Ciudad y Territorio de los Andes

Otros dos importantes complejos administrativos se ubican frente a frente en el cuello del valle, en una zona estratégica para el manejo del sistema hidráulico que posibilita la producción agrícola del valle, así como con relación a las rutas de conexión con el valle alto y las regiones de la sierra.

Se trata de Pampa de la Pelota (126) y de Casagrande (42). En el primer caso, se trata de un extenso recinto de planta rectangular orientado este-oeste que alcanza un largo de unos 180 m y poco más de 80 m de ancho. El cerco exterior está conformado por un muro de piedra a doble cara de unos 90 cm de espesor y queda abierto hacia el oeste generando una explanada a manera de plaza, mientras que al este se presenta un sector con subdivisiones interiores organizadas a lo largo de un corredor central. En los flancos del cerro que limita la quebrada del lado sur se presenta una extraordinaria concentración de terrazas con restos de una ocupación aparentemente habitacional.

En el caso de Casagrande (42), que se ubica en una quebrada de la margen derecha, la planta es algo menor y trapezoidal —como amoldándose al espacio de la quebrada— con la base de 75 m. en la parte baja y 60 m. en la parte alta; mientras que alcanza unos 86 m. de largo en su eje orientado de norte a sur. En este caso también la construcción de los muros es de piedra y un corredor central organiza la distribución de las subdivisiones, cuyos recintos se desarrollan en terrazas para superar la pendiente del terreno. De igual modo, existen terrazas aparentemente habitacionales en las laderas de los cerros al este y al oeste del complejo.

Los cementerios

Las tumbas del período Chincha presentan, dentro de la variedad de tipos existentes, algunos rasgos característicos. Si bien las tumbas simples son de carácter individual y en algunos casos están asociadas a la disposición de los cuerpos en grandes tinajas de cerámica, las más elaboradas y complejas aparentemente fueron de carácter colectivo y están asociadas a la construcción de cámaras funerarias, lo que da lugar al desarrollo de una singular tradición arquitectónica. Estas cámaras funerarias se conocen como chullpas, por sus semejanzas y posibles influencias con relación a las estructuras funerarias del altiplano y otras regiones sureñas de los Andes Centrales. En este caso también es evidente que los fardos funerarios (mallki) no eran “enterrados” si no dispuestos en estos mausoleos, que debieron representar —para las colectividades de origen de los difuntos— la última morada de los ancestros, quienes eran objeto de culto y de rituales recurrentes, propios de las tradiciones andinas.

Fig. 98. Apunte de la “Tumba del Rey” vista desde el suroeste (Canziani).

La chullpas chinchanas se caracterizan por ser semienterradas y de planta cuadrangular, con medidas que varían entre los 4 a 5 metros de lado, presentando un solo vano de acceso, pequeño y estrecho, orientado generalmente al oeste o norte y que está asociado a algunas gradas que permiten descender desde el nivel del terreno hacia el piso interior de las cámaras. Si bien por siglos estas estructuras han sido objeto de saqueo y persistente destrucción, en algunas de ellas se ha podido apreciar la existencia de poyos y hornacinas interiores, mientras que unas pocas aún conservan restos de sus techos originales. Estas evidencias recuperadas permiten reconstruir que los techos estaban estructurados con vigas mayormente sin labrar, sobre

Fig. 99. Apunte de la “Tumba del Rey” vista desde el noreste (Canziani).

las que se apoyaban varas y entramados de carrizo, sobre los que se aplicaba, como sello, una torta de barro.

Fig. 100. Dos chullpas funerarias dispuestas en un terraplén semicircular en la cima de una quebrada del valle medio (Canziani).

Los muros de estas cámaras fueron hechos, en unos casos, con piedras de campo o cantos rodados unidos con mortero de barro, pero la gran mayoría fueron hechos con la técnica del tapial al igual que la mayor parte de la arquitectura Chincha. Puede suponerse, como ya señalamos, que este tipo de cámaras funerarias estuviera asociado a prácticas de enterramiento colectivo de los integrantes de grupos familiares o de personajes de un mismo clan, a lo largo de un determinado lapso de tiempo. En este sentido, las características sobresalientes de algunos de estos mausoleos podrían estar reflejando las diferencias de estatus existentes entre los distintos sectores sociales que conformaban la sociedad Chincha. Este es el caso del cementerio conocido como “Tumba del Rey” (12), que presenta restos de un conjunto ordenado de cámaras funerarias, entre las que destaca una que alcanza grandes proporciones, con una planta de 6.40 por 5.80 m y en la que se aprecia la existencia de hornacinas como también rastros de pintura mural en la decoración de sus paramentos interiores. Este conjunto de tumbas presenta un planteamiento más elaborado del acceso, que en este caso no es directo, si no laberíntico, mediante un corredor lateral adosado a la cámara al que se agrega una suerte de vestíbulo.

Es de notar que si algunas tumbas se encuentran aisladas o dispersas, muchas veces, como en el caso anterior, se concentran en conjuntos más o menos grandes, e inclusive se ordenan con distintos tipos de planeamiento. Este es el caso de conjuntos que asumen una organización lineal, disponiéndose en terrazas y formando hileras que se amoldan a las curvas de nivel de las laderas de los cerros en las que se han instalado. Otras cámaras funerarias se ubican en el cierre de pequeñas quebradas y se disponen en herradura sobre plataformas con muros de contención y algunas rodean un espacio central, a manera de plazoleta o patio, hacia el cual orientan sus accesos.

Sólo en algunos casos se ha podido apreciar la existencia de verdaderas necrópolis, como en el caso del sitio 137, donde sobre una plataforma natural se han dispuesto las chullpas en conjuntos alineados que forman una trama de pasajes, y donde se observa también la existencia de un muro perimetral que debió de restringir el acceso a los mausoleos.

Los restos de estos cementerios se observan en mejor estado de conservación en la parte media y media alta del valle, mientras que en la parte baja del valle, donde la destrucción ha sido mucho más intensa, sólo quedan algunos vestigios que permiten establecer que en este caso los cementerios se instalaron reocupando antiguos montículos correspondientes a edificaciones de períodos anteriores, también aquí con la construcción de cámaras funerarias. De esto también informa Uhle (1924), quien además da cuenta de otros tipos de tumbas en “pozo” o en forma de “bota”, excavadas en los tablazos y acantilados sobre las márgenes del valle y frente al mar.

El sistema de caminos

Un aspecto extraordinario en la arqueología del

Valle de Chincha es la existencia de un sistema de

Fig. 101. Mapa del valle de Chincha con el antiguo sistema de caminos, los principales centros urbanos y los centros administrativos de la margen sur del valle (Canziani).

caminos que establece, a partir del complejo de La Centinela de Tambo de Mora y La Cumbe, un ordenamiento radial del territorio del valle. Este ordenamiento aparentemente orientó los principales ejes de comunicación dentro del valle, proyectándose inclusive a las rutas de comunicación con la sierra y el sureño valle de Pisco.

Este sistema de caminos fue dado a conocer por Wallace (1977) sobre la base del examen del mosaico aerofotográfico del valle. Sin embargo, es preciso señalar que ya Uhle (1924) había advertido que “…todavía existen trazos de un antiguo camino que va de Tambo de Mora hacia las montañas…” para luego añadir que cuando uno se dirige hacia Tambo de Mora, observa que la orientación de este camino “…está dirigida exactamente hacia la cima de la gran huaca, La Centinela”. Posteriormente Wallace observó que este camino que corre rectilíneo de este a oeste, era parte del desarrollo mayor de un sistema radial de caminos que tiene como centro La Centinela.

El camino este-oeste, con una longitud de 12 km se dirige desde La Centinela hacia el abra ubicada en el cuello del valle, en el lugar que es conocido como Portachuelo y que sirve de paso obligado para dirigirse hacia el valle alto. En algunos tramos de este antiguo camino se conservan aún los muros de tapia que lo delimitaban.

El camino que desde La Centinela se orienta en dirección sureste, atraviesa diagonalmente todo el valle, para luego dejar la parte cultivada y ascender por la desértica Pampa de Los Arrieros, para llegar hasta el abra de la Pampa Cabeza de Toro, con un trayecto de 20 km para desde allí dirigirse hacia el valle medio de Pisco y conectarse con el camino Inka que de Lima la Vieja, pasando por Tambo Colorado y Huaytará, llevaba hacia la ciudad inka de Vilcashuaman.

Otro camino diagonal está orientado hacia el sur-sureste y su trazo corresponde a la bisectriz del trazo de camino del sureste con el que corre de norte a sur. Este camino tiene un desarrollo de 15 km y termina en las planicies desérticas que limitan el valle, donde se encuentra el sitio 143 de aparente función administrativa.

El camino que desde La Centinela de Tambo de Mora se dirige hacia el sur, está dirigido hacia La Centinela de San Pedro, recorriendo una distancia de 11 km. Lo interesante del caso es que, a partir de este punto, nuevamente parece reproponerse el desarrollo de un ordenamiento radial, con 3 caminos que se dirigen respectivamente al este, el sureste y el sur.

Fig. 102. Tramo del antiguo camino del sureste a la salida del valle de Chincha, en su trayecto por la Pampa de Los Arrieros hacia el valle de Pisco (Canziani).

La presencia de notables centros urbanos y de una gran variedad de tipos de sitios, revela la riqueza y complejidad del patrón de asentamiento de la cultura Chincha. Una especial organización del espacio territorial, en la que aparentemente se combinó tanto el aspecto concentración como la dispersión. Esto parece expresarse en la estrategia de establecer la concentración urbana no en un solo centro, sino más bien en tres importantes centros urbanos, con una localización clave para el manejo de los recursos del valle y del litoral; el desarrollo de procesos productivos y servicios de carácter especializado; así como para la administración y el control político. La dominante dispersión, en el caso de los asentamientos rurales, revelaría también una estrategia particular en el manejo de la producción agraria y de la población comprometida con el desarrollo de esta actividad. De otro lado el sistema de caminos –más allá de su valoración simbólica— y el emplazamiento estratégico de los principales centros administrativos, podría estar revelando la importancia de la comunicación y el tráfico de bienes y productos a cargo de los mercaderes chinchanos.

La arquitectura de la cultura Chincha desplegó una serie de recursos formales y constructivos para resolver diversas funciones y actividades. No es ajena a la arquitectura monumental Chincha el desarrollo armónico de volúmenes de gran impacto visual, o el desarrollo de acabados sofisticados mediante frisos en relieve y el empleo de la pintura mural.

Curacazgos y Señoríos Étnicos

Como señaláramos en la introducción de este capítulo, a diferencia de las regiones costeñas donde el resurgimiento de formaciones estatales estuvo aparejado de un emergente urbanismo, en la mayoría de las regiones altoandinas se constata durante este período la aparente ausencia de entidades estatales. Este fenómeno se manifiesta territorialmente con la presencia dominante de aldeas y poblados rurales, mientras que es notoria la inexistencia de asentamientos urbanos y menos de ciudades en estas regiones.

Es preciso considerar este fenómeno en el contexto histórico del Intermedio Tardío, que resulta de la disgregación del estado Wari y del término de su presencia en muchas de estas regiones. Lo que habría derivado en la acentuación de las condiciones propias de desarrollos regionales caracterizados por un fuerte énfasis autárquico, con una base económica rural de carácter agropecuario, que requiere de escasos niveles de especialización productiva, ya sea porqué la presencia de especialistas no es de vital importancia para los procesos productivos, o no se dan las condiciones de base para posibilitar su sustento económico.

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