Indice Temático
Sitios Sacros
Huamachuco
LAS FASES TARDIAS: 1000 – 1534 d.C.

Dos fases cerámicas comprenden el período Intermedio Tardío y el Horizonte Tardío. La fase Tuscan (1000 a 1476) se caracteriza por dos estilos distintos, Huamachuco punteada y Huamachuco sobre Blanco (krzanowski and pawlikowski 1982). La distribución del primer estilo se encuentra principalmente al noroeste, hasta la parte alta del Valle de Chicama, entre la zona de Otuzco y Huamachuco. El segundo estilo es más común en Huamachuco, y no parece ser frecuente al oeste y noroeste, aunque sí se extiende al noreste hasta Cajabamba (McCown 1945: 327-328). Huamachuco sobre Blanco continúa en la fase Santa Bárbara (1476 ó 1533 d.c) y jarras de este estilo a veces muestran adornos zoomórficos que ellos imitan y son típicos de jarras aribalos. También en esta época se encuentra algunos ejemplares del estilo Inca provincial.

La interacción entre Huamachuco y otras regiones seguía en estas fases tardías, pero con cambios importantes. Durante las fases medias la ruta principal para interacción e intercambio fue el camino nor-sur. Durante la fase Tuscan, el intercambio fue más frecuente entre el este y oeste, y el imperio Chimú de la costa norte se comunicaba con sitios en el vertiente occidental como cerro Sulcha (Carabamba), Carpaico (Otuzco), Huasachugo ( Unigambal) y Cuidista (Salpo), estos grandes sitios, sobremiran la costa; con frecuencias presentan abundante resto de cerámica importada de los Chimú.

En Huamachuco hay poca evidencia de la interacción con los Chimú, ni con territorios al norte ni al sur de Huamachuco. El aislamiento de Huamachuco se puede atribuir a dos causas: primero, el crecimiento de la población en el vertiente que cambiaba la balanza de poder en la zona, contribuyendo a la surgencia de los sitios del oeste; y segundo, la conquista por parte de los Chimú de un territorio que extendía gran distancia por la costa, y su preferencia para intercambio directo con sus vecinos serranos, tratando con cada grupo individualmente. Huamachuco 1 parece haber perdido su ventaja estratégica en la red de comunicación dentro de la provincia, y perdió la ventaja demográfica que hubiera permitido la dominación de la provincia.

Aunque varios de los sitios de la vertiente occidental fueron más grandes que Marcahuamachuco bien reducido en su población y poder – en la fase Tuscan, ninguna llegaba a una posición dominante, y los Chimú trataban con cada sitio de manera independiente.
Esta situación que producía en el período Intermedio tardío una balanza de poder económico y demográfico entre los grupos de vertiente occidental, el imperio chimú que no parece haber tenido ambiciones para la dominación directa de territorio serrano, y Huamachuco que no podía ejercer la misma dominación que en fases anteriores.

Marcahuamachuco seguía ocupado, pero ninguna construcción nueva de escala monumental ha sido fechada a la fase Tuscan. Muchos edificios son abandonados en éste período, inclusive la mayoría de los galpones nichados. Restos de esta fase son comunes en las zonas domésticas del sitio, también en el castillo que sin duda seguía sirviendo como centro ceremonial del sitio y de la zona. Los edificios nuevos construidos en esta fase generalmente cuadrangular son un tipo nuevo que reemplaza la galería.

Aparte de Marcahuamachuco, hay tres grupos importantes de sitios, cada grupo constituido por un sitio grande y unos satélites más pequeños. Este patrón de asentamiento es similar a lo de las fases tempranas, en particular la fase Purpucala, pero en el patrón tardío son visto que los habitantes estaban utilizando un rango más amplio de elevaciones. Uno de los tres grupos está ubicado a una elevación alta, en proximidad a pastos y tierra apta para el cultivo de alimentos de altura. Otro grupo de sitios se encuentra en elevación baja, y el tercer a una elevación intermedia.

Cerro Amaru fue abandonado antes de la época tardía, y el centro ceremonial prominente para la fase tardía es probablemente La Huaca de Catequil, un adoratorio famoso en el siglo 16 (San Pedro 1992; Betanzos1987 [1551]). ubicada en San José de Porcón, más cerca a Santiago de Chuco que Huamachuco. Esta Huaca fue destruida completamente por Atahualpa durante la guerra civil, según los cronistas.

En la fase Santa Bárbara los patrones de asentamiento y comunicación regresan a los de las fases medias. El camino nor-sur fue otra vez la ruta principal y los Incas establecían su centro administrativo en Huamachuco, al pie del Cerro Sazón y muy cerca a Viracochapampa y Marcahuamachuco. Unos andenes fueron construidos por los Inca, el camino fue reconstruido, y un complejo para almacenaje fue construido en las faldas de los cerros circundantes a Huamachuco (topic y Chiswell).

Aunque la presencia incaica no es muy visible en Huamachuco, la construcción de colcas y estructuras asociadas señalan un cambio estructural más grande que cualquiera del horizonte medio. Las fuentes documentales hablan de otros cambios, por ejemplo la entrada de mitimaes en la zona, y un sistema extensivo de Tambos; investigaciones arqueológicas han confirmado la realidad de estos cambios (Topic y Topic 1983). Los Tambos tanto como la ubicación de grupos mitimaes evidencian la importancia de caminos para el estado incaico, inclusive los caminos que se dirigían al oeste de Huamachuco hacia la vertiente occidental. Tiestos cerámicos del Horizonte tardío se encuentra en Cerro Sulcha, Rogoday (cerca a Carpaico), en la zona chaupiyunga de Virú, indicando que estas zonas fueron nuevamente conectadas con las rutas serranas.

En conclusión, uno de los cambios más importantes durante las fases tardías es la manipulación de las rutas viales, primero por los Chimús y después por los Incas, con el fin de controlar el movimiento de bienes en vertiente occidental. Esta política de manipulación resultaba en la aislamiento espacial primero de Huamachuco, y después de los valles costeños (Dillehay 1977; Topic y Topic 1985).

CONCLUSIONES

La contribución del proyecto Arqueológico Huamachuco al estudio de la prehistoria andina abarca tres niveles: mejoramiento de los datos disponibles para Huamachuco; establecimiento de una secuencia regional; y al nivel teorético, un entendimiento mejor del proceso de cambio cultural en el mundo andino. Todos dan cuenta del aumento catastrófico en la destrucción de restos arqueológicos en el Perú, resultado de las fuerzas de desarrollo y de una crisis económica que restringe de manera trágica el recurso disponible para la conservación y protección del patrimonio monumental del país. Frente a tal situación, de cada obra arqueológica de rescate, el proyecto Arqueológico Huamachuco ha colaborado en recoger datos importantes que se tratan con la evolución de una cultura regional cuyos monumentos siguen siendo destruidos con rapidez alarmante.

El proyecto también ha contribuido al entendimiento histórico-cultural. Huamachuco es heredero de una tradición cultural distinta y rica, siendo en el pasado no recibidor pasivo de influencia de otros centros contemporáneos, sino agente de cambios en las culturas con quienes se comunicaba.

Esta influencia es más marcada durante el horizonte medio, con la adopción por Huari del patrón arquitectónico que influenciaba. En otras épocas, Huamachuco fue menos entrelazada con culturas vecinas, y este aislamiento cultural le permitía desarrollar y mantener una tradición cultural única.

Y finalmente, la mayoría de arqueólogos con interés en el mundo andino han utilizado para interpretar sus datos dos tipos de modelos, que invocan la adopción y la utilización de los recursos diversos de los múltiples ambientes naturales, y modelos que presumen un aumento continuo y casi inevitable en la centralización de instituciones sociales y económicas.

Los datos disponibles para la prehistoria de Huamachuco no se acomodan a estos modelos. En Huamachuco, los requisitos de autosuficiencia se pueden satisfacer dentro de un territorio limitado, y la centralización política llega a su máximo en el horizonte medio, alcanzando solamente un nivel intermedio no más. Por otro lado, en el periodo intermedio temprano tardío y el horizonte medio, Marcahuamachuco y cerro Amaru fueron sitios de gran importancia, demostrando arquitectura monumental sofisticada.

Huamachuco nos hace recordar que ni una organización política al nivel estatal, ni un sistema económico bien centralizados es necesario para la construcción monumental. También debemos recordar que la geografía andina tiene un efecto aislante que puede producir diferentes niveles y procesos de desarrollo en regiones bien cercanas hasta hoy día. En Huamachuco, sugerimos que el aislamiento, una población relativamente baja, cambios bruscos en elevación, y la infrecuencia del militarismo fomentaba integración fuerte al nivel local, mientras que el intercambio, la peregrinación, y una ideología compartida fueron los mecanismos que permitían una integración mas suelta al nivel regional.

Sitios Sacros
Cajabamba Prehispánico
ADORATORIO DE MARCAMACHAY

Son númerosas las evidencias hasta ahora desconocidas por la falta de exploración y estudio.

Así lo reconocía por aquel entonces el arqueólogo Dr. Theodore McCown, y al respecto manifestó: «Es la localidad de Marcamachay, este distrito que repetidas veces describó, tiene abundantes restos y sobre el cerro Wakra y Yanaorco en las inmediaciones al norte del pueblo de Sitacocha, por lo que tuve el deseo de investigar dicha región«.

En su libro «Pre-Incaic-Huamachuco Survey and excavations in the Región of Huamachuco and Cajabamba», publicado en 1942, queda plasmado que existía la necesidad de hacer mayores estudios al interior de Cajabamba y poder entender mejor que es lo que acontecía con las sociedades Pre incas.

La presunción del arqueólogo McCown, sobre la zona se debía a la referencias y a las manifestaciones escuchadas de los antiguos propietarios de las ex haciendas: Marcamachay, Jocos, Sitacocha, Wakra, Pana, Cujibamba, Chuquitén, Yanás y diversos lugares sobre el Marañón, donde el campesino se ostentaba de los grandes hacinamientos y concentraciones de restos arqueológicos, fortalezas, andenes, acueductos, necrópolis y osarios.

Algunas de las mencionadas evidencias en «Llautorco» de lugares inaccesibles, tampoco se escaparon a la irremediable furia del saqueo y la falta de preservación; el campesino destruyó, en su afán de curiosear, el tiempo también fue y sigue destruyendo, siendo cada vez lejano el alcance para el estudio científico e interpretativo de lo acontecido en estos diversos lugares.

Es muy común observar que en las cumbres más elevadas, el hombre ha dejado huellas de haber modificado estas elevaciones, cuyas cimas mantienen restos de sus muros, pircas.

En 1939 pasó en Misión de Estudio el Dr. Julio C. Tello con dirección a Chilia (Provincia de Pataz), poniéndose en contacto con el profesor Máximo Barrueto, quien años más tarde ocuparía el cargo Ad-Honoren de Inspector de Monumentos Arqueológicos de Cajabamba. Proporcionó 21 cráneos, los cuales mantenía en la escuela como parte de la colección de un museo escolar.

Posteriormente, el Dr. Theodore McCown tuvo al señor Barrueto, por recomendación de Tello, como uno de los mejores guías conduciéndolo a: «Laymina», Ayangay, Otuto, Pampa de los Quinuales, Cueva del León, Cerro Callanas, Quebrada de Ayanday y la Peña Negra, de allí que su recorrido esté; basado sólo en los alrededores de Cajabamba.

Los acontecimientos de la segunda guerra mundial, lo obligó; a ser breve a McCown en su estudio y retornar a su país natal.

Pero su aporte es trascendental en la Arqueología Peruana dejando estudios como el lugar que visitara en los sepulcros de Ayangay, en las cuales podía observarse tapas funerarias cubiertas con losas de piedra talladas de 4 a 6 metros, superpuestas.

Del Museo Escolar de aquel entonces que acumulara bienes arqueológicos, se conoce la existencia referencial que algunos de los diversos cráneos acumulados, algunos presentaban deformación dolicocéfala fronto occipital, braquicéfalos y otras con persistencia de la sutura medio frontal o metópica.

Los trabajos realizados por el arquitecto José Pineda Quevedo, en su libro «Patrones de Asentamiento Pre hispanicos del Valle del Condebamba» 1989. Nos ayuda a visualizar genéricamente los diversos procesos sociales y su nivel alcanzado en el desarrollo evolutivo, de la misma manera, las filiaciones culturales que predominaron en el valle del Condebamba.

Los estudios de Pineda manifiestan un claro y notable cambio en la población de esta área, la cual comenzó a ocupar poblados en las partes altas de los cerros, sobre los 3,00 m.m.s.n.m., lo que anteriormente no sucedía para el valle del Condebamba, estos poblados dependían de Marcahuamachuco en aquel entonces.

En la mayoría de las partes altas, ocupada por el hombre pre hispánico, al igual que otras partes del Perú ; en la que fue difícil destruir las grandes salientes naturales; optaron por aprovechar con habilidad estos lares, de tal manera que fueron haciendo terraplenes.

Sólo las curvas de nivel nos indican con nitidez de estas variadas terrazas que van escalonando en forma circular y notoria cima, hoy cubierta por vegetación , bajo estos pequeños montes, al ascender, se va asimilando que ésta, cada vez, va ampliándose en las partes que más baja ajustándose al medio natural de la estructura rocosa y que no sólo cumplió una función netamente defensiva y de subsistencia, sino que también, en ellos hay restos de patios rectangulares, tal es el caso de «Llautorco»; estos terrenos ampliados artificialmente en su superficie albergan fragmentos de cerámica de diversas etapas.

Las huellas del hombre en estos lares convergen de un lugar a otro con la manifestación local: puede observarse sitios con una acentuada influencia wari. Cajabamba tiene una marcada influencia Cajamarquina y la relación con Huamachuco identificadas para el período Intermedio tardío (700-800) d.C. siendo ésta la que cubrió toda el área, teniendo también peculiaridad de diversas influencias que estaban presentes, sin obviarse la influencia costeña y las culturas del Marañón debido al intenso intercambio.

Dentro de la toponimia quechua tenemos algunos términos que llamaron nuestra atención, como el lugar denominado «Marcamachay» en la cual sus componentes derivan de las palabras «Marca» que significa región, aldea, pueblo y parte alta. El término «Machay», según Flores Galindo, identificaba en otros partes de Perú como «antiguos cementerios, cuevas, grutas, cavernas», de acuerdo a las investigaciones arqueológicas se reafirma a dichos términos, estas cavernas que servían de habitación, también se le denominaba a algunos adoratorios o sepulturas. «Machay» era lugar sagrada.

Tal es así, que en la colonia aun persistía la costumbre de trasladar a los muertos del templo católico al «Machay» era un acto que consagraba el reencuentro de los hombres andinos con otra tradicción. Los remitió a sus propios linajes y a través de ellos al mundo de sus divinidades. En el interior del distrito de Sitacocha, se ubica «Marcamachay» y entre el poblado se encuentra un singular promontorio rocoso, el fue labrado en su parte esté teniendo una sobresaliente rectangular en la parte alta, todo hace indicar que allí se realizaban ciertos rituales con orientación al ocultamiento al sol.

Es sumamente lamentable que varios de estos lugares distantes hayan sido saqueados, pues la pérdida de la información arqueólogica es irreparable, tal es así que ver los trozos de piedra disturbados de lo que fuera un recinto mortuorio, están común, pues lo poco que nos informan es que, estas habían sido construidos en forma arrinconada o pegada a la roca, en las fallas geológicas tal es así que en algunos de estos lugares afloran restos de osamentas humanas esparcidas.

Las estructuras fueron elaboradas con piedras planas unidas con barro, era observable cierta piedra blanca que por referencia de los lugareños sabemos que la ponen al fuego para posteriormente «Chacchar» la coca, está piedra de origen calcario es escasa por estos lugares.

Algunas de las pequeñas estructuras caídas no queda ni la reducida entrada en algunos en otras es apreciable el dintel de palos de que la sostenía. El recinto funerarío al igual que otros lugares del Perú y América fué , al parecer, una práctica generalizada en algunos pueblos dentro de su desarrollo autóctono. En 1950 Reichlen prueba la existencia de estos en el valle del Utcubamba, Amazonas, siete años después Horkheimer detalla algunos para Junín en la zona de Pachayo. En 1959 Espejo, reporta para Cajamarca en la playa del Coco tambíen Matos 1960. Estrada en 1981 describe para algunos con esta similitud para Huancavelica. Si bien es cierto que son diversos los lugares con estas peculiaridades; estas difieren los unos de los otros en sus elementos arquitectónicos. Los de Yanas son de simple arquitectura, no presentan hornacinas ni enlucidos, tampoco pinturas, aunque sólo responden a la misma modalidad funcional de ser recamaras funerarias.

Sitios Sacros
Cajabamba Prehispánico
BIENVENIDOS A CAJABAMBA

Incrustada en la sierra septreptional; Cajabamba se ubica a 124 Km. al Sur de Cajamarca y 60 Km. al Norte de Huamachuco, está a 2,650 metros sobre el nivel del mar. Entre los paralelos 7º 7′ 30″ y 7º 35′ 10″ de latitud sur; entre los meridianos 77º 42′ 35″ y 78º 31′ 20″ longitud Oeste, y una extensión 2,025.15 km2. Una población de 67,381 habitantes.

Esta capital de provincia se abre paso entre la diversidad geográfica, presentando: pampas, bosques, lomas, punas, quebradas y lagunas que dieron paso a la formación de valles interandinos; un ameno espectáculo de esta tierra que seduce y encanta la vista del observador.

Son las diversas tonalidades del verdor que llaman la atención; muestra afirmativa de un fértil valle que por el trayecto histórico ha venido desarrollándose bajo un cielo azul, sereno, limpio y nítido.

El hombre desde tiempos remotos albergó la rebeldía viril; continuamente fue enfrentándose a una naturaleza accidentada y agreste, estableciéndose en las partes altas, cuyas elevaciones hoy nos muestran la solidez y laboriosidad de una amplia existencia que no sólo tuvo sus orígenes en el vínculo de consanguinidad, sino también el de la defensa común y el de un culto hacia los legendarios antepasados y divinidades protectoras.

La actual capital de provincia se halla al pie de las faldas del Mítico «Chochoconday», un viejo santuario masculino, testigo mudo de los diversos procesos sociales. Esta montaña o huaca tutelar de la tierra fértil cajabambina, del cual fue existiendo una muy perfecta correlación entre el carácter de los antiguos pueblos y el de la naturaleza, de la cual, los grupos humanos extraían materias primas para su sustento biológico. El arqueólogo Tehodore McCown reafirmaba la existencia de andenes o terrazas de un antiguo poblado en el costado del mencionado cerro.

La tierra también era una deidad muy antigua, de cuyo interior brotaba y aún brota la abundancia del líquido elemento; como los conocidos ojos de «Lanla», al igual que diversas fuentes que irrigan la tierra de los Cajabambinos.

Entre sus rocas eternas hay el resumen de las diversas etapas de la vida nacional, desde las remotas épocas prehispánicas hasta la actualidad, el lugar sigue siendo centro en donde se reafirman creencias y tradiciones.

A través del tiempo, el sincretismo cultural está manifiestándose como respuesta personal a un mundo unido por la intensidad de fe y es que Cajabamba expresa el reto actual de mayores investigaciones y de progreso, en la que sus hijos se esfuerzan por proyectarse al futuro.

Cajabamba de paisajes bellos y sugestivas leyendas, fue centro histórico de múltiples acontecimientos trascendentales que han ido fundiéndose cual crisol; sus hijos han ido dejando huellas sobresalientes en las diversas áreas. En sus rocas eternas hay el resumen de las diversas etapas de la vida nacional.