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Visits to Huayna Picchu and Macchu Picchu to be suspended in April 2016

Granting visitor access to Huayna Picchu and Machu Picchu mountains will be suspended next April with the aim of easing comprehensive maintenance works on both sites’ stairways, platforms and walls, the Machu Picchu Archaeological Park Directorate announced.

According to the chief of Cusco’s Decentralized Directorate of Culture (DDCC) Fernando Astete, specific maintenance works on lithic parts are currently being carried out. Nonetheless, tourist movement hinders those actions.

“In April 2016, we will carry out a comprehensive maintenance. Thus, it has been decided to suspend visits to the Huayna Picchu Mountain from Abril 1 to 15, 2016; and to the Machu Picchu Mountain from Abril 16 to 30, […]” Astete told.

The official requested the tour guides and operators to adopt necessary measures, since the e-ticket sales for visits to the archaeological site -to be paid during the aforementioned period- will be called off.




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La Gran Caverna del Huayna Picchu

En Machu Picchu se yergue un lugar poco conocido por los turistas y por ello poco visitado. Aquellos que sí saben de su existencia, sin embargo, llegan hasta allí con mucha expectativa. Es llamado por algunos como el Templo de la Luna. Los expertos, no obstante, consideran que el término no es el adecuado y lo denominan la Gran Caverna.

Entre ellos se cuentan al antropólogo y jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu, Fernando Astete, y a los arqueólogos Julinho Zapata y Alfredo Mormontoy. Los tres sostienen que no existe evidencia arqueológica para sugerir que aquel lugar haya sido un templo dedicado a la luna. Debido a ello se refieren a este como la Gran Caverna. El nombre se lo puso el investigador estadounidense Hiram Bingham, quien llegó al sitio a principios del siglo XX.

Mormontoy explica que la luna sale por el este y la Gran Caverna está orientada hacia el oeste. “Solo un mínimo de luz de luna entra al lugar, pero ya en la madrugada, casi al amanecer. Es difícil afirmar que fuera para la luna”, dice.

Llegar allí no es sencillo. Para ello se tiene primero que subir al Huayna Picchu. Es en el descenso de la cumbre que uno encuentra dos letreros que indican rumbos diferentes. Uno tiene una flecha y dice: Machu Picchu. El otro marca la dirección opuesta: la Gran Caverna. El camino es un descenso no tan cómodo. El regreso a la ciudadela inca puede tomar unas dos horas.

¿ESPACIO SEPULCRAL?
La Gran Caverna muestra en la entrada una roca ovalada y grande que está tallada como si fuera un asiento. Desde ahí se ve la cadena de montañas verdes y tupidas que se alzan en la zona. Quedarse sentado ahí por horas, contemplando, no requiere mayor esfuerzo.

Hay también piedras talladas en el piso, como desperdigadas. No hace falta que el geólogo Gilber Carpio diga que el lugar quedó a medio construir para notarlo. Sobre la pared derecha se ven estructuras asimiladas a la misma roca. Hacia el fondo, donde ya casi no hay luz, hay otras piezas talladas en la roca.

¿Qué era este lugar? Aunque no hay mayores estudios al respecto, todo apunta a que sería un espacio sepulcral, según dicen Astete y Mormontoy. Este último agrega: “Probablemente ese haya sido el mausoleo de un funcionario importante de la zona o un sacerdote, por la arquitectura bien lograda. El asiento que hay ahí es importante porque se divisan las montañas”.

Zapata sí considera que era un lugar sagrado, pero no se aventura a definirlo como los anteriores. “Es otra huaca. Machu Picchu, al igual que la ciudad del Cusco, era un centro religioso y contaba con una serie de huacas. Falta consignar investigación científica para identificar qué representaba, qué ofrendas había, qué relaciones astronómicas existían. Hay que definir la razón de ser de ese lugar”.

Tanya da Silva, una estudiante canadiense de origen ceilanés, llegó a la Gran Caverna por su propia cuenta. Así arriban quienes se aventuran por ese camino solos. A excepción de algún guía creativo, los circuitos no comprenden esta parte del parque. Tanya permaneció ahí poco más de una hora. El lugar, diría después, le pareció asombroso.

EN PUNTOS
Las piedras que se utilizaron en algunas de las estructuras de la Gran Caverna son de granito. El geólogo Gilber Carpio indica que un metro cúbico de esa piedra pesa cerca de cuatro toneladas.

No se tiene claro cómo empezó a llamársele Templo de la Luna a la Gran Caverna. Dicen algunos que, aparentemente, hace más de 70 años el dueño de un hotel lo habría denominado así para hacerlo más atractivo.

El arqueólogo Julinho Zapata cree que no existe relación entre la construcción del espacio y la luna. “Muchos nombres en Machu Picchu no tienen mayor sentido”, manifiesta.

Las dimensiones aproximadas de la Gran Caverna son: 7 m de ancho, 12 m de largo y 2,5 m de alto.

EL HUAYNA PICCHU

La montaña Huayna Picchu (con una altitud de 2.667 msnm) forma parte de las estribaciones orientales del macizo de Salcantay, en Cusco, Perú. Es parte de una gran formación orográfica conocida como Batolito de Vilcabamba, en la Cordillera Central de los Andes peruanos y es conocida principalmente por ser el telón de fondo de la mayoría de fotografías panorámicas de los restos arqueológicos incas de Machu Picchu. Sin embargo ella misma alberga también importantes restos arqueológicos relacionados con el famoso complejo inca.

Un camino que parte del extremo norte de Machu Picchu atraviesa la estrecha lengua de tierra que conecta las montañas Machu y Huayna Picchu. Luego el camino se bifurca. El ramal derecho asciende a la cima. Su construcción debió ser ardua y en extremo peligrosa: Es un camino muy empinado, estrecho, que incluye varios tramos con escalinatas talladas en la roca viva al borde mismo en la pared vertical de roca. Al final, y coronando el Huayna Picchu hay algunas construcciones menores, incluyendo una portada y una piedra labrada grande a modo de trono que se conoce como “Silla del inca”. Pero lo más interesante aquí es la vista que se tiene de los restos arqueológicos del Machu Picchu y del río Urubamba al fondo del Cañón, cuyas aguas turbulentas se oyen tronar aún en un sitio tan elevado. El nevado Salcantay (sacralizado por los incas) es visible desde aquí como lo es también la curiosa alineación que existe entre el Huayna Picchu, la cumbre del Machu Picchu y el mencionado nevado que según Johan Reinhard es una de las principales razones por las que Machu Picchu fue importante en tiempos de Pachacútec (1438-1572).

Como dato adicional para aquéllos que deseen llegar la cima, las autoridades locales sólo permiten el ascenso de un máximo de 400 personas en dos turnos de 200.1 Esto obedece al hecho de que el sendero de ascenso y la cima no albergan físicamente a más visitantes. El ascenso toma, para una persona promedio, entre 45 a 60 minutos.

El Templo de la Luna

El otro camino va hacia la parte posterior de la montaña y lleva hasta a uno de los más notables complejos de construcciones subterráneas de la región. Se trata de varias cuevas, algunas de las cuales han sido forradas (a una escala mayor que en el Mausoleo de Machu Picchu) con bloques de fina cantería que han sido tallados para encajar con precisión con los contornos irregulares de los grandes afloramientos rocosos que les sirven de techo. Los muros, de carácter claramente ornamental, incluyen falsas portadas y nichos trapezoides de doble y triple jamba. Si bien su función específica se desconoce, está claro que se trata de un conjunto de construcciones de élite por el esfuerzo que demandó hacerlas. Se cree que pudo tener usos funerarios y que todas las tumbas fueron saqueadas en algún momento de la historia de la región.2
El nombre “Templo de la luna” es arbitrario y no tiene respaldo arqueológico aunque se ha hecho popular entre los arqueólogos y los guías turísticos. Revela en todo caso el interés común por compararlo en calidad con otros edificios incas, como el “templo del sol” de Machu Picchu.
Llegar hasta allí toma aproximadamente una hora y media caminando desde la ciudad. Desde aquí parte otro camino cuesta abajo hacia el río Urubamba.

 

Fuente: El Comercio , Wikipedia




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La sensación que experimentas en Machu Picchu es que Dios habita allí

 

El destacado artista plástico Fernando de Szyszlo, catalogó a Machu Picchu como una obra de arte que el hombre ha producido sobre la tierra, y donde hay una singular conjunción de geografía, piedra, selva y las delgadas líneas del plateado Urubamba.

“Si hubiera que explicar lo que se siente estar allí, podríamos remitirnos a una frase de la Biblia que dice: ‘Este lugar es terrible. Dios habita aquí’. Esa es la sensación que tuve al estar en Machu Picchu. Es más que dramático, es sagrado. Da una profunda impresión de la presencia de algo diferente, superior, que va más allá de lo humano”, opinó.

Relató que ha estado frente a las pirámides de Egipto y el Taj Mahal, en la India, pero que nada se compara a lo sentido en el Cusco.

“En ningún otro lugar he tenido una sensación tan profunda, tan sobrecogedora. Es una señal de que es posible hacerlo. Es increíble que no habiendo inventado la escritura, los incas hayan podido hacer realidad esta obra maestra. Es una cosa importante no sólo para los habitantes de Cusco: Machu Picchu le pertenece al mundo”, anotó.

Antes de visitar la ciudadela por primera vez, De Szyszlo había estado viviendo en Paris.

“A mi regreso, lo único que quería hacer era visitar Machu Picchu. Era 1951 y tenía 26 años. Desde entonces, lo he visitado en varias ocasiones, incluso he subido dos veces el Huayna Picchu”, añadió.

El artista cree que el Perú, al ser milenario, fácilmente puede acceder a lo contemporáneo, a lo más moderno, tal como ha ocurrido en Roma.

“Este lugar es un estímulo para los que hemos nacido por estos lares y un descubrimiento para los que no lo conocen. Debemos preocuparnos por cuidarlo, como a todos los otros sitios maravillosos que  existen en el país”, apuntó.

Lima, jun. 30 (ANDINA).




Machu Picchu: WAYNA PICCHU

El guardián eterno del Santuario, el Wayna Picchu (“Montaña Joven” en Quechua) se yergue imponente dominando la ciudadela Inca. Subir hasta la cumbre es otra experiencia inolvidable. En el trayecto y en la cima se aprecian recintos sagrados y admirables terrazas construidas sobre el precipicio.

El ascenso se realiza desde la plaza principal de Machu Picchu por un camino, construido por los propios Incas, que se encuentra sealizado y en buen estado. La vista es impresionante: Machu Picchu en todo su esplendor, el can del Vilcanota y las montañas circundantes. La caminata dura entre dos y tres horas.

Huayna Picchu en español significa “montaña joven” y es la montaña que se localiza al norte de la ciudadela Inca de Machu Picchu. La montaña, aparece detrás de la ciudad perdida y es una parte importante de este gran monumento histórico que conocemos como Machu Picchu y la podemos apreciar en la mayoría de los gráficos y fotografías de Machu Picchu. Su punto más alto es 2700 metros y nos permite tener vistas espléndidas de Machu Picchu y otras montañas cercanas.

Aunque la subida es un poco peligrosa y realmente agotadora, es posible llegar a esas ruinas en menos de una hora. Esta montaña nos ofrece algunas maravillosas ruinas incas y usted se asombrará de las habilidades de determinación e ingeniería de diseño que tuvieron los Incas cuando vea las cuestas que tenían que superar para completar esta construcción. Esta caminata debe ser hecha por cualquier persona que se encuentre en buen estado físico.

Huayna Picchu fué usado por los Incas para construir varios complejos, como el impresionante Templo de la Luna que se encuentra en la parte trasera de la montaña. Los Incas también hicieron en la cima del Huayna Picchu una serie de pequeñas terrazas y algunos edificios. Estos edificios podrían formar parte de un observatorio astronómico pero también habrían servido como un punto de guardianía de la ciudadela porque desde este punto usted podrá ver todo Machu Picchu, Inti Punku y los caminos que llevan a la ciudadela.




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Nuevos descubrimientos en Machu Picchu: Inkaraqay, sorprendentes construcciones al pie del abismo

Las edificaciones fueron dedicadas a la agricultura y al culto a la luna. Se construyeron respetando el trazo de la montaña. Las serpientes venenosas y rocas escarpadas caracterizan el lugar.

Las crónicas coloniales no mencionan a Inkaraqay. Los especialistas del Ministerio de Cultura de Cusco (antes Instituto Nacional de Cultura) no encuentran referencias escritas sobre este sitio inca, que hasta hace muy poco yacía oculto en el lado desconocido de la montaña Huayna Picchu.

Para llegar a la nueva zona descubierta hay que abordar el tren que sale de Aguas Calientes hacia Hidroeléctrica de Machu Picchu. En pleno camino hay que pedirle al maquinista que pare en el kilómetro 117 de esta vía férrea, a solo 20 minutos de la partida. Luego hay que cruzar el río Vilcanota sobre un precario puente de madera y afinar la vista en dirección a las laderas empinadas.

Inkaraqay se presenta como una fortaleza colgante, pues sus muros y terrazas bordean los abismales farallones que se alzan desde la base del valle. Es un emplazamiento inca, de 4.500 metros cuadrados, dedicado a la agricultura y al culto a la luna*.

El sitio lo integran cinco niveles de terrazas agrícolas, una plataforma para rituales, un observatorio con perspectiva a la cima de la montaña Yananti y un muro inca que se extiende hasta el Templo de la Luna, a medio camino de la cima de Huayna Picchu.

“La arquitectura de andenes es superior aquí que en el mismo Machu Picchu”, dice Piedad Champi, arqueóloga residente. Lo dice por los canales de agua que aparecen y desaparecen entre las terrazas. También por las escalinatas con peldaños que sobresalen hasta 70 centímetros de los muros.

“Este era uno de los sectores de donde proveían de alimentos que se consumían en Machu Picchu. Está conectado con ese centro a través de escalinatas que van al Templo de la Luna y luego van por Huayna Picchu”, sostiene Champi y con esto rebate una de las hipótesis entorno a Machu Picchu: que era la hacienda aislada de Pachacútec.

EL CAMINO

Seguir la ruta que propone Champi requiere olvidarse del vértigo para vencer una escalera infinita y escarpada por siete horas. En ciertos tramos el camino se suspende y hay que seguir a través de sogas sujetas a rocas y de escaleras de madera. Un guía, un machete y antiofídicos (tratamiento contra mordeduras de serpientes) son necesarios, aunque los últimos escasean entre quienes ahora realizan los trabajos de limpieza y restauración. “A mi abuelo le ha picado la jergona varias veces. A mí no me pican; ya me conocen”, dice Hebert, uno de los colaboradores, con una sonrisa que deja al descubierto residuos de haber chacchado coca.

Su abuelo, don Germán Echegaray, vive desde hace 70 años en las tierras donde se asienta Inkaraqay. Allí cultivó paltas, café y frutas que vendía en Cusco. Él cuenta que en la década del 40 limpió la maleza que cubría el sitio. “Solo quería aprovechar los andenes para mis cultivos. Además, yo no descubrí nada, porque antes ya habían pasado por acá los madereros”, dice.

Pedro, el único hijo varón de Germán, apoyó hace 30 años la primera iniciativa del entonces Instituto Nacional de Cultura por promover el sitio arqueológico. El proyecto quedó en nada y Pedro volvió a la agricultura, pero la inquietud renació en su sobrino Hebert. Ahora, a sus 26 años, Hebert se ha unido a las filas de los restauradores del ministerio. Es el que más conoce la zona, junto a sus perros Chocolate y Piraña. “Hay 16 tipos de culebras, pero solo la jergona es mortal. También hay gallitos de las rocas, sihuayros y osos de anteojos. Y al menos diez tipos de orquídeas endémicas”, ilustra. La información es corroborada por el biólogo del ministerio, Julio Ochoa.

Inkaraqay, junto al sitio denominado Andenes Orientales (en el lado este de la montaña Machu Picchu) serán integrados al circuito turístico del Parque Arqueológico. Así lo informó el jefe del parque, Fernando Astete. “Andenes será parte del circuito el próximo año. En el caso de Inkaraqay tomará más tiempo”, agregó.

PRECISIONES

El santuario y el parque

1. El Santuario Histórico de Machu Picchu tiene 32 mil hectáreas y fue creado para proteger áreas naturales de gran importancia para el ecosistema, así como varios sitios arqueológicos.

2. El Parque Arqueológico de Machu Picchu, en tanto, ocupa 11 hectáreas. Allí se ubican la ciudadela y sus anexos.

3. El historiador Julio C. Tello no llegó a conocer el sitio de Inkaraqay. Él llegó hasta la zona conocida como Wiñay Wayna. Ese sitio arqueológico está ubicado en el Camino Inca que lleva hasta la ciudadela.

REACCIONES

“Es necesario un plan de manejo”

“Es indispensable que se hagan más investigaciones arqueológicas, pero estas deben contar con un plan de manejo que debe considerar desde estudios hasta la recepción de los visitantes.

Este proyecto es importante para descargar la afluencia turística que tiene Machu Picchu.

Se debe hacer un esfuerzo para que los turistas tengan una buena guía en el lugar, no solo por su bienestar sino del patrimonio. El Ministerio de Cultura tiene la tarea de construir y diseñar estos trabajos en todo el país. Mariana Mould de Pease.

Arqueólogos trabajan en adecuar a turismo zona de ruinas cerca a Machu Picchu

Arqueólogos peruanos trabajan en el acondicionamiento de una nueva zona de restos incas en las inmediaciones de la ciudadela de Machu Picchu, con el objetivo de que los turistas accedan a ella, informó el diario local El Comercio.

Bautizado como Inkaraqay y situado en la ladera opuesta del Huayna Picchu, la montaña que se eleva sobre Machu Picchu, el sitio arqueológico es una fortaleza colgante de 4.500 metros cuadrados que servía, según los estudios, como despensa de la ciudadela inca.

Compuesto por cinco niveles de terrazas agrícolas, una plataforma para rituales, un observatorio y un gran muro inca, Inkaraqay vive actualmente un proceso de limpieza de maleza, restauración que aún tardará unos cuatro años para ponerse al servicio del turismo.

“Este era uno de los sectores de donde proveían de alimentos que se consumían en Machu Picchu. Está conectado con ese centro a través de escalinatas que van al Templo de la Luna y luego van por Huayna Picchu”, explicó la arqueóloga residente Piedad Champi.

Champi agregó que “la arquitectura de andenes es superior aquí que en el mismo Machu Picchu”, en referencia a la gran red de canales de agua que aparecen y desaparecen entre las terrazas que se levantan en la ladera.

En la actualidad, para llegar hasta la nueva zona arqueológica es necesario tomar el tren que parte de Aguas Calientes, el pueblo desde donde se accede en autobús a Machu Picchu, hacia la central hidroeléctrica cercana.

Tras 20 minutos de viaje en dicho tren, es necesario descender del mismo y cruzar el río Vilcanota a través de un puente de madera, tras lo que sólo resta una caminata de 20 minutos por una complicada senda en la que, según aseguran los lugareños, abunda fauna como los osos de anteojos y 16 tipos de culebras.

“A mi abuelo le ha picado la (culebra) jergona varias veces. A mí no me pican; ya me conocen”, dijo a El Comercio Herbert Echegaray, uno de los colaboradores en el proceso de limpieza del sitio arqueológico.

Según contó Echagaray, su abuelo ya trató hace 40 años de limpiar la misma zona, aunque su objetivo era aprovechar los andenes para sus cultivos. Según el ministerio de Cultura de Perú, Inkaraqay será integrado junto a la también cercana zona conocida como “Andenes Orientales” al circuito turístico del Parque Arqueológico de Machu Picchu.

“Andenes será parte del circuito el próximo año. En el caso de Inkaraqay tomará más tiempo”, señaló el director del parque Fernando Astete.

El Comercio/EFE