El Enigma Paleolítico de Pikimachay: La Reapertura Científica del Abrigo Rocoso que Desafía la Cronología Humana en los Andes

El reinicio de las excavaciones arqueológicas en la Cueva de Pikimachay (Pacaycasa, Ayacucho) en 2026, autorizado bajo la Resolución Directoral N.º 000032-2026 y liderado por el arqueólogo José Alberto Ochatoma Paravicino, marca un hito crucial en la revisión del poblamiento temprano del Perú y América del Sur. Descubierta científicamente en 1969 por Richard MacNeish, Pikimachay fue célebre por la controvertida «Fase Pacaicasa» (20,000 a. C.), hoy entendida mayoritariamente como geofactos. Sin embargo, los análisis modernos ratifican la presencia humana verificada en el «Complejo Ayacucho» entre los 17,700 y 16,600 años cal AP. La nueva intervención aplica tecnología arqueométrica de punta (microestratigrafía, AMS, ADN sedimentario) a la vez que promueve la infraestructura turística y el Centro de Interpretación local de la mano de Dircetur.

Por: Arqueologia del Perú

En el corazón de los Andes centrales, en la árida quebrada que bordea la cuenca del río Pongora en el distrito de Pacaycasa, provincia de Huamanga (departamento de Ayacucho), se yergue una imponente cavidad natural de 60 metros de profundidad. Su nombre en quechua sureño, Pikimachay (que se traduce literalmente como «Cueva de las Pulgas»), resuena desde hace más de cinco décadas como uno de los epicentros académicos más debatidos, fascinantes y trascendentales de la prehistoria americana.

En un hito histórico para la arqueología americana y la ciencia del poblamiento temprano, el Ministerio de Cultura del Perú ha autorizado formalmente el reinicio de las investigaciones arqueológicas en este icónico yacimiento mediante la Resolución Directoral N.º 000032-2026. Bajo la dirección científica del experimentado arqueólogo ayacuchano José Alberto Ochatoma Paravicino, un equipo multidisciplinario integrado por ocho especialistas de primer nivel ha retornado a las entrañas del abrigo rocoso para reexaminar sus enigmáticos estratos sedimentarios empleando tecnologías del siglo XXI.

Este ambicioso proyecto no solo representa una cruzada por desentrañar la antigüedad exacta de los primeros cazadores-recolectores que pisaron el continente sudamericano, sino que se enmarca dentro de una estrategia integral de puesta en valor patrimonial e impacto socioeconómico local. Con el respaldo de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (Dircetur) de Ayacucho, liderada por Sinthia Caballero, las labores arqueológicas se ejecutan en paralelo con la habilitación de infraestructura turística sostenible, accesos viales, zonas de estacionamiento, miradores paisajísticos y la proyección de un moderno Centro de Interpretación. La meta es convertir este legendario refugio pleistoceno en un dinamizador del turismo científico e identitario para las comunidades aledañas de Pacaycasa y la región Ayacucho.

1. Contexto Geográfico y Geoecológico del Abrigo de Pikimachay

La cueva de Pikimachay se ubica a aproximadamente 20 a 25 kilómetros al norte de la ciudad de Huamanga (Ayacucho), en la margen derecha del río Pongora, a una altitud de 2,850 metros sobre el nivel del mar. Geológicamente, el abrigo se formó por la erosión diferencial y el colapso de estratos de toba volcánica y rocas calcáreas pertenecientes a las formaciones del Cenozoico tardío en la cordillera Occidental de los Andes peruanos.

El entorno semiárido actual, dominado por xerófitas, tunales (Opuntia ficus-indica), molles (Schinus molle), chamanas y agaves, contrasta notablemente con el paleoambiente existente durante el Pleistoceno final (hace más de 15,000 años). Durante los periodos glaciales e interglaciales del Cuaternario, la cuenca de Ayacucho albergaba una cobertura vegetal de matorral estepario y bosques montanos secos alimentados por los deshielos de las cumbres glaciares circundantes. Este mosaico ecológico proveía un hábitat ideal para una rica variedad de megafauna extinta y meso-fauna nativa, convirtiendo a la cueva de Pikimachay en un punto estratégico de refugio, oteo y campamento base para las primeras bandas humanas trasumantes que ascendieron desde los valles interandinos y la costa.

El interior de la cavidad cuenta con una amplia boca que permite el ingreso de luz natural durante gran parte del día, así como una protección eficaz contra las inclemencias del clima andino, como las lluvias torrenciales del verano y los vientos gélidos nocturnos. Su proximidad al río Pongora y a antiguos manantiales garantizaba el acceso continuo a recursos hídricos fundamentales para la supervivencia de cazadores y fauna por igual.

2. La Expedición MacNeish (1969-1970) y el Nacimiento del «Hombre de Pacaicasa»

Para comprender la magnitud de la reapertura de Pikimachay en 2026, es indispensable remontarse a finales de la década de 1960, cuando el prestigioso arqueólogo estadounidense Richard S. MacNeish (1918-2001), entonces director de la Robert S. Peabody Foundation for Archaeology, encabezó el emblemático Proyecto Arqueológico-Botánico Ayacucho-Huanta.

MacNeish, victorioso por haber documentado la domesticación temprana del maíz en el valle de Tehuacán (México), volcó su atención a los Andes centrales buscando rastrear los orígenes de la agricultura andina y los primeros asentamientos humanos de América del Sur. Entre 1969 y 1970, el equipo de MacNeish excavó en Pikimachay una secuencia estratigráfica de más de 4 metros de profundidad, identificando hasta cuatro estratos culturales principales que abarcaban desde el Pleistoceno Tardío hasta el Holoceno Temprano y Medio.

Las Fases Propuestas por MacNeish
  1. Fase Pacaicasa (20,000 a. C. – 13,000 a. C.):

    En los estratos más profundos (Capas XI y XII), MacNeish reportó el hallazgo de toscas lascas de toba volcánica, núcleos, spalls y hendidores de apariencia rudimentaria, junto a abundantes restos fósiles de megafauna extinguida del Pleistoceno, como el perezoso gigante (Megatherium y Scelidotherium), caballos americanos extintos (Equus andium), mastodontes (Cuvieronius) y félidos extintos (Smilodon). MacNeish dató mediante radiocarbono (C-14) sobre huesos animales asociados estos niveles en 20,000 a 22,000 años antes del presente. A partir de estos datos, postuló la existencia del «Hombre de Pacaicasa», proclamándolo como el habitante más antiguo documentado en el continente americano.

  2. Fase Ayacucho (13,000 a. C. – 11,000 a. C.):

    Ubicada inmediatamente sobre la Fase Pacaicasa (Capa h), presentó una industria lítica sensiblemente más definida, compuesta por raederas, punzones, bifaces en bajorrelieve y artefactos en hueso elaborado (como un hueso pélvico de perezoso extinguido tallado con perforaciones y un estilete de hueso de caballo). Esta fase estuvo igualmente asociada a megafauna tardía.

  3. Fase Huanta (11,000 a. C. – 9,000 a. C.):

    Caracterizada por la transición hacia proyectiles líticos más retocados y el uso intensivo de fauna de menor tamaño, reflejando el progresivo colapso de la megafauna pleistocénica.

  4. Fases Puente, Jaywa, Piki, Chihua y Cachi (8,000 a. C. – 2,000 a. C.):

    Pertenecientes al Periodo Arcaico Andino. En estos niveles superiores, la cueva pasó de ser refugio de cazadores nómadas a un sitio de incipiente domesticación vegetal (quinua, calabaza, gourds) y animal (cuyes o Cavia porcellus, evidenciados por corrales, camas de paja, coprolitos y abrigos de pastoreo).

3. El Gran Debate Científico: Criterios Antrópicos vs. Procesos Geológicos (Geofactos)

El anuncio de MacNeish en 1970 sobre una presencia humana de 20,000 años en Ayacucho sacudió a la comunidad científica internacional, desencadenando una acalorada controversia que duraría décadas. En la época predominaba el paradigma del «Clovis First» (que fijaba el poblamiento de América alrededor de los 13,000 años AP desde Beringia).

La Crítica Científica: Thomas Lynch, Augusto Cardich y Duccio Bonavia

Desde finales de la década de 1970 y a lo largo de los años 80, figuras estelares de la arqueología andina e internacional como Thomas Lynch, Augusto Cardich, Danièle Lavallée y Duccio Bonavia sometieron los hallazgos de Pacaicasa a una rigurosa reevaluación metodológica:

  • Ausencia de Restos Óseos Humanos y Fogones: Ningún fragmento esquelético humano ni alineamiento de fogón claro o estructuras habitacionales antrópicas fueron documentados en los niveles Pacaicasa.

  • Geofactos vs. Artefactos: Los críticos demostraron que las toscas «herramientas» de piedra de la Fase Pacaicasa estaban hechas exactamente de la misma toba volcánica que constituye el techo y las paredes de la cueva. El colapso natural de bloques de piedra desde el techo (eboulis), fracturados al impactar violentamente contra el suelo rocoso de la cueva, generaba bordes afilados y lascados que imitaban morfológicamente a la talla humana. Estos objetos fueron clasificados formalmente como geofactos o pseudoartefactos.

  • Tafonomía y Marcadores Antrópicos: La asociación entre las piedras fracturadas y los huesos de megafauna se explicó como una coincidencia estratigráfica provocada por la acumulación natural en el refugio (animales que ingresaban a morir, presas de grandes carnívoros o colapsos de techos sobre la fauna) y no por eventos de matanza (kill sites) o procesamiento antrópico sistemático.

Revaluación en el Siglo XXI y Consenso del Complejo Ayacucho

Nuevos estudios sobre las colecciones depositadas en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) terminaron por descartar definitivamente la validez de la Fase Pacaicasa como evidencia antrópica.

Sin embargo, las revisiones radiocarbónicas avanzadas con Espectrometría de Masas con Aceleradores (AMS) aplicadas a los estratos inmediatamente superiores —correspondientes al Complejo Ayacucho— confirmaron que las piezas de radiolarita, basalto y hueso modificado presentaban improntas indudables de talla intencional. Las fechas corregidas para el Complejo Ayacucho situaron la presencia humana verificable en Pikimachay entre los 17,700 y 16,600 años cal AP (o entre 15,700 y 14,800 a. C.).

Este consenso consagró a Pikimachay no como una fantasía de 20,000 años, sino como una de las ocupaciones humanas verificadas más antiguas y sólidas de Sudamérica, situándola en el selecto grupo de yacimientos pre-Clovis junto a Monte Verde en Chile y Huaca Prieta en la costa norte del Perú.

3.1 Análisis Tipológico y Micro-Desgaste de la Industria Lítica del Complejo Ayacucho

Para profundizar en la naturaleza tecnológica de los primeros habitantes de Pikimachay, es fundamental examinar los artefactos que sí resistieron el escrutinio académico y que componen la colección del Complejo Ayacucho. A diferencia de las gruesas tobas angulares de Pacaicasa, las piezas del Complejo Ayacucho exhiben elecciones conscientes de materia prima. Los cazadores-recolectores del Pleistoceno tardío no se limitaron a recoger los bloques caídos del techo de la cueva; recorrieron las terrazas aluviales del río Pongora y los afloramientos cordilleranos cercanos para seleccionar nódulos de radiolarita, silícea, jaspe, basalto y andesita.

Entre los tipos tipológicos característicos identificados se encuentran:

  • Pasadores y Punzones de Hueso: Elaborados a partir de metápodos y costillas de camélidos extintos (Palaeolama) y equinos (Equus andium), pulidos con abrasivos minerales y raspadores de piedra para crear puntas agudas destinadas a la perforación de cueros y pieles.

  • Unifaces y Raederas Cóncavas: Lascas gruesas retocadas unifacialmente mediante percusión directa con percutor duro (piedra de río), diseñadas para labores de descarne, desollado y raspado de materia orgánica vegetal y animal.

  • Cuchillos Bifaciales Incipientes: Piezas de basalto y radiolarita con retoques marginales en ambos bordes, adaptadas para el corte de tendones, carne y tejidos blandos de la fauna pleistocénica.

  • Puntas de Proyectil Protocónicas: Formas foliáceas primitivas que anteceden cronológicamente a las renombradas puntas Paiján de la costa norte y a las puntas Lauricocha de la sierra central.

El análisis de micro-desgaste (use-wear analysis) realizado bajo microscopía estereoscópica y electrónica en laboratorios especializados reveló estrías longitudinales, micro-lascados de embotamiento y lustres orgánicos en los filos de varias herramientas de radiolarita del Complejo Ayacucho. Estos rastros microscópicos no pueden ser producidos por la acción pasiva del desprendimiento de rocas o por el pisoteo de la fauna (trampling), lo que constituye la prueba irrefutable del factor antrópico.

3.2 El Registro Paleontológico y la Paleo-Dieta Pleistocénica en la Cuenca de Ayacucho

La Cueva de Pikimachay funcionó no solo como campamento base estacional, sino como una cápsula del tiempo paleontológica que resguarda la transición bio-ecológica entre el Pleistoceno y el Holoceno. La megafauna que compartió el espacio geográfico con los primeros peruanos incluía especies monumentales y fascinantes que se extinguieron a raíz de la combinación del cambio climático post-glacial y la presión de caza humana.

  1. El Megaterio (Megatherium americanum y Scelidotherium):

    Perezosos terrestres gigantescos que podían alcanzar hasta seis metros de longitud y un peso superior a las tres toneladas. Dotados de garras curvadas e imponentes, estos herbívoros ramoneaban la vegetación arbustiva de la cuenca del Pongora. En Pikimachay se registraron fragmentos óseos con marcas de impacto térmico (exposición directa al fuego) y fracturas helicoidales características del procesamiento humano para la extracción de médula ósea (tuétano).

  2. El Mastodonte Andino (Cuvieronius hyodon):

    Pariente lejano de los elefantes modernos, adaptado a altitudes interandinas. Sus molares de crestas globulares (bunodontes) estaban adaptados para triturar vegetación dura y ramas. Los restos fósiles recuperados en las capas profundas de Pikimachay muestran astillamiento antrópico y consumo por parte de las bandas nómadas.

  3. El Caballo Americano (Equus andium / Amerhippus):

    Especie de équido autóctono de talla media que habitaba los pastizales semiáridos. A diferencia de los caballos introducidos por los españoles en el siglo XVI, este caballo primitivo era una presa codiciada por los cazadores del Complejo Ayacucho por su alto rendimiento calórico y la tenacidad de sus huesos para la confección de artefactos.

  4. El Tigre Dientes de Sable (Smilodon populator):

    El depredador tope de la cadena trófica pleistocénica. Aunque no existen evidencias de consumo directo del felino por los humanos, la presencia de sus caninos y huesos en estratos contemporáneos sugiere una feroz competencia interespecífica entre las bandas humanas y estos superdepredadores por el dominio de las cuevas y el acceso a las presas herbívoras.

  5. Meso-Fauna y Recursos Marinos Importados:

    Junto a la megafauna extinta, la dieta se complementaba con camélidos silvestres ancestros del guanaco y la vicuña (Lama gracilis), cervídeos (Odocoileus virginianus), vizcachas (Lagidium peruanum), zorros (Lycalopex culpaeus) y roedores menores. Sorprendentemente, en las capas del Complejo Ayacucho se hallaron pequeños fragmentos de valvas de moluscos marinos y conchas de abanico, lo que evidencia que estas bandas no estaban aisladas en la sierra, sino que mantenían redes de intercambio trasumante a larga distancia que conectaban la costa del Pacífico con la cordillera andina.

4. La Reapertura de 2026: La Misión Ochatoma y las Nuevas Fronteras Científicas

El reinicio de los trabajos en 2026 marca el comienzo de una nueva era científica para Pikimachay. Armados con metodologías de excavación microestratigráfica y arqueometría de vanguardia, el equipo liderado por el Dr. José Alberto Ochatoma Paravicino busca saldar las preguntas que la arqueología del siglo XX no pudo resolver.

Objetivos Clave de la Misión Arqueológica 2026
  1. Microestratigrafía y Micromorfología de Suelos: Analizar finas láminas delgadas de sedimento para discernir con absoluta precisión microscópica entre alteración antrópica (cenizas de fogón, micro-residuos de talla, materia orgánica procesada) y sedimentación eólica o coluvial natural.

  2. Datación Radiocarbónica de Precisión (AMS) y OSL: Obtener dataciones por Carbono-14 ultra purificado con ultrafiltración en colágeno de hueso, así como Luminiscencia Estimulada Ópticamente (OSL) para fechar directamente los granos de cuarzo de los estratos sedimentarios.

  3. Análisis de ADN Antiguo (aDNA) y Sedimentario (sedaDNA): La búsqueda de ADN ambiental humano y animal atrapado en la matriz de la cueva, lo que podría confirmar la presencia de grupos humanos y las especies faunísticas consumidas aun en ausencia de restos fósiles visibles.

  4. Residuo Químico en Herramientas Líticas: Análisis de almidones fósiles, fitolitos y ácidos grasos retenidos en los filos de los artefactos para determinar si fueron empleados para el faenamiento de carnes, curtido de pieles o procesamiento de tubérculos y plantas silvestres.

4.1 La Metodología de la Misión Ochatoma 2026: Arqueometría y Ciencia Espacial

El proyecto autorizado por la Resolución Directoral N.º 000032-2026 marca una ruptura cualitativa con respecto a las técnicas de la década de 1970. En lugar de grandes trincheras mecánicas o decapados gruesos, el equipo liderado por el Dr. José Alberto Ochatoma Paravicino aplica una metodología de arqueología de alta precisión:

  • Estaciones Totales Láser y Fotogrametría 3D: Cada artefacto, ecofacto, fragmento óseo y muestra de sedimento es georreferenciado tridimensionalmente con precisión milimétrica mediante escáners LiDAR terrestres y fotogrametría digital. Esto permite reconstruir virtualmente la cueva stratum por stratum y analizar la distribución espacial de las actividades humanas (áreas de talla, zonas de combustión, botaderos de basura).

  • Flotación Química y Micro-Cribado: Todo el sedimento extraído es sometido a procesos de flotación continua y cribado en agua con mallas de pulgada microscópica (hasta 0.5 mm), garantizando la recuperación de micro-restos botánicos (semillas, esporas, fitolitos), carbones microscópicos y huesos de diminuta fauna (cuyes, aves, reptiles) que escaparon a las excavaciones de MacNeish.

  • Geoarqueología y Análisis de Isótopos Estables: El estudio de isótopos estables de Carbono-13 ($^{13}C$), Nitrógeno-15 ($^{15}N$) y Estroncio ($^{87}Sr/^{86}Sr$) en las muestras de colágeno óseo animal permitirá reconstruir con precisión las variaciones de temperatura y humedad ambiental durante las glaciaciones, así como los patrones de movilidad geográfica de la fauna y las poblaciones humanas a lo largo del año.

  • Paleogenómica y ADN Sedimentario (sedaDNA): Una de las innovaciones más deslumbrantes de la misión 2026 es la extracción de micro-cadenas de ADN humano y ambiental directamente de la matriz de tierra sin necesidad de restos fósiles visibles. Esta tecnología, desarrollada para yacimientos paleolíticos en Eurasia, permitirá detectar qué grupos genéticos habitaron Pikimachay y qué patógenos o parásitos intestinales estaban presentes en la cueva hace más de 15,000 años.

5. El Contexto Macro: Pikimachay y el Mapa del Poblamiento Temprano de los Andes

El estudio de Pikimachay resulta incomprensible si no se integra dentro del marco comparativo de los grandes abrigos prehistóricos del territorio peruano:

  • Cueva del Guitarrero (Áncash): Investigada por Thomas Lynch en el Callejón de Huaylas, muestra ocupaciones líticas del Pleistoceno final (Guitarrero I, 13,000–12,000 a. C.) y evidencias tempranas de textiles y horticultura (frijol, pallar) en el Arcaico.

  • Cuevas de Lauricocha (Huánuco): Estudiadas por Augusto Cardich a más de 4,000 m s. n. m., famosas por albergar los entierros humanos con rituales funerarios más antiguos de la sierra peruana (c. 8,000–7,000 a. C.) y bifaces foláceos.

  • Cueva de Toquepala (Tacna): Destacada por su célebre galería de arte rupestre que representa escenas dinámicas de caza colectiva o «chaku» de guanacos silvestres (c. 9,000–7,600 a. C.).

  • Paiján (La Libertad / Ancash): Industria lítica costera caracterizada por delicadas puntas pedunculadas y los esqueletos humanos más antiguos de la costa peruana (c. 10,000–8,000 a. C.).

Pikimachay se sitúa en la cúspide cronológica de este entramado, funcionando como el eslabón primario de adaptación adaptativa de las poblaciones continentales a las elevadas e imponentes geometrías de la cordillera andina.

5.1 Cuadro Comparativo de los Principales Yacimientos del Periodo Lítico Andino

Para ofrecer a los lectores e investigadores de arqueologiadelperu.com una visión clara y didáctica del panorama cronológico del Perú primigenio, presentamos una matriz comparativa entre Pikimachay y los sitios clave del periodo cazador-recolector:

Yacimiento Ubicación Geográfica Altitud (m s. n. m.) Cronología Validada (cal AP / a. C.) Hallazgos Principales y Relevancia Investigadores Principales
Pikimachay (Ayacucho) Pacaycasa, Huamanga (Ayacucho) 2,850 m 17,700 – 16,600 cal AP (Complejo Ayacucho) Herramientas líticas de radiolarita, hueso trabajado, megafauna (Megatherium, caballo americano). Ocupación pre-Clovis. Richard MacNeish (1969), José Ochatoma (2026)
Huaca Prieta Chicama, La Libertad 10 m (Costa) 15,000 – 14,500 cal AP Herramientas sencillas de canto rodado, cestería teñida, restos de fauna marina y plantas procesadas. Junius Bird, Tom Dillehay
Cueva del Guitarrero Yungay, Callejón de Huaylas (Áncash) 2,580 m 13,000 – 12,000 a. C. (Guitarrero I) Industria lítica bifacial, cordelería, cestería y evidencias pioneras de horticultura (frijol, pallar). Thomas Lynch
Paiján Valles de Cupisnique y Chicama (La Libertad) 100 – 500 m 10,800 – 8,000 a. C. Puntas pedunculadas estilizadas, primeros restos óseos humanos completos (niño y mujer de Paiján). Rafael Larco Hoyle, Claude Chauchat
Lauricocha San Pedro de Chaulán (Huánuco) 4,000 m 8,000 – 7,000 a. C. Entierros humanos intencionales con deformación craneana artificial, pinturas rupestres, industria lítica foliácea. Augusto Cardich
Toquepala Ilabaya, Jorge Basadre (Tacna) 2,700 m 9,000 – 7,600 a. C. Galerías de arte rupestre en color rojo, negro y verde con escenas de chaku o cacería colectiva de camélidos. Miomir Bojovich, Emilio Gonzáles
6. Proyección Turística y Puesta en Valor: De Refugio Milenario a Polo de Desarrollo

Como remarca Sinthia Caballero, representante de la Dircetur Ayacucho, la intervención de 2026 responde a una visión holística que une la investigación pura con el desarrollo socioeconómico inclusivo. El proyecto no solo busca publicaciones en revistas indizadas, sino devolverle el patrimonio a la comunidad local.

Infraestructura y Circuito de Turismo Científico
  • Vías de Acceso y Miradores: Remodelación y señalización del sendero peatonal de 500 metros desde la carretera principal hasta la boca de la cueva, junto con miradores que permiten contemplar el amplio valle del río Pongora.

  • Centro de Interpretación de Pacaycasa: Una instalación didáctica dotada de réplicas a escala de la megafauna pleistocénica (como el megaterio y el tigre dientes de sable), dioramas hiperrealistas sobre la vida cotidiana de las bandas de cazadores, y exhibición de herramientas líticas.

  • Ecoturismo e Identidad: Integración de la Cueva de Pikimachay dentro del corredor turístico del norte ayacuchano, conectándola con el complejo arqueológico de la capital imperial Wari y el histórico pueblo artesanal de Quinua (escenario de la Batalla de 1824).

6.1 El Impacto Socio-Cultural de Pikimachay en la Identidad Ayacuchana

El proyecto de reapertura e investigación en Pikimachay no se restringe a las fronteras de la ciencia académica; toca las fibras más profundas de la memoria histórica y la identidad cultural de la región Ayacucho. A lo largo de las décadas, la narrativa del «Hombre de Pacaicasa» ha sido parte fundamental del currículo educativo escolar peruano y de la memoria colectiva del pueblo ayacuchano, generando un inmenso orgullo regional como cuna de la peruanidad.

Sin embargo, el desfase entre la importancia histórica proclamada en los libros de texto y el estado de abandono físico que sufrió el yacimiento durante finales del siglo XX y principios del XXI (afectado por la falta de infraestructura, basura en los alrededores y vandalismo) generó una deuda histórica con la comunidad. La intervención articulada entre el Ministerio de Cultura, la Dircetur Ayacucho, la Municipalidad Distrital de Pacaycasa y la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH) busca rectificar este panorama.

La musealización y acondicionamiento de Pikimachay como un centro de turismo científico de nivel internacional permitirá:

  1. Generación de Empleo Directo e Indirecto: Creación de guías de turismo locales capacitados (guiado comunal), puestos de artesanía local, servicios gastronómicos y hospedajes vivenciales en el distrito de Pacaycasa.

  2. Educación Patrimonial en Escuelas: Talleres didácticos y visitas guiadas para los colegios de Huamanga, Huanta y distritos rurales, promoviendo la conservación de la megafauna fósil y la protección de abrigos rocosos contra invasiones urbanas.

  3. Prensa y Ciencia Abierta: Apertura del sitio a investigadores internacionales, convirtiendo a Ayacucho en una parada obligatoria en las rutas globales de la antropología evolutiva y la arqueología americana.

7. Guía Práctica para el Visitante y Arqueoturista

Para aquellos viajeros, investigadores y amantes de la historia que deseen conocer de primera mano este fascinante santuario de la prehistoria andina:

Rutas y Transportes
  1. Tramo Lima – Ayacucho:

    • Vía Aérea: Vuelos directos de 45 minutos desde el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez hasta el Aeropuerto Teniente Coronel FAP Alfredo Mendívil Duarte en Huamanga.

    • Vía Terrestre: Buses interprovinciales desde Lima (Terminales de La Victoria o Lima Norte) con una duración aproximada de 8 a 10 horas cruzando la vía Los Libertadores. Tarifas promedio entre S/ 40 y S/ 90.

  2. Tramo Ayacucho – Pikimachay:

    • Transporte Público: Desde el Óvalo de La Magdalena en la ciudad de Ayacucho, abordar minivans o colectivos con dirección a Huanta o Pacaycasa (costo aproximado de S/ 8). Se debe indicar al conductor el desembarque en el paradero de ingreso a Pikimachay (aproximadamente 30 a 40 minutos de recorrido).

    • Caminata de Ascenso: Desde el paradero, se realiza una caminata ligera ascendente de aproximadamente 500 metros (30 minutos) por un sendero acondicionado con escalinatas y descansos.

    • Servicio Privado o Tours: Contratar excursiones guiadas o servicio de taxi privado desde Huamanga (S/ 80 a S/ 120 por ruta completa que suele incluir Wari y Quinua).

 

 

NUEVAS INVESTIGACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN ESTUDIOS DE ARTE RUPESTRE PERUANO
Estudios de Arte Rupestre
Noticias del mundo 2
Editado por
Paul G. Bahn y Angelo Fossati
2003
Dr.Jean Guffroy

Investigaciones en el pasado Diseños Geometricos
Con la excepción de algunos sitios famosos (Toquepala, Toro Muerto…), los cuáles son frecuentemente mencionados en libros sobre arqueología Sudamericana, el arte rupestre que existe en el Perú permanece pobremente conocido para los poco especialistas. Y todavía ambos: el número de sitios ya descubiertos (varios centenares), y su distribución en las tres grandes zonas ecológicas (La costa, Andes, bosque tropical) y sobre una línea de tiempo (probablemente más de 6000 años) indica su importancia en el contexto cultural andino.

La tradición más temprana conocida al presente, donde el estilo es figurativo, solo han sido identificados en los departamentos del sur del país (Moquegua, Tacna, Puno y Arequipa). En el sitio de Toquepala (Muelle 1969, Ravines 1986), el mejor estudiado hasta ahora, estas imágenes en la roca parecen estar asociadas con ocupaciones que datan entre 4500 a.C. y 3500 A.C. Las pinturas, generalmente hechas con pigmentos de rojo oscuro, representan escenas de cacería con camélidos en movimiento, los animales están reclinados o heridos por proyectiles, y diseños antropomorfos cogiendo armas en sus manos. El estilo de estas pinturas y el tema descrito los asocia claramente a una tradición andina cuya distribución cubre los territorios actuales de Bolivia y Argentina tan lejos como La Patagonia. Una de las principales peculiaridades de las tradiciones y manifestaciones norteñas es la ausencia de manos pintadas en negativo que son muy abundantes en el sur.

El vínculo que existe entre las pinturas de Perú sureño y los de Patagonia, apartados por centenares de kilómetros, es confirmado por la similitud de las evoluciones que tuvieron lugar en las dos regiones, posiblemente durante el 4º milenio A.C. La mayoría de las escenas pintadas representan animales estáticos, a menudo preñados, algunas veces acompañado por seres antropomorfos pequeños. Los sitios contienen figuras de este estilo extendido en el centro del Perú. Donde uno encuentra los sitios más representativos conocidos al presente (Cuchimachay, Chuquichaca…). La naturaleza exacta de las relaciones mencionadas, sobre un período de varios milenios, por los grupos de cazadores recolectores que se establecieron en diferentes partes de los Andes sureños, permanece en una de las fundamentales preguntas por resolverse.

En el mismo Período, en una región vecina de los Andes centrales (departamentos de Huanuco, Pasco y Junín), desarrollo una tradición algo diferente, con más descripciones esquemáticas (estilo semi naturalista). El tema de cacería permanece predominante (con la apariencia de diseños de cérvidos), pero la frecuencia de signos y figuras geométricas es claramente superior en las tradiciones precedentes. Las figuras continuaron pintándose, dentro de refugios o en paredes, durante los siguientes períodos prehispánicos y hasta la conquista española. Las pinturas ahora representan seres sobrenaturales; diseños antropomorfos llevando a cabo diversas actividades, así como también una gran variedad de animales y signos geométricos. Estos temas están próximos a esos dibujados en el período de las piedras grabadas, pero también algunas veces sobre otras superficies (pinturas al fresco, cerámica, textiles.), La distribución de las dos formas de representación en el arte rupestre parece corresponder a tradiciones culturales específicas que se expresó en un predominio de grabados en la zona costera y una presencia más notable de pinturas en los altos Andinos y en el lado amazónico.

Ciertas figuras grabadas, como los petroglifos en el sitio de Jaqui Withy en el valle de Salcedo (Puno), estudiado por Bustinza Chipana (ninguna fecha) pudieron haber sido hechas durante el pre ceramico (¿alrededor de 5000 A.C.?). Sin embargo, estas figuras, las cuáles son comparables en algunos aspectos a las pinturas de los Andes sureños. Permanecen aislados, en nuestro estado presente de conocimiento. La tradición más antigua identificada claramente, la cual esta presenta en varias docenas de sitios, aparece algunos milenios más tarde, en otra región: Los valles de costa de norte de Perú. Estos petroglifos están actualmente atribuidos para el período Formativo (2 º milenio A.C.), Las figuras de este grupo A, frecuentemente de gran tamaño, son encontradas en un sector relativamente restringido de la costa norte que es propia del área cultural Cupisnique. Una primera difusión de las tradiciones hacia el norte (al menos hasta la provincia Ecuatoriana de Loja) y hacia el sur (Costa central peruana), posiblemente ocurrió al final del período Formativo (Siglo 3 y 2 A.C.). Esta difusión debió de ser acompañada por un cambio en el estatus, expresado, entre otras formas, por la aparición de algunos grandes sitios conteniendo varios centenares de piedras grabadas. Las figuras de este período (grupo B) (siglo 2 a.C.). En particular, uno ve una mayor diversidad de animales representados (insectos, peces, aves, serpientes, arañas, mamíferos, pequeños…) así como también símbolos y motivos geométricos. Las figuras, frecuentemente de tamaño pequeño, son a menudo asociadas cada uno con otro por medio de líneas grabadas con motivos complejos que son difíciles de descifrar. En los sitios más grandes, que están constituidos por templos al aire libre (Gruffoy 1980-1981), las piedras grabadas parecen ser distribuidas por el tema y son a menudo asociadas con rocas presentando grandes superficies planas cubiertas con cúpulas y surcos pulidos, los cuales pudieron haber sido usados en prácticas de sacrificio y adivinamiento. La distribución de los sitios más grandes, en su mayoría localizados en la zona ecológica de Chaupi Yunga (4000 – 1500 m.s.n.m.), sugiere una asociación cercana con rutas de comunicaciones, corrientes de agua y zonas de cultivos de coca (Gruffroy 1999). Estos sitios de arte rupestre están presentes en casi todos los valles costeros del norte y el centro del país, algunas veces en forma de algunas aisladas rocas grabadas, pero más a menudo acompañadas por un sitio predominante por sitios más pequeños en relativa proximidad.

La última fase de desarrollo de arte grabado pre colombino concierne a las regiones del sur del Perú, indudablemente después del 7º siglo D.C. Los sitios ahora comprenden generalmente un número relativamente grande de rocas grabadas, y pueden ser realmente gigantescos, como en Toro Muerto con sus más de 5000 bloques grabados y hasta 150 dibujos en la misma superficie. Las figuras de este estilo en su mayor parte representando animales (camélidos, serpientes de felinos, aves), signos y humanos en diversas posturas. El esquema, en la yuxtaposición y las superimposiciones, les da un aspecto pictográfico peculiar. Sin embargo los temas bosquejados todavía exhiben algunas similitudes principales con el de los estilos anteriores. Los sitios de este período son a menudo utilizados – al menos parcialmente – como cementerios. Aunque la conquista fue la responsable de la virtual desaparición de tradiciones culturales locales, ambos la frecuentación conocida de ciertos sitios y la presencia de glifos en fachadas de las iglesias presencian una supervivencia de estas prácticas – quizá con objetivos particulares – durante el Período colonial.

Estas imágenes en la roca han sido el tema, desde el siglo 16, de referencias y númerosas menciones , entre los cuales las más notables de estas hechas por viajeros y científicos del último siglo como P. Desjardins, T. Huchinnson, E. Middenforff, A. Raimondi, G. Squier o C. Wiener. En el siglo 20, más de cincuenta artículos fueron asignados al tema. Entre el más reciente y el más notable, se puede mencionar el trabajo de Bonavia en Cuchimachay (1968,1972 en cooperación con Ravines); De Bueno en las pinturas y tallas del río Chinchipe (1982, en colaboraciones con Lozano); De Cardich (1962, 1964) en la zona de Lauricocha; De Linares Malaga (1960, 1973, 1978) en Toro Muerto; De Pimentel (1986) en los petroglifos del río Jequetepeque; Ravines en Las Pinturas de Toquepala, Caru y Diablomachay (1986 en cooperación con Muelle) (1967) (1969);Así como también mi trabajo de los petroglifos del sitio de Checta (Gruffoy 1979, 1987).

Sin embargo, la mayor parte de esta investigación ha sido limitada más o menos por las descripciones detalladas de un sitio o la colección de sitios, sin consideración de más preguntas generales que el del significado y función de estas descripciones. Las contribuciones más interesantes, de este punto de vista, son los de Cardich (1964), Muelle (1969) y Ravines (1967,1969) de lo que concierne a pinturas. Y los de Krickeberg (1949), Linares Malaga (1966) y yo (1980-81, 1987) en sitios de petroglifos. Una mención muy especial debe estar hecha del considerable trabajo ejecutado por Núñez Jiménez (1986) que hizo una visita detallada de más de setenta sitios de petroglifos distribuidos sobre todo el territorio entero, y registrado miles de petroglifos a través del esbozo y la fotografía. A través de la abundancia y la calidad de sus ilustraciones, este estudio es una fuente indispensable para cualquier investigador interesado en el tema. Recientemente (1999), y con base en una recopilación de anteriores trabajos, he publicado el primer libro que trata de establecer una síntesis de todo el arte rupestre presente en el actual territorio Peruano.

Nuevas investigaciones y descubrimientos
La información presentada aquí compromete a algunos de los recientes descubrimientos casuales, y algunos programas de investigación de temas y sitios específicos, o algunos ejemplos de valorizaciones y publicación. Estos datos tienen una distribución muy irregular, en términos de geografía (el predominio de investigación en la costa del norte), y cronología (ningún nuevo dato concerniente al arte primario de pintura del sur del país). Sin embargo, porque actualmente no vivo en Perú, es posible que algunos descubrimientos recientes, los cuáles no están a menudo ampliamente difundidos, no sean conocidos por mí, las disculpas pertinentes anticipadas para los lectores y los investigadores.

La Costa Norte
Es en esta región, y mejor dicho en los valles de los ríos Chicama y Moche, ya rico arte rupestre, que han sido anunciados el máximo número de recientes descubrimientos (Fig. 1).

La Quebrada «El Higueron» Diseños Geometricos
Uno de los conjuntos de grabados y pintura rupestre más importantes registrado en los últimos cinco años, fueron descubiertas por un grupo de cazadores en un lugar llamado la Quebrada «El Higuerón», ubicado en el valle del río Chicama, a 15 Km. del pueblo de Pampas de Mocan (provincia de Ascope). Este sitio es actualmente estudiado por Daniel Castillo Benites (Universidad Nacional de Trujillo) quien ha publicado una breve descripción del sitio (2000). Mientras la presencia de petroglifos no es sorprendente en esta región, donde ya varios sitios se han registrado (La Laguna, San Bartolo, Chuquillanqui, Pampas de Jaguay), la existencia de pinturas rupestres, con una iconografía muy peculiar, constituye algunos nuevos datos de gran interés.

De acuerdo con la descripción dada por Castillo Benites (Ibíd.), las pinturas están distribuidas en áreas rocosas que están relativamente distantes una de cada otra. La densa vegetación es de tipo estepario espinoso. En un promontorio hay dibujos de dos seres antropomorfos con atributos sobrenaturales, de diferentes tamaños, con un contorno muy peculiar: La cabeza cuadrangular con rasgos aparentemente felinicos coronado por una cresta, brazos levantados, abdomen distendido, pene y testículos colgando, rodilla abultadas en las articulaciones, pies dibujados de perfil (Fig.2) Sus contornos son muy similares, pero no obstante los dos personajes son realmente diferentes en el tratamiento del dibujo. En uno de los personajes antropomorfos, aquel de 75 cm. de altura, los contornos así como también algunos elementos de la cara están pintados en negro mientras que el cuerpo esta cubierto en rojo oscuro. Su torso está cubierto en círculos punteados que parecen bosquejar un felino. Estos mismos motivos, pero más pequeños, acentuado sus hombros y el contorno de su extremidad superior asimétrica, que parece el tentáculo de un pulpo. El contorno y las características de la cara del segundo personaje, mas pequeño están pintados en rojo claro, mientras que el interior del cuerpo no parece haber sido pintado. Diversos signos, los cuáles son indescifrables en la foto publicada (Ibíd.), fueron pintados en rojo sobre el torso.

El segundo sitio es un gran abrigo rocoso en el cual los motivos geométrico estan pintados en negro y rojo, arriba en el cielo raso. De acuerdo con la descripción de Castillo Benites (Ibíd.). El panel principal esta hecho por cuatro círculos concéntricos enlazados por una doble línea tangencial. Hay también otros motivos como líneas en zig zag pintadas en negro y rojo. Así como también algunos rastros de ocupación cercana que datan de varias fases del Período Formativo (primer milenio A.C.) Han sido también descubiertos. Según Castillo Benites, algunos de estos vestigios proporcionan evidencia de la llegada de tradiciones culturales de los alto Andinas.

En mi opinión, ambos la iconografía y el contexto de estas pinturas los vincula muy claramente al arte rupestre del sitio de Monte Calvario, localizados en el valle alto del río Zaña, uno de los sitios que hasta ahora había constituido el único ejemplo claramente identificado de arte rupestre del Período Formativo (Gruffroy 199:55-58). En las paredes de este sitio esta bosquejado un conjunto de personajes con estilo del Chavin Clásico, asociado con personajes zoomorfos (Felinos y probables batracios) en un estilo cercano al tardío de la Cultura Recuay (Mejia Xesspe 1972). Algunos petroglifos de estilo Chavín, así como también un importante centro ceremonial ocupado para una larga parte del período Formativo, han sido también descubiertos cercanamente. Aunque los personajes bosquejados en los dos sitios son algo diferentes, en ambos casos nos encontramos con bosquejos policromados de personajes sobrenaturales con características felinicas. Las figuras de la quebrada El Higuerón que, de acuerdo con la cronología relativa, podría ser más reciente, se muestra muy lejano respecto a los cánones clásicos del estilo Chavin, especialmente en el tratamiento del contorno, pero los rasgos faciales y el dibujo de los pies permanecen comparables. También pienso que es significante los motivos de ocelotes que aparecen sobre el torso del personaje principal, en el valle de Chicama son similares a aquellos dibujados sobre los pequeños felinos del Valle de Zaña. Estos dos sitios están localizados en sectores que, durante parte del Período Formativo, pertenecieron a la misma zona de influencia cultural Cupisnique, y experimentaron una similar historia de desarrollo. Sin embargo, sus peculiares características iconográficas parecen dar soporte a la atribución que estas pinturas para la fase final de este Período fue marcado por la transición de la cultura del Horizonte Temprano (Siglo 5-3 a.C.). Este comienzo, del Intermedio Temprano (Siglo 3 – 1 a.C.). Esta atribución, que nos sugiere Monte Calvario por la yuxtaposición de pinturas de los dos estilos (Cupisnique/Chavín y Recuay), parece justificada, en el valle de Chicama, por la naturaleza compuesta en las figuras antropomorfas. Este período (Siglo 3- 2 A.C.) corresponde a todo lo largo del territorio para el momento de rompimiento y evolución, asociado con principales movimientos de personas. Fue en este mismo contexto cultural que el arte grabado en las rocas -el cual se levanta el área cultural Cupisnique-experimento su principal difusión, fuera de la Costa Norte. Teniendo en consideración la cronología de las ocupaciones humanas en el valle Chicama, estas pinturas podrían ser conectadas específicamente con la llegada de los portadores de la tradición cerámica Salinar, la cual reemplaza la tradición tardía Cupisnique, al conservar algunos temas iconográficos. Las relaciones de esta región con los Andes en el departamento vecino de Cajamarca (Tradición Layson) son importantes en este Período.

Quebrada de Cupisnique
Un descubrimiento ligeramente anterior (Chauchat et.al 1998), hecho en la parte baja del valle de Chicama, podría posiblemente formar parte de la misma tradición. Es un refugio rocoso considerablemente grande (10 m x 6m x 3.5 m), localizado en la parte alta de la quebrada de Cupisnique, cerca del lugar llamado Quebrada Honda (PV22 – 164). Las pinturas en rojo y gris/negro representan motivos geométricos, y especialmente paralelos, líneas en zig zag y ondulantes. La presencia de algunas piezas líticas sobre el piso del refugio y pequeñas muescas de molino, así como también la ausencia de material cerámico, permitió a los autores (Ibíd.:159) asociar- hipotéticamente- estas pinturas a la cultura del Paijanense Pre ceramico. Este conjunto, sobre un estudio inicial, me parece (Guffroy 1999:64) muy cerca a los estilos de pinturas y grabados tardíos, los cuales son particulares en los de Andes de Cajamarca (Algodonal, Callapuma, Cumbemayo). El parecido de estas figuras con el motivo geométrico de La Quebrada de El Higueron, así como también su relativa proximidad geográfica, sugiere aún más algunas filiaciones culturales precisas, y parecen posiblemente de origen andino, datando para el primer comienzo del Intermedio Temprano.

Quebrada de Alto de las Guitarras Kaulique, Fernández-Davila Lopez, McKay Fulle y Santa Cruz Gamarra (2000) recientemente han anunciado el comienzo de algunas investigaciones muy interesante en el sitio de petroglifos de Alto de las Guitarras, ubicado en la misma región como los sitios precedentes, entre el valle de los ríos Moche y Virú. La metodología de trabajo que ellos propone para aplicar, basado en los conceptos de «arqueología del paisaje», parece suficientemente exhaustiva y rigurosa para proveer provechosa información acerca de este sitio, el cual es uno de los sitios mas importantes de petroglifos en el Perú. En particular, uno podría esperanzarse en tener un mejor entendimiento de la utilización del sitio, y el destacamento del agrupamiento temático. Este acercamiento, comparable para el que utilizamos en el sitio de Checta, debería poder especificar las características de los «templos al aire libre».

Uno de los puntos centrales de interés en el sitio de «Alto de Las Guitarras» consistió en la aparente longevidad de su utilización, el único ejemplo correctamente documentado de este tipo. Además que estas figuras que representan el Período Formativo, ejecutadas durante el primer milenio AC, uno puede reconocer petrología de un posterior Período: Moche, Chimú y aún quizás Inca – Chimú. Este es también el más antiguo de los grandes sitios de petroglifos (más de 100 piedras grabadas) registrados en Perú, y su estudio adecuado puede traer nueva información acerca de los usos y funciones de tales sitios. Otro punto interesante es su ubicación geográfica y ecológica, la proximidad de algunas antiguas rutas de comunicación, y la existencia de otros sitios de petroglifos en relativa proximidad.

El Norte – La Región Amazónica
La región de Jaén
Los sitios de Arte Rupestre existentes en las cuestas orientales de los Andes permanecen generalmente muy pobremente conocidos. Posturas y problemas específicos de interpretación. La existencia de conjuntos principales de arte rupestre en la provincia de San Ignacio (Dep. de Cajamarca), y particularmente más en la cuenca del río Chinchipe, ya han sido señalados por numerosos autores. Un nuevo descubrimiento parece haber sido hecho por Wilmer Mondragon (Universidad Nacional de Trujillo), cerca del pueblo de Jaén, en la rivera del río Marañon. A pesar de la ubicación imprecisa que se me ha sido reportada, las fotos que he visto muestran la existencia de varios paneles de pinturas hasta ahora desconocidas. Las figuras, pintadas en varias sombras de rojo, representan contornos humanos que generalmente tienen sus piernas y brazos extendidos; seres antropomorfos con características sobrenaturales; algunos animales, así como también signos geométricos. Este conjunto parece estilísticamente ser copiado en la región (Quebrada Gramalote, El Faical, Shipal) pero con algunas notables peculiaridades iconográficas (Bueno Mendoza y Lozano 1982), particularmente en el diseño de seres sobrenaturales (Fig.3)

La Región Central
El valle del río Lurín
En el transcurso de su investigación en el valle del río Lurín, Eeckhout (1997) reportó la presencia en dos sitios de piedras grabadas cubiertas con marcas de tacitas, ya conocido por el nombre de Antapucro (Núñez Jimenez 1986:2, 17-22), las piedras con cúpulas ocupan una posición ligeramente fuera del centro en relación a los petroglifos y son asociadas con algunas plataformas pequeñas. Algunos restos de cerámica, fechados para el Período Intermedio Temprano, están presentes sobre las piedras grabadas. Algunas rocas inscritas con tacitas han sido encontradas en la morada del sitio de Chaymayaca, ubicada en la margen opuesta. Este extenso asentamiento parece haber sido ocupado desde el Horizonte Medio hasta el Período Inca.

Estos petroglifos recuerdan aquellos grabados en el valle del río Chillón, en el sitio de Checta (Guffroy 1999:126-128), y probablemente perteneciendo al mismo conjunto estilístico (Grupo B).Uno de los elementos importantes reportados por Feckhout (Ibíd.:549) es la presencia, en el sitio de Chaymayaca, de plataformas que parecen haber estado dedicadas para la quema de hojas de coca, utilizadas como ofrendas para el dios Pariacaca. El también nos recuerda la existencia de un camino conectando los valles de los ríos Lurín y Rimac pasando por el sitio de Cocacharca (literalmente: campo de coca). En lo referente al texto de Francisco de Avila, el supone que la ofrenda de hojas de coca recientemente maduras proveídas en algunas ocasiones por personas de diferentes valles para encontrarse en Chaymarca, donde ceremonias importantes tomaban lugar. Aquí encontramos tres de los factores que son frecuentemente más asociados con los petroglifos de la región de la costa peruana: La proximidad (a) a un rio, (b) de una ruta de comunicacion, y (c) zonas de cultivo de coca. Estos datos también confirman la importancia de rocas con marcas de tacitas en prácticas rituales asociadas con el uso de estos sitios. También debemos mencionar la reciente publicación de un artículo por Rick (2000) acerca del arte rupestre de los Andes Peruanos, en el cual, entre otras cosas, él nos recuerda acerca de dos proposiciones concernientes a la ubicación de pinturas que parecen ser significantes en relación a su uso; la ubicación de una gran cantidad de sitios a una altitud cerca a los 4000 m. así como también su asidua asociación con refugios pocos profundos; la presencia de pinturas en cuevas profundas permanece muy raras.

La región sureña
La región de Arequipa

CIARQ (El Centro de Investigaciones Arqueológicas de Arequipa) ha anunciado el lanzamiento de un programa de investigación en la relación entre petroglifos y los antiguos caminos pre hispánicos. Esta asociación parece significante en ciertos sitios de la región, como Cullebrillas, La Caldera y Mollebaya. Este programa de investigación puede ser consultado en la Internet (http://angelfire.com/peCIARQ).

Para concluir este rápido panorama, nos gustaría expresar la esperanza que estos recientes descubrimientos y estos programas de investigación dirigidos a un tema o sitios específicos, anuncien un desarrollo absolutamente necesario y un renacimiento del campo de estudios concernientes al Arte Rupestre Peruano.

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Traducción : Víctor Corcuera C.