Destinos cercanos a Lima, viajes de un día

HUACHO. Complejo arqueológico de Bandurria, con sus 5000 años de historia
esperan por usted.

Las provincias de Huaral, Huaura y Cañete ofrecen propuestas interesantes que pueden salvarle el fin de semana. Viajes de ida y vuelta. Rápidos, intensos, emotivos. Vamos, anímense, no se queden en casa. Aprovechen los feriados, los domingos o sus jornadas de descanso. Total, no es una tarea titánica. Es cuestión de ponerle ganas, armar la mochila, despertarse temprano y partir hacia ese destino que está aquicito nomás.

LUNAHUANÁ. El extenso valle se ha convertido en refugio predilecto de aventureros y familias que buscan acabar con la rutina.

Olvídese de las preocupaciones. Venza la inmovilidad. Entierre las excusas. No sirve el «me da flojera», el «es muy lejos» o el «me costará un ojo de la cara». Convénzase que hay muchos lugares a los que es posible llegar en esa combi o coaster que pasa cerca de su casa o en ese bus interprovincial que cobra baratito y sale a cada rato.

Si esto no lo termina de animar, recuerde que en la gran mayoría de los pueblos del país hay un conocedor de los secretos de las ollas y los fogones. Por esta sabrosa circunstancia, el visitante encontrará un restaurante, huarique o carretilla, donde podrá degustar un plato bien servido que conquistará su paladar y contentará a su corazón.

Huacho. Museo Arqueológico Regional

Dosis de adrenalina
Pero esa alegría no debería reducirse a los placeres gastronómicos. Es parte. No lo es todo. Dependiendo de la zona elegida, el almuerzo puede ser antecedido con una buena dosis de adrenalina o concluir con una interesante lección de historia. También con varios brindis. No muchos, los necesarios para festejar con guinda, vino o pisco y tal vez cachina (si es que la hay), la acertada decisión de abandonar su quehacer cotidiano. No importa si va hacia el norte chico, a las provincias de Huaral o la de Huaura. Usted decide si busca relajarse en el sur, acaso la vecina provincia de Cañete. Y es que el gozo va más allá de la dirección que tomen sus pasos. Tenga en cuenta que sea cual fuere su destino, siempre disfrutará del aire de libertad que guía y acompaña a quienes transitan los caminos.

Y ya que estamos compartiendo unas cuantas copitas, me atreveré a sugerirle varias alternativas, para que se convierta en el protagonista de uno de esos viajes de ida y vuelta descritos al principio, cuando recién nos conocíamos y hubiera sido una falta proponerle un salud travesía que usted emprenderá por la carretera Panamericana, al terminar de leer esta crónica.

De Lima a Lunahuaná

Pachacamac

Sur. Balnearios. Distritos costeros. Dónde quedarse. Qué visitar. Pachacámac, el famoso oráculo del antiguo hombre peruano que luego fuera habitado por los incas, las ya célebres chicharronerías de Lurín, o las recuperadas lomas de Lúcumo, un oasis de verdor, un milagro de diversidad en el desierto que permite acercarse y sentir la naturaleza.

[stextbox id=»info» align=»right» width=»150″ float=»true» caption=»Si va manejando»]
Ruta sur.

Desde Lima a:

• Complejo
arqueológico de
Pachacámac: 31 km
• Lomas de
Lúcumo: 34 km
• Chilca: 65 km
• Mala: 85 km
• Lunahuaná: 183 km

Ruta norte.

Desde Lima a:

• Eco Truly: 67 km
• Castillo de
Chancay: 81 km
• Paraíso: 135 km
• Huacho: 149 km
• Huaura: 152 km
• Albúfera de Medio
Mundo: 175 km

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Caminata, rapel y observación de aves. Ecoturismo en las afueras de Lima. ¿Se queda o quiere continuar? Nuevas tentaciones. Bienvenidos a la provincia de Cañete y al distri- ros y familias que buscan acabar con la rutina. de respeto, pro lud por la trave po to de Chilca con su templo colonial, con sus pozas de aguas curativas de La Salinas, con su vino de higo y su fama de ser un espacio de acercamiento con seres de otros planetas.

Seguimos hasta San Pedro de Mala. Valle y campiña, plátanos y manzanas, playas (Totoritas, Bujama y La Caleta) y pueblos serenos como Santa Cruz de Flores y Azpitia. Aquí hay río y camarones. Vinos y piscos bien ricos, parecidos a los de Lunahuaná, la capital turística de la provincia, a 183 kilómetros al sureste de la llamada Tres Veces Coronada Villa.

Un tour de bodegas. Degustar y aprender cómo se hace un buen pisco. Caminar o cabalgar. Cruzar un puente colgante. Escuchar la historia de una casa embrujada. Ver los rápidos del río Cañete. Hacer canotaje. Remos y salvavidas. Aventura acuática. Desborde de adrenalina en un distrito que atesora también los recintos del complejo arqueológico de Incahuasi.

De Lima a Huaura

Cambio de ruta. Rumbo norte. La Panamericana. El serpentín de Pasamayo con sus curvas con vista al mar. La provincia de Huaral. La tierra de la naranja huando y, últimamente, de apetecibles chanchitos al palo. Buen provecho, pero no solo eso, hay más: un castillo de estilo medieval de construcción republicana (se inició en 1924 y se terminó en 1935) y una comunidad ecológica hare krishna.

[stextbox id=»info» align=»left» width=»220″ float=»true» caption=»Destinos»]IR AL NORTE
Gran Terminal Terrestre Plaza Norte: Empresas de Transporte Z Buss, Turismo Barranca, San Martín de Porres y Turismo Paramonga. Gastos de movilidad (ida y vuelta): 30 soles, tomando como base Huaura, el destino más lejano. Presupuesto viajero: 110 soles aproximadamente.
IR AL SUR
Empresas: Consorcio Maleño, Soyuz o Perú Bus, Flores Hermanos y todas las empresas que tengan como destino Cañete o Chincha y hagan paradas en la ruta. Gasto de movilidad: 60 soles, tomando como base Lunahuaná, el destino más lejano. Presupuesto viajero: 130 soles aproximadamente.
OTROS
Para visitar Lurín y Pachacámac, no necesita viajar en un bus interprovincial. Hay coasters que se dirigen hacia esos destinos.[/stextbox]
¿Qué le parece? Conocer ambientes inspirados en la Edad Media que hoy son parte de un centro turístico y, luego, acercarse a la filosofía de vida de los aldeanos voluntarios del Eco Truly. Todo a menos de 85 kilómetros de Lima, aunque las opciones viajeras no terminan aquí, se extienden hasta el kilómetro 105, donde se encuentra el desvío hacia el sistema de lomas de Reserva Nacional de Lachay. No se preocupe si ignora el desvío. La carretera le deparará otras sorpresas. Kilómetro 149. Huacho, capital de la provincia de Huaura. La plaza de Armas, la casa Pitaluga, el malecón Roca, el Museo Arqueológico Regional donde se exhibe la momia de un hombre tatuado con figuras zoomorfas y geométricas; y la visita casi ritual al mercado, para comprar las incomparables salchichas huachanas.

Albúferas

Salir de la zona urbana hacia el complejo arqueológico de Bandurria con sus 5,000 años de historia y los espejos de agua de  paraíso, que albergan a 125 especies de aves. O puede dirigirse hacia las albuferas de Medio Mundo, en el distrito de Végueta, donde una laguna formada por las filtraciones de una irrigación, se ha convertido en un refugio de la avifauna.

Tiempo de tomarse un descanso, tal vez en Huaura, en la casona colonial –hoy convertida en museo– que fuera el cuartel general de la expedición de don José de San Martín. Desde su balcón, el generalísimo proclamaría por primera vez la independencia
del Perú, el 27 de noviembre de 1820. Después de tanta emoción patriótica, no cae nada mal una copa de guinda, la bebida tradicional de esta villa.

Y así, con mi copita en mano, termino con mis sugerencias viajeras. Solo me queda desearles buen viaje y albergar la esperanza de encontrarnos en un valle o en una loma, en una orilla playera o en la ribera de un río, en un huarique de sabores exquisitos o en una bodega, para seguir conversando sobre los caminos y los viajes de un solo día.

 

Fuente: Revista Lo Nuestro – Andina

El patrimonio arqueológico del sur de Lima no fue excepción en la cadena de destrozos ocurridos tras el sismo de agosto. Muchas de las más importantes zonas arqueológicas de Lima se encuentran en el sur, en particular en Cañete, Asia, Imperial y Yauyos, y todas se han visto afectadas debido a su cercanía al epicentro. Presentamos un reporte de daños en los principales asentamientos prehispánicos, incas y tempranos, afectados por el reciente movimiento telúrico.

La provincia de Cañete, integrada por 16 distritos, incluye las partes bajas y medias de la quebrada de Chilca y de los valles de Mala, Asia y Cañete, constituyendo una región con diversas manifestaciones culturales prehispánicas. El total de sitios arqueológicos en la zona supera los 800 entre sitios monumentales y conchales.

Si bien el epicentro del sismo se registró frente a las costas de Pisco, el impacto en Cañete también fue intenso, produciéndose daños en monumentos arqueológicos de los periodos tardíos que poseen muros de adobe o barro, las estructuras piramidales sufrieron menores daños. Los más de 300 sitios pertenecientes a los periodos Arcaico y Formativo (5000 a.C. – 200 a.C.), que se manifiestan a manera de pequeños montículos denominados “conchales”, distribuidos entre Chilca y Asia, no han sufrido daños.

El complejo arqueológico La Quebrada, en el valle de Cañete, formado por una serie de plataformas de adobe de hasta 15 metros de altura del periodo Formativo Tardío (200 a.C. – 200 d.C.), ha sufrido el agrietamiento de su superficie y el colapso de dos muros donde la humedad ha contribuido de mala manera.

Los sitios del periodo Desarrollos Regionales (200 d.C. – 550 d.C.) han sufrido algunos daños: el sitio de La Quipa, cuyas estructuras ubicadas en la cima del cerro del mismo nombre y restauradas por Frederic Engel, han sufrido el colapso de algunos muros restaurados. Otro sitio de este periodo es Huaca Malena, ubicado en el valle de Asia. Este ha sufrido el colapso de cuatro muros expuestos y presenta fisuras en la superficie superior del montículo.

Los sitios del Horizonte Medio (550 – 1100 d.C.), compuestos por plataformas de adobes cúbicos hechos a mano como el extenso sitio de Cerro del Oro en Cañete, ha sufrido el agrietamiento de algunos muros, así como fisuras en el piso de las pirámides. Los demás sitios de este periodo, tales como Quisque, no presentan daños visibles.

Los periodos tardíos (1100 – 1532 d.C.) de Chilca, Mala, Asia y Cañete presentan arquitectura de tapia y en su mayoría utilizan muros de barro y piedra. Durante la ocupación inca incorporan grandes adobes hechos en molde. El sitio inca de Bandurria en Chilca, El Salitre en Mala, Uquira, Yesera y Paredones en Asia, así como Huacones, Ungará, Huarco, Imperial y Cancharí, en Cañete, han sufrido el colapso de muros y agrietamientos. En algunos casos, la humedad, la salinidad del suelo o la constante circulación de personas en esos lugares han debilitado las estruc-turas y han provocado la aceleración de su deterioro con el sismo. En Incahuasi, los muros de barro y piedra han sufrido daños en diversos sectores, pero ninguno de consideración. Afortunadamente, el Camino Inca (parte del proyecto Qhapaq Ñan), en Cañete, no ha sufrido daños.

La información sobre la provincia de Yauyos es mínima por el momento, debido a que la mayoría de sitios arqueológicos ocupan las partes altas de los cerros. Sitios como Huamanmarca, en Carania, y Pueblo Viejo, en Omas, entre otros, han sufrido el desplome de algunos muros. Los andenes de Laraos, entre otros, no han sufrido daños de consideración.

Podemos ver, además, que las estructuras piramidales no han sufrido mayores daños. Sólo en el caso de los muros de adobes, debido principalmente a problemas de humedad o estructurales, estos han cedido ante el movimiento.

El Instituto Nacional de Cultura, a través de la Dirección de Arqueología, ha elaborado un reporte de la situación de los principales monumentos, estableciendo las necesidades y preparando los expedientes técnicos que permitan intervenciones de emergencia para la consolidación de los muros, y poder así realizar labores de anastilósis en los sitios afectados.

La población de Cañete no ha sido ajena a esta problemática.

En la localidad de Imperial un vecino denunció el saqueo de dos tumbas (ver foto), y los docentes de San Vicente, apoyados por sus alumnos, han visitado el sitio de Ungara para efectuar labores de remoción de escombros. Por otro lado, en Huaca Malena, con la ayuda de los alumnos del colegio estatal se han iniciado las labores de señalización y limpieza del sendero de visita al sitio, en un claro ejemplo de que el patrimonio cultural de su comunidad debe preservarse porque es un elemento de cohesión aún en los momentos mas trágicos.

Rommel Ángeles Falcón
Arqueólogo INC

Considerada no sólo una joya de nuestra arquitectura colonial sino también involuntario compendio de múltiples estilos —neoclásico, gótico o renacentista—, la iglesia de San Pedro de Coayllo, ubicada a poco más de 100 km al sur de Lima, acaba de perder, durante el reciente sismo de agosto, buena parte de su estructura.

Frisos, retablos, frescos, inscripciones originales, y hasta su antiguo púlpito se han ido para siempre. El siguiente análisis pretende enfocar la historia de este singular monumento.

Una mañana de mayo del 2005 llegué a la comunidad de Coayllo, invitado por el Comité Pro Restauración del Templo, entusiasmado con la idea de ver la imponente iglesia de San Pedro, de la que tenía referencias documentales acerca de su antigua fábrica, dado que su construcción se remonta al último tercio del siglo XVI.

Camino hacia esta localidad, empecé a recordar la manera cómo los españoles ocuparon los nuevos territorios conquistados, promoviendo campañas de extirpación de idolatrías sobre las creencias de los nativos. Como ocurrió en todo el territorio del virreinato, la zona del valle de Cañete y, específicamente, la zona de los coayllo, no estuvo exenta de esta situación, considerando que existen datos históricos sobre la presencia de pobladores que ejercían el shamanismo.

La primera congregación, con fines evangelizadores, que llega a la zona, es la de los franciscanos. Con ellos se construye el templo original, de planta gótico isabelina y, posiblemente, con cobertura de par y nudillo. Como correspondía a la época, el templo fue considerado necesario para la catequización y evangelización de los indígenas del lugar, el cual, por entonces, se había ya convertido en una reducción toledana, cuya finalidad, recordemos, fue conseguir, mediante la concentración de la población indígena, una evangelización intensa, además de facilitarse la disponibilidad y el control de la mano de obra y recaudación de tributos.

Estas reducciones rurales giraban en torno a una gran plaza pública central (plaza mayor), teniendo como elemento constructivo principal a la iglesia, la que se constituía en el centro de la vida comunal y social del pueblo. La iglesia de San Pedro de Coayllo no escapa al esquema y características de los templos rurales, es decir, se edificó con frente a la plaza mayor, contando con un atrio principal y uno lateral y posible cementerio, de una sola nave, probablemente construido con techumbre de par y nudillo, coro alto, sotacoro, presbiterio sobreelevado, sacristía y baptisterio. Una vista fotográfica de la década del 40 del siglo pasado nos muestra los claros elementos renacentistas en la composición de su portada de pies —elaborada con unidades de ladrillo cocidos en el mismo pueblo—, sus torres apuntadas y la simplicidad de la composición en la elevación.

Hasta el 15 de agosto del presente año, la iglesia San Pedro de Coayllo era sin duda una de las más interesantes muestras de lo que fueron las iglesias rurales en la costa de nuestro país, particularmente en la costa limeña. Se presume que su construcción se inició en el último tercio del siglo XVI, existiendo en aquel momento documentos en los que se hace referencia a la doctrina de Coayllo, dato que evidencia que el poblado debía contar con un templo. En un primer momento se proyectó una iglesia con planta renacentista gótico isabelina y techo a dos aguas, muros de adobe y cimientos de piedra con mortero de cal.

Es muy posible que a partir del terremoto acaecido en Lima en 1687, entre fines del siglo XVII e inicios del XVIII, cuando el estilo barroco se hallaba plenamente establecido, la iglesia sufre la reconversión de planta rectangular a planta de cruz latina con brazos muy cortos, así como también la transformación en su volumetría, es decir, se incorporan techos de bóvedas de medio cañón en la nave y presbiterio y cúpula de media naranja en el crucero, manteniendo las portadas renacentistas de los muros de pie y del evangelio (la de pies se perdió irremediablemente el siglo pasado a causa del terremoto de 1970, así como también se perdieron, durante ese suceso, los cuerpos superiores de ambas torres de campanas, según versión de los ancianos de la localidad).

Durante el neoclásico la iglesia vuelve a sufrir transformaciones: se retiran los altares barrocos que adornaron su interior para ser reemplazados por serios retablos que se fabricaban en ese momento. El retablo mayor y los que quedan en las zonas laterales, incluso el que se presume haya existido en la sacristía, muestran mucho de ese estilo, con acentuadas alteraciones posteriores.

Hasta aquí, una remembranza de lo que pude observar, fotografiar e investigar acerca del estado en el que se encontraba la iglesia de San Pedro hasta el día del reciente terremoto.

Con el paso de los años las edificaciones en general, pero en mayor grado las edificaciones patrimoniales, son afectadas por una serie de procesos patológicos producidos por agentes internos que en buena cuenta se vinculan a los propios elementos que componen materialmente los objetos y estructuras de las que están hechos, y, por otro lado, agentes externos, más bien ajenos a la constitución del material constructivo. Estas patologías van socavando la originalidad, autenticidad y estabilidad de las edificaciones, más aún si estas no se encuentran sometidas a un mantenimiento periódico, necesario para prolongar su vida útil.

Entre los agentes internos podemos citar la fatiga de los materiales y las transformaciones físicas o químicas de los mismos.

Entre los agentes externos más comunes podemos citar el intemperismo, es decir, la exposición del inmueble al medio ambiente, como el cambio brusco de temperatura, el viento, la humedad —generalmente producida al nivel de subsuelo—, fenómenos naturales como sismos, inundaciones, deslizamientos, hasta agentes biológicos como insectos llamados xilófagos, que son las termitas que atacan principalmente a la madera de los pisos, viguetas o vigas de los techos, así como el carrizo o caña de las coberturas; también está el factor antrópico, es decir, aquel que es ocasionado en la edificación por el ser humano, como malas intervenciones o uso inadecuado de materiales ajenos a su originalidad. En suma, las edificaciones patrimoniales pueden ser afectadas por una serie de factores que originan su declive físico.

La iglesia de San Pedro de Coayllo ha estado desde hace casi dos décadas sin uso, debido, justamente, a su mal estado de conservación. Si a esta situación le sumamos que ha habido un nulo mantenimiento y una suma de intervenciones preventivas inexistentes o inadecuadas, en que se adicionó muchas de las patologías mencionadas anteriormente, habría que afirmar que esta singular edificación patrimonial ha colapsado no sólo por las ondas sísmicas del severo terremoto que nos tocó afrontar el 15 de agosto último, sino que su colapso se aceleró debido a que ya estaba afectada por una serie de agentes que mellaron su estabilidad estructural.

Sin embargo, esta magnifica iglesia con elementos renacentistas aún existentes a pesar del sismo —ello si tomamos en consideración que la portada lateral de este estilo aún queda en pie—, nos está pidiendo que la rescatemos del deplorable estado en que ha quedado. Posiblemente esta sea la última oportunidad que tengamos para intervenirla y restaurarla de manera adecuada.

Iniciemos la última cruzada para salvar esta espléndida muestra del patrimonio cultural religioso de fines del siglo XVI.