Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

En la ciudad también se construyeron áreas específicas para el enterramiento de diversos sectores sociales, que se diferencian entre sí por la arquitectura sepulcral, sobresaliendo las del sector de Cheqo Wasi por su arquitectura megalítica: se trata de cámaras funerarias semisubterráneas, de varios niveles en muchos casos, donde se habría enterrado a los gobernantes y a la nobleza Wari, y depositado objetos suntuarios de diversa índole traídos de lejanas distancias.

Durante esta primera época, la extensión de la ciudad debió alcanzar las 100 ha. Los investigadores señalan la existencia de construcciones circulares a manera de talleres-almacenes donde se habrían producido bienes suntuarios.

Destaca también, en esta etapa inicial, la construcción de templos de variado patrón arquitectónico en los que, por un lado, se utilizaron sillares pulidos como en Moraduchayoq, o, por otro lado, templos donde se combinó este aparejo con el pircado y el enlucido, como en Vegachayoq Moqo.

La evidencia más significativa y contundente en la ciudad de Wari del contacto –de algún tipo– con el altiplano, lo encontramos en el sector de Moraduchayoq, durante la primera fase constructiva, en la que se erigió un templete semisubterráneo similar al de Putuni en Tiwanaku, que a Isbell y otros les sugiere la presencia de constructores tiwanaku. Se trata de un templo semisubterráneo, construido de sillares pulidos. Esta edificación es conceptual y tecnológicamente, hasta hoy, la más altiplánica encontrada en la ciudad de Wari y está fechada para los inicios de Wari, 1A. Las otras construcciones que presentan evidencias de sillares están en el templo de Vegachayoq Moqo (donde sólo aparecen a manera de una hilada que remata la parte superior del llamado templo en forma de D) y en Cheqo Wasi, que es de mayor diversidad. Sospecho que en estos casos se trata de construcciones ligeramente algo más tardías que el templete semisubterráneo.

Hay muchos otros elementos arquitectónicos cuyas semejanzas son muy marcadas entre Wari y Tiwanaku, tanto en concepto como en tecnología, sobresaliendo, por cierto, los rasgos de la tradición más antigua del altiplano. Sin embargo, estas manifestaciones deben considerarse en Wari como una percepción laica de los ayacuchanos de la arquitectura altiplánica predominantemente religiosa. Por ello no son una copia, sino una adaptación que resulta tener muchas variaciones; aun si aceptáramos que fueron “…trabajadores o soldados Tiwanaku que construyeron monumentos a los inicios del Horizonte Medio (IA) como una forma de tributar a la victoriosa nueva capital…” (Isbell 1991: 306), lo que confirmaría la tesis sostenida por Lumbreras de vencidos tiwanakus traídos de Moquegua.

Resulta sumamente interesante, por otro lado, pensar en que el templete semisubterráneo tiene una corta duración, de más o menos 50 años. ¿Por qué se rellenan y se construyen nuevas edificaciones de naturaleza no religiosa? Esta clausura coincide con la expansión del estado y la reconstrucción de la ciudad con predominio de la arquitectura secular, viviendas, residencias palaciegas y edificios administrativos. El sistema religioso del nuevo estado expansivo privilegia la “Deidad de los Báculos”, la imagen central del culto, sagrado símbolo que encabeza las conquistas. Los templos, al parecer, se restringen en la ciudad a tener un perfil secundario. El proyecto religioso inicial basado en los templos, quizá oráculos, en el que según Isbell, Wari era el centro ceremonial durante el Horizonte Medio 1A, fue abortado por la transformación secular que sufrió el estado en la época 1B.

Debo destacar, por otro lado, que el nuevo sistema de creencias Wari, si bien no se basa más en los templos, adopta entre otras, una práctica nueva, la del culto al ancestro, sin antecedentes en la región, cuyas tumbas corresponderían a las encontradas fundamentalmente en Cheqo Wasi. Se trataría de otro elemento tomado del sur.

En este segundo momento (época 1B), Wari alcanza un crecimiento que cubre un porcentaje significativo del perímetro actual, que correspondería también a gran parte de las diversas edificaciones que hoy se observan, sobre todo en el lado sur de la ciudad.

La población continúa creciendo, producto del flujo migratorio de los valles cercanos como Huanta o el mismo valle de Ayacucho, quizá también por la presencia de gentes llegadas de regiones distantes, tal vez de Cajamarca –cuyo estilo alfarero tiene mucho prestigio–, de la costa central y sur, entre otros luga-res, sea por razones administrativas, de intercambio y/o por el prestigio de los pequeños templos todavía existentes.

Durante esta época, la planificación urbana marca el crecimiento de la ciudad. Para esto se formaliza la planimetría ortogonal como concepto y se introducen nuevos patrones como los grandes sectores, que sirvieron para dividir la ciudad entera, y que a su vez comprendían un grupo de conjuntos rectangulares, cuadrangulares o trapezoidales donde se construyeron los edificios.

Los elementos arquitectónicos que definieron la estructura básica de estos nuevos patrones fueron: calles largas y pequeñas, anchas y angostas, y muros de cerramiento periféricos.

Como parte de la nueva estructura que va adquiriendo la ciudad, están presentes también las plazas o simples espacios abiertos a manera de patios y galerías. La forma de los edificios es predominantemente rectangular. El enlucido con estuco y el pintado de las paredes y pisos es común, utilizándose los colores amarillo, blanco y rojo claro.

Las tumbas de Cheqo Wasi constituyeron verdaderas cámaras funerarias subterráneas, de varios niveles en muchos casos.

Como decíamos líneas arriba, en esta época el templete semisubterráneo de Moraduchayoq se cubrió y dio pase a la construcción de un conjunto arquitectónico o canchón con nuevos elementos. El área fue delimitada como un conjunto en base a calles circundantes. Las edificaciones están dentro de un sector trapezoidal y rectangular que es el más grande; destacando los patios y los edificios rectangulares construidos alrededor. Esta característica marcaría una etapa significativa en la construcción de la ciudad, puesto que la llamada por Isbell “arquitectura celular ortogonal” se convierte en el patrón generalizado. Este conjunto tiene 5 mil metros cuadrados aproximadamente. Los datos arqueológicos recuperados en Moraduchayoq indican que en este sector se realizaban actividades administrativas de rango medio. Aquí, como en otras áreas administrativas, religiosas y residenciales, se observan nichos en los muros que en unos casos contienen ofrendas, bienes de uso doméstico y, en otros, restos de lumbre

Los sectores de Moraduchayoq, Cheqo Wasi, Mongachayoq, etc. corresponden al lado sur de la ciudad, caracterizado porque el ancho y la altura de los muros de sus construcciones son de menores dimensiones. En este lado también están concentrados los espacios ceremoniales, como templetes y cámaras funerarias que no se encuentran aparentemente en el lado norte de la ciudad. Observaciones hechas por otro lado en la parte norte de la ciudad, que corresponden a diferentes sectores –que van desde Capillapata hasta Canterón y Robles Moqo–, señalan una diferencia sustantiva, como la gran dimensión de sus conjuntos, sus grandes edificaciones o sus conjuntos rectangulares o trapezoidales de hasta 400 m de largo como el de Capillapata, por ejemplo, correspondientes a la época 2. Se trataría, al parecer, de la última remodelación de la ciudad, en la que habría algunos sectores inconclusos. Dada la magnitud del área construida y el tamaño de los recintos, como los grandes canchones que en muchos casos pasan de los 400 m de largo, o las grandes plazas, Isbell presume que era “el centro de la autoridad política”. La ciudad habría ocupado un área de 400 ha e incrementado su población, calculada entre los 30 y 50 mil habitantes. Esta demografía urbana de ninguna manera modifica la naturaleza rural de la sociedad en el Horizonte Medio. Tampoco ningún otro tipo de centro urbano anterior o posterior a Wari habría cambiado la composición mayoritariamente campesina de la sociedad andina. Los centros urbanos en los Andes prehispánicos tuvieron en general corta duración y su composición poblacional fue flotante, mientras que el patrón rural, por el contrario, siempre fue constante, cualquiera haya sido el sistema político vigente

Las construcciones son de piedra, de muros de dos caras y argamasa de barro; hay evidencias de que muchas edificaciones tuvieron varios pisos como Ushpa Qoto. Los muros altos son de forma trapezoidal, más anchos en la base y angostos en la parte superior, alcanzan los 3 m de ancho en su base y más de 10 m de altura, como en el conjunto de Capillapata. El uso de las piedras labradas a manera de sillares o losas de forma rectangular, cuadrada o semicircular se reduce y se mantiene en áreas ceremoniales como cámaras funerarias.

Además de los sectores que hemos señalado, existen otros más como Turquesayoq, Ushpa Qoto, Yanapunta, Galvezchayoq, Campanayoq, todos ellos con visibles atributos que los diferencian el uno del otro. Se les llama también barrios. En cada uno de ellos se encuentran materiales diagnósticos que señalarían el tipo de actividades realizadas. Por ejemplo, en Turquesayoq, se encuentran en la superficie cuentas de collares, fragmentos de crisocola y otros pedazos de adornos; o en Yanapunta donde abundan fragmentos de obsidiana y algunas puntas; o la presencia de un número significativo de moldes y figuras humanas moldeadas encontrados por G. Vescelius en 1970 en Ushpa Qoto, que señalan con seguridad un taller depósito; o la presencia en distintos sectores de cámaras subterráneas, de edificaciones circulares, galerías subterráneas y de zonas donde se concentran fragmentos de cerámica como otros probables talleres o depósitos. Estos hallazgos sin embargo, son sólo indicadores hasta el momento.

En fin, Wari representa la primera ciudad en los Andes, de la que por falta de más excavaciones sistemáticas no tenemos mayor información sobre las características exactas de gran parte de sus sectores.

Finalmente, merece destacarse la posición estratégica de la ciudad de Wari, que se ubica en una región de fácil acceso hacia la costa central y sur por el oeste, a la ceja de selva de la cuenca del Apurímac por el este, y que es un punto intermedio en la comunicación con la sierra norte y sur andinos. Esta red de acceso está evidenciada por la presencia de asentamientos Wari a la vera de los caminos oficiales o, en ausencia de ellos, por la presencia de cerámica que señala un flujo intenso en aquellos tiempos. Cabe recordar que si bien los linderos de la frontera Wari en los que se ejercita soberanía plena corresponden a Cajamarca, Cuzco y Moquegua, la presencia Wari se constata más allá de esos territorios, sobre todo en la cerámica o en pequeños asentamientos. Sin embargo, no sabemos aún qué carácter tiene esta presencia, aunque algunos rasgos fueron descritos cuando nos referimos a la presencia Wari en dichas regiones.

Calle central en el centro provincial urbano wari de Wiracochapampa, La Libertad.[/caption

Wari fue el centro administrativo principal que dirigió la articulación económica, social y política con las naciones conquistadas. También reguló, a través de la religión y la fuerza militar disuasiva, las formas de conducta de las culturas dominadas.

La distribución de sitios arqueológicos alrededor de Wari en la cuenca ayacuchana nos revela un patrón de asentamiento relacionado con la urbe. De acuerdo a quienes han trabajado en el área, se trata de sitios con arquitectura planificada y con funciones de regulación administrativa. La distancia a que se encuentran en relación a Wari, la dimensión de sus construcciones y la variedad de objetos recuperados en ellos nos hablan de su importancia jerárquica.

Un análisis del patrón de asentamiento en otras cuencas: Pikillaqta (Cuzco), Jincamoqo (sierra sur ayacuchana) y Wiracochapampa (sierra norte) nos muestra grandes centros administrativos que controlaban también regiones internas a través de otros sitios Wari más pequeños en complejidad y extensión. De hecho, reproducen lo que Wari es para la cuenca ayacuchana, pero a la vez, respetando la primacía y la sujeción a la ciudad de Wari.

SISTEMA DE CREENCIAS

Entre los años 550 y 800 d.C. aproximadamente, se produjeron grandes y trascendentales cambios en los Andes centrales y centro sur, siendo Wari y Tiwanaku las culturas que identifican estas transformaciones. El conjunto de estos cambios fue explicado por los arqueólogos dentro de los marcos de la evolución cultural, conservando las nociones históricas de progreso y etapas que el racionalismo evolucionista inicial había planteado. Los cambios prehispánicos fueron paulatinos, siempre de menos a más y en momentos históricos específicos, en los que la ideología religiosa fue decisiva.

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