Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

 

El poco significado de estos factores en la región permitió, por el contrario, el desarrollo de aldeas aglutinadas de producción manufacturera y el aprendizaje de formas administrativas seculares durante el Período Intermedio Temprano, que al recibir el influjo religioso de cánones altiplánicos coadyuvarían al surgimiento de Wari.

Los orígenes Wari pueden explicarse entonces por la interacción diversa y recíproca de tres áreas de mucho prestigio y de desarrollo coetáneos como la región ayacuchana, la costa sur peruana y el altiplano peruano-boliviano, representadas por Warpa, Nazca y Tiwanaku Temprano. La relación entre cada una de ellas varía, destacando el desarrollo local Warpa, que con las características bastante críticas de su economía en general, empujará a que los ayacuchanos desarrollen en la costa sur formas de intercambio de productos y funden colonias simultáneamente. Además su bajo perfil religioso fue ventajoso en las perspectivas seculares.

Observaciones hechas por Rowe, Collier y Willey señalaron que en Wari la cerámica tenía rasgos Nazca, y predominantemente del entonces llamado “Tiwanaku costeño”. Bennett, con experiencia en trabajos de campo en Tiwanaku y Wari, anotó las diferencias existentes entre ambos centros y reconoció a la vez que compartían rasgos en la cerámica y arquitectura, asignándole al “Tiwanaku boliviano” una probable invasión directa que al fusionarse con tradiciones locales produjo el surgimiento del sitio Wari.

“Animal estrella” representado en cerámica, encontrado en las proximidades de Qonchopata, Ayacucho. Horizonte Medio, época 1A. (Tomado de Menzel 1977).

Sin embargo, fueron las investigaciones hechas en la década del 60 las que definieron a Wari y Tiwanaku como culturas independientes con raíces comunes, sobre todo los aportes de Lumbreras y Menzel. De esta manera quedó claro que los estilos alfareros y textiles que se encontraron en los Andes centrales no eran representaciones directas de Tiwanaku, y que más bien se trataba de una influencia Wari, que a partir de su núcleo central en Ayacucho se habría difundido por la costa, como lo había señalado precursoramente Larco en 1948. En los últimos tiempos, son muy meritorios los trabajos de A. Cook, quien con mucha rigurosidad define cuándo y en qué rasgos están presentes las relaciones entre Wari y el altiplano.

 

Menzel, además de reafirmar los contactos existentes entre Wari y Tiwanaku, señala puntualmente que los rasgos de Nazca 7 y 8 estaban presentes en Warpa. Posteriormente, Paulsen observó que esta relación cultural correspondía a aportes recíprocos, tanto en la arquitectura como en la cerámica, siendo la región ayacuchana la que aportó mayores y significativos elementos a Nazca, basado en las evidencias de Huaca del Loro, excavada por Strong en 1957. Parece ser que los ayacuchanos habían tenido colonias en la costa sur, pues no podría explicarse de otra manera el uso masivo de piedras como material constructivo nuevo, por un lado, y por otro, conceptos arquitectónicos también nuevos como los recintos circulares que abundan en sitios Warpa, como Ñawinpuquio, o en el mismo Wari. Otros sitios de avanzada podrían haber sido Pacheco y Tres Palos II, ambos en la costa sur.

La cerámica Warpa es en lo formal y lo cromático influenciada por Nazca y se percibe así desde Nazca 7 y 8 con el Warpa 3, 4 y 5, de acuerdo con Paulsen y Knobloch.

Según Lumbreras estos contactos resultan siendo parte de una larga tradición que viene desde el Horizonte Temprano, pero que en este momento resulta relevante por los cambios que se operan en el desarrollo alfarero y urbano administrativo. Habría por tanto una larga historia en la que se fue gestando y madurando una organización secular de pequeños centros urbanos antes que grandes centros ceremoniales y una experiencia administrativa jerarquizada también en los mismos niveles seculares, que se cristalizará con Wari. ¿Cómo fue este recorrido histórico? Aquí los planteamientos de un proceso bastante atípico.

Durante el Período Intermedio Temprano la región ayacuchana debe ser considerada como un área marginal frente a aquellas dominadas por los grandes centros ceremoniales que caracterizaron a la costa y la sierra norteñas, la costa central y sureña y el altiplano peruano-boliviano. Las manifestaciones religiosas fueron tenues, tanto en el período Inicial como en el Horizonte Temprano, cuando en las otras regiones estaban Huaca de los Reyes, Chavín de Huántar, Garagay o La Florida, entre otros grandes centros. Definitivamente, no se trató de un área privilegiada en arquitectura monumental religiosa en ningún período. No desarrolló modalidad religiosa de complejidad alguna ni tampoco recibió influencias de características monumentales. Lumbreras la define como marginal en las épocas de Chavín.

Vaso de la cultura Nazca con representación naturalista de un rostro humano, aproximadamente 300 d.C.

Esta marginalidad religiosa observada con óptica racional se encaminó ventajosamente a otro tipo de logros de orden secular, puesto que al estar libre de modelos que rigieran las formas de vida en general, pudo desarrollar por un lado un urbanismo temprano y, por otro, experiencias de gobernación administrativa más generalizadas, opuestas a la que ofrecía el sistema religioso.

 

Estos elementos deben ser considerados para entender el temprano y variado proceso de secularización que se manifiesta en el surgimiento de la ciudad y del estado. Esta perspectiva no desecha sin embargo otras variables complementarias en el surgimiento de Wari, que se explicaría por una causalidad multivariante, como dijera Flannery refiriéndose a los procesos estatales en general.

Por ello esta experiencia urbano-administrativa preestatal que le dieron quizás Ñawinpuquio, Churucana, Tantawasi, Simpapata y Tablapampa –entre otros pequeños centros poblacionales, productores y administrativos simples– es más importante para explicar la aparición de Wari, aunque muchos de estos pueblos (como Ñawinpuquio) fueron abandonados en la segunda mitad de la época 1 y otros absorbidos por la ciudad de Wari.

Los sitios arriba mencionados presentan un conjunto de rasgos arquitectónicos y urbanísticos novedosos que señalan un cambio sustancial. Los sitios crecen hasta tener grandes dimensiones, surgen las plazas, canchas, canales, vías de circulación internas de diversos tamaños y muros de cerramiento o muros divisorios. Se da la separación de los sitios en sectores diferenciados por las funciones que cumplen como áreas residenciales, talleres y áreas ceremoniales. Ñawinpuquio, trabajado por Lumbreras, presenta aún más: un mayor número de evidencias como residencias diferenciadas, áreas con fines religiosos, probablemente talleres, espacios abiertos y muros separando conjuntos arquitectónicos. Todo esto señalaría la gestación de una diferenciación cualitativa de la sociedad, cuyos nuevos rasgos de organización y especialización se materializan en la arquitectura descrita y en la cerámica.

Es posible también percibir una suerte de jerarquía de sitios tempranos, representados por algunos sitios Warpa cuyas dimensiones, proximidad o lejanía señalarían una relación de dependencia de varios sitios que reconocen el predominio de uno, como parece ocurrir con Tantawasi, para el valle norte de Huanta, que continuó funcionando en el Horizonte Medio –de acuerdo con Anders, quien encontró evidencias arquitectónicas Wari–, o Ñawinpuquio, en la cuenca de Huamanga, y algún otro sitio en la misma cuenca del actual sitio de Wari, dentro de la sugerencia que han hecho diferentes autores para la ocupación Warpa de la región.

Al final de Warpa hay cambios como el incremento de aldeas aglutinadas absorbiendo a las pequeñas, en una suerte de desruralización inicial de la región, que al abandonar el campo se concentraron formando macroaldeas para la producción alfarera, tecnológicamente más sofisticada y probablemente en serie.

Esa administración –como sistema– que requieren las ciudades la habrían tenido también a través de experiencias previas ad portas el Horizonte Medio. Su estructura secular regional habría sido, hasta cierto punto, determinante en la aparición del estado y la ciudad.

 

Las consideraciones arriba mencionadas de ninguna manera sugieren la exclusividad del origen estatal para Wari, pues es posible que administraciones protoestatales o estados no urbanos per se y de menor envergadura o escala debieron darse en el Período Intermedio Temprano, sobre todo en la costa norte y sur peruanos. Este tema, cuya discusión es de larga data, es muy sugestivo y muchos investigadores sostienen incluso que formaciones sociales estatales surgieron en el Horizonte Temprano y aun antes. Sin embargo, reafirmamos que ciertas condiciones presentadas en el área ayacuchana aceleraron la emergencia de la ciudad y el estado panandino juntos, cuya complejidad urbana y política no tiene precedentes, como analizaremos líneas adelante.

Continuidad histórica de la “Deidad de los Báculos”. (Tomado de Cook 1994).

Continuidad historica Deidad Baculos
Continuidad histórica de la “Deidad de los Báculos

Si bien lo religioso como expresión monumental o como sistema complejo de creencias no estuvo presente con fuerza en su gestión, Wari asimila un sistema religioso foráneo y lo repotencia, convirtiéndolo en medio eficaz para su desarrollo como estado conquistador.

Los wari no tuvieron los grandes centros ceremoniales u oráculos que existieron antes, por ejemplo en Chavín de Huántar o el mismo Tiwanaku. La construcción de templos no fue una característica wari; sí lo es su naturaleza secular. El estado Wari no es religioso en su naturaleza intrínseca, sino en su manifestación operativa. Aquella construcción registrada por Isbell al más puro estilo del templete semisubterráneo de Putuni, Tiwanaku, se abandona justo cuando Wari se torna en estado expansivo (1B) y se popularizan luego los temas religiosos en la cerámica, según Menzel.

Tiwanaku, por el contrario, sí obedece a un modelo de desarrollo donde lo religioso es consustancial desde sus orígenes. Y allí radica la diferencia con Wari, que repercute también en las políticas operativas de ambos estados. Los orígenes Tiwanaku son eminentemente religiosos y la naturaleza del estado Tiwanaku es teocrática, mientras Wari es un estado militarista disuasivo, persuasivo y conquistador por excelencia, y teocrático a posteriori. Según Cook, “…en Wari lo sobrenatural se combina con una jerarquía de figuras de elite, guerreros y cautivos”, mientras “…el repertorio (iconográfico) Tiwanaku enfatiza una serie de figuras sobrenaturales en cerámica o representaciones en grandes monolitos…” (Cook 1994: 180).

Tan decisivo fue el aspecto religioso que no sólo tiene que ver con los orígenes, sino también con el colapso de ambas sociedades. La emergencia y posterior copamiento territorial Wari están signados en la abrupta aparición en Ayacucho de la deidad de la Portada del Sol, aproximadamente por los años 550 d.C. y su colapso por los 800 d.C., cuando aún el estilo Wari se manifiesta de una u otra manera impregnando sus rasgos básicos. La presencia Wari de unos 300 años puede ser considerada como breve frente a Tiwanaku, que se desintegra recién hacia el 1200 d.C.

El prematuro colapso de Wari se explicaría porque el sistema de creencias asimilado no obedecía a una tradición local permanente o continua y la religiosidad altiplánica adoptada no se habría arraigadoen profundidad ni en el tiempo ni en el espacio en la sierra central y sureña no Tiwanaku.

Secuencia de los sacrificadores
Secuencia de los sacrificadores. (Tomado de Cook 1994).

Fue más fuerte el arraigo, incluso después del Horizonte Medio, en otras regiones como la costa, por ejemplo, pero no en Ayacucho; obviamente porque en regiones como la costa sur pudieron haber visto a la “Deidad de los Báculos” –o “Dios de las Varas”– de la Portada del Sol de Tiwanaku, semejante a un antiguo dios que ya tuvieron ancestros suyos en su tránsito por estas tierras desde Chavín al altiplano. Acaso la “Deidad de los Báculos” en Wari y Tiwanaku sea también un renacimiento religioso después de 300 años de hiatus que separan a Pukara (Período Intermedio Temprano) –cultura considerada como el antecedente más próximo de la imaginería religiosa– de los estados panandinos Wari y Tiwanaku. ¿Una religión reformada?

Por el contrario, Tiwanaku se originó en sociedades que durante los períodos anteriores tuvieron una matriz religiosa envolvente como Pukara, cuyas representaciones también pasan a Tiwanaku, que dura como dijimos más tiempo que Wari, aunque en un territorio mucho menor. Merece señalarse que de acuerdo con las últimas investigaciones, el hiatus entre Pukara, Wari y Tiwanaku se debería no a una discontinuidad de la tradición Pukara, sino más bien, según Cook, a la falta de mayores investigaciones, pues la ocupación Pukara no se reduce al lado norte del lago Titicaca, sino también abarca el lado sur, donde se asentara Tiwanaku –investigado por Mujica y Portugal–, así como los valles del Cuzco y la costa peruana y el norte chileno. Esta relación costa-sierra, por tanto, es anterior al Horizonte Medio, Wari y Tiwanaku IV, y la misma se corrobora con los hallazgos, por un lado, de implementos rituales como las tabletas para aspirar narcóticos en Niño Korin, en Kallijicho (Bolivia), en San Pedro de Atacama (Chile) y en las colonias tempranas en los valles de la costa del área centro sur.

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