Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

d) Economía chimú

Todas las investigaciones hechas sobre Chimú reconocen que se desarrolló en una región privilegiada para la agricultura y que los valles costeños ocupados por los chimú representaron el mayor porcentaje de tierras agrícolas irrigadas en todo el antiguo Perú. La ingeniería de riego fue uno de los logros tecnológicos que dio implicancias políticas al riego administrado. Se proyectaron y construyeron masivamente canales de riego de grandes dimensiones y variados usos gracias a la mita, destacando aquellos que unían dos o más valles, como el canal La Cumbre, que quizás irrigó tierras del valle de Chicama con aguas llevadas del contiguo valle de Moche. Aparentemente, los canales de riego sirvieron también para organizar la población de los valles en la perspectiva de una relación fluida desde los centros rurales articulados con la administración metropolitana de Chan Chan. Los canales llevaban agua que irrigaba tierras de las aldeas, de los caciques, de los nobles y del mismo estado.

Vista de un “huachaque” (poza de agua) de Chan Chan. Los “huachaques” habrían servido para ceremonias y recreación de la elite.

El complejo sistema de riego hizo posible la agricultura extensiva e intensiva, así como la existencia de cultivos estacionales y permanentes. Se organizaron cultivos especializados para la alimentación y el ceremonial, como el maíz (al parecer, de dos cosechas anuales), y para la industria, como el algodón de diferentes colores. Dichos sembríos se complementaron con los de otras plantas alimenticias, como el frejol, la calabaza, el camote, el ají, la caigua, el maní, la yuca y las plantas frutales, como el ciruelo, el lúcumo, la guanábana, etc. Merece destacarse que la dieta alimenticia complementaria se basaba en el consumo de pescado y mariscos, y que, según Pozorski, el consumo de la carne de llama también fue importante.

El manejo de la economía y las finanzas chimú estaba en manos de administradores nobles afincados en Chan Chan, que organizaron, controlaron y manejaron la circulación de bienes de los centros urbanos y rurales, la mano de obra, la producción, el almacenamiento y la distribución. La prestación de trabajo rotativo y temporal y la entrega de bienes caracterizaron el sistema tributario, en tanto que la construcción de sitios administrativos en los valles de Chicama, Moche, Virú y Chao habría servido fundamentalmente para la administración de la producción agrícola.

Al parecer, la necesidad de incrementar los recursos empujó a consolidar la administración jerárquica del valle de Moche y de los próximos y ubérrimos valles, mediante la construcción de centros rurales como El Milagro de San José, Katuay y Quebrada del Oso, según Keatinge.

El acceso a la ciudad de Chan Chan era restringido y en el interior se circulaba a través de corredores, patios y rampas. Friso en Chan Chan. Decoración representando figuras geométricas de peces y aves.

De acuerdo con las investigaciones arqueológicas, después de dominar los valles circundantes a Moche, los chimú asimilaron en su esfera económica y política a los valles norteños de Jequetepeque, Zaña y Lambayeque. Por ejemplo construyeron en Jequetepeque centros de acopio de recursos agrícolas y minerales, así como centros de control político y religioso, como los de Farfán, Pacatnamu y Talambo.

 

Sin duda, la ocupación chimú del valle de Lambayeque debió tener, además de su importancia económica, trascendencia histórica, pues los chimú se asentaron en uno de los escenarios más significativos por el impulso de sus desarrollos culturales. Esta característica histórica de la región habría permitido un tratamiento especial que dio como resultado la introducción de pocos cambios culturales, incluyendo el repoblamiento de antiguos asentamientos de filiación Lambayeque. Al norte de estos valles se han ubicado también sitios chimú, de los que conocemos muy poco.

La expansión chimú al sur del núcleo central es variada, menos monumental que la del norte, donde las terrazas, las pirámides y los muros circundantes caracterizaron su arquitectura. Huarmey sería el valle límite de la administración chimú otorgada a caciques regionales para fines sobre todo de tributación agrícola. Al sur de Huarmey, la presencia chimú es tenue y las pocas evidencias que existen no permiten afirmar por ahora que se trate de un territorio administrado por centros urbanos chimú.

Otra actividad importante que implica un desarrollo técnico y artístico es la producción artesanal. La metalurgia alcanzó un alto nivel de excelencia expresado en la diversidad de piezas logradas. Igualmente, se trabajaron piedras semipreciosas, conchas, turquesas, madera, tejidos, cerámica y tejido plumario, que exportaban a diferentes regiones del antiguo Perú. El tejido basado en plumas –arte probablemente heredado de los moche– refleja, quizás al igual que la metalurgia o más que ella, un trabajo especializado y fino. La alta tecnología metalúrgica alcanzada por Chimú se debe a sus antiguos contactos con Lambayeque, que a su vez sirvieron para que los inkas aprovecharan esta vieja herencia.

Costa central

Decoración geométrica y figurativa en un cántaro chancay, aproximadamente hacia 1400 d.C.

Poco antes de la conquista inka, el territorio entre Pativilca y Cañete albergó a un número significativo de centros poblacionales. Al parecer se trataba de grupos sociales asentados e identificados con espacios demarcados por el sistema de riego en los valles altos, medios y bajos, como puede desprenderse de los documentos etnohistóricos del siglo XVI. De allí la proliferación de nombres que señalan indiscriminadamente como señoríos a cada uno de estos grupos sociales, que más bien podrían ser grupos independientes y pequeños dirigidos por régulos o jefes. Entre estos grupos, los que adquieren importancia son los collique en el Chillón bajo y medio y los canta en el Alto Chillón, Maranga y Surco en el Rímac, Ichma en Lurín, Guarco en Cañete y lo que los arqueólogos han convenido en llamar cultura Chancay en el valle del mismo nombre, representada por el estilo alfarero “Chancay negro sobre blanco”.

 

Lamentablemente, la información arqueológica es escasa aún, aunque algunos logros específicos de Chancay hacen de dicha cultura la más conocida. Se manifiesta desde Huaura hasta la parte baja del Chillón y tiene como núcleo central el valle de Chancay, donde se encuentran los sitios arqueológicos más representativos y los objetos culturales diagnósticos. Sin embargo debemos recordar que este territorio, en la última época del Período Intermedio Tardío, era considerado ya como territorio chimú, aunque seguramente no consolidado. Según algunos investigadores, Chancay debió ser una sociedad densamente poblada, a juzgar por el gran número de sitios y la dimensión de sus cementerios. Los sitios representativos son Pisquillo Chico y Lauri, como centros administrativo-ceremoniales; Pancha la Huaca, como complejo palacio-residencial; y Tronconal, como un pequeño asentamiento, de acuerdo con las categorías planteadas por Krzanowski.

Los chancay, quienes se desarrollaron durante el Período Intermedio Tardío, fueron reconocidos tejedores, sobresaliendo principalmente por sus gasas, como la que se muestra en la ilustración.

Si bien todas las sociedades de la costa central tienen rasgos comunes como el uso del barro en tapiales y adobes para la construcción de estructuras piramidales o núcleos horizontales de muros anchos y altos, Chancay se diferencia de todas ellas por tres rasgos que la definen como un desarrollo cultural más logrado. Primero, un sistema ceremonial y cosmológico complejo, materializado de la mejor manera en sus prácticas mortuorias y caracterizado por el tratamiento de los fardos funerarios, las réplicas de cabezas puestas en éstos, los rostros embadurnados de pintura, las ofrendas, la deformación craneana, las muñecas y las máscaras. Segundo, la producción alfarera, que se caracteriza por su plasticidad, elegancia y sobriedad, sobre todo en sus cántaros llamados popularmente “chinos”. Tercero, la textilería, de gran logro tecnológico y artístico, pudiendo considerársela como creadora e innovadora en muchos aspectos. Destacan las llamadas gasas, los bordados y las telas pintadas y entre los materiales el algodón y la lana.

Son varios los estudios arqueológicos llevados a cabo en el valle del Chillón. Al parecer, durante este período hubo un permanente flujo de diferentes grupos asentados en las diferentes ecozonas del valle. Dillehay dice que no existía organización estatal alguna en el Chillón y que grupos costeños y serranos evidenciados en Huancayo Alto usufructuaban la chaupi yunga, como parte de un sistema llamado de “especialización económica” por M. Rostworowski, basado en el cultivo de la coca. Marcus y Silva, por otro lado, afirman que en el Chillón existían varios curacazgos que se disputaban, al parecer, el control de la chaupi yunga.

Costa sur

rutas chincha intercambio economico
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Durante el Período Intermedio Tardío se desarrolló en el valle de Chincha una entidad política conocida como “el reyno de Chincha”, que integró valles contiguos. Dispersos en el valle se encuentran los asentamientos más grandes y significativos que, de acuerdo con los reconocimientos arqueológicos hechos por Wallace entre 1957-1958, y por Morris y Santillana en 1984, habrían concentrado a la población más numerosa entre los valles costeños del sur del Perú en este período. Sus construcciones son estructuras piramidales y canchones hechos de tapiales, destacando dos núcleos: la Centinela de Tambo de Mora –que formaba un conjunto mayor con La Cumbe y la huaca Tambo de Mora– y más al sur el complejo de la Centinela de San Pedro, ambos en el valle bajo. Muchos de los montículos tienen frisos en plano relieve y pintura mural, que indican su importancia como conjuntos ceremoniales y residenciales.

Menzel y Rowe llaman a la Centinela de Tambo de Mora “la capital del reyno”, de la cual partían varios caminos radiales ceremoniales –como señala Wallace– para unir sitios y valles. A decir verdad, casi todos los montículos que componen estos complejos arquitectónicos tienen una tardía ocupación inka, identificable por pequeñas construcciones de adobes paralelepípedos, en contraste con las construcciones locales hechas de tapiales. Sin embargo, la principal ocupación inka se encuentra en el lado suroeste de la Centinela, ocupando 2 de las 40 ha que debió tener originalmente la Centinela de Tambo de Mora.

Las condiciones naturales del valle indican una alta productividad agrícola, que debió ser la base de la economía de subsistencia de la sociedad Chincha. Las excavaciones realizadas evidencian un alto porcentaje de consumo de maíz, frutas y variados recursos marinos, de acuerdo con Sandweiss. Sin embargo, la actividad económica, que habría tenido implicancias políticas diversas parece haber sido el intercambio a larga distancia, integrando territorios que iban desde la costa ecuatoriana hasta la región del Collao en el altiplano peruano-boliviano, utilizando embarcaciones para enlazar la costa y caravanas de llamas para unir las cuencas interandinas. Esta actividad fue originalmente chinchana y, luego de la presencia inka en la zona, alrededor de 1476, se habría integrado a la economía del imperio y mantenido no sólo los rubros referentes al tráfico de bienes, sino también el status de los ricos y poderosos señores locales.

El flujo de bienes transportados por los chinchanos se encuentra registrado en un documento de la época colonial temprana, estudiado por María Rostworowski, que alude a una numerosa población diferenciada por la actividad desarrollada: mercaderes, pescadores, agricultores, artesanos y gente de servicio. Los mercaderes traficaron con el mullu (concha Spondylus, considerada símbolo y alimento de los dioses) y esmeraldas traídas de territorio ecuatoriano. Del Collao transportaron cobre y lana, y de Chincha pescado seco. Esta información no ha sido demostrada arqueológicamente aún, pero de hecho el documento sugiere que se trataba de una entidad política regional rica y poderosa, de importancia trascendental en la economía inka, cuyo gobernante, “el señor de Chincha”, era objeto de atenciones similares a las del inka. Ejemplo de su participación en el protocolo es su presencia, conducido en litera como Atahualpa, en la fatídica tarde del 16 de noviembre de 1532, cuando Francisco Pizarro tomó la plaza inka de Cajamarca.

DESARROLLOS REGIONALES EN LOS VALLES INTERANDINOS

En la sierra norteña de Cajamarca y Huamachuco se habrían desarrollado entidades políticas llamadas señoríos. Según algunos investigadores, el más importante parece ser el de Cajamarca, que antes del Período Intermedio Tardío tenía enclaves de tributarios en la costa y mantenía relaciones diversas y ventajosas con Huamachuco. A este señorío cajamarquino se le conoce como Cuismanco, cuya capital habría sido Tantarica, en Contumazá, según Sachún. Sus integrantes se asentaron en las partes altas de los cerros, donde construyeron centros poblados defensivos. En las épocas finales se aliaron con los chimú.

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