T’aqrachullo: El Enigma de la Fortaleza entre Abismos y su Nexo con la Mítica Ancocagua

En la inmensidad sobrecogedora del altiplano cusqueño, donde el viento implacable de la puna moldea los relieves y los cursos fluviales esculpen cañones de vértigo absoluto, se levanta uno de los testimonios arquitectónicos más imponentes, masivos y, paradójicamente, menos comprendidos de la historia andina prehispánica. T’aqrachullo, una monumental ciudadela de piedra que parece desafiar las leyes de la gravedad desde las cumbres de la provincia de Espinar, ha comenzado finalmente a revelar sus secretos al mundo, sacudiendo los cimientos de la arqueología tradicional peruana.

Durante generaciones, los flujos del turismo masivo y los principales proyectos de inversión científica han concentrado históricamente su atención en los valles cercanos al Cusco, el Valle Sagrado de los Incas y el icónico santuario histórico de Machu Picchu. Sin embargo, las minuciosas investigaciones de campo recientes y la sorpresiva atención de cadenas de difusión científica global —particularmente los reportajes internacionales publicados por National Geographic— están provocando un giro radical de los reflectores hacia el sur de la región Cusco. Este es un territorio altoandino donde cada bloque de piedra laja cuenta una historia de resistencia militar, adaptación ecológica extrema y majestuosidad compartida entre civilizaciones preíncas e incas.

Conocida localmente por algunos pobladores, comuneros y arrieros bajo el apelativo popular de la «Fortaleza de María» —debido a su estricta proximidad geográfica con el imponente sector homónimo dentro del espectacular sistema de fallas geológicas y cañones de la zona—, T’aqrachullo no representa simplemente un mirador fortificado o una avanzada militar periférica. Los datos acumulados en las últimas campañas de excavación demuestran de forma irrefutable que nos encontramos ante un complejo urbano, religioso, logístico y militar de gran envergadura que reescribe por completo nuestra comprensión de las fronteras del Tawantinsuyu, así como de las dinámicas de asimilación de las naciones autónomas que habitaron el antiguo Perú antes de la consolidación final del imperio de los incas.

El Cambio de Paradigma: La Arqueología en Manos Peruanas

El verdadero valor del proceso de rescate arqueológico que está experimentando T’aqrachullo en el siglo XXI no radica únicamente en la espectacularidad de sus estructuras de piedra o en la riqueza material oculta en sus estratos arqueológicos. Lo que verdaderamente marca un hito y un cambio de paradigma en la disciplina del país es que las complejas excavaciones, prospecciones y análisis científicos que han retirado la densa maleza de la puna de sus muros están siendo ejecutadas y lideradas de forma directa por investigadores y científicos peruanos.

Históricamente, gran parte de la narrativa oficial sobre el Imperio Inca y las sociedades andinas ha sido construida y filtrada a través de las crónicas coloniales de los conquistadores españoles que los desplazaron y desestructuraron, o mediante expediciones arqueológicas extranjeras de los siglos XIX y XX que a menudo extraían las piezas fuera de sus contextos originarios. Los incas, al no poseer un sistema de escritura alfabético occidental, dejaron su historia grabada en la distribución de sus espacios sagrados, en la tecnología de sus muros y en el interior de sus contextos funerarios.

En T’aqrachullo, cada nuevo muro consolidado, cada fragmento de cerámica catalogado y cada resto óseo analizado representa un acto monumental de reclamación histórica y cultural. Profesionales de la arqueología nacional, profundamente conectados con la herencia de la región, están asumiendo el rol protagónico en la reconstrucción del pasado andino. Esta labor no se limita al aislamiento de los laboratorios o los gabinetes científicos; por el contrario, los equipos de investigación mantienen un diálogo constante y activo con las comunidades campesinas locales que habitan bajo la sombra de la mesa, como Chaupimayo y el distrito de Suykutambo. Al compartir los hallazgos y explicar la trascendencia de la ciudadela a los descendientes directos de sus constructores, la arqueología cumple su función social más noble: devolver a las poblaciones locales su memoria histórica, su orgullo identitario y el protagonismo en la gestión y protección de su propia herencia cultural.

T’aqrachullo Fuente: NatGeo
Geografía del Abismo: El Entorno Estratégico de Suykutambo y el Cañón de la Fortaleza

Para comprender la verdadera magnitud de T’aqrachullo, es imperativo analizar el escenario geográfico y geológico en el cual fue edificado. La ciudadela no fue construida sobre una montaña cualquiera; se asienta de manera imponente sobre una gigantesca mesa barrida por el viento, en las cumbres de la provincia de Espinar, en el distrito de Suykutambo, elevándose a una altitud que oscila entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 1, 2]. Esta ubicación sitúa al complejo en un ecosistema de puna seca, un territorio caracterizado por variaciones térmicas extremas, vientos constantes y una vegetación dominada por el ichu y arbustos rastreros, un paisaje que contrasta drásticamente con los valles fértiles y la ceja de selva donde se ubican centros ceremoniales más conocidos como Machu Picchu [cite: 2].

El emplazamiento de T’aqrachullo responde a una planificación militar y logística de orden superior. La meseta se eleva unos 300 pies de forma completamente vertical sobre el cauce del río Apurímac, justo en las inmediaciones donde convergen tres ríos importantes de la región, un nudo fluvial estratégico que actúa como un foso natural inexpugnable [cite: 1, 2]. Las paredes del cañón adyacente, conocidas localmente en el sector como el Cañón de los Tres Cañones, no solo ofrecían una barrera física insuperable contra cualquier intento de incursión enemiga, sino que además dotaban al asentamiento de un control visual absoluto sobre las rutas de tránsito que interconectaban el altiplano con los valles interandinos del sur del Cusco [cite: 2].

La Escala del Gigante Olvidado

Durante décadas, el manto del olvido y la vegetación silvestre ocultaron las verdaderas dimensiones de este baluarte de piedra. Las exploraciones y excavaciones sistemáticas lideradas por el Ministerio de Cultura han revelado que las ruinas de T’aqrachullo se extienden de manera orgánica a lo largo de un área que abarca aproximadamente 43 acres [cite: 1, 1]. Para poner esta escala en perspectiva científica, la extensión del complejo es aproximadamente cuatro veces más grande que la zona urbana y agrícola de la célebre ciudadela de Machu Picchu, ubicada a unas 140 millas al noroeste [cite: 1].

Esta enorme área arqueológica no se limita exclusivamente a la plataforma superior de la mesa. El planeamiento urbano prehispánico del sitio se distribuyó de forma vertical, abarcando una importante zona residencial y de servicios en la base misma de las formaciones rocosas colosales, así como el denso tejido arquitectónico de élite que corona la cima de la meseta [cite: 1, 2]. Esta dicotomía espacial demuestra que T’aqrachullo no fue un simple puesto de avanzada o un refugio temporal en tiempos de guerra, sino un centro de población masivo, un núcleo logístico permanente y un santuario de gran envergadura capaz de albergar y sustentar a una población numerosa bajo condiciones ambientales sumamente exigentes [cite: 2].

El Acceso Restringido: La Escalera tallada en la Roca

Uno de los elementos de ingeniería más fascinantes y que mejor ilustran el carácter exclusivo y defensivo de T’aqrachullo es su sistema de acceso. La meseta está resguardada por abismos colosales en casi la totalidad de su perímetro, lo que obligó a los antiguos constructores a depender de una única vía de entrada: una empinada, estrecha y escarpada escalera de piedra que rasga la cara misma del acantilado vertical desde el fondo del valle [cite: 1, 1].

Este sendero único funcionaba como un filtro de seguridad implacable. Cualquiera que intentara ascender a la cima quedaba completamente expuesto a las defensas de la ciudadela, haciendo que la entrada fuera fácilmente defendible por un puñado de guerreros situados en la parte superior. Las evidencias arqueológicas indican que este acceso no estaba destinado al uso de la población común de la región. Mientras que los comerciantes, pastores y transeúntes comunes de las redes viales andinas transitaban y se alojaban en el sector bajo, situado en la base de la formación, el acceso a la cima de la plataforma estaba estrictamente restringido a la nobleza inca, los administradores estatales y el cuerpo de sacerdotes dedicados al culto [cite: 1, 1].

El desgaste físico en los peldaños de esta imponente escalera cuenta una historia de siglos de actividad ininterrumpida. Debido a la ausencia total de fuentes de agua naturales y de tierras agrícolas fértiles en la superficie plana de la meseta, todos los recursos esenciales para la vida y el culto —desde el agua potable hasta los alimentos y los textiles sagrados— debían ser transportados de manera constante desde el fondo del valle. Este titánico esfuerzo logístico recayó sobre caravanas de llamas domesticadas, cuyos pesados e incesantes pasos a lo largo de las centurias dejaron huellas e indentaciones profundas y claramente visibles sobre los peldaños de piedra dura, un testimonio mudo de la intensa vida económica y religiosa que animó las alturas de T’aqrachullo [cite: 1].

La Línea del Tiempo de T’aqrachullo: Desde los Orígenes Wari y la Nación K’ana hasta la Hegemonía Inca

Para comprender cabalmente el entramado social, político y sagrado que define a T’aqrachullo, es indispensable realizar una inmersión profunda en su compleja estratigrafía cronológica. Las investigaciones científicas de las últimas décadas han desmantelado la idea de que este sitio fue una creación exclusivamente incaica. Por el contrario, los datos de campo acumulados estiman que la meseta y sus laderas registran una secuencia ininterrumpida de presencia y actividad humana que se extiende por aproximadamente 2,000 años, transformándolo en un fascinante palimpsesto de las civilizaciones más influyentes del sur andino [cite: 1, 1].

La Génesis del Sitio: El Horizonte Medio y la Presencia Wari

La historia arquitectónica y religiosa de T’aqrachullo hunde sus raíces en el Horizonte Medio (ca. 650–1000 d.C.) [cite: 1]. Durante gran parte del siglo XX, las teorías académicas convencionales afirmaban que el Imperio Wari —una poderosa civilización centralizada con base en Ayacucho— no había extendido su esfera de influencia directa de manera tan drástica hacia las provincias altas del sur de la región Cusco. Sin embargo, las exploraciones iniciales de superficie lideradas en la década de 1990 por las investigadoras peruanas Alicia Quirita y Maritza Candia comenzaron a resquebrajar este consenso al hallar tiestos y fragmentos cerámicos con una clara filiación estética y técnica wari [cite: 1].

Las excavaciones sistemáticas ejecutadas posteriormente por el Ministerio de Cultura del Perú bajo la dirección del arqueólogo Emerson Pereyra confirmaron estas sospechas de manera monumental. Al profundizar en los estratos inferiores, el equipo desenterró un imponente conjunto de ofrendas y entierros intactos pertenecientes a esta etapa formativa del santuario [cite: 1]. Entre los hallazgos más deslumbrantes destaca una tumba sellada que albergaba exquisitas estatuillas y figurinas aplanadas talladas en metal con la silueta de llamas, acompañadas de finas láminas de oro puro y piezas de crisocola —un mineral de tonalidades azul-verdosas sumamente codiciado en el mundo prehispánico— minuciosamente trabajadas para emular la sagrada e imponente figura del puma [cite: 1, 1]. Estos elementos demuestran que, ya bajo el dominio Wari, la mesa de T’aqrachullo no era un simple campamento de pastores, sino un espacio dotado de una profunda carga ritual, donde la élite regional depositaba manufacturas de alto valor simbólico.

T’aqrachullo. Fuente NatGeo
El Intermedio Tardío: El Pukara de la Nación K’ana

Con el colapso del sistema imperial Wari hacia el año 1000 d.C., los Andes centrales entraron en el periodo conocido como el Intermedio Tardío (ca. 1000–1450 d.C.) [cite: 1, 2]. Esta época estuvo profundamente marcada por una marcada fragmentación política, intensos conflictos interétnicos y una competencia feroz por el control de fuentes de agua estables y pastizales óptimos para la ganadería de camélidos en las zonas de altura. En este contexto de inestabilidad generalizada, la provincia alta de Espinar fue ocupada sólidamente por la nación K’ana [cite: 2].

Los K’anas eran un grupo étnico preínca caracterizado en las fuentes etnohistóricas por su temperamento marcial, su destreza en la economía ganadera de altura y su notable capacidad para adaptar soluciones arquitectónicas defensivas a los rigurosos ecosistemas de la puna seca [cite: 2]. Fue precisamente esta necesidad de supervivencia y soberanía territorial la que impulsó a los líderes K’anas a elegir la cumbre de los macizos rocosos de Suykutambo para fundar un imponente pukara o asentamiento fortificado [cite: 2]. Desde las alturas inexpugnables de la meseta, los vigías y guerreros K’anas poseían un dominio visual absoluto sobre todo el cañón y controlaban de manera estricta las vitales rutas comerciales que conectaban el altiplano de la cuenca del Titicaca con los valles interandinos septentrionales [cite: 2]. Durante esta fase, el urbanismo del sitio se expandió mediante la construcción masiva de recintos de planta circular y rectangular levantados con piedra laja local unida con argamasa de barro, diseñados para albergar a la población civil y a las guarniciones defensivas permanentes [cite: 2, 2].

T’aqrachullo. Fuente: NatGeo
El Horizonte Tardío: La Intervención e Integración Imperial Inca

Hacia mediados del siglo XV, el Horizonte Tardío irrumpió en la región con las campañas expansivas iniciadas desde el Cusco por el Estado Inca, bajo el liderazgo de soberanos como Pachacútec [cite: 1]. La historiografía y las detalladas evidencias materiales sugieren que la incorporación de la provincia de Espinar y de la nación K’ana al Tawantinsuyu no se produjo necesariamente a través de una cruenta guerra de exterminio, sino por medio de una serie de complejas y calculadas alianzas políticas, diplomáticas y matrimoniales [cite: 2]. Los gobernantes cuzqueños valoraban sobremanera la bravura y destreza militar de los guerreros K’anas, integrándolos rápidamente como un cuerpo de choque aliado en las sucesivas campañas de conquista del imperio hacia otras latitudes.

Una vez consolidada la anexión pacífica del territorio, los arquitectos e ingenieros del imperio intervinieron de forma monumental el tejido urbano preexistente de T’aqrachullo [cite: 2]. Respetando escrupulosamente el núcleo original de las construcciones K’anas, los incas superpusieron sus refinadas técnicas de aparejo de piedra, ampliaron masivamente los sistemas de andenería en las laderas para estabilizar los suelos frente a los deslizamientos y asegurar la agricultura de altura, y erigieron imponentes recintos administrativos y ceremoniales que asimilaron el sitio dentro del gran Qhapaq Ñan o sistema vial andino [cite: 2, 2]. Así, el complejo quedó integrado como un nudo logístico, espiritual y de control político absolutamente crucial dentro de la vasta región del Kuntisuyu, sirviendo como un nexo de comunicación directo con metrópolis tan distantes como Quito en la actual frontera norte o Santiago en el extremo sur [cite: 1, 2].

Arquitectura de Poder y Fe: Análisis Detallado de los Sectores Urbano, Militar y el Gran Templo Sagrado

La distribución espacial y la monumentalidad de las estructuras de T’aqrachullo constituyen un testimonio tangible de la sofisticada planificación urbana prehispánica, diseñada con el doble propósito de consolidar el control geopolítico de la región y albergar las más sagradas manifestaciones litúrgicas de las provincias altas [cite: 1, 2]. Las campañas de restauración del Ministerio de Cultura de las que formó parte el arqueólogo Emerson Pereyra han permitido catalogar cerca de 600 estructuras complejas distribuidas de manera orgánica a lo largo de crestas rocosas y abismos vertiginosos [cite: 1, 2]. Este extenso entramado constructivo se organiza a través de sectores claramente zonificados y especializados [cite: 2].

El Sector Residencial y Doméstico: La Base Social y Logística

La base demográfica y de servicios de la ciudadela se localiza estratégicamente tanto en las zonas bajas adyacentes a la mesa como en sectores intermedios de las laderas [cite: 1, 2]. Este sector doméstico destaca por una masiva concentración de recintos habitacionales de planta predominantemente circular y rectangular, una tipología que denota la herencia constructiva de la nación K’ana respetada y posteriormente refaccionada por la administración incaica [cite: 2]. Las paredes de estas viviendas están edificadas con piedra laja de origen local, unidas con una densa y resistente argamasa de barro y paja de la puna [cite: 2].

Intercaladas de forma regular entre los recintos residenciales, los arquitectos prehispánicos levantaron estructuras circulares de almacenamiento conocidas como qollqas [cite: 2]. Estos depósitos estatales eran indispensables para el acopio de productos nativos de altura, como tubérculos deshidratados (chuño) y granos andinos, destinados al sustento de las guarniciones militares y de los operarios dedicados al mantenimiento del complejo. En las laderas adyacentes, se despliega un intrincado sistema de terrazas y andenerías agrícolas que cumplían una doble función técnica de gran trascendencia: estabilizaban los suelos frente a los constantes deslizamientos del cañón y generaban microclimas aptos para la producción agrícola bajo condiciones climatológicas extremas [cite: 2].

Murallas y Sistemas Defensivos: El Pukara Inexpugnable

El carácter militar y de refugio fortificado de T’aqrachullo se hace evidente al analizar sus formidables perímetros de seguridad. Aunque la topografía natural de la mesa —con sus caídas de 300 pies verticales hacia el cauce del río Apurímac— proporcionaba una barrera física prácticamente insuperable, los flancos que presentaban mayor vulnerabilidad y suavidad en la pendiente fueron fuertemente protegidos por imponentes lienzos de murallas defensivas de mampostería [cite: 1, 2]. Estos gruesos muros de contención y murallas no solo impedían el ingreso de agentes externos en tiempos de guerra, sino que segregaban de forma estricta los flujos de tránsito cotidianos de la ciudadela [cite: 2].

El acceso hacia la zona noble y sagrada estaba fuertemente controlado a través de una angosta estructura de entrada al final de la empinada escalera tallada en el acantilado [cite: 1]. Las recientes investigaciones han sacado a la luz evidencias de que la guarnición defensiva de la fortaleza se encontraba permanentemente armada y abastecida para resistir asedios prolongados. En áreas estratégicas del perímetro defensivo se han desenterrado abundantes depósitos o caches con proyectiles esféricos de piedra seleccionada, puntas de lanza talladas en obsidiana negra y restos óseos de individuos masculinos que presentan fracturas y lesiones traumáticas ante-mortem, signos inequívocos de enfrentamientos bélicos violentos directos [cite: 1].

El Sector Ceremonial de Élite: El Corazón Sagrado de la Mesa

En la plataforma superior de la mesa, aislada del bullicio doméstico por la estricta restricción de tránsito, se alza el núcleo teocrático y administrativo de T’aqrachullo [cite: 1, 2]. En este espacio exclusivo, la calidad de la arquitectura sufre un salto técnico cualitativo asombroso: las rústicas construcciones de piedra laja dan paso a estructuras con un aparejo y un acabado notablemente superiores, caracterizadas por el empleo de nichos u hornacinas empotradas y vanos trapezoidales finamente labrados, elementos que representan la firma inconfundible de la arquitectura monumental de la élite incaica [cite: 2].

El descubrimiento más espectacular de este sector, consolidado en el año 2023, corresponde a las fundaciones de un Gran Templo de planta abierta orientado de forma precisa hacia las cumbres de los apus o montañas sagradas circundantes [cite: 1]. Los análisis arquitectónicos y estratigráficos demostraron que esta estructura principal fue edificada sobre las bases de plataformas rituales mucho más antiguas, confirmando la naturaleza ancestral del culto en la meseta mucho antes de la expansión cusqueña [cite: 1].

En el centro geométrico de esta gran plataforma ceremonial se localizan los restos de una icónica fuente o pileta sacramental vinculada al culto del agua y la fertilidad de la tierra [cite: 1]. La fuente cuenta con un elaborado canal labrado directamente sobre el suelo de piedra, diseñado para que las autoridades y sacerdotes vertieran libaciones rituales de chicha (bebida fermentada de maíz) de un vaso ceremonial a otro como ofrenda consagrada a los dioses y deidades de la naturaleza [cite: 1]. Durante estas solemnes ceremonias y observaciones astronómicas nocturnas bajo el firmamento de la puna, los sacerdotes de la alta nobleza incaica —ataviados con elaborados tocados, textiles polícromos y resplandecientes aplicaciones de metal— depositaban pepitas y fragmentos de oro puro en las junturas de los bloques de piedra de la fuente, mientras oraban y cantaban al compás de trompetas de caracola y tambores para asegurar la prosperidad del imperio [cite: 1].

Los Monumentos Funerarios: Las Chullpas Nobles

La sacralidad de T’aqrachullo se extendía de igual manera a su dimensión funeraria, configurándolo como un imponente centro de veneración de los ancestros. En los sectores periféricos y más elevados de la meseta se yerguen las chullpas, estructuras funerarias en forma de torres construidas con piedra laja destinadas exclusivamente a albergar las momias y los fardos funerarios de los miembros de la élite y la nobleza dominante [cite: 1].

La edificación de estos monumentos funerarios incaicos refleja un proceso de apropiación espiritual y reconfiguración del espacio sagrado de gran interés para los estudios arqueológicos. Los ingenieros incas levantaron estas complejas chullpas directamente sobre los cementerios y tumbas subterráneas de las civilizaciones precedentes, como los Wari. Los restos óseos de los antiguos habitantes enterrados allí siglos atrás fueron cuidadosamente exhumados de sus tumbas originales y trasladados de forma respetuosa hacia grandes fosas o tumbas comunales secundarias de carácter colectivo, permitiendo que la nueva clase gobernante imperial ocupara físicamente las posiciones espaciales de poder y culto a los muertos en la cima de la ciudadela [cite: 1].

El Tesoro Escondido: El Hallazgo de las Secuencias de Oro y la Conexión con la Mítica Ancocagua

A pesar de la imponente monumentalidad de sus estructuras de piedra laja, el verdadero punto de inflexión científica que obligó a la comunidad arqueológica internacional a reevaluar por completo la posición jerárquica de T’aqrachullo ocurrió una mañana de septiembre del año 2022 [cite: 1]. El arqueólogo peruano Dante Huallpayunca se encontraba realizando meticulosas labores de limpieza y raspado superficial de suelos en el interior de un recinto de piedra que, durante décadas, había sido empleado de manera rústica por los comuneros locales como un simple corral para alpacas [cite: 1]. De pronto, uno de sus asistentes de campo divisó un destello inusual entre la tierra compacta [cite: 1].

Lo que inicialmente comenzó como el hallazgo de una pequeña pieza aislada se transformó rápidamente en el desentierro de uno de los tesoros ceremoniales más masivos e importantes registrados en el sur andino en las últimas décadas: una impresionante colección oculta de casi 3,000 pequeñas lentejuelas o placas circulares perforadas (secuencias) manufacturadas en oro puro, plata y cobre [cite: 1]. Estos delicados discos metálicos, meticulosamente labrados a inicios del siglo XVI, no eran elementos utilitarios o de intercambio comercial; constituían adornos sagrados de alta costura diseñados exclusivamente para ser cosidos y fijados sobre los suntuosos textiles y vestimentas ceremoniales empleados por la suprema élite imperial y el cuerpo sacerdotal incaico durante las liturgias de Estado [cite: 1, 1]. El hallazgo demostró de forma irrefutable que T’aqrachullo no era una fortaleza periférica o un asentamiento rural aislado, sino un centro de inmenso poder político, económico y teocrático dentro del Tawantinsuyu [cite: 1].

La Hipótesis de Reinhard: La Búsqueda de Ancocagua

Este asombroso descubrimiento material dotó de un peso científico renovado a una audaz teoría que había permanecido archivada durante casi tres décadas. En el año 1994, el renombrado antropólogo, arqueólogo de alta montaña y Explorador de National Geographic, Johan Reinhard, visitó la meseta por primera vez acompañado por la entonces estudiante de arqueología Alicia Quirita [cite: 1]. Reinhard se encontraba enfrascado en una persistente investigación histórica: localizar el emplazamiento exacto de una de las ciudadelas y santuarios más sagrados, enigmáticos e inexplorados de la literatura colonial, conocida en los textos bajo el nombre de Ancocagua [cite: 1, 1].

Las referencias sobre este místico oráculo procedían inicialmente de la Crónica del Perú, un tratado fundamental publicado en 1553 por el cronista español Pedro Cieza de León [cite: 1]. En su manuscrito, Cieza de León afirma taxativamente que el templo de Ancocagua figuraba de forma oficial como uno de los cinco centros ceremoniales y santuarios más importantes, venerados y ricos de todo el Imperio Inca, albergando un célebre oráculo y acumulando inmensas cantidades de oro y plata procedentes de las ofrendas imperiales [cite: 1, 1]. Sin embargo, las descripciones geográficas proporcionadas por la Crónica eran sumamente vagas, lo que impidió que los historiadores de los siglos XIX y XX pudieran determinar su paradero exacto.

El panorama de la investigación cambió drásticamente en el año 1987 con el descubrimiento fortuito en España de la parte que se consideraba perdida del manuscrito del cronista Juan de Betanzos, redactado originalmente en el siglo XVI [cite: 1]. Betanzos, un colono español que dominaba el idioma quechua por estar casado con una noble incaica, no solo corroboró la inmensa jerarquía religiosa de Ancocagua, sino que legó un relato detallado y desgarrador sobre los eventos militares que acontecieron en dicha fortaleza durante los últimos días de existencia del imperio [cite: 1].

El Relato de Betanzos: Asedio, Resistencia y Muerte en el Abismo

De acuerdo con las crónicas recuperadas de Betanzos, tras la captura y ejecución del inca Atahualpa en Cajamarca por las huestes comandadas por Francisco Pizarro en 1532, el control español sobre los Andes no se consolidó de manera pacífica [cite: 1]. Casi de inmediato, cruentas rebeliones y focos de resistencia armada estallaron en diversas provincias del imperio. Uno de los bastiones de resistencia más feroces e inexpugnables se organizó precisamente en el santuario de Ancocagua, descrito como una monumental ciudadela fortificada situada sobre una meseta escarpada e inaccesible en una región localizada al sur de la capital imperial del Cusco [cite: 1].

Decididos a aplastar de forma definitiva este peligroso levantamiento nativo, un batallón de caballería e infantería española liderado por uno de los hermanos de Francisco Pizarro marchó hacia las provincias altas con el objetivo de asaltar la fortaleza [cite: 1]. Sin embargo, al llegar a la base de las formaciones rocosas, los conquistadores descubrieron que las huestes incas rebeldes habían bloqueado por completo el único y estrecho sendero de acceso que conducía a la cima de la meseta [cite: 1]. Ante la imposibilidad material de realizar un asalto frontal debido al abismo vertical, el ejército español se vio obligado a establecer un riguroso cerco o sitio militar alrededor de la montaña, cortando de manera absoluta todo ingreso de suministros esenciales, agua potable y alimentos hacia la plataforma superior [cite: 1].

El desenlace de este asedio prolongado fue trágico. Tras semanas de privaciones extremas y ante la inminencia de la caída de sus defensas por el hambre y la sed, los desesperados defensores de la ciudadela tomaron una determinación radical: antes que rendirse y someterse a la esclavitud o el suplicio a manos de los invasores europeos, cientos de hombres, mujeres y niños residentes del santuario prefirieron arrojarse en masa desde los imponentes acantilados verticales hacia los abismos del cañón, hallando la muerte sobre las rocas del río Apurímac [cite: 1, 1]. Una vez que las tropas españolas lograron finalmente vulnerar los accesos saboteados, saquearon los templos, confiscaron los tesoros del oráculo y abandonaron el sitio, dejándolo sepultado bajo el manto del olvido histórico [cite: 1].

Las Evidencias del Conflicto Militar

Al contrastar estas sobrecogedoras narraciones históricas con los hallazgos físicos recuperados en las campañas de excavación dirigidas por Emerson Pereyra, las coincidencias científicas resultan abrumadoras. Además de la correspondencia exacta de la geografía de T’aqrachullo con la mesa descrita en las fuentes coloniales, el equipo de arqueólogos peruanos descubrió que el sendero principal de la escalera de piedra se encontraba obstruido y sepultado de forma artificial por una densa capa de entre seis y diez pies de bloques de roca colapsada [cite: 1]. Si bien inicialmente los investigadores consideraron que se trataba de un derrumbe natural fortuito, los análisis estructurales posteriores demostraron de forma contundente que los peldaños fueron saboteados y dinamitados de forma deliberada por los propios operarios incas con el fin de inhabilitar la subida ante una inminente invasión militar [cite: 1].

Esta hipótesis se ve fuertemente respaldada por el desentierro en los sectores residenciales y de murallas de numerosos entierros secundarios e individuos cuyos esqueletos presentan marcas claras de traumatismos perimortem causados por armas contundentes, lesiones infligidas de forma violenta en combate y una total ausencia de elementos o artefactos de filiación europea [cite: 1]. Si bien las investigaciones arqueológicas aún no han detectado vestigios materiales directos que denoten una ocupación o presencia prolongada de los conquistadores españoles en la meseta, este hecho concuerda perfectamente con la naturaleza del relato de Betanzos: un asedio externo, un saqueo relámpago de las riquezas del oráculo y el abandono inmediato de una fortaleza destruida y maldita por el suicidio colectivo de sus habitantes [cite: 1].

Guía de Exploración Científica y el Futuro del Patrimonio en las Provincias Altas

Para el investigador, estudiante o viajero enfocado en la exploración científica, adentrarse en el complejo arqueológico de T’aqrachullo constituye una experiencia tan profundamente gratificante como rigurosa y exigente desde el punto de vista físico y logístico [cite: 2]. Al encontrarse geográficamente apartado de los circuitos turísticos comerciales tradicionales del departamento del Cusco, la planificación de una expedición hacia este baluarte prehispánico requiere un ordenamiento meticuloso de la ruta, el equipamiento y los tiempos de aclimatación [cite: 2].

Planificación Logística y Rutas de Acceso

El complejo se ubica formalmente en los terrenos de la comunidad campesina de Chaupimayo, dentro del distrito de Suykutambo, perteneciente a la provincia de Espinar, en el sector meridional de la región Cusco [cite: 2]. El viaje se desglosa a través de las siguientes pautas logísticas y operativas fundamentales para garantizar una exploración exitosa [cite: 2]:

Aspecto Clave Detalle Operativo e Indicaciones Científicas
Altitud Operativa El complejo se despliega verticalmente en un rango comprendido entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 2].
Ruta Terrestre Desde la ciudad de Cusco, se toma la vía terrestre hacia la ciudad de Yauri (capital de Espinar) en un viaje que toma entre 4 y 5 horas [cite: 2]. De Yauri, se continúa en vehículo hacia Suykutambo (1 hora aproximadamente) hasta el sector de Chaupimayo [cite: 2].
Tramo Peatonal En Chaupimayo se inicia la caminata de ascenso vertical a través de la icónica y empinada escalera de piedra laja tallada sobre el acantilado [cite: 1, 2].
Condiciones de Ingreso El acceso al sitio está gestionado de manera comunitaria directa por los comuneros locales, quienes aplican tarifas mínimas destinadas al mantenimiento básico [cite: 2].
Estacionalidad Óptima Se recomienda efectuar la exploración

estrictamente durante la temporada seca andina (de mayo a octubre), evitando las lluvias torrenciales de la puna [cite: 2].

Debido a la altitud extrema en la que se ejecutan los tramos de ascenso, es una pauta médica y de seguridad indispensable realizar un periodo previo de aclimatación física de al menos 48 horas en las ciudades de Cusco o Yauri para mitigar los efectos del mal de montaña o soroche [cite: 2]. El sendero peatonal exige una condición física moderada, calzado técnico de montaña con excelente agarre para roca laja suelta, vestimenta térmica por capas capaz de contener el intenso viento de la puna, protección contra la alta radiación solar y sistemas portátiles de hidratación [cite: 2]. Asimismo, se exhorta a los científicos y exploradores a realizar la prospección acompañados obligatoriamente por guías comunitarios locales para garantizar la seguridad y evitar cualquier daño accidental sobre los frágiles paramentos arqueológicos que aún no han sido plenamente consolidados por el Estado [cite: 2].

El Futuro del Patrimonio: Conservación, Museo de Sitio y Sostenibilidad

El incremento de la visibilidad científica internacional brindado a T’aqrachullo por plataformas de investigación global no representa un hecho aislado, sino el reflejo directo de un profundo cambio de paradigma en la geopolítica de la arqueología peruana [cite: 2]. Las provincias altas del Cusco, largamente postergadas en los manuales de historia oficial en favor de los monumentos del Valle Sagrado, están demostrando poseer una riqueza monumental que redefine por completo el equilibrio de poder y las fronteras de los estados prehispánicos [cite: 2].

Las excavaciones sistemáticas dirigidas por Emerson Pereyra concluyeron formalmente en el año 2024, dejando al descubierto que los arqueólogos apenas han retirado el velo científico sobre un poco más del 50% de la superficie total del complejo arqueológico [cite: 1]. El resto de la gigantesca meseta de 43 acres e intrincadas estructuras habitacionales ha sido dejado intacto de forma deliberada por el Ministerio de Cultura, reservando estos estratos y contextos arqueológicos sellados para que futuras generaciones de investigadores puedan abordarlos con tecnologías avanzadas y mejores métodos de análisis microestratigráfico [cite: 1, 1].

En el corto y mediano plazo, el verdadero desafío que afronta T’aqrachullo radica en articular un equilibrio armónico entre la investigación científica continua, la conservación física de los muros expuestos a la intemperie altoandina y el desarrollo de un modelo de turismo sostenible y de gestión comunitaria [cite: 2]. Uno de los anuncios más significativos y esperados por los investigadores es el proyecto estatal para impulsar la construcción de un moderno Museo de Sitio en la jurisdicción de Espinar [cite: 2]. Este espacio técnico tendrá como objetivo prioritario albergar, catalogar y exhibir bajo estrictas normas de conservación el inmenso universo de artefactos recuperados en el sitio: desde las miles de lentejuelas de oro, plata y cobre halladas por Dante Huallpayunca, hasta las finas vajillas ceremoniales K’ana e Inca, herramientas líticas y elementos funerarios [cite: 1, 2].

La implementación de este museo no solo garantizará la protección del patrimonio mueble contra el huaqueo y el tráfico ilícito de antigüedades, sino que se constituirá en el motor central para la educación patrimonial de las comunidades campesinas de Chaupimayo y Suykutambo, devolviéndoles el legítimo protagonismo en la gestión y usufructo de su herencia histórica [cite: 2]. Al restaurar y proteger estos muros sin alterar su esencia sagrada, T’aqrachullo se posiciona en el siglo XXI no como una ruina muerta del pasado, sino como un monumento vivo de identidad, ciencia y soberanía cultural andina [cite: 2].

Fuentes y Referencias Bibliográficas
  • Archivo Histórico de Arqueología del Perú. (2026). El despertar de Taqrachullo: La majestuosa ciudadela preínca e inca que desafía los límites del patrimonio andino en Espinar. Publicado originalmente en arqueologiadelperu.com.

  • National Geographic UK. (Edición de Junio, 2026). The Search for the Inca’s Lost Citadel (La búsqueda de la ciudadela perdida de los incas). Textos por Alejandro Muñoz; Fotografías por Arturo Rodríguez. Reportaje especial sobre las excavaciones del Ministerio de Cultura en T’aqrachullo y la hipótesis de la fortaleza de Ancocagua.

proyecto castillo huarmey
El Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey (PIACH) es el primer programa de investigaciones multidisciplinarias con excavaciones arqueológicas en área en el sitio (fotografía Miłosz Giersz).

El complejo arqueológico Castillo de Huarmey se encuentra ubicado a 1 km al este de la ciudad de Huarmey, en el distrito y provincia de Huarmey, región Ancash. El monumento está situado en el extremo norte del valle ribereño, en la entrada de un pequeño barranco seco adyacente, a unos 4 km en dirección este desde el océano Pacífico. Castillo de Huarmey resulta ser el sitio más grande del Horizonte Medio en el sur de la costa norte del Perú. Su parte marcadamente monumental se localiza en la cima de un largo promontorio rocoso que se proyecta hacia el valle. Este promontorio rocoso está formado por sedimentos piroclásticos con rocas afanas en las que aparecen, entre otros tipos, pórfido con plagioclasas y cristales de olivina, y está rodeado por suelos antropogénicos y capas eólicas del desierto costero.

El sitio abarca cerca de 45 ha, mientras que su zona intangible está conformada por 17 ha de restos de arquitectura monumental rodeados por zonas funerarias y posibles sectores residenciales dispersos. Los complejos arquitectónicos son claramente multifuncionales e incorporan espacios para posibles actividades públicas, domésticas y rituales. La mayor parte de las construcciones son visibles en la superficie. Según el catastro publicado por Bonavia (1982: 439), la parte monumental del complejo, la que abarca el llamado «El Castillo» ha sido catalogada bajo el código PV35-79, mientras que los cementerios ubicados en las partes bajas del promontorio, que rodean al núcleo monumental, han sido agrupados por el autor citado (Bonavia 1982: 438-439) en diferentes sectores de sus cementerios PV35-77 y PV35-78. Con Resolución Directoral de la Nación No 854 del día 20 de diciembre del año 1999 se declaró Patrimonio Cultural de la Nación al Complejo Arqueológico Castillo de Huarmey, que comprende tanto el monumento «El Castillo», como la mayoría de cementerios prehispánicos adyacentes.

Las primeras referencias

La historia de las exploraciones del complejo Castillo de Huarmey va ligada a los relatos sobre trabajos pioneros del padre de la arqueología peruana, Julio C. Tello y sus primeras expediciones arqueológicas (Tello 1919). Según los relatos más conocidos, en junio de 1918, Julio C. Tello descubrió una serie de objetos finamente tallados de madera que estaban a la venta en Lima, objetos de una belleza y preservación fascinante y de clara procedencia prehispánica y que, según el vendedor, habían sido encontrados en el valle de Huarmey. Obsesionado con la peculiaridad de estos artefactos, Tello soñaba con organizar una expedición arqueológica con el fin de fundar un museo. El 8 de enero de 1919, el sueño del pionero de la arqueología peruana se hizo realidad (Dagget 2009). Su primera expedición partió de la capital hacia los valles de Huarmey y Culebras, donde hizo varios descubrimientos interesantes (Tello 1919), pero no logró encontrar el lugar de origen de los artefactos de madera que motivaron su excursión científica. Desafortunadamente su equipo tuvo que cambiar de planes y escapar a la sierra vecina debido a un virulento brote de peste bubónica (Dagget 2009: 20-21).

Tello, sin embargo, no olvidó el destino original de su primera expedición a pesar del refinamiento de su interés arqueológico por la cultura Chavín. Once años más tarde le encargó a Eugenio Yacovleff, su asistente, que continuara con la prospección inconclusa en el valle de Huarmey, recorriendo la zona en marzo de 1930, según los cuadernos inéditos depositados en el Archivo Tello (Yacovleff 1930). El mismo Tello visitaba este valle cuando viajaba entre Lima y Nepeña, mientras conducía sus investigaciones en Punkurí y Cerro Blanco. En uno de estos viajes –probablemente el viernes 27 de julio de 1934– el célebre arqueólogo peruano compró otro artefacto de gran rareza al administrador del Hotel Royal de Huarmey, en este caso un tambor de cuero curtido y pintado, procedente de uno de los cementerios prehispánicos del valle (Falcón Huayta y Martínez Navarro 2009). Este instrumento membranófono, decorado con la representación pintada de un personaje frontal que lleva dos varas o cetros en las manos y al que rodea un nimbo radiante, derivado del arte tiwanaku y wari, daba fe de la importancia que esta zona costera de Ancash tuvo durante el Horizonte Medio. Aunque en Huarmey durante las siguientes décadas no se ha efectuado trabajos arqueológicos concernientes al Horizonte Medio, su fama –impulsada por la aparición de vez en cuando de nuevos ejemplos de objetos de exquisito arte wari, provenientes del saqueo de sitios arqueológicos del valle– despertaba la imaginación de los estudiosos.

tambor de huarmey
Famoso tambor de Huarmey adquirido por Julio
C. Tello en 1934, proveniente probablemente de una de las tumbas saqueadas en Castillo de Huarmey. Constituye un raro ejemplo de instrumento membranófono del Horizonte
Medio (cortesía Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú; fotografía Miłosz Giersz).

Casi 50 años más tarde de la primera visita de Julio C. Tello al valle de Huarmey, Dorothy Menzel (1968: 196) propuso la hipótesis que sostenía que en la Época 3 del Horizonte Medio (775 a 850 d.C. según los estimados iniciales de la autora citada) en esta parte de la costa ancashina surgió un nuevo centro de poder y prestigio, donde se producía una alfarería impresa de molde con diseños derivados del repertorio wari. Lastimosamente, por ausencia de investigaciones sistemáticas, la hipótesis de Menzel quedó sin respaldo por otras décadas más. Todo parecería indicar que en los tiempos de las antes mencionadas prospecciones arqueológicas pioneras de Julio C. Tello, Castillo de Huarmey yacía olvidado bajo el polvo desértico y fue un monumento intocado debido a que los campos adyacentes eran manejados directamente por sus propietarios, quienes no permitían ninguna depredación ni que se levantara una vivienda cerca que pudiera hacerle daño (Bueno Mendoza 1979).

Esta situación cambió drásticamente en la década de 1970. El terremoto del 31 de mayo de 1970 dañó la estructura del edificio monumental y probablemente –según sostienen los habitantes del lugar– expuso algunas tumbas intactas y su rico ajuar funerario, escondidas en el corazón de la plataforma de adobe y piedra. A partir de esta fecha el sitio fue saqueado por gavillas de buscadores de tesoros precolombinos a los que se conoce como huaqueros, e incluso por los pobladores del lugar, los cuales no solo depredaban las antiguas sepulturas sino que además extraían el material como si fuera una cantera, aprovechando los adobes, la tierra y las mismas vigas de madera. Las fotografías del complejo tomadas en 1979 por Frédéric André Engel (Prümers 1990, 2001) y Alberto Bueno Mendoza (1979) –cuyos originales deberían formar parte de la actual colección del Museo de Antropología y Agricultura Precolombina de la Universidad Nacional Agraria La Molina (antes llamado Centro de Investigación de Zonas Áridas, CIZA)– demuestran claramente que Castillo de Huarmey ya había sido dañado fuertemente por los excavadores clandestinos. Numerosos fragmentos de periódicos encontrados durante mis propias excavaciones sistemáticas realizadas en los escombros, confirman estas fechas tempranas de la depredación del sitio a gran escala.

Ernesto Tabío (1977) y Duccio Bonavia (1982) iniciaron sus investigaciones en la cuenca del valle de Huarmey y las zonas desérticas vecinas entre 1958 y 1960, casi tres décadas después de las prospecciones realizadas por Eugenio Yacovleff. Ambos visitaron el sitio. Parece que Bonavia lo hizo en diferentes ocasiones, siendo incluso testigo –en febrero de 1977– de la fuerte destrucción realizada por excavadores clandestinos (Bonavia 1982: 439). Las posteriores investigaciones llevadas a cabo por Donald Thompson (1966) y Hans Horkheimer (1965) en dicho valle no se centraron en los vestigios del Horizonte Medio y en «El Castillo» en particular. El sitio fue visitado y brevemente estudiado recién en 1979 por los ya mencionados Frédéric André Engel –quien preparó el primer croquis del sitio y lo documentó con fotografías (Prümers 2001: 291)– y Alberto Bueno Mendoza, quien publicó un artículo dedicado al problema de la «huaquería» ilícita (Bueno Mendoza 1979).

textil wari
Los textiles wari recogidos por Yoshitaro Amano, el famoso anticuario limeño y fundador del museo homónimo, son hasta la fecha los ejemplos más complejos y más finos provenientes de Castillo de Huarmey (cortesía Museo Amano; fotografía Miłosz Giersz).

Las primeras investigaciones en este lugar se limitaron a efectuar un reconocimiento de la superficie y a estudiar determinados artefactos arqueológicos conservados en colecciones de museos, cuya procedencia de Castillo de Huarmey había quedado comprobada. En 1963, el arqueólogo alemán Heinrich Ubbelohde- Doering realizó dos cortas visitas a este lugar animado por Yoshitaro Amano, fundador del museo limeño que lleva su nombre. Allí Ubbelohde-Doering logró reunir una amplia colección de tejidos, fragmentos de cerámica y artefactos de madera, depositados hoy en día en el Museum für Völkerkunde de Múnich. Estos materiales jamás fueron publicados ni tampoco existe un registro escrito o fotográfico en el mismo museo, excepción hecha por un catálogo de textiles recolectados en el valle de Huarmey y redactado por su esposa, Elsa Ubbelohde-Doering (Prümers 2001: 291).

William Conklin llevó a cabo un trabajo muy importante (Conklin 1979) cuando analizó la colección de textiles recogidos por Yoshitaro Amano, los cuales fueron depositados en el museo homónimo y que se asume provienen del Campanario y Castillo. A partir de la observación de las técnicas y de las representaciones iconográficas de los textiles, Conklin sostuvo que Castillo de Huarmey podría haber sido un importante centro sureño influido por los moche durante el Horizonte Medio, atribuyendo estos textiles –que indudablemente databan de la época wari– al estilo nativo mochica.

No obstante algunos fabulosos hallazgos fortuitos, Castillo de Huarmey jamás fue sometido a un estudio basado en la excavación sistemática de contextos arqueológicos primarios antes de que se organizara el Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey, una iniciativa llevada a cabo por especialistas polacos y peruanos de la Universidad de Varsovia y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en el marco de un acuerdo bilateral entre ambas instituciones y dirigida por mi persona a partir de su primera temporada iniciada a comienzos del año 2010. Se sabe, sin embargo, de algunos intentos previos, aunque infructuosos, de iniciar este tipo de estudios. Los aportes más importantes fueron efectuados por Heiko Prümers (Prümers 1990, 2001), quien entre 1985 y 1986 llevó a cabo una prospección intensiva del valle bajo de Huarmey y preparó un estudio monográfico de Castillo de Huarmey. El arqueólogo alemán lastimosamente no consiguió el respaldo institucional necesario para un convenio, lo que se requería para poder trabajar en un sitio con arquitectura monumental. Tuvo así que limitarse a analizar la colección de textiles que él mismo y Heinrich Ubbelohde-Doering recuperaran en las tumbas saqueadas alrededor de «El Castillo». Prümers (1990: 259-758) recolectó también materiales de superficie saqueados del sitio y limpió cinco pozos de huaqueros, recuperando restos interesantes de supuestos ajuares funerarios y reunió una nueva colección consistente, entre otros especímenes, de unos 1600 fragmentos de cerámica, 366 textiles y aproximadamente 1300 fragmentos de madera y mates pirograbados (entre ellos también varios utensilios de tejer como husos, piruros, ovillos, peines y espadas).

El Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey (2010-2016)

Desde el año 2010, el complejo arqueológico Castillo de Huarmey se encuentra en un constante proceso de investigación llevado a cabo por los especialistas de la Universidad de Varsovia y la Pontificia Universidad Católica del Perú, en virtud de un compromiso institucional entre ambas instituciones y con participación de diversos expertos y diferentes instituciones peruanas y extranjeras. El Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey (PIACH) consiste en la ejecución de un complejo programa de investigaciones multidisciplinarias, incluyendo la aplicación de modernas técnicas no destructivas y la realización de las primeras excavaciones arqueológicas en área del sitio, complementadas por estudios de artefactos y restos óseos con la aplicación de diversas técnicas arqueométricas y biogeoquímicas. Estos trabajos de investigación han brindado aportes cruciales al conocimiento del carácter de la presencia Wari en la costa norte del Perú, dando las primeras pruebas empíricas que respaldan antiguas hipótesis de Julio C. Tello y Dorothy Menzel sobre la importancia de la zona costera de Ancash en el imperio Wari.

En enero de 2010 especialistas polacos de la Universidad de Varsovia llevaron a cabo una prospección arqueológica integral del sitio, dando así inicio al primer proyecto de largo plazo con excavaciones arqueológicas en Castillo de Huarmey. La prospección comparó distintos métodos no destructivos: mapeo con GPS Cinemático en Tiempo Real (RTK) y Estación Total Robotizada, fotogrametría aérea de alta resolución con cometa, gradiometría de saturación y magnetometría de cesio y análisis espacial de la distribución de artefactos en superficie. Los datos que ésta arrojó se combinaron usando una base de datos de sistemas de información geográfica para registrar la arquitectura monumental de adobe, piedra y madera, y la vasta necrópolis colindante, para reflejar así la superficie subyacente del sitio y preparar un plan de manejo para siguientes etapas de la investigación de este complejo arqueológico tan importante (Bogacki et al. 2010, 2012).

Entre Julio y Septiembre de 2010 se emprendieron las primeras excavaciones arqueológicas en áreas delimitadas en base a los resultados de la prospección geofísica, con el fin de tener un conocimiento de la estratigrafía, fases constructivas, y principales componentes culturales del sitio (Giersz y Pimentel Nita 2011). Se efectuaron siete unidades de excavación, ubicadas en diferentes partes del conjunto arqueológico y se intervino la fachada sur del conjunto «El Castillo» (sector C2) y la fachada norte del conjunto arquitectónico, de menor altura y con patio cuadrangular, reconocido tentativamente como la «Plataforma Sur» (sector D2), fijándose en la documentación de vestigios arquitectónicos, técnicas de construcción aplicadas y relaciones estratigráficas entre ambos conjuntos mencionados (Unidad 1; Giersz y Pimentel Nita 2011: 23-26).

textil hallazgo castillo huarmey
Los afamados textiles hallados en los escombros de Castillo de Huarmey por Yoshitaro Amano, demuestran que las tejedoras de las antiguas costas ancashinas dominaban un amplio repertorio de técnicas y motivos iconográficos (cortesía Museo Amano; fotografía Miłosz Giersz).

La continuación de las excavaciones en el conjunto arquitectónico de la «Plataforma Sur» expuso parte de una amplia galería –con vestigios de bases de columnas– y la envergadura de todo el conjunto erigido en diferentes fases constructivas, con presencia de ofrendas dedicatorias de camélidos y humanos (Unidad 5; Giersz y Pimentel Nita 2011: 30-33), comprobando la complejidad de este conjunto, cortado en su parte sur por el camino local y las nuevas casas de los vecinos del sitio que invaden la zona intangible. En la misma temporada se intervino también los primeros vestigios de arquitectura funeraria ubicados en la parte norte de la cima del complejo monumental «El Castillo» (sector C2), tanto en forma de mausoleos, con múltiples recintos y cámara funeraria subterránea (Unidad 2), como en la ladera oriental, dentro del área de la última ampliación del conjunto «El Castillo» (Unidad 6), registrando –en ambas unidades– los primeros contextos funerarios intactos con rico ajuar funerario, pertenecientes a élites del Horizonte Medio (Giersz y Pimentel Nita 2011: 26-28, 34-34). Otra meta importante para la primera temporada de campo del PIACH fue también determinar la naturaleza de las anomalías geofísicas en el subsuelo, reportadas por gradiometría de saturación y magnetometría de cesio en las partes del sitio ubicadas directamente al norte de «El Castillo» y actualmente cubiertas por completo por tierra eólica relacionada con el movimiento de las dunas de arena del desierto (sector B2).

Estas excavaciones revelaron la presencia de ocupaciones posteriores al Horizonte Medio dentro del complejo arqueológico Castillo de Huarmey. Se expusieron restos de un recinto habitacional con paredes de quincha, zonas de producción de alimentos y fogones, así como una gran cantidad de materia orgánica (residuos orgánicos de basura) pertenecientes a los Períodos Intermedio Tardío y Horizonte Tardío (Unidad 3; Giersz y Pimentel Nita 2011: 28-29). Se pudo preparar también la tipología de las anomalías, características en la lectura del magnetómetro, comprobando el tipo de anomalías que corresponden a las zonas estériles, sin huellas de capas culturales (Unidad 4; Giersz y Pimentel Nita 2011: 29-30).

La última intervención arqueológica en la temporada 2010 se fijó en la parte noreste del montículo rodeado por tierras agrícolas modernas (sector B1), donde en la superficie se observaban algunos adobes pequeños y piedras grandes, y donde la prospección geofísica llevada a cabo con la ayuda de gradiómetros de saturación y magnetómetros de cesio reveló la presencia de arquitectura de adobe de trazo ortogonal, con varios recintos rectangulares encerrados por muros perimétricos y dispuestos alrededor de un supuesto patio central. Las excavaciones arqueológicas efectuadas comprobaron la existencia de arquitectura del Horizonte Medio de probable función de zona de producción y residencial, que cubría totalmente estratos de periodos mucho más tempranos, en los cuales se registró parte de un importante cementerio del Horizonte Temprano, con cinco de los primeros contextos funerarios excavados, dándonos nueva información sobre la cronología y complejidad del sitio arqueológico Castillo de Huarmey (Unidad 7; Giersz y Pimentel Nita 2011: 34-36).

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la segunda temporada de trabajos de campo del PIACH, realizada entre agosto de 2012 y septiembre de 2013 bajo mi dirección, culminó con el gran hallazgo de la cámara funeraria intacta más grande entre todas las que se registraron hasta la fecha en Castillo de Huarmey, y perteneciente a las altas élites del Horizonte Medio. Se trata de una cámara subterránea que formaba la primera etapa de una construcción de un gran mausoleo y lugar de culto a los ancestros Wari en la costa norte peruana, a la cual dedicaré un capítulo especial del presente libro.

Además del sorprendente hallazgo de este fabuloso contexto funerario, compuesto por una cámara principal subterránea, una antecámara, relicarios y un complejo edificio dedicado al culto póstumo, en la misma unidad de excavación se hallaron otros restos de arquitectura funeraria como mausoleos en forma de torres-chullpas (Isbell 1997), de trazo regular y varios pisos, así como pasadizos que facilitaban el acceso a diferentes partes de este conjunto ceremonial (Unidad 8; Giersz y Pimentel Nita 2014: 53- 82). Durante la temporada 2012-2013, la intervención arqueológica permitió también esclarecer la envergadura del conjunto de la «Plataforma Sur» (sector D2), definiendo su límite sur (Unidad 9; Giersz y Pimentel Nita 2014: 83-90) y delimitando su esquina noreste, la que originalmente ha sido cerrada por un conjunto de inmensos muros de piedras con sistema de pasadizos y entradas restringidas (Unidad 11; Giersz y Pimentel Nita 2014: 114-122). En la misma temporada se continuó también con las excavaciones en el montículo rodeado por tierras agrícolas (sector B1), donde en la temporada anterior se hallaron contextos funerarios pertenecientes al Horizonte Temprano. Trece nuevos contextos funerarios registrados brindaron información valiosa sobre atípicos patrones funerarios relacionados a una variante local de la tradición Cupisnique (Unidad 10; Giersz y Pimentel Nita 2014: 91-113).

La temporada 2014-2015 se centró únicamente en la continuación de las excavaciones arqueológicas en las inmediaciones del gran mausoleo hallado en la temporada anterior en la parte monumental del conjunto «El Castillo» (sector C2). En 2014 el programa pionero de investigaciones no destructivas ejecutado en el marco del PIACH, ha sido complementado por un complejo registro de la arquitectura prehispánica, aplicando un equipo escáner 3D y la tecnología HDS, en virtud de un acuerdo institucional entre el Laboratorio de Escaneo y Modelado 3D de la Universidad Tecnológica de Breslavia, la empresa privada Leica Geosystems Poland y el PIACH. Gracias a la implementación de tecnología de punta se pudo exponer la presencia de las diferentes fases cronológicas de la arquitectura allí presente, también se logró entender el sistema de comunicación entre los diferentes conjuntos, registrar el sistema de acceso a la cima del espolón rocoso mediante las escalinatas monumentales, así como reconocer la presencia de sofisticados rituales de clausura de los espacios sagrados mediante el cierre ritual que incluía clausuras de escalinatas y pasillos, depósito y quema de ofrendas y el tapado de la arquitectura con gruesas capas de relleno y barro (Giersz 2016; Giersz y Pimentel Nita 2016).

Una parte importante de los estudios del PIACH son también los estudios bioarqueológicos y zooarqueológicos, que incluyen tanto los estudios convencionales de restos óseos (Więckowski 2014) como diferentes análisis especializados, entre ellos análisis de diferentes isótopos estables (δ13C, δ15N, δ18O, 87Sr/86Sr y 20nPb/ 204Pb) –tanto de los restos humanos (Knudson et al. 2017) como de camélidos (Tomczyk 2016; Tomczyk y Giersz 2016)–, análisis de micro-desgaste dental (Juszczyk 2017) y estudios paleogenéticos (Więckowski et al. 2016).

Sectorización del complejo arqueológico Castillo de Huarmey

Unos de los primeros retos para el Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey en la primera temporada de trabajos de campo en el año 2010 fue la delimitación del área del complejo arqueológico Castillo de Huarmey, con la finalidad de elaborar el primer plano integrado por diferentes sectores bien definidos. La prospección de locación y altitud de elementos en la superficie fue llevada a cabo por Wiesław Małkowski, un experto de la Universidad de Varsovia en la prospección geodésica con la ayuda de dos receptores GPS Topcon HiPer PRO integrados de doble frecuencia (L1, L2). Localmente, la conexión de los sensores fue lograda mediante la banda de radio UHF. Las posiciones fueron registradas en el sistema de coordenadas Universal Transverse Mercator (UTM), zona 17L, de acuerdo al elipsoide referencial World Geodetic System 1984.

¿Porque aun no se descifra por completo los Quipus?

Una serie de piezas de cuerdas de fibra de camélido o algodón, marcadas con distintos tipos de nudos, enredan a los investigadores de los Incas hace al menos un siglo.

Se trata de los «quipus» (palabra quechua para «nudos») que eran un sistema de registro, contabilidad y envío de mensajes del Tahuantinsuyo, como se le conocía al incanato.

En poco más de un siglo, este imperio se extendió desde Cusco, Perú, hasta el sur de Ecuador y Colombia, y partes de Chile y Argentina.

Una parte importante del legado de esta civilización fueron precisamente los quipus. Pero los estudiosos todavía no saben por completo qué cosas registraban o relataban, y aquí te contamos por qué se mantiene el misterio.

¿Qué se sabe de los quipus?
Actualmente se conservan alrededor de 1.000 quipus en museos de Alemania, Estados Unidos y Perú, y en colecciones privadas.

La mayoría de ejemplares fueron hallados en la costa y en la selva de Perú y datan de entre el siglo XV y mediados del XVI (hasta antes de la conquista española).

Aunque se cree que algunos quipus, elaborados entre los siglos VII y X d.C., pertenecieron a la cultura Wari, que dominó los Andes antes que los incas.

Ilustración de un contador y tesorero con un quipu en la mano.
GETTY IMAGES
Los quipucamayoc eran los funcionarios encargados de elaborar e interpretar los quipus en el imperio incaico.

La mayoría de quipus consta de una cuerda principal horizontal, de la que cuelgan varias cuerdas verticales que llevan numerosos nudos, de distintos colores y formas, y atados siguiendo patrones complejos.

Según cronistas españoles y mestizos del siglo XVI, que transcribían las traducciones de los quipucamayocs (intérpretes de quipus), estos aparatos registraban censos, pago de impuestos, calendarios, eventos históricos, autoridades, jerarquías, canciones, genealogía inca, rebaños de camélidos, reservas de alimentos, etc.

Pero ninguno de los colonizadores aprendió ni explicó el método para «leer» o traducir un quipu. Al menos no lo dejaron por escrito.

Sin embargo, gracias al antropólogo estadounidense Leland Locke, que en 1923 publicó el libro «El Antiguo Quipu, un registro peruano de nudos», se sabe que los quipus eran una especie de expedientes numéricos organizados en base a un sistema decimal.

Hoy en día, los investigadores son capaces de reconocer los números representados en los quipus, según asegura Gary Urton, profesor de Estudios Precolombinos de la Universidad de Harvard y experto en quipus, en distintos artículos científicos que ha escrito sobre el tema en los últimos 20 años.

Códigos distintos

Pero los especialistas todavía no saben interpretar por sí mismos qué cosas eran las que contaban o a qué se referían esos números.

«Todavía no podemos leer las etiquetas nominativas, que parecen haber sido codificadas en los colores y otras características estructurales de las cuerdas», escribió Urton en un artículo del libro «Matemática y Contabilidad en los Andes», de 2012.

Quipu
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La mayoría de los quipus encontrados proviene de la costa de Perú.

Es decir, el sistema decimal para los números podía confluir en los quipus con otros códigos, como el sistema de colores de las cuerdas, la forma en la que se configuraban las cuerdas, la posición, los tipos de nudos, etc.

Por estas razones, el doctor Galen Brokaw, profesor de la Universidad del Estado de Montana, opina el quipu es un «dispositivo semióticamente heterogéneo«, ya que emplea diferentes códigos en su elaboración.

Además de esta complicación, Urton señala que hay unos cuantos quipus (alrededor de un tercio de los que se conservan) que no siguen el sistema decimal de numeración, si no patrones completamente distintos. Urton sospecha que se trata de quipus «narrativos».

Cecilia Pardo, subdirectora del Museo de Arte de Lima (MALI), dice a BBC Mundo que según las crónicas coloniales, estos quipus narrativos «podrían haber estado contando historias como memorias, hazañas, poemas que los quipucamayoc leían en actividades públicas de manera performática».

Quipu «Rosetta»

La solución a estos enigmas sería encontrar el «quipu Rosetta», como lo llama el profesor Urton.

El «quipu Rosetta» sería la combinación de un quipu y una interpretación confiable del mismo en español que permitan desbloquear al resto de quipus.

Según cuenta el profesor Urton a BBC Mundo, existen entre 40 y 50 transcripciones coloniales, pero ninguna encaja con los quipus existentes.

Pero todavía quedan muchos documentos de las colonias de España pendientes de revisar y en los que podrían seguirse buscando transcripciones.

Quipu
Actualmente se conservan cerca de 1.000 quipus en museos y colecciones privadas.

«Nuestra mejor oportunidad de descifrarlos vendrá cuando podamos comparar un quipu existente con un registro colonial escrito de lo que estaba contenido en ese mismo quipu», dice Urton a BBC Mundo.

Pero hallar una transcripción que se corresponda con un quipu existente, ¿aseguraría necesariamente entender al resto?

¿Homogéneos?

Urton reconoce que los expertos no saben «en qué medida los quipus estaban estandarizados en todo el imperio Inca», según comenta a BBC Mundo. «Pudo haber diferencias regionales o étnicas en el registro».

«[Pero] hasta ahora, por lo que hemos visto, parece que probablemente estaban bastante estandarizados», aclara.

En sus investigaciones, Urton recoge testimonios de cronistas españoles sobre una «escuela» en Cusco para capacitar a los quipucamayocs en una tradición común para elaborar y manejar los quipus.

«Por lo tanto, creemos que si encontramos una transcripción, será una buena pista para ayudarnos a comprender a todos los quipus. Pero todavía debemos determinarlo», dice Urton a BBC Mundo.

 

Fuente: BBC

Huaca Melena: hallan textiles con finos acabados de la Cultura Wari

Sorprende las miniaturas que revelan pasajes de la vida diaria de dicha civilización

A una hora y media de la ciudad de Lima se halla la huaca Malena. Esta fue construida alrededor del siglo VII y abandonada cerca del siglo X. Posteriormente, fue usada como cementerio por la cultura Wari.

Rommel Ángeles, vocero del museo de Sitio de esta huaca, explica que los contextos funerarios descubiertos en el lugar cuentan con bellos ejemplos de textiles de la cultura Wari.
Importancia
De acuerdo con el portavoz, entre los hallazgos sobresalen los tapices hechos en fibra de camélido y algodón con representaciones de personajes con báculos pertenecientes al estilo Wari.
Asimismo, se desenterraron tejidos de lana correspondientes a vestidos de mujer, así como varios tocados y túnicas masculinos. Los tocados fueron elaborados en plumas de aves amazónicas, también hay vinchas femeninas, gorros, cintas y adornos en cola de zorros.
“Hay muchos tejidos con representaciones de caballitos de totora en miniatura que deben ser las embarcaciones utilizadas en esa época”, comentó a la Agencia de Noticias Andina.
Ángeles lamentó que en la huaca Malena haya ocurrido un intenso saqueo en busca de los bellos tejidos asociados a los contextos funerarios”.
Añadió que son los más finos ejemplares de su tipo descubiertos en la costa central.
Hallazgo arqueológico de Cultura Wari en Parque de Pikillacta

Se presentó en el Parque Arqueológico de Pikillaqta, un importante hallazgo de una ofrenda ceremonial Wari compuesta por 6 ídolos pequeños, 24 piezas laminadas en plata que representan a mujeres guerreras, tres piezas antropomorfas completas, 107 piezas que representan partes de cuerpos humanos manufacturados en spondylus, entre otros objetos.

“Este es un hallazgo extraordinario que han logrado nuestros investigadores porque nos permite conocer mayores aspectos de la cultura Wari y nos revela el alto grado de integración comercial y cultural que había en el antiguo Perú”, manifestó el ministro de Cultura, Rogers Valencia, .

Según las primeras hipótesis, el hallazgo realizado por investigadores de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco se trataría de una ofrenda por el abandono de la ciudad de Pikillaqta.

“El siguiente paso es trasladar las piezas metálicas halladas al laboratorio especializado en trabajos de metalurgia del Museo Arqueológico Nacional Brüning, en Lambayeque, para posteriormente ser devueltos a Cusco para su exhibición pública”, informó el titular de Cultura.

El hallazgo

El descubrimiento se realizó en una de las 15 unidades de excavación, ubicada en la esquina sureste de la llamada plaza principal de Pikillaqta. En un hoyo de 70 centímetros de diámetro y 2 metros de profundidad, aproximadamente, se descubrió dos osamentas de camélido, asociados a evento de quema, con 8 conchas de spondylus y dos pequeñas láminas de plata elaboradas con la técnica de laminado-repujado.

Asimismo, a una profundidad mayor se halló una ofrenda ceremonial de forma circular, en cuya parte central estaba clavada una barreta. Una lámina metálica de 73 centímetros de longitud y 18 centímetros de altura, dividía la ofrenda. Alrededor de la barreta se descubrió 6 ídolos pequeños, separados en dos grupos, de los cuales dos son personajes zoomorfos, dos guerreros y dos pumas, elaborados en una aleación de cobre plateado mediante la técnica de vaciado. Uno de los guerreros lleva en la mano una cachiporra mientras que el otro tiene una lanza en la mano derecha y un escudo en la mano izquierda.

Al pie de estas figuras, se hallaron 24 piezas laminadas en plata que representan a mujeres guerreras; así como tres piezas antropomorfas completas, atadas de manos y 107 piezas que representan partes de cuerpos humanos, como brazos, piernas, cabezas y dorsos, todos manufacturados en spondylus.

Dato

El Parque Arqueológico Pikillacta es uno de los lugares preincas más famosos y mejor conservados de las ciudades antiguas que existieron en el Perú. Se desarrolló entre los años 600 y 1000 D.C por la cultura Wari proveniente de los Andes Centrales (Ayacucho).

Fuente: Andina
Fotos: Ministerio de Cultura del Perú

Así informó National Geographic:

Extrañas figurillas en una ofrenda ceremonial de la cultura wari (Perú)

El hallazgo, realizado en la esquina sureste de la plaza principal del complejo arqueológico de Piquillacta, se trataría de una ofrenda por el abandono de la ciudad de Piquillacta hace más de 1.000 años.
Escribe: Alec Forssmann

Una ofrenda ceremonial de la cultura wari, una cultura prehispánica e imperial del antiguo Perú, ha sido desenterrada en la esquina sureste de la plaza principal del complejo arqueológico de Piquillacta, al sureste de la ciudad de Cuzco, anunció el Ministerio de Cultura de Perú a comienzos del pasado mes de enero. El hallazgo, realizado por investigadores de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, se trataría de una ofrenda por el abandono de la ciudad de Piquillacta, desarrollada entre los años 600 y 1000 d.C. por la cultura wari procedente de Ayacucho, en los Andes centrales. La ofrenda ceremonial wari está compuesta por seis ídolos pequeños, 24 piezas laminadas en plata que representan a mujeres guerreras, tres piezas antropomorfas completas y 107 piezas que representan partes de cuerpos humanos manufacturados en conchas del género Spondylus.

En un hoyo de 70 centímetros de diámetro y 2 metros de profundidad aproximadamente se descubrieron dos osamentas de camélido, asociadas a un evento de quema, con ocho conchas de Spondylus y dos pequeñas láminas de plata elaboradas con la técnica del laminado-repujado. A mayor profundidad se halló una ofrenda ceremonial de forma circular y con una lámina metálica en el centro que dividía la ofrenda. Los ídolos pequeños, separados en dos grupos, representan dos personajes zoomorfos, dos guerreros y dos pumas, elaborados con una aleación de cobre mediante la técnica del vaciado. Uno de los guerreros tiene una cachiporra en la mano y el otro una lanza en la mano derecha y un escudo en la mano izquierda. Al pie de esas figuras se descubrieron 24 piezas laminadas en plata que representan a mujeres guerreras, además de tres piezas antropomorfas completas, atadas de manos, y 107 piezas que representan partes de cuerpos humanos, como brazos, piernas, cabezas y dorsos, todas manufacturadas en Spondylus.

 

Descubren recinto ceremonial de cultura Wari en Lambayeque, Peru

Un recinto ceremonial en forma de “D”, un patrón constructivo típico de la cultura Wari y que correspondería al período Horizonte Medio (600-1000 d.C.), fue descubierto en la huaca Santa Rosa, ubicada en el distrito chiclayano de Pucalá, región Lambayeque.

La cultura Wari floreció en el centro de los Andes, actual región Ayacucho, y se supo de su presencia en la costa norte a partir del hallazgo de cerámica fina en tumbas mochica.

 

Ello generó un amplio debate sobre la naturaleza del colapso de la cultura norteña y si los wari llegaron a asentarse en el territorio mochica.
Desde el 24 de setiembre, arqueólogos del Museo Tumbas Reales de Sipán, bajo la dirección de Edgar Bracamonte y asesorados por el investigador Walter Alva, reiniciaron los trabajos de investigación en el complejo Santa Rosa, ubicado en el distrito de Pucalá.
A los pocos días de iniciadas las excavaciones descubrieron testimonios de tumbas y construcciones del Horizonte Medio, que serían el preludio de uno de los hallazgos más sorprendentes de los últimos años en Lambayeque.

 

Horizonte Medio 2
Las nuevas evidencias obligarán a repensar nuestra historia y lo que ocurrió al final de los mochicas en Sipán y Pampa Grande, así como a considerar la presencia de las culturas Cajamarca y Wari en el valle de Lambayeque.
El avance de las excavaciones reveló la existencia de evidencias correspondientes al Horizonte Medio 2 (800-1000 años d.C.). Se han registrado fragmentos de botellas finamente decoradas, que se le conoce como “cerámica mochica de línea fina”.
También se descubrieron objetos de metal, orejeras de madera, cucharas, puntas de obsidiana y de sílex muy bien talladas, que no pertenecerían a esta zona norteña.
Otro hallazgo sorprendente es la construcción de una cista o enterramiento de unos dos metros de diámetro, elaborado con adobes y en cuyo interior se registraron ofrendas de camélidos y vasijas. Esta tradición corresponde a prácticas ceremoniales foráneas.
Los descubrimientos arqueológicos indican la presencia de diversos grupos culturales en huaca Santa Rosa a finales de la época moche, que se reunían para participar de ceremonias o festividades.
Uno de los espacios rituales más impresionantes es un recinto en forma de “D”, de carácter ceremonial, nunca antes registrada en los valles norteños.
Este recinto sacro mide 8.20 metros y tiene un vano de acceso de 1.10 metros; fue construido con adobes unidos con barro. En el interior y exterior del recinto hay entierros humanos y ofrendas de camélidos, asociados a vasijas completas con marcados rasgos mochicas y otros de estilos foráneos.
Construcción
Este recinto ceremonial wari se habría construido entre los años 800 y 900 d.C. y se relaciona con los grupos culturales Cajamarca, desarrollados en las provincias de Chota y Cutervo, donde el año pasado se descubrió un conjunto de ofrendas de oro y plata de la cultura Wari en el cerro Ilucán.
Se está considerando que la arquitectura wari descubierta en Pucalá se relaciona con la presencia de esta cultura en Cutervo y Chota, que aprovecharían la existencia de estrechas relaciones culturales entre pobladores mochica y cajamarca, originadas mucho antes de la llegada de los wari a la sierra norte.
Las evidencias arqueológicas descubiertas forman parte del Proyecto Arqueológico Valle de Lambayeque, dirigido por Edgar Bracamonte.
El objetivo principal es estudiar el final de los mochicas, la aparición de elementos cajamarca y wari en la región Lambayeque y cómo se organizó este valle después de la caída de Sipán.
Los hallazgos en huaca Santa Rosa de Pucalá y recientemente en El Chorro muestran una identidad diversa durante el Horizonte Medio.
Diferentes historias
Existe la posibilidad de que el valle medio de Lambayeque haya estado dividido en grupos con diferentes historias que se están empezando a descubrir, dijo Bracamonte.
Las excavaciones se desarrollan con financiamiento de la Unidad Ejecutora Nº 005 Naylamp-Lambayeque y el apoyo de la empresa Niágara; se cuenta con la participación de arqueólogos de la Universidad Nacional de Trujillo y estudiantes de Arqueología de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo.
Las excavaciones culminarán este 24 de diciembre y se espera continuar con las investigaciones y análisis especializados el próximo año.
Las mujeres de la élite WARI y su atuendo

En las últimas décadas, los estudios de arqueología andina han mostrado un creciente interés por explorar el tema de las mujeres y el papel que desempeñaron en la sociedad antigua. Esta situación se debe, sin duda, tanto a los descubrimientos de nuevos contextos funerarios de mujeres de alto rango en los Andes, como al surgimiento de los estudios de género en la arqueología en general. Estos últimos, fundamentados en las teorías feministas, contribuyeron de modo decisivo a enriquecer el conocimiento del tema del género en la prehistoria andina y, lo que es importante, permitieron presentar una visión menos distorsionada de los roles e identidades sociales del pasado. En este caso es de particular importancia el examen del concepto de la dualidad de género (masculino/ femenino) y su correlación con el sexo biológico, lo que en los Andes se presenta de modo mucho más complejo al basarse en la relación binaria y complementaria1.

Fig. 56 Anónimo cuzqueño. Manuela Túpac Amaru. ca. 1777. Óleo sobre tela. 167 x 106 cm. Museo de Arte de Lima. Donación Colección Petrus y Verónica Fernandini. 2013. 12. 1

Tanto las evidencias funerarias como las representaciones iconográficas muestran que a lo largo del tiempo, las mujeres andinas de élite ocuparon diferentes posiciones sociales, culturales, políticas y económicas. Por lo tanto, se puede observar claramente que su éxito y prestigio social dependía, al igual que en otras partes del mundo, del acceso a bienes materiales y simbólicos. Por ello, en el caso del mundo prehispánico caracterizado por la presencia de culturas ágrafas, los contextos arqueológicos son lo más importante para el estudio de los roles de género, así como para explicar los estereotipos de las mujeres de la antigüedad. El rango de las personas se refleja tanto en la cantidad y la calidad de los objetos y ofrendas que formaban sus ajuares funerarios, como en las características propias de sus tumbas y en su ubicación en los espacios arquitectónicos.

Desafortunadamente, la mayoría de los entierros ricos corresponden a las culturas del periodo Intermedio Temprano (200-800 d.C.), donde se observa una notable diversificación social de la nobleza femenina. Una de las tumbas más notables es la de la “Señora de Cao”, que fue hallada en el complejo monumental de la huaca de Cao Viejo junto con su ajuar, compuesto por objetos de prestigio de metal y otros materiales valiosos2. Lo que llama la atención es que entre sus bienes figuraban los atributos usualmente relacionados con el poder y el prestigio masculinos, como armas. Otros contextos arqueológicos, como las tumbas de San José de Moro, en el valle de Jequetepeque3, o de Illimo y Chornancap, en el valle de Lambayeque4, proporcionan valiosa información acerca de las mujeres de la élite norteña en la fase tardía de la cultura Moche y tradición Lambayeque. El ajuar y la pompa fúnebre sugieren que estas señoras de la costa septentrional del antiguo Perú animaban la vida espiritual de la época, desempeñando el posible papel de funcionarios del culto religioso.

El alto estatus de la mujer de la época no quedaba limitado únicamente a las llanuras costeñas. Los contextos funerarios con mujeres de alto rango hallados en Queyash Alto5, Pashash6 o Pacopampa7, revelan que en la sierra las mujeres también gozaban de una posición elevada vinculada al poder económico, político y religioso. Ellas tenían acceso a los bienes de lujo (objetos de metal) y desempeñaban un papel central en la preparación de alimentos y bebidas –como la chicha– para los banquetes rituales u otros eventos sociales en los cuales participaban activamente.

Fig. 57 Dibujo de la crónica de Felipe Guamán Poma de Ayala de mujer curaca inca

Lo relevante es que estas evidencias arqueológicas reflejan una amplia estratificación de la nobleza femenina y sugieren además, según la interpretación prevaleciente, que el estatus de la mujer en la sociedad no fue necesariamente inferior al del varón. Desafortunadamente no disponemos de registros arqueológicos y datos notables para todos los periodos de la cronología andina. El tema se complica aún más para el caso de las culturas relacionadas con la difusión de las tradiciones sureñas por todo el ámbito andino, es decir, a las culturas Tiwanaku, Wari e Inca. Esto se debe a que son pocos los contextos funerarios relativamente modestos de la nobleza, que escaparon intactos a la destrucción de los saqueadores y sobrevivieron hasta nuestros días, así como a la rarísima presencia de la mujer en la iconografía de la época. Entre los escasos entierros de élite investigados en los centros de Huari y Conchopata8, las únicas afirmaciones referidas a los contextos funerarios femeninos se limitan a represen-tantes de supuestas élites de clase media alta, como por ejemplo la mujer adulta sepultada en una tumba de cista, con la cabeza cubierta con una olla utilitaria del estilo huamanga (EA-105, Conchopata)9. A partir de estos hallazgos, algunos investigadores sugieren que este último constituye un patrón representativo de todos los entierros de mujeres y jóvenes del lugar, el que está relacionado con los conceptos e ideas de género10. Aunque son escasas las evidencias arqueológicas que se han conservado debido a las desfavorables condiciones climáticas de la región, puede suponerse que durante este periodo las mujeres gozaban de un elevado estatus tanto social como económico, lo que se desprende de su ajuar funerario, que incluía distintos bienes suntuarios tales como cerámica de diversos estilos, objetos de metal, turquesa y Spondylus sp.

Otros datos relevantes, que abren una ventana al ajuar funerario de las mujeres de élite, provienen de la periferia del imperio Wari. Las evidencias arqueológicas recuperadas en la sierra así como en la costa sur y central11, demostraron la existencia de contextos funerarios de mayor riqueza, pero debido a la gran destrucción causada por los saqueadores, los trabajos arqueológicos se limitaron a reconstruir solo una parte de los ajuares. Sin embargo, los hallazgos recuperados dejan en claro que durante esta época, tanto los hombres como las mujeres estuvieron rodeados de bienes de la mejor calidad producidos con materiales provenientes de lugares fuera del ámbito local, lo que legitimaba su estatus y prestigio social. Se supone que el ajuar de los miembros de la elevada élite, como en el caso de las tumbas de La Real, estuvo caracterizada por su gran variedad, no sólo en lo que se refiere a objetos considerados como bienes de lujo y que eran visualmente atractivos, sino también por los instrumentos de carácter utilitario relacionados con la producción artesanal12.

Conjunto de orejeras de forma tubular con motivos geométricos y zoomorfos. Hueso tallado e inciso. Dimensiones variadas. PIA Castillo de Huarmey. Ministerio de Cultura del Perú.

Dadas las limitaciones de los contextos funerarios y de los registros iconográficos documentados y analizados por los arqueólogos, los investigadores suelen apoyarse más bien en datos históricos y etnográficos (Fig. 56).

La mayoría de estos fueron examinados por María Rostworowski13, quien no sólo señaló el papel de las coyas o reinas incaicas, poseedoras de tierras propias y numerosos yana o servidores, sino que además resaltó que en el mundo andino el poder no era un privilegio del varón, ya que hubo señoríos gobernados por mujeres curacas (Fig. 57). La dualidad, tan distintiva en el mundo andino, se reflejó también en dos formas opuestas de concebir el ideal de una mujer de alta alcurnia; basta recordar en este sentido a las mujeres míticas del incario:

Mama Ocllo, la mujer noble subordinada, y Mama Huaco, la valiente mujer guerrera libre e independiente. Por supuesto que el estudio de las fuentes etnohistóricas brinda muchos otros testimonios de la presencia femenina en distintos ámbitos de la sociedad prehispánica, que contribuyen de manera significativa al conocimiento del mundo antiguo. Sin embargo, para poder cruzar información distinta con el fin de explorar a profundidad los aspectos del pasado, como en este caso la naturaleza del ajuar personal de las mujeres de élite, tenemos que disponer de contextos mortuorios completos.

Conjunto de orejeras de forma tubular. Plata y oro laminado y enrollado. Dimensiones variadas. PIA Castillo de Huarmey. Ministerio de Cultura del Perú.

El descubrimiento de la tumba del mausoleo imperial Castillo de Huarmey constituye el primer contexto funerario hallado intacto, que aporta datos relevantes sobre las mujeres de la alta nobleza wari. Se trata de un descubrimiento en donde tanto el rango como el número de sus ofrendas funerarias, supera de lejos todo lo que antes se conocía para las Culturas Wari y Tiwanaku. Entre los artefactos descubiertos figuran piezas únicas, sin paralelos en el arte prehispánico en general. La cantidad y la riqueza del ajuar funerario, que comprende más de mil trescientos objetos de la más variada índole, no sólo impactan y estimulan la imaginación, sino que además ofrecen datos importantes sobre la identidad de las mujeres de alto estatus de la época. La importancia de la singularidad de las mujeres sepultadas quedó reflejada también en la planificación y delimitación del espacio de la tumba, que formaba parte –junto con una serie de recintos menores repletos de ofrendas– del mausoleo principal de la élite wari que dominaba el paisaje del valle bajo, que incluía el litoral marino. En los cimientos del mausoleo se encontró la cámara principal, que ocultaba a sesenta y cuatro individuos, cincuenta y ocho de los cuales pertenecían a la nobleza femenina más encumbrada, que fueron enterradas con sus objetos personales más íntimos y valiosos.

Notas:
( 1) Entre otros: Moore, Henrietta.
A Passion for Difference. Essays in Anthropology and Gender. Bloomington: Indiana University Press, 1995; Ebert, Virginia, y Thomas C. Patterson. “Gender in South American Archeology”, en Nelson, Sarah Milledge (Ed.), Worlds of Gender: The Archaeology of Women’s Lives Around the Globe. Lanham: Altamira Press 2007, pp. 259-280; Vogel, Melissa A., y Robyn E. Cutright. “Gender in South American Prehistory”, en Bolger, Diane (Ed.), A companion to Gender Prehistory. Chichester: John Wiley & Sons 2013, pp. 585-607; Lyon, Patricia.“Female Supernaturals in Ancient Peru”, Ñawpa Pacha, 16: 95-140, 1978; Hocquenghem, Anne Marie, y Patricia J. Lyon.
“A Class of Anthropomorphic Supernatural Female in Moche Iconography”, Ñawpa Pacha 18: 27-50, 1980; Ulla Holmquist. El personaje mítico femenino en la iconografía moche. Memoria de bachillerato. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1992; Gero, Joan M. “Genderlithics: Women’s Roles in Stone Tool Production”, en Gero, Joan M., y Margaret W. Conkey (Eds.), Engendering Archeology: Women and Prehistory. Oxford: Blackwell Publishing, 1991, pp. 163-193; Rostworowski de Diez Canseco, María. La mujer
en la época prehispánica. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1986.
(2) Mujica Barreda, Elías, et al. El Brujo: Huaca Cao, centro ceremonial moche en el valle de Chicama. Lima: Fundación Augusto N. Wiese, 2007.
(3) Castillo, Luis Jaime, y Ulla Holmquist. “Mujeres y poder en la sociedad mochica tardía”, en Henríquez, Narda (Ed.), El hechizo de las imágenes: estatus social, género y etnicidad en la historia peruana. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2000, pp. 13-34; Donnan, Christopher, y Luis Jaime Castillo. “Excavaciones de tumbas de sacerdotisas moche en San José de Moro, Jequetepeque”,
en Uceda, Santiago, y Elías Mujica (Eds.). Moche propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche, Trujillo, 12 a 16
de abril de 1993. Trujillo-Lima: Universidad Nacional de La Libertad-Institut Français d’Études Andines, 1994, pp. 415-424.
(4) Cordy-Collins, Alana. “Labretted Ladies: Foreign Women in Northern Moche and Lambayeque Art”, en Pillsbury, Joanne (Ed.), Moche Art and Archaeology in Ancient Peru. Washington, D.C: National Gallery of Art, 2001, pp. 246-257; http://festivalcortometrajesperu.files.wordpress.com/2012/08/sec3b1ora-de-chornancap.pdf.
(5) Gero, Joan M. “Field Knots and Ceramic Beaus: Interpreting Gender in the Peruvian Early Intermediate Period”, en Klein, Cecelia F. (Ed.), Gender in Pre-Hispanic America. Washington, D.C.: Dumbarton Oaks 2001, pp. 15-55.
(6) Grieder, Terence. The Art and Archaeology of Pashash. Austin: University of Texas Press, 1978.
(7) Seki, Yuji, Juan Pablo Villanueva et al. “Nuevas evidencias del sitio arqueológico de Pacopampa, en la sierra norte del Perú”, Boletín de Arqueología PUCP 12: 69-96, 2008.
(8) Entre otros: Cook, Anita G., y Tiffiny A. Tung.“Expressing life through death: mortuary rituals in Huari society”. Ponencia presentada en la 71ª reunión anual de la Society for American Archeology, San Juan, 2006; Isbell, William H., y Anita G. Cook. “A New Perspective on Conchopata and the Andean Middle Horizon”, en Silverman, Helaine, y William H. Isbell (Eds.), Andean Archaeology, Vol. II: Art, Landscape and Society. Nueva York: Kluwer Academic/Plenum Publishers, 2002 pp. 249-305; Isbell, William H., y Antti Korpisaari. “Burial in the Wari and the Tiwanaku heartlands: Similarities, differences, and meanings”. Diálogo Andino: Revista de Historia, Geografía y Cultura Andina 39: 91-122, 2012; Tung, Tiffiny A. Violence, Ritual and the Wari Empire.
A Social Bioarcheology of Imperialism in the Ancient Andes. Gainesville: University Press of Florida, 2012.
(9) Isbell, William H., y Antti Korpisaari.“Burial in the Wari and the Tiwanaku heartlands”.
(10) Isbell, William H., y Antti Korpisaari. Op. cit., pp. 103-105.
(11) Entre otros: Yépez Álvarez,
Willy J., y Justin Jennings (Eds.), ¿Wari en Arequipa? Análisis de los contextos funerarios de La Real. Arequipa: Museo Arqueológico José María Morante, Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, 2012; Schreiber, Katharina J. Wari
Imperialism in Middle Horizon Peru. Ann Arbor: University of Michigan, 1992; Billman, Brian R. “Regional Approaches to the Study of Prehistoric Empires: Examples from Ayacucho and Nasca, Peru”, en Billman, Brian R., y Gary M. Feinman (Eds.), Settlement Patterns Studies in the Americas: Fifty Years Since Viru. Washington, D.C: Smithsonian Institution, 1999; Pozzi-Escot, Denise, y Rommel Ángeles. Entrelazando el pasado, textiles de Huaca Malena. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2011.
(12) Yépez Álvarez, Willy J., y Justin Jennings (Eds.), ¿Wari en Arequipa?
(13) Rostworowski de Diez Canseco, María, La mujer en la época prehispánica.

 

Autora: Patrycja Przadka Giersz
Universidad de Varsovia

Extracto del artículo:
«Ajuar personal: las mujeres de la élite wari y su atuendo»
Contenido en el libro:
«Castillo de Huarmey, El Mausoleo Imperial Wari»

Crearán Unidad Ejecutora en sitio arqueológico Wari

El viceministro de Cultura, Luis Jaime Castillo Butters, en compañía del presidente regional de Ayacucho, Wilfredo Oscorima Núñez y el congresista José Urquizo, supervisó la ejecución del proyecto: “Mejoramiento de la Conservación del Sitio Arqueológico Wari” y anunció que a través de una alianza estratégica entre el Gobierno Central, Gobierno Regional y la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), próximamente se creará una unidad ejecutora que permita realizar trabajos permanentes en la zona durante por lo menos 25 años.

Castillo Butters, destacó que esta unión interinstitucional permitirá que el GRA y el Gobierno Central cofinancien el proyecto, mientras que la UNSCH proporcionará a los investigadores y estudiantes de arqueología, para realizar trabajos permanentes al igual que con las culturas de la costa norte del Perú.

El responsable del proyecto: “Mejoramiento de la Conservación del Sitio Arqueológico Wari”, José Ochatoma Paravicino, mostró las últimas excavaciones, donde se encontró una galería subterránea de 17 metros hechos con piedra labrada y donde se evidencia que estos trabajos fueron realizados primero por los waris y luego asimilados por los incas.

“Estos nuevos descubrimientos, que impulsa el Gobierno Regional a través de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo, servirán para enriquecer la historia Wari y además fortalecerá la afluencia del turismo en la región”, indicó Ochatoma Paravicino.

Por su parte, el mandatario regional, señaló que el GRA invertirá un mayor presupuesto en el Sitio Arqueológico de Wari, a fin de brindar mayores condiciones para recuperar este atractivo turístico que cuenta con una ingeniería de gran nivel y se espera que con la creación de una unidad ejecutora se logre conocer el esplendor del imperio Wari, en su real magnitud.

En las próximas semanas se presentarán los nuevos hallazgos de la expansión de la cultura Wari y la administración que esta tenía, los cuales fueron encontrados en el sector de Vegachayoq Moqo, ubicado en el interior del complejo arqueológico Wari.

El responsable de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ayacucho, Mario Cueto Cárdenas, precisó que estos hallazgos están a cargo del catedrático de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, José Ochatoma Paravicino, quien se ocupó de realizar estudios donde se evidencian los avances de los wari y la presencia de la cultura antecesora que es Warpa.

“Presentó un informe y prepara una exposición de los nuevos hallazgos de los wari, que nos permitirá conocer espacios desconocidos, porque de Wari apenas se conoce la ciudadela, hay más misterios que nos dejarán conocer sus sistema económico y cultural”, aseveró el experto.

Por su parte, el titular de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (Dircetur), Juan Arango Claudio, informó que con estos hallazgos, el descubrimiento de este imperio apenas llega a un 5% o 10%, por eso reiniciaron con los trabajos en el mismo espacio de Wari que se encuentra a 23 kilómetros de la ciudad de Ayacucho, en el distrito de Quinua, provincia deHuamanga.

“Pese a los esfuerzos realizados, de la cultura Wari se conoce un pequeño porcentaje que no supera el 10%, pero esperamos que estos avances nos permita una mayor afluencia turística, porque se está poniendo en valor todos estos espacios histórico”, resaltó.

Histórico descubrimiento arqueológico de cultura Wari en Huarmey

Se trata de una cámara funeraria con 63 momias y más de mil valiosas piezas arqueológicas. Profesionales PUCP, junto a especialistas de la Universidad de Varsovia, venían trabajando en la zona desde el 2002. Conversamos con el profesor Krzysztof Makowski, asesor científico del proyecto.

“Es la primera tumba intacta Wari que merece el calificativo de imperial. No tiene comparación con todo lo hallado anteriormente”, anuncia categórico Krzysztof Makowski, asesor científico del proyecto arqueológico responsable del hallazgo.

El también docente y ex decano de la facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP, nos contó cómo fue el paciente trabajo junto al equipo de investigación de laUniversidad de Varsovia, antes de descubrir la valiosa tumba. “Trabajamos en el valle de Culebras, cercano al de Huarmey, desde el año 2002. Pero es desde el 2010 que nos trasladamos al Castillo de Huarmey, el cual nunca fue excavado de manera sistemática por ningún otro proyecto”, relata.

El trabajo conjunto de Makowski con la Universidad de Varsovia nace a raíz de los numerosos seminarios de posgrado que dicta nuestro docente. Justamente Milosz Giersz, director de este proyecto arqueológico, fue un alumno suyo, así como el codirector del proyecto Roberto Pimentel, egresado de nuestra Universidad.

Se pensaba que el área donde se encuentra el Castillo de Huarmey y el mausoleo descubierto pertenecía a la cultura Moche, pero el equipo liderado por Giersz desmintió esta hipótesis. “La pirámide ya evidenciaba potencial vinculación con lacultura Wari, pues si bien estaba hecha con adobes norteños, la manera en cómo estaba construida era muy diferente. Los muros estaban unidos a la pendiente mediante un entramado de grandes vigas de madera (de 7 metros de longitud). Además, los escalones estaban revestidos de piedras, a la manera serrana”.

Al pie de esta pirámide se encontraba un palacio con altos muros, con pórticos, plataformas, rampas, plazas, entre otras instalaciones. “Nos hemos dado cuenta de que estamos frente a importante centro político, compuesto de un palacio al pie de un inmenso mausoleo, probablemente construido para rendir culto a las cabezas de linajes vivientes, lo que era común en la cultura Wari”, añade.

El mausoleo

La excavación hecha por arqueólogos y bioantropólogos peruanos y polacos fue producto de un arduo y fino trabajo. Se hicieron exploraciones en zonas aledañas con la finalidad de conocer el contexto y analizar los hallazgos como parte de un todo.

En la cámara funeraria, el equipo descubrió 63 fardos de mujeres nobles, los cuales habían sido depositadas secuencialmente y sepultadas de acuerdo al ritual serrano.“Es la primera vez que tantas personas se sepultan en lugar monumental, separados de otros cementerios de la misma época, que están sobre el llano. Se trata de una población que, de manera consciente, se separa del resto”, explicaMakowski. “Este monumento domina todo el valle, está ubicado en un espacio público, en la capital, donde se demostraba el poder”.

Cada una de las momias era una Wari de importante linaje. Llevaba consigo orejeras de madera finamente caladas y trabajadas con metales preciosos. Tres de ellas, las más importantes y posibles reinas Waris, estaban ubicadas en pequeñas cámaras, a manera de cubículos.

Las diferenciaba el ajuar que guardaban los cofres de junco junto a ellas. Cada uno contenía objetos de tejer, finos telares tallados y orejeras incrustadas con piedra semipreciosas. Además, se hallaron vasijas, cerámicas, un kero similar a la piedra de Huamanga esculpido e incrustado, caleros y diversos artefactos de madera, cobre, oro y plata.

Planes a futuro

Si bien hace falta material para fechar con exactitud la cámara funeraria, las evidencias de estos objetos se ubicarían entre los 750 y 850 D.C., según el profesor Makowski. “El siguiente paso es definitivamente un intenso trabajo de análisis. Estamos en contacto con los mejores especialistas en genética para analizar la distancia genética entre estas mujeres y entre los individuos de otras cámaras funerarias”, afirma.

Una buena noticia es que, gracias al apoyo de diversas instituciones, los hallazgos se podrán exponer el próximo año. “Todos los objetos serán conservados de la manera más adecuada. Los planes para un museo de sitio se verán más adelante”, señala.

Según el investigador, este hallazgo también nos podrá proporcionar pistas acerca del papel político de la mujer en la época, además de cómo fue la organización dentro del imperio Wari.“Ellos tenían otra manera de gobernar, en lugar de imponer cuarteles y centros administrativos, respetaban los gobiernos locales y aseguraban su fidelidad. Lo descubierto puede tratarse de un monumento de culto de control hegemónico”.

 

Fuente: PUCP