A sus 97 años, la mente y el espíritu de Federico Kauffmann Doig permanecen tan lúcidos y activos como los de un joven explorador. Este arqueólogo, historiador e investigador peruano, reconocido mundialmente por sus contribuciones al estudio de las culturas Chavín y Chachapoyas, no solo sigue en plena producción, sino que continúa desentrañando los misterios de nuestro pasado ancestral.
En esta entrevista exclusiva, el doctor Kauffmann nos ofrece una mirada íntima a su incansable labor. Nos revela que actualmente se encuentra trabajando en la publicación de su obra monumental Cosmos Andino en tres tomos y en la reedición de sus volúmenes sobre Machu Picchu a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, demostrando una energía envidiable y una dedicación que lo hace sentirse, en sus propias palabras, como un «detective del tiempo».
Más allá de sus logros académicos, el Dr. Kauffmann comparte una anécdota asombrosa sobre la financiación de sus trabajos. Descubrirá la increíble historia de cómo sus 29 expediciones arqueológicas, muchas de ellas concentradas en la tierra de los antiguos Chachapoyas, fueron respaldadas por un personaje que él inicialmente creyó era un «hippie italiano», y que resultó ser el Dr. Giancarlo Ligabue, un paleontólogo y magnate veneciano de incalculable apoyo para la arqueología peruana.
Su legado sigue creciendo: con una biblioteca en la Universidad de Piura y un Instituto de Estudios Arqueológicos e Históricos que lleva su nombre, la obra de Kauffmann Doig es un testimonio viviente de la grandeza del antiguo Perú.
A continuación, le presentamos la transcripción editada de esta invaluable entrevista:
🎙️ Transcripción de la entrevista a Federico Kauffmann Doig
Orador
Segmento en el video
Profesor Federico Kauffmann Doig
«La arqueología para mí es es mi vida, porque mi interés por conocer nuestro pasado es muy grande…»
Reportero/Narrador
«…a sus 97 años, sigue produciendo y desentrañando la historia del Perú. Federico Kauffmann Doig, arqueólogo, historiador e investigador peruano, acude diariamente a laborar en la edición de dos libros en los que está trabajando. Kauffmann es reconocido por sus grandes contribuciones a la historia de las culturas Chavín y Chachapoyas, y aún hay mucho más que descubrir y difundir de nuestro antiguo Perú.»
Profesor Federico Kauffmann Doig
«Sigo, a Dios gracias, ¿no? Pero también con empuje personal. Sigo trabajando. Por ejemplo, este libro está por publicarse: Cosmos Andino en tres tomos —Los Incas y sus ancestros milenarios—. Y después hay otro que estamos editando: los tres tomos de Machu Picchu que edité hace tiempo. Los reedita el Ministerio de Relaciones Exteriores, sorprendiendo con esa [gran iniciativa].»
Reportero/Narrador
«Con energía y dedicación para el estudio, Kauffmann Doig trabaja además en otra investigación sobre la Amazonía peruana. Dice que la arqueología y la historia es su pasión y lo ha hecho sentirse como un detective del tiempo.»
Profesor Federico Kauffmann Doig
«Y estamos muy orgullosos. En el caso del Perú, estamos muy orgullosos, porque nuestro pasado arqueológico, o sea, anterior a los españoles, era brillante en muchos aspectos, ¿no? Tenemos ahí el testimonio de ello: Machu Picchu, Kuélap; después en cerámica, en tejidos, ¡tejidos maravillosos que tenemos ahí!»
Reportero/Narrador
«A lo largo de su carrera, realizó 29 expediciones arqueológicas en el Perú y varias en el extranjero. Nos contó que la mayoría fueron financiadas por un personaje que creyó inicialmente era un ‘hippie italiano’ con quien se detuvo a conversar sobre la historia del Perú, y al que le expresó su deseo de investigar y excavar mucho más.»
Profesor Federico Kauffmann Doig
«A los 15 días viene una persona del consulado de Italia y me dice: ‘Doctor Kauffmann, tanto gusto. Acá le traigo un sobre. Aquí hay $4,000 para que haga usted la primera edición, porque usted me ha dicho que una primera costaría entre tres y cuatro.’ Y lo manda el Dr. Giancarlo Ligabue, que lo conoció usted hace unos días. Resulta que hablaba bastante bien el español… ¡era! Y el Dr. Giancarlo Ligabue, el mayor magnate de Venecia que auspicia aquí a [la investigación en el Perú]. Y eso me valió para que sucesivamente me financiara 14 expediciones, ¡imagínese! Y la mayor parte en tierra de los antiguos Chachapoyas.»
Reportero/Narrador
«El respaldo financiero del magnate veneciano, paleontólogo y explorador Giancarlo Ligabue, fue tan importante e invaluable como el apoyo familiar, en especial su esposa, que además de cuidar a sus cinco hijos es autora de los dibujos que plasmaba en sus libros. La obra de este gran arqueólogo, investigador, historiador y escritor ha sido reconocida en vida en la Universidad de Piura. No solo continúa trabajando como investigador, también se le tributa al crear la Biblioteca Federico Kauffmann con la colección de sus libros y biblioteca personal. Es también parte del Instituto de Estudios Arqueológicos e Históricos que lleva su nombre y que pronto será inaugurado en la Casona de Miraflores. Dejamos a Kauffmann terminando sus nuevos proyectos y recorriendo emocionado esos espacios que recuerdan al mundo su legado y su historia.»
Un Legado Imperecedero
La trayectoria de Federico Kauffmann Doig no es solo una crónica de hallazgos arqueológicos; es una lección de vida sobre la perseverancia y la pasión inagotable. A sus casi cien años, su dedicación a desentrañar el Cosmos Andino y a difundir la majestuosidad de sitios como Machu Picchu y Kuélap resalta la riqueza histórica del Perú que a menudo pasa desapercibida.
La fascinante historia de su financiamiento por parte de Giancarlo Ligabue subraya cómo la fe en el conocimiento y la investigación puede superar las barreras geográficas y económicas. La obra de Kauffmann, plasmada en sus libros y ahora institucionalizada en la Biblioteca y el Instituto que llevan su nombre, garantiza que su valioso trabajo continuará inspirando a futuras generaciones de historiadores y arqueólogos.
Sin duda, el Dr. Kauffmann Doig es un verdadero tesoro nacional vivo, cuya vida y obra nos recuerdan que el pasado andino sigue esperando ser explorado, comprendido y celebrado.
El video de la entrevista a Federico Kauffmann Doig
Galeria Fotográfica de la entrevista a Federico Kauffmann Doig
Los incas habitaron el Perú hace cientos de años, pero su cultura ha dejado un legado que perdura hasta nuestros días. Algunas de las costumbres incaicas que se siguen practicando en el Perú son:
Las tradiciones relacionadas a la alimentación: Los incas cultivaban una gran variedad de cereales, como la quinua, el maíz y la papa. Estos cereales siguen siendo parte de la dieta básica de muchas personas en el Perú, y se utilizan para preparar platos típicos como la pachamanca, el ceviche y el arroz con pollo.
Las ofrendas a la naturaleza: Los incas creían que la naturaleza era sagrada, y realizaban ofrendas a la tierra, la luna, el sol y la pachamama, la madre tierra. Esta tradición se sigue practicando en algunas comunidades andinas, donde se realizan ofrendas de alimentos, flores y otros elementos a los apus, las montañas sagradas.
El uso del idioma quechua: El quechua es una lengua que se hablaba en el imperio incaico, y sigue siendo una lengua viva en muchas comunidades andinas. En el Perú, el quechua es el idioma oficial en algunas regiones, y es hablado por millones de personas.
Las tradiciones culturales: Los incas tenían una rica cultura, que se refleja en sus tradiciones, como la música, la danza y las fiestas. Algunas de estas tradiciones se siguen practicando en el Perú, como el Inti Raymi, la fiesta del sol.
Estas son solo algunas de las costumbres incaicas que perduran en el Perú. Estas costumbres son un testimonio de la rica cultura e historia de este país.
Casi todos los peruanos, y muchísimos extranjeros, saben quiénes fueron los incas, el gran imperio extinguido hace cinco siglos. Su recuerdo está por todas partes en Perú, donde el pasado del imperio incaico es blasón de orgullo nacional y la imagen de sus altivos soberanos cubiertos de oro, uno de los íconos de su imagen en todo el mundo. Y en el presente, multitud de marcas, desde gaseosas, cadenas de farmacias y servicios de ferrocarril llevan el nombre Inca.
“Los incas se han usado para construir una especie de marca-país, una identidad nacional peruana, pero es poco lo que la mayoría de la gente sabe de ellos, más allá del mito del imperio de grandes riquezas que desapareció por la colonización europea”, le dice a BBC Mundo Patricia Villanueva, curadora del Museo de Arte de Lima (MALI).
Para desenterrar la realidad escondida tras ese mito, el MALI organizó una gran exposición titulada “Los incas. Más allá de un imperio”, que se acompaña de la publicación de un libro dirigido a los niños: “Incas. Una Gran Historia” (Ed. Pichoncito. 2023).
Los incas, el mito y la realidad, serán precisamente el tema que discutirá Villanueva en el HAY Festival de Arequipa, que se realiza entre 9 y el 12 de noviembre en esa ciudad peruana.
Quiénes fueron los incas
La historia del fascinante Tahuantinsuyo, el imperio de los incas, se inicia a comienzos del siglo XII, y alcanza su mayor apogeo en el siglo XV.
Aunque tuvieron que hacer frente a la obstinada resistencia de otros pueblos, como los pinaguas y los muynas, los incas acabaron conformando un estado que integraba numerosos grupos étnicos y terminó por convertirse en el imperio más grande de América.
Tenía como capital a la que hoy es uno de los principales atractivos turísticos de Perú: la ciudad de Cusco.
Se sabe de ellos que adoraban al sol como deidad suprema, a la que llamaban Inti, pero también a otros elementos de la naturaleza, como la luna, el rayo o las montañas.
“Al contrario de lo que sucede en nuestra cultura, en la que el ser humano está en el centro de todo, los incas preferían fijarse en la naturaleza y darle a ella el protagonismo”, afirma Villanueva.
Esa preferencia por lo natural explica que hayan quedado representaciones de animales y plantas típicas de los Andes, así como otras geométricas de misterioso significado, pero no retratos de los reyes y grandes personajes de los incas.
El apogeo de su poder se produjo hacia el siglo XV, pero en 1532 un grupo de soldados españoles comandados por Francisco Pîzarro llegó hasta el Tahuantinsuyo y los dominios del inca Atahualpa.
Debilitado por las disputas internas, las enfermedades que habían traído consigo los primeros europeos en América y el descontento de algunos de los pueblos a los que había sometido, el Imperio inca sucumbió en poco tiempo a los conquistadores españoles.
El 16 de noviembre el inca Atahualpa fue apresado por Pizarro, que más tarde lo hizo ejecutar.
Un grupo postrero de resistencia se organizó en torno al poblado de Vilcabamba y combatió a los españoles hasta 1572, cuando su líder, Túpac Amaru I, fue capturado y ejecutado.
Así se acababa el Imperio inca. Su leyenda no hacía más que empezar.
Por qué los incas son tan importantes en Perú
Los incas legaron elementos de innegable valor, comenzando por su lengua, el quechua, que según diferentes estimaciones aún hablan más de ocho millones de personas repartidas por Sudamérica. .
Machu Picchu, la formidable finca que el inca Pachacútec hizo construir en una ceja de selva rodeada de majestuosas cumbres andinas, es considerada una de las maravillas del mundo y atrae cada año a Perú una legión de visitantes de todo el planeta.
Algunos de los ingredientes de la mundialmente aclamada gastronomía peruana, como el maíz, la papa o la quinua fueron la base de la dieta de los incas, y proliferaron gracias a sus innovaciones en la técnica agraria.
La red de más de 30.000 kilómetros de caminos pavimentados que construyeron para facilitar las comunicaciones -que recorría territorios de seis países sudamericanos de la actualidad (Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina y Perú)- es hoy la ruta por la que transitan en sus vacaciones turistas de aventura de todas las nacionalidades.
La riqueza y complejidad de su cultura han contribuido al prestigio y la idealización de los incas en la mentalidad colectiva peruana, hasta el punto de que una encuesta entre escolares llevada a cabo en la década de 1980 por los investigadores Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart reveló que una abrumadora mayoría de ellos consideraba a la incaica como “la época más feliz de la historia de Perú”.
Como señalaron Portocarrero y Oliart, “los textos escolares y la imaginación popular conciben (al Tahuantinsuyo) como un régimen igualitario en la base y previsor y benevolente desde el vértice del poder”, como “la base más firme de la identidad nacional, el símbolo inequívoco de la identidad peruana”.
Sin embargo, no pocos especialistas han advertido del riesgo de deformación histórica.
Frank Salomon, experto en Estudios Andinos de la Universidad de Wisconsin, dijo del Tahuantinsuyo que “la idea de que de alguna manera fue mejor, más pacífico, más ético que otros imperios me parece dudosa”.
El recuerdo de los incas y el final de Atahualpa ha sido constante en la vida cultural peruana.
Cómo se recuerda a los incas en Perú
Lo cierto es que hay algunos contrastes entre lo que el imaginario popular cree de los incas y lo que realmente saben de ellos quienes los investigan.
Ricardo Kusunoki, curador de arte colonial y republicano del MALI, le dijo a BBC Mundo que «los incas han sido en el siglo XX la referencia clave para la definición de la nación peruana, el precedente majestuoso o imperial del Perú moderno, pero lo que sabemos de su cultura material no se ajusta a esa idea de grandeza que ha llegado hasta el espectador moderno».
Para los incas, el oro no tenía un valor económico, sino ceremonial. Se consideraba un metal sagrado, asociado al sol, la divinidad más importante de su panteón. El oro se utilizaba para fabricar objetos rituales, como vasos, coronas, pectorales y máscaras, que se utilizaban en las ceremonias religiosas.
Los españoles, en cambio, tenían un concepto muy diferente del oro. Para ellos, era un metal precioso, con un alto valor económico. Cuando llegaron al Perú, fundieron casi todos los objetos rituales incas que encontraron. Esto dejó un vacío en el legado material de los incas, que dificulta la comprensión de su sociedad.
Kusunoki afirma que «se conservan muy pocos objetos metelúrgicos incas, por lo que es frecuente que cuando en Europa se organiza una exposición sobre ellos se incluyan objetos de oro como máscaras y cuchillos ceremoniales que en realidad proceden de culturas anteriores, como la chimú o moche».
Según Kusunoki, esto ha hecho que «las imágenes con las que desde el colegio imaginamos a los incas tienen que ver con referencias que no son incas, como soles con rostro de otras civilizaciones».
En parte se explica porque, como indica Villanueva, “en Perú muchos de los objetos arqueológicos prehispánicos carecen de contexto porque pertenecen a colecciones particulares y no se conocen las circunstancias en que se hallaron”.
De ahí que sus organizadores se muestren especialmente satisfechos por la muestra del MALI, que exhibe una selección de más de 250 piezas arqueológicas y obras de arte procedentes de colecciones públicas y privadas, muchas nunca antes mostradas al gran público.
Muchos escolares peruanos siguen memorizando los nombres de los reyes incas.
Kusunoki señala otro aspecto en el que la visión extendida de los incas no se corresponde con lo que las investigaciones históricas han revelado de ellos: «A menudo se se piensa en el Tahuantinsuyo como un gran imperio homogéneo, pero, aunque fue un gran estado, muchos de los pueblos que lo integraron no quedaron totalmente subsumidos en él».
La fascinación por la cultura incaica y el deseo de presentarla como el esplendoroso germen de la identidad peruana actual han contribuido a la creación de una imagen idealizada de los incas. Esta imagen, que se ha difundido ampliamente en la cultura popular, presenta a los incas como una sociedad pacífica, justa y avanzada.
Sin embargo, esta imagen idealizada no se corresponde con la realidad histórica. Los incas fueron una sociedad compleja, con sus luces y sus sombras. Era una sociedad militarista, que conquistó y sometió a otros pueblos. También era una sociedad jerárquica, con una clase dominante que explotaba a las clases subalternas.
La creación de esta imagen idealizada de los incas se debe a varios factores. En primer lugar, se debe al deseo de los peruanos de tener un pasado glorioso, del que sentirse orgullosos. En segundo lugar, se debe al impacto que tuvo la conquista española en la memoria de los incas. Los españoles destruyeron gran parte de la cultura incaica, y lo que quedó fue reinterpretado a la luz de los valores europeos.
La visión sesgada de los incas
La imagen que se tiene de los incas en la actualidad suele ser idealizada. Se suele destacar su respeto por la naturaleza, su organización comunal y su avanzada tecnología. Sin embargo, se suele pasar por alto aspectos más oscuros de su cultura, como los sacrificios infantiles o las luchas fratricidas entre sus gobernantes.
Esto se debe a varios factores. En primer lugar, la conquista española destruyó gran parte de la cultura incaica. Los españoles destruyeron templos, palacios y obras de arte, y quemaron o destruyeron muchos documentos. Esto hizo que fuera más difícil conocer la realidad histórica de los incas.
En segundo lugar, el deseo de los peruanos de tener un pasado glorioso ha contribuido a la creación de una imagen idealizada de los incas. Los peruanos quieren sentirse orgullosos de su herencia cultural, y los incas son un símbolo de esa herencia.
En tercer lugar, la influencia de la cultura europea ha contribuido a la visión sesgada de los incas. Los europeos, con su propia visión del mundo, han interpretado la cultura incaica a la luz de sus propios valores.
La importancia de conocer la realidad
Es importante conocer la realidad histórica de los incas para comprender mejor su cultura y su legado. Una imagen idealizada de los incas puede llevar a una comprensión errónea de su historia y de su sociedad.
Villanueva explica la idealización: “En Perú sucedió lo que en muchas otras sociedades colonizadas, que la colonización bajo presión nos dejó con la pregunta de cómo hubieran sido las cosas si se hubiera permitido el desarrollo de esa sociedad local que se truncó”.
La visión idealizada de los incas
La visión del mundo inca como uno primitivo y armónico que se vio truncado por la codicia sanguinaria de los conquistadores y la posterior colonización se alimentó en gran medida de la corriente indigenista que floreció en la literatura peruana del siglo XX.
Esta visión idealizada fue promovida por autores como Luis Eduardo Valcárcel, José Carlos Mariátegui y José María Arguedas, quienes se inspiraron en sus propias experiencias y reflexiones, pero también en las fuentes históricas disponibles en ese momento. Estas fuentes, en su mayoría escritas por cronistas españoles del siglo XVI, estaban sesgadas por la perspectiva cristiana europea.
La visión de los incas que presentaron estos autores se basaba en una serie de ideas clave:
Los incas eran una sociedad pacífica y justa, que vivía en armonía con la naturaleza.
Los incas tenían una cultura avanzada, con un sofisticado sistema de gobierno, una rica arquitectura y un arte deslumbrante.
La conquista española fue un genocidio que destruyó una civilización próspera y avanzada.
Esta visión idealizada de los incas tuvo un impacto significativo en la cultura peruana. Ayudó a crear un sentido de orgullo nacional y a promover la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas.
Sin embargo, esta visión también ha sido criticada por ser demasiado simplista y romántica. Los incas eran una sociedad compleja, con sus luces y sus sombras. No eran una sociedad pacífica y justa, sino que también practicaban la guerra y la esclavitud. Tampoco eran una sociedad uniforme, sino que estaba dividida en clases sociales.
Es importante conocer la realidad histórica de los incas para comprender mejor su cultura y su legado. Una visión idealizada de los incas puede llevar a una comprensión errónea de su historia y de su sociedad.
Los incas fueron una sociedad compleja, con sus luces y sus sombras. No eran una sociedad pacífica y justa, sino que también practicaban la guerra y la esclavitud. Tampoco eran una sociedad uniforme, sino que estaba dividida en clases sociales.
La visión idealizada de los incas se ha difundido ampliamente en la cultura popular, pero no se corresponde con la realidad histórica. Esta visión idealizada se debe a varios factores, entre los que se encuentran:
El deseo de los peruanos de tener un pasado glorioso, del que sentirse orgullosos.
La influencia de la cultura europea, que ha interpretado la cultura incaica a la luz de sus propios valores.
Los cronistas españoles del siglo XVI, que fueron la principal fuente de información sobre los incas, también contribuyeron a esta visión idealizada. Estos cronistas, en su mayoría religiosos, estaban sesgados por la perspectiva cristiana europea.
La importancia de las fuentes indígenas
Para conocer la realidad histórica de los incas es necesario recurrir a las fuentes indígenas. Estas fuentes, que incluyen documentos escritos en quechua o aimara, proporcionan una perspectiva más completa y equilibrada de la cultura incaica.
En los últimos años, los historiadores han comenzado a utilizar estas fuentes para reconstruir la historia de los incas. Este trabajo ha permitido superar la visión idealizada de los incas y comprender mejor su cultura y su legado.
Es importante conocer la realidad histórica de los incas para comprender mejor su cultura y su legado. Una visión idealizada de los incas puede llevar a una comprensión errónea de su historia y de su sociedad.
Las fuentes indígenas son esenciales para conocer la realidad histórica de los incas. Estas fuentes proporcionan una perspectiva más completa y equilibrada de la cultura incaica.
“Como no dejaron representaciones de sí mismos, siempre los hemos mirado a través de los ojos de otros, primero de los cronistas españoles que escribieron la historia de la conquista, luego de las películas que se hicieron en Hollywood sobre ellos, etc.”, indica Villanueva, que está convencida de que se requiere una nueva mirada.
“El pensamiento colonizador sigue teniendo mucho peso, sobre todo en el poder, pero podemos empezar a pensar de una manera seria y directa sobre quiénes fueron los incas realmente. Es un trabajo de reflexión, de cuestionamiento que va a llevar tiempo”, concluye.