¿Existe o no existe una filosofía inca?

Por eso Lajo sostiene (2003).

Toda esta vocación y prevención a los “cataclismos cósmicos” tendría que ver no solamente con el avance de la ciencia y la tecnología del hombre andino, sino con la superación de una “conciencia individual primitiva y monomaníaca (megalómana, ególatra y desequilibrada), y la conquista de una conciencia comunitaria superior, medio-ambiental y cósmica. Queda claro que para el mundo andino, esto no es un problema de “religión”, “moral” o “ética”, sino de niveles o estados de conciencia que representan para los andinos, “los vínculos complementarios y proporcionales” del hombre con la comunidad y con la naturaleza. 

El bien y el hombre, fluyen con la realidad y la naturaleza, solo así puede viabilizarse, existir o ser. En el mundo andino, lo malo, lo injusto, lo incorrecto, no existe plenamente o son temporales, el tiempo y la vida los anulan, pero, si el ser humano “desequilibra” mucho la vida y el mundo, el pachakuti “los barre” de la tierra, y la vida vuelve a comenzar. Lajo llama a toda esta enseñanza la “Escuela del Qhapaqkuna”. Finaliza el estudioso arequipeño diciendo que a los filósofos occidentales les servirá todo lo dicho como prueba de un “pensamiento sistematizado indígena”, propio y originario de estas latitudes que explica que para los andinos solo es posible la existencia en el cruce de dos cosmos paralelos y combinados. Dos cosmos con un puente de interrelación que origina la existencia, y que, comparado con el universo occidental explicaría el egoísmo, la guerra y el extravío con que vive el hombre occidental.

Es obvio que hasta este momento presentamos el sistema más convincente y coherente del pensamiento andino, un pensamiento sabio, pero que parece mantenerse aún en el ámbito religioso.

El filósofo suizo Josef Estermann (2009) publicó un artículo llamado La filosofía quechua, donde explica que la filosofía incaica comenzó en el tawantinsuyu con la imposición de runasimi, y que el pensamiento quechua no ha terminado con el imperio, sino que continuó y continúa, aunque de manera clandestina u oculta. Dice que “pensamiento incaico” o incluso “filosofía incaica” al ser tratado por diversos autores se referiría al pensamiento o a la ideología imperial, que fue una síntesis de influencias culturales y sapienciales de muchas culturas milenarias. Y que como la escritura jeroglífica empleada por ellos no ha sido descifrada, las fuentes del pensamiento incaico la encontramos en las fuentes arqueológicas, paleontológicas u orales. Dice (2009)

Al referirse a las filosofías indígenas en general o a las filosofías andinas en particular, la academia filosófica tiende a cualificar este tipo de filosofías como pensamiento, etnofilosofía, cosmovisión o simplemente sabiduría. Como con cualquier filosofía, se trata de filosofías contextuales, y el contexto en este caso es sobre todo, de tipo cultural, étnico y religioso. Es cierto que en el caso del pensamiento quechua (o de la filosofía quechua) no existen textos históricos de primera mano, no hay autoría individual y no existen instituciones de elaboración y difusión del saber filosófico Universidades, institutos, comunidades de sabios).37 Sin embargo, desde una perspectiva intercultural, se trata de un pensamiento filosófico distinto de la tradición occidental dominante, e incluso distinto de la gran mayoría de corrientes filosóficas de América Latina.

Refiere Estermann que las culturas andinas a las que pertenecen la cultura quechua y aimara tienen rasgos sapienciales, filosóficos y civilizatorios en común, en el caso de la quechua no sólo es el idioma, sino sus costumbres, ritos, principios, éticas y modos de vida. Cree también que la pachasofía quechua es la sapiencia filosófica andina de un universo ordenado y basado en principios directrices. Como los principios de relacionalidad, correspondencia, complementariedad, reciprocidad y ciclicidad. Estermann ve dos posibilidades a futuro para el pensamiento quechua, o queda vigente como algo exótico, una pieza de museo que se hallará en internet sin exponentes, o se unirá a la filosofía occidental y con la globalización se difuminará. Para las comunidades quechuas aún sigue viva y en crecimiento.

1.2.1. Dioses y Hombres de Huarochirí.- Es una recopilación hecha por Francisco de Ávila, entre 1,598 y 1,608, con ayuda de Tomás, su asistente, al efecto, nos procuramos de dos versiones, la de Arguedas de 1,966, y la del 2,008 hallada en Internet, llamada ¿TOMAS? Ritos y tradiciones de Huarochirí, edición bilingüe, del editor Gerard Taylor. Hablamos aquí de otro gran esfuerzo por recopilar lo que sería la cosmovisión andina, teniendo en cuenta que tenemos muy poca información escrita sobre el pensamiento andino de todo el tawantinsuyu. Esta es la recopilación sólo del Valle de Huarochirí de la sierra de Lima, y en lo que México nos lleva ventaja. Lo que probaría que el conquistador español fue mucho más cruento y destructivo por estos lares. Aun así, revisando estos valiosos relatos, comprobamos que son mitos e historias sobre Dioses y su accionar desde tiempos pretéritos hasta el tiempo de los incas. Hay toda una gama de Dioses como Huallallo Carhuincho, Curinaya Viracocha, Cavillaca, Hananmaclla y sus hijos Pariacaca y Chaupiñamca, otras “huacas” como Macahuisa, hijo de Pariacaca, Llocllayhuancu, hijo de Pachacámac y datos a tener en cuenta, como la adoración al sol en el Titicaca y a Pachacámac en la costa por mandato del inca; la función que cumplían los “cinco días” como lapso de tiempo para huir de la muerte, para volver de la muerte, como duración de las fiestas, o como tiempo para que se desprenda el ánima del cuerpo. Pariacaca estaba formado por cinco hombres, tuvo cinco hermanos, etc. Lo más llamativo en las dos traducciones es que, la traducción de Taylor parece más clara o más moderna.

Mientras la traducción de Arguedas (2015) dice: (…) porque la gente para adorar decía así: “Curinaya Viracocha, hacedor del hombre, hacedor del mundo, tú tienes cuanto es posible tener, tuyas son las chacras, tuyo es el hombre; yo”.

En Arguedas encontramos en quechua “coniraya viracocha runa camac pacha camac” (Corinaya Huiracocha, fuerza del hombre, fuerza de la tierra-Cosmos) La de Taylor (2008) dice: (…) ya que los hombres, cuando, adoraban a Cuniraya, le dirigían el rezo siguiente: “Cuniraya Huiracocha, tú que transmites la fuerza vital a la tierra y al hombre, a ti no te falta nada; tú posees chacras, tú posees hombres” . En Taylor encontramos la misma frase en quechua, pero varía la “c” por “k” y “q”: “Cuniráya/. Huiracocha runakamaq, pachakamaq, (Curinaya Huiracocha, fuerza del hombre, fuerza de la tierra-Cosmos) Si es el mismo contenido, ¿por qué diferentes términos? Para nosotros, una cosa es que la huaca sea el hacedor, la fuerza, el poder, y otra que la huaca sea el transmisor de “la fuerza vital”. Lo que daría pie a mayor especulación o a una mayor defensa de los que están en pro de una filosofía tawantinsuyana.

En todo caso, mientras en la versión de Arguedas, abunda la palabra “poder” en la versión de Taylor abundan las menciones de fuerza vital. El profesor Zenón DEPAZ en su obra “La cosmovisión andina en el Manuscrito de Huarochirí” (2,015) señalará kama como “El ánimo vital” “vitalidad” o “potencia vital”.

Otro detalle, en ambas versiones, Cahuillaca queda preñada de Cuniraya Huiracocha sin tener relaciones sexuales con él, sólo habiendo comido “el fruto de un árbol” (una lúcuma madura con el semen de la huaca), lo que nos recuerda la increíble anunciación de María y el pecado cometido por Eva al comer el fruto prohibido, siendo evidente en este párrafo (de 1598-1608) la influencia de la introducción del evangelio a la fuerza por parte del conquistador español, pues han pasado más de sesenta y seis años de su entrada en Cajamarca (1532).

Un dato más que refuerza nuestra posición de la influencia española, se presenta con un hombre llamado Tamtañanca, señor muy poderoso, tanto que tenía llamas amarillas, rojas y “azules”, la versión de Arguedas (2015) cita en quechua “asol llama” y la de Taylor “azul llama”. Encontramos los estudios modernos de William Gladstone (1858), Lazarus Geiger, y últimamente del investigador hebreo Guy Deutscher (1969) que indican que la creación y definición del color azul es netamente occidental, que fue el último color en definirse y que los pueblos originarios no lo podían ver, siendo que estos ven en vez del azul un color medio vino o rojo anaranjado. Puesto que el color se delimita con la definición, al no tener los nativos prehispánicos ese color en su léxico, no lo conocían. (Huatiacuri, un poderoso hijo de Pariacaca sugiere a un hombre bailar con una cusma azul) por lo que el color era la novedad por esas épocas.

Notamos que la palabra perdonar tampoco existe en el léxico nativo del tahuantinsuyu, en quechua figura igual que en el español (mana hukllaktapas perdonaspa). Pariacaca no perdonó a la comunidad de Huayquihusa que no le dio de beber chicha en una fiesta importante, y los eliminó luego de cinco días.

Retomando nuestro tema, es evidente que el texto del manuscrito de Huarochirí trata sobre dioses y mitos, trata historia de huacas, no sobre filosofía inca, pero sí posee elementos para ser considerados filosóficamente, y que son bien tratados por el profesor Depaz en La cosmo-visión andina en el manuscrito de Huaróchiri, elementos como pacha (el mundo), yana (la complementariedad), waca (lo sagrado), kama (ánimo vital), y yachay (experiencia), que anteriormente fueron tratados por Lajo, con terminología similar y bastante éxito.

1.2.2. Los Q´eros. Antes de cerrar el presente extracto queremos plantear el caso de la comunidad de los Q´eros. Esta comunidad es un grupo étnico de unos 2500 miembros que viven al pie de los glaciares andinos, cerca del valle sagrado de los Incas, en el Cusco, en los valles de Paucartambo, con vistas de la selva amazónica, en altitudes de entre los 1400 y los 5000 msnm.

Los pobladores de esta comunidad de las alturas del Cusco afirman ser los descendientes directos de los sacerdotes incas que huyeron de los conquistadores españoles para refugiarse en las montañas, y continuar con su mismo modo de vida, hace casi quinientos años. Ellos permanecieron aislados del mundo hasta la expedición etnológica del Doctor Oscar Núñez del Prado en 1955, lo que les permitió evitar el mestizaje y conservar gran parte de las tradiciones y rituales de la época Inca. Este pueblo generoso, quechua hablante, son alegres y hospitalarios. Se muestran elevados espiritualmente, delicados y respetuosos, y sorprenden las condiciones materiales tan difíciles en las que viven. Tienen una armonía con su ambiente natural; altas montañas glaciales donde cultivan y crían a sus llamas y alpacas. Se movilizan entre los 5000 y los 1400 msnm.

Los Q´eros, más que cualquier otra comunidad indígena, han conservado sus tradiciones culturales antiguas, como la agricultura, la espiritualidad o el uso de las plantas medicinales con fines terapéuticos, directamente desde la sabiduría de sus sacerdotes Incas. Viven en armonía y respetan la naturaleza, las montañas y todas las cosas que representan el espíritu de la vida a su alrededor. Ellos entienden el poder que la belleza de la naturaleza, lo que les permite existir felices en un ambiente hostil. La práctica de los rituales a la pachamama, (madre Tierra), una de las más poderosas de la cosmología andina, también les ha permitido obtener la distinción de la gente como el último “Ayllu de los Incas”.

Los Q´eros son considerados por la gente como chamanes muy poderosos y reconocidos. Sus ceremonias rituales con plantas alucinógenas como el “San Pedro58 Wachuma”, todavía la practican hoy en día y enseñan la sabiduría de los espíritus de la naturaleza y la cosmovisión andina. Los mitos y leyendas incas y amazónicas todavía las tienen muy presentes, y se cuentan por vía oral en la comunidad desde hace generaciones.

Ellos esperan el Pachacuti positivo, momento en que este mundo dará un giro, retornando a la armonía y poniendo fin a la época de caos y desorden. Durante la celebración de la fiesta anual del “Regreso de las Pléyades” en Tiawanaku, las personas ahí reunidas, se quedaron asombradas al ver aparecer a los Queros, vestidos con el emblema Inca del Sol, anunciando que el tiempo de las profecías había llegado: “Los hemos estado esperando durante 500 años, dijeron”.

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