Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

La cuenca del Mantaro, en la sierra central, estuvo densamente poblada cuando los inkas conquistaron la región alrededor de 1460. El conocimiento que tenemos de esta región se lo debemos sobre todo a las investigaciones arqueológicas realizadas a partir de los 70 por Browman, Matos, Parsons, Hastings, Hastorf, Le Blanc, Daltroy, Levine y Earle.

Sitio huanca de Unpamalca. Patrón arquitectónico aglutinado, característico del Período Intermedio Tardío, en la sierra central. (Tomado de Earle et al. 1987).

Algunos autores dividen esta cuenca en dos regiones. Por un lado, una que va desde las punas de Junín hasta Tarma; y por otro, la que va desde Jauja hasta Huancayo. En esta ultima región se asentaron los huanca, que representaron a una entidad política del tipo de jefatura incipiente (más bien tribal desarrollada) y construyeron los asentamientos más grandes fechados para este periodo. De ellos se cuenta con abundante información etnohistórica y arqueológica. Los huanca dominaron las punas, el valle medio aluvial y desarrollaron relaciones de diversos tipos con la ceja de selva. La agricultura, pastoreo y el intercambio regional formaban las bases de la economía de los pueblos.

Los estudios de Le Blanc en el valle de Yanamarca de la región de Jauja y del proyecto arqueológico Mantaro Alto de la Universidad de California han mostrado un conjunto de sitios de diversos tamaños, entre los que destacan Hatunmarca (130 ha), Tunamarca (32 ha) y Unpamalca, con una población promedio de 12 000, 8 000 y 3 500 pobladores, respectivamente. Parecen ser los núcleos más importantes, que a su vez integraron administrativamente pequeños sitios. Hatunmarca debió ser el núcleo más representativo de la cultura Huanca Tardío, que no sólo se diferencia por el tamaño, la densidad de su población y la trama urbana, sino también por la aparición de una arquitectura pública, ausente en las pequeñas aldeas de características más domésticas, lo que señalaría un incipiente desarrollo político especializado.

Después de la conquista y pacificación inka (1460) se produjeron cambios drásticos y significativos en la región, tanto en el orden político como en el administrativo, y se incorporó como una región económica del Tawantinsuyu.

La destreza guerrera huanca sirvió para que posteriormente fuese el grupo de vanguardia asimilado a las huestes españolas en la guerra contra los inkas.

Más al sur, en las cuencas del Pampas y del Apurímac, en partes de los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, se produjo una “anomia estructural” después del colapso wari. Tiempo después, según algunos investigadores, se desarrolló en la región el señorío chanca.

La celebridad de los chancas se debe a las referencias existentes en las crónicas que les asignan un rol decisivo en el surgimiento del estado inka con Pachacutec, después de que los chancas, en expansión al sureste, atacaran el Cuzco y fueran derrotados por los oficiales de Wiracocha.

Sitio chanca en Arqalla, Ayacucho. Edificios rústicos de planta circular. (Tomado de González Carré 1992).

Los documentos escritos señalan también a la laguna de Choclococha en Castrovirreyna (Huancavelica), como el origen de los fundadores míticos en tiempos primordiales, que posteriormente poblaron toda la región. Al parecer, el territorio entre Vilcashuamán y Andahuaylas fue el núcleo central. Hasta donde tenemos información, en esta región se encuentran efectivamente los asentamientos más grandes y numerosos de esta sociedad. No está muy claro aún si estaba organizada políticamente en una confederación, y más bien parecen ser grupos tribales disociados pertenecientes a un mismo grupo étnico, dirigidos por jefes guerreros en su acepción plena. El resto del territorio, fuera del área nuclear anteriormente señalada, aparece ocupado por pequeñas y dispersas aldeas desarticuladas entre sí, sin organización ni representación política alguna y con una débil estructura de relaciones sociales. Todo esto se colige a partir de la observación de los asentamientos, las estructuras arquitectónicas, la lectura de las fuentes escritas primarias y secundarias y los restos culturales muebles que se conocen gracias a los investigadores de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga.

El grupo poblacional más significativo se habría asentado en lo que hoy es Andahuaylas y, según Sarmiento de Gamboa –citado por varios investigadores–, eran gobernados por Uscovilca y Ancovilca, curacas llamados genéricamente sinchis, quienes estaban al frente de dos territorios: Hananchancas y Hurinchancas.

Las aldeas constan de edificaciones de planta circular y canchones rectangulares, y se encuentran protegidas por muros circundantes, preferentemente entre los 2 000 y 4 000 msnm. Según González, se han reconocido unos 350 asentamientos de filiación chanca.

La agricultura, el pastoreo y la producción de objetos artesanales debieron ocupar la vida cotidiana doméstica de los chancas, que les permitía el autoabastecimiento. Sobre la base de los pioneros estudios del profesor Lumbreras, los arqueólogos González, Pozzi-Escot y otros han identificado “grupos cerámicos” correspondientes a “los grupos étnicos que integraron la nacionalidad chanca” (González et al. 1987), llamados Tantaorqo, Qashisqo, Arqalla, Ayaorjo e Inkachanca. A decir de Macera, quizá existieron tradiciones culturales diversas en el territorio chanca.

Según las investigaciones de Rowe y Rostworowski, en la región del Cuzco, en el periodo anterior a la emergencia inka, existían varios grupos humanos, al parecer del tipo tribal, que vivían en permanente rivalidad. Se reconoce a los ayarmacas como los más poderosos, quienes disputaban la primacía de la región con los grupos asentados en la cuenca del Huatanay y el Lucre. Al parecer, el primigenio grupo inka se habría gestado en la región a partir de un pequeño curacazgo y Rowe ha señalado que durante este período se desarrolló el estilo alfarero Killke. Posteriormente, el mismo Rowe, más Dwyer, Kendall y González, nos hablan también de construcciones Killke, tanto en la parte alta como en la baja de los valles. Muchos de los sitios construidos en la cima de los cerros están fortificados y sus edificaciones son de planta circular, ovalada y rectangular. Parece ser que algunas estructuras Killke en el Cuzco primigenio fueron remodeladas por los inkas.

Sobre la vida económica y política hay muy poca información. Sin embargo, los asentamientos ubicados en las partes bajas de los valles y la asociación de la cerámica Killke con andenes, sobre todo del valle del Urubamba, muestran que la economía agrícola debió ser de algún modo excedentaria.

La producción alfarera, mientras tanto, exhibe más bien un bajo desarrollo tecnológico y artístico. Es de factura tosca, aunque tiene una dispersión geográfica que abarca los valles de Anta, Paruro, Quispicanchis y Urubamba. Como decíamos en la introducción de este capítulo, a diferencia de la región ayacuchana, que colapsó totalmente después del desarrollo Wari, la región del altiplano del Titicaca mantuvo en cierta manera, en tiempos post Tiwanaku, la tradición cultural de la región, a pesar de los cambios climáticos drásticos que la afectaron.

Durante el Período Intermedio Tardío, la región altiplánica estuvo densamente poblada por pequeñas etnias representadas por entidades políticas de cierta complejidad, conocidas como “reynos lacustres” o “reynos y señoríos aymaras”. Estas entidades fueron posteriormente incorporadas por los inkas.

En realidad, se trata de una región, quizás la única, donde la heterogeneidad étnica es bastante grande, aunque se reconoce a collas, lupaqas y pacajes como las etnias más importantes ubicadas en el entorno del lago Titicaca, en el territorio llamado Urcusuyu. El lado oriental se llamaba Umasuyu. Otros grupos ocuparon territorios desde Canchis y Canas por el norte hasta Potosí por el sur, aunque estas representaciones étnicas podrían ser el resultado del posterior ordenamiento inka de la región. Merece destacarse el predominio linguístico en la región de las lenguas aymara y puquina. Los aymaras vendrían a ser los antiguos tiwanakus del Horizonte Medio.

Como la mayoría de las sociedades prehispánicas de este periodo, existe mayor información etnohistórica que arqueológica, de allí que haya una tendencia hacia la generalización limitante en la descripción de las sociedades andinas prehispánicas. Sin embargo, los collas y los lupaqas, de alguna manera, han sido objeto de estudios interdisciplinarios. Hatunqolla –intensamente investigada por C. Julien– fue el asiento principal de los collas, o quizás su capital, como lo sugieren algunos investigadores, y Chucuito el de los lupaqas. Muy próximo a Hatunqolla se encuentra Sillustani, sitio caracterizado por las más logradas chullpas o construcciones funerarias, de planta circular o cuadrangular, construidas como torres. Hatunqolla y Chucuito habrían sido a la vez núcleos que encabezaron otros centros menores construidos con fortificaciones dentro y fuera de la cuenca del altiplano.

BIBLIOGRAFÍA
Para Wari se sugieren los fundamentales trabajos de Dorothy Menzel, La cultura Huari (1968b); Luis Guillermo Lumbreras, “El imperio Wari” (1980); William Isbell, “El origen del estado en el valle de Ayacucho” (1985) –cuyos planteamientos son comentados por diferentes investigadores y respondidos por el mismo autor– y “Huari Administration and the Orthogonal Cellular Architecture Horizon” (1991); y Anita Cook, Wari y Tiwanaku: entre el estilo y la imagen (1994). Complementan este trabajo los libros de William Isbell y Gordon McEwan, Wari Administrative Structure. Prehistoric Monumental Architecture and State Government (1991) –diferentes autores analizan el área central Wari, los sitios provinciales y algunos aspectos de la conexión con Tiwanaku– y de R.M. Czwarno et al., Nature of Wari. A Reappraisal of the Middle Horizon Period in Perú (1989).

Para Tiwanaku están los trabajos de Wendell Bennett, “Excavations at Tiahuanaco” (1934) –también en versión castellana, 1956–; Carlos Ponce Sanginés, Tiwanaku: Espa-

cio, tiempo y cultura (1972); Alan Kolata, Tiwanaku: Portrait of an Andean Civilization (1993); Dwight Wallace, “Tiwanaku as a Symbolic Empire” (1980). Una publicación complementaria importante es la revista Gaceta Arqueológica Andina Nº 18-19 (1990), en la que algunos investigadores escriben sobre la ocupación Tiwanaku en los valles occidentales del área centro sur.

Una evaluación resumida sobre el problema de la ciudad prehispánica se encuentra en las hojas introductorias del libro editado por Rogger Ravines, Chan Chan, metrópoli chimú (1980) y, del mismo autor, sobre el problema del estado, véase el libro Panorama de la arqueología andina (1982).

Para la costa se sugieren los trabajos fundamentales de John Rowe, “El reino del Chimor” (1970); Michael Moseley y A. Cordy-Collins, The Northern Dynasties Kingship and Statecraft in Chimor (1990); Rogger Ravines, Chan Chan, metrópoli chimú (1980); Hans Horkheimer, “Chancay prehispánico, diversidad y belleza” (1970); Andrzej Krzanowski, Estu-

dios sobre la cultura Chancay, Perú (1991); María Rostworowski, Etnia y sociedad: costa peruana prehispánica (1977); Dorothy Menzel y John Rowe, “The role of Chincha in late pre-hispanic Peru” (1966).

Para los valles interandinos se sugieren los trabajos de

Fernando Silva Santisteban, “El reino de Cuismanco” (1982); Timothy Earle et al., “Archaelogical field research in the upper Mantaro, Perú. Investigations of inka expansion and exchange” (1987); Luis Guillermo Lumbreras, “Los reinos post-Tiwanaku en el área altiplánica” (1974) y Las fundaciones de Huamanga. Hacia una prehistoria de Ayacucho (1975); Enrique González, Los señoríos chankas (1992); John Rowe, Inca culture at the time of Spanish conquest (1946); María Rostworowski, Ensayos de historia andina. Elites, etnia, recursos (1993); y Garci Diez de San Miguel, Visita hecha a la provincia de Chucuito en el año 1567 (1964).

Anders, Martha

1979 “Diseño para la investigación de las funciones de un

  1. “Maymi: un sitio del Horizonte Medio en el valle de Pisco”. En: Gaceta Arqueológica Andina 5 (17): 2740. Lima, Instituto Andino de Estudios Arqueológicos (INDEA).
  2. “Structure and Function at the Planned Site of Azángaro: Cautionary Notes for the Model of Huari as a Centralized Secular State”. En: Isbell y McEwan, editores (1991).

Anders, M., V. Chang, L. Tokuda, S. Quiroz e I. Shimada

1994 “Producción cerámica del Horizonte Medio Temprano en Maymi, valle de Pisco, Perú”. En: I. Shimada, editor. Tecnología y organización de la producción de cerámica prehispánica en los Andes. Lima, Pontificia

Universidad Católica del Perú (PUCP).

Arnold, Dean

1975 “Ceramic ecology in the Ayacucho Basin, Perú. Implications for prehistory”. En: Current Anthropology 16: 185-203.

Bauer, Brian

1992 Avances en arqueología andina. Centro de Estudios Regionales Bartolomé de las Casas, Cuzco.

Bazán, Javier

1991 “Arqueología y etnohistoria de los períodos prehispánicos tardíos de la costa central del Perú”. Tesis de licenciatura. Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).

1986

1989

sitio Wari”. En: Revista de Investigaciones 27-44. Ayacucho, Departamento de Ciencias Histórico-Sociales, Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNSCH).

image_pdfimage_print
Páginas en este artículo: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »