Descubren restos de niños sacrificados hace 550 años en La Libertad

El que es considerado el mayor sacrificio masivo de niños en América y probablemente de la historia mundial, acontecido hace 550 años, ha sido descubierto por arqueólogos de la Universidad Nacional de Trujillo y de la Universidad de Tulane, en la provincia de Trujillo, región La Libertad.

En un reciente artículo en la edición web de National Geographic, escrito por Kristin Romey, editora y escritora que cubre arqueología y paleontología para esa prestigiosa publicación científica, se da cuenta que se trata de más de 140 niños y 200 llamas jóvenes que parecen haber sido sacrificados ritualmente en un evento que tuvo lugar en un acantilado azotado por el viento frente al Océano Pacífico, muy cerca de Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América y capital del imperio Chimú, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Las investigaciones científicas del equipo internacional e interdisciplinario, dirigido por Gabriel Prieto, de la Universidad Nacional de Trujillo, y John Verano, de la Universidad de Tulane, están en curso. El trabajo es apoyado por subvenciones de la National Geographic Society.

Romey afirma que mientras que los incidentes de sacrificio humano entre los aztecas, mayas e incas han sido registrados en crónicas españolas de la era colonial y documentados en modernas excavaciones científicas, el descubrimiento de un evento de sacrificio de niños a gran escala en la poco conocida civilización Chimú precolombina carece de precedentes no solo en las Américas, sino en todo el mundo.

Conservados en arena seca durante más de 500 años, más de una docena de niños fueron revelados en el transcurso de un día por los arqueólogos. La mayoría de las víctimas rituales tenían entre ocho y 12 años cuando murieron.

Un final trágico

El sitio de sacrificio, formalmente conocido como Huanchaquito-Las Llamas, está ubicado en un acantilado a aproximadamente 300 metros del mar, en medio de una creciente expansión de compuestos residenciales de bloques de hormigón en el norteño distrito de Huanchaco, en la provincia de Trujillo, capital de la región La Libertad, al norte del Perú.

A menos de un kilómetro y medio al este del sitio se encuentra Chan Chan, antiguo centro administrativo de la civilización Chimú, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y más allá de sus muros, la moderna capital provincial de Trujillo.

Huanchaquito-Las Llamas (generalmente referido por los investigadores como «Las Llamas») fue noticia por primera vez en 2011, cuando se encontraron los restos de 42 niños y 76 llamas durante una excavación de emergencia dirigida por el coautor del estudio, Gabriel Prieto, arqueólogo y nativo de Huanchaco, quien estaba excavando un templo de 3,500 años de antigüedad en el camino desde el sitio de sacrificio cuando los residentes locales lo alertaron sobre los restos humanos que se erosionan en las dunas costeras cercanas.

Para cuando las excavaciones concluyeron en Las Llamas en 2016, se habían descubierto más de 140 conjuntos de restos de niños y 200 llamas juveniles en el sitio. La cuerda y los textiles encontrados en los entierros son de fechado radiocarbono entre 1400 y 1450.

Historias futuras para víctimas pasadas

El equipo científico que investiga los sacrificios de Las Llamas está emprendiendo ahora el arduo trabajo de desentrañar las historias de vida de las víctimas, como quiénes fueron y de dónde pueden haber venido.

Aunque es difícil determinar sexo basado en restos óseos a una edad tan joven, el análisis preliminar de ADN indica que tanto niños como niñas fueron víctimas, y el análisis isotópico indica que no todos fueron extraídos de las poblaciones locales, sino que provenían probablemente de diferentes grupos étnicos y regiones del Imperio Chimú.

Desde el descubrimiento en Las Llamas, el equipo de investigación ha descubierto evidencias arqueológicas en torno a Huanchaco de sitios similares de sacrificios de niños y llamas similares y contemporáneos, que son objeto de investigación científica en curso con el apoyo de la National Geographic Society.

Fotografías de Hiram Bingham en Machupicchu y Alrededores.

Entre 1906 y 1911 Hiram Bingham, profesor de historia y geografía sudamericanas en Harvard y en Princeton, protagoniza en nuestro país varios viajes de exploración. Culmina su periplo por las densas selvas del Cusco nada menos que con el “descubrimiento” de una enorme ciudad de piedra, hasta donde había sido conducido por lugareños felizmente ya identificados para la historia: Melchor Arteaga, Toribio Recharte, Anacleto Álvarez y un tal Fuentes —estos tres últimos agricultores en la mismísima ciudadela—, todos además antecedidos por Agustín Lizárraga, un casi anónimo explorador que diez años atrás, buscando tierras de cultivo, habría conseguido poner pie en la urbe de piedra.

El mérito de Bingham, sin embargo, resulta de revelarle al mundo este portento de la ingeniería antigua, liberándolo de su follaje y estableciendo la primera pauta científica. Tras encontrar la ciudad sagrada, el explorador parte hacia los Estados Unidos y meses después presenta un informe pormenorizado ante la National Geographic Society, cuyo comité de investigaciones acepta apoyarlo en la organizaciòn de una segunda travesía. Así, enrumba al Perú en 1912, acompañado de un equipo de destacados profesionales, dispuesto, esta vez, a tomar un amplio registro científico y gráfico de cada rincón de la ciudadela. Nacía de este modo la llamada Expedición Peruana. Su resultado, casi 300 fotografías de excelente factura, que son la mejor muestra de la importancia de Machupicchu para la arqueología americana. Publicamos las vistas correspondientes a 1913 y 1916, fechas clave para el conocimiento de la zona.

Once norteamericanos integraron el equipo de la Expedición Peruana, entre ellos ocho especialistas convocados por el profesor Bingham, quien oficiaría de director y fotógrafo de la gira. Si bien sus nombres se han diluido, consumidos por la proeza del director, cabe mencionarlos en este especial: geólogo Herbert E. Gregory, topógrafo Albert H. Bumstead, arqueólogo Ellwood C. Erdis, cirujano Luther T. Nelson, osteólogo George F. Eaton, los topógrafos asistentes Kenneth C. Heald y Robert Stephenson, así como Paul Bestor, Osgood Hardy y Joseph Little, todos ayudantes. Con excepción de Bestor, retornado a Lima por haber contraído disentería, todos culminaron la travesía. Se sumó un grupo anónimo de peruanos llegados desde Lima y el Cusco, como cargadores, guías o personal de seguridad.

Entre los objetivos de la expedición no sólo estuvo el levantamiento de información arqueológica y forense en Machupicchu, sino también la exploración geológica, arqueológica y topográfica del mayor radio de acción posible de la región colindante a la ciudadela, así como la realización de un mapa de la ruta terrestre Camaná-Abancay-Puquiura, un derrotero del Urubamba, un estudio topográfico de la capital disidente, Vitcos, la identificación del reducto militar de Vilcabamba, un reconocimiento del inexplorado valle de Aobamba, así como el de la ruta norteña a Choquequirao.

Bingham había previsto una etnografía de las poblaciones de las tierras altas, con una antropometría de al menos 145 individuos. Pensó, asimismo, establecer 4 estaciones meteorológicas a lo largo del 71º de longitud oeste del meridiano (a 14 y 6 mil pies, en zonas mineras controladas por norteamericanos). Uno de los mayores objetivos de la expedición, sin embargo, fue armar —y esto es clave— una gran colección de material arqueológico, osteológico, etnológico, paleontológico y fotográfico. Toda una travesía científica uno de cuyos resultados fueron 274 imágenes. En este especial hemos utilizado material fechado en 1913, ya publicado en abril de ese año en la revista National Geographic.