrados y el texto «Clave para identificar los peces marinos del Perú» (Chirichigno, 1980).

Para el Phylum: Mollusca y Arthropoda se logró identificar tres clases: Gasterópodas, Pelecypoda y Crustácea, con un total de 14 especies; basados en la muestra comparativa de ARQUEOBIOS, Museo de Zoología, el texto «Sea s hells of tropical West America» (Keen, 1971), y «Crustáceos comerciales u otras especies comunes en el litoral peruano» (Méndez, 1982). Es importante señalar que toda esta información en detalle fue sistematizada, para lo cual se elaboró fichas de identificación de fauna y registro osteológico y una ficha para invertebrados, en las cuales se precisan: procedencia, especimen o elemento identificado, ubicación, sexo, edad, condiciones, NISP, MNI, % (FR) y observaciones (Cuadros Nº 1 y Nº 2).

Procedimientos para Cuantificar la Muestra

Los materiales o contenido de la muestra arqueofaunística analizada, proviene de un contexto eminentemente doméstico, caracterizado por la presencia de recintos, utilizando sus espacios disponibles como vivienda, depósitos o sede de su labor cotidiana. Los materiales procedentes de superficies de uso o pisos constituyen la base del presente estudio, haciéndolo prevalecer como criterio discriminante en relación al material procedente de los rellenos arquitectónicos.

Teniendo en cuenta la naturaleza de la muestra, para el caso de los vertebrados, se procedió a su cuantificación, estableciéndose en primer término su procedencia según la Unidad, Nivel o Recinto al que corresponde; previa identificación taxonómica de los especímenes recuperados, la sumatoria de los mismos arroja como resultado el NISP, el buen estado de conservación en la mayoría de la muestra facilitó dicho procedimiento.

El segundo grupo, representado por gasterópodos, donde un individuo está considerado un especimen completo o en caso de estar fragmentado, se toma en cuenta una espira (incluyendo el apex) o el peristoma completo.

Con los bivalvos se procedió a contar las valvas izquierdas y derechas, tomando como referencia la charnela y en su ausencia la orientación del borde anterior, la suma de ambos lados constituye el NISP y la cantidad máxima del lado identificado permite establecer el MNI, aplicando el mismo sistema a las quelas de los crustáceos (Cuadro Nº 1).

Sitios Sacros
QUENETO

En la costa Norte de Perú entre los valles costeños de la región La Libertad, se encuentra el productivo valle de Virú. (Ubicado a 50 minutos de Trujillo en movilidad).

Entrada Fotos: Luis SánchezEl valle toma la denominación del nombre del río, el cual tiene aproximadamente 22,5 km. de longitud desde su formación el cual desemboca en el océano Pacífico. Las huellas de ese transitar versan también de una fecunda existencia y la influencia de sus aguas en el rol social desde las épocas prehispánicas.

En 1932, Larco dio cuenta del hallazgo del templo de Queneto, detallando tambien la existencia de tres grandes y largas rocas de mayor proporción tiradas en la entrada de dicha quebrada.

Postuló que estos restos estuvieron verticalmente colocados; se basó que en una de ellas aún mantenía su base fragmentada de su forma originalmente y que habría caído producto del acarreo aluvial.

Monolito Fotos: Luis SánchezAvanzando al interior de la quebrada se distinguen restos de caminos, viviendas, petroglifos, cementerios, que nos testifican que estos lares hoy desolados, tubieron una actividad constante.

En la margen derecha del Río Virú al borde de la quebrada pedregosa (Queneto) se reafirma con sus plazoletas ceremoniales ubicandose en la parte estrecha de la misma quebrada.

Rafael Larco la descubre en 1932, manifestaba: «aunque se hallaron fragmentos de cerámica Tardía se supone que estas plazoleta fueron construidas en tiempos remotos.

Los Reportes para este lugar son: Bennett, 1939, Larco Hoyle1938, Disselhoff 1955, Horkeirmer 1944, Ishida 1960, Kroeber, 1944, Muelle 1956, Willey,1953.

Monolito Fotos: Luis   SánchezDe la relación que hicieran los Agustinos cuando pasaron a catequizar a los naturales de Huamachuco (1560) manifestaron: «encontramos en esta región una especie de menhires y betilos cuya relación de que en cada pueblo había una huaca o idolo la cual adoraban y tenían por ojo del pueblo y a la cual rendían culto para que los cuide sus (chacaras) con son su estancia y le dan chicha, sanco y cuyes para ser fiesta».

Cristóbal de Albornos aseguraba que 300 (adoratorios) fueron quitados por dichos padres entre ellas algunas conocidas como :»Yanac guanca, Quispiguanca, esta última manifestaban que andaba vestida y era guaca principal de los indios Caxamalcas del Ayllu Cuyosmango».

templo Foto D.C.B.Entre otros nombres, se suman los existentes en los documentos de compra de terrenos (archivo Regional de la Libertad) ubicada en 1590, folio 124 a favor de doña Florencia de Mora; en el documento se detalla sobre la existencia de una piedra hincada a manera de «moxon» de dos estados de alto la cual los naturales de aquella época llamaban «Uncuycapac», otros la conocían como «Noncopoc».

Aún faltan profundizar mayores estudios al respecto siendo un desafío a los futuros investigadores de la actual generación y aquellos que se están formando.
D.C.B.

Sitios Sacros
CERRO ORIFICO – UN SITIO CEREMONIAL EN LAS ALTURAS

Vista desde lado Sur

Uno de los antiguos centros ceremoniales cuya antigüedad data del Formativo Inicial, se encuentra ubicado en la cima del cerro Orifíco; localizado en la Hoja «16 F» de la Carta Geográfica Nacional, teniendo una Longitud Oeste 78º 58´45» y Latitud Sur 7º 39´ 30», alcanza una altura de 1,000 metros sobre el nivel del mar. Su localización obedecio a que es apreciable en las fotos aéreas, despertando interés a que ocupación pertenecía.

Sobre las cimas de los cerros perduran diversas evidencias de lo que fuera una de las primeras civilizaciones (Formativo Inicial), que se desarrollo en la cuenca Media del río Chicama ; actualmente el lugar espera futuras investigaciones para poder entender que sucedía con las sociedades en estos periodos tempranos y sus diversas reocupaciones temporarles en el lugar.

Preliminarmente se conoce que esta parte del valle fue ocupada desde el Paijanense (10,000 a.C.), así lo manifiestan las evidencias Líticas para la zona de Chala, adyacente al río Quirripano (Briceño 1994). También tenemos; que en los alrededores y en ambas márgenes en las cercanías del mencionado cerro, existen amplios cementerios, los mismos que han sido brutalmente saqueados; la fragmentaría en superficie permite identificar a filiaciones culturales como: Cupisnique, Salinar, Virú, Moche y Chimú.

Vista tomada desde el lado Nor este

Los Cupisnique se desarrollaron dentro del área comprendida entre los valles de Santa y Lambayeque y sus antecedentes se encontrarían en la parte baja así como en las cabeceras de los valles costeños. Esta denominación se le debe a Larco, quien excavó en los cementerios prehispánicos de Palenque, Barbacoa y Sausal, elaborando la primera secuencia de cronológica de esta cultura. Las características de la cerámica son las botellas globulares con cuellos alargados, ollas y jarras. También describe las peculiares de las botellas escultóricas de asa estribo, que se caracterizan por ser de color negro, marrón oscuro o rojo y por tener la superficie alisada o finamente pulida, existiendo también vasijas con decoración policroma, y representaciones escultóricas, incisas.

El origen de los Cupisnique, todavía sigue en proceso de investigación, lo cierto es que aparece mucho antes que Chavín de Huántar y, por lo tanto, tiene elementos singulares que los caracteriza, los mismos que debieron formarse a través de intercambios que posteriormente les permitió desarrollarse con su propio estilo y luego extenderse a los demás valles y partes bajas de la costa.

El autor

Por la arquitectura de plataformas abiertas en Cerro Orifíco, deducimos que está cumplió funciones públicas, testimoniando que las sociedades andinas alcanzaron un alto grado de desarrollo local para el Formativo Inicial resultado de una economía agrícola, basada en sistemas de irrigación presentes en ellugar, sistema que les permitió un adelanto tecnológico; un rápido aumento en la producción de alimentos y el crecimiento de la población asentadas en aldeas alrededor de un centro de importancia ceremonial.

En cuanto a construcciones pertenecientes a este periodo; solo se describían unas pircas en la zona de los cementerios, los cuales Larco, reporta para Barbacoa y Sausal. Cerro Orifíco es importante dentro de la arqueología regional porque presenta toda una secuencia cronológica que aún se espera develar con futuros estudios. La arquitectura pública existente en la cima del cerro son: plataformas abiertas de forma cuadrada, tal como lo describiera Rogger Ravines para lo que es la tradición derivadas del Formativo en el ámbito geográfico de Jequetepeque.

Esta tiene una orientación 40 grados al Oeste del Norte magnético, edificada sobre la base de piedras las mismas que sirvieron como soporte ganando espacio espacio a la declinación rocosa de origen natural. Una de las plataformas tiene 30 mts. de ancho por 23 mts. de largo, también es apreciable una delimitación de piedras colocadas formando un cuadrado perfecto de 15 mts. en cuya simetría se unen a una banqueta del frontis que asciende al segundo nivel, contandose con la presencia de una escalera empotrada que une ambos niveles.

Arquitectura circular al costado de la plataforma

Indudablemente que este tipo de arquitectura abierta tiene relación con algunas manifestaciones agrícolas en esta parte en donde existen varias tomas de aguas y el aprovechamiento conducida a través de canales abiertos.

La Cuenca Media del río Chicama, alberga numerosos vestigios arqueológicos; gran parte de ellos aún desconocidos y no registrados, muchos de estos lugares aún guardan información de nuestro legado prehispanico; en su mayoría se encuentran en abandono y en algunos casos a punto de desaparecer .

La conservación del patrimonio Cultural en nuestro medio requiere de mayor cuidado y la urgente creación de una conciencia de identidad con nuestro pasado. Muchos sitios arqueológicos diariamente vienen siendo saqueados; los esfuerzos de investigadores y arqueólogos son minúsculos ante el galopante saqueo de nuestras riquezas.

Daniel Castillo B.
Oct. 1994

Sitios Sacros
CONJUNTO ARQUEOLOGICO HUANCACO – VIRU

Huancaco vista de Estea a OesteEl Valle de Virú cuenta con valiosos patrimonio natural y cultural, el mismo que constituye un importante potencial de recursos arqueológicos entre los más representativos tenemos: Complejo Arqueológico Huancaco, Castillo Tomabal, Huaca Santa Clara, Complejo Arqueológico Queneto, Castillo San Juan y Castillo Saraque.

Antecedentes

Las primeras referencias científicas del lugar fue hecha en 1936 por Wendell C. Bennet, durante su visita al valle de Virú, estableció una secuencia constructiva de seis etapas para la estructura piramidal, conocida como “El Castillo”.

En 1940 dentro de este programa de investigación científica, del primer proyecto multidisciplinario “Virú Valley Project” (mitad de los años cuarenta marca el reinicio del estudio del sitio) Gordon R. Willey se encargo del estudio de los patrones de asentamientos humanos en el valle, logrando producir el primer plano del sitio a partir de cartas aerofotográficas, mostrando los elementos arquitectónicos principales del Castillo de Huancaco, considerando que el sitio funcionó como palacio y tuvo una función en parte defensiva (Willey 1953: 359).

Huancaco vista de Estea a Oeste

James A. Ford, estableció una secuencia de ocupación basado en pequeñas excavaciones y recolección de fragmentos de superficie ejecutadas en el complejo ceremonial y en la planicie, concluyendo que este se inicia en el periodo Gallinazo Medio y se extiende hasta el periodo Mochica (periodo Huancaco) (Ford y Willey 1949, Willey 1953: 210).

En los años noventa, arqueólogos del Proyecto de Rescate Arqueológico Chavimochic realizaron levantamientos topográficos y planimétricos, así como algunas excavaciones con el objetivo de delimitar e intangibilizar el área arqueológica (Peña 1993, Pimentel 1993).

Finalmente Bourget realiza excavaciones en las temporadas (1998 – 2003) estableciendo evidencias de murales policromos, techos pintados y numerosos ambientes para distintas funciones.

Texto: D.C.B.
Fotos : Shophy Vallet

Sitios Sacros
CONJUNTO ARQUEOLOGICO HUASOCHUGO – JULCAN

El conjunto arqueológico Huasochugo se extiende a lo largo de 5 Km. sobre la cresta de tres salientes y planicies del cerro del mismo nombre, ubicándose en la margen izquierda del río La Vega, perteneciendo a la actual Provincia de Julcán (creada mediante Ley Nº 25261 del 19 junio de 1990), distrito de Huaso. Limitando por el Oeste con la parte superior del río Virú, por el Este con Unigambal, por el Norte con Julcán y por el Sur Oyón. Tiene una altitud de 3,739 m.s.n.m. entre los 78º 27´38‘’ de Longitud Oeste y 8º 15´ 12´´ de Latitud Sur. Detalle de arquitectura en Huasochugo

El asentamiento ocupacional Huasochugo, presenta una variedad impresionante de grandes construcciones en buen estado, las mismas que están circunscritas y unidas a través de corredores y accesos. El tamaño de las edificaciones es variado, presentando muros elevados donde es posible ver características que incluyen una modalidad constructiva de aglutinamiento y planificación de una arquitectura multisectorial, en donde hay existencia de patios y pasadizos angostos, que permiten a grosso modo tener la idea de una arquitectura probablemente de aspecto residencial, de élite o tal vez enmarcado a lo administrativo, sin descartarse la posibilidad de funciones ceremoniales en el lugar.

Entre los aspectos llamativos del sitio arqueológico encontramos la edificación en la cima norte, la cual solo tiene una sola entrada de acceso a la planicie, la misma que permitía ingresar a este conjunto de edificaciones arquitectónicas, que por sus cumbreras aún presentes fueron cubiertas con techos a dos aguas. Todo la cima fue encerrada con un muro perimetral a base de piedra canteada y argamasa de barro, contando con un solo ingreso el cual restringe su acceso a una modalidad de fortificación, en su interior presenta una armazón aglutinada de estructuras rectangulares y cuadrangulares, existiendo presencia en sus muros de puertas, ventanas y hornacinas, todos estos ambientes estaban asociados con amplios espacios abiertos conducidos por angostos pasadizos.

En cuanto a la modalidad constructiva se ha observado que los sitios actualmente presentan diferencias en el tipo de arquitectura; lo que hace pensar en aspectos funcionales para fines administrativos, como también de probables viviendas de elites, se observo en la superficie algunos fragmentos de piedra trabajados “Muiscas” (morteros rústicos), así como chungos y batanes.

Cerro Huasochugo

La relación existente del valle con la cima del extremo norte de cerro Huasochugo, es una diferencia aproximadamente de 1,300 m. de altura, siendo visible tanto por el Norte como por el Oeste, un profundo abismo que hace imposible el ascenso o descenso por estos lados. Es mas factible hacer la travesía para llegar a esta parte del sitio arqueológico, siguiendo la ruta que viene en dirección sureste, a través de un camino prehispánico adyacente al pequeño caserío de Canras o “Yunyun”. Por su amplitud es probable que se trate de una vía pública de acceso al lugar el cual comunica con otros sitios arqueológicos, también se dirige a los valles costeños que Chao y Virú. Respecto a los caminos prehispánicos, se nota en parte conservados alcanzando más de dos metros de ancho, pasando por terrazas exprofesamente construídas e incluso dentro de campos agrícolas, siendo notorio en la perifería occidental de Huasochugo, diversas secciones del camino principal el cual se conectaba a una red de caminos entre los cuales uno de ellos llega a Oyón, otros se extienden hacia la parte baja en dirección a la costa, uniéndose a “Huacapongo” y “Pueblo Indio” (parte alta de Virú).

Los estudios realizados en la zona norte de Perú en la década del 40 a través del Proyecto Virú, dirigido por Willey (1953), se centraron en la parte media alta y baja de este valle específicamente en la franja costera, entre sus objetivos estuvo la identificación de patrones de asentamiento; pero no hubo una prospección y reconocimiento de los sitios en la parte alta de la cuenca, para así tener una mejor comprensión del desarrollo social y cultural en esta parte limítrofe y natural con la sierra.

Inicialmente las investigaciones en la Sierra norte de Perú son muy escasas y fragmentarias, pero aún así se cuenta con aportes hechos por los esposos Topic (1978, 1979, 1980), quienes en un estudio basado en fortificaciones prehispánicas en la Sierra, abarcaron los valles Virú, Moche y Chicama. Entre sus objetivos fue identificar las fronteras limítrofes de los poderes del norte, así como localizar cambios ocurridos en el tiempo, además versan sobre ocupaciones estratégicas y fronterizas con la costa, sumándose las rutas de mayor intercambio.

Entre los antecedentes del sitio arqueológico Huasochugo se tiene las notas de reconocimiento preliminares que hiciera (Savoy 1970; Zaki 1982), quienes describen la arquitectura de pueblos grandes en la cuenca alta del Virú y Chao, Jaeckel (1983), en base a la identificación de fotografías aéreas le fué posible reconocer una compleja red de antiguos caminos, que se unían en Huasochugo, elaborando un levantamiento planimétrico del conjunto arqueológico; describe cinco principales sectores interconectados que le permitieron identificar características propias para cada lugar, a estas unidades las denominó arquitectura de Elite, clase popular, de función especial, defensiva y de entierro o cementerio (Jaeckel 1983:33)

En la exploración que hizo Jaeckel (1983) observó que en ciertas unidades de los Cerros Chico y Grande, tenían variación en lo que respecta a la cerámica de superficie, presuponía un origen más temprano en el sitio, identificó como Gallinazo a los fragmentos blanco/anaranjado, los fragmentos rojo/blanco considerando como parte de floreros para la fase Moche IV y V, y en cuanto a los componentes de caolín los consideró para las culturas provenientes del Callejón Huaylas, presuponiendo que era la ocupación más larga, por lo menos en algunas partes del sitio. Asumiendo la contemporaneidad y fecha de Huasochugo, considero que podría empezar a acercarse a la configuración general del lugar, con una tentativa referente al aspecto funcional, sus objetivos iniciales dentro del reconocimiento fue evaluar las características básicas de acceso del sitio, reflejado principalmente en caminos, accesos y arquitectura asociada, así como la fortificación del sitio (Ídem 1983:12).

Arquitectura en Huasochugo

La descripción sobre Huasochugo que Pérez (1994) hace en el inventario de sitios arqueológicos de Santiago de Chuco, reconsidera lo que Jaeckel venía sosteniendo sobre restos de alfarería correspondientes a distintos estilos, destacando fragmentos Virú, Moche IV, Cajamarca I y II, Recuay, Huamachuco, Chimú medio y numerosos tiestos erosionados de uso cotidiano. Con respecto al patrón arquitectónico, observó que estos difieren con los de Marcahuamachuco, principalmente en la forma de construcción de sus galerías y distribución de los recintos con patios selectivos, reconociendo que en el aparejo de los muros existe cierta semejanza. Llega a formular que los restos de cerro Huasochugo se relaciona con la arquitectura de los cerros Chamana, Urumalca, Quinya y Sulcha en Otuzco, Acque y los poblados menores de Larcalle, Calvarío Horcón y Calamarca en Santiago de Chuco, lo cual le permitió plantear la hipótesis de un nuevo desarrollo regional Temprano en la sierra Norte” (Pérez 1994: 242).

La consulta hecha al Dr. Topic (2003) según referencía verbal, manifiesta que el sitio tiene una ocupación en el Período Intermedío Temprano y Período Intermedío Tardío, siendo la mayor parte de la arquitectura probablemente al Período Intermedio Tardío.

De nuestra visita y recorrido en el lugar se ha observado la presencia de fragmentos de bordes y labios que manifiestan cierta homogeneidad con otros lugares de la sierra así como en la costa, donde hay la existencia de ollas sin cuello, otras de cuello corto y expandido, variando de acuerdo a su tamaño.

Lo escasamente reportado hasta la actualidad, mayormente esta centrado en base a la observación del lugar, no existiendo aún excavaciones arqueológicas que permitan aseverar las hipótesis planteadas, a fin de obtener mayor información del lugar. Se requiere de futuros proyectos de investigación enfocando el extenso asentamiento de Huasochugo, bajo una perpectiva y búsqueda de respuestas a las interrogantes sobre su interrelación entre la costa y la sierra, identificar sus diversos períodos, entender los propósitos funcionales de la infraestructura asi como las unidades de soporte poblacional, a fin de considerar la idea del dominio territorial y su amplio radio de patrón regional, buscar las relaciones a tráves de los análisis de diversos recursos disponibles y las evidencias materiales.

Considerando que la mayoría de los estudios se han centrado en la franja costera, (en la década del 40 con el proyecto Virú), dirigido por Willey (1953) tuvo como objetivo identificar patrones de asentamiento, basados en la prospección y reconocimiento de los sitios básicamente en la parte baja y parcialmente en la media alta del valle Virú. En la parte alta no se realizaron ningún estudio a fin de tener una mejor comprensión del desarrollo social y cultural en esta parte limítrofe y natural con la sierra.

Los estudios dentro de la sierra liberteña, proceden principalmente de las provincias de Huamachuco, incluyendo Otuzco, datos que provienen de una sección transversal que se extiende desde la costa hasta el “divortium aquarum”, como resultados de dos provectos iniciales, el primero realizado entre 1977-1980. fué básicamente un reconocimiento de los sitios fortificados, mientras que el segundo, entre 1981 y 1984, se concentró en el área de Huamachuco. Los esposos Topic, basados en el reconocimiento de sitios fortificados en el valle de la costa, revelan puntualmente que ningún sitio fortificado existió antes del período Puerto Moorín (Formativo Tardío). Así mismo el estudio de las fortificaciones prehistóricas en la sierra norte de Perú desarrollada en 1977, tuvo como objetivo la identificación de fronteras y los poderes del Norte, así como localización en los cambios ocurridos cronológicamente, sumándose a ello las rutas de mayor intercambio (Lange Topic y Topic 1981), (Lange Topic et.al 1881); (Topic y Lange Topic 1983, y Topic 1987).

Las investigaciones realizadas al Sur del valle Chao, por Wilson (1987), establece cierta similitud de desarrollo para el Intermedio Temprano, existiendo comunicación con la sierra a través de rutas de interacción entre los sitios habitacionales de trazos rectangulares o polígonos irregulares mucha veces aglutinados, con presencia también de estructuras defensivas siendo el caso de Pampa Las Salinas, Quebrada de Palo Redondo donde evidencia un alto nucleamiento densa población y una vía de comunicación hacia las partes altas (Wilson 1987: 140).

El sitio arqueológico Huasochugo, es uno de los asentamientos ocupacionales de suma importancia, presenta una construcción de características estratégicas, siendo un gran asentamiento segmentado a lo largo de 5 Km. que se ubican en la cresta y planicies de los cerros del mismo nombre. Parte de su geomorfología tiene una relevancia obvia debido la comprensión de su valle interandino con los ríos colectores al río Virú, trayecto en que se ubicaba una serie de pasos naturales o abras que permiten cruzar la cordillera facilitando la comunicación por diversas rutas que lo hacen accesibles con relación a los valles costeños

Unico ingreso a Huasochugo

Las quebradas y colectores que confluyen en el río Virú, permiten tener acceso de ser un camino natural, sumándose los elaborados por la intervención de la mano del hombre, los cuales interrelacionan con otros lugares arqueológicos y estos a la vez con la costa, entre ellos tenemos, por el Sur el camino que conduce a Oyón, siguiendo el trayecto a Chorobal y de allí al valle Chao. Entre la red de vías se suman otros al norte, que bajan al Moche y el camino directo que baja a Virú; pasando por sitios arqueológicos de Huacapongo, y desde este punto a otro asentamiento de importancia en la localidad de Codornada, conocida como “pueblo indio”.

Considerando lo mencionado por Willey (1953), que en el valle Virú existía una concentración de sitios exprofesamente asentados cerca de Huacapongo, valle estrecho con una población de muy alta densidad en una área relativamente pequeña, no descartó una considerable población en la parte baja del valle, las cuales se encontraban esparcidas en una zona mucho mayor. En cuanto a la categoría de sitios que presentaban características defensivas, sostuvo que eran para repeler posibles ataques de las poblaciones de la sierra (Willey 1953: 92-100).

Se ha mostrado que en la costa norte, existió una tradición continua de cerámica, identificado desde el Período Intermedio Temprano hasta el Horizonte Medio (Mackey 1982). La asociación de cerámica con Moche, Cajamarca, Chimú y otras mencionadas por Jaeckel (1983) y retomadas por Pérez (1994), serian un indicador sostenible de las relaciones dinámicas de intercambio e interacción entre la costa y sierra, que se habrían dado una relación muy fluida en los Períodos Intermedio Temprano e Intermedio Tardío (200 años a.C. hasta los 1470 d.C.).

En lo que respecta a la arquitectura en Huasochugo, Jaeckel (1983) sostiene que las muestras del aparejo de piedra bien elaborada y que caracterizan al sitio estaban asociadas con cerámica Moche IV y cerámica doméstica Cajamarca. Es muy relevante la adaptación de la arquitectura a la cima y pendiente del cerro, con el espacio urbano extendido hacia la ladera y cuyo entorno físico adyacente estaría separando una arquitectura de élite de las viviendas comunes. La arquitectura de élite está formada por pequeñas unidades residenciales, compuestas por recintos cuadrangulares conectados entre sí, los cuales tienen pasajes angostos y vanos, banquetas, nichos de cuerpo entero y hornacinas. Algunas de las unidades residenciales presentan batanes y piedras de moler con restos de comida, habiéndose observado huesos de cérvidos (Jaeckel 1983:14).

Se tiene identificado el Período Intermedio Temprano por la asociación observada de fragmentos en superficie, con aspectos arquitectónicos que van desde los muros perimétricos hasta edificios grandes en altura, teniendo varios pisos y recintos agrupados en sub-unidades habitacionales con sus patios y corredores, así como angostos pasadizos, graderías que conducen a diferentes niveles de espacios abiertos, algunos de estos con banquetas. En lo que respecta al Período Intermedio Tardío, se les identifica a recintos agrupados en sub-unidades habitacionales amplias, también con sus patios y corredores angostos en forma rectangular.

Pérez (1994) sostiene que Cerro Huasochugo contiene restos de alfarería correspondientes a distintos estilos, destacando fragmentos Virú, Moche IV, Cajamarca I y II, Recuay, Huamachuco, Chimú medio y numerosos tiestos erosionados de uso cotidiano. Con respecto al patrón arquitectónico, manifiesta que difiere con Marcahuamachuco, principalmente en la forma de construcción de sus galerías y distribución de los recintos con patios selectivos, reconociendo que en el aparejo de los muros existe cierta semejanza. Llega a formular que los restos de cerro Huasochugo se relaciona con la arquitectura de los cerros Chamana, Urumalca, Quinya y Sulcha en Otuzco, Acque y los poblados menores de Larcalle, Calvario Horcón y Calamarca en Santiago de Chuco, lo cual le permite plantear: si ¿ Huasochugo sería parte de un nuevo Desarrollo Regional Temprano en la Sierra Norte?.

El sitio arqueológico Huasochugo destaca geográficamente tanto por su extensión, su arquitectura y planificación, esto hace un asentamiento único de importancia con estas características, dentro de los limites fronterizos entre la Costa y la Sierra, siendo necesario relacionar corredores, depósitos, accesos estrechos y entorno natural. Su ubicación estratégica, sus elementos arquitectónicos así como su protección defensiva señalarían que allí se habría estado controlando la recepción, administración, extracción y producción de bienes procedentes de su medio natural y otros procedentes de intercambios, etc. Los caminos estarían cumpliendo una función de continuo transito al lugar, pues su ubicación fronteriza con la costa permitió que ejerciera desde allí una influencia, interrelacionando con otros poblados y los que se ubican en las partes bajas del Virú como Huacapongo, pueblo indio,por el Sur con la zona de Oyón siguiendo el trayecto por el camino a Chorobal y de allí al valle de Chao. A través de las propuestas hechas por Jaeckel (1983) y Pérez (1994) proporcionan datos sobre Huasochugo el cual se extiende a lo largo de antiguas rutas de tránsito que conectan directamente a la costa, y que el intercambio de productos fue constante a través de estos caminos.

El reporte de Willey (1953) al explorar algunos asentamientos en el valle de Virú, señala un precedente en que la población se concentraba en pequeñas áreas de poblaciones aglutinadas de más de 100 personas, localizadas en muchos sitios dentro de la zona perteneciente a Huacapongo, poniendo de manifiesto que se construyeron plataformas en los cerros, los cuales debieron servir para “protegerse de las probables incursiones de la sierra” (Topic 1982: 258), así como también lugares de amplio control, como miradores que se ubica en la parte más estrecha del valle Huacapongo, siendo hasta la actualidad una ruta de transporte, comercial y agrícola.

Con respecto a los datos de la sierra de la Libertad Topic, inicialmente sostiene que el intercambio de productos entre diferentes zonas ecológicas, fué básicamente un asunto de interacciones en pequeña escala. La expansión política de los Estados fué típicamente un fenómeno de mediana escala en el Período intermedio Temprano, reafirmando que en Cajamarca,en la costa y en el Callejón de Huaylas se encuentran, también. evidencias de interacción entre grupos situados a mayor distancia, esta interacción ha sido interpretada como un intercambio de bienes selectos entre partes iguales. A medida que el estado crecía no sólo tenía acceso a un mayor número de bienes selectos sino, también, más oportunidades para influir sobre las pequeñas unidades políticas fuera de sus fronteras. Los dirigentes de estas pequeñas unidades tenían pleno acceso a los bienes de prestigio sólo a través de los principales Estados que los rodeaban. Al lograr acceso a dichos bienes los dirigentes estaban en condiciones de demostrar ante su pueblo lo elevado de su rango. Sin embargo, al aceptar bienes de Estados mayores los dirigentes se tornaban dependientes. Ocasionalmente esta dependencia era preludio de la absorción del pequeño Estado, aunque en otras ocasiones el Estado importante se contentaba con controlar a «distancia» al pequeño, mediante el manejo de los bienes selectos.

Topic (1985) formula que existió una mayor penetración de la influencia Huamachuco en el área occidental fronteriza con la costa. Donde aprecia en una serie de sitios como; Ochoconday, Cerro Campana Chica, en la cuenca alta del río Moche, además de dos sitios en Cerro Quinga, ubicados en la cuenca alta del Virú, cierto paralelismo constructivo en los de la cuenca del Moche, siendo difíciles de fecharlos los del Virú. Diferencialmente en Cerro Quinga No 2, se evidencia un sitio fortificado en la parte superior de una pequeña meseta, existiendo gran semejanza con Marcahuamachuco. En ambos comparativamente se encuentran galerías curvas a los lados del barranco y galerías rectangulares dispuestas alrededor de patios. Dentro del incremento en la construcción monumental en la fase Huamachuco Temprano va acompañado por una mayor evidencia de la interacción a larga distancia. En la cuenca alta de los ríos Virú y Chao, hay numerosos sitios con arquitectura de varios pisos, que con mayor o menor grado se asemejan a la arquitectura del estilo Huamachuco. Algunos son pueblos grandes como Acque, Huasochugo y Cerro Sulcha (Savoy 1970; Zaki 1982; Haley 1979); otros son fortalezas tales como Mollepuquio y Cerro Churre (Haley 1979). Muchos están asociados con restos de caminos y a veces tienen grandes corrales cercados. Actualmente es difícil relacionar la mayoría de estos sitios con la secuencia Huamachuco. Lo que sí es evidente es que la influencia Huamachuco es menor en la fase Purpucala y creciente a lo largo de las fases Huamachuco Temprano, Amaru y Huamachuco Tardío(Topic 1985:20).

Por su función, Huasochugo debió contar con elementos arquitectónicos en los Períodos Intermedio Temprano y con mayor incidencia en el Intermedio Tardío (200 años a.C. hasta los 1470 d.C.) donde se depositaba los bienes productos del intercambio, así como ambientes amplios para albergar su ganado. De las observaciones hechas por Jaeckel, define algunas de las unidades en residenciales y otras que presentaban batanes y piedras de moler con restos de comida, habiéndose observado considerable cantidad de huesos, probablemente cérvidos, deja entrever la probabilidad de que también estos amplios ambientes hallan albergado camélidos tanto por su lana como la producción textil en su interior, ¿Serian estos ambientes donde se guardaban y conservaban los bienes colectados para su predistribución ? Jaeckel (1983) sostiene que es muy relevante la adaptación de la arquitectura a la cima y la pendiente del cerro, donde el espacio urbano se encuentra extendido hacia la ladera, cuyo entorno natural estaría separando una arquitectura de élite con relación a las viviendas comunes. La arquitectura de élite formada por pequeñas unidades residenciales compuestas por recintos cuadrangulares conectados entre sí, los cuales tienen pasajes angostos y vanos, banquetas, y hornacinas. Algunas de las unidades presentaban batanes y piedras de moler con restos de comida (Jaeckel 1983:14).

Otra consideración es «El clima y la altura fueron también los factores naturales aprovechados en beneficio de la economía local» (Matos 1994: 255), entendiéndose que dentro de los factores de productividad e intercambio, el procesamiento de productos para clasificación, seleccionados, secados y para facilitar la conservación dentro de las labores de distribución de bienes, se tenia en cuenta el contraste entre el frió nocturno y la radiación solar diurna, permitiendo trasformar los productos frescos en alimentos deshidratados, posibles de ser conservados por uno o mas años (Ibíd; 255). Dentro de este mecanismo de producción e intercambio es factible la probabilidad de que las áreas amplias hayan sido aprovechadas en una de estas modalidades. Otro elemento arquitectónico presente en Huasochugo son algunas banquetas, que fueran descritas a grosso modo por Jaeckel (1983) y Pérez (1994), las cuales son construcciones exprofesamente construidas a otro nivel con relación al piso, teniendo una conformación elevada, ¿Habrían estado estas ocupadas por representantes de la elite que controlaban la recepción y distribución de los bienes? Brennan (1978) reporta en su sitio de estudio en la costa que el uso de banquetas se halló tanto para contextos domésticos como no domésticos, en este último caso tuvieron un buen enlucido y conformaban complejos de diferentes elevaciones. Ante la presencia de banquetas las opciones se proponen: que fueron usadas para dormir (Topic 1977); que allí se ubicaron los administradores (Shimada 1994, Bawden 1994) o ambas funciones, sin embargo en el contexto arquitectónico de Huasochugo puede plantearse que las banquetas estaban asociadas a estructuras de elites y fueron ocupadas por administradores que supervisaban la movilización de los bienes.

De los resultados de estudios realizados en la primera temporada de Santa Rita (valle de Chao) el sitio está estratégicamente localizado en la parte en que se va estrechando el valle hasta el punto de convergencia de los drenajes. Kent (1998), llegó a identificar en base al estudio de la cerámica una secuencia cronológica y cultural que involucra las épocas Salinar, Gallinazo, Moche, Recuay, Horizonte Medio, Lambayeque, Chimú y Chimú-Inca. Consideramos que Santa Rita, fue un sitio que tuvo mucho que ver con Huasochugo en diversos momentos cronológicos.

Con una adecuada investigación en el sitio se podrá ampliar el conocimiento científico de la sociedad asentada en Huasochugo asi como develar los diversas etapas cronológicas, analizando su arquitectura, cerámica permitiran comparar el patrón de asentamiento con los valles de Virú, Chao y Moche.
DCB

Principales Culturas
Costa Norte
CULTURA VIRU

Son muy diversos los trabajos de investigación arqueológica realizados en el valle Chicama, relativamente escasos los referentes a definir las modalidad de las practicas mortuorias relacionado a la Cultura Virú. Quien inicio la investigación sobre este tema en el valle, básicamente fue realizada por Rafael Larco, y la denomino como cultura “Cultura Virú” a partir de los hallazgos que ejecuto en el Chicama y otros valles como el Santa, Chao, Virú y Moche (Larco 1944, 1945, 1948:22-27).

Aunque unos años antes Kroeber (1925: 65) retomando lo señalado por Bennett en 1939, difunde el topónimo “Gallinazo” con el argumento de que esta es una manifestación muy particular dentro de las ocupaciones prehispánicas del valle de Virú y la denominación “Cultura Virú” bien podría resultar confusa. Por ello kroeber al referirse a “Gallinazo” dijo “Cuando el registro comparativo sea más adecuado no dudaría en usar un nombre propio” (citado por Barr 2000: 12).

Las primeras referencias efectuadas por Larco, en 1933, quien descubrió en la Pampa de “Los Cocos”, cercana a las huacas del Sol y de la Luna, la primera tumba conteniendo vasos cuya característica principal era la pintura negativa. Precedentemente había sido clasificada como correspondiente a la cultura del Callejón de Huaylas. Consecutivamente con los hallazgos en cementerios del valle de Virú, se determinó dar nombre a la cultura por lo abundantes evidencias que cobijaban en este valle, por lo cual Larco, consideró que se encontraba el centro principal y más importante de cerámica negativa descubierta hasta hoy en el Perú.

Larco, definió que estas tenían características propias que le daban unidad, permitiendo al arqueólogo diferenciarlos de las otras culturas. Se sumo a ello las particularidades observadas en la indumentaria, armas, arte orfebre y culto a los muertos, concluía de que se trataba de un agregado cultural. Reconocía que la cerámica era aparentemente distintas a la del valle Virú, esta última presentaba ornamentación negativa. También se ha extraído en otros lugares del país, encontrándose en tumbas de otras culturas, asociada a la cerámica propia de cada lugar. De ahí que considero que se trataba de una modalidad artística que se propago, y cuyo centro bien pudo ser este sector del norte del Perú. A ello Larco, agregó que era indudable que existía relación muy estrecha entre la cultura del Callejón de Huaylas y la cultura de Virú (Larco 1945:1).

Larco, sostenía que la cultura Virú el cual fue llamado “Gallinazo” por Bennett (1939), es coetánea con Salinar y contribuye con elementos nuevos para el desarrollo de la cultura Mochica en la “época auge” (Larco 1948:22). Su cercanía espacial es reconocida por otros investigadores siendo bastante sugerente cronológicamente (Kaulicke 1992:878).

En lo que respecta a la secuencia planteada por Bennett (1939), esta fue cuestionada por Fogel (1993) y Billman (1996), afirmando que no existe sustento estratigráfico dentro de la evolución arquitectónica sostenida por Bennett, quedando abierta la probabilidad de confusión en la lectura y control durante las excavaciones. Sustentan que la secuencia estilística del Proyecto Valle Virú, refleja valores de frecuencia de tipos, sin el debido sustento estratigráfico, por ello no existe seguridad respecto a la posición de tipos como elementos diagnósticos en la secuencia del estilo. Sin embargo varios autores han reconocido para este momento cronológico, como una etapa cultural que se extiende desde el valle de Rímac hasta Piura, mostrando una distribución bastante amplia y globalizante (Kaulicke, 1991; Makowsky, 1994; Shimada y Maguiña, 1994). Pasaremos analizar las investigaciones en cada valle:

VALLE DE VIRÚ
Los estudios arqueológicos en el valle de Virú, inicialmente permitieron conocer evidencias de cementerios en la parte baja y media del valle y en ambas márgenes del río Virú. Entre los sitios de la derecha se tiene a: Huancaquito, Huancaco, Cerro de Pina, Castillo de Huancaco, Huaca Larga, Saraque, Huacapongo; y para la margen izquierda, aguas arriba: Castillo de Tomabal, El Cerrito, San Idelfonso, Pampa de Pur Pur, Guañape y Huaca del Gallinazo (Larco 1945:3).

Larco, en la necrópolis de Tomabal, encontró dos cráneos que mostraban sobre los arcos superciliares, motivos geométricos incisos enmarcados por dos líneas paralelas dobles. Respecto a la cerámica estableció que se distinguen por la superficie brillante, bruñida y de textura uniforme y estaban bien cocidos en hornos abiertos. Por lo general de color rojo, con cierta tendencia al rosado, contrastó un reducido porcentaje de ceramios negros, pardos, plomos y cremas (Larco 1945: 15).

Con respecto a los sitios de enterramiento pertenecientes a este período cronológico en Virú, son aislados como intrusivos. Los aislados y en menor proporción se hallaron en depósitos aluviales; según Willey reporta los sitio V-131 y V-109; tumbas aparentemente fosas simples (Willey 1953: 114,176) elaboradas como recintos funerarios de piedra o sarcófagos de planta rectangular, algunos con recinto anexo para la colocación de ofrendas, mientras otros tienen cubiertas de lajas de piedra o petates de junco, que Larco encuentra asociados a entierros extendidos y ofrendas correspondientes a cerámicas Virú y Moche (Larco 1945).

En lo que respecta a este tipo de modalidades mortuorias también podría considerarse los montículos funerarios o Burláis Mounds (Bennett 1939), los cuales han sido descritos como acumulaciones irregulares de diversa altura, cuya composición básica es barro compacto (Bennett 1939:56), y tierra de deshechos alcalinizados proveniente de los alrededores de los campos de cultivo (Collier 1955: 90).

La investigación de Bennett (1939: 58), admite que la ubicación de los montículos con respecto a las estructuras arquitectónicas, se encuentran un poco distantes y contienen entierros de diversas Períodos Culturales los cuales cronológicamente van desde Puerto Moorín (Salinar), Gallinazo (Virú) y Huancaco (Moche), aunque sostiene que la mayor cantidad de inhumaciones correspondían a estilo “Gallinazo”, aclarando que estos aparecen como entierros directos, sin aparente preparación de tumbas, es decir en fosas simples de planta circular o alargada, los cuales contenían individuos que se encontraban en posición extendida o raramente flexionados.

Sin embargo Bennett, no documenta estructuras en la mayoría de estos sitios. Por los hallazgos de carbón y algunos tiestos concluyó que se trataba de algún tipo de actividad doméstica en el lugar. Sin embargo la ambigüedad que presentaban la distribución de los entierros adyacentes a los montículo, lo llevaron a desconocer el significado de tal asociación entre los entierros y montículos, concluyendo que durante “Gallinazo” no existió arquitectura funeraria (Bennett, 1950: 108); opinión que trascendió a Strong y Evans, cuando ellos excavan posteriormente otras áreas y revisan el material de Bennett (Strong y Evans 1952:86).

Las excavaciones del sitio denominado como “Grupo Gallinazo”, identificado como el V 163, se encontraba ubicado en dirección Sur, del eje mayor dicho sitio presentando dos de montículos, excavados por Bennett (1936), posteriormente por Strong y Evans (1952), exhumándose 42 entierros en fosas denominadas “simples”. La mayoría de individuos allí enterrados tuvieron una posición extendida, las variantes fueron dos entierros en posición flexionada. Cada uno de ellos mostraba ex profeso haber sido colocado para el viaje póstumo, a modo de ofrenda una placa o disco circular de cobre en la boca, se obtuvieron además 91 vasijas. Con respecto a la arquitectura, se reporta paredes elaboradas con adobes modelados esféricos aunque no observaron estructuras definidas (Bennett 1939:58-59, 1950:57). Otra excavación correlativa ejecutada en el sitio denominado como el V-164, fue un montículo en la que se reportó el hallazgo de 27 entierros, siendo el único lugar del cual Bennett, presenta dibujos de planta y perfil (Bennett 1950: 58).

Los entierros excavados por Bennett, en los sitios V-252 y V-265-A del “Grupo Gallinazo” (Bennett 1950:60-21) y (Collier 1955:59-60), documentan 20 entierros, la mayoría de individuos estuvieron extendidos con la cabeza al Sur, contenían ofrendas, mientras que los pocos entierros flexionados carecían de vasijas obteniéndose algunos fragmentos de textiles. En el V-265, hallaron dos entierros, se trataba de un infante con ofrendas de cobre, fragmentos de cristal y cuentas; y un adulto flexionado sentado, tenia deformación occipital, asociado a una pieza de cobre en la boca y un cuenco. El sitio (V-152 B), Bennett, muy cerca de la superficie encontró entierros saqueados, asociados a restos de textiles, aparentemente estuvieron contenidos en adobes alineados (Bennett 1950:42).

VALLE DE MOCHE
Las iniciales referencias efectuadas por Larco, se remontan a 1933, vinculado a Pampa de “Los Cocos”, cercana a las huacas del Sol y de la Luna, donde se desentierra la primera tumba conteniendo vasos cuya característica principal era la pintura negativa; así como también en Santo Dominguito (Larco 1945:3).

En las investigaciones realizadas en el valle de Moche, se documentaron hallazgos en la Huaca del Sol y La Luna, exprofesamente en la explanada, John Topic (1977), en su tesis doctoral, demuestra un entierro extendido asociado a una vasija de la fase “Gallinazo”, al que correspondería a una ocupación temprana, poco densa y previa a la construcciones monumentales. La posición predominante de los entierros, es extendido, decúbito dorsal, aunque también se reportan algunos entierros flexionados para el valle. Los entierros “Gallinazo” que publican Donnan y Mackey en 1978, proceden de Huanchaco y de Cerro Blanco y corresponden a personajes femeninos extendidos (Donnan y Mackey 1978). En las investigaciones del Proyecto Valle Moche, se realizaron hallazgos en cerro Arena, en un cementerio “Gallinazo” cuyos cadáveres indicaban la presencia de metal en la boca, Michael Moseley (1993) los define como pertenecientes a áreas pequeñas de enterramiento conteniendo de 15 a 25 individuos depositados en fosas simples, que por su forma, asume que los individuos estuvieron en posición extendida. Parte del material óseo disperso en estas áreas presentan manchas verdosas en mandíbulas y extremidades superiores e inferiores, permite suponer que estuvieron en contacto con metal, posiblemente cobre (Moseley et.al. en: Fogel 1993: 205, 231).

En su tesis Brian. Billman, documenta 11 cementerios; cuatro en el valle medio y siete en el valle bajo, reportando entierros tanto en sitios aislados o distantes como intrusivos. Los aislados perteneciendo a agrupaciones de entierros en fosas simples de matriz arenosa (Billman 1996:247).

Según Billman (1996:245), establece que durante esta fase, largas áreas del valle de Moche fueron abandonadas por los grupos costeños, la población agrupada del valle medio inferior y la construcción de fuertes y fortificaciones se incrementaron. Muy pocas estructuras ceremoniales fueron construidas en la fase “Gallinazo”, solo dos centros ceremoniales han sido identificados: Huaca Estrella (MV-515) y Cerro Pesqueda (MV-558) Huaca Estrella está ubicada en el campo arado en el lado sur de el valle interior.

El otro centro ceremonial pequeño (MV-558) ubicado en la cima del Cerro Pesqueda, tiene una plataforma de 50 por 5 por 4 m, construida por adobes marcados con caña, típicos a la fase “Gallinazo”. No ha sido identificado ocupación domestica de la fase Gallinazo en este sitio, como previamente expuesto, los montículos de adobes están presentes en Cerro Oreja y Pampa La Cruz (Billman 1996:246).

Los reportes en Pampa La Cruz o «La Poza» (Barr 2000), Huanchaco donde el uso del sitio como lugar de enterramiento, parece corresponder a intrusiones en un área habitacional con abundantes restos domésticos, evidenciados durante las excavaciones. Allí, la población “Gallinazo” habría coexistido con la Salinar o fue una reocupación inmediata. Representada por entierros que datan para las fases tempranas de la época “Gallinazo”. En los hallazgos se reporta una tumba que contenía dos individuos, uno de sexo masculino y otro de sexo femenino, ambos en posición extendida. La posición de las cabezas orientadas hacia el Sur y ofrendas de vasijas de cerámica que fueron depositadas rotas. Se suma en el área la localización de 7 entierros asociados a fosas simples (Sánchez y Tinta, 1990).

Los datos de estratificación social en la fase “Gallinazo” es limitada. El ejemplo de entierros Fase Gallinazo reportados en el valle de Moche es deficiente para evaluar las diferencias de estatus (Donnan y Mackey 1978).

VALLE SANTA
Los hallazgos de Larco en el valle del Santa, corresponden únicamente, a la margen Izquierda, aguas arriba, y cuyos cementerios han sido identificados en la hacienda Tanguche, huaca Corral, huaca Gallinazo de la hacienda Santa Clara, y Cerro Ramiro (Larco 1945: 3).

En David Wilson (1988), encuentra que los primeros cementerios de la secuencia cultural del valle aparecen con la fases Temprana y Tardía de Gallinazo, definidas como Early y Late Suchimancillo. Los enterramientos se ubican en el valle alto y en la parte alta del valle medio. Determina la presencia de áreas de inhumación aisladas e intrusivas. Los cementerios aislados, son predominantes y están alejados de áreas de habitación o defensivos, emplazados sobre terrazas en la entrada de quebradas o, en extensas llanuras en el borde de los conos de deyección; mientras que, los intrusivos los encuentra en sitios con funciones primarias de habitación y defensa.

Las tumbas documentadas en el valle son en fosas simples (en las que no menciona la posición de los individuos) y en cistas, pequeñas construcciones de piedra de planta pentagonal o hexagonal, de aproximadamente 0.50 m. de diámetro y de 0.50 a 0.70 m. de profundidad, que debieron contener entierros secundarios o cuerpos muy flexionados y atados. Son consideradas como influencia del área serrana adyacente el Callejón de Huaylas, durante Early y Late Suchimancillo (Wilson 1988: 162-170).

Los reportes del Catastro Chavimochic realizados durante 1987 en el valle, señalan la presencia de dos tipos de cistas. La primera, denominada mausoleo, consta de una urna de piedra de forma cuadrangular, de aproximadamente 0.40 a 0.50 m de lado y profundidad variable, delimitada por un muro cuadrangular de unos 4 m de lado, ocupando la parte central y sellada por una laja de piedra. El otro tipo es una urna sobre un espacio plano (Uceda 1988:28). Debe indicarse, sin embargo, que la fragmentería predominante asociada a la superficie, corresponde al estilo Recuay y en menor proporción a Virú y Salinar (Marín 2000: 26).

VALLE DE JEQUETEPEQUE
Las excavaciones de Ubbelohde-Doering (1967 y 1983) en Pacatnamú, permiten identificar cerámica Gallinazo o Virú asociada a Moche III, este fenómeno lo explica como una intrusión Mochica a la población Gallinazo durante los años 450 d.C. sumándose a esto, evidencias de fragmentería de cerámica Gallinazo y construcciones en la región de Tecapa y Jatanca.

Las investigaciones en Huaca Dos Cabezas por Castillo y Donnan (1994), reportan fragmentos de cerámica Gallinazo la cual sugiere que la ocupación incluye tanto el estilo Virú o Gallinazo que normalmente precede al estilo Mochica Temprano.

De los estudios de Verano (1994,1997), en Pacatnamú se documento 84 entierros cuyas posiciones estaban extendidas y orientados con la cabeza en dirección Sur y depositados en fosas simples o comunes los cuales tenían una conformación rectangulares y ovaladas, entre los que destacaban los entierros 35, 37 y 48, los cuales presentaban en su contexto una asociación de materiales Gallinazo y Moche (Donnan 1997:37).

Otro aspecto relevante (Alfredo Narváez 1994), lo da a conocer en Cerro La Mina, margen Sur del Río Jequetepeque, en donde se ubicó un entierro el cual estaba parcialmente saqueado. Se trataba de un personaje de significativa importancia social el cual estaba asociado a finas vasijas del estilo Moche I, al interior de una cámara funeraria que había sido elaborada con adobes paralelepípedos los cuales presentaban marcas de caña, que tienen recurrencia con la tradición Gallinazo (Lámina Nº 6).

VALLE DE LAMBAYEQUE
Shimada y Maguiña (1994:40), reportan en Huaca Soledad un entierro intrusivo en posición extendida asociado a un cántaro Gallinazo. Esta área domestica se reporta como parte de una extensiva ocupación Gallinazo, asociada a montículos monumentales de plataformas el que fue documentado en el valle medio particularmente a lo largo de la margen Sur en los Cerros: Sajino, Huaringa, La Calera, Vichayal, Paredones y Huaca Letrada.

VALLE DE PIURA
En la sierra de Piura, Provincia de Ayabaca, Distrito de Lagunas, Mario Polia en 1997, excavó diversos sitios con recintos funerarios. En Hualcuy, las estructuras mostraban planta ovoidal, mientras en Loma La Huaca y El Tuno, las estructuras tenían planta circular y ovoidal. Una tercera forma se localizó en El Chirimoyo, con planta en doble cámara y acceso localizado en la parte central, semejando una doble bota. Los entierros no tenían la posición flexionada y vasijas de gran parecido al estilo Gallinazo de Virú (Sachún, com. per. 1999 citado en Marín 2000:38).

Los entierros del Intermedio Temprano manifiesta Makowsky (1994), que rara vez se asocian con arquitectura. Los cementerios se distribuyen sobre lomas arenosas estabilizadas y profusamente saqueadas. En la superficie se documenta material cerámico Gallinazo, Moche I y Vicus (Makowsky 1994:111), aunque se considera que la cerámica Gallinazo está mal representada en los cementerios, tiene una notable presencia en áreas ceremoniales y residencias de élite (Op. Cit. p. 236). Aunque se considera que no se conoce mucho de los contextos, formas y cantidad de entierros en dichas áreas, existe la posibilidad de que se trate de cámaras y tumbas de tiro que contienen entierros extendidos (Kaulicke 1991:882).

Durante su exposición en el XIII Congreso Nacional de Estudiantes de Arqueología “Rafael Larco Hoyle”, Makowski (2004), sostuvo que en Piura (100 d.C. – 400 d.C.), el estilo “Gallinazo”, remplaza a la cerámica utilitaria Sechura. Respecto a los entierros (tradición Mochica fase I) identificados en Loma Negra, establece que son comparables con La Mina y Sipán, y los talleres especializados Mochica (Fase I, II, III), los cuales demuestran una posición política dominante; sin embargo reafirma que los talleres Vicús seguían produciendo cerámica ceremonial fina e introdujeron varios elementos iconográficos formales e inspirados en los estilos Virú-Gallinazo y Mochica. Con respecto a la arquitectura tapial y luego de adobe rectangular Gallinazo-Mochica llego a remplazar a la arquitectura de barro embutido de Vicus (Makowski 2004).

VALLE CHICAMA
Larco (1938-1963), realiza excavaciones en la parte media y alta del valle Chicama, describe los hallazgos referente a un cementerio Virú, en las cercanías de Salinar, Barbacoa y Pampas de Jagüey; estableciendo una propuesta cronológica en 1948. Entre sus anotaciones describe entierros de la época Cupisnique, Salinar, Virú de Chicama (Larco 1948: 26). En el valle de Chicama Larco (1945) reporta la frecuencia de sarcófagos rectangulares de piedra, con recinto o sin él, separado para la colocación de la cerámica (con recinto, reporta cuatro en el valle de Virú). Algunas de las tumbas rectangulares estaban cubiertas por lajas de piedra. Respecto a la forma más común establece que es irregular, alargado y de acuerdo con el tamaño del cadáver.

También encuentra Larco (1945), entierros Virú revestidos con cañas de un metro de largo más o menos, semejantes a los ataúdes Mochicas. Aún cuando la confección es burda, dentro de estos sarcófagos encontró pequeños y finísimos vasijas con pintura negativa del Período Auge. Manifiesta que sólo vio un sarcófago de adobes paralelepípedos con vasos de esta cultura, el cual era de forma rectangular, con paredes enlucidas y tenia una cobertura de lajas de piedra. Establece que no obstante haber encontrado fragmentos de tela carbonizada en los recintos funerarios, no podemos asegurar que los cadáveres estaban envueltos en tela; pero sí, muchos aparecen cubiertos con petates de junco (Larco 1945:26)

Con respecto a las construcciones funerarias excavadas, Larco identificó para esta etapa tanto en el valle de Virú y el Chicama, adscritos a las fases “Virú Auge” y “Virú de Chicama”, aparentemente asociados a material Moche (Larco 1945 : 28).

En el Valle Chicama, las ofrendas mortuorias son mencionadas en términos generales por Larco como: “entierros en recintos contienen individuos extendidos y tienen vasijas. Algunos objetos de cobre dorado y restos de maní, maíz, pallares, un tipo de fríjol rojizo de gran tamaño, lagenaria y una semilla negra no identificada y común en las tumbas del Período Decadente, además del ashango, fruto silvestre utilizado hasta hoy por los curanderos» (Larco 1945:4).

En lo que respecta a la Periodificación Larco, sostiene que la cultura Virú o también (llamado “Gallinazo” por Bennett 1939), es coetánea con Salinar y contribuye con elementos nuevos para el desarrollo de la cultura Mochica en la “época auge” (Larco 1948:22).

En lo que respecta a la secuencia planteada por Bennett (1939), esta ha sido cuestionada por Fogel (1993) y Billman (1996), ellos afirman que no existe sustento estratigráfico dentro de la evolución arquitectónica sostenida por Bennett, quedando abierta la probabilidad de confusión en la lectura y control estatrigráfico durante las excavaciones. Sustentan que la secuencia estilística del Proyecto Valle Virú, refleja valores de frecuencia de tipos, sin el debido sustento estratigráfico, por ello no existe seguridad respecto a la posición de tipos como elementos diagnósticos en la secuencia del estilo. Sin embargo varios autores han reconocido este momento cronológicos, como una etapa cultural que se extiende desde el valle de Rímac hasta Piura, mostrando una distribución bastante amplia y globalizante (Kaulicke, 1991; Makowsky, 1994; Shimada y Maguiña, 1994).

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, se ha creído conveniente seguir con la denominación de cultura Virú como lo estableciera Larco (1948) y no como el aspecto despectivo “Gallinazo” que lo denomina Bennett (1939).

Según Donnan (referencia verbal), «Gallinazo” como denominación no existe… es mas bien una etapa o proceso de definición que estaba atravesando Moche. Reconoce que la cerámica es bastante homogénea y que la denominación de “estilo Gallinazo” no existe, sino mas bien es un proceso cuya connotación temporal, interpreta como una etapa de convivencia y búsqueda de estabilización, producto de las relaciones Virú del Chicama con el estilo Moche.

Arquitectura
Existió desde el año 100 aC. abarcandó los valles de Lambayeque, Jequetepeque, Chicama, Moche , Virú, Nepeña y Casma; siendo los valles con mayor evidencias el de Virú y el de Moche. La población que se desarrollo en estos lugares, vivió en un inicio, en la parte baja del valle; luego tienden a desplazarse y ocupar la parte media de los valles.

La arquitectura ha permitido definir cuatro tipos de construcciones identificados a esta cultura:

  1. Los centros urbanos ceremoniales: eran construcciones donde se hicieron pirámides de grandes dimensiones que se relacionaban con el desarrollo de actividades ceremoniales y de culto.
  2. Los castillos fortificados:eran grandes edificaciones ubicadas lugares estratégicos de la parte alta, donde se angosta el valle medio; su función era vigilar, defender y controlar el valle.
  3. Las grandes casas semiasiladas:presentan habitaciones y techo a dos aguas generalmente estaban alejadas y solitarias, en estas debieron de vivir personajes principales o funcionarios que supervisaban las actividades productivas.
  4. Las aldeas eran aglutinadas, allí vivía el pueblo; en sus construcciones utilizaron materiales perecedores como el carrizo la caña y el algarrobo.

La cultura Virú presentó una especialización guerrera, inferida a partir de las construcciones monumentales y estrategicas llamadas o conocidas actualmente como castillos los cuales presentan una arquitectura fortificada estos habrían servido exclusivamente en forma defensiva.

La autoridad política se centralizó en la capital en el valle de Virú; en los otros valles existieron ciudades menores.

Los ceramios Virú se caracterizaron tambien por su aporte estilistico de decoración negativa, cuya presentación nos muestra que tiene como fondo el color natural del cerámio, cercando diseños geométricos, además trabajaron el cobre martillado, el oro y la plata.