Ciudad y Territorio de los Andes

8. Los principales cultígenos presentes en los sitios de este período son el frijol (Phaseolus vulgaris), pallar (Phaseolus lunatus), canavalia (Canavalia ensiformis), ají (Capsicum sp.), calabaza (Lagenaria siceraria), zapallo (Cucurbita sp.), achira (Canna sp.), maní (Arachis hypogaea), frutos como pacae (Inga Feuillei ), palta (Persea americana) y, mucho más tarde, el algodón (Gossypium barbadense) y el maíz (Zea mays).

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EL GERMEN DE LO URBANO

El proceso de neolitización, los primeros asentamientos aldeanos y el surgimiento de la arquitectura pública

monumental

DURANTE EL PERÍODO DENOMINADO Arcaico o también Precerámico con agricultura (Lumbreras 1981), que comprende los milenios que van del 5000 al 1800 a.C. se inicia en el área de los Andes Centrales el proceso definido universalmente como neolitización. Se trata del desarrollo de un conjunto de transformaciones trascendentales que implicaron la creciente incorporación y domesticación de plantas y animales por parte de las sociedades de está época; el despliegue de nuevas formas de manejo del espacio territorial y de los recursos allí presentes; el desarrollo de nuevos conocimientos e instrumentos de producción; y el surgimiento de nuevas formas de organización social. Todo este conjunto de profundos cambios económicos y sociales, que por su estrecha interdependencia no pueden ser asumidos como aspectos aislados unos de otros, dieron paso a la afirmación de nuevos modos de vida y a la generación de nuevas formas de asentamiento, especialmente en las regiones costeñas, donde un creciente proceso de sedentarización se expresa con la proliferación de los primeros asentamientos de tipo aldeano.

Aparentemente, la naturaleza de estos cambios fue distinta de región a región, e inclusive en el ámbito local de los distintos valles y cuencas, asumiendo el proceso un carácter desigual y diferenciado, en función de los recursos manejados; el nivel de desarrollo y participación de la producción agrícola o del pastoreo; las técnicas desplegadas en los diferentes procesos productivos; y las formas de organización social del trabajo presentes (Lanning 1964: 64, Fung 1988: 67). Una primera gran diferencia es observable en este proceso con relación a las regiones costeñas y las altoandinas. En las primeras, la temprana sedentarización estaría asociada al desarrollo de asentamientos aldeanos y luego al progresivo surgimiento en estos de una arquitectura pública, que anticipará el sorprendente e inédito desarrollo de complejos con edificaciones monumentales previos al conocimiento de la cerámica. Mientras tanto, para ciertas regiones altoandinas se nos propone un proceso, en este caso asociado a la presencia de poblaciones aún trashumantes o semi-nómades, que vería el temprano desarrollo de la arquitectura pública –en cuanto centro de identificación y articulación de las comunidades pastoriles– que antecedería a la paulatina sedentarización de estas, con el establecimiento de caseríos y luego de aldeas, muchas veces a partir de este núcleo original de índole aparentemente ceremonial (Lanning 1964: 73, Bonnier y Rozemberg 1988).

Los tempranos asentamientos aldeanos de la Costa

Las primeras fases de esta época, que datan del 5000 al 2500 a.C. han sido escasamente documentados por la investigación arqueológica. Sin embargo, los datos disponibles permiten suponer que las comunidades de las regiones costeñas de estos tiempos estaban ya orientadas a una economía que dependía fuertemente de la pesca y extracción de recursos marinos, combinada con la recolección en las lomas y el desarrollo de una incipiente horticultura.1 En cuanto a la forma de asentamiento, se estaría registrando en estas regiones el tránsito gradual de campamentos cada vez más prolongados, hacia el establecimiento de aldeas con una ocupación más estable y de mayor permanencia.

Un caso clásico de este tipo de asentamientos es el Chilca y el de La Paloma en la Costa Central. Se trata de asentamientos localizados relativamente próximos al litoral, donde sus pobladores se abastecían de los abundantes y variados recursos marinos que han sido documentados en los conchales y basurales asociados a estos sitios.

Pero estos también se encontraban ubicados en proximidad de zonas de lomas, que aseguraban la recolección de sus diversos recursos; así como de quebradas aluviales y afloramientos de agua que permitían el cultivo de algunas plantas.

En Chilca, las estructuras de vivienda se encontraban agrupadas de una forma bastante compacta y las que han sido documentadas arqueológicamente (Donnan 1964), corresponden a chozas de planta circular de unos 2.5 a 3 m. de

Fig. 19. Mapa de ubicación de los principales sitios del período Precerámico.

  1. Huaca Prieta
  2. Alto Salaverry
  3. Salinas de Chao
  4. Las Aldas
  5. Culebras
  6. Los Gavilanes
  7. Aspero
  8. Caral
  9. El Paraíso
  10. Asia
  11. Otuma
  12. San Nicolás
  13. La Esmeralda
  14. Huacaloma
  15. La Galgada
  16. Piruru
  17. Huaricoto 18 Kotosh.

1. Se conoce también a este período como Precerámico pre-algodón (Lumbreras 1981) ya que no solamente está ausente este cultivo y es de algún modo aún limitado el rol de la horticultura en las subsistencias, sino que también no se perciben los profundos cambios económicos, sociales y en la forma de asentamiento que se advierten en los sitios asociados a la presencia del algodón. Por esta razón, la presencia – ausenciadel algodón ha sido asumidaporlaarqueologíaandinacomo unindicadordiagnóstico de esta época de grandes cambios correspondiente al Precerámico Tardío.

Fig. 20. Plano de la excavación de una vivienda de Chilca

(Engel 1980: 25).

diámetro, cuya armazón fue hecha de troncos y ramas de árboles propios de la costa, como el sauce (Salix chilensis) y el huarango (Prosopis juliflora o Acacia macracantha?), además de cañas. En algunos casos, en la construcción se incluyeron costillares de ballena dispuestos horizontalmente en el perímetro interior de la choza, a modo de durmientes que permitían para asegurar su base y soportar la presión de la basura acumulada en su exterior, y que quizás también servían de poyo de asiento para sus habitantes (Engel 1988).

El único ingreso estaba conformado por haces de totora entretejida en forma de herradura, mientras que la cobertura se realizó mediante petates de totora tejida. Al parecer fueron estructuras con los pisos ligeramente excavados por debajo del nivel del terreno, lo que se incrementaba con el constante arrojo al exterior de la vivienda de las conchas y otros desperdicios. Aparentemente los fogones y las demás actividades relacionadas con la preparación de los alimentos se habrían desarrollado al exterior de estas viviendas. En este sentido, se han registrado batanes y manos de moler asociados con las viviendas, lo que estaría revelando que en el asentamiento se desarrollaba el procesamiento de determinados recursos agrícolas con fines alimenticios o productivos. Tanto en Chilca como en La Paloma se registraron múltiples enterramientos, para lo cual se dispuso los cuerpos extendidos y envueltos en petates de totora, sepultándolos con algunas

Fig. 21. Reconstrucción hipotética de vivienda de aldea de La Paloma (Engel 1980).

ofrendas bajo el piso de las viviendas, como en áreas de las aldeas especialmente destinadas a esta función, dando lugar a los testimonios más tempranos de cementerios (ibid.).

Este tipo de asentamientos, con aglomeraciones compactas de chozas de vivienda de características similares y los contextos arqueológicos asociados, estarían expresando la presencia de sociedades sustancialmente igualitarias, donde las divisiones sociales estarían determinadas exclusivamente por cuestiones de sexo y edad, y su correspondiente participación en los procesos productivos desplegados por el grueso de la comunidad. De otra parte, la cantidad de unidades de vivienda, así como la densidad de los cementerios y enterramientos hallados, pueden ilustrar el notable incremento poblacional que se estaría verificando con relación a épocas anteriores. Este incremento poblacional -notablemente favorecido por la sedentarización- sería el resultado de la provechosa integración representada por la extracción intensiva de recursos marinos; el desarrollo de una horticultura incipiente, y el mantenimiento de las viejas prácticas recolectoras, se vería confirmado también por la proliferación de un gran número de sitios aldeanos que han sido documentados arqueológicamente a lo largo de la Costa.

Los asentamientos aldeanos y el surgimiento de la arquitectura pública

En el desarrollo de las fases siguientes, durante el período conocido como Precerámico con algodón o Precerámico Tardío (2500 – 1800 a.C.), no obstante tratarse de un período de una menor duración, los cambios se aceleran drásticamente comprometiendo las distintas esferas de las formaciones sociales. En el caso de la costa, el énfasis en la pesca y extracción de recursos marinos, se ve progresivamente acompañado por un incremen-

to de las especies cultivadas y una creciente importancia de estas en la alimentación y la provisión de importantes insumos para la elaboración de instrumentos y el desarrollo de una serie de procesos productivos. Estos nuevos niveles en el desarrollo económico estarán acompañados por la aparición de nuevas formas de organización social en el seno de las comunidades, los que conducirán a un incipiente proceso de diferenciación social. Todo este complejo proceso se manifiesta de manera patente en la creciente extensión y densidad de los asentamientos aldeanos y, en especial, con el surgimiento y creciente importancia queasumirá en ellos la arquitectura pública.2

Además de la notable presencia del maíz (Zea mays) entre las nuevas plantas cultivadas y su ascendente participación en el complemento de la dieta alimenticia; la domesticación y cultivo del algodón (Gossipyum barbadense) desempeñará un rol especialmente importante en el incremento de la producción y en el desarrollo social y cultural de las sociedades costeñas de esta época. La fibra del algodón no sólo sustituirá progresivamente a otras fibras vegetales en la producción de los textiles, si no que tendrá repercusiones revolucionarias al incorporar su resistente fibra en la confección de redes y sedales para el desarrollo de la pesca, en cuanto actividad principal en la economía de las sociedades costeñas del período. Se desarrollaron así redes cada vez más eficientes, tanto por su tamaño, durabilidad y capacidad de pesca, tejiéndose distintos tipos de mallas adecuadas a los distintos tipos de especies presentes en los diversos ámbitos del litoral marítimo.3

Evidentemente este tipo de redes, que significaron una crucial innovación respecto a un instrumento de producción hasta ese entonces rudimentario, no solamente debieron de multiplicar la capacidad de pesca, sino también requerir formas especiales de trabajo mancomunado para su operación. De otro lado, una mayor disponibilidad de excedentes de la pesca habría requerido a

  1. Por arquitectura pública, consideramos todas aquellas edificaciones cuya función está referida a actividades de carácter especializado. Esta función se expresa tanto en la forma arquitectónica como en la propia producción constructiva, y se define científicamente mediante el análisis arqueológico de sus contextos y asociaciones. En este sentido, la arquitectura pública se diferencia claramente de la arquitectura doméstica que resuelve las funciones habitacionales y las actividades propias de núcleos familiares. Con el surgimiento de la arquitectura pública se constituye una nueva clase de arquitectura que abarca una amplia gama de funciones, sean estas de tipo ceremonial, político, administrativo, productivo, militar, etc. Lejos del equívoco que considera la arquitectura pública con relación a su capacidad de albergar una determinada cantidad de personas (público), el carácter de esta está definido sustancialmente por la calidad de las funciones especializadas que contiene, independientemente de las dimensiones físicas que estas requieran para su realización.
  2. En Huaca Prieta, por ejemplo, se hallaron redes bastante bien conservadas que mostraban diferentes tipos de mallas, lasque tenían como flotadores mates especialmente seleccionados por su forma esférica, cuyo cuello estaba obturado con una coronta de maíz, así como discos de piedra horadados al centro que servían de pesos (Bird et al. 1985).

Fig. 22. Valle costeño hipotético, con ubicación de aldeas y Centros Ceremoniales, con énfasis en el manejo diversificado de recursos, marisqueo y pesca, agricultura incipiente, y recolección, la articulación “horizontal” del espacio territorial entre sitios del litoral y del valle medio o alto (Can-

ziani).

su vez de técnicas de almacenamiento y conservación (tales como el tradicional secado y salado aún en vigencia en las caletas de nuestro litoral) y, a su vez, de nuevas formas de administración comunal que regularan la distribución y el consumo de estos alimentos. Como se puede apreciar, sólo con relación a este proceso productivo entre tantos otros, existe una concatenada y estrecha interdependencia entre las innovaciones en el ámbito de los recursos que se incorporan como materias primas; el despliegue de nuevas técnicas e instrumentos de producción; la ampliación en la escala de apropiación de los recursos naturales y la disponibilidad de excedentes; la mejora e incremento en el aprovisionamiento de subsistencias; sus repercusiones en el consecuente crecimiento poblacional y, por último, en el surgimiento y afirmación de nuevas formas de trabajo y de organización social.

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