Izumi Shimada

Izumi Shimada es un distinguido profesor de Antropología en la Universidad de Southern Illinois , Carbondale (SIUC) y destacado Académico con interés en la investigación de la arqueología de complejas culturas prehispánicas en los Andes , la tecnología y la organización de la producción artesanal , análisis mortuorio, arqueología experimental , el papel de la ideología y la religión organizada en el desarrollo cultural y la interacción ecología-cultura.

Nacido en Kyoto, Japón , en 1948, Shimada se trasladó a la edad de 16 años con sus padres a los EE.UU.  en 1964. Se especializó en antropología en Cornell (BA 1971), donde se interesó por la antigua civilización andina y la arqueología experimental bajo la tutela del Profesor John V. Murra y Robert Ascher , respectivamente. Dos temporadas (1973, 1975) de trabajo de campo arqueológico en la ciudad Moche de Pampa Grande (c. 600-750 dC) en la costa norte de Perú lo llevaron a su doctorado en antropología de la Universidad de Arizona en 1976.

Carrera

Desde entonces, Shimada enseñó en la Universidad de Oregon (1977-8), Princeton (1978-1983) y Harvard (1984-1991) antes de unirse al SIUC en 1994.

Desde 1978 hasta la actualidad, ha dirigido el Proyecto Arqueológico Sicán, centrándose en los procesos de desarrollo, la tecnología, la religión y otros aspectos de la prehispánica cultura Sicán (c. 800-1400 dC) en la costa norte del Perú. Los resultados del proyecto formaron las bases del Museo Nacional de Sicán en Ferreñafe , Perú, que se inauguró en 2004.

En 2003 Shimada comenzó la investigación interdisciplinaria de las bases sociales y el contexto paleo-ambiental del famoso centro religioso prehistórico de Pachacamac , en las afueras de la ciudad de Lima. El gobierno ejecutivo (2003) y el Congreso (2006), de Perú le otorgaron medallas de honor por su contribución al conocimiento y la comprensión cultural e histórica del Perú.

Ha escrito 150 artículos de revistas y capítulos de libros, colaborando en muchos de ellos con otros destacados académicos en el campo, incluyendo, pero no limitado a, Kenichi Shinoda y Robert S. Corruccini . El Dr. Shimada ha escrito o editado 11 libros, entre ellos los siguientes trabajos:

  • Pampa Grande y la Cultura Mochica (1994);
  • Cultura Sicán (1995);
  • Andinos Cerámica: Tecnología, Organización y Enfoques (1998); y
  • La producción artesanal en las sociedades complejas (2007).

Ha servido como uno de los dos asesores científicos de los dos años de duración de la exposición «Nasca, maravilla del mundo: Mensajes grabados en el suelo del desierto.» en el Museo Nacional de la Ciencia, Tokio. Fue el encargado del diseño temático de la exposición, la selección de los siete encargados (de Alemania, Italia, Japón, Perú y Estados Unidos) para escribir capítulos temáticos para el catálogo de la exposición y la edición de sus manuscritos. Es el editor principal del catálogo de 200 páginas que fue publicado para la exposicion.

Herencia y honores

  • 2003, el gobierno nacional de Perú le concedió una medalla de honor
  • 2004, el Museo Nacional de Sicán, basado en los bienes recogidos del Proyecto Arqueológico Sicán liderado por Shimada, inaugurado en Ferreñafe, Perú
  • 2006, el Congreso peruano le otorgó una medalla de honor

Algunas Publicaciones

Shimada, Izumi (editor)
2007  Craft Production in Complex Societies: Multi-Crafting, Sequential Production, and Producers. University of Utah Press, Salt Lake City.

Shimada, Izumi, and Ursel Wagner
2007  Craft Production on the Pre-Hispanic North Coast of Peru: A Holistic Approach and Its Results. In Archaeology as Anthropology: Theoretical and Methodological Approaches, edited by James Skibo, Michael Grave and Meriam Stark. University of Arizona Press, Tucson.

Shimada, Izumi, Tadashi Baba, Ken-ichi Shinoda, and Ono, Masahiro (editors)
2006   Nasca, Wonder of the World: Message Etched on Desert Floor. Tokyo Broadcasting System and National Science Museum, Tokyo.

Shimada, Izumi, Rafael Segura Llanos, Maria Rostworowski de Diez Canseco, and Hirokatsu Watanabe
2005   Una Nueva Evaluacion de la Plaza de los Perigrinos de Pachacamac: Aportes de la Primera Campana 2003 del Proyecto Arqueologico Pachacamac. In Arqueologia de la Costa Central del Peru en los Periodos Tardios, edited by Peter Eeckhout. Boletin del Instituto Frances de Estudios Andinos 33(3): 507-538.

Shimada, Izumi, and Jo Ann Griffin
2005   Precious Metal Objects of the Middle Sican. In «Mysteries of the Ancient Ones.» Special edition of Scientific American 15(1): 80-89.

Shimada, Izumi, Shinoda, Ken-ichi, Bourget, Steve, Alva, Walter, and Santiago Uceda
2005   MtDNA Analysis of Mochica and Sican Populations of Pre-Hispanic Peru. In Biomolecular Archaeology Genetic Approaches to the Past, edited by David Reed, pp. 61-92. Occasional Paper No. 32. Center for Archaeological Investigations, Southern Illinois University, Carbondale.

Shimada, Izumi
2005   Experimental Archaeology. In Handbook of Archaeological Methods, Vol. I, edited by Herbert D.G. Maschner and Christopher Chippindale, pp. 603-642. AltaMira Press, Lanham, MD.

Shimada, Izumi, Shinoda, Ken-ichi, Farnum, Julie, Corruccini, Robert S., and Hirokatsu Watanabe
2004   An Integrated Analysis of Pre-Hispanic Mortuary Practices: A Middle Sican Case Study. Current Anthropology 45(3): 369-402.

Shimada, Izumi
2002   Late Prehispanic Coastal States (in Japanese). In Illustrated History of the Inca Empire (Japanese edition of The Inca World: The Development of Pre-Columbian Peru, A.D. 1000-1534, edited by Laura Laurencich Minelli). Translated by Yoshio Masuda and Kazuyo Takeuchi, pp. 49-110. Toyo-Shorin, Tokyo.

2001   Late Moche Urban Craft Production: A First Approximation. In Moche Art and Archaeology in Ancient Peru, edited by Joanne Pillsbury, pp. 177-205. National Gallery of Art, Studies in History of Art 63. Washington, D.C.
2000   Late Prehispanic Coastal States. In The Inca World: The Development of Pre-Columbian Peru, A.D. 1000-1534, edited by Laura Laurencich Minelli, pp. 49-110. University of Oklahoma Press, Norman.
1999   The Evolution of Andean Diversity: Regional Formations, ca. 500 B.C. – A.D. 600. In Cambridge History of Native Peoples of the Americas, edited by Frank Salomon and Stuart Schwartz, pp. 350-517. Cambridge University Press, Cambridge.

Principales Culturas
Costa Norte
LAMBAYEQUE

Los trabajos arqueológicos realizados en la costa norte, principalmente en el área de Lambayeque, son muy escasos, razón por la cual solo se conocía las referencias que dieron los Cronistas; Francisco de Jerez (1537), Cieza de León (1547), Miguel Cabello de Balboa (1586) en su obra «Miscelánea Antártica», el Cura de Morrope y Pacora, Modesto Ruviñoz y Andrade. La tradición contenida en estos documentos constituye el objeto principal de la tradición Lambayecana. Posteriormente estos aportes dieron lugar a que los investigadores tomen interés sobre el desarrollo cultural de Lambayeque. Los primeros en tratar el tema fueron: Tello (1937) quien realizó una somera visita para inspeccionar e inventariar las huacas y artefactos funerarios de oro saqueados en Pampa Grande, anteriormente Brunning (1917-1922), el primer erudito que hizo un estudio conciente y sistemático de la historia cultural de está región, registrando en su monografía las impresiones de los sitios más importantes que él visitara y fotografiara, en su breve estancia. Kroeber (1930) su labor fue limitada, visitó únicamente el Purgatorio, Chotuna y Etén.

Los primeros estudios de campo propiamente hechos se deben a Wendell C. Bennett, quien por los meses de Abril y Mayo de 1939 estuvo en la zona Lambayecana e hizo algunas excavaciones en 81 tumbas y visitó otros 15 lugares sin excavar, llegó a la conclusión de que aquella parafernalia funeraria pertenecía a una época transicional, más tardía. Richard Shaedel (1951-1966), es uno de los primeros en realizar un estudio en gran escala con bosquejos de mapas, para dicha disponiendo de fotografías áreas, actualizaron y recopilaron las principales categorías de restos arqueológicos tales como canales, campos de cultivo, pirámides y lugares habitacionales. Kosok (1965) reportó y trazó mapas de 250 sitios en los valles de Motupe, La Leche y Lambayeque, su investigación se basó en la interpretación del desarrollo socio-económico, político y la irrigación a gran escala de los Lambayeque.

Su base económica estuvo ligada a la construcción de grandes complejos hidráulicos, obras que en su mayoría requirió de un gran despliegue de fuerza de trabajo. Construídas con la finalidad de llevar agua hacia los campos de cultivo ubicados en las laderas del río como el de La Leche y otros.

En la década de los 70, Lambayeque empieza a recibir la debida atención y se desarrolla el Programa de excavación a gran escala (1971-1976) en Pampa Grande, que ofreció un amplio entendimiento de la vida urbana prehistórica del lugar. Ya en 1978 se desarrolla el Proyecto Arqueológico «Batán Grande-La Leche», que al presente es conocido como Proyecto Arqueológico «Sicán,» que fue dirigido por Izumi Shimada, proporcionando nuevos datos para un mejor entendimiento sobre la cultura en estudio.

Las antiguas culturas pre-hispánicas del área andina, mantienen un sin número de relatos y leyendas que muestran los posibles orígenes de estos pueblos, la leyenda de Naylamp, descrita por Cabello de Balboa, narra la llegada mítica de un gran personaje acompañado de un gran séquito, que se asentó cerca al río Iaquisllampa donde construyó el templo Chot. Naylamp tuvo un hijo del cual tuvo 12 descendientes que luego le sucedieron 8 gobernantes más hasta que fueron conquistados por los Incas.

En los últimos trabajos científicos desarrollados en la zona, se estima que los orígenes de la cultura Lambayeque se encuentra a finales del Horizonte Medio o etapa en la cual colapsa la cultura Moche y las tradiciones sincréticas y fusión estilística del dominio de Cajamarca Medio en la Costa Norte, debido a la intrusión de un nuevo concepto social, ideológico y estilístico denominado Wari.

Con el decaimiento de la influencia Wari en el norte se produce el surgimiento de pequeños reinos y culturas regionales que se refleja en una nueva concepción ideológica social y económica como se refleja en la cultura Lambayeque o Sicán. Los diferentes restos materiales encontrados han sido atribuidos por muchos años, a la Cultura Chimú. De tal modo que esta región fue «Chimuizado» por Tello en 1929, Kroeber en 1939; denomina a la cerámica clásica como «North Chimú» y «Chimú Cursivo.

Fue Rafael Larco Hoyle el primero en usar clara y categóricamente la frase «Cultura Lambayeque» (1948), en su «Cronología Arqueológica del Norte del Perú», puntualizando a la vez los elementos diagnósticos que en su criterio distinguían y aislaban con nombre propio la cerámica clásica de la región aludida. Basado en los motivos escultóricos y asas puentes, la divinidad antropomorfa de ojos alados, y la atribuye cierta anexión al estilo Cajamarca, posteriormente lo ubica dentro y como consecuencia del Tiahuanaco expansivo en la Costa.

Para Izumi Shimada el nombre que debe llevar este conjunto de elementos culturales, es la de Sicán, debido a un antiguo documento (Archivo general de los Indios, Sevilla/Justicia 418); menciona que en el año 1536 ésta área fué denominada como «Sicani o Cani».
En la encomienda confiada a F. Pizarro que este entregó a Lobo en 1536, menciona que el área principal fué denominado como «Sicán».

Shimada (1985) caracteriza cronológicamente a esta cerámica en 3 períodos:

  • El Sicán Antiguo (750 -900) caracterizado por la fuerte influencia de estilos foráneos como Cajamarca Medio y Wari/Pachacamac. Constituye una fase de transición entre el fin del Moche o el surgimiento de Sicán.
  • El Sicán Medio (900 – 1,100) época que decae Wari, la cerámica de este período con el símbolo del señor Sicán, se ha encontrado desde Ancón y Pachacamac hasta la Isla de la Plata cerca a Guayaquil.
  • El Sicán Tardío (1,100 – 1,375) la cerámica presenta un bruñido perfecto, negro oscuro y negro manchado. En 1963; sostenía Lothrop es una publicación en 1964 y Engel en 1965, expresiones de ambos estilos se debía a que en la mayoría de la cerámica de Lambayeque es negra como la Chimú y a falta de estudios importantes sobre el valle de Lambayeque. (La zona fue conquistada y anexada a la cultura Chimú).

Los rasgos más saltantes es la producción metalúrgica a gran escala de todo tipo de objetos de metal, su empleo fue masivo incluso llegándose a cubrir completamente la cerámica y cámaras funerarias con laminas de tumbaga (aleación de cobre, plata y oro), entre ellos destaca elementos elaborados en base a cobre arsenical (bronce).

Respecto al poder económico estuvo basado en una alta productividad agrícola y aún amplio control del sistema de irrigación artificial, A la vez tenían control en una amplia red de intercambio de objetos provenientes de diversas partes de América del sur.

Su organización ideológica estaba bien definida y tenían como deidad principal presente en sus representaciones materiales así como los rasgos de aves que mantienen estos.

Shimada menciona de acuerdo a sus investigadores principalmente los referidos a la arquitectura monumental son:

Construcciones de grandes pirámides truncas, combinadas con plataformas generalmente en forma de «T», un modelo en es el caso de Huaca del Loro. La construcción en esta arquitectura monumental usando cámaras de adobe relleno con residuos sueltos, troncos de algarrobo y grandes losetas cocidas, en donde estas últimas deben haberse empleado como refuerzo estructural de las cámaras.

El uso de grandes pilares distribuidos en cuadradas cajas de adobe para el subsuelo, como ejemplo tenemos a Huaca El Corte en donde halló 48 columnas cuadradas pintadas y alineadas en 12 filas de 4 columnas cada una, las bases de estas columnas estaban dispuestas en forma cuadrada, y colocadas en cajas de adobe con piedras y/o ripio rellenos de arena, posiblemente esta área no pudo cumplir funciones de vivienda; pero si empleada como escenarios de exposición de sus ritos públicos.

Una importante tradición en la arquitectura monumental del Sicán- Medio, fue el uso de adobes intencionalmente marcados, estas marcas geométricas que fueron hechos con los dedos antes de que el adobe tomara consistencia. El 90% del total de adobes del mismo tamaño, color, textura y forma con diferentes marcas se repetían en adobes de diferentes tamaños, formas color y textura. Se admite que los adobes marcados eran fabricados por diversas adoberas, (bajo contrato) y para diferentes patrocinadores, y los adobes sin marcas fabricados para cumplir una labor de impuesto para el estado. Los adobes marcados fueron colocados en las construcciones por diferentes grupos de obreros (no pertenecientes a los productores de adobes) quienes usaron diversos adobes marcados que en un principio apilaron en forma desordenada.

Los recintos de las élites mostraban detalles de varios cuartos interconectados, se supone que incluía residencias de las élites y algunos talleres artesanales.

Un ejemplo de la decoración mural que presenta un diseño de 6.70 m. de largo por 1.02 m. de alto, donde 6 personajes llevan un alto y suntuoso tocador sobre una corona de contornos escalonados, resaltando en las mascaras el ojo alado. Los colores utilizados correspondían al rojo oscuro, blanco, anaranjado ocre, rosado, marrón de decoración mural, pero con relieves policromos, son los recientemente hallados en Túcume.

Los estudios sobre cerámica no han podido hasta la fecha aún establecer una secuencia aceptable, sólo se limitaba especialmente a su fase media. Las características más resaltantes que destacan a esta cerámica es el color negro; de cuerpo esférico que descansa sobre una base de pedestal; de pico cónico, en el se desplaza la cabeza de un personaje con ojos alados (Naylamp), estilizada; en el sector occidental de la cabeza de Naylamp nace un asa conectada al cuerpo del recipiente. Frecuentemente este personaje es acompañado por dos sujetos secundarios, estirados y recostados boca abajo como adorándole, esta forma de cerámica es conocida.

Zevallos (1971) propone a la cerámica como una creación de patrones propios del poblador de este valle, diferenciándolo de otras cultural regionales, y que deriva de la cultura mochica por el realismo. Para la cerámica utilitaria Walter Alva los distingue por su singular técnica del paleteado con variados motivos impresos en especifica distribución territorial.

Dos mil años atrás, anónimos habitantes de la costa central edificaron con barro el centro religioso más importante de esta parte del mundo. Hoy el Santuario de Pachacamac atraviesa su hora crucial: el restablecimiento de un adecuado Museo de Sitio.  Las piezas que se presenta en este artículo nunca han sido mostradas al público.

A lo lejos, el santuario se divisa impreciso y muestra sus estructuras y piramides como si emergieran del desierto de Lurín, cargadas del mismo magnetismo que atraía a los antiguos peruanos. Dicen que en un zorros, peces y otros animales.  También cuentan que el lugar se llenó de la sangre de miles de individuos sacrificados como ofrendas para aquellas deidades avizoras.

La ciudadela de Pachacamac fue un enclave sagrado no sólo para los yungas o habitantes de la costa, sino para muchas culturas y sociedades prehispánicas. Fue erigido y concebido por los hombres de la cultura Lima como el gran centro de peregrinación, el aposento del oráculo, el hogar de aquel dios a quien se atribuía la capacidad de dar vida a todo lo existente. Las ceremonias realizadas en su honor se llevaron a cabo durante casi dos mil años.

Con el tiempo las edificaciones fueron consolidándose gracias al aporte de las culturas Wari, Ychma y, finalmente, Inca. A pesar de introducir sus propias deidades, estos pueblos jamás le dieron la espalda a la devoción por el Señor de los Temblores, Pachacamac, hacedor del universo. La grandeza arquitectónica de la reserva arqueológica más importante del litoral peruano, es un tema que se desplaza por el imaginario y se desarrolla en las páginas de los principales investigadores.

HOMBRES DE BARRO

La inquietud por saber qué anónimos personajes habitaron al pie de los grandiosos templos durante las épocas de peregrinación, fue una exigencia determinante para que, desde el año 2003, el Proyecto Arqueológico Pachacamac, que dirige el reconocido arqueólogo norteamericano Izumi Shimada, desentrañe los secretos que aún guarda el enigmático complejo. A Shimada también se le atribuyen exhaustivos estudios y reveladoras tesis sobre la cultura Lambayeque y Sicán.

“Nos interesa descubrir cuál fue la organización social de la población que llegó y cómo se mantuvieron en este sitio”, comenta.  “Estamos haciendo excavaciones en la Plaza de los Peregrinos –280 m de largo y 200 m de ancho– que es básicamente una construcción inca. Sin embargo, opinamos que esta plaza esconde gran cantidad de restos anteriores”.

De los avances de su metódico sondeo, se conjetura que el paisaje y funcionamiento del lugar fueron distintos antes de la llegada de los incas. La intención de Shimada y su equipo es complementar la actual visión que se tiene del lugar –reforzada por diversos documentos históricos.

“Nuestra hipótesis es que en el santuario se realizaban diversas actividades. Por un lado, se brindaban ofrendas, pero también existían talleres y viviendas”, señala. Estas conclusiones son refrendadas por esclarecedores hallazgos de objetos y elementos utilizados en la cotidianidad de los remotos habitantes: construcciones de quincha, gran cantidad de figurines –básicamente de estilo Chancay–, basura de todo tipo, restos humanos y de alimentos, pescados, semillas, piedras y cántaros que hoy se encuentran en un proceso de análisis químico.

Pero no es todo. También “hay una zona de cementerio y restos que indican que aquí se realizaban sacrificios. La idea que ahora tenemos de Pachacamac es mucho más compleja”, indica el arqueólogo. “Estamos investigando sobre la procedencia de los peregrinos que, aparentemente, llegaron de distintos lugares de la costa central para quedarse por un tiempo. También indagamos sobre la relación de los asentamientos con el Templo del Sol y otros lugares sagrados”.
Trabajo por delante, el proyecto arqueológico espera configurar plenamente el valor del santuario a la luz de sus próximos descubrimientos.

EL FUTURO DEL ORÁCULO

Hoy el complejo religioso tiene un lugar en la mente y en las agendas de trabajo de un grupo de profesionales y técnicos del INC, quienes velan por su protección y su futuro. El nuevo director del Museo de Sitio Pachacamac, Marcelo Saco, lo tiene clarísimo. La idea es consolidar al conjunto arqueológico como un foco que dinamice la zona. Ya se han puesto manos a la obra y las instancias involucradas comienzan a dar forma a lo que próximamente podría ser un eje cultural, turístico y económico.

“Lurín es uno de los valles de mayor impacto en el Perú. Está siendo urbanizado y pronto la ciudad se expandirá por aquí”, comenta Saco. “He ahí la importancia de empujar el proyecto del museo de sitio que, enmarcado en un adecuado plan de manejo, activaría el desarrollo ordenado del valle gracias a su potencial. Un museo en Pachacamac necesita un plan que proteja y ayude a recuperar el santuario, y que resguarde los sitios arqueológicos del valle medio y bajo de Lurín”.

Pocos saben que el futuro del sitio es materia de varias mesas de trabajo, las cuales reúnen a personal del INC y autoridades de la zona con el fin de establecer criterios, ubicar necesidades y recoger puntos de vista para elaborar el Plan de Manejo. Este es un requisito indispensable para que Pachacamac forme parte de la Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

“La idea es implementar un plan operativo para administrar el complejo en las tareas de investigación, conservación, puesta en valor e interacción con el entorno”, explica Saco. Asimismo, “establecer lineamientos mediante los cuales sea sostenible una gestión eficiente en concordancia con el desarrollo local, regional y de los distritos implicados en la expansión turística y defensa del complejo”.

Por lo pronto, son puntas de lanza de la actual administración del conjunto arqueológico temas clave como: la protección de la zona intangible, la puesta en valor y preservación de los monumentos, así como el proceso de conservación y restauración de piezas invalorables –textiles, cerámica, material orgánico– que, después de muchos años, están en manos de un equipo técnico joven y entusiasta.

La nueva mirada y el interés del INC para consolidar el gran proyecto se manifiestan en la voluntad de remodelar los espacios de exhibición, la implementación de laboratorios, almacenes y gabinetes con las condiciones ambientales y de trabajo idóneas.

También se proyecta el establecimiento de una correcta señalética, el reforzamiento de la seguridad, el asesoramiento y la especialización en lenguas extranjeras para los guías, e incluso la apuesta por un proyecto de alumbrado.

El camino es largo. Varias instancias del INC (Dirección de Arqueología, Dirección de Museos, Dirección de Defensa del Patrimonio, Dirección de Sitios de Patrimonio de la Humanidad, Dirección de Paisaje Cultural) trabajan coordinadamente y en estrecha relación con la Dirección de Museos, que lleva la batuta del proyecto.

El objetivo es la creación de un soporte idóneo para la investigación –aún hay vetas no estudiadas en el sitio–, y el logro de convenios y beneficios a partir de la cooperación técnica. Se busca así una dinámica de servicio turístico que apelea las necesidades de todo tipo de visitantes –extranjeros, estudiantes, escolares, profesionales, etcétera–, que contemple la preservación de la reserva arqueológica, y la participación de la comunidad a través de gobiernos locales, empresas y comités populares, en el proceso de manejo sostenible.

Mientras tanto, la ciudadela permanece silente, sabia y sagrada, a la espera de su porvenir. A la espera de que la gente arribe de distintas partes del mundo para rendirle pleitesía y demostrarle su respeto. Centro de peregrinación también en el siglo XXI, Pachacamac ha despertado y está entre nosotros con nuevos bríos y más fuerza que nunca.

(José Carlos Picón)