Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

Plano general de Chan Chan, capital del estado Chimú, La Libertad. (Tomado de Ravines et al. 1980).

Llama la atención la multiplicidad de lenguas que se hablaba en la región, de acuerdo a la reconstrucción lingüística hecha en base a documentos escritos desde el siglo XVI. Ello sugiere que antes, durante y después del llamado reino del Chimor, la existencia de una heterogeneidad de pueblos y culturas era la constante histórica de la región. La conquista y el dominio ejercido sobre dichos pueblos debieron ser también diversos, representados por el gobernante asentado en Chan Chan y jefes regionales de unidades menores, dirigiendo tal vez uno o dos valles desde centros administrativos de prestigio como el de Farfán en el valle de Jequetepeque.

La densidad poblacional en todo el territorio Chimú se estima en unos 500 mil habitantes, de los cuales entre 20 y 30 mil corresponderían a la población urbana asentada en Chan Chan, según Kent Day y Schaedel; y el resto serían fundamentalmente pobladores rurales, distribuidos en pequeños centros urbanos, aldeas y viviendas de unidades familiares dispersos en los valles.

La información arqueológica señala dos momentos en el desarrollo chimú. El primero va desde 1100 d.C. hasta las primeras décadas del 1300 d.C. aproximadamente, cuando Chimú es una manifestación cultural focalizada en el valle de Moche y áreas circundantes; en un segundo momento se torna un estado expansivo llamado reino del Chimor –integrando valles hasta el extremo norte peruano y por el sur quizás hasta la costa central–, entre los años 1350 y 1470 d.C. aproximadamente, cuando –según el profesor Rowe– Chimú es vencido por los inkas. Diezmada la población son trasladados al Cuzco el gobernante chimú, algunos miembros de la elite y especialistas, sobre todo orfebres. Rowe agrega que parte del inmenso botín de guerra capturado a los chimú fue destinado por Pachacutec en el Cuzco a la fabricación de estatuas del creador Wiracocha, del Sol, Mama Ocllo y frisos del Coricancha.

Los orígenes chimú no son muy claros aún; sin embargo, al igual que los de Lambayeque, están asociados a una narración escrita registrada por documentos históricos entre los siglos XVI e inicios del XVII. El más relevante es la Historia anónima, que le permitió a Rowe esbozar la historia cultural chimú. Taycanamo sería el fundador de la dinastía y Minchancaman el último soberano y conquistador por excelencia, personaje también presente en las épocas de fuertes contactos y alianzas con unidades políticas de Cajamarca y en el enfrentamiento con los inkas, quienes lo derrotaron no obstante su tenaz resistencia.

La historicidad de esta dinastía aún no tiene su comprobación arqueológica, aunque en los últimos años algunos arqueólogos tienden esforzadamente a correlacionar eventos y sitios mencionados en los documentos escritos con la evidencia arqueológica.

Vista parcial de Chan Chan, considerada la ciudad de barro más grande del antiguo Perú. Los chimú utilizaron en su arquitectura principalmente el adobe.

De hecho Chimú no sólo fue heredera de la tradición Moche y de elementos foráneos como Wari, sino también de Lambayeque, que durante el interregnum producido después del colapso de Pampa Grande y la sociedad Moche tuvo roles protagónicos, que con seguridad articularon –desde Batán Grande– a diferentes regiones costeñas, incluido por cierto el núcleo Chimú, no sólo estilísticamente, sino económica y políticamente.

 

a) Sociedad y composición poblacional

Las evidencias arqueológicas en general y la documentación etnohistórica muestran a la sociedad chimú como una entidad marcadamente estratificada. Las diversas ocupaciones, productivas o no, señalan una gran complejidad social. La población chimú se componía de un primer grupo de gobernantes, sacerdotes, militares y administradores de rangos superiores salidos de la nobleza, afincados en la metrópoli monumental de Chan Chan y los centros urbanos menores de los valles norteños. Un segundo grupo correspondía a quienes producían los diversos artículos que consumía toda la sociedad. Ellos eran por un lado los trabajadores metropolitanos que producían bienes ornamentales y no ornamentales: orfebres, tejedores, constructores, pintores, etc. Su producción era eminentemente urbana, vivían tanto en los solares nativos de las llamadas ciudadelas de Chan Chan o en su periferia, como lo evidencian los registros arqueológicos que produjeron, según Topic, un porcentaje significativo de la producción artesanal. Estos trabajadores debieron haber estado también en los núcleos provinciales como el sitio Pampa de Burros en el valle de Lambayeque, que según Tschauner representaba un especializado taller de alfareros de producción a gran escala. Dirigidos y subvencionados por el estado, estos trabajadores producían bienes con el sello estilístico oficial.

Por otro lado había también trabajadores fuera del área metropolitana dedicados a la producción agrícola, a las actividades pesqueras en el litoral o al manejo de corrales de camélidos, etc., quienes además de trabajar en estas actividades debían hacerlo para satisfacer sus necesidades cotidianas. Existió finalmente una actividad terciaria, desarrollada por gentes de servicio en las diversas instituciones del estado y en las residencias de los gobernantes y sus familiares: Moseley calculó que unas tres mil personas vivían en los canchones de las ciudadelas o detrás de sus murallas, sirviendo a una nobleza minoritaria de unas seis mil personas aproximadamente.

Seguramente hubo otro contingente de trabajadores –de servicio o no– que periódicamente llegaban a Chan Chan a colaborar en el funcionamiento, construcción o, quizás también en la producción como parte de sus obligaciones con el estado y el soberano. Aquí debemos incluir al sector especializado de intermediarios que a manera de mercaderes hicieron posible la circulación de bienes a larga distancia, uniendo la región septentrional de la costa norte del Perú y la costa sur del Ecuador con la región de Chincha en la costa sur peruana. El intercambio de bienes a larga distancia no habría sido en esta época monopolio de los chinchanos, aunque éstos fueron el grupo más significativo y exitoso entre los “comerciantes andinos”.

Gracias al estudio de documentos escritos como los del padre Calancha y la Gramática de Carrera, realizado también por Rowe, percibimos que la estructura social chimú era estratificada y jerarquizada. Estos documentos dan un conjunto de nombres que especifican categorías, rangos y funciones. La jerarquía estaba encabezada por el soberano, gran señor llamado Ciquic, seguido por jefes regionales, tal vez los curacas

llamados Alaec. Vienen después los Fixl, equivalentes –según algunos investigadores– a

b) Religión y política

Como vimos en el capítulo referente a Wari, la religión es un rasgo muy importante para explicar, en mayor o menor medida, el desarrollo de las sociedades andinas.

Una vasija chimú con representación zoomorfa, aproximadamente 1300 d.C.

En el caso Chimú, algunos arqueólogos vienen manejando en la actualidad una idea muy sugerente según la cual –en base al culto del ancestro– se impulsó un modelo político de gobernación y expansión territorial con resultados muy exitosos.

 

Conrad y Demarest creen que este modelo fue posteriormente asimilado por los inkas, aunque otros autores sugieren que éstos tuvieron un sistema político totalmente distinto. Conrad ha llamado a esta modalidad la institución de “la herencia partida” o “herencia dual”, por la cual el heredero del gobierno sólo recibía el cargo político de gobernante con sus deberes y derechos, mientras que las propiedades y “fuentes de rentas del difunto” pasaban a la corporación de sus descendientes en calidad de depositarios o administradores, ya que el propietario seguía siendo el gobernante muerto.

La analogía con los inkas vendría a ser el mallqui y la panaca real. De esta manera cada gobernante chimú que asumía la dirección del estado tenía que construir su propio palacio (ciudadela) y poblarlo con su parentela más directa. También tenía que hacerse de nuevas propiedades y nuevas rentas para su administración en base a la conquista de nuevos valles. Consecuentemente, cada gobernante impulsaría la construcción de una nueva ciudadela y la anexión de nuevas tierras cada vez más lejos del núcleo central Chimú.

La ciudadela era el símbolo de poder, lugar de administración y lugar del sepulcro sagrado del gobernante. Por tanto funcionaba permanentemente, tanto en vida del gobernante como después de su muerte, poblada por parientes, administradores y gentes de servicio. Esto habría obligado a que cada gobernante organizase su propia estructura administrativa con nuevos funcionarios y nuevas oficinas. El gobernante difunto debió tener atributos divinos y su culto se habría convertido en uno de los más importantes y significativos ritos practicados. De allí que la plataforma sepulcral donde se encontraba la tumba del rey ocupara uno de los lugares centrales de la ciudadela. Asociados a la tumba real de planta arquitectónica en forma de T, que se mantenía abierta para las diferentes ceremonias, se construyeron compartimientos donde se enterraba a las personas sacrificadas que acompañaban al soberano y se depositaban ofrendas de diferente índole.

Parece ser también que periódicamente se seguía ofrendando al divino ancestro, ya que las plataformas contiguas evidenciaban muchas más ofrendas. Según los investigadores, esta modalidad de “herencia partida” debió darse en la época expansiva chimú, ya que en sus inicios no hay indicadores de su funcionamiento e, inclusive, las primeras ciudadelas habrían sido ocupadas por más de un gobernante chimú. Sea como fuere, todos los investigadores reconocen la madurez y complejidad política chimú que habría servido de alguna manera –según Rowe– como modelo al sistema político de los inkas e influido en algunos rubros de su sistema de producción y en la planificación urbana.

El mundo religioso chimú se basaba además en el culto a deidades dispuestas o concebidas jerárquicamente, siendo la Luna (Si) una de las mayores, por encima del Sol; seguidos por las constelaciones y el mar. Tenían además sus huacas y santuarios. Los rituales y ceremonias, al parecer, copaban gran parte de la vida de los chimú y de los pueblos anexados.

c) Chan Chan

Fue la capital del estado Chimú y representa el más grande centro urbano prehispánico de arquitectura de barro de las Américas. Se compone de un área nuclear que aglutina 10 grandes conjuntos urbanos llamados ciudadelas, de unos 6 km2, y de un Rivero y Tschudi serían las últimas construidas, ya en las épocas finales de Chimú. La ciudadela tiene un patrón arquitectónico rectangular estándar, de grandes dimensiones, definido por muros de cerramiento, cuya trama interna se articula sobre la base de los siguientes elementos: patios cuadrangulares chicos y grandes, recintos chicos y grandes y plataformas funerarias.

El acceso era restringido desde el exterior y debía hacerse por una sola entrada angosta. En el interior se circulaba a través de corredores, patios y rampas, bajo el control administrativo de las audiencias.

Una de las ciudadelas tipo fue Rivero, el probable solar cortesano de Minchancaman. Tiene construcciones residenciales para el gobernante y su familia, áreas de oficinas administrativas, depósitos que quizás almacenaban parte del tributo –y que vendrían a ser el fondo de riqueza–, áreas de ofrendas, pozas de agua para la ceremonia y la recreación llamadas “huachaques”, plataformas de entierros que albergaban centenares de ellos y el mausoleo central.

Diseño ortogonal de Chan Chan, debido a la influencia wari.

Así como los inkas “hicieron de la piedra un culto”, los chimú consiguieron con el barro las más logradas construcciones arquitectónicas y elaboraron “arabescos de gran gusto y frisos modelados en relieve en la superficie de las paredes”, usando el mismo adobe de la construcción; y “es probable además que muchas de las paredes estuvieran pintadas” (Rowe 1970). Las decoraciones de las paredes representan figuras geométricas, de aves y peces. Además del barro, en la construcción de Chan Chan se empleó madera, paja, totora, cantos rodados y arena.

 

Plano de la ciudadela Rivero, en Chan Chan. Para algunos autores, como Kent C. Day, puede ser considerada como modelo de los otros recintos de la ciudad chimú. (Tomado de Bonavia 1991).

Chan Chan encabezó la jerarquía de sitios chimú, seguido por centros urbanos regionales. El control administrativo fue posible también por el desarrollo de un sistema vial bien organizado desde Chan Chan, que la unió transversal y longitudinalmente con los centros administrativos urbanos, rurales y ceremoniales de todo el territorio chimú. Muchos de estos caminos, como señalan algunos investigadores, fueron antiguas sendas reutilizadas y a su vez usadas posteriormente por los inkas. A través de esta red fluían bienes, tributarios, administradores y funcionarios que difundían cultura e imponían la política chimú.

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