Los moches y el fenómeno El Niño: así castigaba al norte peruano el dios Aiapaec

La ‘Argiope argentata’ presenta en su vientre lo que parece el diseño de un rostro humano. (Foto: Wikimedia Commons)

Caprichoso es el dios Aiapaec, principal deidad de los moches. Castigador, temido y adorado, es llamado también el decapitador. Fue adorado como el dios creador, el proveedor del agua. Y como toda divinidad, lo que nos da, también nos lo quita.

Tenaz y belicoso, entre los siglos I y VIII después de Cristo, el pueblo moche excavó canales en medio del desierto para regar sus cultivos y convertir el suelo árido en un fértil valle. Asimismo, palacios, templos y enormes pirámides de adobe dan cuenta de su magnificencia. Pero hacia finales de año 800, esta sofisticada cultura conoció un final repentino. Provocados por drásticos cambios climáticos, una serie de cataclismos naturales afectó las costas donde su sociedad se había desarrollado y fue horadando las bases de su civilización.

Por entonces, el territorio de los mochicas se había extendido al norte, por el valle del río Jequetepeque, siendo sus principales asentamientos San José de Moro y la huaca Dos Cabezas, y por el valle del río Lambayeque, donde se levantaban Sipán y Pampa Grande. Por el sur, ocuparon el valle del río Moche, donde se localizan la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna, y el valle del río Chicama, donde se encuentra el complejo ceremonial de El Brujo.

Norte y sur son zonas de gran aridez. Pero los moches vencieron al desierto a través de la irrigación artificial. Con ladrillos de barro, desviaron el agua de los ríos y crearon un tejido de acueductos, muchos de los cuales están en uso hasta hoy. De esta forma produjeron más de treinta variedades de cultivos, que les permitían contar con grandes excedentes agrícolas. Para el arqueólogo Walter Alva, director del Museo Tumbas Reales de Sipán, y una autoridad en la investigación de la cultura Moche, este espléndido sistema de irrigación también tenía un alto riesgo de colapso. “Un pueblo que vive de la agricultura en el desierto está expuesto a estas dos ambivalencias: las lluvias y la sequía. Dos fenómenos contradictorios que al final pueden terminar con una sociedad”, explica.

El arqueólogo Walter Alva recuerda cómo catastróficas lluvias y sequías arrasaron con los moches y otras civilizaciones del norte peruano. Una reflexión para pensar la futura reconstrucción. (Foto: El Comercio/ Karen Zárate)

Sin embargo, en el siglo VI esta sofisticada sociedad construida en delicado equilibrio ecológico empezó a recibir los embates de El Niño y sus precipitaciones torrenciales. Si bien el fenómeno afectaba al norte con regularidad, lo que sufrieron los antiguos peruanos fue un diluvio prolongado, lluvias que asolaron la región a lo largo de treinta años. Las inundaciones contaminaron canales y manantiales, además de erosionar miles de hectáreas de cultivos.

Curiosamente, no se han encontrado en la iconografía moche representaciones de la destrucción propias de las inundaciones. Las manifestaciones de culto y rituales dedicados al agua tienen más bien un significado propiciatorio. Sin embargo, es la arqueología la que sí ofrece señales de afectación en los templos moches a causa de las lluvias torrenciales. “En el caso de Sipán, hemos encontrado que, alrededor del siglo IV, hubo un fenómeno que erosionó fuertemente el monumento, y después hubo una reconstrucción. Siempre encontramos respuestas inmediatas para tratar de recomponer toda la estructura productiva y la arquitectura monumental de los moches”, señala el arqueólogo.

Estas terriblws inundaciones contaminaron los cursos de agua y los manantiales, y erosionaron miles de hectáreas de terreno cultivable. Disolvieron los palacios y pirámides de barro, el lodo arrasó a los poblados construidos con adobe y caña. A las muertes originadas por las inundaciones le siguieron las fiebres y las epidemias.

Según precisan los estudiosos, al diluvio le siguió un ciclo de sequía a lo largo de otros treinta años. En la segunda mitad del siglo V, las aguas que llegaban de los Andes hasta la costa se redujeron al mínimo. Así, a la hambruna originada por la catástrofe agrícola le siguió la desertización. Pocos años después, retornaron las lluvias torrenciales seguidas de nuevas sequías.

Para los moches, la araña ‘Argiope argentata’ era símbolo de fertilidad y de anuncio de lluvias. Por ello aparece en las joyas del viejo Señor de Sipán. (Foto: Pinterest)

Tan dramáticos contrastes climáticos debilitaron profundamente las bases de la economía de la sociedad moche. “El colapso no solo se basa en el sistema productivo, sino en toda la estructura social. Ya la clase dirigente no tiene la capacidad de controlar ni de exigir a la población excedentes productivos. La costa peruana tiene una extraordinaria fragilidad”, explica el arqueólogo.

Se sabe que a fines del siglo VII, un nuevo fenómeno de El Niño arrasó buena parte de los sistemas de regadío cercanos a Pampa Grande y Galindo, abandonándose estos centros rápidamente. La población empezó a agruparse de forma independiente, ya atomizada del sistema político mochica, entonces desmoronado. Por fin, los últimos reductos gobernados por la empobrecida dirigencia moche no fue obstáculo para el crecimiento del Estado Wari, que gracias a su fortaleza militar sumó a su territorio los señoríos costeños y de la sierra central. Sobre las cenizas moches emergió un nuevo imperio.

NO SOLO FUERON LOS MOCHES

Como lo explica Walter Alva, el fenómeno de El Niño no solo se ensañó con los moches, sino que determinó la caída de otras civilizaciones levantadas en la zona. “Es un problema mucho más antiguo”, acota el arqueólogo. “Hemos encontrado señales de eventos catastróficos que incluso hoy sería impensable manejar. Un ejemplo de sociedad que tuvo que abandonar su lugar para trasladarse a otro se dio aquí en Lambayeque, es el complejo Purulén, en el año 1200 antes de Cristo”. En efecto, se trata de un extenso asentamiento arqueológico que comprende una diversidad de características constructivas, arquitectónicas y espaciales. Fue Alva quien en 1983 realizó las primeras investigaciones, llevándolo a identificar plataformas, áreas de desechos domésticos, canteras o sectores de extracción de material pétreo para construcciones, así como terrenos modificados sin identificar, caminos o sendas y cementerios disturbados.

Terribles ciclos de inundaciones y sequías terminaron con la civilización Moche en el siglo VIII d.C. (Foto referencial: Archivo de El Comercio)

En Purulén hubo un gran complejo semiurbano que colapsó. Estamos hablando de un asentamiento con 16 templos y áreas de vivienda, que dependía de la agricultura y de la pesca. Hubo un momento en que el río Zaña cambió de curso y, al hacerlo, dejó inútiles los campos de cultivo. La gente tuvo que abandonar el lugar porque ya no podía sembrar. Pero probablemente también se afectó la pesca. Hay señales de que los monumentos, los templos y las aldeas de los alrededores fueron abandonados de manera violenta, muy rápidamente. Y tras abandonarlo, se dispersaron en aldeas por todo el valle”, explica.

Igualmente, Alva cita el caso del colapso de la cultura Lambayeque, alrededor del año 1100, a causa de un diluvio que destruyó todos los sistemas de riego, seguido luego por sequía. “El Niño ha sido siempre un problema catastrófico”, señala Alva.

Para el descubridor del Señor de Sipán, esta historia de civilizaciones desaparecidas en el norte debe hacernos meditar sobre nuestra actualidad. “Debemos entender que, donde hay ríos secos, volverá a pasar el agua”, afirma. Ese es el gran dilema que tenemos para el futuro, pues casi todas las ciudades de la costa peruana se fundaron sin respetar el patrón de ocupación prehispánico. “Se fundaron siguiendo el patrón europeo, que plantea vivir cerca al río. Pero en nuestros valles, las zonas cercanas al río van a sufrir siempre de inundaciones. Tenemos que pensar con sabiduría y no seguir construyendo en los lechos de ríos secos ni en quebradas. Pero vemos que ciudades como Piura, Chiclayo y Trujillo están siempre expuestas. Es una enseñanza que debemos asimilar y estudiar con cuidado”.

 

Fuente: diario El Comercio

Señor de Sipán: El rostro del jerarca

senor-de-sipan-rostroLa tumba del Señor de Sipán fue el más importante hallazgo de la arqueología americana. En los próximos días
conoceremos el verdadero rostro del monarca moche, gracias al trabajo de científicos brasileños.

Especialistas de Brasil presentarán, el miércoles 21 de setiembre en Lima, el rostro reconstruido del Señor de Sipán, utilizando la técnica de antropología forense en 3D, informó el director del Museo Tumbas Reales de Sipán y descubridor del sitio funerario del famoso jerarca moche, Walter Alva.

El Señor de Sipán fue descubierto en 1987 y su hallazgo marcó un importante hito en la arqueología del continente
americano porque, por primera vez, se halló intacto y sin huellas de saqueo un entierro real de una civilización peruana anterior a los incas.

Alva confirmó la presentación de la reconstrucción del rostro, a cargo de los investigadores que han tenido la responsabilidad de desarrollar un proceso metodológico muy exigente para aproximarnos a esta recreación.

Con Brasil

“Se ha trabajado por cerca de tres meses y esto es un proceso largo a cargo de especialistas, en cooperación entre expertos brasileños y la Universidad Garcilaso de la Vega”, explicó Alva. Informó que se trata de los mismos cientíicos que elaboraron los rostros de figuras católicas como Santa Rosa de Lima, San Juan Masías y San Martín de Porres.

Alva destacó que esto representa un valioso aporte, pues se contará con el ‘identikit’ de un personaje histórico.
“Esta es una nueva manera de acercarnos a una realidad histórica y contar con el rostro de uno de los primeros dignatarios del antiguo Perú”, manifestó el investigador.

La reconstrucción se realizó con un procedimiento escáner de todos los componentes óseos del personaje. Pero, además, los científicos brasileños trabajan la impresión 3D del busto del Señor de Sipán, que será donado a este museo. “Es la fisonomía completa, reconstruida para que podamos admirar el verdadero rostro de este importante personaje mochica”. Con la presentación del rostro del Señor de Sipán serían tres los rostros reconstruidos de gobernantes de culturas asentadas en Lambayeque, junto a la sacerdotisa de Chornancap y el Señor de Sicán. “Nos faltaba mejorar el rostro del Señor de Sipán, que fue una primera aproximación, para tener un trabajo más exhaustivo”, concluyó.

Museo Tumbas Reales

La presentación del rostro del Señor de Sipán se hará en alianza con la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, en el centro de convenciones de Telefónica, en Lima. En la actualidad, todos los ornamentos hallados en su tumba se exponen en el Museo Tumbas Museo Tumbas Reales Reales de Sipán. El museo está ubicado a diez minutos de Chiclayo. La atención al público es de martes a domingo de 9:00 a 17:00 horas. La entrada para adultos cuesta 10 soles; para cesantes y universitarios, 4.00 soles; y para escolares, 1.50 soles.

Museo Tumbas Reales recibe donación de piezas paleontológicas de más de 70 millones de años

Walter Alva Alva, director del Museo Tumbas Reales , informó que este recinto cultural ha recibido una importante donación de 3,276 piezas paleontológicas, las mismas que serán exhibidas en las próximas semanas.

Alva refirió que la familia Tantaleán Tafur realizó esta importante donación que consta de piezas fósiles con más de 70 millones de años de antigüedad, de los períodos Cretácico, Mioceno, Pleistoceno y Holoceno.

Precisó que especialistas en paleontología han clasificado las piezas, de las cuales 3.200 corresponden a invertebrados marinos como cefalópodos (familias de los pulpos y calamares), bivalvos (ostras), gasterópodos (caracoles) y equinodermos (erizos de mar).

Así también se identificó restos de un cetáceo (ballena) y de un gonfoterio (mamífero muy similar a los actuales elefantes); que provendrían de las zona del desierto de Ocucaje, en la región Ica.

Dentro de la donación también se observan 247 fragmentos de cerámica, 29 restos líticos, tres cráneos humanos, 16 restos óseos, 208 restos malcológicos, cuatro bolsas con fragmentos textiles, y una mano completa de un primate.

Walter Alva indicó que estos fósiles pertenecieron al docente universitario Froilán Eduardo Tantaleán Vásquez, quien deseó que las piezas sean donadas a un museo para su exposición, tras su muerte.

Museo Tumbas Reales de Sipán llegaría a los 2 millones de visitantes a fin de año

Al cierre de este año, el Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán, en la región Lambayeque, llegaría a los 2 millones de visitantes, entre nacionales y extranjeros, que recorran sus instalaciones para admirar la riqueza y esplendor del famoso jerarca moche.

Así lo estimó el director de este recinto cultural, Walter Alva, quien recordó que desde el inicio de su funcionamiento en el 2002, este complejo cultural se convirtió  en el referente histórico y turístico de esta región y su cultura.
“En doce años de funcionamiento esperamos llegar a esta cifra y estamos en ese camino, pues estamos cerca de un millón 900,000″, dijo en declaraciones a la Agencia Andina.
El investigador afirmó que para continuar impulsando la visita de más turistas a este recinto se debería ampliar el museo sobre todo con la construcción de una Sala de Exposiciones Temporales donde se puede presentar mensualmente una muestra nueva tanto de los resultados de las excavaciones, como de otras culturas.
“Creo que a las personas les gustaría conocer cómo es un manto Paracas y se puede traer en préstamo de otros museos esta muestra, a fin de tener una actividad cultural de difusión muy activa”, enfatizó.
Alva adelantó, que actualmente están trabajando para iniciar el montaje de una nueva exposición temporal en el museo Tumbas Reales de todos hallazgos encontrados en el complejo arqueológico Huaca Santa Rosa, ubicado en el distrito azucarero de Pucalá.
Explicó que estos hallazgos pertenecen a una etapa de fines de la época mochica y comienzos de la Lambayeque con toda la influencia de la época Wari.
Alva precisó, que se expondrán cerámicas, textiles “son por lo menos unos 60 objetos que se expondrán como el caso de un textil de influencia Wari, cerámica y algunas piezas de cobre”, agregó.
Refirió que hace unos dos años se realizaron intervenciones en esa zona por un periodo corto, con el aporte de la Unidad Ejecutora Naylamp y la empresa azucarera Pucalá.
“Estamos pidiendo apoyo presupuestal para poder continuar los trabajos en Huaca Santa Rosa y en otros monumentos que están en riesgo de afectación en Lambayeque», manifestó.
Agregó que en esta zona existen vestigios de culturas de la época del Formativo de 1,200 años antes de Cristo hasta la época de los Incas.
El Área de  Conservación y Restauración en el Museo Tumbas Reales De Sipán

El personal del Laboratorio de Conservación y Restauración del Museo Tumbas Reales de Sipán está dedicado a la preservación del patrimonio arqueológico mueble recuperado en el complejo arqueológico de Sipán y los demás proyectos arqueológico que desarrolla la institución. Igualmente brinda apoyo directo, oportunidad de prácticas y asesoramiento o otros proyectos de a región, el país y naciones vecinas, manteniendo también apertura a proyectos interdisciplinarios.

Su personal técnico está capacitado para intervenciones especializadas en conservación y restauración tanto en el campo (conservación preventiva) como en las instalaciones del museo, con la finalidad de estabilizar los procesos activos de deterioro que presentan los bienes culturales y revertir las alteraciones estético-formales que afectan su presentación.

Las intervenciones contemplan el registro gráfico y documental de los objetos en las diferentes etapas del proceso, el diagnóstico de los síntomas de alteración y la ejecución de análisis científicos. El estudio de esta información permite comprender los procesos de deterioro que los afectan y decidir los tratamientos adecuados para su futura preservación, investigación y exhibición.

Finalizadas las intervenciones, las piezas son acondicionadas para su almacenamiento o para su instalación en las exhibiciones, tomando en cuenta sus características y de las necesidades específicas del museo. A partir de este punto empieza el trabajo de conservación “pasiva”, mediante controles de humedad, temperatura o protección frente a los agentes contaminantes que podrían incidir en la reactivación de la corrosión metálica.

Un breve balance permite reconocer el progreso de un voluntarioso grupo de trabajadores que en los primeros años, enfrentando las limitaciones, con ingenio y destreza lograron recomponer mosaicos de turquesa totalmente desintegrados, desabollar objetos de oro con la maestría de los antiguos orfebres o limpiar igualmente algunos ornamentos de cobre dorado que hoy apreciamos en todo su esplendor.

La experiencia acumulada en 17 años de trabajo, permite hoy definir posiciones frente a los materiales excavados, sustentadas en la necesidad de salvar más allá de la pieza y del objeto artístico, el testimonio de la “huella histórica”. La preocupación fue plantear actitudes analíticas y reflexivas ante el estado y características de cada objeto arqueológico, tratando de consolidar una filosofía de restauración que establezca los límites de la intervención, recupere toda la información posible sobre la tecnología empleada para su confección, interprete el contexto de su función original y lo preserve para las futuras generaciones.

La mejor demostración de los resultados obtenidos son los maravillosos ornamentos, emblemas y atuendos expuestos en el Museo «Tumbas Reales de Sipán» que reflejan esplendor, conocimiento tecnológico y profunda simbología.

Fuente: Museo Tumbas Reales de Sipán