Reserva  Nacional de Salinas y Aguada  Blanca

Si alguna vez soñó con observar las vicuñas en su estado natural, la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca, ubicada entre los departamentos de Arequipa y Moquegua, lo espera cuando quiera para saciar ese anhelo, y ahora con mayor razón porque se ha lanzado la ruta no convencional al valle del Colca, que promete tenerlas más cerca de lo que se imaginaba.

Ubicada a 4,300 m s.n.m y sobre 366,936 hectáreas, la reserva es el hogar de trece comunidades, en las que habitan unos 5,000 pobladores. Desde ella se observan los volcanes Ubinas, Pichupichu, Misti y Chachani. El Ubinas se halla en actividad, así que podrá ver también sus fumarolas.

Heidi Sánchez, especializada en turismo vivencial en el Colca, explica que la vicuña vive en tropillas compuestas por un macho y siete hembras.

Son animales veloces que corren a 45 kilómetros por hora. Puede reconocerse a la vicuña macho porque está alejado del grupo y levanta la cola en señal de peligro. Esta zona es también el refugio de alpacas que corren libres entre paisajes de ensueño, dominados por lagunas y bofedales, sobre los que vuela un gran número de gansos andinos y patos. Si tiene suerte, un zorro travesará velozmente la carretera.

La Reserva Nacional de Salinas – Aguada Blanca, ubicada en la meseta altoandina de Arequipa, fue creada en 1979 para proteger formaciones vegetales de tola y yareta, y ciertas especies típicas de la fauna que alberga, tale coma la vicuña, el guanaco y algunas aves acuáticas que se hallan en peligro de extinción.

Salinas

Salinas es el nombre de un gran lago de agua salada y del salar que se extiende a sus orillas. Allí es posible ver al flamenco común o parihuana, así como a otras dos especies oriundas de los Andes: el raro flamenco de James y el Flamenco enano andino.

Aguada Blanca

Es una vasta extensión de puna, aparentemente interminable. Nutridos grupos de vicuñas se desplazan al pie de los nevados Chachani, Misti, Pichu Pichu y Ubinas, conjunto de volcanes apagados en el que destaca, casi perfecto, el cono del Misti. En algunas zonas de la Reserva puede verse a las vicuñas pastando junto con llamas, alpacas, ovejas e incluso con ganado vacuno.

Las Salineras de Maras y las lágrimas de Ayar Kachi

A una hora y 10 minutos aproximadamente, de la ciudad del Cusco, se encuentran las Salineras de Maras, ubicada en el distrito del mismo nombre, provincia de Urubamba.

Los que viajan por primera vez a este lugar, no solo se sorprenden por la gran cantidad de pozas que existen en un promedio de 5 mil metros cuadrados de territorio, sino por la blancura de la zona y la caprichosa forma que le dio la naturaleza, con el paso de los años.

Las Salineras de Maras, tiene más de 3 mil pozas, de diversos tamaños y dimensiones, las mismas que pertenecen a las familias lugareñas, que en tiempo de sequía aprovechan la sal que se genera para tratarla con yodo y venderla a las amas de casa.

El ingreso a las Salineras de Maras, cuesta 5 soles y los interesados pueden visitar este lugar, principalmente en época de sequia, o sea cuando no hay lluvias, con el fin de caminar por pequeños senderos que unen una poza con otra, dialogar y compartir el proceso del retiro de la sal de las pozas con los pobladores y finalmente, si desean, adquirirla.

Esta localidad, ubicada entre los cerros del Valle Sagrado de los Incas, se encuentra cerca a la montaña de Weqey Willka, lugar en el que según cuenta la leyenda, habría sido encerrado Ayar Kachi, el más pequeño de los Hermanos Ayar, quienes llegaron al Cusco para fundar el Imperio de los Incas.

Según el relato, lloró de tanta tristeza por la traición de sus hermanos en la oscuridad, que sus lágrimas se convirtieron en cristales transparentes. Los mismos que brotan hoy en día como agua por medio de un canal subterráneo y permite llenar los pozos, recordando a este pueblo el sacrificio de Ayar Kachi.

Los pozos de las Salineras se llenan en tres días, al evaporarse el agua, se solidifica hasta en una altura de 10 centímetros, luego la sal se retira para ser comercializada.

El escenario natural, al margen de los ingresos que pueden reportar a las familias de Maras, es realmente impresionante, y lleva al visitante a través del tiempo. Algunos recrearán su origen a partir de los mitos andinos, y otros preferirán darle una explicación más científica, que establece que estas sólidas formaciones tectónicas, son el resultado de procesos que han experimentado los andes durante milenios.

Pero, cuando hablamos del distrito de Maras, no solo vamos a destacar las Salineras, es importante invitar a los turistas nacionales a visitar el pueblo, donde aún se observan viviendas con portales de piedra.

Quizás otros prefieran ir al sector de Pichingoto, donde, según comenta el expresidente del Colegio de Licenciados en Turismo, Miguel Angel Oróz, aún subsisten familias que viven en una especie de pequeñas cavernas, que también son el resultado de los cambios morfológicos de la tierra por muchos años.

Pero eso no es todo. A 7 kilómetros de Maras, se encuentran los restos arqueológicos del distrito de Moray.

Moray está formado por cuatro andenes circulares a manera de un cráter artificial, donde culturas preíncas habrían cultivado variedades de maíz.

Maras es un pequeño pueblo ubicado a 3 mil 300 metros sobre el nivel del mar y fue fundado en tiempos coloniales por Pedro Ortiz de Orué. Antiguamente se le denominó Villa de San Francisco de Asis.

 

Fuente: RPP