Hallan catorce momias preincas en Perú; entre ellos a seis niños víctimas de sacrificios

Arqueólogos realizan excavaciones en el complejo urbano de barro de Cajamarquilla, en la periferia de Lima, el 13 de febrero de 2022. (Foto: Guadalupe Pardo/AFP)
Un equipo de arqueólogos peruanos ha descubierto catorce momias preincas en el complejo de Cajamarquilla, al este de Lima. Seis de ellas son niños y se cree que tienen entre 800 y 1000 años. Otras dos eran mujeres y el resto hombres.

Todas ellas estaban envueltas en fardos funerarios confeccionados con algodón e iban acompañadas de otros objetos como vasijas de cerámica y calabazas. Algo habitual, pues se creía que tenían que ir preparados a otra vida.

«Las sociedades andinas creían que después de fallecer, las personas no desaparecían. La muerte no era un final sino un comienzo, una transición a un mundo paralelo», ha explicado el arqueólogo Pieter Van Dalen Luna, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, al respecto.

Por su parte, Yomira Huamán, quien también forma parte de la investigación, ha explicado a la prensa que se cree que todos ellos murieron fruto de un sacrificio, muy probablemente en honor a una figura dentro de la élite local. Una conclusión a la que llegan después de hallar hace unos meses el sepulcro de otra momia en la misma zona.

De este modo, se cree que con estas muertes, el objetivo era acompañar a esta personalidad en el más allá.

Hallan momias de seis niños víctimas de sacrificios en Perú

Arqueólogos peruanos encontraron seis momias preincas de infantes, de entre 1.000 y 1.200 años de antigüedad, que fueron sepultados en aparente sacrificio junto a un personaje social importante del milenario complejo urbano de barro de Cajamarquilla, en la periferia de Lima.

«Se han encontrado los restos de seis niños envueltos en fardos funerarios cerca a la tumba de un personaje de la élite (de la época)», cuya momia ya había sido hallada el pasado noviembre, dijo el domingo a la AFP el arqueólogo Pieter Van Dalen, responsable del proyecto Cajamarquilla.

«Los niños, según nuestra hipótesis de trabajo, habrían sido sacrificados para que acompañen a la momia en el camino hacia el mundo de los muertos», subraya Van Dalen.

Junto a las momias de los seis niños, también encontraron restos óseos de siete adultos que a diferencia de los infantes no estaban envueltos en fardos.

El hallazgo elevó a 14 el total de restos que los investigadores de la Universidad de San Marcos han ido descubriendo desde noviembre de 2021.

«Los niños podrían ser familiares cercanos y fueron colocados al interior de envoltorios funerarios compuestos de tejidos colocados en diversas partes de la entrada de la tumba de la momia (del personaje), uno encima del otro», detalló el investigador.

«La antigüedad de estas momias sería entre el año 800 al año 1000 después de Cristo», refirió.

En el lugar se encontraron además restos óseos de auquénidos, como llamas.

«Señor de Cajamarquilla»

El descubrimiento ocurrió cerca de la cámara funeraria de unos tres metros de largo y a una profundidad de 1,40 metros, donde en noviembre se encontró la momia de quien ahora se presume sería una persona importante.

Ese personaje «logró estatus económico y social, (y fue) una autoridad posiblemente política» y podríamos incluso llamarlo «Señor de Cajamarquilla».

La momia hallada a fines de noviembre de 2021 es de una persona de sexo masculino que tenía posiblemente entre 18 y 22 años en el momento de su muerte. Lucía el rostro cubierto por sus manos y estaba amarrada con soguillas.

Cajamarquilla «era un centro urbano donde se desarrollaban múltiples funciones», con sectores «administrativos, domésticos, residenciales», abundó Van Dalen.

Cajamarquilla es considerada una ciudad prehispánica de barro que pudo haber albergado entre 10.000 y 20.000 personas en un total de 167 hectáreas.

Se construyó hacia el año 200 antes de Cristo y estuvo ocupada hasta el año 1500.

La urbe se localiza a 24 km al este de Lima y es uno de los complejos arqueológicos más grandes de la capital peruana, una metrópolis que hoy tiene 10 millones de habitantes.

Cultura Chimú en Huanchaco: hallan tocado y tabardo hechos con plumas de aves exóticas

Descubrimiento de contexto funerario se efectuó en zona de Pampa La Cruz, en Huanchaco

En el último día de excavación en Pampa La Cruz, el arqueólogo Gabriel Prieto Burméster y su equipo de investigadores hallaron los restos de un nuevo individuo chimú, enterrado con lujosas prendas en la cabeza y cuerpo, confeccionadas con plumas de aves exóticas.

Gabriel Prieto, director del Proyecto Arqueológico Huanchaco y quien dirige las excavaciones en Pampa La Cruz, zona ubicada en el distrito de Huanchaco, provincia liberteña de Trujillo, informó a la Agencia Andina que el cuerpo del individuo habría sido adornado con un tabardo, parecido a un poncho actual, de aproximadamente 1.10 centímetros de longitud que fue confeccionado con plumas rojas y amarillas, pero cuyo estado de conservación no ha sido el más óptimo.

Mientras que en la cabeza se halló un tocado muy vistoso, elaborado cuidadosamente con plumas de color azul, blanco, verde, negro y amarillo.

«Tenemos que hacer los estudios para saber a qué a tipo de ave le pertenecieron estas plumas, la técnica de manufactura, y porque estamos pensando que se usó una resina de color negra para asegurar los hilos y sogas del tocado, producto que actualmente se usa en la selva del país», anotó.

El investigador afirmó que la posición de cuclillas en la que fue hallada esta osamenta es similar a la encontrada en la temporada de excavación anterior, que al igual registró un tocado y tabardo de plumas.

Sin embargo, anotó que una de las pocas diferencias entre ambos hallazgos es que en el primero predominaban los colores azules, mientras que en este reciente hallazgo resalta el amarillo y rojos, blanco y negro.

«Este sitio siempre nos sorprende, porque primero habíamos encontrado ese tipo de tumbas en la parte alta de la huaca, entonces dijimos que eran de la élite chimú, y había relación, pero ahora hallamos otra con las mismas características en la parte baja, lo que hace que toda interpretación vuelva a foja cero», remarcó.

Gabriel Prieto afirmó que la tumba donde se encontró el primer tocado de plumas estaba junto a un individuo de unos 11 y 12 años, y que había muerto por un golpe fuerte en la cabeza; mientras que a este segundo aún se le debe hacer las pruebas de antropología física para saber la edad y la época en que murió.

«La importancia de este sitio se materializa con el hallazgo de estos elementos, que son especiales, porque imagínate que estamos hablando de casi 15 años de excavación en Chan Chan y no han encontrado ninguna de esas plumas y nosotros tenemos dos de estas piezas, entonces esto demuestra que los chimús decidieron enterrar estos artefactos naturales, coloridos y exclusivos en Pampa La Cruz”, aseveró.

Las piezas fueron llevadas al laboratorio donde tendrá que pasar por un riguroso proceso de conservación, debido a que su estado no es el más óptimo.

También será llevadas todas las piezas halladas durante estos seis meses de investigación, entre la que destaca el descubrimiento de una gran ofrenda marina moche, compuesta por varios peces grandes, entre ellos dos kogia, un tipo de cetáceo o cachalote pigmeo, que aún presentan un misterio para estos investigadores peruanos.

Fuente: Andina

Pectoral, corona y orejeras y vasija con decoración del sacrificio ritual mochica.

Cuando Pizarro desembarcó en 1532 con 180 soldados cerca de Tumbes, en lo que hoy es Perú, se encontró de bruces con la civilización Inca, una de las más desarrolladas y ricas de todo el continente americano. Los incas, tras percatarse de las verdaderas intenciones de los recién llegados: conquistar el territorio y, sobre todo, hacerse con todo el oro que pudieran, cuidaron, y mucho, de hablarles de sus antepasados los mochicas, que habían vivido 500 años antes en esos mismos valles de la costa norte del Perú. Sobre todo de su costumbre de enterrarse con grandes cantidades de oro, además de otros objetos que, creían les acompañaban después de muertos.

Máscara del héroe de la cultura Mochica Ai Apaec

Olvidados durante siglos, el arte de esta sociedad que alcanzó amplios conocimientos de ingeniería hidráulica con los que conquistaron los desiertos y transformaron en fértiles valles que les dieron prosperidad, pueden verse en El arte mochica del antiguo Perú. Oro, mitos y rituales (Caixaforum Barcelona, hasta el 7 de junio). Y lo hace con 200 piezas procedentes del Museo Larco de Lima, impulsado por el ingeniero Rafael Larco, uno de los padres de la arqueología peruana.

Los mochicas, entre los años 200 y el 850, fueron la primera sociedad estatal del hemisferio sur. Construyeron canales de riego (que se conservan en la actualidad como en el valle de Chicama) con los que transformaciones los desiertos en prósperos y fértiles valles; ciudades de adobe con enormes edificios en forma de pirámides truncadas, las huacas, que el tiempo ha transformado en montañas de barro y dominaron la metalurgia del cobre que les permitió fabricar armas, herramientas y objetos ornamentales. Pero sobre todo, fueron unos excepcionales ceramistas. Tanto que Ulla Holmquist, comisaria de la exposición y conservadora del Museo Larco, asegura que más que simples recipientes son “contenedores de mensajes que pueden leerse como un libro en 3D”.

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Muchos de los canales que construyeron siguen activos

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Las excepcionales piezas son auténticos diccionarios ilustrados que reproducen de forma realista tanto rostros de personas como de héroes, escenas de la vida cotidiana e íntima, sin ningún tipo de rubor ya que en muchos de los huacos se pueden ver coitos anales y vaginales, felaciones y masturbaciones. “Representan la sexualidad como fertilidad para los hombres, pero también para la Tierra”, explica Holmquist. También es exquisita la representación de animales de compañía o los que cazaban como guacamayos, cóndor, pumas, zorros y perros, cuyos atributos se asimilaban con el poder de los líderes sociales y religiosos.

Las piezas fueron creadas, por ceramistas especializados, para los rituales vinculados con la muerte y provienen de las tumbas de personajes mochicas importantes; “los líderes que controlaban el agua”, que durante siglos y hasta el comienzo de los trabajos arqueológicos de comienzos del siglo XX fueron sistemáticamente expoliadas por huaqueros de tumbas que acabaron con cualquier registro arqueológico. “Por suerte, las excavaciones aportan datos de la disposición de los objetos y de los rituales que se realizaban al enterrar a los muertos y permiten saber que las cerámicas representan una iconografía que transforma al difunto en dios”, destaca Holmquist.

Huaco mochica con escena sexual de coito entre un hombre y una mujer.

La tumba más famosa de esta cultura fue localizada en 1987: la del Señor de Sipán, considerado el Tutankamón del continente americano y se exhibe en su propio museo, el de las Tumbas Reales de Sipán inaugurado en 2002.

Pero esta sociedad próspera y refinada también tenía un lado oscuro y macrabo. Los sacrificios humanos que se producían después del combate cuerpo a cuerpo entre dos hombres. El que perdía era degollado, se les arrancaba el corazón y su sangre ofrecida a los dioses, tal y como se ve en la escena de una de las piezas expuesta. “Estas ceremonias están relacionadas con los cambios de estación, como el equinocio de septiembre, y, sobre todo, con el periodo final de los mochicas, vinculados con cambios climatológicos como los de El Niño que acabó con la estabilidad y ayudó a colapsar esta sociedad”, resalta la comisaria y arqueóloga.

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Al perdedor del combate ritual se le degollaba, arrancaba el corazón y se ofrecía su sangre

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La exposición, en la que están presentes algunos de los tocados de oro más sorprendentes recuperados de los mochicas, concluye con una sala dedicada al héroe de esta sociedad, bautizado por Larco como Ai Apaec que podía viajar por los tres mundos: el cielo, la tierra y el mundo subterráneo. “Representa el héroe arquetipo de otras culturas. Es como Hércules o Gilgamesh que murió después de luchar y derrotar a criaturas monstruosas”. Siendo una sociedad fundamentalmente agrícola, el héroe de los mochicas, resucita en forma de fruto.

Tras cerrar en Barcelona, la exposición viajará a los centros de Caixaforum de Madrid (a partir del 11 de julio), Palma de Mallorca, Zaragoza, Tarragona y Girona.

 

(Escribe: JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS, El País)