La peregrinación al santuario del Señor de Qoyllur Riti es una de las festividades católicas fusionadas con lo andino, que congrega a miles de peregrinos que llegan al Santuario ubicado al pie del nevado Ausangate a 5,362 metros sobre el nivel del mar, en la localidad de Sinakara, provincia de Quispicanchi, en Cusco.

Los miles de fieles católicos, en conjuntos denominados Naciones, que en Cusco son ocho (Paucartambo, Quispicanchi, Canchis, Acomayo, Paruro, Urubamba, Anta y Tahuantinsuyo), a la cabeza de sus alferados caminan por más de nueve kilómetros, cuesta arriba, hasta el santuario del  Señor de Qoyllur Riti.
Este acto de fe se vive pese a las inclemencias climáticas, como el frío, la lluvia y la nieve, cuya peregrinación participan algunos  turistas de diversas nacionalidades quienes informados, por la trascendencia y la muestra de devoción, se desplazan  en caballos para paliar los efectos de la altura.
Las personas que buscan realizar el peregrinaje tienen que ir bien preparados  mental y físicamente. Para evitar ser presa de la inclemencia climática se debe utilizar  ropa abrigadora y zapatillas de caminata, para aguantar temperaturas que llegan a bajo cero.
El inicio de la peregrinación hasta esta imagen se atribuiría a fines del siglo XVIII, cuando el Niño Dios se le apareció a Mariano Mayta un niño que pastaba bajo el nevado Colquepunku, ambos se hicieron amigos, jugaban, pastaban y a la par aumentaba el números de ganados que tenían.
Los padres de Marianito Mayta habrían intentado saber la procedencia del Niño, y por entonces se supo que un sacerdote incluso fue y en el afán de verlo se encontró con la imagen del Cristo crucificado en una gigantesca piedra. Luego de este incidente murió Mariano Mayta y sus restos fueron enterrados al pie de la sagrada imagen.
Desde entonces se hicieron capillas, al principio rústicas y hoy es un templo de concreto pero quedó pequeña ante los cada vez más peregrinos y fieles católicos, muchos le llevan flores, algunos regalos para su mantenimiento.
En el lugar hay dos sitios a visitar el Pucllanapata, que significa lugar a donde se juega en español, la tradición religiosa desprende que si una persona juega con fe se le hace el milagro; y el otro es un ojo de agua o manantial del cual brota el líquido más cristalino del lugar y es el agua bendita. Algunos fieles llegan incluso a bañarse pese al frío, otros se llevan a casa.
Dicha manifestación religiosa fue declarada como Patrimonio Cultural de la Nación en el 2004 y Patrimonio de la Humanidad en el 2011 por la Unesco; desde entonces la fe es cada vez más conmovedora, en la iglesia se ven rostros piadosos, llenos de dolor, lágrimas y arrepentimiento.
Este año las fechas centrales de la festividad se celebrarán entre el 19 y 25 de mayo próximo.
(Andina)

Con un promedio de 100,000 asistentes en cada edición, las peregrinaciones al santuario del Señor de Qoyllur Riti (Cusco) se realizan cada año en fecha variable, prácticamente dos meses después del Domingo de Resurrección.

Esta vez, el diario El Peruano acompañó a los peregrinos y a los visitantes que llegan de todos los suyos en ‘naciones’ provenientes de los poblados de Paucartambo, Canchis, Quispicanchi, Acomayo, Urubamba, Anta y Paruro.

De inicio a fin, la fiesta combina elementos del catolicismo que llegó al Tahuantinsuyo con los españoles y los cultos a los apus incas y preíncas.

Allá está el Colque Punku, coronado por la nieve eterna. Recuerda: no puedes subir al nevado si no vienes vestido de ‘pablito’. Aquí, en la explanada junto al santuario del Señor de Qoyllur Riti, todos los ‘pabluchas’ pertenecen a la nación Paucartambo.

Antes de llegar al Colque Punku, donde está la cruz, notas que este lugar es mágico, que nunca más los amaneceres volverán a ser como los viste antes. La fuerza corporal se agota y las últimas energías emergen desde ese lugar desconocido al que llamamos voluntad. Esto es lo más cerca que he estado del misticismo andino. Y no sé cómo interpretarlo. Solo sé que hoy pertenezco a este lugar.

Hoy yo también soy un ‘pablito’, manifiesta el reportero del diario El Peruano. Los ‘pabluchas’ tenemos el honor y la tarea de subir a la montaña para bajar la cruz. Iniciamos la travesía a las 11:00 de la noche, entre velas e incienso, previa parada y visita al templo del Señor de la nieve fulgurante.

Los tres primeros tramos se hacen con descansos intermedios de 20 minutos. De allí para adelante, tienes que permanecer junto a tus hermanos, en grupos de 30 hombres, porque en las alturas el frío es intenso y no existe nada que pueda abrigarte, excepto la tibieza que rodea los cuerpos de tus compañeros ‘pablos’.

Desde el cuarto tramo ya puedes apreciar la nieve del apu Colque Punku. El jefe del grupo se toma un respiro y pregunta a la hermandad, con toda la fuerza que sus pulmones habituados a la altura se lo permiten: “¿Quiénes quieren subir hasta la cruz?”.

La pregunta resuena en mi cerebro. Dudo y me reafirmo. Luego digo: “Yo voy”. Somos trece voluntarios. Los ‘pablos’ son incansables en el ande. Todos le deben obediencia y responden con disciplina al caporal José Luis Mamani.

Sobre la nieve, cada movimiento es un desafío. Dar un paso te cuesta lo inimaginable. Peor aún si no estás preparado. Solo tu fe es capaz de ponerte en movimiento.

En la ruta a la cima nevada hay dos abismos. Y tú caminas a la vera. Solo puedes sujetarte de la piedra; la senda es tan angosta que hay espacio solo para dos tercios de tus pies. Tus manos son lo más útil, las uñas te sujetan a la roca.

Ahora estamos a 6,360 m.s.n.m. Un resbalón mínimo y la caída será de 500 metros. No vi el precipicio en el ascenso porque subimos de noche. Pero al regreso fue tanto mi temor que tuve que pasar ayudado con sogas.

Llegamos a la primera cruz todavía de noche. En la explanada rezamos. De allí debíamos partir hacia lo más alto, al lugar donde nuestros hermanos dejaron, un día antes, la cruz más alta.

Al pie del último cerro esperamos el amanecer. La noche termina de templar la resistencia de nuestros cuerpos extenuados. A cierta hora, todos los ‘pablos’ nos arrodillamos ante la cruz. Y el sol aparece para romper la bruma. El caporal nos arenga: “¡Somos pocos los que tenemos este privilegio!”.

Pasan unos minutos y ordena que traigan la cruz. Yo los acompaño. No hay lugar más privilegiado en el mundo; aquí vive y crece aquello que llaman sincretismo andino-cristiano.

Bautizo en la nieve

Abajo nos esperan cientos de hermanos; todos bailan con banderas, al ritmo de silbatos, haciendo retumbar la explanada, con voces de trueno. Luego de prender velas, al salir el sol y delante de la cruz, arrodillados, se procede al bautizo de los nuevos hermanos ‘pablos’.

Se hacen tres zanjas en la nieve. En una de ellas hundo mis manos casi hasta los codos. Mis brazos están cubiertos de hielo hasta la mitad y soporto cuatro minutos, todo el tiempo que ordena nuestro caporal. Ya no hay fuerzas, todo es voluntad.

Luego, cada uno de nosotros procede a arrodillarse y… ¡tres chicotazos enérgicos sellan tu bautizo! Ya eres hermano, ya eres ‘pablo’, hijo del Tahuantinsuyo. El descenso dura alrededor de tres horas. Abajo, todas las naciones del antiguo imperio nos esperan para adorar la cruz, su cruz, la que sostiene al Señor de la nieve fulgurante.