A fines de este año se conocerán resultados de ADN de momias halladas en la Huaca Pucllana

Para fines del presente año se conocerán los resultados de las pruebas de ADN practicadas en Australia a los huesos de distintas momias halladas en fardos ceremoniales en la gran pirámide de la huaca Pucllana, en Miraflores.
Así lo adelantó la arqueóloga y directora del Proyecto Arqueológico Huaca Pucllana, Isabel Flores, quien indicó que los restos óseos de niños y adultos enviados pertenecen a entierros de las culturas Wari y Lima encontradas en la famosa huaca.

Explicó que estos análisis permitirán conocer si hubo o no relaciones de parentesco entre el personaje de élite momificado, al que le acompañaban en sus entierros la momia de un segundo personaje y niños o bebés sacrificados.

Flores subrayó que se enviaron los huesos a Australia porque es uno de los países donde tienen la tecnología más avanzada para el estudio de ADN con restos humanos antiguos.

Sobre la gran pirámide de Pucllana, donde se hacían actividades ceremoniales, se sabe que originalmente midió 25 metros de altura y actualmente tiene 20 metros.

En ella se han hallado siete plataformas con sus respectivos entierros de altas personalidades individuales, que pertenecen a las culturas Lima, Wari e Ischma.

Flores, quien estudia Pucllana desde 1980, agregó que los restos enviados a Australia pertenecen básicamente a las plataformas cuarta y quinta de la gran pirámide, «sitios muy frecuentes que utilizaron los Wari».

Hay presencia de los Lima en huaca Pucllana, entre los 400 y 700 de nuestra era, y se ubicaron entierros de los personajes de élite del imperio Wari (800-1,200 DC), de alrededor del 850 de nuestra era.

Flores tiene la teoría que la conquista Wari a los Lima fue pacífica porque en huaca Pucllana no se han encontrado armas.

«Los Wari, que eran un pueblo guerrero, se imponen, rompen los muros de la gran pirámide para enterrar a sus personajes de alta jerarquía. Ellos trajeron su cerámica, textiles y sus patrones religiosos, mientras que de los Lima aprendieron a pescar», agrega.

La huaca Pucllana fue un centro ceremonial-administrativo, cuya población vivió básicamente de los recursos que les daba el mar y por ello tenía carácter sagrado.

En las excavaciones se han encontrado aletas y dientes de tiburón, que servían para representarlo en sus ceremonias.

Los pescadores eran muy apreciados y también las tejedoras. Los habitantes que vivían en los alrededores de la huaca eran en su mayoría artesanos. Consumían 18 especies de pescados, mariscos; y de la agricultura, cultivaban frutales como chirimoyas, guayabas, pacaes.

Andina

Hallan perros momificados del siglo XV en Pachacámac

Animales fueron encontrados envueltos con telas, como especie de ofrenda, en la zona de acceso a la pirámide siete del santuario. Canes se dedicaban a la caza en la época inca.

Seis perros momificados de la época inca y cuatro fardos funerarios de niños que corresponderían al siglo XV, en buen estado de conservación, fueron hallados por un grupo de arqueólogos en el santuario de Pachacámac (sur), informó este miércoles el experto Jesús Holguín.

«Los perros momificados se encuentran en buen estado, tienen pelo y la dentadura completa», dijo a la AFP Holguín tras señalar que junto a los animales se halló el fardo funerario de un niño supuestamente sacrificado de la época inca.

«Lo que llama la atención es que todos los perros tienen la misma característica», indicó el arqueólogo, quien no pudo precisar la raza a la que corresponden, porque aún están en estudio.

Los animales fueron encontrados envueltos con telas, como especie de ofrenda, hace dos semanas en la zona de acceso a la pirámide siete del santuario de Pachacámac (unos 25 km al sur de Lima).

Enrique Angulo, veterinario del centro histórico, dijo que estos animales posiblemente se dedicaban a la caza en la época inca.

«Su fuerte dentadura nos hace pensar que se trataría de perros domésticos que también se dedicaban a la caza», señaló el especialista.

Angulo explicó que las radiografías y los estudios forenses sumados al tipo de objetos encontrados en la zona (cerámica y tejidos) permitirán identificar la tipología de estos animales.

Por su parte, la directora del museo de Sitio de Pachacámac, Denise Pozzi-Escot, manifestó que el hallazgo de seis perros momificados junto a cuatro fardos funerarios de niños del siglo XV permitiría ampliar los conocimientos sobre el perro peruano antiguo.

Según Pozzi-Escot, las pruebas determinarán la relación de éstos con un anterior hallazgo: el perro de Chiribaya, encontrado en la zona de Ilo en el departamento de Moquegua (a unos 1.220 km al sureste del Perú).

Arqueólogos peruanos han hallado desde 1993 alrededor de 82 tumbas de perros, acompañando a restos humanos de la cultura prehispánica Chiribaya (entre los años 900 y 1.350).

El único can peruano reconocido a nivel mundial es el perro sin pelo, declarado por el gobierno peruano como patrimonio cultural.

Pachacámac es un complejo arqueológico con numerosas edificaciones, que corresponde a la cultura Lima.

RPP

Dos mil años atrás, anónimos habitantes de la costa central edificaron con barro el centro religioso más importante de esta parte del mundo. Hoy el Santuario de Pachacamac atraviesa su hora crucial: el restablecimiento de un adecuado Museo de Sitio.  Las piezas que se presenta en este artículo nunca han sido mostradas al público.

A lo lejos, el santuario se divisa impreciso y muestra sus estructuras y piramides como si emergieran del desierto de Lurín, cargadas del mismo magnetismo que atraía a los antiguos peruanos. Dicen que en un zorros, peces y otros animales.  También cuentan que el lugar se llenó de la sangre de miles de individuos sacrificados como ofrendas para aquellas deidades avizoras.

La ciudadela de Pachacamac fue un enclave sagrado no sólo para los yungas o habitantes de la costa, sino para muchas culturas y sociedades prehispánicas. Fue erigido y concebido por los hombres de la cultura Lima como el gran centro de peregrinación, el aposento del oráculo, el hogar de aquel dios a quien se atribuía la capacidad de dar vida a todo lo existente. Las ceremonias realizadas en su honor se llevaron a cabo durante casi dos mil años.

Con el tiempo las edificaciones fueron consolidándose gracias al aporte de las culturas Wari, Ychma y, finalmente, Inca. A pesar de introducir sus propias deidades, estos pueblos jamás le dieron la espalda a la devoción por el Señor de los Temblores, Pachacamac, hacedor del universo. La grandeza arquitectónica de la reserva arqueológica más importante del litoral peruano, es un tema que se desplaza por el imaginario y se desarrolla en las páginas de los principales investigadores.

HOMBRES DE BARRO

La inquietud por saber qué anónimos personajes habitaron al pie de los grandiosos templos durante las épocas de peregrinación, fue una exigencia determinante para que, desde el año 2003, el Proyecto Arqueológico Pachacamac, que dirige el reconocido arqueólogo norteamericano Izumi Shimada, desentrañe los secretos que aún guarda el enigmático complejo. A Shimada también se le atribuyen exhaustivos estudios y reveladoras tesis sobre la cultura Lambayeque y Sicán.

“Nos interesa descubrir cuál fue la organización social de la población que llegó y cómo se mantuvieron en este sitio”, comenta.  “Estamos haciendo excavaciones en la Plaza de los Peregrinos –280 m de largo y 200 m de ancho– que es básicamente una construcción inca. Sin embargo, opinamos que esta plaza esconde gran cantidad de restos anteriores”.

De los avances de su metódico sondeo, se conjetura que el paisaje y funcionamiento del lugar fueron distintos antes de la llegada de los incas. La intención de Shimada y su equipo es complementar la actual visión que se tiene del lugar –reforzada por diversos documentos históricos.

“Nuestra hipótesis es que en el santuario se realizaban diversas actividades. Por un lado, se brindaban ofrendas, pero también existían talleres y viviendas”, señala. Estas conclusiones son refrendadas por esclarecedores hallazgos de objetos y elementos utilizados en la cotidianidad de los remotos habitantes: construcciones de quincha, gran cantidad de figurines –básicamente de estilo Chancay–, basura de todo tipo, restos humanos y de alimentos, pescados, semillas, piedras y cántaros que hoy se encuentran en un proceso de análisis químico.

Pero no es todo. También “hay una zona de cementerio y restos que indican que aquí se realizaban sacrificios. La idea que ahora tenemos de Pachacamac es mucho más compleja”, indica el arqueólogo. “Estamos investigando sobre la procedencia de los peregrinos que, aparentemente, llegaron de distintos lugares de la costa central para quedarse por un tiempo. También indagamos sobre la relación de los asentamientos con el Templo del Sol y otros lugares sagrados”.
Trabajo por delante, el proyecto arqueológico espera configurar plenamente el valor del santuario a la luz de sus próximos descubrimientos.

EL FUTURO DEL ORÁCULO

Hoy el complejo religioso tiene un lugar en la mente y en las agendas de trabajo de un grupo de profesionales y técnicos del INC, quienes velan por su protección y su futuro. El nuevo director del Museo de Sitio Pachacamac, Marcelo Saco, lo tiene clarísimo. La idea es consolidar al conjunto arqueológico como un foco que dinamice la zona. Ya se han puesto manos a la obra y las instancias involucradas comienzan a dar forma a lo que próximamente podría ser un eje cultural, turístico y económico.

“Lurín es uno de los valles de mayor impacto en el Perú. Está siendo urbanizado y pronto la ciudad se expandirá por aquí”, comenta Saco. “He ahí la importancia de empujar el proyecto del museo de sitio que, enmarcado en un adecuado plan de manejo, activaría el desarrollo ordenado del valle gracias a su potencial. Un museo en Pachacamac necesita un plan que proteja y ayude a recuperar el santuario, y que resguarde los sitios arqueológicos del valle medio y bajo de Lurín”.

Pocos saben que el futuro del sitio es materia de varias mesas de trabajo, las cuales reúnen a personal del INC y autoridades de la zona con el fin de establecer criterios, ubicar necesidades y recoger puntos de vista para elaborar el Plan de Manejo. Este es un requisito indispensable para que Pachacamac forme parte de la Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

“La idea es implementar un plan operativo para administrar el complejo en las tareas de investigación, conservación, puesta en valor e interacción con el entorno”, explica Saco. Asimismo, “establecer lineamientos mediante los cuales sea sostenible una gestión eficiente en concordancia con el desarrollo local, regional y de los distritos implicados en la expansión turística y defensa del complejo”.

Por lo pronto, son puntas de lanza de la actual administración del conjunto arqueológico temas clave como: la protección de la zona intangible, la puesta en valor y preservación de los monumentos, así como el proceso de conservación y restauración de piezas invalorables –textiles, cerámica, material orgánico– que, después de muchos años, están en manos de un equipo técnico joven y entusiasta.

La nueva mirada y el interés del INC para consolidar el gran proyecto se manifiestan en la voluntad de remodelar los espacios de exhibición, la implementación de laboratorios, almacenes y gabinetes con las condiciones ambientales y de trabajo idóneas.

También se proyecta el establecimiento de una correcta señalética, el reforzamiento de la seguridad, el asesoramiento y la especialización en lenguas extranjeras para los guías, e incluso la apuesta por un proyecto de alumbrado.

El camino es largo. Varias instancias del INC (Dirección de Arqueología, Dirección de Museos, Dirección de Defensa del Patrimonio, Dirección de Sitios de Patrimonio de la Humanidad, Dirección de Paisaje Cultural) trabajan coordinadamente y en estrecha relación con la Dirección de Museos, que lleva la batuta del proyecto.

El objetivo es la creación de un soporte idóneo para la investigación –aún hay vetas no estudiadas en el sitio–, y el logro de convenios y beneficios a partir de la cooperación técnica. Se busca así una dinámica de servicio turístico que apelea las necesidades de todo tipo de visitantes –extranjeros, estudiantes, escolares, profesionales, etcétera–, que contemple la preservación de la reserva arqueológica, y la participación de la comunidad a través de gobiernos locales, empresas y comités populares, en el proceso de manejo sostenible.

Mientras tanto, la ciudadela permanece silente, sabia y sagrada, a la espera de su porvenir. A la espera de que la gente arribe de distintas partes del mundo para rendirle pleitesía y demostrarle su respeto. Centro de peregrinación también en el siglo XXI, Pachacamac ha despertado y está entre nosotros con nuevos bríos y más fuerza que nunca.

(José Carlos Picón)