Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

Las excavaciones llevadas a cabo por Anders no señalan especialización en la producción, ni uso do-

méstico en el sector central, señalado como depósito antes de la excavación, por su semejanza con el sector de Pikillaqta al que también se le asignó equivocadamente dicha función. Este sector tiene 340 pequeñas edificaciones de una regularidad arquitectónica sorprendente. Azángaro habría sido un sitio eminentemente ceremonial, de funciones calendáricas y rituales agrícolas manejados por mitayeros.

Azángaro habría sido gobernado bajo principios duales basados en la reciprocidad y no por una autoridad burocrática extremadamente centralizada, como señala Anders. Podría ser un nuevo modelo o principio de gobernación que aplicó el estado Wari, entre otros, que postulamos al inicio de este capítulo. En todo caso, estamos frente a nuevos manejos políticos con componentes ideológicos por parte del estado Wari. Si fuera así, podría ser una autoridad que emanaba del estado, o tal vez un enclave de la nobleza familiar Wari como sugieren algunos.

Colonias Wari: Cerro Baúl

Tal vez el ejemplo más contundente de la política colonial wari sea el sitio de Cerro Baúl, que expresa a la vez uno de los varios principios de gobernación que aplicó el estado en la mecánica de dominación y una de las formas operativas más eficaces para someter a los pueblos, utilizando la fuerza militar. El empleo de armas y conceptos de seguridad militar fue similar en los asentamientos Cerro Baúl y Cerro Mejía.

El escenario es el valle de Moquegua, territorio tradicionalmente ocupado y dominado por entidades políticas del altiplano del Titicaca; y en la época del Horizonte Medio por grupos de filiación tiwanaku, que son desplazados en parte por los wari. Sorprende por tanto que este valle costeño, muy próximo al altiplano, tradicionalmente territorio al que acudían altiplánicos para abastecerse de diferentes recursos costeños, sobre todo el maíz en el valle medio, haya sido también ocupado por ayacuchanos, procedentes de territorios muy distantes a Moquegua. Quienes han investigado el tema, como Lumbreras, Moseley y Watanabe, destacan el carácter intrusivo de Wari en Moquegua.

Cerro Baúl es un cerro de cima plana, definido en sus lados por farallones que lo cortan verticalmente. Su ubicación es estratégica y su ingreso se realiza sólo a tra- Plano del sitio de Cerro Baúl, Moquegua, colonia meridional wari. vés de un área controlada. Allí los wari  construyeron un conjunto de edificios rectangulares, cuadrangulares, circulares o en forma de D, entre plazas, patios y corredores. Todos estos elementos resaltan una planificación arquitectónica no tan lograda como en Pikillaqta, quizás por su temprana construcción, ya que ello sucedió en la época 1, en la primera expansión, que se evidencia por la cerámica ayacuchana Okros y Chakipampa. Tiene una extensión de más de 8 ha y su ocupación fue continua e intensa hasta la época 2, evidenciada por la cerámica Qosqopa y Viñaque, analizada por Lumbreras.

La ocupación intrusiva y militar se evidencia por el hallazgo de una cantidad significativa de puntas de proyectil y lascas de obsidiana, cuarcita y riolita, similares a las encontradas en la ciudad de Wari. Además, destruyeron y saquearon muchos templos y aldeas Tiwanaku en la región. A diferencia de otros sitios aquí se habría asentado un “gobernador militar”, como dice Isbell.

Destacan también los hallazgos de batanes que podrían haber servido para preparar alimentos según algunos autores, y para moler cobre, según otros. Se ha encontrado también crisocola (turquesa) y lapislázuli. Todo esto indicaría que los wari habrían estado procesando materiales de la región en talleres ubicados en Cerro Baúl. La presencia de materias primas en el sitio puede explicarse considerando a Cerro Baúl como un enclave, que entre otras funciones servía para el almacenaje previo y temporal de materiales antes de ser transportados a la ciudad de Wari en Ayacucho, y para que las piedras semipreciosas fueran transformadas en los talleres. En todo caso, los únicos sitios que se conocen para abastecerse de éstos y otros materiales se encuentran en Moquegua, Cuajone o tal vez en el norte chileno donde hay turquesa. Cerro Baúl habría sido también una de las primeras “paradas” en el sistema de abastecimiento a la ciudad de Wari.

Resumiendo, Cerro Baúl fue el núcleo de colonización más importante en la explotación de recursos naturales por los que se conquistó la región, diferenciándose de Tiwanaku que estaría en la región sobre todo para cultivar maíz en el valle medio, actividad que continuó incluso después del colapso Wari.

PRESENCIA WARI EN LA COSTA

La presencia Wari en la costa es bastante compleja y hay desacuerdo entre quienes investigan el tema, debido a la lectura e interpretación disímiles de los distintos tipos de evidencias que existen.

Las evidencias señalan presencia ayacuchana en la costa sur incluso desde el Período Intermedio Temprano y contactos continuos, intensos y adaptables a ciertas circunstancias durante todo el Horizonte Medio, aunque en las etapas finales de este Horizonte pareciera tener cierta independencia de Wari y reorientar sus contactos con entidades culturales costeñas. Identifica a esta época el estilo Atarco de fuertes vínculos con Tiwanaku. El problema se suscita cuando nos referimos a la presencia

Wari en la costa central y costa norte. A diferencia de la primera, donde se van conociendo sitios y alfarería de filiación Wari Clásico, en la costa norte están totalmente ausentes tanto los asentamientos como la cerámica Wari, a no ser que se trate de cerámica en contextos ceremoniales, como veremos más adelante.

Pues bien, hay suficientes indicadores en la costa que señalan cambios durante las épocas 1B y 2, como resultado de alguna forma de injerencia Wari que no corresponde a una conquista militar, principio político ejecutado en otras regiones. En la costa central y norteña los wari aplicaron otros mecanismos de gobernación –concordantes con la naturaleza compleja de las entidades políticas locales que diferían sustancialmente de otras regiones– como parte de los principios de la regionalización política estatal. La presencia Wari en dichas regiones es evidente, pero aún no sabemos cuáles fueron los mecanismos operativos que emplearon para su asimilación. Aparentemente, no anuló sus tradiciones culturales y pudo haber conservado incluso a las elites locales gobernantes, funcionando sobre la base de mecanismos de gobernación de principios bilaterales. No

Botella con representación de rostro humano, se habría tratado de estilo Wari-Pachacamac. una conquista ni de una invasión en el

modelo clásico Wari que muchos autores sugieren.

Por ahora, el estudio de la región septentrional costeña durante la época Wari es sumamente problemático debido a la ausencia de centros urbanos que, como sucede en las otras regiones Wari, son los únicos testimonios de la modalidad de gobernación directa del estado. Tan complejo es el asunto

Ejemplos de expresión alfarera de la cultura Wari en la costa central del Perú. A la izquierda vaso con representación de grecas y a la derecha, cabeza-trofeo.

Las investigaciones en el futuro pueden confirmar o no esta idea, o a la vez encontrar otras motivaciones como la metalurgia.

Otro punto importante por el cual se explicaría la ausencia de rasgos arquitectónicos Wari en la región, radica en la complejidad política de la costa norte cuyas sociedades, a diferencia de aquellas que predominaban en la extensa región serrana previa a la conquista –exceptuando quizás Cajamarca–, no eran entidades sociopolíticas débiles.

En el norte, Moche representaba una entidad política de señoríos segmentados según algunos autores, con una sólida ideología religiosa que integró y reforzó intereses comunes en torno quizás de Ai-apaec, e impidió así la incursión de una ideología Wari serrana, que intentaría una integración como la lograda a ese nivel en otras regiones conquistadas. Esto explicaría en parte por qué la alfarería Wari está más en sitios Moche a manera de ofrendas, como en los valles de Chicama y Moche (de acuerdo con Donnan y Mackey), e incluso en los valles más que los propios investigadores que trabajan el tema en la región tienen planteamientos opuestos.

Las evidencias Wari conocidas hasta hoy en el valle de Supe, con Chimu Capac, y quizás en Casma, con Purgatorio, resultan ser las más septentrionales de la representación arquitectónica y alfarera de filiación Wari.

La costa norte le permitía al estado Wari el acceso a tierras maiceras para los fines estatales y también a recursos marinos de utilidad ornamental y ritual, como el Spondylus, procedente de las aguas templadas de la costa ecuatoriana. Por la lejanía del núcleo central Wari y quizás también por la ausencia de variedades de maíz preferidas por los wari, consideramos, por ahora, que la primera motivación tiene relativa importancia para una incursión. al sur y al norte. Ello

también explicaría en parte la ausencia de sitios Wari de patrones clásicos ortogonales.

Sin embargo, a Wari le habría interesado copar las esferas de gobierno y administración, para lo cual no requería de asentamientos propios ni de cambios sustantivos en la cultura material local (alfarería Moche V y pintura mural, por ejemplo). Los cambios drásticos se dan en los nuevos mecanismos políticos con los que Moche se interna en su fase V, que se reflejan en los nuevos patrones de asentamiento, en los nuevos conceptos arquitectónico-urbanos de Pampa Grande y Galindo, y en las prácticas mortuorias y manejo de regiones diferenciadas entre el norte y sur del territorio moche; entre otros cambios según algunos autores. Creo entonces que Wari se introduce ideológicamente muy temprano en la región hasta probablemente finales de la época 2 cuando colapsa, pero continuó estimulando otros procesos culturales.

la posible utilización de “monedas de cobre”, que a manera de pequeñas láminas –naipes los llaman algunos–, se encuentran empaquetadas entre otros objetos en algunas tumbas; según Shimada, se habrían utilizado para el intercambio comercial con poblaciones de la costa ecuatoriana. Asociada a esta cultura se menciona frecuentemente la leyenda de Naymlap, que habría inaugurado una dinastía de gobernantes en la región lambayecana; sin embargo es difícil probar la historicidad de estos personajes.

En la costa central, a partir de la época 2, Pachacamac es el sitio más importante y el oráculo de mayor prestigio de un gran territorio. Su desarrollo tiene elementos Wari y quizás haya sido –como sugirió Rowe– una colonia de ayacuchanos que se afincaron en el sitio y mantuvieron –a pesar de que podría ser una entidad política independiente– vínculos con Wari. En Pachacamac tampoco se conoce, por ahora, la clásica arquitectura Wari. Los investigadores que tratan el tema reconocen que Pachacamac tuvo fuerte influencia en los valles circundantes y que dicho prestigio e influencia llegaron hasta Supe en la costa norte; hasta Ica en la costa sur y hasta Wariwillka en el valle del Mantaro en la sierra central.

Destaca la alfarería que representa a un ser mítico conocido

En la región de Lambayeque, durante el Horizonte Medio, donde según Shimada convergen elementos diversos como Moche, Wari, Cajamarca y elementos locales, el problema cultural es más complejo aún, pero se reconoce el impulso decisivo de Wari. Hacia el 850 d.C. florece la cultura Sicán según Shimada, que no es sino la cultura Lambayeque. Batán Grande fue el núcleo religioso más importante, con un número significativo de grandes monumentos. Caracteriza a esta cultura una vasija llamada “Huaco Rey”. Merece destacarse el gran desarrollo metalúrgico alcanzado por esta sociedad la posible utilización de “monedas de cobre”, que a manera de pequeñas láminas –naipes los llaman algunos–, se encuentran empaquetadas entre otros objetos en algunas tumbas; según Shimada, se habrían utilizado para el intercambio comercial con poblaciones de la costa ecuatoriana. Asociada a esta cultura se menciona frecuentemente la leyenda de Naymlap, que habría inaugurado una dinastía de gobernantes en la región lambayecana; sin embargo es difícil probar la historicidad de estos personajes.

En la costa central, a partir de la época 2, Pachacamac es el sitio más importante y el oráculo de mayor prestigio de un gran territorio. Su desarrollo tiene elementos Wari y quizás haya sido –como sugirió Rowe– una colonia de ayacuchanos que se afincaron en el sitio y mantuvieron –a pesar de que podría ser una entidad política independiente– vínculos con Wari. En Pachacamac tampoco se conoce, por ahora, la clásica arquitectura Wari. Los investigadores que tratan el tema reconocen que Pachacamac tuvo fuerte influencia en los valles circundantes y que dicho prestigio e influencia llegaron hasta Supe en la costa norte; hasta Ica en la costa sur y hasta Wariwillka en el valle del Mantaro en la sierra central.

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