Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

En segundo lugar, el tratamiento de Wari como entidad política estatal pasa por los planteamientos de una discusión publicada en la Revista Andina del Cuzco el año 1985, la cual considero como el esfuerzo colectivo más logrado para definir las características del estado Wari. Aunque debo señalar que, como siempre ocurre en este tipo de debates, los autores expresan en sus descripciones más de “cómo deberían ser” que “cómo realmente son” las cosas. William Isbell fue quien centró la discusión sobre el tema en dicha publicación, aunque posteriormente ha afirmado que los términos “imperio” y “estado” referidos para Wari, deben considerarse provisionales.

Isbell presenta a discusión una propuesta sobre el origen del estado en Ayacucho, basada en un modelo de Wright y Johnson para el Cercano Oriente y postula “cuatro principales atributos” para el estado Wari: 1) “Administración jerárquica especializada” con oficinas y personal apropiado, que procesaría diversa información en base a registros, además de una jerarquía entre los sitios Wari. 2) Recolección de tributos para su mantenimiento. 3) División de clases sociales y 4) Una ideología estatal en base a “símbolos de autoridad jerárquica”.

Consideramos en principio válidas estas proposiciones, ya que se sustentan como modelo, en otras experiencias no andinas. Creemos también por principio que la singularidad de los procesos excluye o incrementa las variables. La ausencia o presencia de uno o más de estos atributos no impide que las sociedades se organicen en estados. Éste es el caso de la proposición de “clases sociales” en la argumentación del estado Wari. Creo que “clases sociales” es una proposición que no tiene argumentación fáctica en el caso andino prehispánico, porque percibo que algunos de sus rasgos definitorios están ausentes.

Lo que notamos es una diferenciación social jerarquizada. Se perciben trabajadores en general, muchos de ellos especializados y subvencionados –sobre todo los vinculados al culto y los sectores militares– que no participan directamente en la producción, y finalmente sectores gubernamentales administrativos. Esta representación social no propone clases sociales. En las sociedades andinas preindustriales las clases sociales no son consustanciales con el estado. Creemos que strictu sensu las tradiciones culturales de los grupos humanos andinos que participan en la producción ameritan se les considere mucho más que “fuerzas productivas”. Como dice Thompson, una clase social es también una formación cultural y económica. En las sociedades prehispánicas andinas, el ayllu, el parentesco, la reciprocidad, la redistribución y la etnicidad articulan y definen las relaciones sociales.

Un aspecto que sí es sumamente relevante en la argumentación del estado Wari es aquella que nos ofrece la arquitectura secular que se encuentra en el mismo sitio Wari y en sus “provincias”.

Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en el sector de Moraduchayoq en Wari, Azángaro, Pikillaqta, Jincamoqo y Jargampata entre las más recientes, evidencian la presencia novedosa de una arquitectura pública planificada preferentemente ortogonal, con sectores separados por muros que señalan por cierto funciones diferenciadas. También la construcción de sitios próximos o lejanos al núcleo Wari, tanto en la distribución de sus edificaciones como en su forma regular, demuestra organicidad en el desarrollo urbano y una política urbanística de sello estatal. Muchos de estos rasgos fueron asimilados por las posteriores sociedades andinas incluida la inka.

Abstrayendo estas evidencias, se deduce la presencia de una especie de oficinas administrativas, en conjuntos de recintos alargados articulados por espacios centrales a manera de patios que asociados con otros rasgos arquitectónicos como banquetas y otros bienes muebles, permiten señalar a su excavadora, Brewster-Wray, que este sector habría servido para realizar encuentros administrativos tanto entre los pobladores del sitio como probablemente con funcionarios de sus colonias, como podría sugerir el hallazgo de cerámica Pachacamac en el sitio, según Isbell.

Este tipo de centros sugiere la presencia de funcionarios estatales que habrían usado mecanismos contables de registro como los quipus inkas para procesar con seguridad activos fijos y renovables del sistema económico wari y emplearlos en la buena administración y logística del estado.

Se han encontrado algunos quipus –si bien no en contextos netamente administrativos– para la época Wari, como el registrado en Nazca por Conklin.

La presencia de quipus en el Horizonte Medio y Tardío refuerza más la singularidad del proceso andino, donde los sistemas mnemotécnicos son más relevantes para el manejo de la administración que, por ejemplo, la escritura, que postuló G. Childe para la definición de cualquier organización urbanoestatal. La escritura no se conoció en los Andes. Los estados preindustriales pudieron ser ágrafos, pero no carentes de sistemas contables codificados.

El estado Wari vendría a ser una entidad política panandina que dominó extensos territorios y mantuvo relaciones de distinto orden con otras formaciones tribales, protoestatales o estatales muy regionalizadas de naturaleza diferente, sobre todo en la costa norte y central.

CENTROS PROVINCIALES WARI

El éxito del sistema de gobierno Wari radicó en gran parte en el rol que desempeñaron sus centros administrativos construidos a distancias muy lejanas de la ciudad de Wari. El estado construyó una red de sitios claramente definidos al norte y sur del centro urbano, distintos en dimensión, complejidad y función. Pueden identificarse entre los sitios trabajados con mayor rigurosidad desde pequeñas construcciones a manera de tambos inkas, como sería Jincamoqo (de unas 4 ha, según Schreiber), hasta grandes instalaciones aglutinadas, como Pikillaqta (de unas 50 ha, de acuerdo con McEwan) en la frontera meridional serrana del Cuzco, o Wiracochapampa (con más de 30 ha, según Topic), en Huamachuco. También se conocen como centros administrativos los sitios Wari en el valle del Mantaro (Wariwillca) y en Ancash (Honqo Pampa), ambos instalados en posiciones estratégicas, controlando siempre recursos naturales y/o el acceso a poblaciones.

Estos centros administrativos fueron construidos cuando el estado Wari era ya una entidad política madura y corresponden al final de la época 1 y el transcurso de la época 2.

El modelo de articulación en las zonas costeñas es diferente a los empleados en gran parte de las regiones serranas. En consecuencia, Wari manejó

El centro provincial wari en Pikillaqta, Cuzco. El urbanismo wari de tipo administrativo se extendió prontamente por los diversos sitios que construyó esta unidad política.

Plano del sitio de Pikillaqta, Cuzco. En el sector noroeste obsérvese el conjunto de edificios, probablemente para guarniciones militares o trabajadores temporales, según McEwan. (Tomado de Isbell y McEwan, editores, 1991).

principios de gobernación diferentes, determinados o influidos por el grado de desarrollo de las formaciones culturales locales. Allí radica su habilidad.

La arquitectura Wari representativa de la planificación estatal en la sierra se encuentra en Pikillaqta, en Azángaro, y luego en Jincamoqo y Wiracochapampa, con funciones también diferentes de acuerdo con la jerarquía que tenían.

Pikillaqta

Fue probablemente el centro administrativo más importante y símbolo político estatal en el territorio meridional Wari, cuya filiación fuera señalada por Rowe sobre la base de la formaciones para el entendimiento de Pikillaqta, arquitectura semejante a la de Wari en Ayacucho. pues por un lado se desecharon muchas versiones Las posteriores investigaciones, primero por San- especulativas asignadas por los arqueólogos y, por ders y luego por McEwan, aportaron sustantivas in- otro, proporcionaron nuevos datos para explicar la función del sitio. Se trata de un centro fortificado que se construyó en las décadas finales del siglo VI y dejó de funcionar cuando Wari colapsó, alrededor del siglo IX d.n.e. Su ocupación fue intensa e ininterrumpida por unos 150 años.

El centro provincial wari en Pikillaqta, Cuzco. El urbanismo wari de tipo administrativo se extendió prontamente por los diversos sitios que construyó esta unidad política.

Representa el urbanismo planificado Wari por excelencia y se encuentra en la cuenca de Lucre, en un ambiente mesotérmico del curso del río Vilcanota en el Cuzco, territorio muy próximo a donde se deben haber encontrado Wari y Tiwanaku según Rowe. Es un lugar estratégico que controla el flujo de tres valles: al sur el valle medio alto del Vilcanota, por el noreste el valle medio bajo del Vilcanota y por el noroeste el valle de Quispicanchis, territorios maiceros estos dos últimos. Es el sitio más grande e importante entre muchos otros sitios Wari que hay en la cuenca. Sin duda, también residencia de la elite Wari, así como símbolo religioso, administrativo y político del estado en la región.

Fue construido planificadamente y refleja un concepto ortogonal Wari clásico, de acuerdo con Conklin e Isbell, donde son básicas las formas rectangular y cuadrada de los edificios, canchas y plazas. El acceso es restringido desde el exterior y la circulación interna es a través de calles y corredores por los que se accede a los conjuntos, también en forma restringida. Las grandes calles dividen los diferentes sectores del sitio, cuyos muros pasan los 12 m de altura.

La calle central de Pikillaqta.

McEwan señala dos funciones principales para Pikillaqta, la residencial y la ceremonial. Hay sectores residenciales habitados por grupos de elite, administradores y religiosos, y viviendas para la gente del común, que en este caso se trataría de personal de servicio, definidos por la “calidad de las construcciones y acabados de los pisos y también por las diferencias en el tipo y calidad de los artefactos” (McEwan 1983: 5). Muchos muros evidencian enlucido de yeso y edificaciones de dos pisos.

Destaca en todo el conjunto un sector donde la planificación y la uniformidad constructiva se expresan en grado máximo. Este sector –cerrado por muros periféricos– tiene 508 ambientes de acceso restringido y circulación interna rígida; muchos investigadores lo consideraron como el sector de las qolqas o depósitos estatales. Sin embargo, McEwan, al excavarlo, encontró indicadores de uso doméstico en 10 ambientes, lo que le permitió sugerir que se trataría de viviendas para guarniciones militares o trabajadores temporales.

La función ceremonial está representada por una construcción que tiene nichos en sus paredes y debajo del piso una ofrenda de cráneos humanos y objetos metálicos, que McEwan compara con una ofrenda similar encontrada en Moraduchayoq, como veremos en la descripción de la ciudad de Wari, y con el que Topic describe también para Wiraco

Wiracochapampa

La presencia wari en la región de Huamachuco obedece a una estrategia de control de acceso a recursos naturales y de gente pues, por su posición intermedia, podían desde allí fiscalizar territorios en el valle de Cajamarca y en los valles costeños del norte. Tal vez podría considerarse también como un punto intermedio en la ruta alternativa para el trafico de bienes exóticos del extremo norte costeño. Su o c u p a c i ó n habría sido intensa, aunque breve, según Topic, y sus pobladores no habrían alcanzado los objetivos de dominación estatal en la región, y quizás forzados por enfrentamientos habrían dejado el lugar de la construcción inconclusa del sitio–, o habrían sido desplazados por el poder y el prestigio de Cajamarca, que articuló territorios costeños muy ricos, como Lambayeque, de acuerdo con los datos proporcionados por Shimada.

Hay evidencias de presencia Wari en varios otros sitios en el valle, complementarias a Wiracochapampa. Wiracochapampa tiene una perspectiva arquitectónica wari, aunque poseería elementos significativos de tradiciones locales, como Marcahuamachuco, según postula Topic. Esto sería posible quizás sólo en la tecnología constructiva pero no en el concepto, ya que Wari es intrusivo en la región y su arquitectura es similar a los otros sitios Wari. La presencia Wari en la zona se da también en contexto religioso pues se ha encontrado una ofrenda en un “oráculo” local llamado Cerro Amaru. Finalmente, según los esposos Topic, hay también evidencias de depósitos.

El sitio se habría ocupado entre finales de la época 1B y las primeras décadas de la época 2A.

Jincamoqo

Mucho más clara se percibe la ocupación Wari en el valle del Carhuarazo, donde al igual que en otras cuencas de su hinterland serrano se construyeron varios sitios contemporáneos de relaciones complementarias, siendo Jincamoqo el más importante. Fue ocupado desde la época 1B hasta la época 2B, cuando colapsa el estado Wari.

 

Su presencia modificó el patrón de asentamiento en el valle pues los sitios wari están entre los 3 300 y 3 000 msnm, lo que se interpretaría, según Schreiber, como una intensificación de la producción de maíz mediante la construcción de andenes dirigida por los wari, quizás utilizando la experimentada mano de obra local como tributo laboral. Parte de esta producción pudo haberse almacenado en uno de los sitios wari en el valle, cuya característica formal sería diferente a las qolqas clásicas de la época inka, y llevada posteriormente a la ciudad de Wari en Ayacucho.

Azángaro

El sitio de Azángaro, por otro lado, es arquitectónica y urbanísticamente similar a Pikillaqta, y ambos son considerados modelos de planificación y administración estatal. Se encuentra en el valle de Huanta, muy próximo a la ciudad de Wari. Tiene 8 ha aproximadamente y es uno de los sitios más significativos de unos 12 que se han registrado en la cuenca de Ayacucho y Huanta. Corresponde a la época 2.

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