La zona central andina de la América del Sur es uno de los ámbitos más ricos en vestigios de importantes civilizaciones antiguas en todo el mundo. En la antigüedad existieron en esta zona varias culturas muy desarrolladas que, desde muchos siglos antes del comienzo de nuestra era fueron apareciendo y desapareciendo y superponiéndose unas a otras, hasta llegar a confluir todas en una sola, que se convertiría en una de las más importantes civilizaciones de todos los tiempos: el imperio Inca.
Aproximadamente a partir del año 1200 a. C. comienzan a desarrollarse las primeras culturas en la zona de la costa norte del actual Perú. Es en esta época cuando empiezan a surgir los primeros indicios del nacimiento de núcleos poblacionales, pequeñas aldeas que configuran los primeros antecedentes del urbanismo andino. Con el correr de los años, los centros religiosos se van transformando en populosos núcleos urbanos que albergan residencias, mercados, y órganos administrativos, políticos y religiosos. La economía de estos centros se apoyaba primordialmente en el desarrollo y control de grandes extensiones territoriales dedicadas a la economía agrícola y la ganadería, mientras que el mantenimiento específico de los órganos de poder residía en un sistema de tributación del pueblo que incluiría no sólo la aportación de materias primas sino también de la prestación de labores en obras públicas, o prestando servicios a las clases dirigentes.
Se estima que estas clases llegaron a tener riquezas extraordinarias, hecho comprobado con los hallazgos arqueológicos, especialmente de tumbas de señores de la cultura Moche, entre otros. Precisamente esta cultura fue una de las más importantes de la era pre incaica, habiéndose iniciado en la zona de los valles de Chicama y Moche, para luego, alrededor del año 200 a. C. comenzar a expandirse hacia otros valles. Otras civilizaciones de importancia comenzaron a aparecer en diferentes zonas desde el norte de Perú hasta la actual Bolivia, que con el correr de los siglos desarrollarían las bases de la cultura incaica. Pueblos como la civilización Moche, Tiawanaku, Nazca y Chimú, dejaron todo su bagaje cultural como herencia a aquellos que se encargarían de llenar su espacio y desarrollar una cultura que iba a ocupar el lugar, político y territorial, de todas ellas, llegando a convertirse en una de las más importantes civilizaciones de todos los tiempos.
El Imperio inca (quechua Tawantinsuyu, a veces castellanizado Tahuantinsuyo) fue la etapa en que la civilización Inca logró su máximo nivel organizativo y se consolidó como el estado prehispánico de mayor extensión en América. Abarcó los territorios andinos y circundantes desde San Juan de Pasto, al norte, hasta el río Maule, al sur; actualmente territorios del sur de Colombia, pasando por Ecuador, Perú, Bolivia, hasta el centro de Chile y el noroeste de Argentina. El Tawantinsuyu (nombre original que tuvo el imperio) significa en quechua: «las cuatro regiones» y proviene de la división en suyos que tuvo: ‘Chinchay Suyu o Chinchasuyo al norte, Qulla Suyu o Collasuyo al sur, Antisuyu o Antisuyo al este y Contisuyu o Contisuyo al oeste. La capital del Imperio fue la ciudad de Cuzco (conocida como el «ombligo del mundo«), por ser el centro de desarrollo de la etnia Inca desde sus inicios y su fundación -según la tradición- por Manco Cápac.
Luego de este periodo de apogeo el imperio entraría en declive por diversos problemas, siendo el principal la confrontación por el trono entre los hijos de Huayna Cápac: los hermano Huáscar y Atahualpa, que derivó incluso en una guerra civil. Finalmente Atahualpa vencería en1532, sin embargo su ascenso al poder coincidiría con el arribo de las tropas españolas al mando de Francisco Pizarro; estas capturarían al Inca y luego lo ejecutarían. Con la muerte de Atahualpa en 1533 culmina el Imperio Inca, sin embargo, varios incas rebeldes, conocidos como los «Incas de Vilcabamba«, continuarían la lucha contra los españoles hasta 1572cuando fue capturado y decapitado el último de ellos: Túpac Amaru I.
Mediante el uso de un moderno programa de computación denominado DStretch-ImageJ, un equipo de arqueólogos peruanos, liderados por Daniel Castillo Benites y en el que participa la argentina Susana Barrau (funcionaria del Parlamento de su país), ha descubierto una cantidad adicional de pinturas rupestres en la quebrada del Higuerón, a tres horas de camino del centro poblado Mocan, en el distrito de Casa Grande.
“En la cuenca del río Chicama existe abundantes sitios con arte rupestre, de tal manera que la existencia de geoglifos, promontorios y abrigos rocosos, conteniendo evidencias pictográficas constituyen parte de las evidencias arqueológicas aún desconocidas en nuestro medio”, explica Castillo Benites. “En dirección noreste del centro poblado Mocan, entre los límites geográficos de la parte baja del valle Chicama y las primeras estribaciones andinas se ubica este sitio arqueológico. El lugar tiene una vegetación arbustiva que sobrepasa el metro y medio de altura observándose la proliferación de sapotes (Capparis sp.), destacando la presencia de “higuerones” (Ficus urbaniana), cuyas raíces cuelgan en uno de los principales acantilados, de allí su nombre”, acotó.
Si bien estos restos arqueológicos fueron reportados en 1992, la tecnología ha permitido vislumbrar la existencia de mayor cantidad de pinturas rupestres. “A través de una cámara digital y con este software que fue usado inicialmente por la NASA, podemos avizorar más pinturas que estaban ocultas al ojo humano. Hasta el momento, sólo hemos registrado un 50%”, precisó. “Es un arte plasmado al aire libre, que tiene que ver más con el culto a la naturaleza, al agua, a los cerros, a los apus, a diferencia de las pinturas rupestres de Altamira que es un arte mayormente encerrado”, precisó.
El arqueólogo destacó la importancia de la participación de los gobiernos locales en la puesta en valor de estos recursos arqueológicos, en coordinación con el Ministerio de Cultura. “La Ley de Desarrollo Turístico enfatiza el rol de las municipalidades en el desarrollo del turismo, con el personal preparado y adecuado. La parte neurálgica es la búsqueda de financiamiento para la puesta en valor de estos sitios. Las municipalidades pueden involucrar a las entidades privadas en la preservación de nuestro patrimonio”, exhortó Castillo Benites
Otra de las tareas de los gobiernos es coordinar con la comunidad y establecer planes de concientización a nivel de centros educativos a fin que las nuevas generaciones se sientan orgullosos de nuestro pasado. “En Poro Poro-Udima- Catache- Cajamarca lugar que también fue visitado, la comunidad misma se ha organizado para evitar la depredación de sus recursos arqueológicos”, acotó.
NUEVAS INVESTIGACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN ESTUDIOS DE ARTE RUPESTRE PERUANO
Estudios de Arte Rupestre
Noticias del mundo 2
Editado por
Paul G. Bahn y Angelo Fossati
2003
Dr.Jean Guffroy
Investigaciones en el pasado
Con la excepción de algunos sitios famosos (Toquepala, Toro Muerto…), los cuáles son frecuentemente mencionados en libros sobre arqueología Sudamericana, el arte rupestre que existe en el Perú permanece pobremente conocido para los poco especialistas. Y todavía ambos: el número de sitios ya descubiertos (varios centenares), y su distribución en las tres grandes zonas ecológicas (La costa, Andes, bosque tropical) y sobre una línea de tiempo (probablemente más de 6000 años) indica su importancia en el contexto cultural andino.
La tradición más temprana conocida al presente, donde el estilo es figurativo, solo han sido identificados en los departamentos del sur del país (Moquegua, Tacna, Puno y Arequipa). En el sitio de Toquepala (Muelle 1969, Ravines 1986), el mejor estudiado hasta ahora, estas imágenes en la roca parecen estar asociadas con ocupaciones que datan entre 4500 a.C. y 3500 A.C. Las pinturas, generalmente hechas con pigmentos de rojo oscuro, representan escenas de cacería con camélidos en movimiento, los animales están reclinados o heridos por proyectiles, y diseños antropomorfos cogiendo armas en sus manos. El estilo de estas pinturas y el tema descrito los asocia claramente a una tradición andina cuya distribución cubre los territorios actuales de Bolivia y Argentina tan lejos como La Patagonia. Una de las principales peculiaridades de las tradiciones y manifestaciones norteñas es la ausencia de manos pintadas en negativo que son muy abundantes en el sur.
El vínculo que existe entre las pinturas de Perú sureño y los de Patagonia, apartados por centenares de kilómetros, es confirmado por la similitud de las evoluciones que tuvieron lugar en las dos regiones, posiblemente durante el 4º milenio A.C. La mayoría de las escenas pintadas representan animales estáticos, a menudo preñados, algunas veces acompañado por seres antropomorfos pequeños. Los sitios contienen figuras de este estilo extendido en el centro del Perú. Donde uno encuentra los sitios más representativos conocidos al presente (Cuchimachay, Chuquichaca…). La naturaleza exacta de las relaciones mencionadas, sobre un período de varios milenios, por los grupos de cazadores recolectores que se establecieron en diferentes partes de los Andes sureños, permanece en una de las fundamentales preguntas por resolverse.
En el mismo Período, en una región vecina de los Andes centrales (departamentos de Huanuco, Pasco y Junín), desarrollo una tradición algo diferente, con más descripciones esquemáticas (estilo semi naturalista). El tema de cacería permanece predominante (con la apariencia de diseños de cérvidos), pero la frecuencia de signos y figuras geométricas es claramente superior en las tradiciones precedentes. Las figuras continuaron pintándose, dentro de refugios o en paredes, durante los siguientes períodos prehispánicos y hasta la conquista española. Las pinturas ahora representan seres sobrenaturales; diseños antropomorfos llevando a cabo diversas actividades, así como también una gran variedad de animales y signos geométricos. Estos temas están próximos a esos dibujados en el período de las piedras grabadas, pero también algunas veces sobre otras superficies (pinturas al fresco, cerámica, textiles.), La distribución de las dos formas de representación en el arte rupestre parece corresponder a tradiciones culturales específicas que se expresó en un predominio de grabados en la zona costera y una presencia más notable de pinturas en los altos Andinos y en el lado amazónico.
Ciertas figuras grabadas, como los petroglifos en el sitio de Jaqui Withy en el valle de Salcedo (Puno), estudiado por Bustinza Chipana (ninguna fecha) pudieron haber sido hechas durante el pre ceramico (¿alrededor de 5000 A.C.?). Sin embargo, estas figuras, las cuáles son comparables en algunos aspectos a las pinturas de los Andes sureños. Permanecen aislados, en nuestro estado presente de conocimiento. La tradición más antigua identificada claramente, la cual esta presenta en varias docenas de sitios, aparece algunos milenios más tarde, en otra región: Los valles de costa de norte de Perú. Estos petroglifos están actualmente atribuidos para el período Formativo (2 º milenio A.C.), Las figuras de este grupo A, frecuentemente de gran tamaño, son encontradas en un sector relativamente restringido de la costa norte que es propia del área cultural Cupisnique. Una primera difusión de las tradiciones hacia el norte (al menos hasta la provincia Ecuatoriana de Loja) y hacia el sur (Costa central peruana), posiblemente ocurrió al final del período Formativo (Siglo 3 y 2 A.C.). Esta difusión debió de ser acompañada por un cambio en el estatus, expresado, entre otras formas, por la aparición de algunos grandes sitios conteniendo varios centenares de piedras grabadas. Las figuras de este período (grupo B) (siglo 2 a.C.). En particular, uno ve una mayor diversidad de animales representados (insectos, peces, aves, serpientes, arañas, mamíferos, pequeños…) así como también símbolos y motivos geométricos. Las figuras, frecuentemente de tamaño pequeño, son a menudo asociadas cada uno con otro por medio de líneas grabadas con motivos complejos que son difíciles de descifrar. En los sitios más grandes, que están constituidos por templos al aire libre (Gruffoy 1980-1981), las piedras grabadas parecen ser distribuidas por el tema y son a menudo asociadas con rocas presentando grandes superficies planas cubiertas con cúpulas y surcos pulidos, los cuales pudieron haber sido usados en prácticas de sacrificio y adivinamiento. La distribución de los sitios más grandes, en su mayoría localizados en la zona ecológica de Chaupi Yunga (4000 – 1500 m.s.n.m.), sugiere una asociación cercana con rutas de comunicaciones, corrientes de agua y zonas de cultivos de coca (Gruffroy 1999). Estos sitios de arte rupestre están presentes en casi todos los valles costeros del norte y el centro del país, algunas veces en forma de algunas aisladas rocas grabadas, pero más a menudo acompañadas por un sitio predominante por sitios más pequeños en relativa proximidad.
La última fase de desarrollo de arte grabado pre colombino concierne a las regiones del sur del Perú, indudablemente después del 7º siglo D.C. Los sitios ahora comprenden generalmente un número relativamente grande de rocas grabadas, y pueden ser realmente gigantescos, como en Toro Muerto con sus más de 5000 bloques grabados y hasta 150 dibujos en la misma superficie. Las figuras de este estilo en su mayor parte representando animales (camélidos, serpientes de felinos, aves), signos y humanos en diversas posturas. El esquema, en la yuxtaposición y las superimposiciones, les da un aspecto pictográfico peculiar. Sin embargo los temas bosquejados todavía exhiben algunas similitudes principales con el de los estilos anteriores. Los sitios de este período son a menudo utilizados – al menos parcialmente – como cementerios. Aunque la conquista fue la responsable de la virtual desaparición de tradiciones culturales locales, ambos la frecuentación conocida de ciertos sitios y la presencia de glifos en fachadas de las iglesias presencian una supervivencia de estas prácticas – quizá con objetivos particulares – durante el Período colonial.
Estas imágenes en la roca han sido el tema, desde el siglo 16, de referencias y númerosas menciones , entre los cuales las más notables de estas hechas por viajeros y científicos del último siglo como P. Desjardins, T. Huchinnson, E. Middenforff, A. Raimondi, G. Squier o C. Wiener. En el siglo 20, más de cincuenta artículos fueron asignados al tema. Entre el más reciente y el más notable, se puede mencionar el trabajo de Bonavia en Cuchimachay (1968,1972 en cooperación con Ravines); De Bueno en las pinturas y tallas del río Chinchipe (1982, en colaboraciones con Lozano); De Cardich (1962, 1964) en la zona de Lauricocha; De Linares Malaga (1960, 1973, 1978) en Toro Muerto; De Pimentel (1986) en los petroglifos del río Jequetepeque; Ravines en Las Pinturas de Toquepala, Caru y Diablomachay (1986 en cooperación con Muelle) (1967) (1969);Así como también mi trabajo de los petroglifos del sitio de Checta (Gruffoy 1979, 1987).
Sin embargo, la mayor parte de esta investigación ha sido limitada más o menos por las descripciones detalladas de un sitio o la colección de sitios, sin consideración de más preguntas generales que el del significado y función de estas descripciones. Las contribuciones más interesantes, de este punto de vista, son los de Cardich (1964), Muelle (1969) y Ravines (1967,1969) de lo que concierne a pinturas. Y los de Krickeberg (1949), Linares Malaga (1966) y yo (1980-81, 1987) en sitios de petroglifos. Una mención muy especial debe estar hecha del considerable trabajo ejecutado por Núñez Jiménez (1986) que hizo una visita detallada de más de setenta sitios de petroglifos distribuidos sobre todo el territorio entero, y registrado miles de petroglifos a través del esbozo y la fotografía. A través de la abundancia y la calidad de sus ilustraciones, este estudio es una fuente indispensable para cualquier investigador interesado en el tema. Recientemente (1999), y con base en una recopilación de anteriores trabajos, he publicado el primer libro que trata de establecer una síntesis de todo el arte rupestre presente en el actual territorio Peruano.
Nuevas investigaciones y descubrimientos
La información presentada aquí compromete a algunos de los recientes descubrimientos casuales, y algunos programas de investigación de temas y sitios específicos, o algunos ejemplos de valorizaciones y publicación. Estos datos tienen una distribución muy irregular, en términos de geografía (el predominio de investigación en la costa del norte), y cronología (ningún nuevo dato concerniente al arte primario de pintura del sur del país). Sin embargo, porque actualmente no vivo en Perú, es posible que algunos descubrimientos recientes, los cuáles no están a menudo ampliamente difundidos, no sean conocidos por mí, las disculpas pertinentes anticipadas para los lectores y los investigadores.
La Costa Norte
Es en esta región, y mejor dicho en los valles de los ríos Chicama y Moche, ya rico arte rupestre, que han sido anunciados el máximo número de recientes descubrimientos (Fig. 1).
La Quebrada «El Higueron»
Uno de los conjuntos de grabados y pintura rupestre más importantes registrado en los últimos cinco años, fueron descubiertas por un grupo de cazadores en un lugar llamado la Quebrada «El Higuerón», ubicado en el valle del río Chicama, a 15 Km. del pueblo de Pampas de Mocan (provincia de Ascope). Este sitio es actualmente estudiado por Daniel Castillo Benites (Universidad Nacional de Trujillo) quien ha publicado una breve descripción del sitio (2000). Mientras la presencia de petroglifos no es sorprendente en esta región, donde ya varios sitios se han registrado (La Laguna, San Bartolo, Chuquillanqui, Pampas de Jaguay), la existencia de pinturas rupestres, con una iconografía muy peculiar, constituye algunos nuevos datos de gran interés.
De acuerdo con la descripción dada por Castillo Benites (Ibíd.), las pinturas están distribuidas en áreas rocosas que están relativamente distantes una de cada otra. La densa vegetación es de tipo estepario espinoso. En un promontorio hay dibujos de dos seres antropomorfos con atributos sobrenaturales, de diferentes tamaños, con un contorno muy peculiar: La cabeza cuadrangular con rasgos aparentemente felinicos coronado por una cresta, brazos levantados, abdomen distendido, pene y testículos colgando, rodilla abultadas en las articulaciones, pies dibujados de perfil (Fig.2) Sus contornos son muy similares, pero no obstante los dos personajes son realmente diferentes en el tratamiento del dibujo. En uno de los personajes antropomorfos, aquel de 75 cm. de altura, los contornos así como también algunos elementos de la cara están pintados en negro mientras que el cuerpo esta cubierto en rojo oscuro. Su torso está cubierto en círculos punteados que parecen bosquejar un felino. Estos mismos motivos, pero más pequeños, acentuado sus hombros y el contorno de su extremidad superior asimétrica, que parece el tentáculo de un pulpo. El contorno y las características de la cara del segundo personaje, mas pequeño están pintados en rojo claro, mientras que el interior del cuerpo no parece haber sido pintado. Diversos signos, los cuáles son indescifrables en la foto publicada (Ibíd.), fueron pintados en rojo sobre el torso.
El segundo sitio es un gran abrigo rocoso en el cual los motivos geométrico estan pintados en negro y rojo, arriba en el cielo raso. De acuerdo con la descripción de Castillo Benites (Ibíd.). El panel principal esta hecho por cuatro círculos concéntricos enlazados por una doble línea tangencial. Hay también otros motivos como líneas en zig zag pintadas en negro y rojo. Así como también algunos rastros de ocupación cercana que datan de varias fases del Período Formativo (primer milenio A.C.) Han sido también descubiertos. Según Castillo Benites, algunos de estos vestigios proporcionan evidencia de la llegada de tradiciones culturales de los alto Andinas.
En mi opinión, ambos la iconografía y el contexto de estas pinturas los vincula muy claramente al arte rupestre del sitio de Monte Calvario, localizados en el valle alto del río Zaña, uno de los sitios que hasta ahora había constituido el único ejemplo claramente identificado de arte rupestre del Período Formativo (Gruffroy 199:55-58). En las paredes de este sitio esta bosquejado un conjunto de personajes con estilo del Chavin Clásico, asociado con personajes zoomorfos (Felinos y probables batracios) en un estilo cercano al tardío de la Cultura Recuay (Mejia Xesspe 1972). Algunos petroglifos de estilo Chavín, así como también un importante centro ceremonial ocupado para una larga parte del período Formativo, han sido también descubiertos cercanamente. Aunque los personajes bosquejados en los dos sitios son algo diferentes, en ambos casos nos encontramos con bosquejos policromados de personajes sobrenaturales con características felinicas. Las figuras de la quebrada El Higuerón que, de acuerdo con la cronología relativa, podría ser más reciente, se muestra muy lejano respecto a los cánones clásicos del estilo Chavin, especialmente en el tratamiento del contorno, pero los rasgos faciales y el dibujo de los pies permanecen comparables. También pienso que es significante los motivos de ocelotes que aparecen sobre el torso del personaje principal, en el valle de Chicama son similares a aquellos dibujados sobre los pequeños felinos del Valle de Zaña. Estos dos sitios están localizados en sectores que, durante parte del Período Formativo, pertenecieron a la misma zona de influencia cultural Cupisnique, y experimentaron una similar historia de desarrollo. Sin embargo, sus peculiares características iconográficas parecen dar soporte a la atribución que estas pinturas para la fase final de este Período fue marcado por la transición de la cultura del Horizonte Temprano (Siglo 5-3 a.C.). Este comienzo, del Intermedio Temprano (Siglo 3 – 1 a.C.). Esta atribución, que nos sugiere Monte Calvario por la yuxtaposición de pinturas de los dos estilos (Cupisnique/Chavín y Recuay), parece justificada, en el valle de Chicama, por la naturaleza compuesta en las figuras antropomorfas. Este período (Siglo 3- 2 A.C.) corresponde a todo lo largo del territorio para el momento de rompimiento y evolución, asociado con principales movimientos de personas. Fue en este mismo contexto cultural que el arte grabado en las rocas -el cual se levanta el área cultural Cupisnique-experimento su principal difusión, fuera de la Costa Norte. Teniendo en consideración la cronología de las ocupaciones humanas en el valle Chicama, estas pinturas podrían ser conectadas específicamente con la llegada de los portadores de la tradición cerámica Salinar, la cual reemplaza la tradición tardía Cupisnique, al conservar algunos temas iconográficos. Las relaciones de esta región con los Andes en el departamento vecino de Cajamarca (Tradición Layson) son importantes en este Período.
Quebrada de Cupisnique
Un descubrimiento ligeramente anterior (Chauchat et.al 1998), hecho en la parte baja del valle de Chicama, podría posiblemente formar parte de la misma tradición. Es un refugio rocoso considerablemente grande (10 m x 6m x 3.5 m), localizado en la parte alta de la quebrada de Cupisnique, cerca del lugar llamado Quebrada Honda (PV22 – 164). Las pinturas en rojo y gris/negro representan motivos geométricos, y especialmente paralelos, líneas en zig zag y ondulantes. La presencia de algunas piezas líticas sobre el piso del refugio y pequeñas muescas de molino, así como también la ausencia de material cerámico, permitió a los autores (Ibíd.:159) asociar- hipotéticamente- estas pinturas a la cultura del Paijanense Pre ceramico. Este conjunto, sobre un estudio inicial, me parece (Guffroy 1999:64) muy cerca a los estilos de pinturas y grabados tardíos, los cuales son particulares en los de Andes de Cajamarca (Algodonal, Callapuma, Cumbemayo). El parecido de estas figuras con el motivo geométrico de La Quebrada de El Higueron, así como también su relativa proximidad geográfica, sugiere aún más algunas filiaciones culturales precisas, y parecen posiblemente de origen andino, datando para el primer comienzo del Intermedio Temprano.
Quebrada de Alto de las Guitarras Kaulique, Fernández-Davila Lopez, McKay Fulle y Santa Cruz Gamarra (2000) recientemente han anunciado el comienzo de algunas investigaciones muy interesante en el sitio de petroglifos de Alto de las Guitarras, ubicado en la misma región como los sitios precedentes, entre el valle de los ríos Moche y Virú. La metodología de trabajo que ellos propone para aplicar, basado en los conceptos de «arqueología del paisaje», parece suficientemente exhaustiva y rigurosa para proveer provechosa información acerca de este sitio, el cual es uno de los sitios mas importantes de petroglifos en el Perú. En particular, uno podría esperanzarse en tener un mejor entendimiento de la utilización del sitio, y el destacamento del agrupamiento temático. Este acercamiento, comparable para el que utilizamos en el sitio de Checta, debería poder especificar las características de los «templos al aire libre».
Uno de los puntos centrales de interés en el sitio de «Alto de Las Guitarras» consistió en la aparente longevidad de su utilización, el único ejemplo correctamente documentado de este tipo. Además que estas figuras que representan el Período Formativo, ejecutadas durante el primer milenio AC, uno puede reconocer petrología de un posterior Período: Moche, Chimú y aún quizás Inca – Chimú. Este es también el más antiguo de los grandes sitios de petroglifos (más de 100 piedras grabadas) registrados en Perú, y su estudio adecuado puede traer nueva información acerca de los usos y funciones de tales sitios. Otro punto interesante es su ubicación geográfica y ecológica, la proximidad de algunas antiguas rutas de comunicación, y la existencia de otros sitios de petroglifos en relativa proximidad.
El Norte – La Región Amazónica
La región de Jaén
Los sitios de Arte Rupestre existentes en las cuestas orientales de los Andes permanecen generalmente muy pobremente conocidos. Posturas y problemas específicos de interpretación. La existencia de conjuntos principales de arte rupestre en la provincia de San Ignacio (Dep. de Cajamarca), y particularmente más en la cuenca del río Chinchipe, ya han sido señalados por numerosos autores. Un nuevo descubrimiento parece haber sido hecho por Wilmer Mondragon (Universidad Nacional de Trujillo), cerca del pueblo de Jaén, en la rivera del río Marañon. A pesar de la ubicación imprecisa que se me ha sido reportada, las fotos que he visto muestran la existencia de varios paneles de pinturas hasta ahora desconocidas. Las figuras, pintadas en varias sombras de rojo, representan contornos humanos que generalmente tienen sus piernas y brazos extendidos; seres antropomorfos con características sobrenaturales; algunos animales, así como también signos geométricos. Este conjunto parece estilísticamente ser copiado en la región (Quebrada Gramalote, El Faical, Shipal) pero con algunas notables peculiaridades iconográficas (Bueno Mendoza y Lozano 1982), particularmente en el diseño de seres sobrenaturales (Fig.3)
La Región Central El valle del río Lurín
En el transcurso de su investigación en el valle del río Lurín, Eeckhout (1997) reportó la presencia en dos sitios de piedras grabadas cubiertas con marcas de tacitas, ya conocido por el nombre de Antapucro (Núñez Jimenez 1986:2, 17-22), las piedras con cúpulas ocupan una posición ligeramente fuera del centro en relación a los petroglifos y son asociadas con algunas plataformas pequeñas. Algunos restos de cerámica, fechados para el Período Intermedio Temprano, están presentes sobre las piedras grabadas. Algunas rocas inscritas con tacitas han sido encontradas en la morada del sitio de Chaymayaca, ubicada en la margen opuesta. Este extenso asentamiento parece haber sido ocupado desde el Horizonte Medio hasta el Período Inca.
Estos petroglifos recuerdan aquellos grabados en el valle del río Chillón, en el sitio de Checta (Guffroy 1999:126-128), y probablemente perteneciendo al mismo conjunto estilístico (Grupo B).Uno de los elementos importantes reportados por Feckhout (Ibíd.:549) es la presencia, en el sitio de Chaymayaca, de plataformas que parecen haber estado dedicadas para la quema de hojas de coca, utilizadas como ofrendas para el dios Pariacaca. El también nos recuerda la existencia de un camino conectando los valles de los ríos Lurín y Rimac pasando por el sitio de Cocacharca (literalmente: campo de coca). En lo referente al texto de Francisco de Avila, el supone que la ofrenda de hojas de coca recientemente maduras proveídas en algunas ocasiones por personas de diferentes valles para encontrarse en Chaymarca, donde ceremonias importantes tomaban lugar. Aquí encontramos tres de los factores que son frecuentemente más asociados con los petroglifos de la región de la costa peruana: La proximidad (a) a un rio, (b) de una ruta de comunicacion, y (c) zonas de cultivo de coca. Estos datos también confirman la importancia de rocas con marcas de tacitas en prácticas rituales asociadas con el uso de estos sitios. También debemos mencionar la reciente publicación de un artículo por Rick (2000) acerca del arte rupestre de los Andes Peruanos, en el cual, entre otras cosas, él nos recuerda acerca de dos proposiciones concernientes a la ubicación de pinturas que parecen ser significantes en relación a su uso; la ubicación de una gran cantidad de sitios a una altitud cerca a los 4000 m. así como también su asidua asociación con refugios pocos profundos; la presencia de pinturas en cuevas profundas permanece muy raras.
La región sureña
La región de Arequipa
CIARQ (El Centro de Investigaciones Arqueológicas de Arequipa) ha anunciado el lanzamiento de un programa de investigación en la relación entre petroglifos y los antiguos caminos pre hispánicos. Esta asociación parece significante en ciertos sitios de la región, como Cullebrillas, La Caldera y Mollebaya. Este programa de investigación puede ser consultado en la Internet (http://angelfire.com/peCIARQ).
Para concluir este rápido panorama, nos gustaría expresar la esperanza que estos recientes descubrimientos y estos programas de investigación dirigidos a un tema o sitios específicos, anuncien un desarrollo absolutamente necesario y un renacimiento del campo de estudios concernientes al Arte Rupestre Peruano.
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Arte Rupestre del Peru Inventario general 88p. INC Lima
Rick, J.
2000
Nuevas perspectives del arte rupestre en la sierra Peruana UNAY RUNA, revista de Cencias Sociales Nº 4: 15-22 Lima
Sitios Sacros
CONJUNTO ARQUEOLOGICO HUASOCHUGO – JULCAN
El conjunto arqueológico Huasochugo se extiende a lo largo de 5 Km. sobre la cresta de tres salientes y planicies del cerro del mismo nombre, ubicándose en la margen izquierda del río La Vega, perteneciendo a la actual Provincia de Julcán (creada mediante Ley Nº 25261 del 19 junio de 1990), distrito de Huaso. Limitando por el Oeste con la parte superior del río Virú, por el Este con Unigambal, por el Norte con Julcán y por el Sur Oyón. Tiene una altitud de 3,739 m.s.n.m. entre los 78º 27´38‘’ de Longitud Oeste y 8º 15´ 12´´ de Latitud Sur.
El asentamiento ocupacional Huasochugo, presenta una variedad impresionante de grandes construcciones en buen estado, las mismas que están circunscritas y unidas a través de corredores y accesos. El tamaño de las edificaciones es variado, presentando muros elevados donde es posible ver características que incluyen una modalidad constructiva de aglutinamiento y planificación de una arquitectura multisectorial, en donde hay existencia de patios y pasadizos angostos, que permiten a grosso modo tener la idea de una arquitectura probablemente de aspecto residencial, de élite o tal vez enmarcado a lo administrativo, sin descartarse la posibilidad de funciones ceremoniales en el lugar.
Entre los aspectos llamativos del sitio arqueológico encontramos la edificación en la cima norte, la cual solo tiene una sola entrada de acceso a la planicie, la misma que permitía ingresar a este conjunto de edificaciones arquitectónicas, que por sus cumbreras aún presentes fueron cubiertas con techos a dos aguas. Todo la cima fue encerrada con un muro perimetral a base de piedra canteada y argamasa de barro, contando con un solo ingreso el cual restringe su acceso a una modalidad de fortificación, en su interior presenta una armazón aglutinada de estructuras rectangulares y cuadrangulares, existiendo presencia en sus muros de puertas, ventanas y hornacinas, todos estos ambientes estaban asociados con amplios espacios abiertos conducidos por angostos pasadizos.
En cuanto a la modalidad constructiva se ha observado que los sitios actualmente presentan diferencias en el tipo de arquitectura; lo que hace pensar en aspectos funcionales para fines administrativos, como también de probables viviendas de elites, se observo en la superficie algunos fragmentos de piedra trabajados “Muiscas” (morteros rústicos), así como chungos y batanes.
La relación existente del valle con la cima del extremo norte de cerro Huasochugo, es una diferencia aproximadamente de 1,300 m. de altura, siendo visible tanto por el Norte como por el Oeste, un profundo abismo que hace imposible el ascenso o descenso por estos lados. Es mas factible hacer la travesía para llegar a esta parte del sitio arqueológico, siguiendo la ruta que viene en dirección sureste, a través de un camino prehispánico adyacente al pequeño caserío de Canras o “Yunyun”. Por su amplitud es probable que se trate de una vía pública de acceso al lugar el cual comunica con otros sitios arqueológicos, también se dirige a los valles costeños que Chao y Virú. Respecto a los caminos prehispánicos, se nota en parte conservados alcanzando más de dos metros de ancho, pasando por terrazas exprofesamente construídas e incluso dentro de campos agrícolas, siendo notorio en la perifería occidental de Huasochugo, diversas secciones del camino principal el cual se conectaba a una red de caminos entre los cuales uno de ellos llega a Oyón, otros se extienden hacia la parte baja en dirección a la costa, uniéndose a “Huacapongo” y “Pueblo Indio” (parte alta de Virú).
Los estudios realizados en la zona norte de Perú en la década del 40 a través del Proyecto Virú, dirigido por Willey (1953), se centraron en la parte media alta y baja de este valle específicamente en la franja costera, entre sus objetivos estuvo la identificación de patrones de asentamiento; pero no hubo una prospección y reconocimiento de los sitios en la parte alta de la cuenca, para así tener una mejor comprensión del desarrollo social y cultural en esta parte limítrofe y natural con la sierra.
Inicialmente las investigaciones en la Sierra norte de Perú son muy escasas y fragmentarias, pero aún así se cuenta con aportes hechos por los esposos Topic (1978, 1979, 1980), quienes en un estudio basado en fortificaciones prehispánicas en la Sierra, abarcaron los valles Virú, Moche y Chicama. Entre sus objetivos fue identificar las fronteras limítrofes de los poderes del norte, así como localizar cambios ocurridos en el tiempo, además versan sobre ocupaciones estratégicas y fronterizas con la costa, sumándose las rutas de mayor intercambio.
Entre los antecedentes del sitio arqueológico Huasochugo se tiene las notas de reconocimiento preliminares que hiciera (Savoy 1970; Zaki 1982), quienes describen la arquitectura de pueblos grandes en la cuenca alta del Virú y Chao, Jaeckel (1983), en base a la identificación de fotografías aéreas le fué posible reconocer una compleja red de antiguos caminos, que se unían en Huasochugo, elaborando un levantamiento planimétrico del conjunto arqueológico; describe cinco principales sectores interconectados que le permitieron identificar características propias para cada lugar, a estas unidades las denominó arquitectura de Elite, clase popular, de función especial, defensiva y de entierro o cementerio (Jaeckel 1983:33)
En la exploración que hizo Jaeckel (1983) observó que en ciertas unidades de los Cerros Chico y Grande, tenían variación en lo que respecta a la cerámica de superficie, presuponía un origen más temprano en el sitio, identificó como Gallinazo a los fragmentos blanco/anaranjado, los fragmentos rojo/blanco considerando como parte de floreros para la fase Moche IV y V, y en cuanto a los componentes de caolín los consideró para las culturas provenientes del Callejón Huaylas, presuponiendo que era la ocupación más larga, por lo menos en algunas partes del sitio. Asumiendo la contemporaneidad y fecha de Huasochugo, considero que podría empezar a acercarse a la configuración general del lugar, con una tentativa referente al aspecto funcional, sus objetivos iniciales dentro del reconocimiento fue evaluar las características básicas de acceso del sitio, reflejado principalmente en caminos, accesos y arquitectura asociada, así como la fortificación del sitio (Ídem 1983:12).
La descripción sobre Huasochugo que Pérez (1994) hace en el inventario de sitios arqueológicos de Santiago de Chuco, reconsidera lo que Jaeckel venía sosteniendo sobre restos de alfarería correspondientes a distintos estilos, destacando fragmentos Virú, Moche IV, Cajamarca I y II, Recuay, Huamachuco, Chimú medio y numerosos tiestos erosionados de uso cotidiano. Con respecto al patrón arquitectónico, observó que estos difieren con los de Marcahuamachuco, principalmente en la forma de construcción de sus galerías y distribución de los recintos con patios selectivos, reconociendo que en el aparejo de los muros existe cierta semejanza. Llega a formular que los restos de cerro Huasochugo se relaciona con la arquitectura de los cerros Chamana, Urumalca, Quinya y Sulcha en Otuzco, Acque y los poblados menores de Larcalle, Calvarío Horcón y Calamarca en Santiago de Chuco, lo cual le permitió plantear la hipótesis de un nuevo desarrollo regional Temprano en la sierra Norte” (Pérez 1994: 242).
La consulta hecha al Dr. Topic (2003) según referencía verbal, manifiesta que el sitio tiene una ocupación en el Período Intermedío Temprano y Período Intermedío Tardío, siendo la mayor parte de la arquitectura probablemente al Período Intermedio Tardío.
De nuestra visita y recorrido en el lugar se ha observado la presencia de fragmentos de bordes y labios que manifiestan cierta homogeneidad con otros lugares de la sierra así como en la costa, donde hay la existencia de ollas sin cuello, otras de cuello corto y expandido, variando de acuerdo a su tamaño.
Lo escasamente reportado hasta la actualidad, mayormente esta centrado en base a la observación del lugar, no existiendo aún excavaciones arqueológicas que permitan aseverar las hipótesis planteadas, a fin de obtener mayor información del lugar. Se requiere de futuros proyectos de investigación enfocando el extenso asentamiento de Huasochugo, bajo una perpectiva y búsqueda de respuestas a las interrogantes sobre su interrelación entre la costa y la sierra, identificar sus diversos períodos, entender los propósitos funcionales de la infraestructura asi como las unidades de soporte poblacional, a fin de considerar la idea del dominio territorial y su amplio radio de patrón regional, buscar las relaciones a tráves de los análisis de diversos recursos disponibles y las evidencias materiales.
Considerando que la mayoría de los estudios se han centrado en la franja costera, (en la década del 40 con el proyecto Virú), dirigido por Willey (1953) tuvo como objetivo identificar patrones de asentamiento, basados en la prospección y reconocimiento de los sitios básicamente en la parte baja y parcialmente en la media alta del valle Virú. En la parte alta no se realizaron ningún estudio a fin de tener una mejor comprensión del desarrollo social y cultural en esta parte limítrofe y natural con la sierra.
Los estudios dentro de la sierra liberteña, proceden principalmente de las provincias de Huamachuco, incluyendo Otuzco, datos que provienen de una sección transversal que se extiende desde la costa hasta el “divortium aquarum”, como resultados de dos provectos iniciales, el primero realizado entre 1977-1980. fué básicamente un reconocimiento de los sitios fortificados, mientras que el segundo, entre 1981 y 1984, se concentró en el área de Huamachuco. Los esposos Topic, basados en el reconocimiento de sitios fortificados en el valle de la costa, revelan puntualmente que ningún sitio fortificado existió antes del período Puerto Moorín (Formativo Tardío). Así mismo el estudio de las fortificaciones prehistóricas en la sierra norte de Perú desarrollada en 1977, tuvo como objetivo la identificación de fronteras y los poderes del Norte, así como localización en los cambios ocurridos cronológicamente, sumándose a ello las rutas de mayor intercambio (Lange Topic y Topic 1981), (Lange Topic et.al 1881); (Topic y Lange Topic 1983, y Topic 1987).
Las investigaciones realizadas al Sur del valle Chao, por Wilson (1987), establece cierta similitud de desarrollo para el Intermedio Temprano, existiendo comunicación con la sierra a través de rutas de interacción entre los sitios habitacionales de trazos rectangulares o polígonos irregulares mucha veces aglutinados, con presencia también de estructuras defensivas siendo el caso de Pampa Las Salinas, Quebrada de Palo Redondo donde evidencia un alto nucleamiento densa población y una vía de comunicación hacia las partes altas (Wilson 1987: 140).
El sitio arqueológico Huasochugo, es uno de los asentamientos ocupacionales de suma importancia, presenta una construcción de características estratégicas, siendo un gran asentamiento segmentado a lo largo de 5 Km. que se ubican en la cresta y planicies de los cerros del mismo nombre. Parte de su geomorfología tiene una relevancia obvia debido la comprensión de su valle interandino con los ríos colectores al río Virú, trayecto en que se ubicaba una serie de pasos naturales o abras que permiten cruzar la cordillera facilitando la comunicación por diversas rutas que lo hacen accesibles con relación a los valles costeños
Las quebradas y colectores que confluyen en el río Virú, permiten tener acceso de ser un camino natural, sumándose los elaborados por la intervención de la mano del hombre, los cuales interrelacionan con otros lugares arqueológicos y estos a la vez con la costa, entre ellos tenemos, por el Sur el camino que conduce a Oyón, siguiendo el trayecto a Chorobal y de allí al valle Chao. Entre la red de vías se suman otros al norte, que bajan al Moche y el camino directo que baja a Virú; pasando por sitios arqueológicos de Huacapongo, y desde este punto a otro asentamiento de importancia en la localidad de Codornada, conocida como “pueblo indio”.
Considerando lo mencionado por Willey (1953), que en el valle Virú existía una concentración de sitios exprofesamente asentados cerca de Huacapongo, valle estrecho con una población de muy alta densidad en una área relativamente pequeña, no descartó una considerable población en la parte baja del valle, las cuales se encontraban esparcidas en una zona mucho mayor. En cuanto a la categoría de sitios que presentaban características defensivas, sostuvo que eran para repeler posibles ataques de las poblaciones de la sierra (Willey 1953: 92-100).
Se ha mostrado que en la costa norte, existió una tradición continua de cerámica, identificado desde el Período Intermedio Temprano hasta el Horizonte Medio (Mackey 1982). La asociación de cerámica con Moche, Cajamarca, Chimú y otras mencionadas por Jaeckel (1983) y retomadas por Pérez (1994), serian un indicador sostenible de las relaciones dinámicas de intercambio e interacción entre la costa y sierra, que se habrían dado una relación muy fluida en los Períodos Intermedio Temprano e Intermedio Tardío (200 años a.C. hasta los 1470 d.C.).
En lo que respecta a la arquitectura en Huasochugo, Jaeckel (1983) sostiene que las muestras del aparejo de piedra bien elaborada y que caracterizan al sitio estaban asociadas con cerámica Moche IV y cerámica doméstica Cajamarca. Es muy relevante la adaptación de la arquitectura a la cima y pendiente del cerro, con el espacio urbano extendido hacia la ladera y cuyo entorno físico adyacente estaría separando una arquitectura de élite de las viviendas comunes. La arquitectura de élite está formada por pequeñas unidades residenciales, compuestas por recintos cuadrangulares conectados entre sí, los cuales tienen pasajes angostos y vanos, banquetas, nichos de cuerpo entero y hornacinas. Algunas de las unidades residenciales presentan batanes y piedras de moler con restos de comida, habiéndose observado huesos de cérvidos (Jaeckel 1983:14).
Se tiene identificado el Período Intermedio Temprano por la asociación observada de fragmentos en superficie, con aspectos arquitectónicos que van desde los muros perimétricos hasta edificios grandes en altura, teniendo varios pisos y recintos agrupados en sub-unidades habitacionales con sus patios y corredores, así como angostos pasadizos, graderías que conducen a diferentes niveles de espacios abiertos, algunos de estos con banquetas. En lo que respecta al Período Intermedio Tardío, se les identifica a recintos agrupados en sub-unidades habitacionales amplias, también con sus patios y corredores angostos en forma rectangular.
Pérez (1994) sostiene que Cerro Huasochugo contiene restos de alfarería correspondientes a distintos estilos, destacando fragmentos Virú, Moche IV, Cajamarca I y II, Recuay, Huamachuco, Chimú medio y numerosos tiestos erosionados de uso cotidiano. Con respecto al patrón arquitectónico, manifiesta que difiere con Marcahuamachuco, principalmente en la forma de construcción de sus galerías y distribución de los recintos con patios selectivos, reconociendo que en el aparejo de los muros existe cierta semejanza. Llega a formular que los restos de cerro Huasochugo se relaciona con la arquitectura de los cerros Chamana, Urumalca, Quinya y Sulcha en Otuzco, Acque y los poblados menores de Larcalle, Calvario Horcón y Calamarca en Santiago de Chuco, lo cual le permite plantear: si ¿ Huasochugo sería parte de un nuevo Desarrollo Regional Temprano en la Sierra Norte?.
El sitio arqueológico Huasochugo destaca geográficamente tanto por su extensión, su arquitectura y planificación, esto hace un asentamiento único de importancia con estas características, dentro de los limites fronterizos entre la Costa y la Sierra, siendo necesario relacionar corredores, depósitos, accesos estrechos y entorno natural. Su ubicación estratégica, sus elementos arquitectónicos así como su protección defensiva señalarían que allí se habría estado controlando la recepción, administración, extracción y producción de bienes procedentes de su medio natural y otros procedentes de intercambios, etc. Los caminos estarían cumpliendo una función de continuo transito al lugar, pues su ubicación fronteriza con la costa permitió que ejerciera desde allí una influencia, interrelacionando con otros poblados y los que se ubican en las partes bajas del Virú como Huacapongo, pueblo indio,por el Sur con la zona de Oyón siguiendo el trayecto por el camino a Chorobal y de allí al valle de Chao. A través de las propuestas hechas por Jaeckel (1983) y Pérez (1994) proporcionan datos sobre Huasochugo el cual se extiende a lo largo de antiguas rutas de tránsito que conectan directamente a la costa, y que el intercambio de productos fue constante a través de estos caminos.
El reporte de Willey (1953) al explorar algunos asentamientos en el valle de Virú, señala un precedente en que la población se concentraba en pequeñas áreas de poblaciones aglutinadas de más de 100 personas, localizadas en muchos sitios dentro de la zona perteneciente a Huacapongo, poniendo de manifiesto que se construyeron plataformas en los cerros, los cuales debieron servir para “protegerse de las probables incursiones de la sierra” (Topic 1982: 258), así como también lugares de amplio control, como miradores que se ubica en la parte más estrecha del valle Huacapongo, siendo hasta la actualidad una ruta de transporte, comercial y agrícola.
Con respecto a los datos de la sierra de la Libertad Topic, inicialmente sostiene que el intercambio de productos entre diferentes zonas ecológicas, fué básicamente un asunto de interacciones en pequeña escala. La expansión política de los Estados fué típicamente un fenómeno de mediana escala en el Período intermedio Temprano, reafirmando que en Cajamarca,en la costa y en el Callejón de Huaylas se encuentran, también. evidencias de interacción entre grupos situados a mayor distancia, esta interacción ha sido interpretada como un intercambio de bienes selectos entre partes iguales. A medida que el estado crecía no sólo tenía acceso a un mayor número de bienes selectos sino, también, más oportunidades para influir sobre las pequeñas unidades políticas fuera de sus fronteras. Los dirigentes de estas pequeñas unidades tenían pleno acceso a los bienes de prestigio sólo a través de los principales Estados que los rodeaban. Al lograr acceso a dichos bienes los dirigentes estaban en condiciones de demostrar ante su pueblo lo elevado de su rango. Sin embargo, al aceptar bienes de Estados mayores los dirigentes se tornaban dependientes. Ocasionalmente esta dependencia era preludio de la absorción del pequeño Estado, aunque en otras ocasiones el Estado importante se contentaba con controlar a «distancia» al pequeño, mediante el manejo de los bienes selectos.
Topic (1985) formula que existió una mayor penetración de la influencia Huamachuco en el área occidental fronteriza con la costa. Donde aprecia en una serie de sitios como; Ochoconday, Cerro Campana Chica, en la cuenca alta del río Moche, además de dos sitios en Cerro Quinga, ubicados en la cuenca alta del Virú, cierto paralelismo constructivo en los de la cuenca del Moche, siendo difíciles de fecharlos los del Virú. Diferencialmente en Cerro Quinga No 2, se evidencia un sitio fortificado en la parte superior de una pequeña meseta, existiendo gran semejanza con Marcahuamachuco. En ambos comparativamente se encuentran galerías curvas a los lados del barranco y galerías rectangulares dispuestas alrededor de patios. Dentro del incremento en la construcción monumental en la fase Huamachuco Temprano va acompañado por una mayor evidencia de la interacción a larga distancia. En la cuenca alta de los ríos Virú y Chao, hay numerosos sitios con arquitectura de varios pisos, que con mayor o menor grado se asemejan a la arquitectura del estilo Huamachuco. Algunos son pueblos grandes como Acque, Huasochugo y Cerro Sulcha (Savoy 1970; Zaki 1982; Haley 1979); otros son fortalezas tales como Mollepuquio y Cerro Churre (Haley 1979). Muchos están asociados con restos de caminos y a veces tienen grandes corrales cercados. Actualmente es difícil relacionar la mayoría de estos sitios con la secuencia Huamachuco. Lo que sí es evidente es que la influencia Huamachuco es menor en la fase Purpucala y creciente a lo largo de las fases Huamachuco Temprano, Amaru y Huamachuco Tardío(Topic 1985:20).
Por su función, Huasochugo debió contar con elementos arquitectónicos en los Períodos Intermedio Temprano y con mayor incidencia en el Intermedio Tardío (200 años a.C. hasta los 1470 d.C.) donde se depositaba los bienes productos del intercambio, así como ambientes amplios para albergar su ganado. De las observaciones hechas por Jaeckel, define algunas de las unidades en residenciales y otras que presentaban batanes y piedras de moler con restos de comida, habiéndose observado considerable cantidad de huesos, probablemente cérvidos, deja entrever la probabilidad de que también estos amplios ambientes hallan albergado camélidos tanto por su lana como la producción textil en su interior, ¿Serian estos ambientes donde se guardaban y conservaban los bienes colectados para su predistribución ? Jaeckel (1983) sostiene que es muy relevante la adaptación de la arquitectura a la cima y la pendiente del cerro, donde el espacio urbano se encuentra extendido hacia la ladera, cuyo entorno natural estaría separando una arquitectura de élite con relación a las viviendas comunes. La arquitectura de élite formada por pequeñas unidades residenciales compuestas por recintos cuadrangulares conectados entre sí, los cuales tienen pasajes angostos y vanos, banquetas, y hornacinas. Algunas de las unidades presentaban batanes y piedras de moler con restos de comida (Jaeckel 1983:14).
Otra consideración es «El clima y la altura fueron también los factores naturales aprovechados en beneficio de la economía local» (Matos 1994: 255), entendiéndose que dentro de los factores de productividad e intercambio, el procesamiento de productos para clasificación, seleccionados, secados y para facilitar la conservación dentro de las labores de distribución de bienes, se tenia en cuenta el contraste entre el frió nocturno y la radiación solar diurna, permitiendo trasformar los productos frescos en alimentos deshidratados, posibles de ser conservados por uno o mas años (Ibíd; 255). Dentro de este mecanismo de producción e intercambio es factible la probabilidad de que las áreas amplias hayan sido aprovechadas en una de estas modalidades. Otro elemento arquitectónico presente en Huasochugo son algunas banquetas, que fueran descritas a grosso modo por Jaeckel (1983) y Pérez (1994), las cuales son construcciones exprofesamente construidas a otro nivel con relación al piso, teniendo una conformación elevada, ¿Habrían estado estas ocupadas por representantes de la elite que controlaban la recepción y distribución de los bienes? Brennan (1978) reporta en su sitio de estudio en la costa que el uso de banquetas se halló tanto para contextos domésticos como no domésticos, en este último caso tuvieron un buen enlucido y conformaban complejos de diferentes elevaciones. Ante la presencia de banquetas las opciones se proponen: que fueron usadas para dormir (Topic 1977); que allí se ubicaron los administradores (Shimada 1994, Bawden 1994) o ambas funciones, sin embargo en el contexto arquitectónico de Huasochugo puede plantearse que las banquetas estaban asociadas a estructuras de elites y fueron ocupadas por administradores que supervisaban la movilización de los bienes.
De los resultados de estudios realizados en la primera temporada de Santa Rita (valle de Chao) el sitio está estratégicamente localizado en la parte en que se va estrechando el valle hasta el punto de convergencia de los drenajes. Kent (1998), llegó a identificar en base al estudio de la cerámica una secuencia cronológica y cultural que involucra las épocas Salinar, Gallinazo, Moche, Recuay, Horizonte Medio, Lambayeque, Chimú y Chimú-Inca. Consideramos que Santa Rita, fue un sitio que tuvo mucho que ver con Huasochugo en diversos momentos cronológicos.
Con una adecuada investigación en el sitio se podrá ampliar el conocimiento científico de la sociedad asentada en Huasochugo asi como develar los diversas etapas cronológicas, analizando su arquitectura, cerámica permitiran comparar el patrón de asentamiento con los valles de Virú, Chao y Moche.
DCB