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Arquitectura Inca como expresión de poder: Pachacamac

Introducción.

La arquitectura monumental del complejo de Pachacamac es un tema que ha sido tratado ampliamente. En este sentido, ha llamado la atención el desarrollo urbano y el carácter de asentamiento al interior de la primera y segunda muralla en la que confluyen grandes edificios desde periodos tempranos. Tal es el caso del Templo Viejo (Intermedio Temprano) abordado por Franco (1993a, 1993b), Franco y Paredes (2016); y el complejo de adobitos por Marcone (2001). El caso del Horizonte Medio es aún incierto a nivel de arquitectura que pueda marcar diferencias, debido a la falta de estudios concretos de edificios construidos propiamente para esta época, siendo solo abordado por Paredes (1985) y Franco y Paredes (2016) a través de fases superpuestas a los ya existentes Templo Viejo y Templo Pintado.

Caso contrario ocurre con los edificios denominados Pirámides con Rampa (Eeckhout 1995, 2000, 2003, 2010). Eeckhout basa sus estudios a partir de una caracterización de fundación y clausura de las Pirámides con Rampa, y sostenidas en base a fechados. Además, postula una propuesta teórica basada en la jerarquía entre los edificios y la sucesión de gobernantes principales que construyeron cada Pirámide-Palacio principal (concretamente PCR1, 2, 3, 7 y 12). Postula también que a la par de lo anteriormente descrito, se dio la presencia de ocupaciones transitorias de peregrinos, que ocuparon los espacios abiertos (patios) de estos edificios; remodelados en ciertos aspectos por una arquitectura en muros de quincha o muros ordinarios, dando paso a ocupaciones domésticas en los mismos (Eeckhout 2004; Eeckhout y Luján 2013a).

La arquitectura inca ha sido también un tema muy discutido para el complejo monumental de Pachacamac en estos últimos años. De acuerdo a las evidencias, se ha venido sosteniendo que muchos edificios fueron construidos en dicha época (Makowski 2015). Sin embargo, esto no parece ser del todo cierto, como bien pudimos argumentar en el ciclo de conferencia organizado por el Qapaq Ñan – Ministerio de Cultura y el simposio organizado por la FCS-EAPA de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Eeckhout y Luján 2016a, 2016b). Los cambios de una arquitectura sobre otra se observan claramente al interior del complejo monumental, lo cual se hace evidente en el edificio B15, el cual fue remodelado tras ser ocupado por los incas. Por lo tanto, el carácter formal de continuidad en el sitio se basa en remodelaciones y renovaciones de edificios particulares; en principio como consecuencia de procesos de coyunturas de poder político, la cual pudo darse en las esferas de las élites en Pachacamac a la llegada de los incas. Una vez transcurrido este hecho, el Estado inca (en el Horizonte Tardío) habría fortalecido su poder político con la construcción de edificios como el Templo del Sol, el Acllahuasi, etc.; esto como una cuestión necesaria para afianzar su legitimidad en la costa central, basada en una estructura orgánica (piramidal) social, política, económica y religiosa.

Dada entonces la naturaleza del poder inca en la costa central, sus manifestaciones se fueron dando de formas diversas. Una de estas fue la arquitectura bajo el prolegómeno de remodelaciones de edificios que cumplieron roles fundamentales de manejo del poder. Este fue el caso del edificio B15, absorbido y asimilado por principios religiosos y políticos que permitieron continuidad (control, manejo y uso) para actividades de tipo ritual, las cuales parecen tener su precedente en periodos anteriores. Estas se realizaban con el fin de fortalecer vínculos entre la esfera política (inca) y el oráculo (dioses), teniendo como intermediadores a los sacerdotes (o chamanes).

Arquitectura Inca como expresión de poder: alcances,
perspectivas y fases constructivas del edificio
B15 (Complejo Monumental de Pachacamac)
Autores: Peter Eeckhout y Milton Luján

Antecedentes

Muchos han sido los estudios desarrollados en Pachacamac. El pionero Uhle (1903) fue el primero en proponer un plano para monumento. Un siglo después, el Proyecto Ychsma logra desarrollar, como parte de su proyecto de investigación, un levantamiento topográfico y sistemático del complejo monumental de Pachacamac (Eeckhout 2010). Esto ha permitido tener un mejor conocimiento de la arquitectura y su diversidad, hecho que ha llevado al desarrollo de una propuesta tipológica de los diferentes edificios (Eeckhout 2012a), con el fin de diferenciar el grado de función, pudiendo ser: sagrado-religioso, palaciego, político-administrativo, etc.

Por otro lado, las intervenciones de Tello, hoy conocidas a través de los Cuadernos del Archivo Tello (2007, 2009, 2012), nos han brindado una idea clara sobre los edificios tardíos, aspecto fundamental para entender el posicionamiento de los incas en el Oráculo de Pachacamac. Desde estas fuentes es posible hacer una lectura y entender el rol que desempeñó cada edificio, pudiendo distinguir su importancia en el último Horizonte. Los recientes trabajos en diferentes sectores y edificios en el sitio, desarrollados por el Museo de Sitio de Pachacamac (MSP), ayudan también a enriquecer nuestros conocimientos, especialmente los concernientes al área monumental (Bueno 1982; Franco 1993a, 1993b, 2016; Jiménez Borja 1985; Marcone 2001; Paredes 1988; Pozzi y Bernuy 2010).

Otro de los aspectos importantes para entender

Pachacamac, son los edificios, los cuales sintetizan particularidades funcionales para las épocas tardías. Los estudios abordados por el proyecto Ychsma (Eeckhout y Luján, 2013a, 2014) fundamentan de manera concreta, no solo procesos sociales sino, procesos de cambio en la arquitectura, tales como las remodelaciones o renovaciones. Por lo tanto, cada estudio, a partir de una visión no sesgada, ayuda a ampliar las bases fundamentales para una explicación de los procesos que pudieron desarrollarse al interior de los edificios.

Desde esta lectura un tanto generalizada, se puede explicar entonces los roles protagónicos desempeñados, de manera particular, en edificios como el B15 en época inca. Un claro ejemplo de esto nos lo brinda el caso del edificio 8, el cual por sus características, ayuda a entender y esclarecer aspecto de complementariedad económica en Pachacamac (Eeckhout, 2012b; Eeckhout y Luján 2013a, 2013b; Luján y Eeckhout, 2016).

Cuestiones como estas sustentan procesos de cambio a nivel de arquitectura, que se regulan y complementan a través de las evidencias de hallazgos in situ al interior de los edificios, y expresan así roles protagónicos al interior del complejo monumental. Esta visión se amplía y complementa con la presencia de representaciones iconográficas que forman parte de los murales hacia la etapa final de ocupación en Pachacamac. Un ejemplo de ello se evidencia en el edificio B15 (Eeckhout y Luján 2014) cuyas representaciones iconográficas indican tanto las relaciones o influencias de otras sociedades, así como la existencia de contenido simbólico sagrado. Estas representaciones también se encuentran plasmadas en el Templo Pintado (Muelle 1939).

Es así que la naturaleza de los murales merece nuestra atención y discusión. El caso del edificio B15 ha sido solo abordado dentro de procesos de renovación

Figura 1. Localización del sector B15 entre la segunda y tercera Muralla.

de las pinturas murales en espacios específicos. Por otro lado, el tema de la iconografía puede ser vista de manera más amplia desde su aspecto formal, entendiendo los murales de los templos y su relación con la religión, la cual fue originada posiblemente desde periodos tempranos en el Templo Viejo. Este tema ha sido abordado superficialmente por Franco y Paredes (2016) en el Templo Viejo; y por Uhle (1903), Bonavía (1985) y Marcone (2003) en el Templo Pintado. Finalmente, no trataremos dicha cuestión en este ensayo, al margen que el templo del sol muestre únicamente pintura monocroma (lo cual es una característica de la época tardía).

Localización

El Complejo Monumental de Pachacamac está ubicado a la altura del km 30 de la Panamericana Sur, margen derecha del rio Lurín y próximo a su desembocadura en el océano Pacifico. El edificio (B15) se localiza al noreste del Templo Viejo, Templo Pintado y el Templo del Sol, encontrándose aislado de las pirámides, edificios, plazas y otros. En términos de localización espacial, el edificio se encuentra entre la primera y segunda muralla. Su ubicación entonces permite sugerir una relación directa con los templos y edificios de diferentes épocas (Figura 1), aun, cuando no se ha evidenciado pasajes o calles que permitan conectar a

estos espacios. Esto se deba posiblemente a la presencia del actual circuito turístico, el cual podría haber cortado las antiguas vías, tema que queda por resolver.

Resultados preliminares a nivel la arquitectura del edifico B15

Figura 2. Corte oeste – este relacionado a rasgos arquitectónicos.

El edifico B15 corresponde al “Tipo 4” (Eeckhout 2012a) de nuestra clasificación arquitectónica, es decir, a una estructura cuadrada rodeada por cuatro muros bastante anchos de cerca 2 m, a la que se accede por un solo ingreso de 0.90 m de ancho ubicado en la esquina noreste. Sus paredes se encuentran pintadas de color rojo intenso, similar al templo del sol.

La estratigrafía del edificio B15, a nivel de las dos primeras capas superficiales, cubrió componentes arquitectónicos como el muro perimétrico, relacionado con el ingreso principal; y los muros de la parte central, relacionados a accesos, pasadizos y otros rasgos arquitectónicos (pozas, estructuras en desnivel, banquetas, hoyos, enlucidos y pisos) (Figura 2), que estuvieron relacionadas a ofrendas de “abandono”. Por otra parte, se presentó superposición de muros, donde los muros perimétricos corresponden a la última época (Horizonte Tardío), y el muro por debajo de la base del anterior, estaría relacionado a una de las últimas fases del Intermedio Tardío.

La asociación de este conjunto de evidencias, junto con el registro sistemático, teniendo en cuenta la superposición y recurrencia de los hallazgos (Lumbreras 2005), nos ayuda a proporcionar una interpretación del edificio, estableciendo dos aspectos fundamentales para nuestra investigación: fases relacionadas con los últimos periodos en el edificio (Intermedio Tardío – Horizonte Tardío) y su función.

La caracterización del edificio busca resolverse a través de excavaciones en área, lo cual permitirá claridad con los eventos temporales (cortos o procesos largos), generados a través de las remodelaciones de los espacios, ya sean en el exterior o al interior del conjunto arquitectónico; así como renovaciones de rasgos particulares.

Figura 3. Distribución de las unidades excavadas en relación al plano de sector B15.

La unidad 124, excavada en un área de 300 m2, evidenció un conjunto de contextos de ofrendas de abandono perfectamente depositadas sobre el último piso de los recintos, pasadizos, pozas y nichos. Si bien esos hallazgos no son materia de este ensayo, estos serán referenciados sucintamente. La unidad 126, excavada en un área de 27 m2, mostró correlación con la arquitectura central a través de cambios arquitectónicos por superposición de muros y recurrencia de pisos, asociados a contextos de ofrendas. La unidad 127, acceso principal, fue excavada en un área de 18 m2. Esta se planteó para explorar el ingreso al edificio, así como posibles fases de superposición arquitectónica relacionada a épocas tardías.

Figura 8. Estructura en desnivel 2 (banqueta) con diseños de motivos de personajes y peces relacionados con la ocupación Inca.

La estratigrafía en el acceso estuvo conformada por dos capas relacionadas con la última ocupación: una superficie de arena eólica y una siguiente formada por tierra suelta beige, creada a partir parte de restos de adobes (de los muros perimétricos), los cuales cubrieron tanto remanentes de enlucido simple como con segmentos de pintura y motivos figurativos. Estos motivos presentaron decoración en color amarillo, crema y verde, encontrándose en los mismos adobes. Desde el borde interno del muro perimétrico, la capa presentó un desnivel con eje norte-sur hasta alcanzar una superficie horizontal, que se encontró alterada con material removido y relacionado a entierros disturbados de épocas más tempranas.

Al interior del acceso principal, el piso estuvo alterado, presentando ofrendas de figurinas marinas en nácar (Figura 6), asociado a un poste ubicado en la parte central. También se encontraron restos óseos de cuyes por debajo del último piso (que cubre una sucesión de pisos por renovación), el cual se encontró relacionado con la ocupación inca y quizá con la última fase del periodo Intermedio Tardío. La base del muro perimétrico presentó superposición en relación a un muro anterior. De igual manera, el uso de técnicas constructivas diferenciadas, tecnologías constructivas diferenciadas, así como el uso de diferentes tipos de adobes, supondría la existencia de dos diferentes fases constructivas (Figura 7).

La arquitectura interna nos muestra áreas de recepción, pasadizos laberinticos y recintos, a los cuales se ingresaron a través un vano. Este último estuvo asociado con la prolongación del muro que separa el pasadizo laberintico, del recinto 7; y un muro aún no definido, posiblemente asociado al muro perimétrico del lado norte. Este muro también restringió ingreso directo al recinto 7, el cual delimitó en el lado sur con otro muro (M19) en eje este a oeste (de 0.60 m de ancho por cerca de12.50 m de largo) (Eeckhout y Luján 2014).

La presencia de tierra, adobes y piedras asociados al muro (M19) que divide el lado norte del lado sur del edificio, cubre la estructura en desnivel 2 (banqueta), la cual presenta 0.50 m de ancho por 1.40 m de largo. Esta

banqueta, que también presenta en una sección enlucido (con diseños de peces y personajes) (Figura 8), similares a los encontrados en el templo pintado, representa por si misma un espacio privado de interacción entre personaje e individuos que probablemente transportaban recursos (como alimentos) y aquellos que desarrollaban labores específicas en el edificio (como lo sería la decoración con pintura en paredes). La evidencia de esta última actividad se encuentra también sustentada en el hallazgo de un primer pincel en un contexto de ofrenda cercano a la estructura en desnivel 2 (banqueta). Por lo anteriormente descrito, es muy probable que el uso de dicha banqueta estuviese destinado exclusivamente para el representante que controló el edificio.

Figura 7. Superposición de muros relacionados con la remodelación del edificio B15.

La arquitectura de este espacio (recinto 7) se complementa con la presencia de banquetas en sus extremos (0.5 m de ancho por 2 m a 1.50 m), construida sobre una plataforma de 2.40 m de ancho por 8 m de largo. También se registró la presencia de una poza cuadrangular de 2 m de largo por 1 m de ancho, la cual contuvo en su interior una poza menor elaborada con lajas. Estas se encuentran localizadas al extremo oeste del espacio, asociadas a un, no menos importante, contexto de deposición de ofrendas (correspondientes a cerámica en miniatura con representación de pez, paleta trabajada en mullu, artefactos líticos, sandalia y otros). Además, se registró la existencia de un pequeño silo hacia el extremo noroeste del espacio, muy cerca a la plataforma elevada orientada de sur a norte, sobre cuya superficie (sobre el piso) se halló un muro de piedras que correspondería a etapa final de abandono. El muro de adobes, construido en varias hiladas, funcionó a manera de contención para la elevación del muro de piedras, lo que supone la remodelación de este espacio asociado a la época inca.

La arquitectura se hace más formal en la parte central del edificio debido a la presencia de los pasadizos laberinticos (3, 4 y 5) y un vestíbulo. Estos fueron rellenados intencionalmente por una gran cantidad de adobes (como se describió anteriormente), los cuales presentaban remanentes de enlucidos con diversos restos de pinturas murales polícromas y monocromas (roja o amarilla), una tras otra. Esto significaría la constante renovación de los enlucidos pintados y de las imágenes representadas, lo cual fundamenta temporalidades diversas, que, si bien son difícil de determinar con exactitud, nos ayuda a entender la existencia de fases cortas o largas durante la ocupación inca.

Debajo del relleno se encontraron contextos de ofrendas tales como: spondylus triturado, discos elaborados en mullu y nácar, copas, figurinas (con representaciones marinas), cuentas de spondylus, grapas para las copas de madera y láminas de metal, plumas, restos óseos de cuy, conopas, artefactos líticos y vasija fraccionadas intencionalmente. Estas ofrendas fueron distribuidas por los pasadizos en el momento de abandono del espacio.

Figura 9. Pintura mural con motivos de influencia norteña antes del ingreso al recinto 2.

Los pasadizos laberinticos (1 y 2) presentaron dos direcciones: la primera de sur-norte con un ligero desnivel asociado a un nicho localizado por debajo del piso del vestíbulo, y la segunda de norte-sur. Ambos pasadizos fueron de circulación restringida, con un ancho de 0.60 m y una altura de sus muros que no sobrepasó el 1 m de altura. Esto habría permitido únicamente el paso de un individuo. Otro elemento asociado, que llamó la atención, fue la presencia de una banqueta de descanso en la esquina noroeste del pasadizo sur-norte. Lo anteriormente dicho hace suponer la restricción a espacios interiores, como el caso del recinto 4 (patio) o el recinto 2.

El recinto 4 (patio principal) fue un espacio que pudo ser utilizado para reuniones de consenso entre el encargo del edificio y la élite religiosa. Este presentó un piso uniforme asociado a un artefacto lítico inusual incrustado sobre el piso, en la esquina noroeste del mismo. Este artefacto pareciera ser la representación simbólica de una wanka. Otro de los hallazgos asociados a este espacio fue una concentración Concholepas concholepas, ofrendadas encontrada en el ingreso del espacio. Respecto a la arquitectura, el recinto 4 se configuró además con la presencia de la estructura en desnivel 1 y otras dos banquetas. La primera se encontró adosada al muro perimétrico del patio, presentando una altura no mayor al 1 m de altura. La segunda se encontró adosada al muro sur del recinto. Estos rasgos corresponden a una fase posterior del muro perimetral del patio, debido a que sus enlucidos se registran desde la cabecera hasta la base de los muros.

Figura 10. Pozo y posible canal relacionado a ritual de culto al agua.

Respecto a los murales ubicados cerca al ingreso del recinto 2, estos presentan escalonamiento en ambos extremos, mostrando en su interior diseños de grecas, las cuales recuerdan a los diseños norteños (específicamente chimú), aunque estos diseños también han sido registrados en piezas tardías de la costa sur (Figura 9). Un rasgo curioso es que en una de estas paredes (de los murales), se encuentra incrustada una pelvis humana cuya explicación podría responder a cuestiones culturales, vinculada temporalmente con la época inca. Otro aspecto importante de resaltar es el hallazgo de adobes con murales de diseños variados: peces, plantas y otros en colores variados (negro, blanco, verde, amarillo), todas ellas presentes también en el Templo Pintado (Marcone 2003). Debemos destacar en este sentido la renovación de enlucidos del pasadizo laberintico e ingreso, asociados a las fases finales del Horizonte Tardío.

El recinto 2 fue de forma alargada, presentado 3 m de largo por 2 m de ancho, y delimitándose por cuatro muros de 1.60 m de ancho aproximadamente. La anchura de los muros parece corresponder al adosamiento de muros de diferentes fases. Esto se evidencia en la parte central de uno de los muros, donde se observa una línea semi abierta que permite diferenciar entre cada una de las fases (Figura 3), Los extremos este, sur y oeste del muro corresponderían a la última fase de la ocupación inca, propuesta que será verificada en una posterior intervención.

Figura 11. Paquetes de barro a manera de esferas asociadas a caña de función incierta.

Un componente a resaltar para este espacio fue la presencia de un nicho de 0.30 por 0.30 m en sus lados y 0.30 m de profundidad, así como un muro que forma una “L”, con una altura de 0.80 m, el cual termina restringiendo un espacio relativamente pequeño. En este se ha registrado ofrendas de spondylus, cuentas de spondylus y líquidos depositados en hoyos. También se han registrado placas de mullu (colocadas sobre el piso), y una sucesiva presencia de contextos de ofrendas depositadas en la vía de ingreso, tales como: mullu, artefactos líticos, ornamentos de textil con plumas, plumas depositadas individualmente, vasijas rotas, mullu triturado, etc. Estas últimas se encontraron en una poza pequeña, donde posiblemente vertían líquidos.

Por otro lado, también se han registrado la presencia de postes, rasgo que nos sugiere que el espacio posiblemente se encontró techado. También se registró un entierro disturbado de un personaje femenino (probablemente tratase de un “ancestro”), hallado sobre la base del piso, delimitado por un pequeño muro que parece corresponder a la etapa final de clausura del edificio.

Desde la esquina noreste del recinto 2, la presencia de una “poza de agua” da pie a proponer la existencia de un “canal”, de donde este partiría. El canal presenta las siguientes dimensiones: 0.50 m de ancho por 2.40 m de largo, direccionado hacia el recinto de la poza hundida. La base de los muros de este espacio presenta desgaste, ocasionado posiblemente por escorrentía. La conformación de este rasgo se configura además con la presencia de un dintel a 0.50 m de la superficie del piso del “canal” (Figura 10), rasgo que aparentemente remodeló un espacio más amplio, probablemente usado en un momento anterior. Esto se hace entrever a través del adosamiento de muros paralelos.

La esquina noroeste de la poza hundida, en el recinto 1, formó parte de la prolongación del “canal” hasta perderse por la presencia de un muro cortina, el cual hizo que se estreche entre 0.40 m a 0.50 m de ancho. El piso recorrió en desnivel en dirección oeste a este, y de norte a sur. La superficie del piso estuvo cubierta por enlucido muy compacto y fino, el cual cubrió las lajas. Un hallazgo interesante asociado a este canal, fue la de una cerámica (maqueta), la cual en su interior presentó la representación de un hoyo. Pensamos que esto podría asociarse al tema de culto al agua, a lo cual se suma la presencia de spondylus en variadas formas.

Figura 5. Relleno de lajas asociadas a ofrendas de abandono de de función incierta. spondylus

Por otra parte, en la misma poza hundida (recinto 1), hacia el extremo sur, se registró un rasgo particular en un espacio estrecho de 0.40 m de ancho por 4 m de largo. Este consistió en una gran concentración de material vegetal, donde se encontró paquetes de barro, a manera de esferas con una caña la cual atraviesa desde la mitad de las mismas (Figura 11). La función de estas fue incierta.

La poza hundida presenta unas dimensiones de 1.40 m a 1.60 m de ancho, por 4 m de largo y una altura promedio de 1.50 m (desde el piso de la poza), que funcionalmente guarda cierta relación con la arquitectura relacionada con espacios dedicados al “culto al agua” (como lo hemos mencionado antes), arquitectura que se asemeja a la estructura B1 de Choquepukio (McEwan et al. 2005) no solo por la forma sino por los elementos asociados como son las ofrendas. Por otro lado, desde el nivel del pasadizo del recinto 1 (espacio probablemente relacionado con la época inca), los muros anteriormente referidos no sobrepasan el 1 m de altura.

Continuando, los muros laterales (este y oeste) de la poza hundida presentan un ancho de 0.40 m, mientras que los muros de los extremos norte y sur presentan un ancho de 0.60 m y 1 m respectivamente. Se debe señalar que al extremo sur del pozo hundido se registró un muro (en paralelo al muro sur), el cual presenta una ligera orientación o desviación, lo cual hace suponer una fase anterior (Figura 3). De igual manera, hacia el extremo norte de esta estructura, se ha registrado una considerable cantidad de dinteles junto con ofrendas de mullu y una vasija doméstica, los cuales se encontraron depositados en el piso de la poza (Figura 5). La presencia de los dinteles nos sugiere que este espacio fue transitable

Figura 12. Ofrendas de artefactos múltiples de abandono

La presencia de una hornacina de 0.40 por 0.40 m ubicada en la esquina SO, no encaja en la distribución homogénea de la arquitectura de la poza hundida, por lo tanto su ubicación, así como el hecho se haberse encontrado cubierta por relleno constructivo permite suponer que habría estado relacionada a una etapa anterior a la ocupación inca.

La base de la poza hundida presentó un piso uniforme con revoque asociado a la base de los muros. Ha de resaltarse que a diferencia de los muros norte, sur y este de la estructura, que fueron construidos íntegramente de adobes, el muro oeste presenta piedras en la base, sobre las cuales fueron colocados los adobes hasta alcanzar 1 m de altura.. Al sur de este espacio se ubica una pequeña poza elaborada con las lajas de piedra de 0.50 m por 0.70 m, en la cual se halló masa compacta de material orgánico posiblemente en descomposición. Nuevamente, la relación de estos elementos en el espacio, sugieren ritos de culto al agua.

Los espacios del extremo oeste del edificio parecen guardar una relación diferente a lo expuesto hasta este punto. La separación existente con el espacio de recepción se relaciona en principio a una plataforma cuadrada de 1.90 m por 2 m, asociado a los ambientes 1, 2 y el recinto 6 (donde se encuentran los nichos). En principio los ambientes parecen haber cumplido la función de espacios para el procesamiento de algunos especímenes (spondylus); que fueron encontrados en contextos de ofrendas de abandono sobre el último piso, en el que también se ha encontrado un mortero y un artefacto lítico a manera de cono. Estos últimos se encuentran además en un espacio separado por un murete bajo y poco ancho, con presencia de banquetas muy angostas En términos formales se registra renovación de pisos; así como la remodelación del área ocupada por estos ambientes y el recinto en la última etapa de ocupación inca.

Figura 4. Capa de abandono intencional en los pasadizos

El recinto 3 (también llamado recinto de las conopas) presenta un acceso trapezoidal de 0.40 m a 0.50 m de ancho. Las dimensiones del recinto son de 1.40 m de ancho por 3.40 m de largo. Los muros de este espacio parecen adosarse a muros de fases anteriores, similar a los recintos 1 y 2, correspondiendo de esta manera a dos momentos distintos. Este recinto presentó en el piso hoyos con ofrendas de conopas de diversos tamaños, ovillos de vegetal, cañas, spondylus triturado y fragmentado, artefactos de madera, plumas, copas de madera con incrustaciones de discos, láminas rectangulares de nacar y spondylus, chaquiras hechas de cuentas, textiles con ornamentos de pluma, unkus, fragmentos de cerámica, pinceles, etc. Estos también se encontraron regados en el piso contiguo, perteneciente al recintos 6 (Figura 12).

Tras el abandono y clausura del edificio, próximo a los ambientes 1 y 2 se encontraron dos muros en “diagonal”, los cuales rompen el patrón arquitectónico del edificio. Dichos muros fueron construidos con adobes desmontados de los muros de la arquitectura central. Presentan una dimensión de 9.50 m de largo por 0.50 m de ancho; y 3 m de largo por 0.40 m de ancho, respectivamente, con una altura promedio, en ambos casos, de 0.40 m Esta construcción estaría relacionada con la fase epi-

colonial. (Figura 3).

En términos generales, los muros de la arquitectura central variaron entre 1 m y 1.50 m de ancho. Por otra parte, es interesante notar como el muro central oeste que demarca un eje en el que se puede diferenciar espacios, tales como espacios pintados y no pintados, espacios de recepción y espacios para acuerdo, y espacios para rituales con espacios para actividades laborales. La presencia de hoyos de postes, podría sugerir que el espacio estuvo techado e su momento de uso.

La estratigrafía tardía del edificio B15

La naturaleza estratigráfica de la superficie del edificio muestra una elevación irregular a consecuencia de la arquitectura de la construcción. Los niveles de estratos en las tres unidades se conforman en principio por una capa superficial homogénea, arena eólica que cubre el edificio, mientras la capa 1 estuvo conformada por tierra suelta de coloración beige. Ha de resaltarse que esta última fue consecuencia del desgaste de los componentes de adobes que formaron parte de los muros, así como rellenos (principalmente de adobes y terrones) entremezclados con presencia de cultura material, las cuales entraron en contacto con la superficie del último piso presente en las unidades 124, 126 y 127. Las dos últimas presentaron áreas más disturbadas (Eeckhout y Luján 2014).

Si bien el edificio muestra áreas alteradas, el sector excavado evidencia un relleno de abandono intencional provocado por los propios habitantes al momento de sellar el edificio. La disposición de adobes registrados al interior del ingreso principal y pasadizo en el laberintico sugiere que fueron desmontados y posiblemente depositados intencionalmente hacia los espacios abiertos (tránsito y recintos) (Figura 4). En esta se registraron adobes con enlucidos, con decoración pictórica o sin ella, grandes lajas de piedra asociadas a ofrendas de mullu y una serie de artefactos (Figura. 5); más la acumulación ex-profesa de tierra y terrones que fueron colocados para cubrir los contextos de ofrendas de abandono. No es casual entonces esta deposición, lo cual lleva a suponer el carácter funcional, así como la importancia que tuvo el edifico durante la ocupación inca y el porqué de su abandono quizá tan intempestivo.

El conjunto de materiales cubiertos por esta capa de abandono brinda luces sobre la explicación ontológica de los materiales registrados en contextos de ofrenda. El conjunto general hallazgos encontrados se sintetiza de la siguiente manera: gran cantidad de material lítico, conopas de formas diversas, láminas de metal, spondylus en estado natural, triturado, placas, polvo o representando a especies marinas; discos y placas rectangulares para copas, plumas de aves de la Amazonía, vasijas y plaquetas de cerámica fracturadas intencionalmente, cuentas de Spondylus, ornamentos de textiles con plumas, uncus, brazaletes, pinceles, pigmentos para pintura, etc.

Todo estos conjuntos de contextos conformados por estás ofrendas asociados a los espacios del edificio induce a plantear la hipótesis en la cual el edificio B15 desempeñó una función particularmente (religiosa) en la época inca. Cada espacio del edificio cumplió un rol protagónico, desde actividades particulares hasta rituales, las cuales fueron generadas y auspiciadas por personajes religiosos como sacerdotes o chamanes. Creemos que dentro de estas actividades se involucró los diferentes especímenes que llegaron al edificio, para que luego de un proceso de limpieza litúrgica, se destinaran como ofrendas en ritos religiosos al oráculo, los ancestros o a los entierros específicos que se registraron en el cementerio de la parte posterior de la pirámide 13 (Eeckhout y Luján 2013a) y/o depósitos registrados en el edificio 8 (Eeckhout y Luján 2013b, Luján y Eeckhout 2016).

Conclusiones preliminares

El edificio B15 del tipo “4” cumplió una función trascendental y de continuidad en las que se desarrollaron actividades relacionadas con aspectos rituales hasta el Horizonte Tardío. El carácter formal de la arquitectura y los rasgos presentes invita a proponer que al interior del edificio se desarrollaron actividades particulares en beneficio de los templos, edificios, y ancestros, bajo el encargo de un personaje que mantendría relaciones directas con la élite y/o sacerdotes. Esta hipótesis se sustenta a través de los rasgos formales de la arquitectura del edifico, expresada por pinturas murales y pinturas monocromas en espacios específicos, que difieren dependiendo del uso y distribución de los espacios; así como de la distribución de la cultura material y ofrendas sobre la superficie del piso.

De manera preliminar sostenemos la propuesta de una superposición de arquitectura que nos lleva a sugerir que el espacio fue remodelado horizontalmente, basado en el ancho de los muros de los recintos 1, 2 y 3 que marcaron diferencias en el espacio de los mismos. Además estos presentan ciertos rasgos, como en el caso del pozo hundido (que presenta un nicho) el cual induce a sostener distintos momentos o fases arquitectónicas. La intrusión en el muro que modifica el pasadizo o canal entre los recintos 1 y 2, también es un buen ejemplo para el caso.

Otro elemento que sustenta que el edificio fue construido en fases distintas, son los muros perimetrales del edificio. Estos muros se encuentran asentados sobre un muro bajo elaborado con una técnica constructiva distinta. Estos muros también se diferencian en el tamaño, tal como ocurre con el muro registrado por debajo del muro perimetral sur del recinto 1, el cual no guarda simetría de continuidad vertical o simetría con la técnica constructiva. De igual manera el ambiente 1 y 2 parecen modificar en algún momento el espacio de conexión (pasadizo) con el recinto 3.

Las renovaciones están claramente identificadas en los enlucidos presentes de los pasadizos, vestíbulo y el recinto 6, ya que se han registrado entre 3 y 4 capas de enlucidos con murales de diseños diversos, los cuales expresan la importancia de estos espacios. De igual manera, esta práctica se evidenció una superposición de enlucido monocromo rojo-amarillo y en el adosamiento de banquetas sobre paredes con pintura, que corren de la cabecera del muro al piso, registrado en el recinto 4. Finalmente creemos que la renovación de pisos ocurrido al interior del ambiente 2, debe correlacionarse con el ambiente 1 por presentar las mismas características.

De esta manera, podemos decir que la construcción de algunos espacios se habría dado en momentos próximos al “abandono” del edificio, tal como lo expresa el muro en “L” y el muro que diferenció la zona de contextos de entierros funerarios. Esta información se complementa con la presencia de contextos de ofrenda de “abandono” y el cubrimiento de las áreas por relleno intencional (de los propios adobes que formaron parte de los muros de la arquitectura central e ingreso principal). Finalmente, estos cambios también se evidenciaron en la construcción de dos muros con direcciones distintas en la etapa epicolonial, los cuales rompieron con el esquema del edificio del Horizonte Tardío.

Agradecimientos

Al Ministerio de Cultura por autorizar las excavaciones. También queremos agradecer el apoyo financiero de la Universidad Libre de Bruselas, del FNRS. El apoyo logístico de la Embajada de Bélgica en el Perú y del MSP. Muchas gracias a todos los miembros del equipo Ychsma 2014.

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Pachacamac y la política imperial inca

Entre historia y arqueología de Pachacamac.

El complejo ceremonial de Pachacamac se extiende sobre un tablazo arenoso en la margen derecha del río Lurín, en las periferias meridionales de Lima (fig. 1). El actual nombre del río alude al adjetivo quechua luren, mitad o parte baja (transcrito como hurin en textos coloniales (Cerrón Palomino, 2000). Los cronistas españoles se refirieron a este valle con diferentes nombres, en especial Ychsma o Irma, denominación de origen aymara. Algunos de ellos relataron que durante la administración inca el valle fue rebautizado con el nombre quechua (la lengua general del Tahuantinsuyu) de Pachacamac.

PACHACAMAC Y LA POLÍTICA IMPERIAL INCA
Autor: Krzysztof Makowski Hanula

El número de fuentes escritas del periodo colonial que aluden al valle es excepcionalmente alto en comparación con otras áreas de la costa peruana prehispánica (Eeckhout, 1999b; Rostworowski, 1972, 1999, 2002a, 2002b; Salomon y otros, 2009; Spalding, 1984). Algunas de las descripciones de Pachacamac fueron redactadas en los primeros años de la conquista (Estete, 1968[1535]). Esta situación privilegiada todavía no ha promovido, sin embargo, el desarrollo de una arqueología histórica madura, capaz de ubicar en su contexto la evidencia material y confrontarla con las escritas. Raras veces se toma en cuenta que las informaciones históricas provenían de tercera mano, y que fueron registradas 100-150 años después de los acontecimientos que describían (Salomon & Grossboll, 2009). Muchos de los relatos han sido además recogidos en las áreas vecinas de Lurín, como por ejemplo en las alturas de Huarochirí, en el territorio de los checa (Salomon & Urioste, 1991; Taylor, 1987; Chase, 2015) o al norte de Lima, en el valle de Vegueta (Rostworowski, 2002a, pp. 28-32). La mayoría de arqueólogos, lejos de tomar en cuenta las limitaciones mencionadas, consideraban las hipótesis formuladas a partir de la lectura acrítica de las fuentes coloniales como hechos incuestionables y amoldaban sus resultados al tenor de estas. Es más, los trabajos de campo tuvieron por objetivo explícito encontrar evidencias materiales que podían servir de ilustración a las interpretaciones propuestas por historiadores; de modo que no se otorgaba a la información arqueológica el estatus de la fuente independiente.

Figura 1. Plano y ubicación de Pachacamac. Dibujo digital: Gabriel Oré.

En el transcurso del siglo XX, desde los trabajos pioneros de Max Uhle (2003[1903]) y Julio C. Tello (2009) se han tejido múltiples escenarios interpretativos de los vestigios arquitectónicos del complejo monumental de Pachacamac (Arturo Jiménez Borja (1985), Thomas Patterson (1966, 1985) y Peter Eeckhout (1995, 1998, 1999a, 1999b, 2000, 2003a, 2003b, 2004a, 2004b, 2004c, 2005, 2008, 2009, 2010)). Uhle (2003[1903]), autor del plano arquitectónico, cuya utilidad sigue vigente, consideraba que Pachacamac fue una ciudad planificada, construida por la administración inca en un lugar ocupado previamente en varias épocas y para varios fines. Esta apreciación se desprendía de la singular organización espacial en la que tres murallas perimétricas delimitaban igual número de áreas que se caracterizaban, cada una, por la recurrencia de edificaciones muy diferentes, unas de las otras, en cuanto a su carácter y su forma. En el sur, cerca de la orilla del océano Pacífico, tres edificios piramidales estuvieron casi completamente cercados por una muralla en mal estado de conservación, conocida como la Primera Muralla (figs.1 y 2). Uhle (2003[1903], pp. 293-324) creía que uno de estos templos estaba dedicado al dios Sol, conocido de las crónicas españolas como el protector de la dinastía de los incas, y el otro (Templo Pintado) a la deidad animadora, Pachacamac (Uhle, (2003[1903], pp. 99-108), famosa por su oráculo, al que habrían acudido peregrinos de varias partes del Tahuantinsuyu (Rostworowski, 1999, 2002a; Eeckhout, 1999b, 2008; Ravines, s.f.). A este núcleo ceremonial se adosaba desde el norte la segunda área, delimitada solo de lado septentrional por otra muralla (Segunda Muralla). En esta zona se concentraban edificios en forma de plataformas con rampa, por lo general cercados por murallas propias y con el complejo sistema de accesos. Uhle (2003[1903], pp. 241-255) consideraba que este era el barrio de palacios de la elite local mencionado por Estete (1968[1535]). En su traza se reconocía con claridad un rasgo que parecía familiar por su aparente similitud con el diseño urbanístico, propio de varias urbes mediterráneas y europeas, nos referimos al cruce de calles orientadas respectivamente norte-sur y este-oeste (fig.1). Afuera de la Segunda Muralla, de lado septentrional de la hipotética ciudad, se extendía una pampa arenosa con huellas de intensa ocupación humana. Uhle (2003[1903], pp. 257-284) creía que se trataba de barrios populares con sus estructuras de quincha y basurales. Este tercer barrio estuvo también delimitado de lado septentrional, pero de manera simbólica, con un corto segmento de muralla (Tercera Muralla). Uhle (2003[1903], pp. 241-284) estuvo convencido de que los vestigios de la ciudad planificada se debían a la actividad edilicia inca por dos razones. La primera fue la recurrencia del material diagnóstico del periodo inca en toda la superficie de Pachacamac. La segunda razón se desprendía de la estratigrafía de entierros registrada debajo y al pie del Templo Pintado. Los trabajos de Tello (2009) y de Strong y Corbett (1943) han brindado un sustento adicional a las hipótesis de Uhle.

En la segunda mitad del siglo pasado, en el contexto del desarrollo de la etnohistoria andina, nació una nueva interpretación de los vestigios de Pachacamac, alternativa a la de Uhle. Jiménez Borja (1985) se ha visto tentado por una comparación implícita entre Pachacamac y el oráculo griego, sede de una anfictionía, como Delfos u Olimpia (véase la discusión en Eeckhout (1999b, pp. 405-407; 2003a, 2003b). En su interpretación, las pirámides con rampa eran templos menores consagrados a las deidades veneradas por varias poblaciones de la costa y de la sierra que reconocían la autoridad religiosa del oráculo. Esta propuesta encontraba respaldo en los resultados de investigaciones realizadas durante varias décadas por María Rostworowski (1999, 2002a, entre otros). Las fuentes analizadas por la historiadora dejaban en claro que deidades locales veneradas en las zonas donde se encontraban las tierras de Pachacamac eran consideradas «hijos e hijas» de este gran dios, animador de la tierra. Por medio del sistema de parentesco mítico el templo de Pachacamac gozaba de bienes agrícolas producidos en las tierras, consideradas propiedad de los integrantes de la familia del dios animador de Lurín. Arqueólogos compararon el área de distribución de plataformas con rampa, considerados por ellos copias en miniatura de las «pirámides con rampa» construidas en Pachacamac, con el mapa de las propiedades agrícolas del dios mencionadas en las fuentes coloniales (Eeckhout, 1999; Franco, 2004). Si bien los dos mapas no resultaron plenamente coincidentes, se consideró que la hipótesis quedó contrastada de manera satisfactoria (Díaz, 2008). Paralelamente varios arqueólogos han sido tentados por retroceder por más de mil años la fecha en la que Pachacamac se habría convertido en un centro ceremonial de renombre regional (Shimada, 1991; Lumbreras, 1974, pp. 154, 165). Los argumentos a favor de esta hipótesis provenían de los trabajos de Menzel (1964, 1968 a, 1968b)sobre la cronología del Horizonte Medio (1964, 1968a, 1968b). Menzel se ha servido de hallazgos de Uhle (2003[1903]) en el área funeraria situada debajo del Templo Pintado para asignar al centro ceremonial de Pachacamac un papel preponderante en la difusión de la iconografía huari, con claros préstamos de Tiwanaku (el Grifo Pachacamac: Shimada, 1991; Knobloch, 2001; Makowski, 2002a, 2010). Patterson (1966, 1985) ha observado en base al fino estudio de cerámica de contextos excavados que el paisaje monumental de Pachacamac se está construyendo durante el periodo Intermedio Temprano. Más recientemente, Franco ha llegado a sospechar, luego de varias temporadas de excavaciones en el Templo Viejo, que el centro ceremonial pudo haber sido fundado en el periodo Formativo Tardío (Franco, 1993a, 1993b; Franco & Paredes, 2000). En efecto, Strong y Corbett (1943) han encontrado cerámica en estilos que anteceden al estilo Lima en los niveles inferiores de su sondeo debajo de la fachada noreste del Templo del Sol. Franco (1993a) consideraba —sin disponer para ello de argumentos claros— que el edificio más antiguo con el revestimiento de piedra debajo del Templo Viejo fue construido en estos tiempos.

El debate que hemos presentado en este apretado resumen ha generado cuatro interpretaciones distintas de lo que el sitio arqueológico de Pachacamac pudo haber sido en el pasado prehispánico:

  1. Un centro ceremonial con un templo mayor, el de dios Pachacamac, identificado con el Templo Pintado, al que se agrega en tiempos inca el templo del Sol. El gran recinto con ambos templos estuvo rodeado de muchos templos menores en forma de las pirámides con rampa, los cuales habrían sido construidos antes de la conquista inca por las etnias sentadas en la costa y en la sierra (Jiménez Borja, 1985; Rostworowski, 1999, 2002a; véase también el resumen del debate en Eeckhout (1999b, pp. 405-408)). La comparación con Delfos es implícita en esta hipótesis.
  2. El principal centro administrativo y ceremonial en el valle de Lurín, y probablemente en la costa central del Perú, desde por lo menos el periodo Lima Medio (Lima 4-5, periodo Intermedio Temprano). Su traza «urbana» planificada es obra de la administración Huari (Patterson, 1985; Bueno, 1970, 1974-1975, 1982).
  3. La capital de uno de los señoríos de mayor importancia en el periodo Intermedio Tardío en la costa central del Perú, y por ende un centro urbano. En dicha época se construyeron palacios en forma de las pirámides con rampa. Estos característicos edificios, lejos de haber sido edificados para fines exclusivamente ceremoniales, como templos de deidades regionales, han sido concebidos como residencias de gobernantes (Eeckhout, 1999b, 2003a; Uhle, 2003[1903] y Tello, 2009[1940-41], han formulado hipótesis similares). Según la hipótesis de Eeckhout (1999b, 2003a), tras la muerte del gobernante, la pirámide con rampa se hubiera convertido en el recinto de su culto funerario póstumo de manera similar como las ciudadelas de Chanchan (Pillsbury, 2004, 2008). Dada la ausencia de estilos foráneos de cerámica en el periodo Intermedio Tardío en Pachacamac, Eeckhout (2008) ha puesto en tela de juicio el papel del centro suprarregional de peregrinaje durante la fases Ychsma Temprano, Medio y Tardío A del periodo Intermedio Tardío.
  4. Un centro ceremonial poblado construido por la administración inca sin destruir y nivelar los vestigios de las épocas pasadas, cuando el área de Pachacamac estuvo ocupada para diferentes fines como asentamiento con vastas zonas residenciales y ceremoniales, o como cementerio. La traza «urbana» planificada de Pachacamac y buena parte de su apariencia monumental se debería a la gran inversión de trabajo humano, realizada por la administración inca (Uhle, (2003[1903]). Este escenario interpretativo fue retomado de manera contundente por Hyslop (1990, pp. 255-261) «Pachacamac is probably the most monumental example of Inka planning that coordinated and adjusted its design to a pre-existing layout».

Las contradicciones que aparecen con claridad cuando se confronta una de estas lecturas con la otra y con los resultados de las excavaciones recientes, incluyendo las del autor (Eeckhout, 1995, 1999a, 2004b, 2010; Shimada, 2003, 2004, 2007; Shimada y otros, 2004, 2010; Makowski, 2007, 2013, s.f.), hacen pensar en una variante del cuarto escenario. No hay argumentos firmes para creer que Pachacamac fue el centro oracular y de peregrinaciones desde los tiempos tan remotos, como el comienzo del periodo Intermedio Temprano (fin del periodo Formativo). En todas las excavaciones recientes se vislumbran, es cierto, tres a cuatro periodos que dejan huellas sobrepuestas en el paisaje arquitectónico y en la estratigrafía comparada del complejo:

  • Periodo Lima (segunda mitad del periodo Intermedio Temprano y la primera mitad del periodo Horizonte Medio; la secuencia se subdivide en el periodo Lima Medio, Lima 4-5, y Maranga, Lima 6-9, según Patterson, 1966).
  • Periodo Ychsma (periodo Intermedio Tardío).
  • Periodo Inca (periodo Horizonte Tardío).

Contrariamente a lo esperado por varios estudiosos, no se observa continuidades ni en el diseño arquitectónico ni en la traza a lo largo de los cuatro periodos. Cada uno de ellos parece caracterizarse por tipos diferentes de arquitectura que el otro. Cambia también la organización espacial del conjunto. No solo no se perciben continuidades cuando se compara la traza de ejes de comunicación y los planos de los principales edificios, construidos respectivamente en cada uno de los tres periodos arriba mencionados, sino que adicionalmente se registran hiatos de variada duración.

La arquitectura Lima es mucho más fácil diferenciar de las construcciones posteriores, debido al uso de dos tipos muy característicos de adobes. Se trata de adobe mediano (Makowski & Vallenas, s.f.) y adobitos (Marcone, 2001), a menudo ordenados a manera de librero, como en el Templo Viejo (Franco, 1993a, 1993b), o como en las estructuras alrededor de la laguna de Urpaihuachac (Lavallée, 1965). Hay que enfatizar que en el periodo Lima se usa también el revestimiento de piedra en los cimientos y las paredes, tal como sucede en los periodos posteriores. La ocupación Lima Medio (4-5) se concentra en las laderas de los cerros frente al litoral y alrededor del edificio piramidal del Templo Viejo (Makowski & Vallenas, s.f.; Makowski, 2011, 2012). En cambio, desde el fin de Lima Medio las evidencias de asentamientos se desplazan hacia el norte, concentrándose alrededor de la laguna Urpaihuachac, que contenía en estos tiempos agua dulce (Whinsborough y otros, 2012). La composición de este acuífero ha variado significativamente durante los últimos dos mil años a raíz fuertes eventos pluviales (Paleo-ENSO El Niño) y tsunamis, causantes de la salinización. Uno de estos eventos causó el abandono del asentamiento Lima alrededor de la laguna por 600 d. C. En cambio, las construcciones seguían en uso en las terrazas superiores durante el periodo Lima Tardío (Lavallée, 1966; Marcone, 2010). Varias actividades constructivas se realizaron también en la cima del Templo Viejo, donde se han hallado recintos ceremoniales y contextos de ofrendas debajo del sello de abandono (Franco, 2004; Franco & Paredes, 2000). Los edificios Lima quedaron definitivamente abandonados durante el Horizonte Medio 2, alrededor del año 800 d. C. (C14 cal.), cuando se inició un periodo de clima mucho más seco y con fuertes eventos pluviales (Mega ENSO) a fines del siglo X (Whinsborough y otros, 2012, p. 611).

El santuario en los periodos tardíos

Durante casi seiscientos años, entre el siglo IX y siglo XIV d. C., el sitio de Pachacamac carecía de apariencia monumental, salvo por los vestigios abandonados de la pirámide del Templo Viejo y la relativamente modesta plataforma de la primera fase constructiva del Templo Pintado. Los cambios estilísticos en la cerámica registrada durante las excavaciones en Pachacamac permiten diferenciar con cierta facilidad por lo menos tres periodos en esta larga secuencia: la segunda mitad del Horizonte Medio, el inicio del periodo Intermedio Tardío con sus estilos altamente diagnósticos, el tricolor y el Ychsma Inicial (Dolorier & Casas, 2008; Bazán, 2008), y la fase más confusa de las tres, el Ychsma Medio (Bazán, 1990, 1992; Díaz, 2002; Vallejo, 2004, 2009; Feltham & Eeckhout, 2004; Falconí, 2008; véase la crítica en Makowski & Vega Centeno, 2004). A pesar de la ausencia de vestigios monumentales en la primera mitad del periodo Intermedio Tardío, no cabe duda que para los habitantes del valle se trataba de un lugar excepcional, debido a la ubicación privilegiada en la margen derecha de la desembocadura del río al océano Pacífico y a las características particulares del paisaje: varios promontorios rocosos frente a litoral, las islas guaneras, con los edificios abandonados de la época Lima, una laguna y varias fuentes y humedales.

Las pruebas de que Pachacamac fue un importante lugar de culto local en el periodo antes mencionado son múltiples, y se distribuyen frente a la fachada norte del Templo Pintado (figs.1, 2a), en la amplia pampa arenosa posteriormente ocupada por la Plaza de los Peregrinos y por las pirámides con rampa. El mismo templo tuvo en este periodo un tamaño reducido, guardando aparentemente la misma forma escalonada que lo caracteriza en su última fase (Uhle, 2003[1903], pp. 101-129; Franco 2004, pp. 472-476; Pozzi-Escot (y otros, 2013). Frente a su fachada septentrional se ha formado a partir del Horizonte Medio 2 un extenso cementerio de entierros múltiples de cámara, similares a las que Reiss y Stübel (1980-1987) excavaron en Ancón (Uhle, 2003[1903], pp. 111-207; Kaulicke, 2001; Shimada y otros, 2004, 2010; Eeckhout, 2005, 2010b; Makowski, 2013). Alrededor del cementerio se realizaban actividades ceremoniales. Shimada (y otros 2004, 2010) ha registrado una secuencia de apisonados con ofrendas en las periferias del cementerio. Estas superficies se relacionan probablemente con estructuras ceremoniales de tamaño reducido. La dispersión de fragmentos cerámicos correspondientes a los periodos antes mencionados es amplia y sugiere que las ceremonias se realizaban periódicamente y de manera multitudinaria. La fecha del inicio de la construcción del Templo Pintado suele desprenderse en la literatura del tema del análisis estilístico del Ídolo de Pachacamac (Dulanto, 2001), una excepcional escultura de culto bifronte, tallada en madera y depositada ex profeso en los rellenos constructivos de la última fase del edificio que corresponde al Horizonte Tardío, a juzgar por los hallazgos y el estilo de la pintura figurativa (Bonavia, 1985; Dulanto, 2001). Debido a algunos préstamos de la iconografía Tiahuanaco, presentes en la decoración en relieve que adorna las figuras de dos seres sobrenaturales antropomorfos, el ídolo suele ser asignado a las fases 2B/3 del Horizonte Medio (Shimada, 1991, p. XXXIV; Dulanto, 2001, p. 161; aproximadamente siglo X/XI d. C.). Esta estimación cronológica coincide bien, pero quizá de manera fortuita, con el único fechado C14 realizado con la madera de base de otro ídolo, un poste o una columna hallada en la cima de la plataforma del templo. En cualquier caso, la construcción del edificio fue, según Uhle (2003[1903]), posterior a los entierros de cámara más antiguos en este área del sitio. Dichos entierros contenían ajuares del Horizonte Medio 2 (Kaulicke, 2001). De manera concordante, Shimada ha encontrado un contexto disturbado con el material cerámico del Horizonte Medio 3, correspondiente al inicio del uso del área del cementerio frente el templo debajo de la Plaza de Peregrinos (Shimada y otros, 2010, p. 140, fig. 30). Otros contextos fueron hallados intactos por Eeckhout (2010, pp. 160-161, figs. 7 y 8).

La evolución estilística y tecnológica de la cerámica local durante el periodo Intermedio Tardío no proporciona argumentos a favor de las influyentes hipótesis de Menzel (1964, 1968a, 1968b) y Rostworowski (2002a) acerca del auge de prestigio del santuario a partir del Horizonte Medio 2, la que fue recogida por la mayoría de investigadores hasta el presente. En comparación con la Huaca Malena (Ángeles & Pozzi Escot, 2001, 2004), o con el Castillo de Huarmey (Prümers, 1990, 2001; Giersz & Pardo, 2014), Pachacamac no presenta una excepcional variedad de estilos exóticos (Kaulicke, 2001; Vanstan, 1967). Los contextos funerarios del Horizonte Medio 2 son escasos y podrían ser contemporáneos con los del Horizonte Medio 3. La mayor parte de hallazgos de cerámica se clasificaría en la fase 3 del Horizonte Medio (Franco, 2004). Tampoco se dispone de evidencias de arquitectura (Ángeles & Pozzi Escot, 2010) y de actividades ceremoniales del Horizonte Medio 2, salvo ocasionales ofrendas Nievería (Franco, 2000). La evolución estilística de la cerámica local desde el Horizonte Medio 3-4 (Menzel, 1968) hasta la fase Ychsma Tardío sugiere que el valle de Lurín estaba entrando en un aislamiento progresivo respecto a otros centros de producción en la costa y en la sierra. En los estilos Tricolor y Ychsma inicial es notoria la interacción con el norte chico (Vallejo, 2004, pp. 602-610; Dolorier & Casas, 2008). En cambio, la fase Ychsma Medio sorprende por las características provincianas y bajo nivel tecnológico en particular en comparación con las fases anteriores (Bazán, 1990, 1992; Díaz, 2002; Vallejo, 2004, pp. 610-621, 2009; Feltham & Eeckhout, 2004; Falconí, 2008). Las mismas tendencias se pueden observar en el caso de textiles. Sus diseños son un pálido reflejo provincial en comparación con la diversidad y con la sofisticación técnica de piezas provenientes del valle de Chancay (Vanstan, 1967; Strelov, 1996; Rosenzweig, 2006). La situación descrita cambia recién en la fase Ychsma Tardío y desde el punto de vista del autor guarda clara relación con las transformaciones introducidas bajo la administración inca (Makowski y otros, 2008, pp. 267-269).

Existe un consenso entre los investigadores que han excavado en Pachacamac durante las últimas dos décadas, que salvo el Templo Pintado, todos los edificios monumentales post-Lima visibles en la superficie fueron construidos en la ya mencionada fase Ychsma Tardío. Dicho estilo caracteriza a la producción alfarera local hasta la segunda mitad del siglo XVI, cuando quedó remplazado por la cerámica colonial. La cronología relativa y el origen de la fase Ychsma Tardío son materia de polémica. En las propuestas de Bazán (1990) y de Vallejo (2004, 2009) la mayoría de forma y acabados, característicos para la hipotética tradición alfarera regional Ychsma, se origina en la fase Ychsma Medio. Vallejo (2004) propuso subdividir la fase Ychsma Medio en dos subfases: A y B.

En la fase A fueron agrupadas formas utilitarias de vasijas destinadas para almacenar y preparar alimentos, proveniente de un solo contexto de Armatambo en el valle de Rimac (Diaz & Vallejo, 2002). En cambio, la fase B está caracterizada a través de formas para servir bebidas, botellas y cántaros. Estas mismas formas y acabados —por ejemplo, impresiones de canea o punteado zonal— subsistieron sin variaciones durante el Horizonte Tardío (Feltham & Eeckhout, 2004, pp. 654-657) hasta el final de la secuencia, junto con las variables considerados diagnósticos para el Ychsma Tardío, como el autor pudo comprobar durante las excavaciones en Pueblo Viejo-Pucará (Makowski & Vega Centeno, 2004) y en la Pampa Norte de Pachacamac, cerca de la Segunda Muralla.

Un problema similar se presenta en la fase subsiguiente, el Ychsma Tardío. Feltham y Eeckhout (2004) siguieron la propuesta de Vallejos (2004) para dividir la fase Ychsma Tardío en dos subfases A y B. La única diferencia entre ellas es la supuesta aparición en la subfase B de las imitaciones e importaciones del estilo Cuzco Polícromo, Chimú-Inca y otros estilos típicos para el Horizonte Tardío. Los cambios en el estilo Ychsma relacionables directamente con la presencia inca no son muy numerosos según Feltham y Eeckhout (2004, p. 670, cuadro 3), dado que se trata de «nuevos tipos de inclusiones en la pasta naranja; tendencia a labios aplanados y/o fuertemente biselados al exterior; bandas verticales más ordenadas y bastante anchas sobre engobe rojo; engobe guinda casi púrpura; aumento de la cerámica negra, decoración incisa de diseños geométricos pintados después de cocción, serpientes pareadas modeladas horizontales sobre el cuerpo superior y/o cuello de la vasija; batracios modelados de forma que parecen agarrados al borde mismo del cuello; otros apéndices zoomorfos que siempre están colocados en el borde mismo de la vasija».

Las propuestas de ambos autores están fundamentadas con la secuencia maestra estratigráfica, construida a partir de sus excavaciones en el complejo monumental de la «Pirámide con rampa n°3». La secuencia abarca cinco fases constructivas adscritas por ellos al periodo Intermedio Tardío, a partir de fechas C14 y dos fases constructivas que se ubicarían en el Horizonte Tardío. En la seriación «entre todos los tipos y sub-tipos que se definieron para el estilo Ychsma, un 18% se encuentra exclusivamente en el Periodo Intermedio Tardío y un 19% únicamente en el Horizonte Tardío» (Fetltham & Eeckhout, 2004, pp. 673-675). A la conclusión similar llegaron previamente Paredes y Ramos (1989).

A juzgar por las experiencias del proyecto de investigación que el autor desarrolla en el valle de Lurín, la recurrencia de las imitaciones e importaciones de la cerámica imperial cuzqueña es muy baja en la unidades de excavación y depende de los usos que se daba al área en el episodio dado de la ocupación (Makowski & Vega Centeno, 2004; Lizárraga, 2005; Oré, 2008; López Hurtado, 2011). En muchos casos en los niveles del Horizonte Tardío los investigadores encuentran únicamente los fragmentos correspondientes a estilos locales de la costa central, incluso en Pachacamac (Eeckhout & Feltham, 2004; Pavel Svendsen, 2011).

Situación similar ocurre con la arquitectura de adobe. El sistema local de producción de adobes de gavera paralelepípeda liza, el entramado y la organización por tareas, característicos para la pirámide con rampa n°3 (Eeckhout, 1995, 1999a, 1999b, pp. 128-192, 2000) es plenamente comparable con las modalidades de construcción de la portada en la Segunda Muralla, edificada en el Horizonte Tardío, a juzgar por los recurrentes hallazgos de las imitaciones del estilo Cuzco Polícromo A y de otros estilos diagnósticos debajo de los cimientos (Makowski 2006, s.f.1, s.f.2; Oré, 2008). Tal parece que los nuevos tipos de adobes, relacionados con las tecnologías imperiales, se han introducido sin provocar el abandono de las técnicas ancestrales utilizadas en el valle de Lurín antes de la incorporación en el Tahuantinsuyu (Presbitero, s.f.). En este contexto no deben sorprender las grandes discrepancias entre los investigadores a la hora de discutir la fecha de construcción de una estructura de los periodos tardíos. A título de ejemplo se puede citar el caso de las Palmas, un complejo ubicado en el margen elevado del valle de Lurín, al sur de Pachacamac y a la altura de la Tercera Muralla. Díaz y Vallejo (2002, fig. 9) clasificaron la cerámica de este sitio en su fase Ychsma Medio. Paredes y Ramos (1989), quienes excavaron algunos sondeos en este sistema de murallas monumentales, han sugerido toda una secuencia ocupacional desde el Horizonte Medio hasta el Horizonte Tardío. Para Feltham y Eeckhout (2004, p. 649) varios fragmentos en la colección de las Palmas son diagnósticos para la fase Ychsma Tardío. Desde el punto de vista de autor, casi la totalidad de fragmentos ilustrados y descritos podrían provenir del Horizonte Tardío, puesto que tienen paralelos directos en el material de Pueblo Viejo-Pucará:

Paredes & Ramos PATL
Las Palmas Negro Pulido Chimú Inca
Las Palmas Gris
Las Palmas Negro sobre crema Puerto Viejo
Las Palmas Policromo
Las Palmas Crema sobre rojo Ychsma
Las Palmas Naranja pulido
Las Palmas Punteado en zona
Las Palmas Llano
Las Palmas Guinda
Las Palmas Crema restregado
Las Palmas Marrón tosco Serrano
Las Palmas Marrón micáceo

Equivalencia de tipos mencionados por Paredes y Ramos con los grupos estilísticos presentes en los contextos del Horizonte Tardío, excavados en Pueblo Viejo-Pucará (Makowski, 2002b; Makowski & Vega Centeno, 2004; Makowski y otros, 2008), según Oré (2008, p. 98).

En todo caso, Feltham y Eeckhout (2004, p. 649) tienen razón afirmando que la sub-representación de «la cerámica de los incas, pues no hay más que un aríbalo y muy poca cerámica del tipo negro pulido: unos 28 tiestos entre 3,175» (Paredes & Ramos, 1989, cuadro 3) no es un argumento válido para poner en tela de juicio la asignación de los niveles de ocupación dados al Horizonte Tardío.

En vista de que no se dispone aún de criterios inequívocos para determinar qué niveles de ocupación y qué construcciones se relacionan respectivamente con las épocas previas a las conquistas inca y española, Eeckhout (1999b, s.f.; Michczynski y otros, 2003, 2007) ha depositado sus esperanzas en las fechados C14. Las muestras orgánicas fueron recogidas en su mayoría de la capa de nivelación debajo de la base de los muros. Los resultados calibrados obtenidos hasta el presente se agrupan en el periodo entre la mitad siglo XIV y el tercer cuarto del siglo XV d. C. (Eeckhout, s.f.). Dicho resultado pareciera en efecto confirmar la validez de la hipótesis del investigador sobre la construcción de las pirámides con rampa, salvo escasas excepciones, por los gobernantes del independiente señorío Ychsma, y antes de su incorporación al Tahuantinsuyu. Esta conclusión es, sin embargo, prematura en vista de que ni las características de las muestras, ni sus respectivos contextos, ni las secuencias estratigráficas y arquitectónicas han sido publicados y discutidos. La única excepción es la pirámide con rampa n°3, excavada sistemáticamente por Eeckhout (1999b). Su compleja historia sirvió de punto de partida para toda la propuesta interpretativa de este autor. La historia de la pirámide empieza con la construcción de un recinto de forma particular, ubicado en el extremo oeste del complejo que comprende tres plazas con igual número de volúmenes piramidales adosados unos a otros (Eeckhout, 1999a, 1999b, 1999-2000, 2000). El edificio mencionado, bautizado como Templo del Mono (IIIC), tiene una forma diferente de las demás partes del complejo de pirámides. Su cuerpo se compone de varios escalones ascendentes y la primera de dos rampas que intercomunican a las terrazas es paralela al muro de contención, a diferencia de la segunda que corre perpendicular en el eje de simetría. Según Eeckhout, Michczynski y otros, el Templo del Mono fue construido a partir de la fecha que se situaría entre 1240 y 1310 d. C. (55,2%; 1180-1390 d. C., con 95,4%) (Michczynski y otros, 2007). Los últimos eventos constructivos en la cima se ubicarían entre 1350 y 1420 d. C. (55,1%; 1290-1480 d. C., con 96.4%). Los entierros humanos en la cima datarían de la época de ocupación inca en concordancia con las fechas entre 1425 y 1495 d. C. (68,2%, 1410-1525 d. C. con 95.4%), quizá desde su comienzo por 1470

d.C. En un estudio anterior, Eeckhout y Michczynski han establecido fechados C14 para cada uno de las siete etapas en la secuencia ocupacional y constructiva de dos complejos, los que se adosan uno tras otro al recinto del Mono desde el oeste, y fueron denominadas «pirámides con rampa 2A y 2B» (Michczynski y otros, 2003):

Primer episodio (step en Michczynski y otros, 2003). Ocupación anterior a la construcción de las pirámides, con algunos vestigios arquitectónicos menores de carácter doméstico y áreas de descarte de basura. Cuatro fechados ubican este episodio en el siglo XIV d. C. (Michczynski y otros, 2003, fig. 6).

Segundo episodio. Construcción y ocupación de la pirámide 2B durante un tiempo no mayor de 30 años: 1380-1460 d. C. (50.7%; 1290-1520 d. C. con 93.8%), probablemente por 1400 d. C.

Tercer episodio. «Evento muy corto» del abandono temporal de la pirámide 2B.

Cuarto episodio. Construcción y ocupación de la pirámide 2A durante un tiempo no mayor de 30 años: 1408-1450 d. C. (68,2%; 1390-1490 d. C. con 91,6%).

Quinto episodio. «Evento muy corto» del abandono temporal de la pirámide 2A: 1448 -1475 d. C. (68,2%; 1430-1500 d. C. con 95,4%).

Sexto episodio: reocupación inca para usos funerarios (después de 1470 d. C.) y fines domésticos (después del 1533 d. C.). Dos contextos funerarios, UTC 4464 y GDA-90/KIAI-3736 (Michczynski y otros, 2003, p. 67, tabla 1, muestras 23 y 24) que contenían material cerámico inca, además de cerámica local, fueron fechados a partir de semillas y plantas anuales. Una de esta muestras dio la fecha: 1421-1472 d. C. (68.7%; 1406-1516 d. C. con 91,57%); la otra, proveniente del interior de la vasija chimú-inca, proporcionó un intervalo sorprendente: 1422-1438 d. C. (68,70%; 14121443 d. C. con 95,19%).

Sétimo episodio: abandono definitivo y saqueo.

Basándose en las características de la curva de la calibración Michczynski y

Eeckhout (Michczynski y otros, 2003) consideran que el intervalo 13801460 d. C. es la fecha más probable para la construcción de la pirámide 2B. Asimismo, tomando en cuenta la distribución de las probabilidades de fechados correspondientes a los episodios 2-4, la construcción de los edificios A y B podría ser coetánea. Si bien en los dos trabajos fueron usados sistemas de calibración distintos —IntCal198 (Stuiver y otros, 1998) en el caso de Michczynski (y otros, 2003) y OxCalv 3.10 (Bronk & Ramsey, 1995, 2001) con la curva de calibración IntCal104 (Reimer y otros, 2004), en el trabajo posterior (Michczynski y otros, 2007)—, los autores han hecho comparar todos los resultados con la curva de calibración más reciente confirmando que el complejo 2C fue construido y usado en el siglo XIV antes que se edifiquen las pirámides con rampa 2A y 2B (Michczynski y otros, 2007, p. 574, fig.5b). Las fechas de entierros con material inca se ubicaron, sin embargo, en los intervalos coetáneos con la construcción y uso del conjunto 2B.

Cabe observar que en la opinión de Feltham y Eeckhout (2004, pp. 674-675, cuadro 4) el material predominante en esta misma pirámide con rampa tiene características de Ychsma Tardío. En su secuencia seriada destacan como clusters dos grupos de tipos, separándose del resto debido a las características propias e originales. Un grupo (15 tipos, 17,24% de la totalidad) se relaciona con el episodio 1, anterior a la construcción, y el otro (19 tipos, 21,83% de la totalidad) con el episodio 6. Esta situación se debe al hecho de que solo en el Templo del Mono (pirámide con rampa n° 3C) se han encontrado fragmentos de estilos «Ychsma Medio e incluso Ychsma Inicial, que están asociados al estilo Rojo, Blanco y Negro Geométrico y con formas tempranas del punteado en zona» (Feltham & Eeckhout 2004, p. 672). La mayoría de estos hallazgos proviene, suponemos, de los niveles de uso asignados al episodio 1. En cambio, el segmento de la seriación asignado al episodio 6 agrupa el material diagnóstico inca. En los segmentos restantes de la seriación, 24 tipos, es decir 27,57% de la totalidad, fueron hallados en todos los niveles excavados, sin distinción, y 35 tipos (40,22% de la totalidad) tanto en edificio B, como en el edificio C.

En resumen, el análisis cruzado de la arquitectura y de la variabilidad tipológicoformal, realizado por Feltham y Eeckhout (2004), sustenta de manera satisfactoria la secuencia de construcción y usos de los tres subconjuntos arquitectónicos de la pirámide con rampa n° 3, pero demuestra asimismo las grandes dificultades que se presentan para todo investigador interesado en definir con precisión quiénes, cuándo y cómo han transformado el complejo ceremonial de Pachacamac. Eeckhout ha considerado que los resultados de sus trabajos en la pirámide con rampa n°3 proporcionan una secuencia maestra válida para todo Pachacamac de los periodos tardíos (Michczynski y otros, 2003, 2007; Eeckhout, 2004; Feltham & Eeckhout, 2004). Dicho complejo comprende dos tipos de diseño de las pirámides con rampa, el A y el C (Eeckhout, 1999b; Michczynski & Eeckhout, 2003). En las pirámides del tipo A, los que como el Templo del Mono (pirámide n°3A) desempeñaban funciones exclusivamente ceremoniales, la rampa es paralela a los muros de contención. En cambio, en los edificios de tipo C, la rampa es perpendicular al volumen de la pirámide, la que se caracteriza adicionalmente por un sistema singular de distribución de los espacios techados y abiertos: los depósitos en la parte trasera, los ambientes techados dispuestos en U en la cima y el patio cercado frente a la pirámide. Para Eeckhout (1999a, 1999b, 2004), el ordenamiento espacial descrito fue típico para la cultura Ychsma y caracterizaba a residencias palaciegas de los reyes del señorío de Ychsma desde el siglo XI d. C. hasta la conquista inca. Cada una de los 14-15 complejos de pirámides con rampa de tipo C que ocupan las 75 hectáreas de Pachacamac habría sido construido y usado en el tiempo no mayor de 25-30 años hasta la muerte de soberano, sepultado en su residencia a lado de los miembros de su linaje (Eeckhout, 1999b; Michczynski & Eeckhout, 2003). No obstante, es menester recordar una vez más que no se dispone hasta el presente de evidencias de construcción de este tipo de pirámides antes de la segunda mitad del siglo XIV. Según esta misma hipótesis, todos los palacios-pirámides con rampa de tipo C habrían sido abandonados luego que la administración cuzqueña haya asumido el control de la costa central por el año 1470 d. C. Los usos que se habrían dado a estos espacios luego de ocuparlos nuevamente no se relacionaban desde el punto de vista de Eeckhout (1999b, 2004b, 2010a, Michczynski & Eeckhout, 2003) con los fines para los cuales los complejos palaciegos fueron construidos, dado que se trataba de ocupaciones domésticas y usos funerarios.

La pirámide con rampa n° 3 ubicada en la cima de un promontorio rocoso ha sido el edificio más imponente en todo el asentamiento en la primera mitad del siglo XV d. C. Esta situación ha cambiado sustancialmente durante el Horizonte Tardío con la edificación de la pirámide escalonada que llevaba en su cima el templo del Sol-Punchao, cuyo gran volumen domina hasta hoy el paisaje del santuario, con la ampliación del Templo Pintado y con la construcción de la gran plaza alargada, llamada Plaza de Peregrinos. Esta última contaba con el hipotético ushnu y por lo tanto se convertía en el centro gravitante de todo ritual organizado por la administración imperial (fig. 1). La laguna de Urpaihuachac fue convertida en un estanque con paredes revestidas de piedras talladas. La laguna y otras fuentes se interconectaron con una amplia red de canales que atravesó el área de las pirámides con rampa. El acllahuasi (akllawazi) reconstruido por Julio C. Tello (2009) se levanta en la vecindad de la laguna (Eeckhout, 1998, 1999b, 2010; Shimada, 1991). Una construcción de carácter residencial, palaciego, fue construida en esta época, en el extremo noreste del sitio, según los resultados de las excavaciones de Bueno (1970, 1974, p. 5): el Palacio de Taurichumbi.

Al iniciar las excavaciones sistemáticas en Pachacamac en 2005, en el marco del

Proyecto Lomas de Lurín(ex PATL), denominado luego Programa ArqueológicoEscuela de Campo Valle de Pachacamac, el autor ha centrado su atención en el conjunto de preguntas relacionadas con la organización de arquitectura del santuario bajo el dominio inca, cuando según las fuentes españolas del siglo XVI d. C., plenamente fidedignas, Pachacamac se había convertido en uno de los tres principales templos imperiales del Tahuantinsuyu, a lado de Coricancha y del templo en las islas del Sol y de la Luna. La mayoría de preguntas concierne la manera como la arquitectura de Pachacamac respondía a las múltiples funciones del gran centro ceremonial:

¿Cuáles han sido los ingresos al área monumental y a los templos desde afuera?

¿Por dónde transitaban y adónde se dirigían los que ingresaban al área monumental?

¿Dónde acampaban los peregrinos y los obreros encargados de la construcción de nuevos edificios y la ampliación de los viejos?

¿Qué papel cumplían las pirámides con rampa en el nuevo contexto político y religioso?

Como punto de partida, el autor ha considerado necesario obtener la cronología relativa fidedigna de las tres murallas que separan un sector del sitio del otro. De misma manera se requería fechar las entradas a través de la Segunda Muralla desde el norte, de lado del valle de Lurín, y desde el sur, a través de la Primera Muralla, de lado del litoral. La experiencia de Michczynski (y otros, 2003, 2007) ha demostrado que los fechados C14 son un instrumento imperfecto a pesar de los finos análisis bayesianos, debido a la corta duración de la ocupación incaica, y el amplio valor de la desviación estándar en la mayoría de los fechados. Se ha visto asimismo que el aparejo local de los muros, así como la presencia exclusiva o mayoritaria del material cerámico en estilos locales, no constituyen indicios suficientes para asignar el contexto o la estructura al periodo Intermedio Tardío. Por esta razón, hemos basado la cronología de las murallas, portadas, muros, entradas y caminos sobre el registro de las imitaciones de la cerámica cuzqueña y de otros estilos foráneos, diagnósticos para el Horizonte Tardío, en los contextos primarios asociados al primer nivel de uso de las estructuras, o hallados en los cimientos. Con este método hemos logrado demostrar que las tres murallas, las portadas en la Segunda Muralla y la calzada de la calle N-S, así como amplias áreas de campamentos entre la Segunda y la Tercera Muralla fueron construidos durante el Horizonte Tardío.

La estratigrafía del Templo del Sol y la cronología relativa de los periodos tardíos

La mayoría de los investigadores que han realizado excavaciones en Pachacamac han asumido que el periodo inca corresponde en la compleja estratigrafía del sitio al último estrato debajo de la capa superficial, y que se distingue por la abundancia de fragmentos de las imitaciones de la cerámica cuzqueña y de otros estilos foráneos de la época. La presencia de estos fragmentos en las capas inferiores fue considerada de manera implícita como efecto de intrusión. Durante las excavaciones de más de diez mil metros cuadrados en Pueblo Viejo-Pucará, se ha documentado en varios sectores de este asentamiento urbano de los mitmaquna (mitmaqkuna) de la sierra, probablemente caringas de Huarochirí, una secuencia estratigráfica de dos a tres fases sobre el nivel estéril, correspondiendo todas ellas al Horizonte Tardío (Makowski, 2002b; Makowski & Vega Centeno, 2004; Makowski y otros, 2005; Makowski & Ruggles, 2011; Makowski & Lizárraga, 2011). Las dos fases principales estuvieron separadas por evidencias de un fuerte movimiento sísmico, el que fue seguido por episodios de intensas lluvias. La destrucción en varias partes del asentamiento, como en el sector III, fue de tal magnitud que se tuvo que nivelar las estructuras dañadas y construir sobre ellas edificaciones nuevas (Makowski y otros, 2005). Nos parecía más que probable que esta situación pueda repetirse en Pachacamac.

Por otro lado, las descripciones y los comentarios de Uhle (2003[1903]) y Tello (2009) dejaban constancia del uso muy intenso de todo el espacio del santuario durante el Horizonte Tardío, tanto dentro del área monumental como afuera de ella, en la extensa pampa arenosa. Las excavaciones realizadas por nosotros en diferentes partes del complejo ceremonial de Pachacamac, incluyendo áreas sin la arquitectura monumental, han confirmado plenamente la validez de esta apreciación. En muchos sectores hemos encontrado una secuencia estratigráfica compleja con materiales diagnósticos del Horizonte Tardío en varias capas y niveles sobrepuestos. Dichas evidencias correspondían a efectos de trabajos de nivelación antes de construir, y también después del evento sísmico de notable magnitud, a renovación de pisos, desmontaje y reconstrucción de muros, a descarte de basura y de paredes y techos de construcciones de quincha y esteras. Los episodios ocupacionales y de construcción fueron a menudo separados por capas de arena eólica y deposiciones coluviales sobre las pendientes. La complejidad de la estratigrafía y el espesor de la totalidad de deposiciones, que a menudo sobrepasa los dos metros de altura, se explica por la gran intensidad de actividades humanas en el tiempo relativamente breve. Las evidencias de mayor importancia para la secuencia estratigráfica de la ocupación inca en Pachacamac provienen por supuesto del templo del Sol. Hemos realizado excavaciones en la fachada noreste de esta pirámide escalonada con doble propósito:

  1. revisar la secuencia estratigráfica por la primera vez documentada como un diagrama de frecuencias de hallazgos cerámicos por Strong y Corbett (1943) en base a los hallazgos en su famosa trinchera, y
  2. definir la eventual entrada desde al sistema de escaleras que conducen a la cima de la pirámide y están ubicados cerca del eje de simetría de la fachada. Cuatro de las unidades excavadas entre 2010 y 2012 (fig.2) fueron ubicadas a lo largo de un sospechoso espolón que se proyectaba transversalmente a la pendiente y debajo del forado de huaqueros. Dicho forado fue hecho en lugar donde a la primera terraza del cuerpo piramidal escalonado del templo se adosaban dos grandes salientes a manera de bastiones creando un probable vestíbulo para el acceso principal al templo. La forma del espolón de planta casi rectangular hacía sospechar que algún tipo de arquitectura prehispánica se esconde debajo de la arena y desmonte dejado por los huaqueros en el periodo entre las guerras mundiales. Los depredadores han afectado con su zanja parte de la arquitectura del vestíbulo que se abre en la primera terraza. Cabe mencionar que en el plano de Uhle (2003[1903], lám. 16) los bastiones, y el hipotético vestíbulo aparecen completamente cubiertos por arenas bajo la superficie de una ancha terraza que no muestra muros de contención. No obstante, la forma del espolón, algo más reducido que en la actualidad, está marcada en el plano. Hemos esperado encontrar debajo de este sugerente promontorio una escalera o una rampa que conduciría por medio del vestíbulo a las escaleras registradas por Uhle, las cuales conectarían el ingreso de la primera terraza con la entrada principal al patio en la cima de la pirámide.

Figura 2. Plano del conjunto de los tres templos rodeados a fines del Horizonte Tardío por la Primera Muralla con la distribución de las unidades de excavación. El Templo Pintado, atribuido a Pachacamac, se encuentra al nor-oeste del Templo Viejo. Dibujo digital: Gabriela Oré.

Nuestras sospechas se han confirmado solo parcialmente, puesto que no hemos hallado vestigios de rampa o escalera del Horizonte Tardío. Sin embargo, el espolón escondía vestigios de arquitectura monumental, tal como lo hemos pensado, pero no de época inca, sino del periodo Lima Medio (Lima 4,5: Patterson, 1966; Makowski, 2011, 2013; Vallenas, 2012; Makowski & Vallenas, s.f.). El vestíbulo conformaba el único marco de entrada hacia las escaleras de las terrazas superiores. Más abajo se iniciaba simplemente la pendiente. Ha sido grande nuestra sorpresa al descubrir en lugar de una escalera monumental, a un alto y extenso montículo de basura que se extendía cuesta abajo frente a la entrada. A juzgar por la compleja estratificación, el basural se ha acumulado durante varias décadas desde los primeros años después de la construcción del templo hasta la época de su abandono en el periodo Colonial Temprano. No se trata de una simple basura doméstica. Las esteras provenientes de techos y paredes de quincha conforman la mayor parte de desechos (fig. 3). En el material cerámico abundan finas imitaciones y quizá también importaciones de la cerámica imperial inca.

Durante nuestras excavaciones hemos logrado establecer la relación directa entre la estratigrafía del basural y la secuencia arquitectónica de tres fases en los muros de contención que bordean la entrada a la primera terraza del Templo del Sol. Los muros de la primera fase fueron construidos de grandes adobes paralelepípedos de gavera sobre el interfaz E/F (unidad I-E-3, fig. 3). La cara externa de muros está revestida de lajas parcialmente canteadas. Luego de un evento sísmico que dejó huellas de la destrucción de mampostería en la capa E, el espacio entre dos salientes-bastiones quedó reducido. Aparentemente se ha querido remontar el aparejo y asimismo restringir el acceso hacia la cima de la pirámide con la construcción de nuevos muros de adobes, esta vez sin revestimiento y de menor calidad que los precedentes (fig. 3). El último, tercer episodio constructivo se relaciona con la edificación de un delgado muro de adobes confeccionados de manera rápida y con gran cantidad de desgrasante de arena. La función aparente de este muro que se adosa al saliente meridional del vestíbulo ha sido la de clausurar definitivamente el acceso a la cima de la pirámide. Este muro, construido probablemente en las primeras décadas de la época colonial, ha sido cortado por la trinchera de huaqueros.

Figura 3. Perfil compuesto oeste-este de las unidades E2, E3, E4 en la entrada y en el vestíbulo de la primera terraza de la fachada principal (oriental) del Templo del Sol, vista desde el sur. Dibujo: Alaín Vallenas y Frank García.

La estratigrafía completa del basural frente al vestíbulo, al que hemos hecho mención anteriormente, fue registrada en la unidad I-G-1; varios niveles de deposición y arrastre de materiales orgánicos e inorgánicos (fig. 3) conforman dos capas sobrepuestas de notable espesor, separadas por un estrato de arena eólica. La capa J de grosor promedio de un metro se compone de fragmentos de adobe, argamasa y enlucidos entremezclados con fragmentos de esteras, y yace sobre la superficie afirmada de la pendiente del cerro. Se trata de la continuación de la capa E en la unidad I-E-3 (fig. 3), por lo cual no cabe duda que la acumulación de desechos se creó a raíz de la renovación de estructuras construidas de materiales perecibles en las terrazas del Templo del Sol, así como debido a la limpieza de escombros después de un fuerte evento sísmico. La capa F de la unidad I-G-1 (continuación de la capa C en los sondeos I-E, 3, 4: fig. 3) contiene mayor concentración de fragmentos de paredes y techos de quincha y esteras que la precedente. Muchos de los elementos arquitectónicos de materiales perecibles fueron parcialmente quemados y varios niveles del basural contienen lentes de ceniza. En los sondeos I-E-4 (fig. 2) hemos comprobado que el basural de la capa C se ha acumulado encima de los muros de la segunda fase, cuando estos fueron parcialmente destruidos por la acción humana y por las precipitaciones. Por ende, es de suponer que este estrato se ha formado a raíz de la destrucción intencional de la arquitectura de quincha y esteras luego de abandono del Templo del Sol en el periodo Colonial Temprano. En ambos casos, las dos capas de desmonte se han formado como resultado del trabajo organizado, cuyos participantes descendían por la escalera y vestíbulo al pie de la primera terraza del templo para botar los desechos sobre la pendiente del cerro.

Montículos de desmonte y basura similares al excavado se han acumulado a lo largo de la fachada noroeste de la primera terraza. La trinchera de Strong y Corbett (1943) ha cortado a uno de las mayores acumulaciones de este tipo. Los desechos fueron botados en este caso desde la cima de primera la terraza hacia abajo de la pendiente del cerro. Hemos realizado un sondeo en el perfil sur de esta trinchera (unidad I-E-5, fig. 4) y hemos comprobado que la situación estratigráfica es muy similar a la que se ha registrado en el área de la entrada. De haberla encontrado en cualquier otro lugar de Pachacamac, seguramente se hubiera creído que solo la capa C, la de desechos quemados, corresponde al Horizonte Tardío, dado que en este estrato se ha encontrado la mayor concentración de cerámica cuzqueña y de textiles diagnósticos. Los estratos inferiores en este perfil de más cuatro metros de altura hubiesen sido fechados para el periodo Intermedio Tardío. En este caso no cabe felizmente duda que las primeras cinco capas (A-E) son del Horizonte Tardío, debido a la asociación directa con la arquitectura del Templo del Sol. La secuencia cronológica relativa para este sector de Pachacamac que se arma a partir de nuestras investigaciones estratigráficas es la siguiente:

  1. Breves y repetidos episodios, anteriores a las actividades de construcción, relacionados con la cerámica de tipo Villa el Salvador (Stothert & Ravines, 1977; Makowski y otros, 2013).
  2. Construcción de arquitectura monumental de adobes medianos de gavera durante la ocupación Lima Medio (Lima 4, 5; Patterson, 1966; Vallenas, 2012; Makowski & Vallenas, s.f.); en algunos casos los muros son revestidos de piedras.
  3. Hiato marcado por la paulatina destrucción de la arquitectura Lima Medio.
  4. Construcción del segmento noreste de las terrazas del Templo del Sol con la entrada entre dos bastiones salientes en la fachada de la primera terraza, al inicio de la ocupación inca, quizá por el mandato del Inca Tupa Yupanqui.
  5. Terremoto, con la posterior limpieza de escombros y reconstrucción.
  6. Destrucción intencional de la arquitectura de materiales perecibles, del vestíbulo y la deposición de desechos al pie de la fachada.
  7. Clausura de la entrada al vestíbulo mediante la construcción del muro norte-sur, probablemente.

Figura 4. Perfil sur-norte de la unidad E5 (fig.2) abierta en el perfil de la trinchera de Strong y Corbett (1943), vista desde el este. Ladera oriental del Templo del Sol. Dibujo: Alaín Vallenas.

La fecha de la Primera Muralla

Todos los investigadores, sin excepción, han tomado por suyos las observaciones preliminares de Uhle, quién afirmó «[…] El muro ruinoso del que habla Estete es el interior, el más antiguo, ya que el exterior se encuentra, aun hasta ahora, casi intacto» (Uhle 2003[1903], p. 92). La Primera Muralla parte de la esquina sur-este del Templo del Sol y de la vuelta al Templo Viejo y al Templo Pintado, para llegar a fachada norte de este mismo edificio (figs. 2, 8). La muralla crea entonces el recinto que encierra en su interior ambos templos, un edificio cuadrangular y algunas áreas funerarias separándolas de la Plaza de los Peregrinos y de los recintos de las pirámides con rampa. Por esta misma razón, los estudiosos coincidían en considerarla la muralla del recinto sagrado, del témenos de Pachacamac. Su fecha de construcción nunca ha sido precisada pero se sospechaba que podría relacionarse con una de las fases de construcción del Templo Viejo Lima en el periodo Intermedio Temprano (Patterson, 1966, 1985) o en el Horizonte Medio (Bueno, 1974-1975). Tal fecha nos parecía poco probable dado que la muralla en ambos extremos se adosaba a los muros de la primera terraza del Templo del Sol, construido durante el Horizonte Tardío. No se podía, sin embargo, descartar sin evidencias claras que murallas anteriores a la visible en la superficie permanecían tapadas bajo los cimientos de esta. Para corroborar esta hipótesis, hemos abierto en 2009 ocho sondeos en diferentes lugares del segmento meridional del recinto que da hacia el litoral del océano Pacífico (Makowski, 2010b). Otras excavaciones se han realizado también en el segmento oriental con unidad abierta durante el 2013. Las unidades excavadas fueron localizadas en aquellos tramos cortos de la muralla donde no se veía el entramado de adobes sobre la superficie y donde por ende podrían haber existido en el pasado accesos formalizados hacia el interior del recinto (fig. 8).

Las excavaciones realizadas permitieron descartar de plano la existencia de vestigios de murallas anteriores. A parte de los sondeos arriba mencionados se ha abierto una trinchera a través de la parte plana de la pampa llegando a nivel estéril y sin descubrir vestigios de una eventual muralla paralela invisible en la superficie. En todas las unidades investigadas se ha encontrado material muy diagnóstico para el Horizonte Tardío, incluyendo las imitaciones de la cerámica Cuzco Polícromo A y Cuzco Figurativo, en asociación o debajo a los cimientos. En buena parte de su recorrido, la muralla fue construida sobre suelo estéril. Solo en la cercanía de Templo Viejo se encontró un nivel de ocupación Lima Medio (Lima 4-5; Patterson, 1966).

Múltiples evidencias sugieren que la construcción de la Primera Muralla se ha iniciado al final del Horizonte Tardío y que nunca fue terminada. Las diferencias de altura entre los tramos se desprenden según toda probabilidad, entre otros, del grado de avance de construcción. Hay diferencias de avance por tramos y por «tareas». Hemos registrado en el tramo norte partes en las que la obra avanzó solo hasta el etapa de la edificación de la base del muro. En algunos casos, el diseño de cimientos era muy ambicioso y requería de una fuerte inversión de trabajo. Por ejemplo, a la altura del «edificio Sur-Oeste» (fig. 8: estructura extra muros al sur de la muralla), una amplia plataforma-zócalo corre paralelamente a la muralla afirmando la pendiente del cerro. Esta medida aparentemente no impidió el derrumbe de la muralla en el tramo que asciende hacía el Templo del Sol. La manera como la muralla se adosa a la terraza más baja del templo sugiere que la idea de construirla fue tomada luego de la reconstrucción de la pirámide después del terremoto. Lo confirma la compleja estratigrafía registrada en la esquina noreste del recinto.

En la secuencia registrada la muralla se sobrepone a otro nivel de construcciones de aparente carácter doméstico también del Horizonte Tardío. Las construcciones de adobe y quincha del este nivel fueron seriamente afectadas por repetidas lluvias torrenciales. Los sedimentos laminares sobrepuestos al pie de cimientos de adobe son inconfundibles. Nos parece muy probable que se trata de huellas de El NiñoENSO del año 1925/26, considerado particularmente fuerte en escala regional.

Otros fenómenos relativamente intensos habrían ocurrido en 1500 y en 15251526, seguidos de 1540-1541, 1544 (Kiracofe & Marr, 2009, pp. 161-162; Gengis & Fowler, 2008; Couper-Johnston, 2000; Quinn y otros, 1987). El primer evento muy fuerte bien documentado históricamente se dio, sin embargo, recién en 1578 (Ortlieb, 2000). Las construcciones de adobe y quincha afectadas por las lluvias cubren a su vez vestigios de una plataforma, probablemente del periodo Intermedio Tardío. La plataforma construida con capas de tierra arcillosa y cantos rodados lleva en su superficie huellas de arquitectura de quincha cuya traza fue modificada con suma frecuencia. Niveles con la cerámica del periodo Intermedio Temprano, subyacentes a la plataforma, completan la secuencia estratigráfica.

Es necesario poner énfasis en que a pesar de haber excavado todos los lugares posibles de localización de una entrada, no la hemos encontrado, ni terminada, ni en proyecto avanzado a nivel de cimentación. El examen de todos los tramos conservados hasta la altura de un metro o más sugiere que fue la intención de los constructores impedir el acceso hacia el interior del recinto de todos los lados. Sin embargo, parte del tramo septentrional de la Primera Muralla había sido destruido y ocultado por el actual camino de visitas este-oeste, que ya existía como camino de herradura al comienzo del siglo XX. En el plano de Uhle (2003[1903], anexo) se aprecia todavía casi la totalidad de este tramo septentrional con algunas interrupciones de trazo a la altura de la Plaza de Peregrinos y del Patio Hundido. Uhle (2003[1903], pp. 105-106) suponía que la estructura hoy considerada usnu (ushnu) (Hyslop, 1990, pp. 85, 259; Shimada, 1991, 2004) cumplía la función de porters lodge y por lo tanto cumplía la función de la puerta desde la Plaza de Peregrinos hacia el interior del témenos. Dada la fecha muy tardía y el estado inacabado de la Primera Muralla, quedan abiertas dos alternativas de interpretación posiblemente complementarias:

  1. La Primera Muralla formó parte de un plan de reorganización del espacio ceremonial concebido pocos años antes de la llegada de Pizarro, el plan que nunca fue terminado.
  2. Los trabajos de construcción fueron iniciados o retomados con fuerza luego de la conquista española para clausurar el acceso al templo.

La relación comprobada entre los trabajos de consolidación de talud de la Primera Muralla y la construcción del edificio extra muros sur-oeste sugiere que los trabajos se iniciaron antes de la conquista española. En todo caso queda muy claro que el Templo Viejo, el Templo Pintado y el Templo del Sol no formaban parte del mismo témenos cuando este último fue construido. Por ende, el acceso a cada uno de los templos fue independiente.

Las entradas a través de la Segunda Muralla y la calle N-S

A diferencia de la Primera y de la Tercera Muralla, la Segunda no formaba parte de un solo proyecto arquitectónico inconcluso ni fue construida en un periodo corto. Dicha muralla se compone en realidad de partes de cercos perimétricos de varias pirámides con rampa n° IV, VI, VII. Solo algunos segmentos al noroeste y al noreste pudieron haber sido trazados como cerco independiente, o como parte del proyecto de un edificio monumental nunca terminado. Los recorridos, la revisión de fotos aéreas y satelitales, así como los resultados de nuestras excavaciones han dejado fuera de duda que solo dos aperturas en la Segunda Muralla brindaban acceso desde la pampa arenosa que se extiende hasta la Tercera Muralla, hacia el interior del complejo monumental. Una de ellas se encontraba en el eje visual que se extiende entre la portada de la Tercera Muralla y la rampa principal de la pirámide con rampa n° 1, y daba al patio delantero frente a la pirámide con rampa n° 4 (fig. 1). La otra entrada se abría en medio de la calle N-S, cuyas murallas laterales se proyectan hacia afuera de la Segunda Muralla (fig. 5). Ambas portadas fueron construidas durante el Horizonte Tardío. Esta conclusión se sustenta en los resultados de nuestras excavaciones en cuatro unidades ubicadas en lugares estratégicos, donde se podía registrar las relaciones estratigráficas entre la(s) calzada(s), así como los muros laterales de la calle, y la secuencia de construcción y abandono de otros edificios o componentes arquitectónicos colindantes. Dichas unidades estuvieron localizadas en:

  • La portada a través de la Segunda Muralla (fig. 5: SW-E1).
  • El cruce de la calle N-S, con la calle E-O, inconclusa, la que corre a lo largo de la fachada externa de la Segunda Muralla (fig. 5: SW-E2).
  • El segmento final de la calle N-S en las afueras de la Segunda Muralla y el espacio entre muro lateral este de la calle y la fachada trasera de la pirámide con rampa n° VIII (fig. 5: SW-A 1, 2, 3).
  • El extremo norte de la calzada de la calle N-S y la zona de campamentos (fig. 5: SW-G1, G2, G3, G4; además de otras unidades al nor-este no visibles en el plano; Makowski, 2006).

Figura 5. Plano de ubicación de las unidades de excavación en la pampa entre la Segunda y la Tercera Muralla, así como en las únicas entradas abiertas en la Segunda Muralla. Dibujo digital: Gabriela Oré.

En todas las cuatro unidades hemos encontrado secuencias coincidentes y en algunos casos complementarias. El corte realizado entre las jambas de la portada (fig. 6) ha sido particularmente revelador. Las dos jambas de la portada, la calzada de la calle, hecha de barro vaciado de notable espesor y dureza, la que está atravesada por un canal en el medio, así como los muros perimétricos de la pirámide con rampa n° IV, forman parte del mismo episodio de construcción. Este episodio fue claramente posterior a la edificación del recinto perimétrico de la pirámide con rampa n° VII. El segmento de la Segunda Muralla que empalma con la jamba este pertenece a dicho recinto, y su cimiento se encuentra a mayor profundidad que la jamba oeste (fig. 6; fig. 5: unidad E1). Además, el cimiento en mención guarda relación con dos superficies afirmadas que fueron destruidas para construir el canal y la calzada. Por causa del desnivel la jamba oriental de la portada fue construida sobre una base de piedra dentro de la zanja cavada con el propósito de llegar al nivel de cimentación del muro contiguo. Dicho muro corresponde a la esquina del cerco de la pirámide con rampa n° VII. El canal revestido de piedras con pozos rectangulares para su limpieza tiene las características de otros canales similares registrados en Pachacamac en relación con la arquitectura inca, por ejemplo, en la vecindad del acllahuasi. Este canal voltea al oeste luego de algunos metros, atravesando el muro lateral oeste de la vía y el patio de la Pirámide con rampa n° IV en dirección al acllahuasi. Hasta tres niveles de apisonado separados por finos estratos de arena eólica se han formado durante el uso de la vía en el Horizonte Tardío. Luego, un fuerte movimiento telúrico causó el derrumbe de los muros laterales y el abandono definitivo de este tramo de la calle. Lo indica una fuerte acumulación de arena, seguida por nuevos derrumbes.

Figura 6. Vista desde el norte del perfil este-oeste en la unidad SW E-1 en la portada de la calle norte-sur. Noten la presencia de un solo piso bien acabado con un canal asociado. El piso es contemporáneo con la jamba occidental de la portada pero posterior a la construcción del recinto al este. La jamba oriental fue adosada posteriormente. Encima del piso hay estrato de acumulación de arena eólica y tres superficies apisonadas y luego las capas de abandono y destrucción. Foto: Krzysztof Makowski.

La validez de este escenario se ha comprobado plenamente con las excavaciones del tramo de la calle externo a la Segunda Muralla. Con la trinchera SW-A, 1, 2, 3 hemos cortado transversalmente la calle con sus dos murallas laterales y el espacio entre la calle y la fachada trasera de la pirámide con rampa n° VIII. En este corte se ha expuesto la calzada y los cimientos de muros laterales de la calle, construidos, como la portada, en las fases iniciales del Horizonte Tardío. La acumulación de varios niveles de arena apisonada demuestra que la calle estuvo en uso cierto tiempo antes de que un fuerte movimiento sísmico haya hecho derrumbar partes enteras de murallas laterales. Estas nunca fueron reconstruidas. Buena parte de ellas fue desmantelada, en algunos casos hasta cimientos y cavando para este fin una zanja. Según toda probabilidad, se ha querido recuperar adobes y piedras de revestimiento. Después de terremoto se ha iniciado la construcción de la pirámide con rampa n° VIII. La calzada de la calle fue en este tiempo invadida por estructuras ortogonales de quincha y por basurales estratificados. Muchas de estas estructuras han hecho uso de adobes y piedras canteadas procedentes de las estructuras dañadas por terremoto y aquí reutilizadas para reforzar los cimientos. No cabe duda que la entrada por la portada en la calle N-S fue completamente clausurada a fines del Horizonte Tardío.

Tenemos buenos argumentos para creer que luego de la clausura de la calle N-S el acceso a través de la Segunda Muralla se hacía por la segunda portada, abierta hacia el extenso patio frente a la pirámide con rampa n° IV (fig. 5: unidad SW-D, fig. 7). La portada está localizada en el eje visual que une la rampa central de la pirámide n° I con la única portada que se abría en la Tercera Muralla, la que, recordemos, orientaba el ingreso a Pachacamac desde el norte. El material cerámico hallado en la capa de nivelación, al lado de grandes cántaros-paicas que proporcionaban agua a los constructores, no deja lugar a duda que muralla con la portada fue edificada en el Horizonte Tardío (Makowski, 2015). En el tramo de la portada no se ha hallado claras huellas de destrucción por terremoto pero sí daños ocasionados por lluvias. El hecho de que uno de los fragmentos decorados encontrado en los cimientos de la portada pegaba con otro hallado en la calzada de la calle N-S refuerza la idea que el nuevo ingreso fue habilitado luego del abandono de la calle o poco antes. Cabe recordar que los patios frente a las pirámides con rampas n° I y IV se intercomunicaban con la calle N-S por medio de dos entradas en el muro que separaba los patios de la avenida amurallada.

Figura 7. La unidad SW-D (fig. 5): excavaciones en la portada de la Segunda Muralla que da al patio frente a la PCR n°4. Vista desde el oeste. Foto: Krzysztof Makowski.

Los resultados de nuestras excavaciones echan nuevas luces sobre la cronología de uso de las pirámides con rampa de mayor envergadura y sobre la razón de la construcción de la calle N-S. Inicialmente hemos sospechado que dicha avenida se dirigía como un camino ceremonial a la pirámide con rampa n° 2 y adicionalmente brindaba acceso las pirámides con rampa n° I y XII (Makowski, s.f.1). La razón de nuestra sospecha se desprendía de la presencia de una depresión dejada por la cantera antigua de más de cuatro metros de profundidad, la que parecía interrumpir el recorrido justo al sur del cruce de calles N-S y E-O. Varios investigadores, desde Uhle (2003[1903]) y Patterson (1985), consideraban, sin embargo, que el camino superaba esta desnivel y continuaba hacia el sur, hacia un patio hundido, para empalmar ahí con sistema de pasadizos que llevaba hacia la Plaza de Peregrinos. Las excavaciones y trabajos de limpieza de trazo con fines de puesta en valor emprendidos por Pozzi-Escot y Bernuy (s.f.; Bernuy & Villar, 2009) están aportando evidencias concretas para el esclarecimiento de este tema.

Cabe observar que contrariamente a lo que consideraba Uhle (2003[1903], p. 91 y plano general) la calle E-O no continua, hacia el oeste a manera de un decumanus de la ciudad romana Ravines (s.f.) ha observado con razón que en lugar de una calle se trata más bien de una serie de descampados triangulares no nivelados, sin calzada y cubiertos con basura prehispánica, a espaldas de los recintos contiguos. Dichos recintos carecen de acceso a los espacios triangulares con los que colindan. En comparación con el tramo oeste, el tramo este se caracteriza por una calzada —hoy cubierta por capas protectoras durante los trabajos de puesta en valor—, la que corre encima de las construcciones más antiguas que debieron ser niveladas y tapadas para este fin. El tramo oeste de la calle termina con el acceso a la pirámide con rampa n° 2.

Los campamentos y las áreas residenciales

La apreciación del carácter que tuvo Pachacamac a lo largo de su historia por parte de diferentes estudiosos estuvo en buen grado condicionada por su punto de vista sobre la existencia o la inexistencia de las áreas residenciales, tanto en el área monumental —véase la polémica sobre la función de las pirámides con rampa— como en las afueras de esta. Pachacamac prehispánico, lleno de palacios y rodeado de barrios populosos de quincha, merecía por supuesto el calificativo del centro urbano. Sin estos barrios, pero con palacios alrededor del núcleo sagrado, el sitio podría ser considerado capital del señorío Ychsma. En ausencia de palacios y de zonas residenciales en las afueras del núcleo monumental, el término «centro ceremonial poblado o vacío» resultaría en cambio el más adecuado. A pesar de su importancia, las áreas en las afueras de la Segunda Muralla han atraído poca atención de los investigadores (Paredes, 1991). En las temporadas 2005/2006 (Makowski, 2006), 2007/2008 (Makowski, 2008) y 2010/2011 (Makowski, 2011), hemos investigado con métodos no destructivos y con excavación en área la extensa pampa que se extiende entre la Segunda y la Tercera Muralla (fig. 5). Las prospecciones con el radar de penetración de suelos (GPR), realizadas por Majewski, y con los magnetómetros de cesio y flux-gate hechas por Misiewicz, han dado resultados coincidentes, los que fueron adicionalmente comprobados con excavaciones en área y con sondeos. En la extensa pampa arenosa que se extiende entre la Segunda y la Tercera Muralla las evidencias de ocupación humana conforman una a dos capas cercanas a la superficie sobre niveles de arena estéril. El material asociado es del Horizonte Tardío. Se confirma de este modo la apreciación cronológica de Uhle (2003[1903], pp. 257-284). La ocupación se compone de eventos sucesivos de corta duración y no tiene características urbanas, a pesar de la organización relativamente ordenada. Cabe observar, por ejemplo, que las estructuras no se organizan alrededor de patios comunes y no están alineadas respecto a ejes de comunicación. Hemos creído muy probable que un camino afirmado y delineado con piedras de manera, similar a los caminos inca, registrados en la costa desértica (Hyslop, 1984) haya conectado la portada en la Tercera Muralla, sucesivamente con una de las dos portadas en la Segunda Muralla. Hemos buscado los vestigios de este hipotético camino con los medios no destructivos antes mencionados y también mediante sondeos. El resultado fue negativo. Es más, se ha comprobado que la arquitectura de quincha no guardaba relación con las murallas y con las portadas en cuanto a su ubicación y orientación. Tanto en el caso de la Segunda como de la Tercera Muralla, las estructuras y los basurales invaden las entradas respectivas al santuario. Algunas estructuras visibles en la imagen proporcionada por magnetómetros parecen extenderse debajo de la Segunda Muralla (Makowski, 2015). De ahí se desprende la suposición que el límite meridional de campamentos se desplazaba de sur a norte a medida que avanzaban las construcciones en la zona monumental.

Extensas estructuras de traza ortogonal de quincha que mantienen orientación similar, N-NO-S-SE, son las causantes de la impresión de cierto orden en la organización espacial. Estas construcciones se levantan sobre un piso vaciado de arcilla, directamente sobre el estrato de arena nivelada. Las paredes tienen a menudo cimientos de una hilera de adobes, a veces alternados con piedras. Tanto las piedras como los adobes parecen haber sido recuperados de edificios aledaños en abandono, luego que estos fueron afectados por un terremoto. Hemos excavado parcialmente dos de las estructuras mencionadas. Una de ellas fue construida luego de la clausura de la calle N-S, en el área adyacente a la pirámide con rampa n° VIII (Makowski, 2006, unidad SW-A4, fig. 5). Hemos logrado exponer solo un segmento reducido de la estructura. La estratigrafía relativamente compleja, como para un periodo de tan corta duración como el Horizonte Tardío, confirmó nuestra impresión que se trata de episodios breves de ocupación. Los pisos de la estructura han cubierto el muro lateral destruido de la calle N-S y también a dos canales construidos sucesivamente uno tras otro al costado de la vía. La otra estructura rectangular, con la extensión aproximada de 6.5 m. x 15.0 m. se encuentra en medio de la pampa arenosa entre las dos murallas (Makowski, 2010-2011. Unidad SW-G-1, fig.5). La construcción se componía de una plataforma baja y de un recinto posiblemente techado y ocasionalmente subdividido con tabiques. La arquitectura de ambas estructuras tiene carácter muy precario, lo que se desprende del grosor de pisos y paredes.

Desechos orgánicos acumulados en hoyos hechos exprofeso en los pisos, fogones, y también extensos basurales estratificados que se extienden alrededor de las estructuras, indican que grupos populosos pernoctaban, preparaban alimentos y producían bajo techo y en los alrededores de edificios de quincha. Se han encontrado también entierros humanos en hoyos de poca profundidad en la cercanía y dentro del área habitacional. Es posible que se trate de algunos de los ocupantes del campamento (Makowski, 2010-2011).

¿Quiénes han sido los usuarios de las construcciones de quincha? Todavía no disponemos de evidencias para contestar de manera bien fundamentada a esta pregunta, en espera de los resultados de análisis de todos los materiales asociados. Hay, sin embargo, ciertos indicios que se trataba de campamento para albergar la mano de obra empleada en la construcción, y también ocasionalmente en la producción de bienes empleados en los rituales, incluyendo quizás ritos funerarios. Durante las excavaciones en la Pampa Sur, al norte de la antigua carretera Panamericana, hemos encontrado un canal provisorio de abastecimiento de agua, un área de procesamiento de arcilla, posiblemente para la producción de adobes, y zonas con desechos de talla de piedras de revestimiento (Makowski, 2006). En la proximidad de las áreas de producción hemos excavado una estructura cuadrada de tapia de 15m. x 15m., de carácter diferente que las anteriores, en cuyo interior, alterado por los huaqueros, se ha encontrado evidencias de producción a pequeña escala de cuentas de conchas de Spondylus princeps y Spondylus calcifer. La edificación fue remodelada con el uso de adobes y de fragmentos de tapial. Su piso fue renovado dos veces durante el Horizonte Tardío. Dada la ubicación en medio de talleres, y características mucho más elaboradas de arquitectura, podría tratarse de la residencia de un supervisor al mando.

Debido a la ausencia de vestigios habitacionales permanentes de carácter urbano en las pampas al norte de la Segunda Muralla se abre la pregunta: ¿dónde vivían los habitantes de Pachacamac?, ¿acaso los habitantes del hipotético palacio del curaca (Palacio de Taurichumbi) y el personal de los templos (Estete, 1968[1535]) habrían sido los únicos residentes?

Hasta la fecha, los únicos vestigios de estructuras habitacionales permanentes, comparables con los que se ha estudiado en el valle de Lurín (Makowski, 2002; Álvarez Calderón, 2009; López, 2012) fueron excavados por nosotros en las laderas bajas del Cerro Gallinazo. Estos dan hacia el Templo del Sol, en el extremo meridional del complejo de Pachacamac (fig. 2, sector IF; fig. 8). El descubrimiento de este núcleo habitacional ha sido una sorpresa, puesto que los planos de Uhle (2003[1903]) y Matsumoto (2005) hacían pensar en una o dos estructuras relativamente monumentales, parcialmente sepultadas por arenas eólicas y relacionadas con el hipotético camino hacia el litoral frente a las islas de Cahuillaca, así como con el no menos hipotético acceso al interior del recinto de la Primera Muralla desde la costa. Cuando se ha demostrado que la Primera Muralla nunca fue terminada y carecía de entrada formal de lado del mar, se incrementaron expectativas en cuanto a la potencial función ceremonial de las construcciones. La realidad descubierta durante las excavaciones de la temporada anual 2012 resultó ser diferente de la esperada y ha superado en cuanto a la complejidad ambos escenarios. En primera instancia, la existencia de uno o dos edificios monumentales planificados quedó completamente descartada. En su lugar se ha documentado filas de residencias domésticas alineadas, las que estuvieron en uso durante la fase de ocupación del área. Por otro lado, resultó evidente que este espacio tan privilegiado en cuanto a la ubicación ha cambiado con frecuencia de uso en el transcurso del Horizonte Tardío.

Es imposible definir el número exacto de estructuras con precisión. No obstante, los muros que asoman de arena parecen corresponder a por lo menos ocho o nueve estructuras independientes. La estructura en la unidad de exposición registrada como F-1 se distingue por tener el trazo mejor conservado que las demás. Los hallazgos confirmaron la función residencial de la estructura que tiene plano rectangular. La entrada con cortaviento se encuentra ubicada de manera asimétrica en la pared norte cerca de la esquina noreste. La estructura tiene diseño tripartito, en el que cada una de las tres partes fue construida sobre una plataforma nivelada y ascendente respecto a la interior. Desde la entrada (IF-1-V) se accede al patio cuadrangular. Frente a la entrada, del otro lado del patio, se encontraban dos ambientes techados. Solo uno de ellos contaba con puerta de acceso. El otro, cerrado (IF-I-IV), cumplía probablemente función de depósito a juzgar por la forma y dimensiones. La plataforma central fue ocupada por tres espacios potencialmente techados, un ancho pasadizo central y dos ambientes laterales (IF-1-II, y IF-1-III). El pasadizo daba al último recinto alargado en la parte trasera de la casa (IF 1-1). Desafortunadamente hay pocas evidencias de actividades in situ. Una acumulación de conchas sugiere eventos de preparación de alimentos en el ambiente trasero. La excavación no logró demostrar si el diseño tripartito fue planeado desde el inicio, o más bien es el efecto final de varias remodelaciones. En cualquier caso en la secuencia ocupacional del área se perciben por lo menos tres fases sucesivas:

  • Fase de diferentes actividades de carácter doméstico previas a la construcción de la casa rectangular con muros de piedra (en particular en la parte de cimientos) y de adobe paralelepípedo de gavera: capas G, H, I (niveles J, K, L de la secuencia maestra),
  • Periodo de construcción y uso de la casa de planta cuadrangular: capas C, D, E y F;
  • Periodo de reúsos del espacio después del abandono de la casa: capas A y B con sus subdivisiones. Es probable también que algunos recintos todavía de pie fueran reutilizados en el periodo Colonial, lo que fue demostrado en la estructura ubicada en la unidad de excavación IF-2, o en la estructura sur-oeste extra muros excavada en la temporada anterior por Tomasz Lapa (Makowski, 2011).

Evidencias adicionales para precisar la fecha de la construcción de la casa se han obtenido adicionalmente durante la temporada 2010 (Makowski, 2011). En dicha temporada hemos excavado una plataforma externa, adosada a la fachada occidental y accesible por un pasadizo con escaleras desde el interior de la casa. Al pie de la terraza se encontró un área de actividad con varias cuyeras y depósitos semisubterráneos. Todos los eventos registrados tuvieron asociaciones firmes con la cerámica Cuzco Polícromo y otros estilos del Horizonte Tardío.

La segunda unidad doméstica en la unidad de exposición IF-2 estuvo en buena parte cubierta por capas de arena eólica, lo que hacía casi imposible entender a plenitud su traza interna desde la superficie. Solo quedaba en claro que se trata de una estructura de planta rectangular. Los dos muros perimétricos longitudinales, el suroeste y el noreste, paralelos, hacen pensar en un diseño planificado. Las excavaciones han revelado que el área fue intensamente ocupada desde el fin del periodo Intermedio Tardío, o lo que parece más probable, desde el inicio del Horizonte Tardío. En los niveles inferiores se ha registrado pequeñas cámaras de piedra. Algunas de ellas fueron construidas en fosas cavadas dentro de suelos arenosos estériles atravesados por estratos de salitre y sedimentos craquelados, y otras sobre la superficie. Hay también fogones y áreas de quema. Estructuras similares fueron halladas al norte, en las excavaciones de la unidad I-C, a lado de la unidad IF-1. La estructura residencial cuadrangular, construida de adobe con revestimientos de piedra, cuya forma se dibuja en la superficie, tiene sus cimientos en el interfaz entre las capas D2 o B2. Para edificar esta estructura ha sido necesaria la clausura definitiva de todas instalaciones para almacenaje y cocina correspondientes a la ocupación anterior y la nivelación del terreno.

Cambió, asimismo, significativamente la organización del espacio en términos de orientación de paredes y de la distribución funcional. Los pisos y niveles de uso (pisos 1, 2 y apisonado D2) han sido seriamente afectados por las ocupaciones posteriores a la conquista española. No obstante, se han conservado improntas de fondos de vasija y unas ofrendas de concha y cuentas de Spondylus princeps en una esquina. El ambiente excavado dentro de la unidad IF-2-IV parece haber cumplido en esta época el rol de alacena. A juzgar por el contenido y el grosor de la capa D, la estructura habitacional estuvo bien conservada hasta la altura del techo cuando los recintos de la casa abandonada fueron transformados en establo. La capa C, registrada en la unidades IF-2-II y IV contiene restos de vegetales y deposiciones fecales de ganado vacuno.

Los resultados de las excavaciones en las unidades I-C, I-F-1 y I-F-2 son coincidentes y complementarios a la vez. En todas las unidades se han definido dos periodos ocupacionales prehispánicos. El más antiguo se caracteriza por extensas áreas destinadas a la producción de cuyes (Cavia porcellus), al almacenamiento y preparación de alimentos. Carecemos de evidencias para explicar la razón de su existencia. Podría tratarse tanto de áreas asociadas a varias estructuras domésticas individuales de quincha, como a una amplia zona de campamentos, destinadas, por ejemplo, a albergar los obreros que trabajan en las cercanas canteras. Podría también tratarse de producción especializada con el énfasis en la cría de animales para sacrificios u ofrendas. En cualquier caso, durante el segundo periodo de ocupación, anterior a la conquista española, el área se transforma en una pequeña aldea de aproximadamente 8-9 viviendas. Las casas se construyeron con materiales, adobes y bloques de revestimiento de piedra, en buena parte reutilizados. A juzgar por las grandes diferencias de conservación, algunos residentes tenían mayor acceso a estos materiales que los demás, pero nunca en cantidad suficiente como para construir todo el edificio de materiales nobles. En vista de que cada estructura tiene otro ritmo de crecimiento y de modificación de espacios internos, pareciera que las casas fueron construidas por sus residentes a medida de las posibilidades y conocimientos. La técnica de construcción de muros de adobe es la misma que en el caso de la arquitectura pública de Pachacamac durante el Horizonte Tardío. Los adobes de gavera tienen la misma forma y dimensiones que las de Primera Muralla. Lo mismo se puede afirmar en cuanto a los revestimientos de piedra es que la técnica de talla y la mampostería es también la misma en ambos casos. Por ende, se puede afirmar que los constructores —y posiblemente residentes— de las casas compartían los mismos conocimientos tecnológicos con los que edificaron la Primera Muralla y también la única estructura monumental fuera de esta, el edificio sur-oeste (fig. 8). En la luz de resultados de los primeros sondeos y del levantamiento arquitectónico (Makowski, 2011), este último edificio no parece haber tenido ni funciones ceremoniales ni habitacionales. Podría tratarse de depósitos. Hemos comprobado que su muro oriental fue construido junto con el contrafuerte de la Primera Muralla y que hay material diagnóstico del Horizonte Tardío en sus cimientos.

Figura 8. Plano de ubicación de las unidades de excavación a lo largo de la Primera Muralla y en las estructuras situadas extra muros. Dibujo digital de Gabriela Oré.

Cabe observar que trazas de recintos que carecen de volúmenes de plataformas escalonados con rampas y que tienen tamaño variado también se definen en la superficie al norte del Cerro Gallinazo y al noreste del Templo Viejo, dentro y afuera de la Primera Muralla, llegando al borde del estuario del río Lurín. En esta área se encuentra el hipotético «palacio Tauri Chumbi» (Bueno, 1974-1975,

p. 177; Eeckhout, 1999b, pp. 123-124). Mención aparte merece la «casa de los Quipus» (Bueno, 1970; Urton, 2003). Otro conjunto arquitectónico que llama atención por su gran extensión, diseño planificado y forma cuadrangular está ubicado al pie del Templo Viejo, y fue excavado por nosotros en la temporada 2013-2014. Los resultados de nuestros trabajos en la esquina noreste de este edificio, el que lleva tradicionalmente el nombre de Cuadrángulo Tello (fig. 5), son contundentes en cuanto a la determinación de la fecha de construcción. Se trata una vez más del Horizonte Tardío, dado que los cimientos reposan sobre la capa de basura con gran cantidad de finas imitaciones de cerámica cuzqueña. Debajo del estrato mencionado se encuentra nivel superior de un cementerio de la primera mitad del periodo Intermedio Tardío. Los entierros son cavados a partir de una superficie nivelada y revestido de piso a manera de una plataforma baja que crecía gradualmente. Luego del entierro de un número determinado de fardos en pozos de profundidad, que no supera un metro de altura, las bocas de los hoyos y toda la superficie se cubría con un piso de arcilla. Parece que los pisos se renovaban previo sello de la superficie anterior con una capa de suelo arenoso cada vez que se sepultaban en este lugar un siguiente grupo de individuos en matrices individuales o colectivas (fig. 9).

Los resultados de nuestras investigaciones sugieren a manera de hipótesis que las construcciones de carácter residencial y las estructuras destinadas al almacenaje y producción, todas ellas edificadas en el Horizonte Tardío, rodeaban formando un cuarto de círculo al cerro Gallinazo desde el oeste y desde el norte. El cerro mismo ha sido el lugar donde se ubicaban las canteras que proporcionaban la piedra para el revestimiento de muros de adobe. Los vestigios potencialmente residenciales, visibles en la superficie, y también las estructuras excavadas, ofrecen la imagen de arquitectura dispersa sin claro ordenamiento previo. Solo algunos de los complejos, particularmente los que fueron construidos al pie del cerro, están alineados. No se percibe, sin embargo, ejes de comunicación ni plazas que articulen a los edificios dispersos.

Hacia una nueva interpretación de la organización espacial de Pachacamac inca

Los resultados de nuestras investigaciones invitan a repensar los alcances de la actividad edilicia emprendida por la administración inca en Pachacamac y por consiguiente también revisar las interpretaciones de la organización espacial del santuario-oráculo. Quedó establecido con firmes bases estratigráficas que tanto las tres murallas como las calles fueron construidas durante el Horizonte Tardío.

Figura 9. Excavaciones al pie del muro perimétrico del Cuadrángulo Tello. Nivel expuesto corresponde a los entierros con el material Ychsma Inicial asociado con cerámica wari local de fines del Horizonte Medio (Makowski, 2013). Vista desde el este. Foto. Krzysztof Makowski.

Este nuevo trazo carece de antecedentes en los periodos anteriores, contrariamente a lo que se suponía en la literatura del tema. La calle norte-sur jugaba un papel particularmente importante en el sistema de comunicación establecido por la administración inca. Antes del terremoto que la afectó seriamente, la calle dirigía los pasos de los visitantes hacia diferentes destinos:

  • Al patio frente a la pirámide con rampa n° IV.
  • Al patio interno de la pirámide con rampa n° I.
  • A los depósitos en la parte trasera de la pirámide con rampa n° I.
  • Al patio hundido en el extremo sur donde terminaba su recorrido.
  • Y paralelamente a un pasadizo en el lado oriental del patio hundido que llevaba hasta el Cuadrángulo Tello.

Desde el patio hundido, un sistema de accesos restringidos permitía acceder hacia la Plaza de Peregrinos frente al Templo Pintado, considerado por la mayoría de investigadores el templo de Pachacamac. Por otro lado, existe un cruce de la calle norte-sur con su similar perpendicular, este-oeste. Como bien lo han observado previamente Paredes (1991) y Ravines (1996), dicha calle tiene características de un camino pavimentado o afirmado entre murallas, tan típico para la arquitectura inca, solo en el segmento al este del cruce. El segmento occidental, en cambio, se compone de espacios descampados trapezoidales que se ubican en las partes traseras de pirámides con rampa. Estos espacios no se comunican mediante puertas con recintos circundantes y están parcialmente cubiertos por grandes montículos de basura evacuada desde el interior de las pirámides con rampa. En cambio, el segmento oriental de la calle este-oeste parece llevar ex profeso al ingreso principal de una de las estructuras ceremoniales de mayor extensión, la pirámide con rampa n° II. En una de las murallas laterales de la calle se abre también la entrada al recinto de la pirámide con rampa n° XII.

Cabe enfatizar que no todas las pirámides con rampa estuvieron interconectadas mediante las calles amuralladas. Fuera de este sistema se encuentra la pirámide de mayor volumen y extensión, construida según Eeckhout (1995, 1999a, 1999b; Michczynski y otros, 2003, 2007) algunas décadas antes de la incorporación del valle de Lurín en el Tahuantinsuyu, la n° III (fig. 1), y también algunas otras plataformas con rampa de dimensiones mucho más modestas, como las IX, X, XIV, ubicadas todas en la parte occidental del compleja, cerca del borde elevado del valle.

Todas las pirámides interconectadas por el sistema de calles amuralladas fueron probablemente construidas, o por lo menos ampliadas y transformadas, cuando Pachacamac se convirtió en el gran oráculo del Imperio inca. Hay argumentos firmes para ello en el caso de las pirámides con rampa n° I, II y IV. Es cierto que los sondeos realizados por Paredes (1988; Paredes & Franco, 1987), Franco (1998) y Eeckhout (Pavel, 2011) han revelado la existencia de otros niveles de ocupación con el material Ychsma Tardío y también algunos vestigios arquitectónicos debajo del nivel de cimientos de estructuras expuestas en la superficie. No obstante, no se ha demostrado que estos muros y pisos formaban parte la pirámide con rampa en su fase fundacional. Parecen más bien relacionarse con otro proyecto arquitectónico. Dada la baja recurrencia de fragmentos de cerámica correspondientes a las imitaciones de estilos cuzqueños en la primera mitad del Horizonte Tardío, su ausencia en una unidad estratigráfica dada dentro de un sondeo de tamaño limitado no necesariamente justifica ni siquiera la conclusión de que se trata de un episodio ocupacional preinca. Hemos comprobado en varias excavaciones antes mencionadas que las capas de nivelación debajo de los cimientos de muros del Horizonte Tardío contienen material cerámico mesclado de varias épocas desde el Horizonte Tardío hasta fines del Horizonte Medio. Por supuesto, tanto el material cerámico diagnóstico como los fechados C14 provenientes de la capa de nivelación ofrecen solo un terminus post quem para las estructuras. De todas estas observaciones se desprende la posibilidad que las construcciones que se asocian a estratos que contienen la cerámica Ychsma Tardío pudieron haber sido construidos por el mandato de gobernantes cuzqueños.

Pavel Svendsen (2011, pp. 155-156) ha reunido argumentos contundentes que las pirámides n° VI, VIIB, VIII, XIV fueron construidas durante el Horizonte Tardío. Por otro lado, en todas las excavaciones publicadas y también en la superficie hay múltiples pruebas de la intensidad de uso de los espacios arquitectónicos de Pachacamac durante la administración inca. Montículos de desechos de producción y de banquetes acumulados frente a las entradas a las plazas y detrás de los muros, en los descampados, así como los restos de basura esparcida en la superficie de las plazas, dan testimonio del número de participantes y cantidades de alimentos y bebidas consumidas durante los rituales. No hay evidencias similares en las capas que se han formado en los periodos precedentes al Horizonte Tardío.

Los resultados de nuestras investigaciones conducen a la conclusión que la interpretación de la historia de Pachacamac dominante en las publicaciones del tema, incluyendo las guías turísticas y los guiones museográficos, no concuerda con las evidencias y merece una revisión. La administración inca es la responsable de transformar un pequeño centro de culto de importancia local o regional en un santuario y oráculo imperial con apariencia planificada y de monumental envergadura. Su obra no solo incluye la construcción del Templo del Sol, de acllahuasi y de la Plaza de Peregrinos con ushnu, así como la ampliación de la pirámide escalonada de Pachacamac, sino la construcción de las tres murallas y de las vías amuralladas junto con buena parte de las pirámides con rampa. Los sectores residenciales, los edificios destinados al almacenamiento y a la producción, así como campamentos, provienen también del periodo inca. El desarrollo de este complejo monumental no responde, sin embargo, a la realización de un solo programa arquitectónico. Todo lo contrario. Se trata de varios proyectos no siempre concordantes. Es probable que cada Inca haya aportado actividades edilicias y haya cambiado la organización arquitectónica del santuario.

Resulta más bien dificultoso imaginarse sobre la base de evidencias firmes cuál ha sido la apariencia de Pachacamac preinca. Da impresión que al norte de la pequeña pirámide escalonada de Pachacamac se construyeron otras plataformas, tanto bajas y planas, como como escalonadas, las que a su vez estuvieron rodeadas de extensos cementerios (Uhle, (2003[1903]; Eeckhout, 1999, p. 78, fig. 5.1). El Templo del Mono, excavado por Eeckhout es un buen ejemplo de esta arquitectura ychsma (Michczynski y otros, 2003, 2007). Es posible que en las afueras se encontraran campamentos o asentamientos estables. Shimada (Shimada y otros, 2004) encontró algunas evidencias de este tipo, y también el autor en la temporada de excavación en 2013. Poco antes de la llegada de los incas se había iniciado la construcción de uno o dos cuerpos de la pirámide con rampa n° 3, que llegó ser el edificio más imponente en todo Pachacamac de su época. Eeckhout (2008) probablemente tiene razón cuando duda de la presencia en Pachacamac de peregrinos originarios de tierras lejanas en los periodos previos a dominación inca. En efecto, ni en los entierros ni en los contextos potencialmente ceremoniales fechados del periodo Intermedio Tardío (Ychsma inicial y medio: Bazán, 2008; Vallejo, 2004, 2008, 2009; Feltham & Eekhout, 2004; Eeckhout, 2004, 2010b) se encuentra cerámica o textiles en estilos exóticos (Vanstan, 1967; Rosenzweig, 2006). El profundo carácter provincial de la iconografía y de la tecnología de producción de vasijas y telas en el estilo ychsma no se condice con el esperado contexto de presencia de numerosos grupos foráneos. Esta situación de aislamiento cambia dramáticamente recién durante el Horizonte Tardío. Las crónicas no dejan lugar a duda que Pachacamac atraía a peregrinos y que ha sido un centro oracular (Rostworowski, 1999, 2002a; Eeckhout, 1999b, 2008). Es difícil, sin embargo, de detectar su presencia efectiva en los contextos arqueológicos. Resulta poco probable que los peregrinos se hayan desplazado con piezas de cerámica fabricadas en su terruño. Más creíble en todo caso sería la importación de piezas textiles como vestidos ceremonial y/o como ofrenda. No obstante, la determinación de la procedencia de una pieza tejida es muy complicada durante el Horizonte Tardío debido a desplazamientos generalizados de tejedores y las políticas del imperio que promovían el desplazamiento de poblaciones enteras (mitmaquna).

El hipotético itinerario de los peregrinos

Pachacamac durante la administración cuzqueña carecía de las características de una populosa urbe medieval o renacentista, europea o asiática, según los resultados de nuestras investigaciones. No existían barrios residenciales sensu stricto. Las casas habitacionales, incluyendo el hipotético palacio del curaca principal, estaban dispersas cerca del borde de la terraza que dominaba el valle cultivado y también al pie del Cerro Gallinazo (figs.1, 8). El complejo carecía de murallas perimétricas. Nada impedía el acceso al santuario desde el lado del mar. No obstante, los caminos desde el valle de Rímac o siguiendo el ramal del Qhapac Ñan a lo largo de la cuenca del Rímac se dirigían sin duda hacia las dos portadas simbólicas, la de la sierra en el sector de las Palmas y la de la Tercera Muralla (Paredes & Ramos, 1994; Paredes, 1991). Había que atravesar campamentos extensos y desordenados para llegar a las dos portadas en la Segunda Muralla, construidas y habilitadas secuencialmente, una tras otra.

Luego de atravesar las portadas los visitantes se dirigían hacia los recintos determinados. El complejo de las pirámides con rampa n° I y IV sugiere que la división en dos a tres grupos ha sido uno de los principios empleados para organizar a los advenedizos. Tres pirámides (n° Ia, Ib y IV) con rampas y con patios externos comparten un espacio común con una fuente de agua dulce hoy tapada por el desmonte. Luego de haberse preparado con ayunos, algunos de peregrinos podían acceder a los templos tras congregarse en la plaza frente al Templo Pintado. Hay una diferencia interesante en cuanto a la modalidad del acceso a los lugares sagrados, incluyendo al oráculo. Los que subían a las plataformas del Templo Pintado podían ser observados en su ascenso a los patios de la cima. Este no fue el caso del Templo del Sol. Aparentemente los escogidos tuvieron ascender hasta la mitad de la pendiente de la montaña, donde se encontraban las entradas a la primera y segunda terraza. En la entrada que hemos excavado encontramos una puerta flanqueada por dos salientes de la terraza que lleva a una simple superficie afirmada por pisadas. No hubo rampa ni escalera. Si bien el circuito completo de comunicación desde la entrada queda aún por descubrir, queda claro que los visitantes del templo desaparecían de la vista. Tampoco se podía observar la cima del templo, el destino final del ascenso. Corredores laberínticos y escaleras, parcialmente descubiertos primero por Tello y luego durante trabajos de limpieza y conservación realizados el siglo pasado, conducían sucesivamente de una terraza a la otra hasta llegar a la entrada ubicada simétricamente en el centro de la pared noreste del patio de la cima. Las estructuras que contenían, entre otros, la imagen de culto se encontraban en el centro de este patio (Estete, 1968[1535]).

Algunas conclusiones

A la luz de los resultados de las excavaciones, llevadas a cabo bajo la dirección del autor desde 2005, quedó establecido que Pachacamac ha adquirido el aspecto planificado gracias a la realización sucesiva de varios proyectos edilicios emprendidos sucesivamente por la administración inca. En casi todos los sectores investigados se han encontrado más de tres niveles estratigráficos con el material del Horizonte Tardío. Una simple comparación de espesor de deposiciones de desechos basta para constatar que solo en este último periodo, Pachacamac fue escenario de actividades multitudinarias. El espesor de niveles de basura estratificada supera con frecuencia los dos metros de altura. En comparación, los niveles del periodo Intermedio Tardío no superan el medio metro y la densidad de contenidos culturales en ellos es relativamente baja. Sin duda el movimiento telúrico y las lluvias torrenciales han contribuido adicionalmente en la creación de esta particular situación estratigráfica.

Contrariamente a la opinión difundida, las pirámides con rampa, una forma arquitectónica local, de posible inspiración norteña, seguían siendo construidas luego de la transformación del centro ceremonial local ychsma en el importante santuario y oráculo del Tahuantinsuyu. Estas características estructuras han cumplido un importante rol como lugares de acogida de los visitantes, destinadas también para diversos rituales que requerían de participación masiva. Dos de las pirámides formaban parte del complejo de recepción para todos aquellos visitantes que entraban por las portadas monumentales alineadas en la Segunda y en la Tercera Muralla. Las calles amuralladas que atraviesan la agrupación de pirámides con rampa guiaban los pasos del visitante a los amplios patios de las pirámides con rampa y al sistema de acceso restringido hacia la Plaza de los Peregrinos. Pachacamac no contaba con barrios residenciales amplios y organizados en espacio entre las dos murallas externas como se creía. Esta zona fue ocupada por campamentos y talleres de producción de materiales de construcción durante el Horizonte Tardío. Algunas agrupaciones dispersas de arquitectura de carácter residencial se encuentran dispersas al pie del Cerro Gallinazo y a lo largo del borde elevado del tablazo arenoso que da hacia el valle de Lurín. La denominación «centro ceremonial poblado» resume mejor estas características que la de centro urbano. La reconstrucción de lo que fue Pachacamac en el periodo Intermedio Tardío depende de la envergadura de las excavaciones futuras dado que los vestigios ychsma se encuentran en buena parte cubiertos o transformados por la arquitectura del Horizonte Tardío.

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Titulo original: PACHACAMAC Y LA POLÍTICA IMPERIAL INCA
Autor: Krzysztof Makowski Hanula
Fuente: Academia.edu




Pachacamac y Pariacaca: Interacción de Sacralidad y Poder Político

El tema de Pariacaca en relación a Pachacamac es una nueva visión para explicar los factores de sacralidad que envuelven a estos iconos. Ambas implican una religiosidad muy arraigada en la mentalidad de los pueblos, pero también es visible un control político-territorial de las instituciones estatales o étnicas, la primera relacionada al territorio cordillerano; la segunda, relacionada a la costa y litoral, prácticamente bajo la hegemonía de Pachacamac. Estos espacios están articulados por ríos que descienden de las cordilleras hacia el mar (río Rímac, Lurín, Mala y Cañete). De éstos, el río Lurín y Mala son los más importante puesto que la interacción de ambos, delimita un paisaje sagrado cuyos componentes sociales y culturales conforman un poder político.

 

Carlos Farfán Lobaton
Docente-Investigador – Universidad Nacional Federico Villarreal, Facultad de Humanidades, Laboratorio de Arqueología y Antropología Física y Forense Lima Perú.
carlosf21@yahoo.com

The issue regarding Pariacaca Pachacamac is a new perspective to explain the factors that surround these sacred icons. Both involve a religiosity deeply rooted in the mentality of the people, but it is also visible political and territorial control of state institutions or ethnic, the first related to the Andean country, the second related to the coast and coast, practically under the hegemony Pachacamac. These spaces are articulated by rivers that descend from the mountain ranges to the sea (river Rimac, Lurin, Mala and Cañete). Of these, the river Lurín and Mala are the most important since the interaction of both, delineates a sacred landscape who’s social and cultural components form a political power.

Introducción
Ya hemos señalado en oportunidades anteriores (Farfán, 2002, 2004 y 2010) la existencia de nexos simbólicos entre el paisaje, el uso y manejo del agua; entre las formas arquitectónicas y las orientaciones de los espacios arquitectónicos; entre los paisajes sagrados y los componentes sociales y entre los territorios de la yunga con los de la sierra. Los argumentos que aquí se manejan son básicamente datos empíricos susceptibles de ser comprobados, por lo que su validez tiene rangos aceptables. Estas relaciones la estamos considerando como fenómenos sociales que ocurren dentro de una dinámica del paisaje y las relaciones sociales. La recurrencia de estos fenómenos en los ámbitos de los andes centrales es muy común, toda vez que para conocerlas, hay que compenetrarse en el contexto social actual y en el contexto arqueológico que forma parte del entorno. Lo que vemos entonces, en dichos contextos es la regularidad en la estructuración del espacio social articulado a una estructura simbólica que explica lo sagrado, lo profano, y principalmente una jerarquía donde se visualiza el poder. Los argumentos que fundamentan este poder pueden ser sagrados o simplemente simbólicos, pero detrás de estos factores subyace el control de las fuerzas productivas, consecuentemente el control económico, como es la circulación de los bienes y servicios.

Como parte de esta investigación primeramente nos referiremos a Pachacamac, como territorio y espacio social. La información que manejamos está basado en nuestro conocimiento que se sustenta en una larga permanencia en las investigaciones arqueológicas . Lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en Pachacamac, es la presencia de una regularidad y ordenamiento del espacio social, imbricado a un espacio sagrado. En este sentido, el manejo del espacio en Pachacamac obedece a un orden jerárquico, donde el emplazamiento de los componentes urbanos obedece a una planificación o zonificación que se desarrolló a lo largo de su crecimiento. Los componentes arquitectónicos más populares son las llamadas pirámides con rampa y fueron construidas a lo largo de dos ejes: la calle EsteOeste y la calle Norte-Sur. El diseño aparentemente está basado en un canon común de forma y función, sin embargo, se ha identificado diferencias en las orientaciones que estarían marcando diferencias en su significación social y simbólica, (Farfán, 2004). Para entender la arqueología de la arquitectura de estos edificios estamos considerando cuatro momentos: a) planificación y diseño, b) construcción, c) funcionamiento y d) abandono. Luego de esta última etapa estos edificios se sacralizan y se convierten en depositarios de ofrendas a los ancestros o como actos de propiciación donde se evoca al dios de las aguas que mora en las montañas donde nacen los ríos, en este caso nos estamos refiriendo a Pariacaca.

Para el presente estudio trataremos de demostrar que desde tiempos antiguos hubo una estrecha relación entre los oráculos de Pariacaca y Pachacamac a través de las cuencas del Rimac, Lurín, Mala y Cañete. Esta relación no se reduce al carácter sacro de ambos, sino más bien es una respuesta al control territorial de los recursos económicos, estructurado en un paisaje sagrado donde se fundan los asentamientos a lo largo de ambas márgenes de estos ríos. Estos asentamientos están interconectados por caminos que fueron el soporte de una permeabilidad entre los pueblos. En este caso, los caminos se convirtieron en un instrumento de transformación del paisaje social a través de los reguladores económicos, políticos y religiosos que subyacen en la estructura social de estos pueblos (Cuadro 1). Los más importantes son el camino que une Pachacamac con Xauxatambo pasando por Pariacaca a través de la cuenca del río Lurín, mientras que por la cuenca del río Mala se genera otro nexo mucho más intenso desde los tiempos del Período Intermedio Tardío, como es la concentración de asentamientos de rangos mayores y medianos emplazados en cumbre para los relacionados a la sierra y en conos de deyección y quebradas laterales, para los relacionados a la costa cuya datación se remonta al período Intermedio Tardío. En estos tramos con asentamientos aparecen vínculos muy estrechos con la sierra y la costa y continúan en tiempo de los incas con mayor persistencia, la dinámica de interacción se genera dentro de un ordenamiento racional de control territorial y sagrado.

En este sentido, los incas al conquistar estos valles diseñaron una estrategia tomando en cuenta el territorio integrado al componente humano a través de los centros urbanos y rurales y estructuraron un modelo de control, tanto territorial como económico e ideológico. De modo que, la fundación o sometimiento de los asentamientos en un estado como el inca, no solo estaba limitada a las posibilidades sociopolíticas o económicas, sino que también estuvo referido a una racionalidad del uso y manejo del espacio, donde se superpone el paisaje sagrado y simbólico sobre el paisaje social. Esta es la razón, por el cual, el trazado urbano de los asentamientos de estos valles, obedece a una planificación estratégica, a veces forzada, basada en esquemas funcionales, a la vez simbólicos, puesto que trasmiten a través de la forma, un valor ideológico capaz de cohesionar y aglutinar a los grupos humanos conquistados y a la vez establecer espacios públicos y espacios restringidos. Sin embargo, si quisiéramos definir o caracterizar estos espacios arqueológicos, o si quisiéramos analizar la arqueología de su arquitectura, encontraremos limitaciones debido a su fragmentada información, puesto que ya no están en funcionamiento, solo quedan los restos físicos disminuidos en su integridad, por lo que necesitaremos tomar en cuenta tres dimensiones como prioridad de análisis: a) dimensión territorial o paisaje, b) dimensión social y cultural; c) dimensión simbólica, para este último, trataremos de aproximarnos a través de la hermenéutica de estos fenómenos y explicar de cómo se construyeron los espacios sociales. Estos espacios tanto de los asentamientos del corredor de los valles Lurín y Mala de la chaupiyunga como de las partes altas que para algunos son denominados paisajes andinos, es factible identificar dos analogías: la idea del paisaje como texto y como tejido, (Gavazzi, 2010:32). Estas posibilidades son importantes toda vez que el paisaje requiere de una interpretación en su dinámica y a la vez como estructuración de un sistema de formas que trasmite una significación. Para nuestro caso, el área de investigación abarca cuatro escenarios muy bien diferenciados en la antigüedad: el escenario marino como la mamacocha (madre de los lagos), el litoral como como escenario de los recursos, las lomas y la chaupiyunga como corredor y lugares de cultivo de tres productos muy importantes en la vida ritual, la coca, maíz negro y ají. Este paisaje era muy disputado por las etnias precisamente por el potencial de estos recursos (Rostworowski, 1978); la sierra o región Quechua lugar de los asentamientos mayores y la puna donde se ubican los lagos, nevados y lugares de pastoreo. Precisamente estos paisajes fueron los motores de cambio y disputas entre los grupos étnicos y sociedades organizadas que les permitía poseer un poder político, económico y hasta religioso como el caso de los incas que llegaron a controlar política y territorialmente a un vasto territorio.

Cuadro 1: Esquema de interpretación de la cuenca para explicar el valle de Lurín y Mala

En el caso del valle de Mala, nos importan las características como escenario de cambio, transformación y control territorial por el estado inca dado las evidencias visibles. En tal sentido, encontramos como antecedentes el catastro ejecutado por Williams y Merino (1976), donde se hacen un balance cuantitativo y cualitativo del potencial arqueológico de este valle, mostrando por primera vez una fotografía territorial de las ocupaciones prehispánicas, luego Tantalean (2007) hace un recuento en base a prospecciones superficiales, mostrando principalmente los rasgos de la ocupación inca en el valle con características administrativas materializadas en edificios palaciegos de una elite para el control territorial y económico, señala como sitios con esta característica a Piedra Angosta, La Vuelta, Cochahuasi, Huancani.

Todo lo que hemos esbozado hasta ahora se refiere a los corredores Lurín y Mala, pero cuando nos centramos en la parte alta de la sierra encontramos otra realidad donde los asentamientos tienen otro patrón, pero siempre mantienen la articulación al Qapaq Ñan tanto en Huarochiri, San Pedro de Huancaire, San Juan de Tantarache. En este último hallamos un tambo asociado a sepulcros en machays decorados con pintura roja para luego llegar a la gran meseta de Pariacaca ubicado entre las lagunas de Piticocha y Paucarcocha, donde se halla el gran asentamiento de Pirca-Pirca a 4400m.s.n.m. Este gran camino ya existía antes de la llegada de los incas, luego con la conquista mejoraron acondicionándolos para un control más adecuado. Sin duda, estos acontecimientos generaron sistemas de control territorial y fundamentalmente el control de las tensiones sociales que iban en aumento al interior de las poblaciones conquistadas por los impactos generados.

Los incas le dieron un énfasis preferencial al manejo y administración de los pueblos y sus recursos a través de los caminos que debían estar dotados de una serie de equipamientos para cumplir estas funciones, por ello, además de los tambos, se pueden notar otros elementos quizá los más determinantes, nos estamos refiriendo a una serie de lugares sagrados o míticos tales, como apachetas, huacas, cerros sagrados (apus y wamanis), nevados, puquios, etc., consideradas como símbolos sagrados ligados a mitos de origen, de propiciación, orientaciones y otras significaciones sagradas que le daban al camino un valor especial de sacralidad. De este modo, los caminos tanto el que recorre el valle de Lurín como el de Mala, constituían un símbolo del poder omnipresente, y de autoridad del Estado Inca hacia los pueblos conquistados (Bauer, 1996). Este aspecto es importante debido a que los caminos eran las rutas no solo del tránsito de gente común y corriente, sino en muchos de los casos, del Inca y su comitiva, así como contingentes armados que sin duda, trasmitían terror y respeto en las poblaciones conquistadas.

Nuestro estudio, tratara de manera puntual la interacción de sacralidad y poder político entre Pachacamac y Pariacaca. Uno de los elementos determinantes para esta interacción fue el enorme poder que ejercían ambos espacios sociales; Pachacamac ligado al mar donde desembocan los ríos que bajaban de las alturas y Pariacaca ligado a los nevados y lagunas que alimentan los ríos. Ambos tenían significación simbólica que corresponden a dos espacios de oposición dentro de la mentalidad andina: Pariacaca como deidad serrana y Pachacamac como deidad yunga o de los llanos; el primero está relacionado con el agua y las nieves y el segundo a la mamacocha o mar, (Fig.1). Sin embargo, este último también era una deidad con atributos de generar los movimientos sísmicos “el que hace temblar la tierra” o el pachacuyuchic, (Rostworowski, 2007). Según Rostworowski Pachacamac también posee el atributo de representar la oscuridad, mientras que su oponente antagónico Vichama posee el atributo de representar el día, por consiguiente ambos funcionan como una dualidad de oposición y en lucha constante (Rostworowski, 1983). Pero también podemos hablar de la dualidad de Pariacaca-Pachacamac. Esta dualidad de oposiciones visible en los atributos de estas deidades, se configura en la vida e ideología de los pueblos, tanto de los yungas como los pueblos de las partes altas. Este mecanismo ideológico, al parecer, fue uno de los móviles que impulso a la administración inca en la ruta Pachacamac – Xauxatambo para viabilizar las conquistas y fijar referentes económicos y políticos ante los pueblos conquistados con un poder subyacente. Como vemos, Pachacamac no solo ha establecido alianzas sagradas con Pariacaca sino también con Vichama hacia el norte.

Pachacamac y Pariacaca como sujetos sagrados, corresponden a dos espacios dentro de un mismo eje simbólico, materializado por el río Lurín y un camino real o Kapaqñan que atraviesa todo el valle y se eleva hacia las mesetas de Huarochirí para luego ingresar a la alta cordillera, escenario mítico citado por los documentos como Cordillera de Pariacaca (Taylor, 1987; Dávila Briceño, 1881). Otro de los valles que estamos considerando es el valle de Mala como eje de interacción con Pariacaca por las razones ya expuestas líneas atrás. Estos itinerarios, que unen la costa y la sierra, permite también, visualizar otras dos dimensiones: una de oposición y dualidad entre los dioses del llano y los dioses de las montañas, el otro, como dimensión simbólica que encierra la circulación de las aguas desde las nieves perpetuas a través de los ríos que desembocan en el mar, que a su vez, permite la vida a lo largo del valle y principalmente en la zona yunga, lo que los convierte en dos espacios interdependientes una de la otra. Esta forma de ver la realidad estaba basada en una intencionalidad de formalizar y estructurar el espacio introduciendo en las mentalidades de los pueblos la relación y parentela divina entre las deidades Pachacamac y Pariacaca a fin de legitimar la relación de estas dos deidades. Sin embargo, debemos advertir que estos mecanismos de formalización de la estructura sagrada del estado inca, fueron posible, gracias a la ya existencia de bases sólidas de relaciones entre la costa y la sierra y de sus deidades antes de la llegada de los incas, esto esta corroborado con la presencia de asentamientos fundados desde el Intermedio Tardío.

Figura 1. Visión simbólica y religiosa entre Pachacamac y Pariacaca

A partir de las últimas investigaciones en Pachacamac (Eeckhout y Farfán, 2000, 2003a y 2004), podemos decir que, existe una tradición de sacralidad desde los primeros años de nuestra era (100 d.C.) convirtiéndose en un centro ceremonial de largo alcance que ha perdurado hasta la conquista de los incas, es decir, casi 1500 años. Pero, su apogeo más relevante fue cuando se gesta la deidad Pachacamac en el Intermedio Temprano (100 a 800 d.C.) 1 , y adquirió fama a nivel regional.

Pachacamac como espacio urbano incorporo una serie de edificios que se popularizo en el Intermedio Tardío denominada por los arqueólogos “Pirámide con Rampa”, cuya función fue muy discutida en arduos debates por arqueólogos que han excavado estos edificios, de donde se desprenden dos hipótesis: una de carácter funcional, es decir, los que creen que se trata de edificios que representan a las distintas provincias sometidas a Pachacamac formando verdaderas embajadas y su carácter funcional, argumentando que se trata de edificios cívicoceremonial (Jiménez Borja, 1985; Paredes, 1991) o ceremonial cultista (Franco, 1998) en oposición a los que afirman un carácter civil o secular, es decir, se propone como hipótesis alternativa, que se tratarían de edificios o palacios para un curaca o rey que, a su muerte, es enterrado en la pirámide y que luego es abandonada, consecuentemente, es construida otra pirámide por su sucesor en otro lugar. A esto el autor lo llama modelo de sucesión generacional de tipo dinástico, por consiguiente el carácter funcional de las pirámides con rampa es secular antes que religioso, (Eeckhout, 2000, 2003a). De manera puntual nosotros abordaremos la dimensión simbólica inherente a estos edificios en base a los componentes arquitectónicos en relación a las deidades serranas tales como Pariacaca y su parentela divina que recorre las cordilleras y la zonas yungas, todas ellas, subyacentes en el discurso mítico que integra un espacio simbólico de oposiciones, Pachacamac (yunga), Pariacaca (santuario de altura), factible de identificar en los datos arqueológicos y lo relatos orales. Las evidencias arqueológicas de carácter sagrado con las que contamos en Pachacamac, la conforman un sinnúmero de conopas 2 y ofrendas halladas en distintos lugares de las pirámides con rampa. La mayoría de ellas tienen relación a la venida del agua lo que equivale decir dentro un contexto de rituales propiciatorios de culto al agua y las montañas sagradas generadoras de las lluvias, en este caso, la cordillera del Pariacaca. De este modo, Pachacamac y Pariacaca correspondería a la misma esfera de una estructura simbólica, que funciona en la dimensión del tiempo, desde periodos muy tempranos.

Paisaje y territorio: Localización del área de estudio
El área de estudio se localiza a partir del Santuario de Pachacamac ubicado a 32 km al Sur de Lima, sobre la margen derecha del río Lurín cerca de su desembocadura hasta la cordillera de Pariacaca a 4500m.s.n.m.

Iniciaremos una revisión del territorio desde Pachacamac. Este escenario ocupa la parte desértica asociado a Lomo de Corvina y los tablazos al que hoy se le denominan Villa el Salvador y Atocongo. La margen izquierda, es el de mayor extensión y abarca todo lo que es Lurín y el pueblo Pachacamac. Se proyecta hasta la altura del cerro Pan de Azúcar aguas arriba, donde se nota que el valle se angosta pero manteniendo una densidad de suelos fértiles.

Entre Pachacamac y la quebrada Tinajas existen varios asentamientos prehispánicos de distintas épocas: Mina Pérdida, Cardal en la margen izquierda y Manchay en la margen derecha, todos ellos corresponden al periodo Formativo. Siguiendo el cauce del río hacia Tinajas, se hallan los sitios de Pampa de Flores un asentamiento con 14 pirámides con rampa, pero fue destruido gran parte de su integridad debido a la expansión agrícola, cercenada de este modo, gran parte de su tamaño original ya desapareció. También existe muy cerca de Pampa de Flores, el llamado Tambo Inga, al parecer, formaba parte del equipamiento físico del camino inca aunque es discutible su carácter de tambo. Desde la quebrada Tinajas se continúa por la misma margen hacia el área de Cieneguilla en donde también hay tres asentamientos importantes: Tijerales A y B, Panquilma y Huaycan. En la margen derecha solamente se halla el asentamiento Molle. Todos estos asentamientos están emplazados en los conos de deyección de las quebradas laterales del valle con escasos espacios de cultivo. La geomorfología comprende el lecho de río con un monte ribereño muy escaso. Las estribaciones laterales son de fuerte pendiente y de formaciones rocosas aflorantes que han impedido crear asentamientos más arriba de las faldas. Pero no debemos olvidar que estos asentamientos corresponden al Intermedio Tardío, lo que significa que antes de la llegada de los incas el valle ya tenía una población en varios asentamientos a lo largo de la red vial. Saliendo de la esfera de Cieneguilla, el valle se angosta aún más y los espacios de cultivo son mucho más escasos, de lo que se desprende la ausencia de asentamientos grandes en este tramo, excepto Chontay un asentamiento aglutinado construido a base de piedra y revestimiento de barro. Aquí ya estamos sobre los 800 m.s.n.m. Siguiendo río arriba llegamos a Sisicaya antiguo Tambo del Camino Real según Guaman Poma, aunque cuando hicimos la prospección no vimos construcciones que puedan asignarse como tambo, es probable que la actual población los haya destruido para ampliar sus áreas de cultivo. En este tramo los cerros son escarpados y áridos con fuerte pendiente, el camino pasa por la margen derecha. Luego seguirá hasta Antapucro y Chaymallanca dos asentamientos prehispánicos en ambas márgenes izquierda y derecha respectivamente. Este punto es límite superior del valle de los asentamientos con tradición costeña entrando ya a la tradición serrana aguas arriba (Eeckhout, 1995). Hasta aquí también los asentamientos visibles y significativos. Luego son esporádicas las evidencias ocupacionales debido a la estrechez del valle hasta Antioquia a 1550m.s.n.m. Aquí el clima es distinto, más seco por lo que se ha elegido actualmente para plantaciones de manzanos, pero aun los cerros son áridos y escarpados. Siguiendo el curso del río aguas arriba hasta Cruz de Laya, se pueden notar esporádicamente antiguas terrazas y el camino prehispánico pero hoy abandonados. En este lugar del valle se bifurca dos quebradas, una hacia el Sur-Este en dirección a San José de Los Chorrillos y la otra en dirección Nor-Este hacia Tupicocha siguiendo el cauce del río Lurín, en cuyas alturas esta la naciente de este río. El camino inca se bifurca también en este punto en dirección a Lahuaytambo y San Damián, pero no hemos tenido la oportunidad de explorar esta parte del valle, mientras el otro camino inca continua hacia San José de los Chorrillos, Lanchi luego hasta San Lázaro de Escomarca ubicado ya en las altiplanicies sobre los 3736 m.s.n.m. Continuando en dirección Este desciende hacia Huarochirí ubicado en las cabeceras de la cuenca del río Mala, específicamente sobre la margen derecha del río Paccha que luego aguas abajo tomara el nombre de rio San Lorenzo tributario principal del río Mala. De Huarochirí sigue el Qhapaq Ñan pasando por San Pedro de Huancaire y San Juan de Tantarache donde hemos identificado un tambo evidentemente asociado al camino inca 3 , desde donde se retoma el camino siguiendo la quebrada Marga hasta el abra de Ocsha a 4700 m.s.n.m., que es un abra que divide las nacientes del río Mala y Cañete. Ocsha es ya el espacio que corresponde a la esfera de Pariacaca con afloramientos de rocas calcáreas. Se sigue hacia Tambo Real y el asentamiento de Pirca Pirca en plena meseta altiplánica a 4400 m.s.n.m. En este territorio de puna el camino toma dos direcciones: una hacia Tambo Real y el asentamiento de Pirca Pirca ubicado en la margen derecha del río Carhuamayo el otro por la margen izquierda en dirección a la Escalera, llamada también Cuchimachay (Bonavia – Ravines, 1970; Bonavia, 1972; Rick 1976) donde existen las famosas pinturas rupestres. Colindante con las pinturas se halla La Escalera, que es parte del camino inca que asciende el Cerro San Cristóbal para llegar al abra de Portachuelo que corresponde a la cuenca del Mantaro. De este lugar continúa el camino inca por las altiplanicies pasando por la laguna Acococha para luego descender a la quebrada Cochas siguiendo la margen derecha hasta interceptar el río Mantaro en la zona de Pachacayo. Hasta aquí nuestra área de estudio.

Trabajos de Campo
Como ya lo dijimos, nuestro trabajo de campo se inicia en 1982 4 conjuntamente con la Arquitecta Sandra Negro. El primer interés fue sin duda, la cordillera del Pariacaca, por ello, fue casi nulo nuestro interés por el resto del tramo de camino, es más, estábamos interesados por las pinturas rupestres de “Cuchimachay” o “La Escalera”. Esto nos entretuvo como prioridad durante dos temporadas -1982 y 1983-, luego al pasar los años y descubrir la importancia del camino inca, asociado a los importantes asentamientos prehispánicos, nos motivó profundizar el estudio de manera integral, por lo que el entusiasmo y las ganas de ahondar en las investigaciones se hizo de necesidad impostergable, así es como, en 1998 acompañado de estudiantes de la Universidad Nacional Federico Villarreal y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, retomamos las investigaciones con reconocimientos sucesivos y hasta obsesivos, puesto que los problemas de nuestra investigación se iban complicando cada vez, de hecho el tema ameritaba una divulgación, pero su complicado entendimiento, nos impedía publicar algo sólido y no caer en especulaciones subjetivas. Debemos aclarar, también que desde la primera exploración con Sandra Negro, tuvimos la convicción de que este escenario debería conservarse alejado de la euforia turística y uso irracional de este escenario maravilloso, por lo que en el XI Congreso Internacional de Ciencias Antropológicas y Etnológicas realizado en Vancouver, Canadá, 1983, se expuso una ponencia sobre Pariacaca, declarando que este escenario debería preservarse como parque arqueológico y etnográfico, por ello, no se hizo público hasta estar seguro de su preservación 7. La primera exploración de esta época -1998-, nos permitió conocer con más amplitud los asentamientos y tambos muy mentados en los documentos. Conocimos Tambo Real, Pirca Pirca, la amplitud de Las Escaleras y las pinturas rupestres, aunque este último ya lo conocíamos por los calcos que habíamos hecho con Sandra Negro. Luego, los siguientes años fueron de reconocimientos sucesivos, 1999, 2001, 2002, 2003, 2006 y 2008. En estas temporadas, nuestro objetivo fue, sin duda, reconocer los distintos flancos que circundan el nevado con el fin de identificar rasgos y rutas que puedan explicar los caminos sagrados de los peregrinos. Pero también fue reconocer la trayectoria del Camino Real desde Pachacamac, centrándonos principalmente en los tramos Cruz de Laya – Huarochirí, Huarochirí – Pirca Pirca y Pirca Pirca – Pachacayo.

Pachacamac y el poder yunga
Antes de la llegada de los incas a Pachacamac, el gran oráculo estaba bajo el gobierno del Señorío Ychsma cuya fama religiosa y política trascendía los límites jurisdiccionales del valle de Lurín. En una carta de Hernando Pizarro, dirigida a la Real Audiencia de Santo Domingo, el 23 de noviembre de 1533 decía: “…toda la tierra de los llanos e muchas más adelante no tributa al Cusco sino a la Mezquita” (Fernando de Oviedo, 1945). Los informantes de Ávila afirman de la existencia de dos huacas, las más poderosas del Tawuantinsuyo, y que eran en la sierra, el Templo del Sol en el Titicaca y en la costa, la Huaca de Pachacamac, (Rostworowski, 1986:15). Esta fama de Pachacamac como divinidad fue aprovechada por los sacerdotes Ychsma, implantando un sistema de comercio y tributación que permitió al centro ceremonial almacenar grandes riquezas, bienes manufacturados y recursos económicos. Al igual que los chinchas y en virtud a su localización geográfica y presencia religiosa, había llegado a ser un mercado importante, apoyado por su cercanía al mar que posibilitaba el tráfico marítimo (Espinoza Soriano, 1987). De este modo, según Waldemar Espinoza, Pachacamac fue convertido bajo la aparente protección de las divinidades, en oficinas de pesas y medidas y en una suerte de “banco de depósitos”. El santuario acaparaba las ofrendas que generaciones de devotos entregaban siglo tras siglo, almacenando una riqueza extraordinaria que los sacerdotes velaban para que se mantengan siempre repletos (Op.cit.1987). Este punto de vista de W. Espinoza es sugerente, puesto que es obvio que la enorme cantidad de peregrinos no venían con las manos vacías, entonces ¿Dónde iban a dar las ofrendas acumuladas?, ¿se redistribuían? o tal como dice, se almacenaban y eran un signo de poder político. Deborah Poole, también afirma que Pachacamac monopolizaba el comercio de bienes rituales o suntuarios, como son las plumas exóticas, el mullu (spondylus prince), etc. De este modo, Pachacamac se convirtió en el centro religioso, político y económico de una extensa red de intercambios que unificaba pueblos de toda la costa del Perú hasta el Ecuador (D.Poole, 1982). Sin duda alguna el santuario de Pachacamac no fue famoso sólo por su divinidad, sino también, porque conjugaba el poder económico y el político, transformándose en un arma poderosa de dominación. Los Ychsmas tuvieron un sistema de control muy depurado. En este contexto, es posible que hayan existido una estructura gubernamental y un manejo de los espacios con un control rígido de circulación al interior de la primera, segunda y tercera muralla, así como los espacios remanentes para uso del crecimiento urbano o de instalaciones sagradas. Ychsma, como centro nuclear tenía injerencia sobre el interior del valle -se dice que hasta Sisicaya-, esto duro hasta la llegada de los incas, arrebatado luego a favor de los Yauyos (Rostworowski, 2002). Por otro lado, no se sabe cómo es que llegaron a controlar el valle de Rímac por el Norte, los Caringas y Chilcas y los Calangos por el Sur; por lo que sabemos son muy conocidos los movimientos de grupos Ychsmas hacia el Sur, hacia el Norte y sobre todo hacia el Este. De este modo, su consolidación como un movimiento cultural, trajo el control prácticamente de todo el territorio del valle bajo de Rímac o Lima. La complejidad urbana de este valle y la alta concentración de asentamientos, estaban relacionadas a los Ychsmas. Pero aquí hay que hacer dos distinciones: la primera ligada al gran oráculo y centro ceremonial que tenía carácter sagrado y cuya relación era casi teocrática por la popularidad de Ychsma como deidad y oráculo y la segunda, ligada al manejo territorial de carácter económico y político. No es claro para nosotros si ambas distinciones funcionaron de manera simultánea.

El movimiento económico en estas zonas era muy dinámico, puesto que hay evidencias que las lomas proveían de recursos a una población muy extensa que complementaba su dieta con el recurso marino y además eran lugares de pastizales (Mujica, 1987, 1991, 1997). Del mismo modo, Makowski en sus prolongadas investigaciones en Pueblo Viejo, ha definido una población típica de economía de lomas y con carácter estratégico de control entre la sierra y la yunga, (Makowski, 2002, 2004). Cuando hicimos un reconocimiento de campo con Ponciano Paredes y Jesús Ramos en 1993, a las pampas de San Bartolo, identificamos una serie de asentamientos sepultados por la erosión eólica y que están directamente relacionados al control de lomas y recursos marinos. Los asentamientos se presentan de dos maneras: una con indicios de muros y construcciones, ocupando generalmente las estribaciones y contrafuertes e inicio de las lomas; están asociadas a materiales de desecho tales como cerámica, moluscos, restos óseos, artefactos líticos, incluido por cierto material orgánico en general, lo que define claramente espacios habitacionales de gran dinamismo. La segunda forma, son manchas concentradas o dispersas de bancos de conchas y moluscos, llamados comúnmente “conchales”, asociadas siempre a material cerámico del Intermedio Tardío, artefactos líticos y material orgánico. Generalmente ocupan los espacios abrigados entre colinas o bajíos naturales que podrían conformar los campamentos estacionales de una economía basada en los recursos marinos, (Paredes-Farfán, 1993). Estos asentamientos, sin duda, formaron parte del grueso de tributarios a Pachacamac y formaron una economía estratégica durante el control Ychsma y luego con la conquista inca.

Pero de acuerdo a nuestros datos de campo no solo eran los movimientos en la zona costera o de lomas, había un tráfico intenso tanto desde la cordillera donde nace las aguas, como del litoral, conformando de este modo una unidad de oposiciones dentro de la mentalidad de los Ychsmas, que se traducía en una permanente circulación y tránsito desde los llanos (yunga) y las heladas punas donde nacen los ríos y donde se forman las lagunas. En un principio no implicaba un dominio territorial o político, mucho menos económico, sino más bien, sagrado. La sacralización de la cordillera surge, al igual que el discurso mítico, en un contexto histórico de interacción pretérita, cuando los viejos templos en Pachacamac surgieron en el Intermedio Temprano y Pachacamac comienza a irradiar un poder religioso que ya traspasaba las fronteras del valle bajo de Lurín. Es a la llegada de los incas que surge otro poder mucho más pragmático que cambio por completo la estructura política e ideológica de estos pueblos.

Pachacamac: Agua y Territorio
Pachacamac conceptuado como territorio se refiere a lo que es el valle bajo y valle medio del río Rímac, Lurín y Mala. En el caso del río Lurín, el territorio está irrigado por las aguas del río a través de canales. En temporada de verano inundan las chacras y el río se vuelve más turbulento, pero en tiempos de invierno de la costa y verano de la sierra, disminuyen las aguas en la costa puesto que en la sierra no llueve. Este fenómeno cíclico entre la costa y la sierra los une a los pueblos de ambos espacios en una suerte de oposición y complementaridad.

En este contexto, se ha configurado una estructura simbólica basada en la circulación del agua cuyos ejes serían Pachacamac y Pariacaca como deidades, la primera mora en la yunga y la segunda en el nevado cordillerano bajo cuatro componentes: Nevado, río, puquio y mar. Estos cuatro componentes han regulado la vida cotidiana tanto de los yungas como de los serranos y han configurado un paisaje social y un paisaje sagrado dentro de un discurso mítico cargado de rituales que integra estos cuatro componentes en torno a una parentela divina de ambos lados, generándose de este modo una estructura dual, donde el tiempo es simbólico, al igual que el espacio demarcado por las huacas, (Fig.2).

Pachacamac como deidad tiene atributos yungas y está relacionado al mar, Albornoz nos dice que Pachacamac, guaca principal de los indios de la dicha provincia de Ychmay, la más principal que ovo en este reino, era una zorra de oro que estaba en un cerro, hecha a mano, junto al pueblo de Pachacamac, (Duviols, 1984:214)
Más adelante dice: Tantañamoc, de los dichos indios ychmas, era una zorra muerta queestava a la puerta de la dicha Pachacamac (Op.cit.). El atributo zorra de Pachacamac, es algo que escapa a las versiones de su significación suprema. De otro lado, en el documento de Ávila se habla del Señor de los Temblores, cuando se dice: La gente decía a propósito del que hace temblar la tierra: “cuando se encoleriza [la tierra] tiembla; a veces, cuando mueve su cara a un lado, tiembla; [por eso], no mueve su cara en absoluto; si moviera todo su cuerpo, el mundo acabaría”, (Taylor, 1987:335). Pero también se relaciona con el mar y quizá por ello se eligió un lugar cercano a la desembocadura del río Lurín al mar. El mismo Albornoz cuando se refiere a la provincia de Ychima nos dice: Rímac guaca de los indios de Lima que se dezian ychmas, donde está poblada la ciudad de los Reyes, era una piedra redonda. Está en un llano donde tiene la guerta Gerónimo de Silva. (Duviols, 1984:214). Este dato es importante porque nos da un argumento para afirmar que los de Lima estaban sujetos a Ychsma y Pachacamac también podía adoptar la forma de una piedra redonda.

Estos atributos, que adopta Pachacamac en todo lo que llamaríamos universo Ychsma nos pueden estar llevando a entender a Pachacamac bajo una significación polimórfica al igual que las huancas.

Figura 2. Estructura simbólica del universo Pachacamac – Pariacaca

La sacralidad de Pachacamac
Una gran parte de las edificaciones e infraestructuras acondicionadas en Pachacamac, obedecen a dos propósitos evidentes: uno es el espacio sagrado conformado por los templos y adoratorios que están claramente delimitados por la llamada primera muralla. Luego tenemos el espacio conformado por lo secular y donde se edifican la mayor parte de la infraestructura, incluso con una trama ordenada por dos grandes calles, Calle Norte-Sur y calle Este–Oeste donde se ubican las pirámides con rampa, y una Tercera Muralla que encierra un ámbito más popular pero que está relacionado con el acceso a este escenario. Vista su configuración actual, nos planteamos el problema de saber cuántos edificios funcionaron simultáneamente para tener una idea de su organización. Por ejemplo, ¿cómo fue la configuración espacial antes de la llegada de los incas? ¿Había un edificio sagrado en lo que es Templo del Sol?, ¿qué había en lo que es el acllahuasi?, ¿qué funcionaba en lo que es la Plaza de los Peregrinos? Según el terreno, se puede ver que en el lado Oeste del Templo del Sol había una plataforma con relleno de adobitos, que fue descubierto en las excavaciones de 1965; en el frente Este también se descubrió parte del edificio de adobitos cuando se habilito el acceso con escaleras, lo que sugiere que toda la edificación del templo del sol se construyó sobre otra edificación a base de adobitos que ya existía. De lo dicho se desprende que el actual Templo de Pachacamac ocupaba todo un complejo que abarcaba hasta la cumbre donde hoy es el Templo del Sol, lo que le daba una mayor amplitud de visión territorial. Entonces, la pregunta es: ¿estaba en funcionamiento o ya estaba en abandono? No podemos imaginar en un contexto tan sagrado que la parte más prominente haya sido abandonada, de seguro que había un gran edificio de mucha significación. Al parecer, lo mismo sucedió en el acllahuasi, puesto que para construir este edificio se ha hizo un corte a un antiguo montículo construido de adobitos. En la Plaza de los Peregrinos, Shimada y su equipo descubren lo que ellos llaman “entierro y veneración de cántaros” que no son otra cosa que la deposición de ofrendas continuas, y concluyen sugiriendo que se trataría que dichos cántaros y sus espacios cercados simbolizaron ancestros míticos o reales, y que su mantenimiento, a través del ofrecimiento de nuevas ofrendas y de la renovación de cercaduras, sirvió para definir y reforzar la identidad y cohesión de los grupos sociales involucrados, (Shimada et-al, 2004). Es importante resaltar la presencia de estos rituales con cántaros y su entierro posterior, pero quizá sea más importante que este espacio siempre fue una plaza de peregrinos o de concentración múltiple, por ello, lo que los incas hicieron era renovar o remodelar la antigua plaza dándole otro sentido acorde con el modelo estatal inca. Ahora bien, ¿cómo explicar la inmensa cantidad de entierros superpuestos unos sobre otros hallados a escasos metros de la Unidad 58 del Proyecto Ychsma, (Eeckhout y Farfán, 2004, 2008), donde también se nota claramente que muchos de los entierros fueron disturbados para enterrar a otros. Lo que podemos inferir es que hubo disputas para ocupar un espacio de morada final en esta parte del Oráculo. La mayoría de los documentos recogen testimonios basados en relatos de la última época, ya cuando los incas habían transformado las estructuras orgánicas del panteón religioso de Pachacamac. Este hecho puede generar un sesgo en la interpretación de Pachacamac como deidad, lo que nos obliga a explorar en los datos arqueológicos para encontrar los derroteros. Por ello, la coyuntura política y religiosa implantada en Pachacamac por los incas debió ser integradora puesto que es en esta época, cuando se reestructura la adoración a Pachacamac, también debieron transformarse el sistema de peregrinaje, trayendo como consecuencia una tributación mucho más organizada. Debemos tener en cuenta que el nombre original no era Pachacamac, era otro, quizás Ychsma, pero este hecho debió trastocar la mentalidad religiosa de los fieles. En este sentido, la transformación debió haber ocasionado remodelación de los circuitos de circulación los caminos de acceso, incorporándose lugares sagrados, huacas, legitimadas a través de un discurso mítico y de una gama de rituales.

1. Ofrendas de sapo en las Pirámides con rampa Pachacamac

Las Pirámides también tuvieron una connotación como repositorios de ofrendas que lo convierte en espacios sagrados. Estas ofrendas en Pachacamac se enmarcan dentro todo una estructura simbólica y ritual muy compleja ligadas al mar, a las aguas de los lagos, de los ríos, puquios y a los ancestros mitificados en el santuario. Aunque dentro de ello no sea tan clara la función sagrada de las pirámides con rampa que a todas luces, no es evidente. Sin embargo, la enorme cantidad de ofrendas post abandono en forma de conopas, es un indicador de la significación sagrada de estas edificaciones. Pero algo que hay que observar son las ubicaciones de las ofrendas que no guardan una relación de una constante, se puede decir que son arbitrarias, pero lo que sí es constante, es que ocupan esquinas muy ligadas a los accesos. Eeckhout, en la segunda temporada 1995, del Proyecto Pachacamac, al excavar en el acceso principal a la Pirámide III, (Unidad 9) se halló una serie de ofrendas consistentes en fosas llenas de cadáveres de cuyes y sapos (Hallazgos 13 y 20), del mismo modo, en el mismo acceso adyacente al Muro Este, se identificó otros hallazgos con presencia de artefactos de cerámica en miniatura asociada a semillas de ishpingo. Eeckhout, sugiere que las ofrendas estarían asociadas al rituales de peregrinos (Eeckhout, 1995). Lo que da a entender que son ofrendas pos abandono. Otro aspecto recurrente, es el ubicado en la Plaza I, Pirámide IIIa, justamente en el ambiente rectangular (U40) asociado al acceso principal. Se trata de un ambiente con varios entierros inca. Este ambiente rompe el esquema de accesos directos a la plaza de la Pirámide IIIa con la inclusión de este ambiente mortuorio que lo convierte en un acceso indirecto. Una vez más el ingreso a una pirámide está marcado por ofrendas que sin duda lo convierten en espacios sagrados. No olvidar que esta pirámide posee el llamado Templo del Mono propuesto por Eeckhout en virtud al hallazgo de un mono como ofrenda en el centro del acceso a la Plataforma 1 (Eeckhout, 2003). Este acceso además de la ofrenda del mono, también posee otras ofrendas en ambas jambas del acceso, que sugieren ser restos de maíz y otros alimentos orgánicos colocados en estado semilíquido durante periodos cíclicos. El carácter sagrado de esta pirámide está definido a partir de varios componentes de actos rituales que pueden estar estructurados para llegar a la plataforma 2 de los altares que conforman espacios bipartitos de oposición (Farfán 2004). En otros sectores como el de la Pirámide 13 en el acceso a la Sala 58 también se hallaron muchas más ofrendas, en este caso de sapos (Foto 1) y conopas en miniatura, que explican claramente una intencionalidad de propiciación de cultos al agua y a los muertos, (Fotos 2). El sapo tiene una significación ligada a las aguas y a las zonas altas, que aparece en los mitos de Huarochirí como un sapo bicéfalo que luego vuela (Cap.5.23, 24). El otro grupo de ofrendas trata sobre un grupo 177 conopas todas juntas halladas en una hornacina de la Pirámide 12, Recinto 17 y registrado como Hallazgo 14, (Foto 3). Este conjunto de conopas son todas de piedra y fueron colocados mediante un ritual de cremación al que se le acompañó también mullu, chaquiras, fragmentos de metal, ishpingo y una lúcuma. Las conopas en su mayoría contenían pigmento rojo denominado llimpi o ychsma. Sin duda, es un ritual yunga, pero a que obedecen la presencia de estas conopas dentro de la significación ritual en una pirámide? Representan solo ritos propiciatorios? u ofrendas ligadas a los muertos?, sabemos que las conopas son los dobles sagrados de los hombres y las plantas como las saraconopas, papaconopa, etc. Arriaga menciona al respecto “Por Conopas suelen tener algunas piedras bezares que los indios llaman Quieu, y en esta visita se han hallado algunas manchadas con sangre de los sacrificios. En los llanos tenían muchos por Conopas unas piedras pequeñas…” más adelante también refiere “… Ay también Conopas mas particulares vnas para el maíz, que llaman zaraconopa otras para las papas Papa conopa, otras para el aumento del ganado que llaman Caullamaque algunas veces son figuras de carneros”, (Arriaga, 1920: 27). Entonces la pirámides con rampa se ajustan a una tradición donde luego de su abandono el edificio se sacraliza y se vuelve repositorio de ofrendas ligadas ya a los muertos, al agua, a los nevados, al aumento de animales y fertilidad, etc.

Como entidad sagrada Pachacamac estaba siempre relacionada al valle de Lurín, pero no se sabe desde cuando estuvo relacionado a Pariacaca quien al parecer, poseía una personalidad y atributos ligados al agua, trueno y las montañas y era lo que le dio fama. Bien sabemos que los yungas usufructuaban las aguas que se originan en las alturas, este hecho los hace dependientes de las lluvias, por lo que su necesidad de creer en una deidad de las aguas los aproxima a Pariacaca de manera práctica. Por esta razón los rituales propiciatorios y rituales a los muertos en Pachacamac estaban ligados a las montañas sagradas que eran las generadoras de las aguas que daban vida a los pueblos de la yunga. Para ello desde tiempos muy antiguos el camino no solo cumplía una función de unir y comunicar dos espacios, sino también subyacen otros significados que han sido identificados a lo largo del camino. Estos lugares sagrados la conforman adoratorios como el de Chaymayanca 6, los de “Cinco Cerros”, la apacheta de Ochsa, la Laguna de Piticocha con sus piedras talladas para oficiar rituales frente a la laguna, las pinturas rupestres, el mismo oráculo a Pariacaca, etc. Sumado a ello, cuentan también las instalaciones civiles a lo largo del camino, es decir, este camino que salía de Pachacamac estaba diseñado desde el principio para cumplir funciones económicas basadas en el intercambio y reciprocidad que se tradujeron en una integración socioeconómica regional con fines económicos y sagrados.

2. Conopas halladas en las Pirámides con Rampa Pachacamac en miniatura

Oráculo de Pariacaca y el poder de las aguas
Los referentes sagrados a lo largo del camino Pachacamac-Pariacaca, dijimos que era Chaimayanca con su adoratorio en la cumbre, a esto se suma Ampuccasa (Huampuccasa?) un promontorio muy alto que se halla camino a San José de los Chorrillos. Es un mirador natural con edificaciones aterrazadas que domina ambos lados del valle. Su toponimia quizá puede estar referida a una significación relacionada a las correrías del personaje mítico Chuquihuampo. La significación sería: Huampu=Personaje y ccasa=cerco, portillo, paso, por lo que podría considerarse un referente sagrado en la ruta de los personajes míticos. Más arriba se halla visible “Cinco Cerros” o Pishccachuri, según el documento de Huarochirí estos cinco cerros es el cerro Condorcoto, y que “…allí estaba Pariacaca en forma de cinco huevos”, (Taylor, 1987:101).

Entre San Lorenzo de los Chorrillos y Huarochiri se hallan Lanchi y San Lazaro de Escomarca que son conectores con Santo Domingo de los Olleros y Calahuaya respectivamente. De Huarochirí salen varios caminos vecinales, pero el camino hacia Pariacaca es uno solo, que se dirige hacia San Pedro Huancaire y luego a San Juan de Tantarache. Las publicaciones del Programa Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura, han enfatizado el problema del paisaje y el aspecto socioeconómico, dejando de lado el aspecto arqueológico, quedando un vacío en relación a la visión prehispánica (INC, 2004; 2009).

En las exploraciones de 2002 nuestro equipo, identificó un sitio arqueológico a 200m al Norte del poblado de San Pedro de Huancaire. Las características son construcciones cuadrangulares típicas del patrón constructivo inca, nos referimos al modelo con agrupamientos de dos o cuatro recintos cuadrangulares con vano de acceso al centro (Fig.3). Se puede notar una Kallanca asociada a un recinto con un gran vano de acceso. Esta kallanca es de 20mt de largo por 10 de ancho. Están construidos con sobre-cimiento de piedras canteadas y muro de adobes, es de forma alargada, orientada de Este a Oeste. Al extremo Oeste, sobre una formación de roca calcárea se hallan una serie de entierros con estructuras adosadas a la roca a manera de machays 8 con buen tratamiento en la arquitectura y pintura roja, al parecer, son cámaras para enterramientos múltiples. En la actualidad las cabras y ovejas vienen usando como cobertizos estas chullpas en el machay. A todo este conjunto lo estamos denominando el Tambo de Tantarache por las características peculiares de su organización estructural.

3: Conopas múltiples

Figura 3. Tambo de Tantarache

Del Tambo de Tantarache, el Qhapaq Ñan continua por Huayrinca, Chaychaca y sigue por la quebrada de Acacache siguiendo la margen derecha hasta Chaychaca donde se cruza hacia la margen izquierda a través de un puente y el camino continua siguiendo esta margen, por tramos hay presencia de escaleras originales, construidas sobre las formaciones rocosas del cerro. Luego atraviesa Putana, Ayari, Puquio Colorado, Sahua- Sahua, Tayacancha y Caliente. En este punto se nota la bifurcación de dos caminos: uno continua la margen izquierda de la Quebrada Marga y el otro sigue la Quebrada Carhuapampa, para ello cruza un puente antiguo y toma la margen derecha de esta quebrada. Siguiendo el camino por la quebrada Marga, el camino sufre interrupciones debido a los continuos deslizamientos y erosión de masas, por lo que los comuneros desarrollan otros desvíos del camino, que a veces es difícil identificar lo original de lo moderno. Sin embargo, al llegar a Sinchumachay el camino nuevamente toma la margen derecha. De este punto, el camino se hace más pesado y toma altura, cambia el ecosistema de Suni a Puna y paulatinamente, el viajero comienza a sentir los estragos de la altura 9 , pero con la experiencia aprendimos a tomar las precauciones del caso. Se llega en la parte alta a una meseta denominada Mesa Redonda, debido a la forma del paraje plano en medio de la puna con vegetación de ichu. Aquí el viajero necesariamente toma un buen descanso para luego continuar hacia Cuncushpuquio e ingresar a la temida abra de Ocsha que se halla a 4750 m.s.n.m. En este punto existe una capilla a manera de apacheta. Cuando en 1982 pasamos por este lugar había aun una cruz, ahora ya no existe nada, es simplemente una vieja gruta. Desde aquí es visible e imponente el nevado de Pariacaca. Ocsha 10 además de ser un escenario mítico, es también el divertum acurum desde donde nacen el río Mala y el río Cañete. De este paraje el camino desciende por senderos difusos, esporádicamente aparecen huellas del camino, sigue hasta el paraje denominado Peña Negra. En esta parte nos encontramos con el camino carrozable construido sobre la traza del Qhapaq-ñan11. Este camino trajo consigo las visitas frecuentes de caminantes y turistas que utilizan estos escenarios para acampar y paulatinamente viene perdiendo la naturalidad de estos paisajes. Las vicuñas y huashuas ya no están, las francolinas o kivios ya son escasos, todo se está perdiendo, gracias a los visitantes y guías inescrupulosos que por ganar fama o regalías llevan contingentes o grupos cada vez mayores, que lo único que han hecho es intensificar la visita dejando los espacios contaminados, es más, hay instituciones que hacen circuitos a esta zona, sin Siguiendo este camino carrozable se llega a Turmanyapaccha donde es visible en todo su esplendor Pariacaca con su imagen frontal y seguida de cuatro lagunas 11. El escenario que se visualiza luego de atravesar Ocsha es totalmente diferente, se llega hasta el cruce de los caminos que va hacia Pirca Pirca y otro que va hacia Cuchimachay o Escalera. En este mismo punto se puede visualizar una gran piedra con dos horadaciones en forma cóncava a manera de pocitos, un poco al Oeste a escasos dos metros se halla otra piedra a manera de batan también pulido, al frente se halla la laguna de Piticocha y al fondo el nevado de Pariacaca. Esta piedra está a un lado del Qhapaqñan. Este lugar, sin duda sirvió para practicar rituales propiciatorios al agua en honor a Pariacaca, (Fotos 4). Luego es fácil darse cuenta como el camino se bifurca en dos direcciones, una que sigue la margen izquierda del riachuelo Huachipampa y la otra sigue por la margen derecha del riachuelo en dirección a Tambo Real y luego a Pirca Pirca.

Pariacaca y los tambos del Qhapaq Ñan
A lo largo del camino desde Pachacamac existieron varios tambos, que son instalaciones estatales de control y abastecimiento para las comitivas y viajeros, podían ser grandes y pequeños y se ubicaron en lugares estratégicos junto al camino. Al respecto Guama Poma13 menciona lo siguiente:

“….agora bolbamos a lima y salgamos desde lima por las jornadas siguientes desde lima:
• Cicicaya pueblo tambo real Xulca Tambillo
• Chorrillo pueblo tambo real Xauxa pueblo tambo real
• Guarochiri pueblo tambo real
• Pariacaca tambillo
• Xulca tambillo
• Xauxa pueblo tambo real

4. Pocitos tallado en piedra para ritos del agua en Pariacaca

Según esta relación hay una categorización de los tambos. Aquellos que tienen casas y gente con recursos que están representados por una casa y aquellos donde no hay gente y solo hay un galpón están representados por una cruz. En este sentido Pariacaca Tambillo y Xulca Tambillo no tienen gente y tienen como símbolo una cruz. En esta relación de tambos no aparece el tambo de Tantarache pero sí el de Pariacaca al que se le denomina Tambo Real, algo contradictorio con lo que denomina Guaman Poma. No queda claro estas versiones en dos aspectos: uno cuando nombra un tambo real en Huarochiri pueblo y otra cuando no aparece el Tambo de Tantarache. En nuestras exploraciones en Huarochiri en las cuatro comunidades no hay evidencia o memoria de un tambo. Pero si en San Juan de Tantarache hallamos una instalación que a todas luces sugiere ser un tambo. La categorización de tambos en esta relación es muy clara, los españoles clasificaron los tambos quizá por su importancia o tamaño. Señalando la de Pariacaca solo como Tambillo.

Desde el Tambo de Tantarache a Tambo Real hay un promedio de 15 km. Este tambo a su vez se localiza a escasos 2 km al Oeste de Pirca Pirca. El camino inca pasa por este tambo y está a 800m del desvío del camino principal que se dirige a La Escalera. En la actualidad es usado como estancia temporal de ganaderos, al igual que el resto de estructuras de Pirca Pirca. No obstante estos usos, aún se mantiene el modelo constructivo de un tambo.

Tambo Real está conformado por dos sectores: Sector I y Sector II. El Sector I se ubica al Noreste del Sector II y está separado por el camino de acceso, separado uno del otro en 15m de distancia. La conformación arquitectónica del Sector I es un agrupamiento de un promedio de 10 a 12 recintos articuladas entre sí. Es visible un patio asociadas a dos recintos cuadrangulares y dos recintos al interior, casi similar al Sector II, pero a escala menor. Se construyó sobre una pequeña elevación, quizá debido a la naturaleza pantanosa del sitio. Al parecer, es un agrupamiento habitacional que formaría parte del tambo, si tomamos en cuenta el modelo constructivo. El Sector II se halla al lado Sur del camino muy relacionado a este. El acceso es por la parte central, directamente del camino y conduce hacia el patio principal de 43m de largo por 36m de ancho, bastante amplio. Hacia la esquina SE tenemos dos recintos (6 y 5) de forma cuadrangular con los vanos de acceso hacia el Sur y definen un patio con los recintos 7, 8, 9 y 9A, que a la vez es el acceso al recinto 10 que es un espacio rectangular como si fuese un patio restringido o quizá una kallanca, sus muros son muy sólidos. Al exterior, hacia el lado SW y muy cerca al R-10 se halla tres recintos (11,12 y 13) ordenados a la usanza de los incas definiendo un patio (R-14). Todo este conjunto se puede decir que está integrado a una función clara de un tambo, hacia el lado SE exterior al conjunto, se hallan cinco corrales, donde se pueden notar que fueron remodelados, no sabemos si es sobre las bases originales o no. Sin embargo, entre el R19 y R18 hay un desnivel que sugiere que es antiguo lo que supondría que mantiene las formas originales.

Pirka Pirka: Asentamiento de control económico y político a 4400msnm.
La fundación del asentamiento de Pirka Pirka se remonta al Intermedio Tardío, (Siglo XI d.C.). La población que habitó estaba conformado por gentes dedicadas a la ganadería debido a que bajo su jurisdicción habían grandes campos de pastizales, que eran la base de su economía y es probable que estaban ligados a un antiguo dios yaro que eran grupos adoradores de Libiac. Si tomamos en cuenta la descripción de Dávila Briceño, “Este dicho cerro de Pariacaca que (así) el más alto de esta cordillera, y por ser tan famosos de alto, tomo nombre mucha parte desta dicha cerranía y cordillera que corre por este dicho reino a lo largo de Pariacaca queste (así) cerro alto dicho llaman en esta provincia también yaro” más adelante completa diciendo que “…desta provincia son Anan Yauyos”, (Dávila Brizeño, 1881:71). En Ávila también hay una relación a llacuas: cuando realizaban sacrificios de una llama nombrada Yaurihuanaca y en presencia de 30 de sus sacerdotes leían el hígado y corazón de esta llama uno de ellos, un
llacuaz llamado Quita Pariasca dijo: “Ay de nosotros. La suerte no es buena hermanos, en el futuro nuestro padre Paricaca será abandonado” (Cap.18.6). Más adelante refiere: “Pocos días después, oyeron decir que los huiracochas ya habían aparecido en Cajamarca”, (Cap.21.12). Este Quitaparca de origen Anan Yauyo posiblemente era descendiente de los adoradores del rayo originarios de las punas. Mientras que Pariacaca no lo era el resto de los oficiantes del rito de la llama le dijeron de manera despectiva a Quita Pariasca: “…Que puede
saber un llacuaz, hombre hediondo? Es claro el origen de este personaje, entonces para ellos era claro llamar yaro a Pariacaca. Por ello, el poder de Pariacaca no solo era sagrado sino que trascendía a una dimensión del control económico y territorial, por lo que los incas al llegar a esta zona asumieron el control total de la economía y lo integraron a su plan geopolítico de conquistas y dominación.

El asentamiento antes de la llegada de los incas tenía una configuración, más aglutinada, basada en recintos circulares con pasajes y un flujo de circulación generado por su propio crecimiento, (Fig. 4). A diferencia de otros asentamientos del Intermedio Tardío, la fundación de este asentamiento obedece más bien a una elección estratégica del manejo del espacio y explotación de los recursos, antes que mantener un patrón rígido de emplazamiento en cumbres, por lo que su crecimiento es planificado, no hay murallas, su desarrollo y crecimiento es asimétrico, basado en agrupamientos habitacionales que definen patios familiares, hasta se puede hablar de barrios, quizá cuatro. Pero a la llegada de los incas, este estatus se transforma y se modifica la traza, se impone una gran plaza central de 29m de ancho por 30m de largo, para lo cual se debió destruir varios recintos afectando quizá todo un barrio. Esta Plaza Principal está rodeada de varios recintos típicamente con el modelo inca de formas cuadrangulares con vanos de acceso central. Se construye también una kallanca de 41.70 de largo por 18.70 de ancho con dos accesos, uno hacia el lado SW en la parte central y la otra en el ángulo Sur del recinto. Otra modificación sustancial son las instalaciones de recintos cuadrangulares en casi el 30% del asentamiento. Este hecho debió concitar un impacto en la vida de los habitantes, algunos debieron ser reubicados, otros desalojados. Lo cierto es que hay una modificación sustancial, tanto en la traza, como las unidades familiares que cambio de modo drástico la configuración urbana. Así mismo, en el extremo Sur del asentamiento se construyó íntegramente una instalación muy peculiar (Sector IV). Se trata de un espacio cerrado de forma ovalada en cuyo interior se han construido cinco recintos rectangulares de manera que todos definen un patio central, ninguno esta adosado, todos están separados. El acceso es por el NE en la parte central, se trata de un acceso complejo debido a que hay un vestíbulo que limita el acceso con dos vanos. Hacia el extremo Este existen una serie de 12 colcas alineadas de SW a NE y están aisladas del área urbana.

El conjunto del asentamiento ha sido sectorizado en 5 sectores, agrupados con criterio de concentración más no de función. El asentamiento está conformado por un promedio de 150 recintos visibles entre circulares y cuadrangulares. Pirka Pirka también está integrado al gran conjunto de corrales y canchas emplazadas en la inmensa altiplanicie sobre la margen derecha del riachuelo Carhuapampa. El área que hemos levantado es quizá el 50% del total, pero forma parte de los equipamientos más importantes de este sitio. Pero debe quedar claro que ambos conjuntos –el habitacional y las canchas- fueron fundados al mismo tiempo, puesto que se notan estructuras que integran ambos conjuntos. También es de notar que el camino ingresa directamente al asentamiento y a la vez separa ambos conjuntos. Se ha hecho un cálculo del área urbana o área construida que es de 8.8608 Hectáreas y el área de los corrales y canchas 10.2000 Hectáreas. A 160m al Este del área urbana, sobre una pequeña elevación, se ha construido 12 depósitos rectangulares adyacentes entre sí a manera de colcas de 20m x 10m cada uno como promedio, aunque hay algunos de mayor tamaño (24m x 20m).

Figura 4. Asentamiento Pirca Pirca

Hacia el lado Norte del asentamiento en toda la meseta se hallan el conjunto de canchas y corrales articulados entre sí. Este conjunto de espacios abiertos es una clara manifestación de inmenso poder económico y control territorial del estado inca. Su integración a la economía estatal ocasionó varios cambios, debido a que al parecer, ya habían corrales antiguos sobre los cuales se hicieron ampliaciones con diseños mucho más organizados, quizá basado en una significación simbólica por la forma que adoptan las estructuras en su conjunto. Nosotros estamos mostrando solo una parte de este equipamiento, pero aun así, es visible un ordenamiento del espacio configurando ocho canchas adyacentes entre sí, pero que están dotadas también de uno o tres recintos. Esto nos recuerda a las instalaciones de las colcas y canchas en los extramuros de Cantamarca construidos por los incas (Farfán 2000). En la actualidad estas canchas están siendo utilizadas por los ganaderos en periodos estacionales.

En el lado Sur entre las canchas y el área urbana se notó la presencia de un área con restos de lascas de riolita y otro tipo de rocas indicando claramente que hubo un taller lítico en esta parte. Curiosamente la forma completa de este conjunto de canchas, adopta la forma de un camélido estilizado. En todo caso es una forma muy peculiar que adopta estas canchas cuya ejecución de ninguna manera es casual, se nota una organización de las formas y la distribución que podría estar trasmitiendo un mensaje simbólico ligado a la cosmovisión y que sería un instrumento más del poder ejercido por el estado inca. Al extremo Sur se construyó un conjunto de 5 recintos rectangulares inscritos en otro recinto de forma ovalada con los vanos de acceso al centro una típica instalación con el modelo inca. Definen un patio común, lo que hace un sector habitacional quizá de algún funcionario encargado de las instalaciones. Al extremo Oeste continúan las instalaciones de canchas. Los muros están construidos de piedras muy grandes a manera de pircas y son evidentes su antigüedad. Los muros también fueron reconstruidos por los pastores de manera rústica y provisional y no afectan las bases.

Hemos visto la complejidad de este asentamiento a una altitud inusual. Su emplazamiento no solo tiene como referente la economía pastoril, tiene otros indicadores de carácter estratégico, está ubicado en la meseta que da paso hacia la cuenca del Mantaro a través de un viejo camino que los incas remodelan y le dan un valor sagrado y real en merito a la presencia del nevado donde radica el apu Pariacaca.

Hacia La Escalera del Qhapac Ñan en Pariacaca
Este tramo del camino es quizá el más importante, en cuanto al trazo, donde es visible identificar todas sus manifestaciones de ritualidad y simbologías. Topográficamente se eleva 200 m desde Pirka Pirka hasta La Escalera, atraviesa una geomorfología muy accidentada de alta erosión, pasando el camino por la gran laguna mítica de Mullucocha y los abrigos rocosos de Cuchimachay con sus pinturas rupestres que más adelante nos ocuparemos. La Escalera es el tramo que le ha dado fama por lo difícil que es atravesar y la tecnología empleada para su construcción. Hay dos factores visibles en su construcción: uno es, que fue construido adosada a la roca madre gran parte del trazo, (Foto 5), y otra es que, el camino articula el abrigo rocoso de Cuchimachay con pinturas rupestres, si entendemos que cuando se construye el camino, ya existía estas pinturas y su tradición o mitificación de esta cueva debió tener fuerte repercusión, de lo cual, tanto los yaros, llacuaces y luego los incas integraron a su cosmovisión estos contenidos simbólicos de la cueva. Es más, se incrementaron tardíamente pinturas en otras rocas. La infraestructura vial de este tramo no guarda un patrón constructivo fijo o rígido, es variable y adecuado a la geomorfología del terreno. Esta parte del camino, es quizá, el que encierra un enorme valor simbólico e histórico debido a que está concentrado el escenario del adoratorio principal a Pariacaca, por lo menos así lo confirman los documentos, (Taylor, 1987; Dávila Brizeño, 1881).

5. Camino inca en el tramo La Escalera adosada a la roca

El camino se desarrolla por la margen izquierda del riachuelo Palcamayo, para tomar un rumbo NE hacia Masho. Este pequeño caserío es de pastores, habitan entre 4 a 5 familias de manera temporal. En este lugar nos informaron que a Pariacaca también se le denomina Tullujuto, que de acuerdo a su significado podría llamarse el que roe (come) hueso, en este caso, el mullo vendría a ser el hueso. En el Capítulo 23:37 (Taylor 1987; Arguedas, 1966) precisamente se menciona cuando el Inca mandó que se le ofrendara comida a Macahuisa, pero este le dijo: yo no suelo comer estas cosas y le pidió que le trajera mullu, lo devoro al instante, ¡cap, cap!, rechinaban sus dientes mientras masticaba, (Arguedas, 1966:76; Taylor, 1987:347). No obstante al referirse a Macahuisa, el significado se le puede atribuir también a Pariacaca, toda vez que es el padre de Macahuisa.

De Masho –que está ubicado a 300mt al pie del camino-, se sigue hacia La Escalera, para lo cual se retoma el Qhapaq Ñan llegando a Antaracra, Yanama, Pomaruri, Casharuri por trazos muy visibles cuyos anchos varían de acuerdo la topografía, ya escaleras ya alineamientos de piedra, ya taludes aterrazadas que van cambiando hasta ascender a la laguna de Mollucocha donde toma el borde superior Oeste de la laguna, hasta llegar a las inmediaciones de Plazayoc, que es la intersección de la quebrada Atarhuay con el camino inca. De Plazayoc, asciende una escalinata en zigzag construido en la roca madre, con tecnología de adosamiento y construcción de taludes, pavimentos empedrados, por tramos angostos y por tramos ancho hasta de 12m hasta ingresar a la cuenca glaciar de la Escalera, por zonas, el camino sortea pantanos y se adosa a los peñascos sobre el cual está construido el camino, (Foto 6), hasta llegar a las inmediaciones del abrigo rocoso de Cuchimachay y laguna La Escalera.

Figura 5. Calcos de la pintura rupestre de Cuchimachay en La Escalera

El abrigo rocoso de Cuchimachay
Está conformado por cuatro grandes bloques de roca de naturaleza granodiorítica, que se ha desprendido desde las partes altas del cerro San Cristóbal y han quedado apoyados unos a otros, formando un gran vacío en el interior de 30 y 20 m en sus extremos más amplios. La altura máxima en el interior es de 12m. Los cuatro bloques forman dos aberturas en el techo por donde penetra la luz solar. En los cuatro bloques se han identificado pinturas rupestres de distinta característica al que lo hemos denominado Frentes de la “A” hasta “E”, totalizando 5 frentes, (Negro y Farfán, 1983). El interior es bastante húmedo en temporadas invernales almacenándose agua hasta cubrir parte del espacio del Frente “A”, (Foto 7). El bloque de este frente proyecta una línea de reparo (sombra) de 13m en el exterior, lado Oeste, donde se nota mayor actividad ocupacional debido a la presencia de abundante material de desecho, desde lascas y puntas de proyectil hasta fragmentos de cerámica Inca.

Existen tres accesos al abrigo, uno, que es el principal, se ubica en el extremo Norte, y el segundo, en el extremo Sur; el tercero, hacia el Noreste. Este último, no es adecuado para el ingreso, debido a la existencia de otros bloques pequeños que han cubierto este ingreso. Al interior hay escaso material cultural en superficie. Los frentes que contienen mayor concentración de diseños pictográficos se hallan al interior y excepcionalmente un frente se halla en el lado posterior Frente “E”.

6. Camino empedrado en el tramo la Escalera

La distribución de los frentes para ejecutar las pinturas obedece a un criterio de “fundación” del espacio desde donde se sacraliza por primera vez con la presencia del Frente “A” que son los diseños más complejos y extensos, cuyo diseño característico es el camélido en estado de preñez donde se resalta en vientre del animal mientras que la cabeza y las patas son muy reducidos. Sin duda, corresponde a periodos muy tempranos conforme lo corroboran el material asociado conformado por puntas de proyectil. Luego durante su existencia el abrigo se fue consolidando su carácter sagrado dentro de las mentalidades ya no de cazadores y recolectores solamente, sino de pastores pertenecientes a sociedades más tardías donde se ejecutan trazos y diseños distintos al Frente “A”. Pero esto no es todo, también se continuó pintando las rocas en esta cuenca glaciar a los cuales las hemos denominado Bloques 1, 2, 3 y 4. Estos bloques están alineados en dirección a la laguna de Sorao al pie del flanco Este del nevado Pariacaca. El Qhapac Ñan está pasando a escasos 50m del abrigo rocoso y continúa hacia las escaleras pasando por los bloques 1, 2 y 3 el bloque 4 está más arriba. Nuestros primeros trabajos de 1982 y 1983, fue precisamente concentrado en el abrigo rocoso y su contexto circundante, donde realizamos una prospección con excavaciones restringidas y el levantamiento planimétrico del abrigo, así como secciones y calcos de las pinturas (Negro y Farfán, 1982 y 1983). Las primeras conclusiones se basaron en la identificación de los diseños pictográficos, tanto del abrigo Cuchimachay, como de los bloques pétreos 1, 2, 3 y 4, concluyéndose que estas corresponden a varias fases de elaboración, por consiguiente a varios momentos de la ocupación del sitio, lo que corrobora que el paisaje sagrado en este tramo alcanza valores inusitados. Los diseños están relacionados a la representación de animales de caza y animales domesticados o en proceso de domesticación, lo cual indica una larga secuencia ocupacional en el abrigo. Las excavaciones de cuatro pozos de sondeo nos permitieron inferir que la ocupación en este sitio tuvo, una etapa pre cerámica debida a la presencia de carbón y ceniza sin cerámica y continuó hasta la época colonial, pero con una actividad domestica escasa, lo que estaría indicando que el abrigo más que refugio fue un lugar de evocación.

Las Escaleras
El tramo de La Escalera quizá sea uno de las secciones del Qhapaq Ñan con contenido altamente sagrado y simbólico, debido a que se desarrolla desde las inmediaciones del abrigo a través de escalinatas construidas para un tránsito ritual, por ello, hemos dividido en 23 tramos las escaleras, puesto que cada tramo guarda una característica peculiar, tales como descansos, muros transversales como si se restringiera en acceso masivo, hay tramos demasiado estrechos debido a la presencia de formaciones rocosas o porque la naturaleza de este tramo así lo requiere, es decir, limitar el acceso o cumplir una serie de requisitos previos. También los tramos nos sugieren que había cuidantes u oficiantes que permanecían en estos lugares, o en fechas fijas. Las características de los tramos por ahora no trataremos, estamos abordando solo su carácter sagrado.

7. Pinturas rupestre del Frente A

Las escaleras terminan en un pequeño abra donde el camino llega a un espacio, al parecer, un plaza empedrada, (Foto 8) y se halla a un costado del camino, hacia el lado Norte, en un espacio ligeramente elevado. De esta plaza sale un camino en dirección Norte en ascenso hacia la ruta que ya hemos descrito en donde no hallamos nada referente a este mentado adoratorio, pero si otras marcas en los farallones rocosos, en lo alto del cerro y una visión del nevado Pariacaca imponente.

El camino continúa siguiendo la trayectoria en dirección NE por el borde Norte de otra cuenca glaciar conformada por la laguna de Pumarauca y otras menores. En estos tramos hay apachetas formadas de los que vienen de Jauja antes de llegar a La Escalera. El camino es cómodo, por zonas hay escalones, hasta alcanzar una altura considerable donde hay otra laguna, desde donde se divisa el abra de Portachuelo a 4600 m.s.n.m. que es el divertum
acurum que desciende hacia la vertiente oriental, es decir, hacia el Mantaro. El camino toma una trayectoria Norte hacia las altiplanicies de Shacshamachay siguiendo por el lado Sur del cerro Shacucrumi hasta la laguna de Acococha. El camino sigue por el lado Sur de esta laguna y muy cerca avanzando un kilómetro aproximadamente encontramos un montículo con construcciones que podría ser un tambo pequeño ya en la cuenca del Huaylacancha camino a Cochas, donde el camino se hace más difuso debido a que fue disturbado por los pastores actuales.

Foto 8. Final del camino Tramo Escalera

Comentario final
El problema que estamos abordando es demasiado amplio y con varias aristas, que requiere de un manejo más ordenado, por esta razón, este trabajo dedica solo a una parte del tema, principalmente al conocimiento de un esquema simbólico cargado de ritualidad que están ligados a dos deidades tutelares de la región yunga y de las cordilleras y que fueron instrumentos y mecanismos de control territorial como instrumento de poder. Los datos como hemos visto están dispersos en documentos y visitas y en reconocimientos de campo. Lo que estamos observando a partir de estos datos, es que existe una articulación económica, política y religiosa entre Pachacamac como santuario y la cordillera del Pariacaca como escenario de adoración a una deidad de las aguas, con tres atributos: la de cordillera o montaña sagrada, como deidad ligada a los yaros y llacuaces y como oráculo Apu y Wamani reconocido regionalmente. En torno a este fenómeno, a lo largo de la historia, se han estructurado mitos y leyendas, ritos y peregrinaciones y se construyeron instalaciones e infraestructuras a lo largo de un viejo camino que se convirtió en Qhapaq Ñan en tiempo de los incas. En este tiempo estos territorios ya tenían tradición de peregrinaciones hacia Pariacaca, por lo que los incas habrían encontrado un esquema establecido de rutas sagradas cargadas de mitos y leyendas que narraban un paisaje sagrado, lo que hicieron era integrar y fortalecer este instrumento y usarlo a favor del estado, para lo cual, mejoraron los caminos e implantaron nuevas formas de ritualidad mucho más regional, por ello, Pachacamac y Pariacaca toman otros matices que no es el caso de explicar en este trabajo. ¿Pero, como es que estos cambios fueron controlados por el estado inca?, y como fueron capaces de manipular los íconos sagrados, tanto de la zona yunga, como de la sierra?, hubieron rebeliones étnicas? O fueron alianzas estratégicas con los antiguos curacas o jefes de los yauyos e ychsmas? Obviamente, no hay referentes concretos para explicar estos hechos, pero se presume por las evidencias que fueron forzadas. Al revisar la organización del espacio de Pirca Pirca en Pariacaca, vemos que las instalaciones incas están emplazadas forzando la traza del antiguo poblado, para lo cual se debió destruir otras instalaciones, no sabemos si las más principales con signos de poder antiguo o eran acuerdos pacíficos, así vemos que la gran plaza está adaptado en el núcleo del asentamiento y es ahí donde se han edificado las instalaciones de poder como son los edificios de los curacas. En Ñaupahuasi, un asentamiento que fue capital de los Yauyos, también se notan claramente la transformación del espacio urbano con características forzadas y mucho más instalaciones de poder, entre plazas, recintos incluso una Kallanca. En Pachacamac sucede lo mismo, muchas de la Pirámides con Rampa fueron transformadas y modificadas por los incas para adecuar a nuevas funciones y generar nuevas formas de poder. Ni que decir de las instalaciones mayores, como el templo de Punchucancha o del Sol, (Taylor, 1986: 331), el Acllahuasi, el llamado Palacio de Taurichumpi, plaza de los peregrinos, solo por citar las más importantes. Aquí también se nota que la antigua traza urbana de Pachacamac se transformó y esto no pudo ser del todo pacífico, se arrebató espacios “preferenciales” con la consecuente destrucción y construcción de otras, esto es evidente. El manejo del espacio urbano para la remodelación, al parecer, fue dividido en dos espacios: el lado Oeste donde fue elegido para la construcción del templo del Sol junto a los antiguos templos, pero tomando en cuenta la parte más alta de jerarquía y con vista al mar, el Acllahuasi de la misma manera, estaba cerca de la laguna de Urpihuachac relacionado a la fertilidad. El lado Este, dedicado íntegramente para las instalaciones civiles donde se concentran casi todas las Pirámides con Rampa. Vemos pues, que los incas sabían la dimensión de control territorial y religioso de los ychsmas así como de los yauyos, por lo que se implementó políticas de conciliación y políticas de coerción para controlar un territorio, una población étnicamente diversa y deidades de tradiciones muy arraigadas.

Una de las infraestructuras administrativas de mucha importancia son los tambos de carácter público, se construyeron para cada jornada de camino. Sin embargo, la presencia de un gran asentamiento a los 4400 m.s.n.m., como es Pirca Pirca, se había convertido en un enclave que articulaba el poder económico entre la costa y la sierra a tal punto que se adecuaron grandes corrales para llamas de carga y la población original, es decir local, al mismo tiempo que se había transformado en un asentamiento administrativo y de control económico. En este asentamiento se adecuaron una gran plaza central con construcciones de planta cuadrangular a la usanza inca y una gran Kallanca, además otros equipamientos sagrados, que estaría indicando la jerarquía que había adquirido en época de los incas esta aldea, lo cual, se deduce que esta parte de la cordillera con este poblado, controlaba un gran poder económico dentro de un contexto sagrado que ejercía de por si un poder. Los tambos, también formaron parte de la política integracionista de carácter coercitivo de parte de los incas en toda la ruta del Qhapaq Ñan. Otros elementos sagrados, tales como huacas locales, cerros, incluso las pinturas rupestres fueron integrados al panteón inca y así los incas fortalecieron su poder frente a los pueblos conquistados. De este modo el poder político y el poder simbólico fueron armas muy efectivas para la política de conquista de territorios y grupos sociales organizados que poco a poco fueron integrados al estado inca.

Notas a pie de página:

[1] En el periodo Intermedio Temprano, está marcado por el apogeo del Templo Viejo de Pachacamac,(Franco, 2004).

[2] Conopas son pequeños ídolos o formaciones naturales en la roca que adoptan formas diversas, a veces de animales y frutos y fueron hallados en diversas partes de las pirámides con rampa,  junto a ofrendas de sapos que están íntimamente relacionados a rituales propiciatorios del agua.

[3] Cuando exploramos el valle vimos en Chaymayanca, en la cumbre Sureste, un conjunto de construcciones sepulcrales bien dotadas y en su extremos Noreste, una construcción de forma rectangular hechas con piedras y con un piso empedrado, sin duda se trataría de un adoratorio a una deidad, en este caso, suponemos que es Pariacaca, en vista que se encuentra asociada al Kapaqñan.

[4] Según Guaman Poma de Ayala un tambo estaba en Huarochiri, el tambo de San Juan se halla a 8km en línea recta desde actual Huarochiri, no sabemos si se refiere a este tambo. Existen dos asentamientos en Huarochiri: Chuicoto y Suni. El primero, en la parte baja y el segundo, en la parte alta, ninguno tiene características de tambo.

[5] Estas dos temporadas fueron realizadas con el permiso del INC, Credenciales Numero 175-82-DCIRBM, 1982 y 048-83DCIRBM, 1983.

[6] Cuando exploramos el valle vimos en Chaymayanca, en la cumbre Sureste, un conjunto de construcciones sepulcrales bien dotadas y en su extremos Noreste, una construcción de forma rectangular hechas con piedras y con un piso empedrado, sin duda se trataría de un adoratorio a una deidad, en este caso, suponemos que es Pariacaca, en vista que se encuentra asociada al Kapaqñan

[7] Recientemente el MC ha realizado estudios y reconocimientos dentro del programa Kapacñan. pero la presencia no es aun determinante, aun no hay programas de preservación del contexto en su conjunto. Las publicaciones se basan en: Reconocimiento y registro del entorno territorial del Qhapaq Ñan: Ruta Chinchaysuyo entre Xauxa y Pachacamac, Volumen II, 2004, INC. El ultimo más reciente, la publicación del libro: Apu Pariacaca y el Alto Cañete, 2009, dedicado íntegramente al paisaje y a los aspectos socioeconómicos desde un enfoque cuantitativo y descriptivo, dejando de lado el aspecto arqueológico.

[8] Machay es un abrigo rocoso donde se habilitado en base a construcciones de mampostería cámaras funerarias múltiples con vanos de acceso.

[9] En casi todas las expediciones mis alumnos, la gran mayoría mostraron síntomas muy fuertes del mal de altura, con vómitos, perdida de fuerzas y pérdida del apetito.

[10] Según el relato en este lugar denominado Ocshapata los cinco Pariacaca fueron a dar batalla a Huallallo Carhuincho donde se pusieron a arrojar sus rihuis. (Capítulo 8: Pág. 147) 11 En 1982 y 83 no había este camino carrozable.

[11] La más cercana es Piticocha cuya toponimia es debido a que la laguna es alargada y en su parte media tiende a arrancarse o separarse. Luego sobre una terraza más alta se halla la laguna de Pariachaca bastante grande y más arriba en otra terraza se halla la laguna de Chuspi, donde hallamos un asentamiento de pastores que guardan un patrón ancestral, tanto en la construcción como en la traza. De este asentamiento se sigue hasta la última plataforma donde se llega a un escenario morrénico denominado circo glaciar adyacente al nevado, donde encontramos a manera de ofrenda un venado muerto con todas sus partes.  13 Nueva Crónica y Buen Gobierno, versión facsímile de Felipe Guaman Poma de Ayala, 1936, Paris, Pág. 1089

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  • Artículo extraído de la obra: LOS CENTROS POLÍTICOS CEREMONIALES O LAS CIUDADES




Señora de Cao: ¿Sacerdotisa o gobernante?

Las dudas y preguntas que aún rondan respecto al papel que habría cumplido y/o representado la Señora de Cao en la sociedad Moche, podrán resueltas con la publicación de una monografía Multidisciplinaria que está preparando la Fundación Wiese.

Así lo informó el arqueólogo Régulo Franco Jordán, descubridor de laSeñora de Cao y director del Complejo Arqueológico El Brujo, ubicado en el distrito de Magdalena de Cao, provincia de Ascope, en La Libertad. Este sitio es administrado y sostenido por la Fundación Wiese, mediante una alianza con el Estado peruano.
El destacado investigador peruano indicó que una de las preguntas que serán resueltas con este documento científico es si fue una sacerdotisa y una poderosa gobernante.
“Este documento tendrá el aporte e muchos investigadores. Por ejemplo, John Verano de la Universidad de Tulane ha realizado un estudio de la antropología física de la Señora de Cao; asimismo, se cuenta con el aporte de Jordi Esteban de la Universidad de Barcelona, quien ha investigado sobre las causas de su muerte, la edad en la que pereció, su estatura, su ADN, entre otros datos”, indicó.
 

Poderosa gobernante

Señora de Cao

Afirmó, asimismo, que el documento también tendrá las conclusiones de los estudios realizados a los objetos de metal que fueron encontrados en el fardo funerario de la Señora de Cao; además de un análisis profundo de los tatuajes en su piel y el simbolismo complejo que registra en brazos y antebrazos.

“Tras todo lo analizado nos ha llevado a determinar que la Señora de Cao fue una poderosa gobernante y no una sacerdotisa, lo que compone hasta el momento en el hallazgo científico contextual en todo américa andina, comparado con la Reina de Rojo de Palenque, en México, quien no necesariamente fue la reina de ese lugar; pero en el caso de la Señora de Cao estamos frente a una gobernante, que es eslabón que estábamos buscando sobre el papel de rol y papel de la mujer en el antiguo Perú”, agregó.
Los restos de la Señora de Cao fueron halladas con una corona y rodeada de objetos de oro y cobre en la pirámide de Huaca Cao Viejo. La tumba también contenía algunas armas, incluyendo dos enormes garrotes de guerra.
Hasta su descubrimiento, los expertos creían que solo los hombres habían disfrutado de posiciones de poder en la precolombina cultura Moche, a la que perteneció.
El director del Complejo Arqueológico El Brujo informó que los nuevos descubrimientos nos llevarán a fortalecer la idea de que hubo un matriarcado en el antiguo Perú.
Régulo Franco es también director del Complejo Arqueológico El Brujo.
El investigador aseguró que el documento está en revisión por un destacado académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y espera que en el primer trimestre del 2019 sea publicado.

Coloquio de Arqueología

Franco brindó estos detalles durante la conferencia de prensa para anunciar el IV Coloquio de Arqueología El desarrollo de los Sitios Arqueológicos: Tensiones, Desafíos y Oportunidades, el cual se realizó el viernes 24 y sábado 25 de agosto.

Señora de Cao

Las actividades académicas programadas para el viernes 24 de agosto tuvieron lugar en el Hotel Casa Andina de Trujillo, que contaó con la participación de la viceministra de Turismo, Liz Chirinos Cuadros; el director general de Museos del Ministerio de Cultura, Giancarlo Marcone Flores; la exministra de Cultura, Diana Álvarez.

Asimismo, se contaó con la participación de los directores de museos importantes como Pachacamac, Túcume, Huacas del Sol y la Luna, entre otros destacados profesionales ligados a los arqueológicos y sitios arqueológicos.
El segundo, el certamen se trasladará al Complejo Arqueológico El Brujo y al distrito de Magdalena de Cao, donde se hará una visita a este sitio, pero además habrá un pasacalle, feria gastronómica y de artesanía con apoyo de los mismos vecinos, y el II Festival Internacional de Muralismo Ancestral Mochica.
Adriana Doig, directora de Proyectos Culturales de la Fundación Wisie, anunció que durante el Festival de Muralismo participarán 40 artistas de 13 países, incluido el Perú, quienes pintarán iconografía Moche en 40 fachadas de las viviendas de Magdalena de Cao.
Para esta importante actividad iconográfica se contará con la participación de Roberto López, fundador de Pacha Muralista, quien afirmó que el objetivo de este festival nace a partir de una alternativa de las bienales de arte, y que no busca competencia, sino cooperación.



Cómo Tupa Yupanqui conquistó el valle de Pachacamac y el dios Pachacamac cautivó al Inca

Fig. 1. Templo del Sol al atardecer. Periodo Inca. Siglos XV-XVI. Santuario de Pachacamac.

Cuando don Pedro de la Gasca, presidente de la Audiencia de Lima, visitó hacia fines de la década de 1540 el antiguo centro oracular de Pachacamac,1 ubicado en la desembocadura del río Lurín, a unos 20 km al sur de la Ciudad de los Reyes, este mantenía todavía parte de su antiguo esplendor. A pesar del salvaje pillaje del cual había sido objeto, por un mes entero, de parte de las huestes de Hernando Pizarro a inicios de 1533, y de los sucesivos extensos y repetidos saqueos llevados a cabo por el capitán Rodrigo Orgóñez, Francisco de Godoy2 y otros conquistadores, en busca de las ricas ofrendas funerarias de los señores andinos enterrados en su interior, el santuario aún conservaba un aspecto majestuoso y muchas de sus espectaculares pinturas murales.

En una breve relación dirigida al emperador Carlos V y su entorno, escrita entre 1551 y 1553 a su regreso a Europa, La Gasca cuenta que él mismo pudo observar cómo las paredes de la “cámara muy oscura”, ya en estado de abandono, donde antiguamente los

Fig 2. Vista al atardecer en la calle norte-sur y la pirámide con rampa 1.

sacerdotes consultaban a Pachacamac, estaban enteramente cubiertas con diferentes figuras de animales terrestres y marinos. Y, seguidamente, refiere que los indios del lugar contaban cómo, al momento de las consultas, el dios Pachacamac se manifestaba en forma de algún animal feroz, como un felino o una serpiente, mostrándose a menudo enojado y requiriendo ofrendas y sacrificios humanos y de animales para aplacar su cólera.3

Algo parecido relata el soldado y cronista Pedro Cieza de León, quien posiblemente visitó Pachacamac acompañando precisamente a La Gasca, bajo cuyo patrocinio acopió las informaciones y los materiales para su monumental Crónica del Perú4. En la “Primera Parte” de la obra –la única que publicó en vida, en Sevilla en 1553– el cronista recuerda que las diferentes puertas y las paredes del Templo de Pachacamac, edificado sobre un “pequeño cerro” artificial de adobe y tierra, estaban pintadas con figuras de animales feroces5. Asimismo, sobre la base de testimonios orales recogidos in situ, Cieza cuenta que antiguamente el dios Pachacamac (“El hacedor del mundo”, en su misma glosa de la palabra) contestaba a las preguntas de los fieles en ocasión de las fiestas más solemnes del año, cuyas multitudinarias ceremonias estaban invariablemente acompañadas

Fig. 3. Calle norte-sur, ruta por donde circulaban los peregrinos dirigiéndose a las zonas sagradas del santuario de Pachacamac.

por el sonido de instrumentos musicales y comportaban el sacrificio de hombres y animales para ofrecer su sangre al dios. En dichas ocasiones concurrían en peregrinación al santuario los señores de diferentes señoríos y etnias del país, llevando ricas ofrendas y alojándose en los “numerosos y grandes aposentos” que existían junto al templo. Cieza recalca que estos señores tenían una fe absoluta en las palabras del dios y un enorme respeto para los sacerdotes del lugar. Y que era tanta su devoción por el santuario que cuando morían se hacían enterrar alrededor del templo del dios, un privilegio reservado solo a los individuos de más alto rango6. El genial autor de la Crónica del Perú no solo fue el primero en definir –correctamente– a Pachacamac y a los otros mayores santuarios andinos como “oráculos”7, sino que fue también el primero en hablar de la historia del santuario y de su relación con los incas. En efecto, en la “Primera Parte” de la crónica se menciona, en forma bastante escueta, que cuando los incas en su expansión imperial llegaron a ese valle, se quedaron impresionados por la majestuosidad y antigüedad de sus edificios y por el enorme poder espiritual y ascendiente que sus sacerdotes tenían sobre las poblaciones de la región.

Fig. 4. El Inca adorando a “Ticci Viracocha Pachacamac”. Martín de Murúa, Historia del origen y genealogía real de los reyes ingas del Piru, 1590, Manuscrito Galvin, f. 102v.

Así, no se atrevieron a tocar el oráculo y más bien prefirieron negociar con los señores y sacerdotes locales la creación dentro del recinto del santuario, en una posición que fuera prominente, de un nuevo templo dedicado al dios Sol, que dotaron de ingentes recursos y numerosas mujeres consagradas a su servicio8. En la “Segunda Parte”, titulada El señorío de los incas (ca. 1553) –que Cieza compuso sobre la base de informaciones recogidas, por medio de los “mejores intérpretes”, de boca del príncipe Cayu Tupa, descendiente directo del Inca Huayna Capac, y de otros importantes representantes de la nobleza cusqueña9– se ahonda en el tema y se cuenta que fue Tupa Inca Yupanqui a extender la hegemonía inca sobre la costa central peruana.

Fig. 5. Patio principal del complejo de las Mamacuna o Acllawasi en Pachacamac

De hecho, según todas las fuentes fue este quien, a través de una serie de exitosas campañas de conquista, transformó el bien organizado estado serrano centroandino creado por su padre, el Inca Pachacuti, en el vasto imperio panandino existente a la llegada de los españoles. Según la tradición inca acopiada por Cieza, al momento de enseñorearse del valle de Lurín, Tupa Inca Yupanqui tenía toda la intención de imponer el culto estatal del dios Sol y suprimir el de Pachacamac, pero al darse cuenta de cuánto este último estaba profundamente arraigado entre la población local, “no se atrevió y contentóse” con edificar un gran templo donde se le rindiera el debido culto también al dios Sol. Cieza añade que muchos indios le contaron que el Inca incluso llegó a hablar con el ídolo de Pachacamac, al cual preguntó cuál era la manera más apropiada para tributarle homenaje. El dios, complacido por esta manifestación de devoción, le habría contestado que deseaba se le ofreciera sangre humana y de llamas.

La alianza entre el oráculo y el Inca fue así sancionada por solemnes rituales durante los cuales fueron sacrificados innumerables seres humanos y animales.10 La estrecha relación que existió entre Tupa Inca Yupanqui y el oráculo de Pachacamac es confirmada por un extraordinario relato mítico que Hernando de Santillán, oidor de la Audiencia de Lima, incluyó en un informe (Relación del origen, descendencia, políticas y gobierno de los Incas), por él entregado en 1563 al Consejo de Indias. La relación contiene precisas y singulares informaciones sobre la religión autóctona, sacadas de un manuscrito, todavía no hallado, sobre las huacas11 del Cusco de su contemporáneo Polo Ondegardo, corregidor del Cusco y uno de los más profundos conocedores del mundo inca.12

El mismo Santillán hace referencia explícita a la relación de Ondegardo,13 y de hecho el mito en cuestión es claramente inca-cusqueño, ya que atribuye la introducción del culto a las huacas a la acción de Tupa Inca (Yupanqui). Según este mito, cuando dicho Inca estaba todavía en el vientre de su madre, por arte de magia se oyó su voz que decía que el ser que daba vida a la tierra moraba en las tierras bajas, cerca al mar, en el valle de Ichsma.

Muchos años después, cuando Tupa Yupanqui ya adulto devino gobernante, su madre decidió contarle ese lejano y extraño acaecimiento. El Inca resolvió entonces visitar ese valle costeño, para conocer al misterioso ser que tan asombrosamente se había manifestado a través de su propia boca, cuando era todavía solo un feto. Una vez en ychsma, Tupa Yupanqui pasó mucho tiempo en oración y ayuno, hasta que, a los cuarenta días, la arcana deidad hizo oír su voz desde una piedra, para revelarle que era ella la que daba vida a todo lo que existía en el mundo de abajo, esto es, de la costa, así como el Sol, su hermano, vivificaba al mundo de arriba, de las tierras altas andinas. En seguida, el Inca y su gente, en signo de agradecimiento por la benevolencia que ese poderoso ser les había mostrado al manifestárseles, sacrificaron numerosos camélidos y quemaron grandes cantidades de tejidos en su honor, para seguidamente preguntar que más podían hacer por él. El dios les urgió entonces a que en ese mismo lugar levantaran un santuario dedicado a su culto. Obediente, Tupa Yupanqui mandó edificar un grandioso templo precisamente sobre la colina donde estaba la piedra desde la cual el dios le hablaba. Y fue solo cuando la construcción fue terminada que el dios le reveló por fin su nombre: Pachacamac, “el que anima la tierra”, el mismo con el cual desde ese momento fue llamado también el antiguo valle de Ichsma. Además, Pachacamac pidió que se erigieran otros tantos templos para tres de sus hijos: uno en el valle de Mala, otro en el valle de Chincha y un tercero en Andahuaylas; mientras que un cuarto “hijo” lo ofreció directamente al Inca, para que este lo custodiara y lo consultara todas las veces que fuera necesario. Devotamente, Tupa Yupanqui hizo edificar en los lugares indicados otros tantos santuarios, desde los cuales se fueron paulatinamente multiplicando todas las otras huacas, siguiendo exactamente el mismo procedimiento, esto es, hablando a la gente y solicitando nuevos adoratorios para sus hijos, y así ad infinitum.14 Este mito ha sido considerado por Thomas Patterson15 y María Rostworowski 16 como testimonio de la presencia de “sucursales” (Patterson usa la expresión branch oracles) o “enclaves religiosos” del oráculo de Pachacamac en diferentes partes del territorio peruano. Los dos estudiosos, sobre la base del relato de Santillán, así como de las informaciones de Cristóbal de Albornoz (1584)17 y Diego Dávila Brizeño (1586),18 y de las tradiciones acopiadas en el Manuscrito quechua de Huarochirí (1608),19 han puesto en evidencia cómo los andinos creían que Pachacamac estuviese unido por vínculos de parentesco con otras huacas, consideradas “mujeres, hijos y hermanos” suyos, y cómo esto debió ser expresión de la existencia de precisas relaciones políticas y económicas entre el gran santuario del valle de Lurín y diferentes grupos étnicos. Según Patterson, el establecimiento de “oráculos-sucursales” habría respondido a una precisa política de la casta sacerdotal del oráculo, volcada a extender su influencia sobre otras áreas y asegurarse así un regular abastecimiento de bienes y fuerza de trabajo por parte de sus habitantes.

Fig. 5. Patio principal del complejo de las Mamacuna o Acllawasi en Pachacamac

Aunque sus observaciones son en términos generales certeras, Rostworowski y Patterson no han reparado que el relato acopiado por Polo Ondegardo y reproducido por Santillán no es precisamente un mito de las poblaciones de la costa sobre el poderío local de Pachacamac, sino más bien un mito inca-cusqueño sobre el origen de las huacas, en el cual el dios Pachacamac es presentado como la huaca primigenia, el progenitor y la huaca de todas las huacas. De hecho, toda la fábula tiene como finalidad explicar el gran número de huacas existentes alrededor del Cusco. Lo expresa claramente el mismo Santillán en las palabras con las cuales introduce y concluye la narración del mito. Dice al inicio: “La adoración de las guacas, según la relación que parece más cierta [la de Polo], es que es moderna introducción por Topa Inga, y dicen que el origen de adorar las guacas y tenellas por dios, nació que estando la madre de dicho Topa Inga preñada”. Y finiquita:

“de aquellas guacas [los santuarios construidos por Topa Ynga] fueron multiplicando muchas más, porque el Demonio, que por ella les hablaba, les hacía creer que parían y les hacia hacer nuevas casas, y adoraciones a los que creían que procedían de las dichas guacas, y a todos tenían por sus dioses. […] Lo cual fue en tanta multiplicación, que ya casi para cada cosa tienen su guaca […]; como pocos días ha que por industria y diligencia loable del licenciado Polo, se descubríó en el Cuzco una grand suma destas guacas, a quien adoraban por dioses”20.

Fig. 6. Qero inca de madera utilizado para ceremonias de gran importancia. Procedente del Templo del Sol de Pachacamac. Siglos XV-XVI. Colección Uhle. Museo de la Universidad de Pensilvania.

La estrecha relación que existió entre Pachacamac y Tupa Inca Yupanqui que –según la tradición inca recogida por Polo y transmitida por Santillán– se habría establecido nada menos cuando este último, todavía feto, fue poseído por el dios, es corroborada por otro importante cronista: Miguel Cabello Valboa. Este, luego de varios años de actividad pastoral en Ecuador, fue párroco del pueblo de San Juan Bautista de Ica, donde en 1586 terminó de escribir una muy detallada historia de la dinastía inca que había empezado a redactar unos diez años antes en Quito y a la cual dio el título de Miscelánea antártica. Sus datos provienen de relaciones anteriores plenamente fidedignas, como la perdida Historia de los Incas del padre Cristóbal de Molina y la Historia Índica (1572) de Pedro Sarmiento de Gamboa, pero sobre todo de informaciones que le fueron brindadas por ancianos quipucamayocs (funcionarios incas que hacian anotaciones en quipus)21 y otros informantes indígenas muy calificados, como don Mateo Inca Yupanqui, perteneciente a una noble familia cusqueña muy cercana al Inca Huayna Capac.22 Don Mateo fue uno de los comandantes de Atahualpa en la guerra para la sucesión contra su hermano Huascar y, posteriomente, sirvió en la administración colonial como alguacil mayor de los naturales de la provincia de Quito.23 En una probanza llevada a cabo en 1562 se refiere que era sobrino de Tupa Inca Yupanqui, y por tanto hay que suponer que se trata de un informante particularmente entendido sobre la historia de este soberano. Cabello Balboa relata que cuando el emperador Tupa Yupanqui llegó al valle de Ichsma, atraído por la fama del templo que allí existía, mostró el máximo respeto por dicho lugar de culto. A pesar de que sus sacerdotes no se habían ceñido a los cánones de la religión estatal inca establecidos por su padre Pachacuti que, en un concilio de los mayores sacerdotes andinos convocado en el Cusco, había promovido el culto a Ticci Viracocha Pachacamac (“que quiere decir fundamento de todo lo excelente y hacedor del Mundo”) como divinidad suprema, el Inca no destruyó a ese antiguo santuario, como había hecho en otros casos. Simplemente se limitó a edificar a su costado, en una posición prominente, un “suntuoso templo de Pachacamac con tanta fábrica y magestad que de el recibió aquel valle el nombre que hoy conserva”.24

 

 

Extracto de “Los oráculos de los confines del mundo Pachacamac, Titicaca y el inca Tupa Yupanqui”
Autor: Marco Curatola Petrocchi




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Inician el proyecto de investigación arqueológica subacuática en las islas de Pachacamac

El Ministerio de Cultura a través del Museo de sitio de Pachacamac-QÑ inició este año el Proyecto de Investigación Arqueológica Subacuática en las Islas de Pachacamac, con la finalidad de identificar y establecer las relaciones culturales entre las Islas y el Santuario de Pachacamac. El proyecto está a cargo de Denise Pozzi-Escot y Rocío Villar.

Estas islas jugaron un importante rol ideológico para la cultura andina y en especial en el Santuario de Pachacamac ya que según cuenta el mito recogido en el siglo XVII por el padre Francisco de Ávila, la diosa Cavillaca y su hija bajaron de las serranías de Lima llegaron a Pachacamac lanzándose al mar y se convirtieron en las actuales islas.

El proyecto busca identificar el potencial arqueológico prehispánico terrestre y subacuático de las islas de Pachacamac localizadas en la sub zona del litoral marino dentro del área de amortiguamiento del Santuario y determinar al paisaje como una unidad geocultural.

Los primeros trabajos de prospección subacuática y excavación en la superficie de la isla han permitido identificar las estructuras de un muelle hundido correspondiente al periodo Republicano durante la explotación del guano de las islas, así como otros vestigios sumergidos probablemente prehispánicos que serán objeto de análisis.

Este es el primer proyecto de investigación arqueológica subacuática que se lleva a cabo en el Perú y constituye el inicio de un programa de largo aliento que realiza el Ministerio de Cultura a través del Museo de sitio de Pachacamac

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Pachacamac y la política imperial inca

Pachacamac, , principal sitio arqueologico asociado al Qhapaq Ñan

El complejo ceremonial de Pachacamac se extiende sobre un tablazo arenoso en la margen derecha del río Lurín, en las periferias meridionales de Lima (fig. 1). El actual nombre del río alude al adjetivo quechua luren, mitad o parte baja (transcrito como hurin en textos coloniales (Cerrón Palomino, 2000). Los cronistas españoles se refirieron a este valle con diferentes nombres, en especial Ychsma o Irma, denominación de origen aymara. Algunos de ellos relataron que durante la administración inca el valle fue rebautizado con el nombre quechua (la lengua general del Tahuantinsuyu) de Pachacamac. El número de fuentes escritas del periodo colonial que aluden al valle es excepcionalmente alto en comparación con otras áreas de la costa peruana prehispánica (Eeckhout, 1999b; Rostworowski, 1972, 1999, 2002a, 2002b; Salomon y otros, 2009; Spalding, 1984). Algunas de las descripciones de Pachacamac fueron redactadas en los primeros años de la conquista (Estete, 1968[1535]). Esta situación privilegiada todavía no ha promovido, sin embargo, el desarrollo de una arqueología histórica madura, capaz de ubicar en su contexto la evidencia material y confrontarla con las escritas. Raras veces se toma en cuenta que las informaciones históricas provenían de tercera mano, y que fueron registradas 100-150 años después de los acontecimientos que describían (Salomon & Grossboll, 2009). Muchos de los relatos han sido además recogidos en las áreas vecinas de Lurín, como por ejemplo en las alturas de Huarochirí, en el territorio de los checa (Salomon & Urioste, 1991; Taylor, 1987; Chase, 2015) o al norte de Lima, en el valle de Vegueta (Rostworowski, 2002a, pp. 28-32). La mayoría de arqueólogos, lejos de tomar en cuenta las limitaciones mencionadas, consideraban las hipótesis formuladas a partir de la lectura acrítica de las fuentes coloniales como hechos incuestionables y amoldaban sus resultados al tenor de estas. Es más, los trabajos de campo tuvieron por objetivo explícito encontrar evidencias materiales que podían servir de ilustración a las interpretaciones propuestas por historiadores; de modo que no se otorgaba a la información arqueológica el estatus de la fuente independiente…

Autor: Krzysztof Makowski Hanula

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Trasladarán el patrimonio arqueológico del museo de Pueblo Libre a Pachacámac. Cuestionan nueva ubicación

En un periodo de tres años. En el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú ya empezó el inventario de las piezas que pasarán al nuevo Museo Nacional. Trabajadores se oponen a la medida porque objetos se dañarían por la cercanía al mar.

Los grandes tesoros patrimoniales que hoy alberga el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú  dejarán de estar en su sede  de Pueblo Libre para ser trasladados a Pachacámac, donde se construirá el nuevo Museo Nacional del Perú.En entrevista con el diario La República de Lima, la ministra de Cultura del Perú, Diana Álvarez Calderón, anunció que se ha iniciado  el inventario de todo el material que irá a Pachacámac. Este proceso tomaría seis meses.

Hoy, el museo de Pueblo Libre tiene 300.000 objetos entre metales, cerámica, textiles y antropología física, pero solo 1.200 se exhiben. Se tiene previsto que el traslado se realice en un periodo de tres años, pues la tarea no será nada sencilla debido a la delicadeza de las piezas. En una primera parte se trasladará un 10%.

Para esta tarea el Ministerio de Cultura firmará un convenio con la Unesco para que este se encargue del proceso de traslado y contratación del equipo especializado.
¿Por qué se da este traslado? Según la titular de Cultura los almacenes de Pueblo Libre ya no son las más adecuados para albergar a nuestro patrimonio, pues en algunos la infraestructura es precaria debido a la antigüedad de la casona y porque tampoco hay espacio.

El nuevo Museo Nacional de Pachacámac tendrá almacenes especializados para cuidar la integridad de nuestro patrimonio en cuanto a humedad y temperatura, explicó Calderón.

Será construido en agosto de este año y se culminará en junio del 2016.  Está diseñado para que el 60% de su infraestructura quede en el subsuelo donde se albergará colecciones, depósitos y centro de investigación y el 40% será edificado en la parte superior  para las salas de exhibición. El patrimonio del Museo de la Nación también irán a Pachacámac.

¿Cual será el destino del museo de Pueblo Libre y del Museo de la Nación? Ambos seguirán operando, pero contarán la historia más organizada. Para ello, el sector Cultura está en un proceso de elaboración de un plan de museografía para saber cómo contar la historia del Perú: Inca, Preinca, Conquista, Virreynato, República y Migraciones.

El Museo de la Nación de San Borja se quedará en la etapa contemporánea y servirá para ser un gran centro cultural. El viceministro de Cultura, Juan Pablo de la Puente, indicó que la idea es que el país cuente con un mismo museo en tres locales diferentes y con una nueva forma de contar la historia para el bicentenario del Perú (2021).

EN CONTRA
Miembros del Sindicato Único de Trabajadores del Instituto Nacional de Cultura (Sutinc),  que laboran en el museo de Pueblo Libre, se muestran en contra de esta mudanza, pues señalan que las piezas arqueológicas se dañarán en Pachacámac debido a que las condiciones medioambientales en la zona no son las adecuadas para conservar el patrimonio.

El arqueólogo Paco Merino, trabajador de este museo, sostuvo que las piezas que se almacenarán especialmente en el subsuelo del recinto sufrirán un deterioro por la humedad,  la salinidad de la zona por la cercanía al mar. “El peor enemigo para el patrimonio es la humedad, salinidad y el polvo”.

Otros trabajadores, como la arqueóloga, Elba Manrique también cuestionaron la distancia del nuevo museo en Pachacámac, ya que será más difícil que lleguen los visitantes.

Explicaron que si se quita la sección de arqueología es condenar al museo de Pueblo Libre a su desaparición, debido a que solo quedaría contar la historia colonial y republicana, “pero nuestra colección es muy pobre, el museo pasaría a ser un museo anodino”, sostuvo Paco Merino.

La idea para los trabajadores es preservar el legado de Julio C. Tello, quien fundó este museo en 1945. “No estamos en contra de la creación de un nuevo museo sino que desvalijen al nuestro”, mencionaron.

Es necesario el museo
Para el reconocido arqueólogo, Luis Lumbreras, es tiempo que el Perú cuente con un gran Museo Nacional, pues esta tarea está pendiente desde 1822 y se ha ido postergando gobierno tras gobierno. Este museo no solo debe estar pensando en el turismo sino también en la construcción de nuestra identidad. “Hay una parte de nuestra historia  colonial, republicana que no está representado en un museo”, agregó.

La construcción del museo de Pachacámac debe hacerse en las mejores condiciones posibles y es necesario tener estudios técnicos que avalen esa decisión, remarcó Lumbreras.

En esta idea coincide el arqueólogo Walter Alva. Sin embargo, indicó que el sector Cultura debería reevaluar la ubicación del museo antes de la construcción, ya que Pachacámac es un lugar distante para los visitantes. En algunos casos con dos horas de viaje. En esa línea, recomendó que el museo se construya en una zona más céntrica para que sea un museo de masas.

Según el Ministerio de Cultura se busca facilitar la llegada de los visitantes con la ampliación de Metro de Lima al sur. Este tema queda aún a disposición del sector Transportes.

CLAVES

El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú es el primer museo del Perú. Fue fundado por el padre de la arqueología Julio C. Tello en 1945. Relata la historia desde la llegada del hombre en América hasta la República.

El Museo Nacional del Perú de Pachacámac albergará 500 mil piezas de la historia prehispánica en sus 70 mil m2. La pieza más antigua corresponde al periodo de los cazadores recolectores.

(La Republica)




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Descubre Pachacámac

A media hora en auto desde Lima, un lugar que combina cultura y tradición se convierte en la alternativa perfecta para un escape rápido de la ciudad.

RECORRIDO HISTÓRICO

Cuenta la historia que el centro ceremonial y religioso más importante de la costa peruana prehispánica es la celebración de la unión de la tierra con el mar, debido a su ubicación: muy cerca al río Lurín y frente al océano Pacífico. El santuario de Pachacámac abre sus puertas de martes a domingo de 9 a.m. a 4 p.m. y durante ese momento usted puede recorrerlo y conocer sus palacios, plazas y templos. Los imperdibles son el Templo del Sol y el Acllahuasi levantados durante la dominación inca, entre 1440 y 1533 y que forman parte de uno de los sectores que mejor se conserva.

A pocos minutos del santuario, se ubica la Asociación Nacional de Criadores y Propietarios de Caballos Peruanos de Paso, quienes han hecho de su local un ambiente para que turistas interesados conozcan la historia de este emblema nacional y además puedan gozar de los espectáculos que se realizan. En los alrededores no deje de visitar el restaurante “D´Paso” en donde sus dueños, la familia Navarro Falcón, organizan espectáculos con los sementales. Si lo que quiere es disfrutar de buena comida en un ambiente familiar, el restaurante Los Altos de Mamacona es otra opción. Aquí puede degustar platillos criollos, carnes al cilindro y platos de autor. En fechas especiales hacen diferentes shows y presentaciones del caballo peruano de paso, danzas típicas y conjuntos criollos.

BELLEZA NATURAL

Con un territorio de cerca de 150 hectáreas, las Lomas de Lúcumo son uno de los últimos ecosistemas de lomas costeras que sobrevive en nuestro país. Para conocerlas empiece haciendo la ruta que pasa por el centro poblado Quebrada Verde en donde se pueden apreciar petroglifos, andenes prehispánicos, formaciones rocosas y estructuras geológicas. Que no le sorprenda toparse con vizcachas, zorros y cernícalos. En la zona de El Cardal, a pocos minutos de la plaza de Pachacámac, se encuentra la fuente de la eterna juventud. Cuando llegue, suba por el cerro de Pan de Azúcar hasta la piedra del amor, desde donde tendrá una vista hermosa del valle. De regreso a la plaza, puede pasar por el fundo Marengo y comprar lúcumas, manzanas. Aventura y naturaleza en un solo lugar, a tan solo media hora de Lima.

GUÍA DEL VIAJERO

¿Cómo llegar?
Pachacámac está ubicado a la altura del kilómetro 31 de la carretera Panamericana Sur. Si va en su propio auto demorará cerca de media hora. www.munipachacamac.gob.pe

¿Qué hacer?
Santuario arqueológico
Lomas de Lúcumo
Asociación Nacional de Criadores y Propietarios de Caballos Peruanos de Paso.

¿Dónde comer?
D´Paso
Los Altos de Mamacona
La Casa de Don Cucho
Rústica

 

Escribe:María Elena Carbajal (El Comercio)




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Pachacamac de moda

La modelo Kelly Mittendorf lució prendas de diseñadores peruanos para la reconocida revista de moda Beauty Rebel, en Pachacámac.

La promoción del Perú como destino cultural y turístico mundial se ve reforzada con la atención que ponen revistas internacionales especializadas como esta.

Gracias a esta publicación, más de 20 mil periodistas y líderes de opinión del mundo de la moda conocerán más sobre diseños y textiles peruanos en el New York Fashion Week. ¡Perú a la vanguardia de la moda!

Es muy emocionante y sorprendente ver talento extranjero venir a Perú, y ser inspírados por los diseñadores locales. Teniendo a Pachacamac y toda la historia peruana que representa, se puede decir que la moda está llegando al punto en el que la libertad de elección está regresando a la escena.

Datos:
Pachacamac fue el principal santuario de la costa central durante más de mil años. Sus templos eran visitados por multitudes de peregrinos en ocasión de los grandes rituales andinos, pues Pachacamac era un acertado oráculo capaz de predecir el futuro y controlar los movimientos de la tierra. Al santuario de Pachacamac acudían también habitantes de todos los Andes en busca de soluciones a sus problemas o respuestas a sus dudas.

La palabra Pachacamac significa “alma de la tierra, el que anima el mundo”. Los antiguos peruanos creían que un solo movimiento de su cabeza ocasionaría terremotos. No se le podía mirar directamente a los ojos, e incluso sus sacerdotes ingresaban al recinto de espaldas. El culto a Pachacamac era el centro de toda religión costeña.

El santuario está ubicado en el valle de Lurín, distrito de Lurin en Lima, el cual constituye el marco territorial de su emplazamiento y en cuyas márgenes se asentaron, desde hace tres mil años, una serie de pueblos aprovechando sus aguas. Las primeras ocupaciones datan del periodo Arcaico (5000 a.C.); luego, en el periodo Formativo (1800 a.C. – 200 a.C.) destacan Mina Perdida, Cardal y Manchay; en el Formativo Tardío (200 a.C. – 200 d.C.) se distinguen diversos estilos locales tales como Tablada de Lurín y Villa El Salvador.

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