Ciudad y Territorio de los Andes

Hyslop (ibid.) citando a Tello, menciona que la extensión de la ciudad podría ser dos o tres veces mayor que la que figura en los planos conocidos, ya que existen áreas que se encuentran al norte y noroeste de los sectores con arquitectura visible, que parecen yermos desérticos pero contienen gran cantidad de cerámica dispersa, por lo que se podría presumir que estos espacios delimitados por la muralla exterior, ubicada unos 750 m. al extremo norte del sitio, habrían podido ser habitados —quizás temporalmente— mediante construcciones hechas con materiales perecederos. En todo caso, si establecemos como área nuclear la delimitada al norte por la ‘Antigua Muralla de la Ciudad’; al suroeste por el Templo del Sol y el recinto amurallado del Templo de Pachacamac; y al noreste por el Complejo de Tauri Chumbi, se podría estimar que el área que presenta complejos con arquitectura monumental alcanzó una extensión superior a las 100 ha.

En los sectores dentro de la Antigua Muralla destaca un nuevo tipo de arquitectura monumental, que se caracteriza por conformar complejos amurallados construidos mayormente con adobe. La estructura central de estos complejos corresponde a una edificación piramidal constituida por plataformas escalonadas, que presentan una secuencia de rampas dispuestas mayormente en su eje central. En Pachacamac se han identificado por lo menos quince complejos de este tipo, que son conocidos como Pirámides con Rampa.

El planeamiento de este tipo de complejos se caracteriza por presentar frente a la pirámide espacios abiertos, delimitados por los mismos muros del complejo, definiendo grandes patios que debieron servir para reunir a las personas convocadas a participar en las actividades públicas que tenían lugar dentro de los complejos (Paredes y Franco 1987). El ingreso a estos complejos y sus respectivos patios delanteros podía ser tanto de forma directa (Pirámide 1) como indirecta por medio del desarrollo de un tramo laberíntico (Pi-

Fig. 73. Pachacamac: foto aérea con ubicación de los principales complejos con pirámides con rampa (SAN).

Fig. 74. Pachacamac: Isometría reconstructiva del complejo de la Pirámide con rampa 1 (Paredes y Franco 1987: fig. 3).

rámides 2 y 3). Sobre las plataformas superiores de las pirámides se edificaron salas o cuartos dispuestos con una planta en forma de U. A estos ambientes se accedía por medio de las rampas desde el nivel del patio, o mediante caminos epimurales que servían también para facilitar el tránsito entre los distintos sectores de los complejos. Aparentemente estas estructuras edificadas sobre la pirámide estuvieron techadas y debieron desempeñar la función de salas anexas al espacio de mayor representatividad, correspondiente al área central enmarcada por la planta en U, desde cuyo nivel elevado se dominaba el espacio subyacente del patio frontal.

Fig. 75. Pachacamac: Isometría reconstructiva del complejo de la Pirámide con rampa 2 (Paredes y Franco 1987: fig. 2).

En la parte posterior o lateral de las pirámides o en anexos laterales, se encuentran conjuntos ordenados de cubículos de planta cuadrangular o rectangular, que posiblemente estuvieron destinados al depósito de productos agrícolas, ya que en algunos de ellos se halló restos de maíz y ají durante las excavaciones (ibid.: 7). Adicionalmente, se encuentran dentro de los complejos otros patios o canchones, que parece estuvieron destinados a la realización de determinados procesos productivos, que se relacionarían con el manejo de determinados bienes en el marco de los sistemas de reciprocidad y redistribución. Estos rasgos arquitectónicos y los contextos asociados, permiten inferir el relevante rol político y económico que desempeñaron los complejos con pirámides con rampa (Eeckhout 2005).

Diversas interpretaciones se encuentran en debate acerca del carácter de los complejos con pirámides con rampa. Algunas apuntan a destacar las posibles funciones rituales y ceremoniales; mientras otras sus posibles funciones políticas, en cuando palacios o residencias de elite (ibid.). Posiblemente esta disyuntiva se resuelva examinando la forma en que el poder político del señorío de Pachacamac o Ychsma se articulaba con el poder religioso, tal como lo sugiere Rostworoski (1999: 14-15) cuando destaca la presencia de dos personajes principales, ejerciendo simultáneamente una forma de poder dual —uno político y religioso el otro— en los dominios del señorío, que comprendía tanto el valle bajo del Lurín como la margen izquierda del valle bajo del Rímac.

Cuando los Inkas ingresaron a la costa central alrededor del 1470, convirtieron a Pachacamac en un importante centro funcional a su dominación en la región. Las edificaciones que los Inka construyen en Pachacamac durante este último período, son un excepcional testimonio de los designios imperiales y de su trascendente presencia en la ciudad. Además de la monumental pirámide conocida como ‘Templo del Sol’, que se levanta sobre el promontorio más elevado al suroeste del sitio, superponiéndose a un antiguo montículo piramidal de época Lima; también se construye un edificio que se conoce como Mamacona, asumiéndose que correspondería a un aqllawasi; y conjuntos residenciales de elite, como el complejo denominado ‘Tauri Chumbi’.

Fig. 76. Pachacamac: Isometría reconstructiva del complejo de la pirámide con rampa 3 (Paredes y Franco 1987: fig. 6).

Pero además de estos prominentes edificios, los inkas realizaron una importante remodelación en el sitio, al desarrollar lo que se conoce como la ‘Plaza de los Peregrinos’, para lo cual se habría desmontado edificios preexistente en este sector, con el propósito de generar una amplia explanada rectangular de unos 320 x 90 m. dividida en su eje central por dos hileras paralelas de pilares. Estos pilares centrales, como las hileras que se dispusieron ordenadamente a lo largo de la plaza, sugerirían la posible presencia de galerías dotadas con algún tipo de techo. Al lado sureste de la plaza, se construyó con los típicos adobes de factura inka una plataforma que contaba con una escalinata para ascender a ella desde la plaza. Estos rasgos y la asociación con la plaza, permiten suponer que esta estructura correspondería a un Ushnu, las características plataformas ceremoniales presentes en las plazas de los principales centros inka (Hyslop 1990: 256-259). A propósito de las intervenciones que se llevan a cabo durante este período, Hyslop (ibid.: 260) destaca que Pachacamac probablemente constituye el ejemplo más monumental donde el planeamiento Inka ajustó su diseño a una traza urbana preexistente.

Aún no están claras las formas de relación de otros asentamientos contemporáneos de la comarca de Lima, respecto a la ciudad de Pachacamac. Sin embargo, dadas las calidades y dimensiones urbanas de Pachacamac, su existencia y desarrollo debió sustentarse necesariamente en un sistema que le garantizase una red de abastecimientos y formas de tributación en especies o en fuerza de trabajo. Se ha propuesto, a partir de la documentación etnohistórica, que la base territorial de este sustento comprometería por lo menos las partes bajas de los valles del Rímac y el Lurín, y que esta se garantizaba mediante las relaciones de reciprocidad y dependencia de diferentes curacazgos establecidos en distintos sectores de estos valles agrícolas e inclusive en las lomas aledañas. Al respecto se menciona a Pacat y Manchay para el valle bajo; al curacazgo de Sisicaya en la zona correspondiente a la chaupiyunga;[161] a los Caringa que manejaban las lomas de las quebradas entre Lurín y Chilca;[162] además del pueblo de Quilcay cuyos residentes estaban especializados en las faenas de la pesca (Rostworowski 1992).

Fig. 77. Pachacamac: vista pa-

norámica en la que se aprecia

un complejo de Piramide con

rampa (foto: E. Ranney).

En lo que se refiere al área inmediata del valle de Lurín, dado que en este valle no se encuentra ningún otro asentamiento urbano y menos alguno de las dimensiones de Pachacamac, sino más bien un conjunto de poblados, aldeas y caseríos que se eslabonan a lo largo de los distintos sectores agrícolas que se suceden en este valle (Marcone 2005), podemos suponer que estos asentamientos rurales tuvieron una relación bastante más estrecha y articulada con la ciudad.

Fig. 78. Pampa de Flores: foto aérea (SAN).

Estos asentamientos, que se localizan en las márgenes del valle y por encima de los canales de riego que delimitan las tierras de cultivo, son de diferente tamaño, traza y densidad, si bien comparten técnicas constructivas y tipologías arquitectónicas. Algunos sitios presentan conjuntos de pocas estructuras y podrían corresponder a caseríos; otros presentan aglomeraciones algo más extensas y mayor número de estructuras, por lo que podrían considerarse aldeas; mientras contados asentamientos tienen una gran extensión con una alta densidad de estructuras e, inclusive, la incorporación de algunos espacios y complejos con arquitectura pública, por lo que podríamos considerarlos como pueblos o centros urbanos menores.

El caso más destacado de este último tipo de asentamiento corresponde a Pampa de Flores, que llama la atención por su notable extensión, pero también porqué manifiesta ciertos niveles de planeamiento, con la organización de algunas calles, de espacios abiertos que podrían corresponder a plazas, y la presencia de complejos cercados, que en algunos casos presentan como elemento central plataformas escalonadas con rampas, que parecen emular en pequeña escala el lenguaje arquitectónico de las monumentales pirámides con rampa de Pachacamac.

La presencia de amplias terrazas o tendales construidos con grandes muros de contención en las laderas de los cerros que delimitan el asentamiento de Pampa de Flores sugerirían la importancia de algunos procesos productivos que se habrían desarrollado en él, como los asociados a la transformación de determinados productos agrícolas como, ají o maíz, que requieren de un proceso previo de secado.

Otros asentamientos de aparentemente carácter aldeano, como Tijerales, Huaycán de Cieneguilla, Panquilma y Chontay, entre otros, se caracterizan por presentar distintos sectores con estructuras aglutinadas de tipo habitacional, cuya agregación espontánea y sucesiva genera una trama donde no se percibe alguna forma de planeamiento. Estos rasgos, unidos a la ausencia de arquitectura pública prominente, expresarían el carácter marcadamente rural de este tipo de asentamientos. Sin embargo, especialmente en el caso de Chontay, la gran cantidad de silos o qollqas de depósito, construidos bajo el piso de la mayoría de las viviendas, revelan una notable capacidad de almacenamiento de productos, cuyo volumen excede ampliamente los requerimientos del consumo familiar. La cantidad y desarrollo formal de estas estructuras de almacenamiento en cada una de las unidades habitacionales, permiten suponer que los habitantes del asentamiento desarrollaban una acumulación de productos agrícolas destinados a un sistema de intercambio o tributación, sugiriéndose así su articulación con un sistema económico más complejo que trascendía la habitual producción de autoconsumo.

Fig. 80. Chontay: foto aérea del asentamiento (SAN).

Fig. 81. Chontay: vista de un sector de conjuntos habitacionales al noroeste del sitio (Canziani).

Arquitectura y Urbanismo Chincha[163]

La cultura Chincha representa una de las más importantes formaciones sociales que se desarrollaron en la Costa Sur del Perú en la época tardía, que comprende tanto el período de los Estados Regionales Tardíos (1000 — 1450 d.C.), como el período de dominio de la región por parte de los Inkas, y que concluye en el siglo XVI con la conquista española.

La sociedad Chincha constituye la culminación de un largo proceso histórico que tuvo como escenario el valle del mismo nombre. Como hemos ya visto en el capítulo 4, este proceso se inició tempranamente con el desarrollo de la cultura formativa Paracas (1000 — 200 a.C.), que erigió en el valle de Chincha extraordinarios testimonios de arquitectura monumental, en el marco de la aparición de las primeras formas de organización urbana en la región y del desarrollo de importantes modificaciones territoriales asociadas a la conformación del valle agrícola (Canziani 1996).

Las referencias etnohistóricas acerca de Chincha son bastante tempranas y frecuentes. De hecho, los primeros navegantes europeos que exploraron el litoral del Pacífico a partir del istmo de Panamá fueron los primeros en recibir mención de este reino. El propio Pizarro antes de la conquista del Perú y en su primer viaje a lo largo de la Costa Norte (1526-1527), recibió referencias sobre la riqueza y el poderío de Chincha. Por lo tanto no es casual que, en su posterior retorno a España, solicitara a la corte que su futura gobernación sobre los reinos aún por conquistar tuviera a Chincha por límite sur (Cieza 1987).

En 1532, durante la toma de Cajamarca y la consiguiente captura del Inka, es muerto el señor de Chincha al ser confundido con el gobernante, por el hecho insólito de ser el único personaje que era transportado en andas con gran pompa además del propio inka. Interrogado Atahuallpa acerca de “…como traya en andas al señor de Chincha, y todos los demás señores del rreyno parecían delante dél con cargas y descalzos, dixo que este señor de Chincha antiguamente era el mayor señor de los Llanos, que echaua sólo de su pueblo cien mill balsas a la mar, y que era muy su amigo, y por esta grandeza de este Chincha pusieron nombre de Chinchaysuyo dende el Cuzco hasta Quito, que ay casi quatrocientas leguas” (Pizarro 1986).

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