Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

Destaca la alfarería que representa a un ser mítico conocido como el “Grifo de Pachacamac”, que tiene diversas representaciones. Esta divinidad ornitomorfa reflejaría cambios a través del tiempo –de acuerdo con Menzel–, cuyos orígenes estarían en Qonchopata, aunque otros le asignan mayores rasgos Tiwanaku. Algunos investigadores sugieren que Cajamarquilla es el sitio-tipo Wari; sin embargo, quienes han excavado el sitio, lo ubican en una posición cronológica más bien correspondiente al Período Intermedio Temprano, existiendo –según Shady– hasta la época 2 del Horizonte Medio, en que decae con Nievería. Solamente existiría una pequeña construcción de filiación Wari. ¿Se trata de una reocupación Wari durante el Horizonte Medio, inaugurando un nuevo modelo de incursión política, o Cajamarquilla mantuvo cierta independencia de Wari? Pero aparte de Cajamarquilla, hay evidencias Wari en Ancón y en los últimos años se han encontrado sitios Wari en las partes medias y altas de valles como Socos en el Chillón, registrados por Isla y Guerrero, de la misma manera que en Topará y Chincha en el sur chico.

COLONIAS WARI EN LA SELVA

El bosque tropical de los Andes orientales ha jugado un rol trascendental en el desarrollo civilizatorio de la región, a tal punto que no se puede hablar de cultura andina sin reconocer las grandes contribuciones en diferentes aspectos de las poblaciones de la cuenca amazónica. No sólo por haber aportado especies de plantas que forman parte de la dieta alimenticia de las sociedades sudamericanas, sino también por haber complementado significativamente la formulación ideológica de la cultura andina. El ritual religioso andino asimiló prácticas chamanísticas, entre ellas el uso de un conjunto de plantas alucinógenas de la selva tropical.

El consumo de estas drogas en diversas ceremonias fue común, desde épocas anteriores al Horizonte Temprano, en las culturas costeñas, serranas y amazónicas.

Durante el Horizonte Medio, su uso era generalizado, por lo menos en el territorio Tiwanaku, tal como lo testimonian las tabletas para aspirar narcóticos encontradas en muchos sitios estudiados por Torres y Berenguer. En el caso Wari, a la fecha, no hay evidencia de artefacto alguno que nos lleve a pensar en un uso ceremonial de drogas alucinógenas selváticas que demuestre el interés por estos recursos. Sin embargo, el empeño Wari por acceder a la selva se nota en la ocupación de la selva alta ayacuchana del río Apurímac, a 600 msnm como promedio, probablemente para tener acceso directo a la coca manejando plantaciones desde sitios Wari como Vista Alegre y Palestina, investigados por S. Raymond.

La coca tiene una importancia trascendental en la vida cotidiana y ceremonial de la cultura andina y su producción y distribución han sido manejadas por las elites gobernantes. Si bien su domesticación se produjo en los Andes orientales, se cultivaba también en la costa, de acuerdo con Lathrap y Rostworowski.

Vista Alegre y Palestina se construyen siguiendo el patrón arquitectónico clásico Wari, similar a sus centros administrativos grandes. Estos dos sitios articulaban otros sitios más pequeños en el valle. Raymond dice que Vista Alegre y Palestina tienen una extensión de entre 15 y 30 ha, mientras que el otro grupo de sitios pequeños llega hasta una hectárea.

La costa y la selva alta formaron parte de los territorios no serranos que permitieron a los wari la complementariedad necesaria para un funcionamiento exitoso del estado. Como dice el profesor Bonavia, las colonizaciones estatales Wari en la selva son las primeras en crear el sistema y los inkas lo hacen más extensivo.

Vista Alegre está en la margen izquierda del río Apurímac y Palestina en la margen derecha, mediando entre ellos unos 20 km de distancia. La arquitectura de ambos sitios no está bien conservada, sin embargo Raymond ha podido encontrar cimientos y pequeños muros de piedra que configuran un patrón típicamente Wari, de conjuntos cuadrangulares y edificios de formas ortogonales, comparables con la arquitectura conocida para la ciudad de Wari. La alfarería encontrada en estos sitios data del Horizonte Medio, que en algunos casos sugiere conexiones probables con Jargampata, otro sitio Wari en la sierra de San Miguel, y con el núcleo central de la cuenca ayacuchana.

Finalmente, Raymond reporta la evidencia de un espécimen de obsidiana en Palestina, señalando el carácter intrusivo de gente serrana wari en la región. Además, dice el autor, se habrían construido estos sitios para controlar la producción de la coca, probablemente del algodón y proveerse de otros recursos llamados exóticos, como pájaros, plumas, monos, plantas alucinógenas y patas de tapir.

Obviamente, la costosa inversión asumida por el estado al colonizar un territorio de difícil acceso, evidencia por un lado el poder centralizado y la administración eficiente de la entidad política y, por otro lado, la gran importancia de la región, generosa en bienes de gran trascendencia, sobre todo para coadyuvar el complejo sistema de creencias Wari, uno de los pilares en que se sustentaba la política e ideología estatales.

LA CIUDAD DE WARI

Otro de los logros importantes en el Horizonte Medio es el surgimiento de la ciudad como la expresión más compleja y alta del urbanismo andino. Este urbanismo se cristaliza con Wari, que posteriormente influenciará en conceptos, patrones y tecnologías tanto a las culturas del Período Intermedio Tardío como a las del Horizonte Inka.

Igual que en el caso del estado, la ciudad ha sido concebida desde diversas perspectivas, y el uso del término responde más a la costumbre que a criterios sistemáticos y objetivos. Por ello, en el caso de los Andes centrales, se habla indiferenciadamente de ciudad para referirse a cualquier centro urbano antes y después del Horizonte Medio.

La ciudad de Wari podría ser el único ejemplo –de acuerdo a los datos actuales– que pueda definirse como tal, en todos los tiempos y regiones prehispánicos del área andina. Sus atributos se aproximan más hacia una definición ortodoxa y clásica de lo que era una ciudad en otras áreas civilizatorias del Viejo y Nuevo Mundo. Frecuentemente se presenta a Chan Chan y al Cuzco y Huánuco Pampa inkaicos como ejemplos de ciudad para los Andes prehispánicos. Sin embargo, el Cuzco es más una capital sagrada, como bien lo definió Rowe, que una ciudad strictu sensu. Huánuco Pampa sería análoga a Pikillaqta, y Chan Chan sería también una capital sagrada. Wari y Cuzco podrían ser comparados sólo en algunos aspectos como, por ejemplo, el manejo de los espacios a partir de conceptos abstractos y sagrados, y por haber servido de residencia a las elites gobernantes. Quizás todo esto sea una modalidad de connotaciones particulares andinas.

Como manifestación prístina, la ciudad de Wari ha atravesado por un proceso evolutivo desde pequeñas concentraciones aldeanas de desarrollo inorgánico en sus primeros tiempos, hasta la planificación dirigida por el estado que se expresa en la construcción de grandes sectores de formas regulares dentro de un sistema orgánico de crecimiento en los tiempos de plenitud de su desarrollo. Así lo demuestran las sucesivas construcciones, tanto en su crecimiento horizontal como en su superposición, rediseñando espacios y construyendo nuevas y planificadas edificaciones.

Este crecimiento relativamente rápido de Wari hace que su arquitectura refleje una variación sustantiva por las remodelaciones hechas en relación a otros centros Wari como Azángaro, Pikillaqta o Jincamoqo, donde la arquitectura se acomoda a una definida política estatal. Las experiencias adquiridas en las campañas de conquista incentivaron la modificación de los patrones citadinos ayacuchanos por la planificación urbana provincial, para un mejor sistema de gobernación. El estado Wari asume la planificación para lograr innovaciones más significativas tanto en los conceptos urbanísticos como en la tecnología constructiva. La plenitud de la ciudad de Wari se alcanza en la época 2.

Los criterios para asignarle a Wari la categoría de ciudad se basan en su gran extensión y alta densidad poblacional, su compleja organización interna, cotidiana y pública y, finalmente, en su posición estratégica en la geopolítica estatal. Sin embargo, considero que estos rasgos son poco relevantes, pues se ajustan a criterios clásicos más o menos universales. La ciudad andina tendría más bien aspectos abstractos que la perfilan hacia un modelo urbano distinto.

La ciudad de Wari se encuentra en los linderos de Huanta, cubre un área de unas 2 000 ha sobre un terreno ligeramente en declive en la prolongación oriental de las estribaciones de una cadena montañosa donde se ubica la pampa de la Quinua, escenario de la batalla de Ayacucho, a unos 25 km al norte de la actual ciudad de Ayacucho. Es un área entre los 2 900 y 2 600 msnm. Tierra árida, clima de buen temple, con fuentes de agua muy escasas que determinaron su uso sólo a partir de pequeñas obras hidráulicas. El núcleo urbano tiene unas 400 ha, donde están concentrados los restos arquitectónicos y cerámicos. En la actualidad se observa que el sitio ha sufrido una transformación significativa por la apertura de chacras para el cultivo temporal, el huaqueo, la construcción de carreteras, el derrumbamiento de los muros por el paso del tiempo y el crecimiento de plantas xerofíticas, que no permiten siquiera el levantamiento planimétrico completo del sitio.

Las evidencias arqueológicas señalan una ocupación continua desde el Horizonte Temprano, cuyos escasos restos se hallan en diferentes puntos del sitio, pero que en ningún caso representan grandes y monumentales construcciones.

El crecimiento de la ciudad como tal, con sucesivas ampliaciones, remodelaciones o cambios de diferente orden debió darse entre los años 550 d.C., que corresponderían al final del Período Intermedio Temprano hasta el Horizonte Medio, época 2, alrededor del 800 d.C.

Lumbreras plantea que a finales del Período Intermedio Temprano grupos de pobladores warpa se afincaron en ciertos sectores de lo que posteriormente sería la ciudad. Se trata de pequeñas construcciones aglutinadas a manera de aldeas, con una estructura interna que refleja cambios arquitectónicos. Se presume, de acuerdo con Isbell, que estas aldeas se agremiaron formando el principio de la ciudad como parece suceder en el lado suroeste, donde se evidencian las construcciones. No conocemos a la fecha ni la dimensión ni el número de pobladores de este sitio para esta época. Si bien se señala que se construyeron templos, éstos no fueron la matriz de las edificaciones, debido a la naturaleza secular del desarrollo cultural de esta región.

Se trataría de aldeas cuyos pobladores eran originalmente agricultores que se desplazaron y reorientaron sus actividades sustancialmente a la producción manufacturera.

En general, en las aldeas Warpa destacan las construcciones circulares como las de Ñawinpuquio, que evidencian muros y pisos pintados, edificios rectangulares y muchos muros anchos y delgados.

Entrada ya la época 1A, Wari crece como ciudad, incrementándose su población como resultado de nuevas migraciones de zonas próximas y distantes, animadas entre otras razones por su atractivo y prestigio crecientes. Se amplía su extensión con las nuevas edificaciones de diferente naturaleza y función. Se trazan nuevos conjuntos definidos por muros de cerramiento o calles rectas y angostas, como los del lado sur de la ciudad, excavados por diferentes investigadores. Creo que de aquí parte el concepto de canchón, que décadas más tarde será un concepto de uso generalizado en la planificación y construcción de la ciudad.

La planificación se refleja también en la construcción de obras públicas de mediana envergadura como canales de abastecimiento de agua y drenaje, que los arqueólogos han encontrado por debajo de los pisos de las edificaciones de la ciudad. Otras obras, en este nivel, debieron darse con la construcción de andenerías a pequeña escala en las estrechas y áridas laderas y quebradas en la periferia de la ciudad. Ambas obras debieron realizarse para la satisfacción de nuevas necesidades en vista del crecimiento poblacional del sitio.

Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en las décadas del 70 y del 80 por Isbell y sus colegas, especialmente en Moraduchayoq, más las realizadas por equipos de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga y el Instituto Nacional de Cultura, representan hoy por hoy los registros más significativos, ya que nos permiten visualizar sobre todo la secuencia constructiva y algunos rasgos sobre su función, que sirven, desde mi punto de vista, para explicar las etapas constructivas de toda la ciudad.

Vista parcial de las cámaras funerarias en Cheqo Wasi en la ciudad de Wari (Ayacucho), excavadas por la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Estas cámaras fueron reservadas a la elite wari.
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