Prácticas funerarias Moche en el complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna

El estudio de las prácticas funerarias Moche se inicia con las excavaciones realizadas por Uhle en la plataforma ubicada cerca a la Huaca de la Luna (Uhle 1915). Luego, en la década de los treinta, Larco (1938, 1939) continúa con este trabajo en el valle de Chicama, cuya cerámica de los contextos funerarios le permite establecer una secuencia estilística de cinco fases para el periodo Moche (Larco 1948), así como los trabajos de Ubbelohde-Doering (1983), durante las temporadas de 1937 y 1938 en Pacatnamú. Más recientemente, los estudios sobre las prácticas funerarias son diversos: Donnan y Mackey (1978) en las Huacas del Sol y de la Luna; los estudios realizados en Sipán (Alva 1988, Alva y Donnan 1993); en San José de Moro (Castillo y Donnan 1994); en La Mina (Narváez 1994); en el sitio de las Huacas del Sol y de La Luna (Uceda et al. 1994, Chapdelaine et al. 1997 y 1998, Tello 1997 y 1998, Uceda 1997, Chapdelaine 1998a y 1998b); y en el complejo El Brujo (Franco et al. 1999).

Prácticas funerarias Moche en el complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna
Ricardo Tello
José Armas
Claude Chapdelaine

A pesar que este tema ha sido bastante tratado, queremos en esta oportunidad presentarlo desde una óptica comparativa que nos permita observar las similitudes y diferencias entre los contextos funerarios según su distribución espacial. Para ello, el presente estudio se basa en una muestra de 38 tumbas Moche excavadas en la zona urbana y en la Plataforma I de la Huaca de la Luna del complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna, durante las temporadas de 1991 a 1998 y dentro del marco general del Proyecto Arqueológico Huaca de La Luna que ejecuta la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.

Moche: hacia el final del milenio. Actas del Segundo Coloquio sobre la Cultura Moche

(Trujillo, 1 al 7 de agosto de 1999), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores, T. I, págs. 151-187.

Lima, Universidad Nacional de Trujillo y Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.

 

Fig. 5.1. Ubicación de las tumbas en la zona urbana de las Huacas del Sol y de la Luna.
Conjunto Arquitectónico Nº de Tumba Código en Fig.5.1 . Conjunto Arquitectónico Nº de Tumba Código en Fig.5.1
6 1 T1 17 1 T17
7 1 T2 18 1 T18
2 T3 25 1 T19
3 T4 2 T20
4 T5 3 T21
8 1 T6 4 T22
2 T7 5 T23
3 T8 6 T24
4 T9 7 T25
9 1 T10 26 1 T26
2 T11 Plaza Pública 1 T27
3 T12 Taller Alfarero 1 T28
4 T13 2 T29
5 T14 Centro de Visitantes 1 T30
15 1 T15 2 T31
16 1 T16 3 T32

En los trabajos de la zona urbana participan estudiantes de la Universidad de Montreal (Canadá), dirigidos por Claude Chapdelaine y cuyos objetivos fueron conocer el funcionamiento del sitio Moche y estudiar el desarrollo urbano y del Estado en la costa norte del Perú

Conjunto Arquitectónico

No de Tumba Características constructivas Individuo Inhumación del Individuo Cerámica Fase

Moche

Ubicación de objetos de cobre

Ofrendas de animales

Sexo

Edad

(años)

Orientación

Posición

6 1 Fosa Indeterminado 04-Ago N – S DV 2 CH.Temp B,M,P -.-
7 1 Fosa Femenino 35-49 S – N DD 9 IV R,B,M,

OTRO

-.-
2 Fosa Masculino Adulto S – N DD -.- IV -.- -.-
3 Fosa Masculino Adulto S – N DD 5 IV B,T,OTRO -.-
4 Fosa Indeterminado 12 S – N DD 3 IV B,T,OTRO c
8 1 Fosa Masculino Adulto E – O dC 1 III -.- -.-
2 Fosa Femenino Adulto O – E DD -.- III OTRO -.-
3 Fosa Masculino 20-24 E – O DV 7 III -.- c
Indeterminado Infante E – O DV
4 Fosa Masculino 35-45 S – N DD 5 III -.- -.-
9 1 Cámara Masculino 24-34 S – N DD . IV ? OTRO .
2 Cámara Indeterminado Adulto . . . IV ? OTRO c
3 Cámara Indeterminado 03-Abr . . . IV ? OTRO .
Indeterminado 03-Abr
4 Cámara . . . . . IV ? OTRO .
5 Cámara Indeterminado 15 S – N dC . IV OTRO -.-
15 1 Fosa Masculino Adulto S – N DD 4 III B,T -.-
Indeterminado Infante E – O DD T
16 1 Cámara Femenino 35 . . 33? IV OTRO ? c
Indeterminado Infante
17 1 Fosa Masculino Adulto S – N DD 24? IV OTRO ? c
18 1 Cámara Masculino Joven S – N DD 2? III M,OTRO -.-
25 1 Fosa Indeterminado 02-Mar S – N DD 2 IV M,P,T c,r,p
2 Fosa Femenino 36-40 S – N DD 55 IV R,M,P c
3 Fosa Indeterminado 11-Dic S – N DD 34 IV B,M -.-
4 Fosa Femenino 30-40 S – N DD 15 IV R,M,P c
5 Fosa Indeterminado 36-45 . . 19? IV B,M .
6 Fosa Indeterminado Adulto . . 22? IV B,P .
7 Fosa Masculino 45 S – N DD 8? IV B,M c
26 1 Cámara Masculino 48 S – N dC 29 IV ? OTRO c
Plaza Pública 1 Fosa Femenino 25 S – N dC 23 IV M,P -.-
Taller Alfarero 1 Fosa Masculino 40 S – N DD 4 IV R c
2 Fosa Femenino 40-50 S – N DD 43 IV R,B,M,P r
Centro de Visitantes 1 Fosa Indeterminado 5+-16 meses S – N DD 10 IV B -.-
2 Cámara Masculino 60 S – N DD 59 IV B,M c
3 Fosa Indeterminado 04-May E – O DD 1 IV -.- -.-

  

N = Norte   DD = Decúbito Dorsal   R = Rostro   c = camélido

S = Sur   DV = Decúbito Ventral   B = Boca   r = roedor

E = Este   dC = de Costado   M = Manos   p = pez

O = Oeste   P = Pies

T = Tórax

Cuadro 5.1. Detalle de las tumbas de la Zona Urbana Moche de las Huacas del Sol y de la Luna.

 

(Chapdelaine 1998a). Asimismo, participan estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo como parte de sus prácticas pre-profesionales, fueron dirigidos por Santiago Uceda y se persiguen los mismos objetivos ya mencionados (Uceda et al. 1997). En cuanto a los estudios en la Huaca de la Luna, están orientados a establecer la función, cronología y comprender el desarrollo arquitectónico del monumento (Uceda et al. 1994); son dirigidos por Santiago Uceda y también se cuenta con la colaboración de estudiante de la UNT.

LAS TUMBAS DE LA ZONA URBANA

En total son 32 tumbas que representan el 84% del total de la muestra analizada. Se ubicaron en la planicie que separa a las Huacas del Sol y de la Luna (Fig. 5.1) y fueron excavadas durante las temporadas de 1995 a 1998. Se distribuyen dentro de doce conjuntos arquitectónicos y una plaza pública que forman parte de la red urbana Moche del sitio en mención. Se registraron en el siguiente orden espacial: una tumba en el conjunto 6, cuatro tumbas en el conjunto 7, cuatro tumbas en el conjunto 8, cinco tumbas en el conjunto 9, una tumba en el conjunto 16, una tumba en el conjunto 15, una tumba en el conjunto 17, una tumba en el conjunto 18, siete tumbas en el conjunto 25, una tumba en el conjunto 26, una tumba en la plaza pública entre el conjunto 11 y el 12, dos tumbas en el conjunto del taller de alfarero y tres tumbas en el conjunto arquitectónico donde actualmente funciona el Centro de Visitantes (Cuadro 5.1).

De todas estas tumbas, 21 se hallaron intactas, mientras que las 11 restantes fueron alteradas por excavaciones clandestinas. Sin embargo, para los propósitos del presente estudio todas mostraron información importante, aunque indudablemente se perdieron datos irreparables en las tumbas parcialmente disturbadas.

Características constructivas

Según las características de construcción, las tumbas se clasifican en dos tipos: tumbas de fosa y tumbas de cámara (Cuadro 5.2).

Las tumbas de fosa son las más simples y generalizadas para la zona urbana. Este tipo consiste en la excavación de una fosa de acuerdo al tamaño del individuo a inhumar, con una profundidad promedio que alcanza los 80 cm, por 2,10 m de largo y 85 cm de ancho. Para la construcción en la mayoría de los casos se rompieron los pisos de la arquitectura o también se ubican por encima del piso de la última ocupación del sitio en una matriz de arena eólica. Luego de ser inhumado el cadáver se rellenaba con el mismo material propio del área, pudiendo además ser selladas con el piso de la siguiente ocupación. Según la tipología de tumbas establecida para San José de Moro (Castillo y Donnan 1994: 119), se ubican en la categoría de “tumba de pozo”.

Las tumbas de cámara representan una construcción más compleja, que requiere de mayor tiempo y la participación de otras técnicas. La cámara es fabricada con adobes dispuestos

Conjunto Arquitectónico Nº de

Tumba

Características Constructivas

Fosa Cámara
6 1 x .
7 1 x .
2 x .
3 x .
4 x .
8 1 x .
2 x .
3 x .
4 x .
9 1 . x
2 . x
3 . x
4 . x
5 . x
15 1 x .
16 1 . x
17 1 x .
18 1 . x
25 1 x .
2 x .
3 x .
4 x .
5 x .
6 x .
7 x .
26 1 . x
Plaza Pública 1 x .
Taller Alfarero 1 x .
2 x .
Centro de Visitantes 1 x .
2 . x
3 x .
Total 23 9

Cuadro 5.2. Características constructivas de las tumbas en el centro urbano Moche.

en hiladas y en una fila o más, según el tamaño de la fosa donde se ubicará, pues el propósito es crear un espacio uniforme en su interior, donde se pueda enterrar un individuo. Este espacio no difiere en dimensiones a las tumbas de fosa, excepto que la altura promedio llega a los 90 cm. Los paramentos de la cámara no tienen ningún tratamiento adicional del enlucido, como puede ser pintura o nichos. De manera similar a las tumbas de fosa, pueden intruir en los pisos de la arquitectura, pero no han sido encontradas hasta el momento dentro de la capa de arena posterior al piso tardío. Este tipo de cámara, según la clasificación establecida por Donnan (1995: 136), se ubica en la categoría de “cámara rectangular”. También se registró una cámara construida “sobre el piso”, asociada a la arquitectura del conjunto 16 (Chapdelaine et al. 1998: 245).

Merece una mención especial la tumba encontrada en la plataforma del conjunto arquitectónico 18 (Tello 1997, 1998), debido a que su sistema constructivo se asemeja al de la tumba 2 de la Huaca de La Luna (Uceda et al. 1994: 280-284). La cámara se comporta como un encajonamiento dentro de bloques constructivos de adobes, dejado exprofesamente durante la construcción de la plataforma. La cubierta es a doble agua, creada a través de adobes que se apoyan en el reborde de la cámara y entre sí para formar un ángulo interno. Además de este tipo de cubierta, debieron también existir otras formas de techar las tumbas de cámara, usando vigas de madera o de caña de guayaquil.

Fig. 5.2. Conjunto arquitectónico 25, individuo y ofrendas de la tumba 1.

Inhumación del individuo

Casi todos los individuos descansan sobre el piso de la tumba y en ocasiones sobre ofrendas de cerámica u objetos de metales (Cuadro 5.1). Lamentablemente, es escasa la información que se pudo recuperar referente a la preparación del cadáver, pues sólo se registraron algunas improntas de textil y cañas como elementos componentes del ataúd o “fardo” funerario.

El cadáver siempre se ubica al centro de la tumba, generalmente en posición decúbito dorsal (Figs. 5.2 a 5.5) y en ocasiones de costado (Fig. 5.6) o decúbito ventral (Fig. 5.7). La orientación generalizada es de sur a norte, es decir la cabeza ubicada al sur y los pies al norte, pero también existen entierros orientados de este a oeste. Muy pocas veces se encuentran orientados de oeste a este, como en el caso de una tumba de la fase Moche III; o de norte a sur, como en el caso de una tumba del conjunto 6 que es de la época Chimú Temprano (Chapdelaine et al. 1999).

.

Fig. 5.3. Conjunto arquitectónico 25, vista y dibujo de planta del individuo de la tumba 2.

Cuando el cadáver está ubicado decúbito dorsal y de sur a norte, la mirada puede estar hacia el este u oeste y ocasionalmente hacia el norte, mientras que los que están decúbito ventral se orientan de este a oeste y con la mirada simplemente hacia abajo. En cuanto a los entierros en posición de costado, generalmente se orientan de sur a norte, pero también existen de este a oeste; pueden descansar en su lado derecho o izquierdo, mirando hacia el frente.

Casi todos los cadáveres decúbito dorsal están extendidos y muy pocas veces semi extendidos; las extremidades superiores están pegadas a los lados, y las manos pueden estar por encima de la pelvis o al costado de ella; así como recogidas hacia el tórax. Las extremidades inferiores se juntan a la altura de los pies y pueden estar superpuestas o separadas.

El caso del individuo uno de la tumba 3 (conjunto arquitectónico 8), está decúbito ventral, las extremidades superiores se recogen contra el vientre y los pies están superpuestos. Los cadáveres de costado generalmente están semi extendidos, pero también existen flexionados, y las extremidades superiores se recogen hacia el tórax o están semi extendidas (Fig. 5.7).

Los individuos

El estudio de antropología física ha determinado que los individuos inhumados son de ambos sexos y de edades que oscilan entre 2 a 60 años de edad al momento de su muerte (Cuadro 5.4).

El individuo de la tumba del conjunto arquitectónico 6 es un infante de 4 a 8 años y de sexo indeterminado (Chapdelaine et al. 1997: 78). En el conjunto arquitectónico 7 se han excavado cuatro individuos en sus respectivas tumbas: el individuo 1 es de sexo femenino y de 35 a 49 años; el segundo y tercer individuo son de sexo masculino y adultos; mientras que el individuo 4 es un adolescente, de unos 12 años de edad (Chapdelaine et al. 1997, Chapdelaine 1998a, 1998b y 1999).

Conjunto Arquitectónico

Nº de

Tumba

Orientación . Posición .
S-N E-O O-E N-S Decúbito Dorsal Decúbito Ventral

De Costado

6 1 . . . x . x .
7 1 x . . . x . .
2 x . . . x . .
3 x . . . x . .
4 x . . . x . .
8 1 . x . . . . x
2 . . x . x . .
3 . x . . . x .
. x . . . x .
4 x . . . x . .
9 1 x . . . x . .
2 ? . . . ? . .
3 ? . . . ? . .
4 ? . . . ? . .
5 x . . . . . x
15 1 x . . . x . .
. x . . x . .
16 1 ? . . . . . .
17 1 x . . . x . .
18 1 x . . . x . .
25 1 x . . . x . .
2 x . . . x . .
3 x . . . x . .
4 x . . . x . .
5 ? . . . ? . .
6 ? . . . ? . .
7 x . . . x . .
26 1 x . . . . . x
Plaza Pública 1 x . . . . . x
Taller Alfarero 1 x . . . x . .
2 x . . . x . .
Centro de Visitantes 1 x . . . x . .
2 x . . . x . .
3 . x . . x . .
Total 21 5 1 1 21 3 4

Cuadro 5.3. Inhumanación de los individuos en las tumbas de la zona urbana.

Son cinco los individuos que se han podido identificar hasta el momento en el conjunto arquitectónico 8: el primero es de sexo masculino y adulto; el segundo es una mujer adulta; el tercero es un hombre de 20 a 24 años; el cuarto es un infante; y el quinto es un hombre de 35 a 40 años que presentó pintura roja en el rostro.

El análisis de antropología física de los restos óseos del conjunto arquitectónico 9 están en curso, pero por versiones de Millones (comunicación personal, 1999) se puede adelantar que existe un individuo de sexo masculino entre 24 a 34 años, un adulto de sexo indeterminado, dos infantes entre 3 a 4 años y un individuo de 15 años de edad.

La tumba del conjunto arquitectónico 15 está constituida por dos individuos. El individuo principal es de sexo masculino y adulto, el segundo es un infante (Chapdelaine 1999).

El individuo del conjunto arquitectónico 16 es de sexo femenino, de más de 35 años y sufrió de artritis (Chapdelaine et al. 1998: 247). El personaje del conjunto arquitectónico 17 es un hombre adulto, mientras que el individuo del conjunto 18 es de sexo masculino, pero joven.

Conjunto Arquitectónico Nº de

Tumba

Sexo Edad (años) Estatura (cm)
6 1 indeterminado 4-8 .
7 1 femenino 35-49 .
2 masculino adulto .
3 masculino adulto .
4 indeterminado 12 .
8 1 masculino adulto .
2 femenino adulto .
3 masculino 20-24 .
indeterminado infante .
4 masculino 35-45 .
9 1 . . .
2 . . .
3 . . .
4 . . .
5 . . .
15 1 masculino adulto .
indeterminado infante .
16 1 femenino 35 .
17 1 masculino adulto .
18 1 masculino joven .
25 1 indeterminado 2-3 73
2 femenino 36-40 150
3 indeterminado 11-12 130
4 femenino 30-40 138
5 indeterminado 36-45 .
6 indeterminado adulto .
7 masculino 45 157
26 1 masculino adulto .
Plaza Pública 1 femenino 25 .
Taller Alfarero 1 masculino 40 155
2 femenino 40-50 150
Centro de Visitantes 1 indeterminado 5+ 6 meses .
2 masculino 60 154
3 indeterminado 4-5

.

Cuadro 5.4. Los individuos de las tumbas de la zona urbana Moche.

 

 

….

En el conjunto arquitectónico 25 se han registrado siete individuos. El primero es una infante de entre 2 a 3 años y 73 cm de estatura. La única patología que se le observó es la presencia de criba orbitalia en ambas órbitas, que actualmente se asocia con anemia por deficiencia de hierro. El segundo individuo es de sexo femenino, de 36 a 45 años y 150 cm de estatura. Se puede observar en la porción posterior del parietal derecho la existencia de una fractura consolidada, probablemente producto de un golpe, pero que cicatrizó sin mayores consecuencias. Así mismo, las falanges distales muestran una leve artritis en ambas manos, y es interesante indicar también la presencia de pintura roja en su rostro. El tercer individuo es de 11 a 12 años y 130 cm de estatura. No fue posible observar ninguna patología. El cuarto individuo es de sexo femenino, de 30 a 40 años y 138 cm de estatura. Entre las patologías que se le identificó está la artritis, a través de las huellas dejadas en las falanges distales de la mano izquierda; así como las hipoplasias dentales registradas en los defectos de crecimiento del esmalte. El quinto individuo tiene entre 36 a 40 años y se ha podido observar la miositis osificans como patología. El individuo 6 es un adulto, cuya única evidencia de patología la constituye una leve caries en el tercer molar; no es posible determinar exactamente otras características, debido a que está incompleto producto de la huaquería, al igual que el individuo 5. Finalmente, el séptimo individuo es de sexo masculino, de 45 años y 1,57 m de estatura. No presenta patologías, excepto inicio de artritis en algunas de las falanges distales de la mano derecha (Millones 1999: 75-97).

Fig. 5.6. Conjunto arquitectónico 8, individuo y cerámica de la tumba 1.

El individuo de la tumba del conjunto arquitectónico 26 es de sexo masculino, adulto y presenta huellas de una herida en el cúbito derecho (Chapdelaine 1999).

La tumba ubicada en la plaza pública entre el conjunto 11 y 12 correspondió a un individuo de sexo femenino y de 25 años de edad (Chapdelaine 1998a: 99).

En el taller de alfarero se excavaron dos tumbas, cuyos cadáveres fueron analizados por el antropólogo físico John Verano. El individuo de la tumba 1 es de sexo masculino, de unos 40 años, 155 cm de estatura y de buena conformación ósea. Esta persona sufrió de varias alteraciones o traumatismos profesionales (traumatismos en las manos y artritis en la columna), producto de los trabajos de alfarería. En la tumba 2 se inhumó un individuo de sexo femenino, de 40 a 50 años y de 150 cm de estatura. Sufrió de artritis en la columna vertebral, manos y rodillas; además se observó una fractura consolidada en el radio izquierdo (Uceda y Armas 1997: 98 y 102).

Finalmente, del Centro de Visitantes provienen tres individuos encontrados en sus respectivas tumbas. El primer individuo es un infante de 5 años (± 6 meses); presenta como patologías en la órbita izquierda dos pequeños orificios porosos que indican la existencia de criba orbitalia y en ambos parietales tiene una lesión en el tejido compacto que puede

Fig. 5.7. Conjunto arquitectónico 8, individuo y ofrendas de la tumba 3.

relacionarse con una encefalitis de origen diversa. El segundo individuo es de sexo masculino, de 60 años y 154 cm de estatura. Como patología se observa un desgaste pronunciado en la carilla articular distal izquierda de la clavícula y del acromion del omóplato, que podría deberse a alguna actividad física específica del brazo izquierdo. El tercer individuo es un infante de 4 a 5 años; las patologías registradas son: una leve cribia orbitalia que actualmente se asocia con la anemia por deficiencia de hierro, así como periostitis en tres costillas derechas y una izquierda, cuya inflamación sería de origen traumática (Millones 2000: 215-233).

La cerámica

Generalmente la cerámica era colocada después de depositar el cadáver en la tumba, bajo un orden establecido previamente y se ubica hacia los pies, cráneo, costados y sobre el cadáver. Algunas veces los ceramios de mejor calidad eran rotos exprofesamente, estrellándolos sobre el piso o arrojándoles piedras; este acto también se ha registrado durante el sellamiento de la sepultura (Fig. 5.8). A medida que se avanzaba con el ritual de la inhumación, también se depositaban más ceramios, pero en menor proporción a los existentes en la parte inferior de la tumba (Láms. 5.1 y 5.2; Figs. 5.9 y 5.10).

El total de la muestra está conformada por 419 ejemplares pertenecientes a las tumbas objeto de este estudio (Cuadro 5.5). Las vasijas cerradas son las predominantes y están representadas por 315 ejemplares que equivalen al 75,18% del total de la muestra analizada.

Fig. 5.8. Conjunto arquitectónico 25, detalle de la cerámica de la tumba 2.

 

De estas vasijas, los cántaros alcanzan el porcentaje mayor con 168 ejemplares (40,10%), luego siguen 102 botellas (24,34%), 27 ollas (6,44%), 9 jarras (2,15%), 7 cancheros (1,67%) y finalmente dos tinajas (0,48%). Mientras tanto, las vasijas abiertas son 93, que representan el 22,20% del total de la muestra analizada y están conformadas por 81 floreros (19,33%) y 12 cuencos (2,86%). Por último, también se tiene tres figurinas, dos pequeñas vasijas escultóricas, dos piruros y cuatro vasijas no identificadas, 11 elementos que conforman el 2,63% del total de la muestra analizada.

De todas las tumbas estudiadas, la que presenta mayor cantidad de cerámica (59 ejemplares) es la tumba 2 del Centro de Visitantes (Láms. 5.3), perteneciente a un individuo de sexo masculino y de 60 años de edad. Luego sigue la tumba 2 del conjunto arquitectónico 25 (Lám. 5.1), con 55 ceramios y pertenece a una mujer de 36 a 40 años de edad. En tercer lugar está la tumba 2 del taller de alfarero, presentando 43 ceramios y pertenece a una mujer de 40 a 50 años. Finalmente, sigue la tumba 3 del conjunto arquitectónico 25 con 34 ceramios y pertenece a un infante de 11 a 12 años (Fig. 5.10).

La cerámica, en general, no presenta evidencias de uso doméstico y aparentemente éstas habrían sido elaboradas exclusivamente para la inhumación de los individuos, lo que también se puede observar en la forma y decoración de las vasijas que sugieren una producción en serie, característica propia de la fase Moche IV (Donnan 1965: 128). Se exceptúan de este patrón los ceramios de mejor calidad que tienen huellas de uso y posiblemente formaban parte de los objetos personales del difunto. Su forma y decoración es variada, pero generalmente similares a los publicados por Donnan y Mackey (1978). Es necesario indicar que las siete ollas de la tumba 3 del conjunto arquitectónico 8 se hallaron incompletas y con improntas que indican una función doméstica, si bien esta tumba pertenece a la fase III de Moche.

Conjunto Arquitectónico Nº de

Tumba

Vasijas Cerradas Vasijas Abiertas Otros Total
Botella Canchero Olla Cántaro Jarra Tinaja Subtotal Florero Cuenco Subtotal N %
6 1 . . 2 . . . 2 . . -.- . 2 0.48
7 1 2 . . 6 . . 8 1 . 1 . 9 2.15
2 . . . . . . -.- . . -.- . . 0
3 . . . 5 . . 5 . . -.- . 5 1.19
4 . . . 2 . 1 3 . . -.- . 3 0.72
8 1 1 . . . . . 1 . . -.- . 1 0.24
2 . . . . . . -.- . . -.- . . 0
3 . . 7 . . . 7 . . -.- . 7 1.67
4 4 1 . . . . 5 . . -.- . 5 1.19
9 1 . . . . . . . . . . . ? .
2 . . . . . . . . . . . ? .
3 . . . . . . . . . . . ? .
4 . . . . . . . . . . . ? .
5 . . . . . . . . . . . ? .
15 1 . . . 3 . . 3 . 1 1 . 4 0.95
16 1 5 . . 16 . . 21 7 1 8 4 33 7.88
17 1 2 2 1 15 . . 20 2 . 2 2 24 5.73
18 1 1 1 . . . . 2 . . -.- . 2 0.48
25 1 . . . . . . -.- . . -.- 2 2 0.48
2 13 . 5 25 . . 43 12 . 12 . 55 13.1
3 12 . 2 13 . . 27 7 . 7 . 34 8.11
4 2 . 3 5 . . 10 5 . 5 . 15 3.58
5 7 . 3 8 . . 18 1 . 1 . 19 4.53
6 1 . 4 16 . . 21 1 . 1 . 22 5.25
7 5 . . 2 . . 7 1 . 1 . 8 1.91
26 1 12 1 . 10 2 . 25 3 1 4 . 29 6.92
Plaza Pública 1 4 . . 4 5 . 13 7 3 10 . 23 5.49
Taller Alfarero 1 1 . . . . . 1 2 . 2 1 4 0.95
2 5 . . 19 2 . 26 10 6 16 1 43 10.3
Centro de Visitantes 1 2 . . 8 . . 10 . . -.- . 10 2.39
2 23 2 . 11 . . 36 22 . 22 1 59 14.1
3 . . . . . 1 1 . . -.- . 1 0.24
Total N 102 7 27 168 9 2 315 81 12 93 11 419 100
% 24.34 1.67 6.44 40.10 2.15 0.48 75.18 19.33 2.86 22.20 2.63 100

.

Cuadro 5.5. La cerámica de las tumbas de la zona urbana Moche.

Los objetos de cobre

Los objetos de cobre forman parte de las ofrendas y por lo general se colocaban directamente sobre el cuerpo del individuo durante la preparación del “fardo” funerario. Del total de las 32 tumbas analizadas, solamente 5 –que representan el 15,6%– carecen de este tipo de ofrendas. Los objetos de cobre se presentan con más frecuencia en la boca, manos, pies, rostros y/o tórax del individuo; así como en menor porcentaje sobre la pelvis (Cuadro 5.6). Desde luego que también se registran objetos fuera del “fardo” que pudieron ser colocados antes o durante la inhumación del individuo. Como ejemplo tenemos nueve objetos bivalvos ubicados por debajo del cadáver de la tumba del conjunto arquitectónico 18 (Fig. 5.11). Dentro de la boca del cadáver generalmente se colocaban láminas pequeñas o medianas dobladas, pero también se han registrado otros objetos como: depilador, anzuelo y prendedor. Los metales

.

.

Lám. 5.1. Arriba: Ofrendas de la tumba 2 del conjunto arquitectónico 25. Abajo: botella de la tumba 2, que representa a un personaje portando un objeto en la mano; la otra es una botella de la tumba 2 y representa a un prisionero.

 

Lám. 5.2. Nivel 2 de la cerámica de las tumbas 3 y 4, conjunto arquitectónico 25.

 

Conjunto Arquitectónico Nº de

Tumba

Ubicación Forma
Rostro Boca Manos Pies Pelvis Tórax Otro Lámina Prendedor Aguja Piruro Cuchillo Depilador Otro
6 1 . x x x . . . x . . . . . x
7 1 x x x . . . x x . x x x . .
2 . . . . . . -.- . . . . . . .
3 . x . . . . x x . . . . x .
4 . x . . . x . x . . . . . x
8 1 . . . . . . -.- . . . . . . .
2 . . . . . . x . x . . . . .
3 . . . . . . -.- . . . . . . .
4 . . . . . . -.- . . . . . . .
9 1 . . . . . . ? x . . . . . .
2 . . . . . . ? x . . . . . .
3 . . . . . . ? x . . . . . .
4 . . . . . . ? x . . . . . .
5 . . . . . . x . . x . . . .
15 1 . x . . . x . x . . . . . .
. . . . . x . x . x . . . .
16 1 . . . . . . ? x . . . . . .
17 1 . . . . . . ? x . . . . . .
18 1 . . x . . . x . . . . . x x
25 1 . . x x . x . x . . . . . .
2 x . x x x . . x . . . . . .
3 . x x . . . . x . . . . . .
4 x . x x . . . x . . . . . .
5 . x x . . . . x . . . . . .
6 . x . x . . . x . . . . . .
7 . x x . . . . x . . . x . .
26 1 . . . . . . ? . . x . . . .
Plaza Pública 1 . . x x . . . x . . x . . .
Taller Alfarero 1 x . . . . . . x . . . . . .
2 x x x x . . . x x . . x . .
Centro de Visitantes 1 . x . . . . . x . . . . . .
2 . x x . . . . x . . . . . .
3 . . . . . . -.- . . . . . .

.

Cuadro 5.6. Ubicación de los objetos de cobre de las tumbas de la zona urbana Moche.

ubicados en el rostro son láminas grandes a manera de máscaras que pueden estar conformadas por una o más piezas. Los objetos que se presentan en las manos del cadáver tienden a formas más diversas, como: cuchillo, depilador, piruro, espátula y láminas, cuya ubicación puede estar en cualquiera de las dos manos o en ambas a la vez. En los pies o tórax mayormente se colocan láminas pequeñas o de tamaño mediano pero dobladas. Finalmente, en la pelvis se han registrado láminas y cuchillos, éste último cogido en la mano del cadáver.

Además de los objetos en mención existen agujas y alambres que integran el ajuar funerario. La existencia de objetos de cobre directamente asociados al cuerpo del individuo, pueden presentarse en la mayoría de las partes antes mencionadas o en cualquiera de ellas indistintamente.

Otras ofrendas

También se registraron restos de animales asociados a 13 tumbas, que representan el 41% del total de las tumbas estudiadas (Cuadro 5.7). Todas presentan restos de camélidos, excepto la tumba 2 del taller de alfarero que sólo presentó restos de cuy a la altura del brazo derecho del individuo. En la tumba 1 del conjunto arquitectónico 25 se encontró siete vértebras

Conjunto Arquitectónico Nº de

Tumba

Restos Collar de Cuentas Vasijas de Arcilla sin cocer
Camélido Roedor Pez
6 1 -.- . . x .
7 1 x . . . .
2 -.- . . . .
3 -.- . . . .
4 x . . . .
8 1 -.- . . . .
2 -.- . . . .
3 x . . . .
4 -.- . . . .
9 1 ? . . . .
2 x . . . .
3 ? . . . .
4 ? . . x .
5 -.- . . x .
15 1 -.- . . . .
16 1 x . . . .
17 1 x . . . x
18 1 -.- . . . .
25 1 x x x . .
2 x . . x x
3 -.- . . . .
4 x . . . .
5 ? . . . .
6 ? . . . .
7 x . . . .
26 1 -.- . . . .
Plaza Pública 1 -.- . . . .
Taller Alfarero 1 x . . . .
2 . x . . .
Centro de Visitantes 1 -.- . . . .
2 x . . . .
3 -.- . . .

.

Cuadro 5.7. Otras ofrendas de las tumbas de la zona urbana.

de pescado y un hueso de cuy sobre el abdomen, y un hueso de camélido cerca de los miembros inferiores del cadáver; el contexto sugiere que estos restos óseos formaban parte del relleno transportado durante el ritual. Mientras que en la tumba 2 de este mismo conjunto se ubicó el cráneo y extremidades de un camélido en la cabecera izquierda del individuo (Fig. 5.9d). La tumba 4 del conjunto arquitectónico 25 presenta al costado de la pierna izquierda del individuo un fragmento quemado de extremidad de camélido. En la tumba 7 del conjunto 25 se ubicó la mandíbula de un camélido cubriendo parcialmente las órbitas del individuo y también las extremidades del camélido aproximadamente a 10 cm por encima del cráneo y hacia las costillas del individuo. En las restantes ocho tumbas, los huesos están representados mayormente por extremidades de camélidos (Fig. 5.12), pero también se ha registrado el cráneo, como es el caso de la tumba 2 del Centro de Visitantes; así como un feto de camélido sin cabeza ni extremidades en la tumba 3 del conjunto arquitectónico 8.

Entre otras ofrendas se hallaron vasijas de arcilla sin cocer en la tumba del conjunto arquitectónico 17 y en la tumba 2 del conjunto 25; así como collares compuestos de cuentas en cerámica, hueso o piedra, en las tumbas de los conjuntos arquitectónicos 6, 9 (tumba 5), 15 y 25 (tumba 2), asociados alrededor del cuello de los cadáveres.

.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.....

Fig. 5.9. Dibujo de planta de la cerámica de la Tumba 2 del conjunto arquitectónico 25: a) nivel 1; b) nivel 2 A; c) nivel 2 B; d) nivel 3; y e) nivel 4.

Fig. 5.10. Conjunto arquitectónico 25, dibujo de planta del nivel 2 de la cerámica de las tumbas 3 y 4.

LAS TUMBAS DE LA PLATAFORMA I, HUACA DE LA LUNA

Fig. 5.11. Conjunto arquitectónico 18, segundo nivel de ofrendas de la tumba 1.

La muestra procedente de la Plataforma I de la Huaca de la Luna está conformada por seis tumbas (Cuadro 5.8; Fig. 5.13), que equivalen al 16% del total analizado y se hallaron entre 1991 y 1997 asociadas al relleno de adobes tramados que cubre el edificio B de la plataforma principal de la Huaca de La Luna (Uceda y Canziani 1998: 147) y pertenecientes a la fase estilística Moche IV, según la secuencia establecida por Larco (1948). Existen cinco tumbas más registradas en las excavaciones, pero lamentablemente fueron disturbadas por buscadores de tesoros y los escasos elementos culturales recuperados están siendo analizados, por tal motivo no han sido consideradas en la muestra del presente estudio.

Características constructivas

Considerando las características de construcción, las tumbas procedentes de la Plataforma I de la Huaca de la Luna se pueden clasificar en: a) Tumbas de cámara y b) Tumbas de fosa.

Tumbas de cámara. La cámara se construye mediante la técnica del encajonamiento, esto quiere decir que cuando se comienzan a cubrir los edificios con el relleno de adobes tramados, se deja un espacio exprofesamente para una tumba, por lo tanto los bloques de adobes crean una cámara de forma rectangular cuyas dimensiones varían de acuerdo al número de individuos a inhumar. Cuando se trata de un individuo, las dimensiones promedio son 2,10 m de largo, 80 cm de ancho y 90 cm de alto. Pero también existen cámaras más complejas, como es el caso de la tumba 5 (Tello 1995: 71-72), cuando el encajonamiento se presentó acondicionado por muros formando una cámara propiamente dicha compuesta de dos compartimientos, con piso de barro y midió 2,80 m de largo por 2,10 m de ancho y 1,10 m de alto.

Tumbas de fosa. Este tipo de tumba es más simple y se presenta con menos frecuencia. La construcción se realiza mediante el desarmado del relleno de adobe tramados para obtener un espacio de forma rectangular, por esto el corte tiende a ubicarse hacia los paramentos de los bloques constructivos, y cuyas dimensiones están de acuerdo al tamaño del individuo a inhumar, pero están dentro del promedio establecido para las tumbas de cámara. A diferencia del tipo anterior de tumbas, en estos casos no se habían previsto realizar originalmente durante el proceso de sellar el edificio. También estas fosas fueron acondicionadas con tierra, cascote y barro, para nivelar la superficie de la base, así como para ordenar los elementos ofrendados.

N° de

Tumba

Caracte. Construc. Individuo Inhumación del Individuo Cerámica Fase

Estilística

Ubicación de

Objetos de Cobre

Ofrendas de Animales
Sexo Edad

(años)

Estatura (cm) Orientacion Posición
1 Cámara Masculino 20-35 186 ± 3 E-W DD 10 IV R,T,Pe,P,H .
2 Cámara Masculino 20-35 186 ± 3 S-N DD 17 IV R,B,T,Pe,M,P c,p,otro
3-4 Fosa Masculino 40-45 163-170 S-N DD 7 IV R,M, Otro c
5 Cámara Femenino 18-20 154.9 ± 3 S-N DD ** IV Otro c, otro
* * * -.- -.-
8 Cámara Femenino 50-60 155 S-N DD 37? IV R,M,P c
12 Fosa Masculino Adulto 152 S-N DD 18 IV r,b,t,m,p c

* Cuadro N° 5.9  N = Norte  DD = decúnito dorsal  R = Rosto  c = camélido

** Cuadro N° 5.10  S = Sur  B = Boca  p = pescado

  E = Este  M = Manos

  W = Oeste  P = Pies

T = Tórax

Pe = Pelvis H = Húmero
Cuadro 5.8. Tumbas de la Plataforma I, Huaca de la Luna.

 

 

Fig. 5.13. Dibujo de planta de la Plataforma I señalando la ubicación de las tumbas.

Las cubiertas

Se han registrado dos tipos de cubierta: de adobes y de vigas. En el caso de las cubiertas de adobes, los adobes están distribuidos de manera paralela en número de dos a lo largo de la cámara. Este ordenamiento particular de los adobes forma una cubierta a manera de bóveda, dado que los extremos de los adobes se apoyan entre sí formando un ángulo interior; mientras que el otro lado se apoyaban en el borde de las paredes de la cámara.

En cuanto a las cubiertas de vigas, sobre esta cubierta se ubicaron los rellenos de adobes tramados y en algunos casos se cubrió en primer lugar con cantos rodados y lajas, como es el caso de la tumba 5. En este tipo de cubierta se han empleado tres materiales: algarrobo, caña guayaquil y caña brava. Las vigas de algarrobo se utilizaron en estado natural, de forma sinuosa y algunas presentan en uno de sus extremos un horcón; este detalle nos induce a pensar que en un primer momento fueron utilizadas como postes para crear techos en determinados espacios. Sin embargo, en la cobertura de las tumbas se pueden distribuir de tres maneras: a) Vigas que siguen la orientación de la tumba, b) Vigas transversales a la orientación de la tumba y c) Vigas que se cruzan alternadas siguiendo la orientación y trasversales a la tumba.

En cuanto a las cubiertas de caña guayaquil y caña brava, éstas fueron amarradas con soguillas y en algunos casos sobre ellas se colocó un petate posiblemente con la finalidad de evitar la filtración de tierra. También pueden estar reforzadas con vigas de algarrobo.

Fig. 5.14. Plataforma I, Huaca de la Luna, ataúd de cañas y osamenta de la tumba 8.

Preparación del cadáver

Dado el mal estado de conservación de la mayoría de los contextos, no fue posible recuperar toda la información referente a la preparación del cadáver, pero se puede afirmar que son dos las maneras como llegan los cuerpos hasta la ubicación final en la tumba: a) Estructura de cañas y b) Ataúd de cañas, siguiendo la clasificación establecida por Donnan (1995: 125 y 131).

En cuanto al tipo estructura de cañas, se trata de un tipo de “fardo” y está presente en las tumbas 3/4 y 12. Se trata de un soporte de cañas amarradas con fibra vegetal donde se coloca el cadáver para luego ser envuelto con textiles. También han sido reportados en el centro urbano Moche de las Huacas del Sol y de La Luna (Donnan y Mackey 1978) y en Pacatnamú (Ubbelohde-Doering 1983, Hecker y Hecker 1992).

En cuanto al tipo ataúd de cañas, se registró en las tumbas 2, 5, 8 y posiblemente en la tumba 1. Estos ataúdes están fabricados de cañas dispuestas a lo largo y transversales a los extremos, amarrados con fibras vegetales cada cierto tramo. Las dimensiones promedio son 2 metros de largo por 50 cm de ancho y 25 cm de alto (Fig. 5.14). Este tipo de sarcófago también fue registrado en Pacatnamú (Ubbelohde-Doering 1983, Hecker y Hecker 1992).

Los individuos

Los individuos se ubicaron en posición extendida decúbito dorsal, la cabeza está al sur y los pies al norte; excepto el individuo de la tumba 1 que se encuentra orientado de este a oeste (Cuadro 5.8). Las extremidades superiores se extienden lateralmente y las manos se juntan a la altura de la pelvis; mientras que las extremidades inferiores también se extienden y se juntan a la altura de los pies. La mirada de estos cadáveres es hacia cualesquiera de los cuatro puntos cardinales.

Los individuos de las tumbas 1 y 2 son de sexo masculino, de entre 20 a 35 años, de 168 ± 3 cm de estatura y con buena contextura física. El individuo de la tumba 1 presentó fracturas en la segunda y quinta falange del pie derecho y posiblemente tuberculosis aguda, observable en las clavículas. Posiblemente este individuo murió producto de una enfermedad crónica. Mientras que al individuo de la tumba 2 se le detectó artritis ligera en la primera y quinta vértebras lumbares, así como en los pies (Uceda 1997: 181).

El individuo de la tumba 3/4 es de sexo masculino, de 40 a 45 años, entre 1,63 a 1,70 m de estatura y de contextura robusta. La patología que se le identificó es la artritis en las articulaciones de las manos y pies, vértebras lumbares y toráxicas, así como en la clavícula. También presentó traumatismos en el cráneo, en dos dedos de la mano derecha y en la clavícula izquierda.

En cuanto a la tumba 5 se han registrado 11 individuos de los cuales el ubicado en el reborde de la cámara es una mujer, de entre 18 a 20 años y de 154,9 ± 3 cm de estatura (Cuadro 5.8). Las patologías que presenta en el ámbito dental son hipoplesia del esmalte en el canino derecho del maxilar, formación de cálculos en todos los dientes y reabsorción ligera del alveolar del maxilar. Mientras que dentro de la cámara se ubicaron partes de 10 individuos de ambos sexos y de edades que oscilan entre los 5 a 35 años (Cuadro 5.9) (Tello 1995, Uceda 1997).

La tumba 8 presenta un individuo de sexo femenino, entre 50 a 60 años y de 1,55 m de estatura. Finalmente, el individuo de la tumba 12 es adulto, de sexo masculino y tiene 1,52 m de estatura (comunicación personal de Millones, 1999).

La cerámica

En términos generales, los ceramios han sido elaborados para ser depositados como ofrendas, pues no presentan huellas de uso doméstico y se fabricaron en serie, a través de moldes, así como también por su decoración; excepto las piezas escultóricas que se distinguen por su mejor calidad y belleza. La muestra está conformada por 89 vasijas (Cuadro 5.8), casi todas pertenecientes a la fase Moche IV según la secuencia ceramográfica establecida por Larco (1948). Las botellas son las que predominan, luego siguen los cántaros, floreros, jarras, cancheros y olla.

N° de Individuo

Sexo

Edad

(años)

Estatura

(cm)

1

Femenino

25-35

154 ± 3

2

Femenino

18-35

157 ± 3

3

Femenino

19-24

147 ± 3

4

Masculino

20-23

152,7 ± 3

5

Masculino

21-25

166,5 ± 3

6

Masculino

20-30

Indeterminado

7

Indeterminado

5-7

Indeterminado

8

Indeterminado

9-11,5

Indeterminado

9

Indeterminado

10-15

Indeterminado

10

Indeterminado

12-15

Indeterminado

Cuadro 5.9. Individuos dentro de la cámara de la tumba 5, Huaca de la Luna.

En la tumba 1 se registraron 10 ejemplares, de los cuales cinco se ubicaron hacia el lado sur del cadáver y cinco hacia el lado norte. Ocho son botellas asa estribo, de cuerpo globular y pintadas de color rojo sobre crema; y dos botellas asa lateral, escultóricas y de mejor calidad que representan a un guerrero (Fig. 5.15a) y a un músico.

La tumba 2 presentó 17 ceramios, de los cuales hay un florero, un canchero (Fig. 5.16), un cántaro y 14 botellas. Diez de estas botellas son de cuerpo globular, asa estribo y decoradas con diseños de aves color marrón oscuro sobre fondo crema (Fig. 5.15b); y una es escultórica, asa estribo lateral y representa un ave (Fig. 5.15c). Es interesante indicar que esta última vasija fue rota intencionalmente durante el ritual funerario.

La cerámica de la tumba 3/4 está representada por dos cántaros iguales que representan en escultura a un reptil (Lám. 5.4a); cuatro botellas asa estribo, escultóricas y con labios ligeramente biselados (Fase III de Moche), de las cuales tres son representaciones antropomorfas (Lám. 5.4b y c) y una zoomorfa: lobo marino (Lám. 5.4d); y finalmente un canchero con engobe crema pintado por figuras geométricas de color rojo.

a

  b c

Lám. 5.3. Tumba 2 del Centro de visitantes: a) detalle de la cerámica en la tumba; b) ceramio escultórico de la tumba 2; c) botella que representa a un sacerdote orando.

   a b

   c d

     f

.

Lám. 5.4. Cerámica de las tumbas 3-4 y 8, Plataforma I de la Huaca de la Luna.

...

Fig. 5.15. Cerámica de la tumba 1 y 2, Plataforma I, Huaca de la Luna: botellas escultóricas y pictóricas.

.....

Son 37 los ceramios registrados para la tumba 8, después del análisis en gabinete, además se agregan 6 piruros. Estas vasijas se distribuyen en 15 cántaros, 13 floreros, 6 botellas, 2 ollas y un cuenco, y debido a que la tumba fue parcialmente saqueada no se conoce el numero exacto de las ofrendas (Figs. 5.14, 5.17 y 5.18, Láms. 5.4e y f). Finalmente, de la tumba 12 se recuperaron 18 ceramios, cuyo análisis está en curso.

Es necesario indicar que la tumba 5 se comporta como un repositorio de ofrendas para el templo de Huaca de la Luna (Tello 1995, Uceda 1997), por tal motivo se pudo identificar hasta 340 partes de ceramios diferentes como componentes de estas ofrendas (Cuadro 5.10).

Los objetos de cobre

Las ofrendas de metal estuvieron dispuestas en su mayoría directamente sobre las osamentas de los personajes y éstas debieron estar formando parte de su indumentaria. Generalmente se localizan en las diferentes partes del individuo (Cuadro 5.8):

Cráneo. Sobre el rostro de los individuos de las tumbas 1 y 2 se han evidenciado una lámina a manera de máscara, así como restos de cobre en el rostro del individuo de la tumba 8. También cubriendo el rostro del individuo de la tumba 12 se ha encontrado una lámina de metal envuelta en un textil y en su boca se colocó una lámina rectangular. A la altura del maxilar superior derecho de la osamenta de la tumba 3/4 existen huellas de cobre. De la boca del individuo de la tumba 2 se recuperó una lámina.

Tórax. Hacia el lado izquierdo sobre el tórax de la osamenta de la tumba 2 se hallaron discos laminares con orificios en la parte superior, la mayoría tiene un centímetro de diámetro.

FORMA

FRAGMENTOS

EJEMPLARES

Efectivos

%

Efectivos

%

VASIJAS

ABIERTAS

FLORERO

141

13,78

40

9,78

CUENCO

13

1,27

2

0,49

VASIJAS

CERRADAS

BOTELLA

249

24,34

88

21,51

CANCHERO

35

3,42

8

1,95

OLLA

45

4,40

15

3,67

JARRA

8

0,78

4

0,98

CANTARO

405

39,59

159

38,88

TINAJA

24

2,35

24

5,87

BASES

103

10,07

69

16,87

TOTAL

1.023

100

409

100

Cuadro 5.10. Cerámica de la tumba 5, Plataforma I de la Huaca de la Luna.

Así mismo, al nivel de las vértebras dorsales y lumbares se registraron láminas rectangulares de 4 x 6 cm y con orificios hacia sus bordes; también se registró una placa semicircular y con un borde dentado. Hacia el lado derecho del tórax se ubicó una espátula. El individuo de la tumba 1 presentó láminas en el lado izquierdo y derecho del tórax. Así también, el individuo de la tumba 12 tenía un disco laminar sobre su lado izquierdo.

Pelvis. El individuo de la tumba 2 presentó en esta parte del cuerpo una vasija pequeña de cobre laminado a manera de “calero”, la cual era sostenida por su mano derecha. También en la tumba 1 se ubicó un objeto de cobre laminado, similar al registrado en la tumba 2 y estaba sobre el húmero derecho del individuo. Además, en ambos personajes se registraron placas rectangulares.

Manos. Sobre ambas muñecas del individuo de la tumba 12 se ubicaron placas rectangulares; así como para la osamenta de las tumbas 3/4 y 8 se identificaron huellas de objetos de cobre.

Pies. En esta parte del cuerpo se colocaron placas rectangulares en los individuos de las tumbas 1, 2, 8 y 12.

Otras ofrendas

Además de las ofrendas anteriormente descritas se han registrado mates conteniendo alimentos en la tumba 2, destacando 8 especies de moluscos, 3 especies de gasterópodos, 2 especies de caracoles terrestres, 2 especies de bivalvos, peces y restos de llama: cabeza y extremidades. También se agregan restos de maíz, palta, lagenaria y semillas de coca.

 

Fig. 5.17. Plataforma I, Huaca de la Luna, nivel 1 de la cerámica de la tumba 8.

En las tumbas 3/4 y 8 también se colocaron mates conteniendo alimentos, se pudo observar vértebras, extremidades y el cráneo de camélidos. Para la tumba 5 entre otras especies se registró restos de llama. Finalmente, en la tumba 12 tenemos las extremidades y la cabeza del camélido.

Entre otras de las ofrendas tenemos 8 vasijas (3 cántaros y 5 floreros) de arcilla sin cocer asociadas a la tumba 8 y otras más para la tumba 12.

Fig. 5.18. Plataforma I, Huaca de la Luna, nivel 2 de la cerámica de la tumba 8.

COMENTARIOS

Los datos arqueológicos acá presentados muestran que los ritos y ceremonias Moche son una respuesta a la preocupación de todos los integrantes de la sociedad respecto a la muerte,sin distinción de clase social, sexo, edad u oficio. Desde luego que existen diferencias en la preparación, ofrendas y rituales entre los dignatarios de la Huaca de la Luna y los residentes de la zona urbana, debido al nivel de la estructura social a la cual pertenecen. A pesar de estas diferencias hay elementos comunes que escapan al control de la elite, por estar enmarcados dentro de una sola concepción ideológica. Indudablemente los componentes del ritual estarán de acuerdo a la condición social del difunto, por lo tanto habrán elementos exclusivos de cierta clase social. Esta manifestación cultural se puede observar en las tumbas objeto del presente estudio, en donde la manera de inhumar al individuo es similar tanto para la Plataforma I de la Huaca de La Luna como para la zona urbana; es decir, por lo general una posición extendida, decúbito dorsal y orientado de sur a norte; las extremidades superiores extendidas lateralmente y las inferiores se juntan a la altura de los pies.

En cuanto al género, los individuos son de ambos sexos, pero con edades que oscilan entre los 2 a 60 años para la zona urbana y sólo mayores de 18 años para la Huaca de la Luna. Esta diferenciación de edades estaría relacionada directamente a las funciones desarrolladas por los individuos de estas dos áreas, para lo cual la edad habría sido uno de los requisitos exigidos en la Huaca de la Luna.

En cuanto al ajuar, no se muestra algún tipo de discriminación respecto a la cantidad de ofrendas de cerámica, a diferencia de una igual o mayor calidad generalmente para algunos ceramios en las tumbas de la Huaca de La Luna, aunque hay un elemento común que los une y está representado por el ritual de romper las piezas mejor elaboradas, como es el caso de la botella escultórica de la tumba 2 de la Huaca de La Luna y las botellas antropomorfas de la tumba 2 y 3 del conjunto arquitectónico 25. A esto hay que agregar las técnicas de manufactura, forma y decoración de la cerámica que es igual en ambas áreas, aunque predominan las botellas para Huaca de la Luna y los cántaros para la zona urbana. Además, las tumbas con mayor cantidad de cerámica pertenecen a la zona urbana, lo que nos permite preguntarnos: ¿esta diferencia se compensaría con el mayor valor simbólico que tendrían las botellas de Huaca de la Luna con relación a los cántaros de la zona urbana? Lo que sí es claro y objetivo es que casi todos los individuos de estas dos áreas en estudio tuvieron acceso a la producción alfarera.

En cuanto a los objetos de cobre, la tradición consistía en ubicarlos directamente en el cuerpo del individuo y en ciertas partes específicas, como son en el rostro, boca, manos y pies. Pero, en el caso de la Huaca de La Luna hay una cantidad mayor de objetos de cobre situados en el tórax del cadáver, en comparación a los personajes de la zona urbana, lo que se debería a la diferencia de indumentaria con las cuales se prepararon los cadáveres.

Otra de las similitudes es la presencia de ofrendas de algunas partes del camélido, generalmente las extremidades y el cráneo, así como de vasijas de arcilla sin cocer.

La diferencia más importante entre las prácticas funerarias en ambos sectores estaría en la complejidad y mayor duración que habrían tenido éstas para la inhumación de los oficiantes en Huaca de La Luna con relación a los realizados para los personajes enterrados en la zona urbana, aparte de la exclusividad adquirida de quedarse inhumados en el templo, desde luego. Pero, a la vez existen elementos comunes que se presentan para ambas áreas y que son las ofrendas de huesos humanos (Hecker y Hecker 1992). En la Huaca de la Luna está representada por la tumba 5 como ofrenda al templo (Uceda 1997), mientras que en la zona urbana se manifiesta como ofrendas para la inhumación de individuos, como son los casos del cráneo adicional en la tumba 1 del conjunto arquitectónico 7, la reapertura de la tumba del conjunto 26 (Chapdelaine 1999), la ausencia del cráneo del individuo de la tumba 2 del conjunto 8 y el cráneo adicional en la tumba 3 del mismo conjunto, aunque estas dos últimas tumbas pertenecen a la fase Moche III.

Como comentario final, podemos agregar que las prácticas funerarias Moche son variadas e implican a todos los integrantes de la sociedad como respuesta a la preocupación respecto a la muerte. Las diferencias están en la forma de presentación que obedece a la estructura de las clases sociales. Los sucesos o elementos comunes presentes en las ceremonias y ritos fúnebres sin distinción, indican el derecho adquirido como miembros de una sociedad cuya concepción ideológica tiende a inmortalizar el alma, a través del paso exitoso del mundo de los vivos al mundo de los muertos, tanto para los personajes de Huaca de La Luna como para los residentes de la zona urbana Moche.

BIBLIOGRAFÍA

ALVA ALVA, Walter

1988 “Discovering the New World’s richest unlooted tomb”. National Geographic Magazine 174 (4): 510-549. Washington D.C., National Geographical Society.

ALVA, Walter y Christopher B. DONNAN

1993Tumbas reales de Sipán. Los Angeles, Fowler Museum of Cultural History, University of California.

CASTILLO, Luis Jaime y Christopher B. DONNAN

1994“La ocupación Moche de San José de Moro, Jequetepeque”. En: Moche: propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 12 al 16 de abril de 1993), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores. Travaux de l’Institute Français d’Etudes Andines 79: 93-146. Lima, Universidad de La Libertad – Trujillo, Instituto Francés de Estudios Andinos y Asociación Peruana para el Fomento de las Ciencias Sociales.

CHAPDELAINE, Claude

1998a “Excavaciones en la zona urbana de Moche durante 1996”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1996, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 85-115. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo.

1998b “Investigaciones en los Conjuntos Arquitectónicos del centro Urbano Moche”. En: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Informe Técnico 1997. S. Uceda y R. Morales, editores, págs. 34-47. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Trujillo.

1999 “Investigaciones en la zona urbana Moche durante 1998”. En: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Informe Técnico 1998. S. Uceda y R. Morales, editores, págs. 28-55. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Trujillo.

CHAPDELAINE, Claude, Hélène BERNIER y Florencia BRACAMONTE GANOZA

1999 “Una tumba intrusiva Chimú temprano en el sector urbano del sitio Moche”. Revista Arqueológica Sián 8: 28-34. Trujillo.

CHAPDELAINE, Claude, María I. PAREDES, Florencia BRACAMONTE y Víctor PIMENTEL

  1998  “Un tipo particular de entierro en la zona urbana del sitio Moche, costa norte del Perú”.

Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos 27 (2): 241-264. Lima.

CHAPDELAINE, C., S. UCEDA, M. MOYA, C. JÁUREGUI Y C. UCEDA

1997 “Los complejos arquitectónicos urbanos de Moche”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1995, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 71-92. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo. DONNAN, Christopher B.

1965  “Moche ceramic technology”. Ñawpa Pacha 3: 115-138. Berkeley, Institute of Andean Studies.

1995 “Moche funerary practice”. En: Tombs for the Living: Andean Mortuary Practices, Tom D. Dillehay, editor, págs. 111-159. Washington, D. C., Dumbarton Oaks Research Library and Collection.

DONNAN, Christopher B. y Luis Jaime CASTILLO

1994 “Excavaciones de tumbas de sacerdotisas Moche en San Jose de Moro, Jequetepeque”. En: Moche: propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 12 al 16 de abril de 1993), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores. Travaux de l’Institute Français d’Etudes Andines 79: 415-424. Lima, Universidad de La Libertad Trujillo, Instituto Francés de Estudios Andinos y Asociación Peruana para el Fomento de las Ciencias Sociales.

DONNAN, Christopher B. y Carol J. MACKEY

  1978  Ancient Burial Patterns of the Moche Valley, Peru. Austin, University of Texas Press.

FRANCO JORDÁN, Régulo, César GÁLVEZ MORA y Segundo VÁSQUEZ SÁNCHEZ

1994 “Arquitectura y decoración mochica en la Huaca Cao Viejo, complejo El Brujo: resultados preliminares”. En: Moche: propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 12 al 16 de abril de 1993), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores. Travaux de l’Institute Français d’Etudes Andines 79: 147-180. Lima, Universidad de La Libertad – Trujillo, Instituto Francés de Estudios Andinos y Asociación Peruana para el Fomento de las Ciencias Sociales.

1999 “Tumbas de cámara Moche en la plataforma superior de la Huaca Cao Viejo, complejo El Brujo”. En: Tumbas de cámara Moche en la plataforma superior de la Huaca Cao Viejo, complejo El Brujo, Régulo Franco Jordán, César Gálvez Mora y Segundo Vásquez Sánchez, editores. Boletín del Programa Arqueológico “El Brujo” 1: 5-29. Lima.

HECKER, Gisela y Wolgang HECKER

1992 “Ofrendas de huesos humanos y uso repetido de vasijas en el culto funerario de la costa norperuana”. Gaceta Arqueológica Andina 6 (21): 33-53. Lima, Instituto Andino de Estudios Arqueológicos.

LARCO HOYLE, Rafael

1938Los Mochicas. Tomo 1. Lima, Casa editora La Crónica y Variedades S.A.
1939Los Mochicas. Tomo 2. Lima, Casa editora La Crónica y Variedades S.A.

1948 Cronología arqueológica del norte del Perú. Biblioteca del Museo de Arqueología Rafael Larco Herrera, Hacienda Chiclín. Buenos Aires, Sociedad Geográfica Americana.

MILLONES, Mario

1999“Informe Técnico de osteología humana del conjunto arquitectónico n° 25 de la temporada de campo 1998”. En: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, informe final presentado a la Fundación Bruno, S. Uceda, editor, págs. 75-99. Trujillo, Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Trujillo.
2000“Entierros en la zona urbana: excavaciones en el Centro de Visitantes”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1997, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 215-233. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo. NARVÁEZ V., Alfredo
1994“La Mina: una tumba Moche I en el valle de Jequetepeque”. En: Moche: propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 12 al 16 de abril de 1993), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores. Travaux de l’Institute Français d’Etudes Andines 79: 59-81. Lima, Universidad de La Libertad – Trujillo, Instituto Francés de Estudios Andinos y Asociación Peruana para el Fomento de las Ciencias Sociales.

TELLO, Ricardo

1995Repositorio de osamentas humanas como ofrendas de una tumba de un dignatario Moche: El caso de Huaca de la Luna. Proyecto de Investigación para optar el título de licenciado en Arqueología, Escuela Académico profesional de Arqueología. Universidad Nacional de Trujillo.
1997“Excavaciones en la Unidad 12 de la Plataforma I de la Huaca de la Luna”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1995, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 29-37. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo.
1998“Los conjuntos arquitectónicos 8, 17, 18 y 19 del centro urbano Moche”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1996, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 117-135. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo.

UBBELOHDE-DOERING, Heinrich

1983 Vorspanische Gräber von Pacatnamú, Nordperu. Materialien zur Allgemeinen und Vergleichenden Archäologie, 26. Kommmission für Allgemeine und Vergleichende Archäologie des Deutschen Archäologischen Instituts. Bonn.

UCEDA CASTILLO, Santiago

1997 “El poder y la muerte en la sociedad Moche”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1995, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 177-188. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo.

UCEDA, Santiago y José ARMAS

1997“Los talleres alfareros en el centro urbano Moche”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1995, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 93-104. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo.

UCEDA, Santiago y José CANZIANI

1998“Análisis de la secuencia arquitectónica y nuevas perspectivas de investigación en la Huaca de la Luna”. En: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1996, Santiago Uceda, Elías Mujica y Ricardo Morales, editores, págs. 139-158. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Libertad – Trujillo.

UCEDA, Santiago, Elías MUJICA y Ricardo MORALES (editores)

1997  Investigaciones en la Huaca de la Luna 1995. Trujillo, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.

UCEDA CASTILLO, Santiago, Ricardo MORALES GAMARRA, José CANZIANI AMICO y María MONTOYA VERA

1994 “Investigaciones sobre la arquitectura y relieves policromos en la Huaca de la Luna, valle de Moche”. En: Moche: propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 12 al 16 de abril de 1993), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores. Travaux de l’Institute Français d’Etudes Andines 79: 251-303. Lima, Universidad de La Libertad – Trujillo, Instituto Francés de Estudios Andinos y Asociación Peruana para el Fomento de las Ciencias Sociales.

UHLE, Max

  1915  “Las ruinas de Moche”. Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima 30 (3-4): 57-71. Lima.

188  R. Tello, J. Armas y C. Chapdelaine

El palacio de la Luna

huaca_del_sol_y_la_luna_7Con los años y el paso de las labores de descubrimiento, conservación y de las investigaciones científicas, el complejo de las Huacas del Sol y de la Luna se ha convertido indiscutiblemente en uno de los más importantes atractivos culturales y turísticos del norte del Perú.

Una visita a sus riquezas y a quienes se encargan de su administración nos permite extraer importantes lecciones.

Una incursión por los encantos que encierra la Huaca de la Luna, el gran centro de la civilización Mochica Es el año 500 DC en la costa de lo que después de siglos se conocerá como el norte del Perú.

Desde distintos sectores de una urbe ubicada entre dos majestuosas construcciones, desde talleres de orfebrería, cerámica, metalurgia, cruzando plazuelas, calles y callejones estrechos, una gran multitud –es muy probable que superen las 10,000 personas– se ha acercado al frontispicio del gran centro ceremonial que rige sus vidas.

Reunidos en una amplia plaza que colinda con el lado norte de la huaca, frente a una fachada imponente que llega a medir en ciertos lugares hasta 290 metros de altura, hombres y mujeres miran asustados la visión de enormes criaturas –arañas, dioses milenarios, una divinidad sangrienta que cercena las cabezas de sus víctimas– que guardan el recinto.

Todos están a la espera de que por encima de esas figuras, en lo alto del templo, aparezca el gran sacerdote encargado de ofrendar a los dioses y a la tierra la sangre de los guerreros sacrificados al interior de la Huaca de la Luna en una ceremonia sólo reservada para ciertos privilegiados oficiantes.

«La gente que llegaba ahí debió verse apabullada con esta visión monumental», dice el arqueólogo Santiago Uceda, director –junto al restaurador Ricardo Morales– del Proyecto Huaca de la Luna, que realiza los trabajos de investigación, conservación y puesta en valor del actual complejo arqueológico: «Esos colores, esos iconos entre monstruosos e irreales eran lo que generaba ese manto de misterio y de horror que era, al final, lo que buscaban crear los arquitectos moches».

Y no es para menos.

Pararse frente a la entrada de la Huaca de Luna y presenciar, adheridos a sus muros, los motivos de la febril imaginación mochica es un espectáculo estético intenso y sobrecogedor.

Es marzo del año 2005 y estamos justo en el frontis del templo, observando los trabajos de restauración que se realizan en esta parte del complejo tras haber recorrido el interior de la huaca, atravesar sus corredores y observar los muros en los que la figura del «degollador» se repite una y otra vez como reflejado en una sala de espejos.

Nos han acompaña do el arqueólogo Ricardo Tello y el conservador Miguel Asmat, ambos trabajadores residentes en el área, quienes nos han ido explicando con mucha paciencia y generosidad la importancia de los vestigios arqueológicos, los nuevos alcances que aportan las investigaciones realizadas en el sitio y las labores de restauración y conservación que desarrolla el Proyecto para mantener en óptimo estado el monumento.

A lo largo de nuestra visita guiada una característica ha saltado a la luz con notoriedad: el criterio de conservación.

«El Proyecto respeta la condición de «obra de arte en actual estado de ruina» de la Huaca de la Luna», habíamos leído, antes de nuestro viaje, en la página web www.huacadelaluna.org.pe, «por eso el antiguo templo Moche no ha sido restaurado.

Es decir, allí no se han repuesto los muros que ya habían desaparecido, ni se han retocado los colores que estaban deteriorados».

Para ponerlo en palabras de Miguel Asmat, que está a nuestro lado: «La metodología de nuestro trabajo es tratar de recuperar sólo la evidencia que se encuentra; no hay restituciones formales ni estéticas aquí; cabe la posibilidad de hacer una reintegración pero sólo a nivel de estructuras y sólo cuando estamos frente a la amenaza de que algo se puede caer».

Por ese motivo los enormes forados que han quedado como herencia de la época colonial y de los tiempos de la extirpación de idolatrías han sido dejados tal cual.

REINO DE ESTE MUNDO

Precisamente a través de uno de esos forados coloniales podemos observar las sucesivas fachadas que tuvo este centro religioso a lo largo de su existencia.

Durante muchos años la Huaca de la Luna creció en dimensiones por la sucesiva construcción de huacas que se fueron superponiendo, monumentos que fueron tapados en un momento con adobes y que resultaron contenidos por otras construcciones nuevas y más grandes, como si se tratase de un grupo de muñecas rusas, unas conteniendo a las otras.

«Las huacas se movían por un calendario ritual de los mochicas, una tradición», nos explica Ricardo Tello, «cada cierto tiempo ellos tenían que armar nuevos templos».

Hace un par de horas, apenas llegamos a la Huaca de la Luna –habilitada al turismo desde 1994 con sobresalientes resultados–, el mismo Ricardo nos informó que estábamos en el núcleo de un complejo de cerca de 60 hectáreas que constituye el área de una ciudad en la que moraban cerca de 15,000 habitantes.

Su apogeo, nos dijo, se dio entre los años 400 a 600 DC: «Esta ciudad estuvo formada por la Huaca de la Luna, que es el templo, la Huaca del Sol, que se supone se destinó a funciones administrativas, y las viviendas que están organizadas en bloques y que se articulan a lo largo de caminos o avenidas y callejones».

Después de la explicación subimos por una entrada abierta del lado opuesto de la fachada principal y nos topamos con la zona interior donde se realizaban los sacrificios humanos: vemos unas formaciones rocosas en las que se hallaron a más de 70 personas ofrecidas a los dioses.

«El ritual empezaba con la selección de los individuos a través de un combate entre guerreros de comunidades de la misma sociedad; los que perdían eran conducidos al templo para ser sacrificados, pero antes eran previamente preparados porque iban a ser el vínculo entre el mundo de los vivos y de los muertos», nos explicó Ricardo.

EL MURO DE LOS ENCANTAMIENTOS.

Hemos dejado atrás la fachada del templo porque preguntamos por el sonado hallazgo del muro que se ha encontrado intacto el año pasado y que se presentó a la prensa y al mundo en octubre del 2004.

Nuestros anfitriones nos han invitado a observar de cerca los trabajos de restauración en esa pared ubicada al lado izquierdo del frontispicio de la enorme huaca, un privilegio por ahora reservado a los trabajadores del proyecto.

Si desde lejos pudimos advertir una coreografía de elementos turbadora, de cerca seremos testigos de un universo de formas de una complejidad inédita en el arte mochica, una danza de pescadores, serpientes, guerreros, aves.

«El tema del muro es un misterio aún en términos de compresión», nos ilustrará Santiago Uceda en una entrevista realizada en Lima después de nuestro viaje.

«Nosotros hemos lanzado una hipótesis que es tentativa.

Pensamos que estas imágenes representan una visión cosmogónica del mundo moche, ligada como todas las visiones cosmogónicas del mundo antiguo, a mitos y ritos de creación que explican el porqué de todas las cosas.

El gran desafío es que no tenemos una historia escrita u oral que nos permita comparar ambos relatos».

Varias personas trabajan a estas horas en el muro nuevo y en otros muros de esta sección.

Sobre diferentes andamios de madera y protegidos por techumbres liberan partes de las paredes, conservan los colores, alejan la humedad de las estructuras.

Miguel Asmat nos ha contado los procedimientos de control que se toman para mantener los muros del interior del templo, los mecanismos de paravientos y el uso de cubiertas que impiden el impacto de la luz ultravioleta, de los cambios de temperatura y de otros agentes contaminantes.

Se trata de mecanismos que se modifican de acuerdo a los cambios de los agentes climáticos según un «monitoreo hidrotérmico», es decir un control permanente de humedad y temperatura.

Ahora, frente a la belleza de los nuevos muros exteriores, casi al final de nuestro recorrido por la huaca Miguel nos explica que en estas estructuras exteriores los retos de conservación son aun mayores: «Creíamos que la humedad estaba controlada porque los muros habían estado cubiertos por arena pero no fue así; la humedad producto de las lluvias se filtró a través de ésta dañando el muro.

Nuestra labor fue eliminar la humedad contenida en el muro y el relieve mediante una evacuación indirecta, sin intervenir el muro en sí.

Lo que hicimos fue retirar la arena húmeda, colocar adobes y con arena caliente lavada rellenar los espacios durante dos meses, de modo que esta arena absorbiera la humedad.

Y ahí ves los resultados».

Efectivamente, los muros parecen
haber vuelto a la vida.

No podemos dejar el complejo sin antes
dar un vistazo a los trabajos que se
realizan en la zona urbana, comprendida
entre la Huaca de la Luna y la del Sol:
asoman ahí callejuelas, casas, patios, estructuras
que saldrán a la luz con mayor
precisión cuando se retomen los trabajos
de excavación en este mes de mayo.

Estamos exhaustos.

A nuestro lado ha
estado siempre –además de Edwin Angulo,
fotógrafo estrella del INC La Libertad–
el conservador Rubén Salas.

Salas
es, junto al arqueólogo Jesús Briceño,
el encargado de monitorear a nombre del
INC la labor de los muchachos del proyecto
Huaca de la Luna.

«Las
supervisiones se realizan mediante visitas
semanales en las que se siguen las
especificaciones técnicas que constan en
el mismo proyecto tanto para las intervenciones
como en el mantenimiento del
monumento», señala satisfecho.

«El personal
que trabaja aquí es de primera y de
gran experiencia; muchos de ellos, incluso,
han laborado antes en el INC, así que
los conocemos muy bien.

Podemos decir
que los trabajos son excelentes».

Enhorabuena.

(Jeremías Gamboa, desde Gaceta INC)