Ciudad y Territorio de los Andes

importantesevidenciasrecuperadasenesteabrigo -además de otros sitios que incluyen campamentosalairelibre,talleresycanteras-sepropone para los cazadores recolectores de esta zona, una estrategia que contempla el manejo estacional de los recursos de distintos pisos ecológicos, que van desde aquellos de altura propios de la puna, hasta aquellos presentes en las planicies aluviales del valle del Santa, generándose de este modo un desplazamiento transversal a la dirección de este. Sin embargo, se contempla también una posible trashumancia a lo largo de la cuenca del Callejón de Huaylas, que habría implicado un movimiento estacional desde las nacientes del río Santa, en zonas dominantemente de puna y con abundantes pastos naturales, para desplazarse río abajo hacia las zonas más bajas de la cuenca, caracterizadas por un clima progresivamente más seco y templado, como es el que corresponde a la localización del sitio de Guitarrero. En el manejo de este territorio por parte de los cazadores locales, no solamente se habrían utilizado los abrigos naturales existentes, como es el caso de la cueva de Guitarrero, ya que en el caso de Quishqui Puncu se da testimonio de que también existían sitios a campo abierto, donde no sería de descartar el empleo de paravientos o de otros recursos para mejorar la protección frente al medio ambiente, tal como se ha documentado en algunos refugios de puna.

En todo caso, los hipotéticos movimientos estacionales en esta región implicarían estrategias bastante diferentes entre sí, ya que en el primer caso el desplazamiento transversal hacia el Oeste, desde sitios como Guitarrero (2,580 m.) o Quishqui Puncu (3,040 m.) hasta las punas ubicadas sobre los 4,000 m. de altitud, significarían un trayecto relativamente corto de unos 10 a 30 km.; mientras que en el segundo caso, el desplazamiento longitudinal siguiendo el valle del Santa hacia las punas ubicadas al Sur representaría un recorrido de unos 100 km., por lo que se le considera menos factible.

En cuanto a los hallazgos arqueológicos de Guitarrero,sondelmayorinterésaquellosrelacionados con los materiales orgánicos excepcionalmente conservados gracias a las extraordinarias condicionesdesequedaddeestesitio.Deestamanera, las excavaciones en Guitarrero han permitido recuperar excelentes evidencias tanto del manejodelosrecursosbotánicos,comodelaexistencia de artefactos de madera, cuero y fibras vegetalesquenormalmentenosehanconservadoen losdemássitiosestudiados.Entrelosartefactos,se

Fig. 17. Foto de la Cueva de Guitarrero (Lynch 1980).

han recuperado herramientas líticas enfundadas conpieldevenadoaseguradaconcuerdas,amodo de enmangado, palos utilizados como barrenos para encender fuego, fragmentos de cuerdas y de tejidos de fibras vegetales, que podrían haber sido partesdecestosobolsas, asícomorestosdecontenedores de mate. Estos hallazgos documentan no sólo las técnicas y materiales empleados para su elaboración, sino también la utilización de diferentes artefactos en el desarrollo de determinados procesos productivos, baste pensar en la importanciayutilidaddesempeñadaporlasbolsasocestos en la actividad cotidiana de la recolección, o la de los mates en cuanto recipientes.

Entre los restos orgánicos se identificaron varias gramíneas, aparentemente llevadas al interior de la cueva para ser utilizadas como lechos; una gran cantidad de plantas silvestres empleadas para la provisión de fibras vegetales y la producción de tejidos y cuerdas; así como evidencias del consumo de frutos como el pacay (Inga sp.) y la lúcuma (Pouteria lucuma). Sin embargo, uno de los hallazgos más destacados en este sitio, ha sido el registro de la existencia de determinado tipo de cultígenos que corresponden a todas luces a especies domesticadas. Esto significaría que en el marco de la economía propia de sociedades de cazadores recolectores –al igual que se ha verificado para la puna con la domesticación de ciertos animales– se habría procesado también el lento tránsito hacia la domesticación de una serie de especies vegetales, como es el caso del frijol (Phaseolus vulgaris), pallar (Phaseolus lunatus), oca (Oxalis tuberosus), ullucu (Ullucus tuberosus), ají (Capsicum chinense), calabaza (Lagenaria siceraria), zapallo (Cucurbita spp.) y, algo más tarde, del maíz (Zea mays), que tanta importancia tendrán luego en el marco del desarrollo de las primeras

Fig. 18. Artefactos de la Cueva de Guitarrero (Lynch 1980).

sociedades agrícolas. En la documentación de este mismo proceso, en el abrigo de Pachamachay se identificó el consumo de los granos andinos de quinua (Chenopodium quinoa) y Cañihua (Chenopodium pallidicaule), si bien no se pudo definir si ya se trataba de especies domésticas.

Otras evidencias

Existe también para esta época un importante repertorio de arte rupestre, asociado con los abrigos naturales localizados en las regiones alto andinas. Es interesante notar que gran parte de estas pinturas están relacionadas con la representación de los animales cazados, mayormente camélidos, y también en ciertos casos de la propia caza como actividad.

Estas evidencias pueden ser de gran utilidad al brindarinformaciónnosolamentesobreeltipode animalescazados,sinotambiénsobreelgénerode armas y técnicas desplegadas en el desarrollo de la caza. En este sentido, en ciertas pinturas rupestres se puede apreciar claramente a grupos de cazadores ahuyentando a las manadas de vicuñas, quizás hacia un paso o desfiladero, donde los animales son emboscadas por otros cazadores que los enfrentan con sus armas. Evidentemente, este tipo de lectura no agota otras interpretaciones relacionadas con el posible significado de posesión territorial por parte de las bandas instaladas en una región determinada; ni las posibles finalidades de carácter ritual y propiciatorio que podrían haber tenido con relación a la abundancia de animales y el éxito de la caza.

Estos aspectos nos sugieren el papel no menos importante que desempeñaban los elementos ideológicos en la esfera superestructural de estas sociedades, si bien esta no deja mayores rastros y son sumamente escasas las evidencias materiales en las que se plasma su existencia. En este sentido, las propias puntas de Paiján -elaboradas con una forma bastante especial y desplegando una sofisticada tecnología- es muy probable que hayan representado, más allá de su evidente valor funcional, un importante elemento de identidad cultural, habiéndose sugerido también que podrían haber incorporado aspectos relacionados con el prestigio social (Chauchat et al. 1992).6

6. “…en el contexto Paijanense –tal como lo conocemos- ninguna actividad parece haber tenido tanta importancia económica como para justificar la suma enorme de conocimientos técnicos, adiestramiento y trabajo necesario para la talla de tal cantidad de estas grandes puntas. Nótese como elemento característico que se precisa una jornada completa para hacer un máximo de tres puntas, de las cuales cada una se puede romper al primer intento de uso. Se trata pues de una “sobre-inversión” clara en vista de una actividad cuyo valor reside en su prestigio o interés sociocultural más que en sus resultados económicos, aunque estos últimos no sean necesariamente despreciables (Chauchat et al. 1992: 19).

Hemos también señalado la especial disposición de los enterramientos en el caso de la cultura Paiján, y su asociación con ciertos elementos que evidencian el desarrollo incipiente de determinados rituales en el ámbito funerario. Sin embargo, es de destacar que en algunos abrigos de puna se ha documentado también una especial disposición de los difuntos. Este es el caso de Telarmachay (Lavallée et al. 1985: 313-322), donde se han hallado sendos enterramientos asociados a una amplia gama de ofrendas.7 Estas notables evidencias arqueológicas revisten una gran importancia, no solamente porque estarían señalando la construcción inicial del complejo ritual asociado coneltratamientodeltemadelamuerteydelculto de los ancestros, que tanta complejidad alcanzó en el mundo andino; si no también porque en el tema que nos ocupa, es relevante destacar que estos enterramientos están asociados y se realizan en losmismoslugaresdeasentamiento,esdecir,enel mismo suelo de los abrigos rocosos utilizados como refugio por los cazadores recolectores de la puna, asícomoenloscampamentosdelosgrupos paijanenses, lo cual no deja de tener una connotación muy especial. Es pues significativo que estas evidencias de arte rupestre como de los primeros rituales funerarios documentados, tengan lugar y se agreguen a la comprensión del complejo conjuntodeactividadesquesedesarrollanymanifiestan en los asentamientos más tempranos.

La transición de las sociedades cazadoras recolectoras a las aldeanas

A modo de sumario de este período, se pueden destacar algunos aspectos relevantes con relación a las formas de asentamiento y de manejo del espacio territorial. En primer lugar, se puede destacar el hecho de que, en el marco general de la formación social de los cazadores recolectores, se expresan en los Andes Centrales distintos modos de vida, que representan la concreción particular que asumen estas formaciones sociales en las condiciones específicas de su existencia material. Donde estos distintos modos de vida, en última instancia representan la expresión social del desarrollo de procesos productivos diferenciados, que responden a las singulares características de sus respectivos ámbitos regionales.

En segundo lugar y en cuanto a la forma de asentamiento se refiere, interesa señalar que si a la formación de cazadores recolectores corresponde, en términos generales, el nomadismo o la trashumancia, a los distintos modos de vida a su vez les corresponderá, en términos singulares, su expresión en la materialización de diferentes “modelos” (o patrones) de asentamiento y de manejo del territorio, tal como hemos podido comprobar al examinar brevemente los casos correspondientes a la Costa Norte y Central, las regiones de puna de la Sierra Central y de algunos valles interandinos.

Finalmente, el capitulo de la progresiva transición de las sociedades cazadoras recolectoras hacia el desarrollo de las sociedades sedentarias y aldeanas, que corresponden al período que se conoce como Arcaico o Precerámico con agricultura, no es demasiado claro y presenta aun muchos vacíos de información. Sin embargo, las diferencias apreciadas entre las diferentes regiones, especialmente entre aquellas costeñas y las altoandinas, aparentemente manifestarían su continuidad, tanto en la manera en que en estas se procesará la neolitización y el tránsito hacia el desarrollo de nuevas formaciones sociales; como también en las distintas formas que asumirá en estas el fenómeno de asentamiento.

Las sociedades altoandinas, que transitaron de la condición de cazadores recolectores a la de ganaderos y pastores, aparentemente mantuvieron un régimen de vida mayormente trashumante, ligado al desplazamiento que imponía el movimiento del ganado y el aprovechamiento de los mejores territorios de pastura; evidentemente esto no debería de excluir la creciente incorporación de algunos cultivos; ni descartar cierto rol que aún habrían tenido la caza y la recolección en el abastecimiento de subsistencias. Sintomáticamente, en este caso, no se habría producido un cambio sustancial con relación a las antiguas formas de asentamiento, al no haberse registrado hasta el momento vestigios arqueológicos de asentamientos aldeanos para estas fases, documentándose mas bien la continuidad de ocupación en muchos de los abrigos naturales que antes fueron el refugio de las bandas de cazadores. Sin embargo, cabe la posibilidad de que se hayan dado también asentamientos a campo abierto, con la construcción de viviendas dispersas, a modo de establecimientos estancieros, como los que hasta el día de hoy se asocian a poblaciones de pastores, y de los cuales la limitada investigación arqueológica desarrollada no habría aun encontrado los rastros.

7. Uno de estos enterramientos, que corresponde a una mujer adulta, estuvo asociado a una serie de ofrendas consistentes en una bola de ocre rojo, un conjunto de 11 artefactos líticos tallados, instrumentos de hueso y otros elementos que parecen corresponder a un ajuar estrechamente relacionado con la actividad del curtido de las pieles, y que posiblemente empleó en vida este personaje. Otro caso, correspondiente al enterramiento de un neonato, estuvo asociado con la ofrenda de un collar compuesto por 99 cuentas de piedra calcárea blanca en forma de discos, y de 18 colgantes de hueso pulidos y perforados en un extremo.

Encuantoalasregionescosteras,especialmente del área norteña y central, la creciente estabilidad y mayor permanencia de los campamentos y el consiguiente tránsito hacia la formación aldea-

na, se vería soportada fundamentalmente por la creciente orientación hacia la extracción de los abundantes recursos marinos del litoral, sin olvidar la creciente incorporación de una serie de cultígenos8 que tendrán un rol particular tanto en complementar las subsistencias, como en proveer nuevosrecursosparalaelaboracióndeutensiliosy nuevos instrumentos de producción. Algunas investigaciones desarrolladas en los valles de Casma (Uceda 1992) y Huarmey (Bonavia 1996) darían cuenta de sitios con fechados entre el 6,000 y 5,000 a.C. que presentan la ocupación de grupos que ya no manejan las tradiciones propias del paijanénse, destacando la ausencia o limitación en la presencia de puntas de proyectil y el desarrollo de una nueva industria lítica, que parece estar más

orientada hacia las actividades propias de la recolección, el marisqueo y una incipiente horticultura. Testimonio de estas actividades son los basurales asociados a los sitios, donde no sólo se encuentran las evidencias del consumo de este tipo de recursos marinos, como son los moluscos, sinotambiénlacrecientepresenciadeplantascultivadas. Sin embargo, lo limitado de las investigaciones no permite por el momento conocer cuales fueron las características de este tipo de asentamientos, mas allá de su ubicación que se relaciona estrechamente con el litoral marino, ciertas áreas de lomas, así como con las zonas bajas de los valles, sujetas a periódicas inundaciones y que en su momentofueronapropiadasparaelcultivosinrequerir de riego.

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