Ciudad y Territorio de los Andes

Otros asentamientos de similar importancia debieron ser Mulahalo y Latacunga al sur de Quito. De esta última nos refiere que “….está el pueblo y grandes aposentos de la Latacunga, que eran tan principales como los de Quito. Y en los edificios

Fig. 42. Asentamientos Inka a lo largo del Qhapaqñan en el Ecuador y el norte del Perú (Canziani).

aunque están muy ruynados, se parece la grandeza dellos, porque en algunas paredes destos aposentos se vee bien claro donde estauan encaxadas las ovejas de oro y otras grandezas que esculpían en las paredes. Especialmente auía esta riqueza en el aposento que estaua señalado para los reyes Ingas y en el templo del sol…. Que es donde también estauan cantidad de vírgines dedicadas para el servicio del templo, a las quales llamauan Mamaconas. No embargante que en los pueblos passados he dicho que ouiesse apossentos y depósitos, no auían en el tiempo de los Ingas casa real ni templo principal como aquí, ni en otros pueblos más adelante, hasta llegar a Thomebamba” (ibid: 134).

La importancia de un centro como Latacunga es refrendada por otros datos que proporciona Cieza, cuando informa de la presencia en ella de mitimaes “que tenían cargo de hazer lo que el mayordomo del Inga les era mandado” (ibid: 135); al igual que de la importancia de éste funcionario imperial, del cual dependían políticamente los demás centros poblados de la provincia, al dar cuenta que “…obedescían al mayordomo mayor que estaua en Latacunga, porque los señores tenían aquellos por cosa principal, como Quito y Tomebamba, Caxamalca, Xauxa y Bilcas y Paria…” (ibid: 137).[182]Otros posibles centros de una categoría similar o algo menor, debieron ser Mocha, Riobamba, Tiquicambi, Cañaribamba y Hatuncañari

(Ingapirca) (ibid: 138-142).

Finalmente, tenemos la información de Cieza sobre Quito y Tomebamba, dos centros de primera importancia establecidos por el estado Inka en el

extremo norte de su imperio. Con relación a Quito los datos que se proporcionan son bastante escuetos, y se limitan a comentar que la naciente ciudad colonial “…Está assentada en unos antiguos aposentos que los Ingas auían en el tiempo de su señorío mandado hazer en aquella parte. Y auíalos illustrado y acrecentado Guaynacapa y el gran Topaynga su padre. A estos aposentos tan reales y principales llamauan los naturales Quito” (ibid: 128).

Mucho más rica y abundante resulta la información sobre la ciudad inka de Tomebamba, de la cual Cieza narra que “Estos aposentos famosos de Thomebamba …que eran de los soberuios y ricos que ouo en todo el Perú y donde auía los mayores y más primos edificios… …Las portadas de muchos aposentos estauan galanas y muy pintadas y en ellas assentadas algunas piedras preciosas y esmeraldas, y en lo de dentro estauan las paredes del templo del sol y los palacios de los reyes Ingas chapados de finísimo oro…Junto al templo y a las casas de los reyes Ingas auía gran número de aposentos adonde se alojaua la gente de guerra y mayores depósitos llenos de las cosas ya dichas, todo lo cual estaua siempre bastantemente proueydo, aunque mucho se gastasse…” (ibid: 144-146).

Fig. 43. Tomebamba: reconstrucción del plano de la ciudad, a partir de la recuperación de algunas de las edificaciones inka que definían los lados de la plaza central (Hyslop 1990: fig. 5.8).

Otra información de Cieza referida a Tomebamba, pero que reviste además una extraordinaria importancia para conocer la dinámica de las prin-

cipales ciudades Inka y el desarrollo sucesivo de intervenciones arquitectónicas en éstas, es el señalamiento de que “…Quando el rey moría, lo primero que hazía el sucessor, después de auer tomado la borla o corona del reyno, era embiar gouernadores a Quito, y a este Thomebamba, a que tomasse la possessión en su nombre, mandando que luego le hiziessen palacios dorados y muy ricos, como los auían hecho a sus antecesores” (ibid: 148). “Porque como tengo apuntado (refiriéndose a Tomebamba), era como cabeza de reyno o de obispado. Era cosa grande uno destos palacios, porque aunque moría uno de los reyes, el sucessor no ruynaua ni deshazía nada, antes lo acrecentaua, y paraua más illustre, porque cada uno hazía su palacio, mandando estar el de su antecessor como él lo dexó” (ibid: 144).

En cuanto a las escasas referencias arqueológicas sobre estos establecimientos Inka en lo que hoy es Ecuador, nos limitaremos a reseñar las más importantes, referidas a los restos de la ciudad Inka de Tomebamba emplazada a unos 2,500 msnm., y que fueran desdibujados y cubiertos por la ciudad colonial de Cuenca; para referirnos luego al impresionante complejo de Ingapirca.

Los estudios pioneros de Uhle (1969) sobre Tomebamba refieren acerca de la notable homonimia de algunos sectores de la ciudad con otros del Cusco, lo que refrendaría que la intención del Inca Huayna Capac habría sido la de fundar en las regiones norteñas recientemente conquistadas un “segundo Cusco”. Por otra parte, las primeras excavaciones arqueológicas desarrolladas por Uhle documentaron vestigios de una gran plaza de planta trapezoidal, alrededor de la cual se disponían dos grandes complejos con edificios públicos, al sur el que denomina Palacio de Puma Pungo y al norte, emplazado sobre un andén, el complejo que designa como Templo de Wiraqocha. Este complejo presenta frente a la plaza una gran kallanka, que habría tenido una planta rectangular de 72 m de largo por 12 m de ancho y que estaba dotada de 11 puertas que daban hacia la plaza (Gasparini y Margolies 1977: 107). Según las informaciones del cronista Cabello Valvoa, en la gran plaza de Tomebamba se habría encontrado un ushnu, sin embargo Uhle (ibid.) halló en el lugar solamente los restos de una plataforma cuadrangular de 26 x 28 m y de tan sólo 1.20 m de altura. Excavaciones

Fig. 44. Tomebamba: cimientos de edificios ordenados en forma de kancha, que habrían correspondido a un aqllawasi (Hyslop 1990: fig. 11.3).

arqueológicas más recientes han reportado la presencia de canales, fuentes y reservorios de agua; como también un conjunto de kanchas al sur de la plaza, dentro del complejo de Puma Pungo, que aparentemente corresponderían a un aqllawasi (Hyslop 1990: 96, 140-142, 236-237; fig. 5.8). Si bien las evidencias arqueológicas de Tomebamba son fragmentarias y la traza original Inka ha sido fuertemente afectada por la superposición de la ciudad colonial,[183] queda claro que en ella estuvieron presenten los elementos principales propios del modelo de ciudad impuesto por los Incas, como son el ingreso a la ciudad por medio del camino que venía desde Cajamarca y cruzando un puente llegaba a la plaza y luego proseguía hacia Quito; así como la presencia central de una gran plaza, delimitada por kallankas y los principales complejos ordenados en forma de kancha; al igual que la ubicación en la plaza del ushnu o plataforma ceremonial. A todo esto se podría agregar la especial localización de la ciudad en un tinkuy o lugar de encuentro de dos ríos.

Fig. 45. Ingapirca: plano general (Fresco 1987).

Ingapirca, conocido como Hatun Cañar en tiempos Inka, se localiza en la provincia de Cañar (Ecuador) a 3,160 msnm. Es un sitio de características bastante diferentes, tanto por las evidencias de una preexistente ocupación de la etnía Cañari, como por la posible función ceremonial que denota la edificación principal. El sitio está conformado por lo menos por dos sectores: el primero al noroeste se asienta sobre un promontorio que está coronado por la edificación de planta oval y que presenta otros conjuntos alrededor de una plaza trapezoidal; el segundo al sureste presenta una hilera de edificios independientes, que parece fueron almacenes, y otros organizados en kanchas. Entre estos dos sectores destaca también la presencia de escalinatas asociadas a canales y baños ceremoniales (Fresco 1987, fig. 2). La planta oval de este edificio pudo estar condicionada por la aparente forma de las casas de los Cañari, sin embargo también hay que recordar que la arquitectura Inka recurre a muros curvilíneos cuando se trata de edificios de carácter muy especial, mayormente adscritos a funciones ceremoniales (Hyslop 1990: 261-264).

Fig. 47. Ingapirca: vista del templo desde el lado norte (foto: Edward Ranney, en Hemming y Ranney 1987).

El edificio de planta oval oblonga está orientado de este a oeste y mide 37.10 m de largo por 12.35 m de ancho.[184] Esta planta corresponde a una plataforma soportada por un muro de contención elaborado con sillares de cantería fina de tipo imperial, que alcanza de 3 a 4 m de alto. Del lado sur de la plataforma y en el eje transversal de la misma, se encuentra la entrada con una portada trapezoidal de doble jamba, a la cual se asciende mediante una doble escalinata. Una vez traspuesto el umbral de la portada, se desarrolla un descanso desde donde arrancan dos rampas de escaleras en sentido contrapuesto, una hacia el este y la otra al oeste. Sobre el mismo eje de la plata-

Fig. 46. Ingapirca: plano del

templo de planta ovalada

(

Gasparini y Margolies

1977:

fig. 309).

Fig. 48. Ingapirca: reconstrucción isométrica del templo con detalle del acceso y la doble escalinata (Gasparini y Margolies 1977: fig. 310).

forma se encuentra un edificio dividido en dos ambientes independientes por un muro medianero dispuesto en el eje central, que coincide con la cumbrera del techo a dos aguas. De modo tal que se configura un ordenamiento absolutamente dual y simétrico de todo el conjunto (Gasparini y Margolies 1977: 303-307, fig. 310).

En el área de los Andes Centrales, el primer centro de importancia en la sierra norte fue Cajamarca. Hoy en día son muy escasas las evidencias de lo que fue la traza original de la ciudad Inka, sin embargo, el hecho de haber sido el escenario de la captura y muerte del Inca Atahuallpa por Pizarro y sus huestes conquistadoras, con lo cual se selló dramáticamente el final del Tawantinsuyu, nos permite aproximarnos a través de las crónicas referidas a este crucial evento a algunas valiosas informaciones acerca de este establecimiento Inca de primer nivel en la sierra norte del Perú.

A partir de las crónicas de los sucesos de la conquista en 1532, diversas descripciones mencionan que Cajamarca habría tenido una plaza “triangular” (posiblemente la referencia alude a una forma trapezoidal), que presentaba 3 grandes galpones o kallanka que daban sobre la plaza, donde destacaba la existencia de un ushnu. La presencia prominente de esta estructura en la plaza de Cajamarca, se puede deducir del hecho de que los españoles le llamaran “fortaleza” e instalaron sobre el edificio sus mejores armas de fuego, en lo que fuera el dramático escenario de la captura del Inka (Cieza 1987: 131-135; Pedro Pizarro 1986: 35-39).

Estos datos sobre establecimientos Inka de primer nivel, aunque fragmentarios, como los señalados antes para Tomebamba y Cajamarca, nos indican que los componentes fundamentales del modelo de urbanismo Inka están siempre presentes en ellos, no obstante la diversidad de soluciones que manifiestan cada uno de estos establecimientos, al resolver de forma singular, tanto su emplazamiento en el territorio como las funciones específicas que debieron absolver.

El Urbanismo Inka

Los datos que nos proveen asentamientos inkas que luego fueron objetos de remodelaciones y superposiciones coloniales, pueden dar una idea aproximada de las características fundamentales del urbanismo Inka, aun cuando las referencias son relativamente genéricas con relación a la presencia y características de los edificios públicos, como son los palacios, templos, depósitos y guarniciones. Por otra parte, el caso del Cusco es evidentemente singular, considerando que existía una notable diferencia entre la ciudad que representaba la capital de Tawantinsuyu y los demás centros provinciales. Estas diferencias obedecían a marcadas distancias jerárquicas, como también a las especiales connotaciones sacras y ceremoniales del Cusco, en cuanto capital imperial y sede de la nobleza Inka (Rowe 1967). Si bien algunas crónicas reiteran que los Inka fundaban ciudades en los territorios conquistados “a imagen y semejanza del Cusco”, o a manera de “nuevos Cuscos”, Hyslop (1985, 1990) propone que éste concepto no necesariamente se resolvía replicando a la ciudad del Cusco en cuanto tal, sino más bien como referencia a un modelo ideal de la misma y a los parámetros básicos que lo sancionaban.

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