Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

Otro tema que resulta trascendental en el conjunto del sistema de creencias Tiwanaku es el relativo al consumo de alucinógenos, asunto al que recién se va dando la debida importancia, ya que a partir de él se puede entender, por un lado, el grado de complejidad de la entidad política Tiwanaku y, por otro, la preponderancia que en ella tuvo la esfera religiosa en la naturaleza del Estado, rasgos importantes en el paralelo que tratamos de establecer entre Tiwanaku y Wari.

La información actual señala que en el altiplano este consumo ya se efectuaba antes de Tiwanaku Clásico o IV, manteniéndose después de dicha fase. Cook encuentra estos rasgos ya en Pukara y los hemos visto también en los datos proporcionados para Niño Korin, respecto a los orígenes Wari y Tiwanaku, además de las evidencias en Atacama entre los 400 y 1 000 d.C. aproximadamente. El consumo de alucinógenos en Tiwanaku se sustenta en la existencia de tabletas para aspirar narcóticos y por las representaciones en algunas esculturas de piedra, como los monolitos de Bennett y Ponce, entre otros, donde el personaje central sostiene en una de sus manos una de estas tabletas, según Berenguer.

La liturgia Tiwanaku, centrada en el culto al “Dios de los Báculos”, incluiría el consumo de alucinógenos, asociado en varias ocasiones a esta deidad. Mientras Berenguer y Cook ven en los personajes de perfil portando varas –como aquellos de la Portada del Sol– a chamanes enmascarados en trance, por otro lado, tanto las investigaciones de los autores mencionados como las de Torres y Llagostera señalan una relación entre chamán y sacrificador (personajes alados de perfil), y sostienen además que el consumo no sería exclusivo del “chamán sacrificador”, sino que también el sacrificado participaría de éste, pues muchas de estas tabletas se encuentran en tumbas con cuerpos decapitados.

El número de tabletas registradas hasta hoy es aproximadamente de 600. La mayoría procede de la costa del área centro sur y están hechas en madera, piedra y hueso. Sus dimensiones van desde 10 por 3 cm hasta 18 por 7 cm, aunque seguramente otras escapan a este rango. Browman afirma que fueron fabricadas en Tiwanaku y luego transportadas, como parte de los objetos suntuarios, a regiones como la costa del Pacífico.

luego continuar con Cupisnique, Chavín, Pukara y Tiwanaku; según el mismo Lathrap esta práctica uniformiza el sistema de creencias en un área extensa que va desde las Antillas hasta Atacama y los trópicos amazónicos. Los enclaves Tiwanaku en el oriente boliviano del Chapare habrían abastecido, además de hojas de coca, de plantas alucinógenas como la semilla de la anadenanthera o el parica, que definieron un perfil litúrgico Tiwanaku distinto y con seguridad mucho más complejo que el de Wari.

POLÍTICA Y ECONOMÍA

Tiwanaku, como entidad política, representa un estado en manos de una teocracia pacífica que no habría apelado en sus conquistas a la modalidad militar, de acuerdo a la información que a la fecha existe, aunque parece que esta idea contradice las experiencias registradas por la historia universal, que no evidencian teocracias pacíficas.

Lo que al parecer sucede en Tiwanaku, entre los 400 y 500 d.C. aproximadamente, es un reforzamiento del poder teocrático, en base a una religión de mucho prestigio y a una mayor centralización del poder. El dominio territorial y soberanía que ejerció sobre regiones en la costa, sierra y bosque tropical fue la continuación de un modelo ampliado pre-Tiwanaku de complementariedad económica y de tráfico de comerciantes llameros, estudiado por Murra, Stanish, Mujica y Browman; una tradición que siguió vigente en esta época y no varió nunca en la economía de las sociedades altiplánicas.

La diversificación de la economía Tiwanaku se expresa en las actividades agrícolas, ganaderas y artesanales. La importancia, el volumen y el consumo asignados o logrados en estas actividades varían sustantivamente y ayudan, a su vez, a entender la naturaleza política o doméstica de su sistema económico. En la agricultura manejaron diversas regiones, sobre todo la cuenca sur del lago Titicaca, aunque la presencia de sitios Tiwanaku en el lado norte sugiere algún tipo de aprovechamiento agrícola. En segundo lugar, las zonas intermedias de los valles serranos, como Cochabamba, y en tercer lugar los valles occidentales de la costa del área centro sur.

Debo mencionar, sin embargo, que Tiwanaku también tuvo acceso a tierras tropicales y subtropicales en el lado oriental boliviano, según Estévez, aunque aquí se debió tratar sobre todo del manejo de chacras de coca y quizás de maíz.

El conocimiento de la importancia asignada por los tiwanaku a la agricultura en la cuenca del Titicaca, sin lugar a dudas, se lo debemos a los trabajos de Kolata y su equipo, quienes han demostrado que el altiplano es un espacio que manejado técnica y racionalmente permite una agricultura intensiva. Sin embargo, lo que no es convincente aún es el cálculo del volumen de chacras que el autor asume para estimar una altísima producción agrícola que realmente corresponda a cualquiera de las épocas significativas de Tiwanaku.

Actualmente, por falta de una metodología adecuada, es difícil confiar en los fechados y asociaciones para establecer la filiación de una chacra prehispánica, lo que es más difícil aún en el caso de la cuenca del Titicaca, donde no sólo hay una especial continuidad de las ocupaciones, sino que además la densidad poblacional es siempre alta, lo cual hace posible que se produzcan modificaciones permanentes del paisaje natural.

De otro lado, la agricultura no fue la actividad que sustentó el manejo de las relaciones de intercambio interregional, pues la economía agrícola Tiwanaku es básicamente doméstica, sustentada en los sembríos de tubérculos como papa, oca, etc. y gramíneas como quinua, kañiwa, etc.

La agricultura del maíz escapa al nivel del uso doméstico y está más bien vinculada –como entre los wari e inkas– a satisfacer requerimientos ceremoniales. La demanda de este grano fue cubierta estableciendo colonias en regiones de clima templado y con riego, como los valles medios costeños y los interandinos, tal como antes lo habían hecho los pukara.

La coca, por otro lado, tiene una producción, circulación y consumo mucho más restringidos, debiendo abastecerse del oriente boliviano. La producción debió ser muy controlada y quienes se encargaban de su circulación debieron ser misioneros comerciantes o estar directamente vinculados a las elites religiosas.

Si se pudiera definir la acumulación de riqueza en la economía Tiwanaku, ésta estaría sustentada en el manejo de grandes rebaños de camélidos y en la manufactura de sus fibras. La textilería financió la economía política de la sociedad Tiwanaku, con artículos producidos en sitios como Tiwanaku y otros núcleos de la cuenca del Titicaca. La producción de tapices polícromos tejió redes de intercambio y subvencionó el prestigio y poder de elites locales de la costa sur, ya que las evidencias textiles halladas en estas regiones proceden de tumbas de gente de alto rango.

Tan importante fue la explotación de camélidos que sus rebaños formaron parte de todas las esferas en que funcionaron la familia, el linaje y la entidad política; y la base económica sobre la cual se organizó la sociedad Tiwanaku se encuentra en la ganadería de altura, antes que en la agricultura, aún excedentaria.

Al margen de las diversas opiniones de los investigadores en relación al peso específico de las diferentes actividades económicas, la sociedad Tiwanaku integró con eficacia los diferentes sistemas productivos, de tal manera que la importancia de ambos recursos –agrícolas y ganaderos– se ve reflejada en la iconografía de la estela Bennett que, como dice Kolata, citando a Zuidema, uniría agricultura, pastoreo y calendario, aunque este último aspecto aún es poco conocido.

El colapso Tiwanaku se produjo, según una de las hipótesis más sugerentes, debido a una baja en la productividad agrícola, consecuencia de un cambio climático drástico que causó una sequía en gran parte de la región andina central y centro sur. Tal sequía se habría iniciado alrededor del 950 d.C. y fue muy drástica después del año 1100 d.C.; la pluviosidad media se recuperó alrededor del 1300 d.C. Esta precisión en la variación del cuadro climático se la debemos a las investigaciones realizadas por la glacióloga Thompson en las capas de hielo del nevado Qelqaya, ubicado entre el Cuzco y Tiwanaku, y ha servido para que arqueólogos como Moseley, Kolata y Shimada, entre otros, expliquen los cambios políticos y sociales suscitados en aquellos tiempos. La sequía habría afectado, en primer lugar, a los campos de cultivo de la costa sur y, posteriormente, a aquellos de la cuenca del altiplano. Este fenómeno, según Kolata, habría producido el abandono y el colapso de Tiwanaku.

III CULTURAS REGIONALES TARDÍAS
Mapa de las culturas regionales tardías más significativas (varios autores).

INTRODUCCIÓN
El colapso de Wari primero y de Tiwanaku después debió ser catastrófico para los pueblos andinos. Quizás la mayoría de los pueblos interandinos estuvo al borde de una parálisis generalizada y estructural, en gran parte acentuada por la sequía de finales del siglo XI, que se prolongó por unos 200 años. Este colapso podría considerarse también como un caso de involución cultural prolongada. En toda la región andina se produjo una reorientación en los patrones culturales. La mayoría de los pueblos se organizó en pequeñas y dispersas aldeas, caracterizadas por un patrón de asentamiento que privilegió la seguridad. Su ubicación estuvo preferentemente en las partes altas de las cuencas, en las punas o en el límite de la zona quechua con la puna, probablemente por ser espacios con mayor humedad o más próximos a las fuentes de agua, y sus suelos afectos a una menor evapotranspiración.

Copar pastizales y terrenos de cultivo debió ser motivo de permanentes de difícil acceso. Ello explicaría la “pax incaica” que conflictos que conllevaron a que las aldeas fueran se impusiera desde el Cuzco, dominando a régulos fortificadas en unos casos o construidas en lugares o sinchis que dirigían estas pequeñas entidades políticas existentes en los Andes centrales por unos 500 años aproximadamente, después de la caída de Wari hasta las primeras décadas del siglo XV.

En la sierra no se dio un desarrollo que legitime la tradición cultural tan acentuado como en las épocas wari, ni aun en la cuenca ayacuchana, salvo quizás en la cuenca de Lucre en el Cuzco, donde la influencia del urbanismo Wari es fuerte y se percibe en Choquepuquio. La cuenca occidental del lago Titicaca sería también una excepción.

En la costa no hubo una atomización de las sociedades como la que se dio en la sierra. Surgió más bien un conjunto de sociedades de mayor estabilidad y complejidad, a tal punto que podríamos hablar de entidades políticas estatales regionales como el llamado “reyno del Chimor” o el “señorío de Chincha” y, de acuerdo a los datos actuales, las más complejas sociedades del Período Intermedio Tardío en el área andina.

Si bien contamos con información etnohistórica y arqueológica sobre las épocas finales de este período, poco sabemos aún de la naturaleza y carácter de las culturas sobre todo en la sierra y ceja de selva.

La orfebrería fue una de las actividades más desarrolladas en la costa norte peruana. En la ilustración una máscara laminada en oro perteneciente a la cultura Lambayeque, aproximadamente 1300 d.C.

En suma, la información existente nos muestra un panorama cultural heterogéneo y desigual. Debemos al profesor Rowe la visión histórica de conjunto sobre las sociedades regionales. Con seguridad la regionalización de las culturas fue el rasgo más característico de aquel período, y si bien lo regional siempre subyace aun en los grandes horizontes culturales, este período del Intermedio Tardío marca el clímax de lo local como forma natural de desenvolvimiento de las sociedades andinas. La diversidad cultural fue la única representación histórica real que se dio –y al parecer se sigue dando– en el área andina. Los chavín, los waris y los inkas habrían sido sólo proyectos de integración no logrados y, de modo similar, los estilos predominantes habrían sido sólo representaciones fenoménicas y efímeras.

En las páginas siguientes describiremos brevemente los desarrollos culturales regionales más significativos que se dieron en la costa y sierra del antiguo Perú y que cuentan con información relevante concerniente a los rasgos económicos, políticos, ideológicos y sociales. Como en el capítulo anterior, debido a la extrema especialización que implican los estilos alfareros de este período, dejaremos de lado su descripción.

DESARROLLOS REGIONALES COSTEÑOS
Costa norte: Chimú

La costa norte del antiguo Perú fue el territorio donde se desarrolló Chimú, considerado como el estado regional más complejo durante el Período Intermedio Tardío. Corresponde a una entidad política que desde Chan Chan manejó un territorio eminentemente costeño desde Tumbes, en el extremo norte peruano, hasta Barranca, en el sur, con posibles efectos culturales hasta el valle del Chillón, totalizando unos 1 000 km de extensión de norte a sur. Los límites naturales por el este fueron los primeros contrafuertes de la cordillera Occidental andina, que no impidieron que los chimú mantuvieran contactos de diferente índole con entidades políticas serranas asentadas en Cajamarca y la sierra liberteña, sobre todo en las épocas finales del desarrollo chimú. Las fronteras sureñas, de acuerdo a las actuales investigaciones, dejan algunas dudas. La débil evidencia de materiales culturales chimú al sur del valle de Huarmey sugiere que el estado Chimú no había culminado el control de estos territorios o que se trataba de un área con un desarrollo independiente, que sólo mantuvo algún tipo de intercambio con la región metropolitana Chimú.

image_pdfimage_print
Páginas en este artículo: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: