Ciudad y Territorio de los Andes

4. La recurrente terminación quechua machay, presente en la toponimia de muchos de los abrigos rocosos, significa precisamente “cueva”, por lo que se convierte en un excelente indicador para conocer las características de estos sitios y los atributos asignados a estos tradicionalmente por parte de las poblaciones locales.

De esta manera, las evidencias reunidas con el estudio de sitios en el área de las punas de Junín, como Panalauca, Pachamachay,4 Acomachay, Telarmachay, Uchcumachay, y de otros sitios en áreas aledañas como Lauricocha (Huánuco) o Cuchimachay (Lima), dan cuenta de la presencia de bandas de cazadores dedicados a la caza de camélidos, así como de venados y de otros mamíferos menores, lo que incluía también la recolección de frutos, tubérculos y raíces de plantas de las regiones altoandinas. El manejo de estos recursos estaba complementado con aquellos propios de entornos lacustres, con la captura de ranas, aves, peces y la recolección de plantas de estos medios. Esto no excluye el aprovechamiento de ciertos recursos propios de los valles interandinos, aunque se sostiene que para el caso de

la puna central estos no tendrían una mayor presencia (Rick 1988), a menos que se tratase de sitios ubicados en los límites de la puna y mucho más próximos a los valles, como sería el caso de Telarmachay y de los demás sitios presentes en la cuenca del Shaka (Lavallée et al. 1985; Lavallée

1997: fig. 1).

La abundante disponibilidad de animales para la caza, especialmente gracias a la presencia de grandes manadas de vicuñas y su permanencia en estaszonasdurantecasitodoelaño,habríapermitido tanto el desarrollo de las bandas, como también que estas gozaran de una creciente estabilidad. Inclusive, estas condiciones favorablesencuantoaladisponibilidaddecaza,hanservido de sustento al planteamiento de hipótesis que proponen el desarrollo de cierto grado de sedentarismo entre estos grupos.[5] En todo caso, la mayoría de los estudiosos coinciden en asumir la existencia de un modo de vida trashumante para estas poblaciones, lo que supone el desplazamiento de estas a lo largo de un territorio determinado, queestuvoreguladoporloscambiosclimáticosde los ciclos estacionales, acompañando el movimiento de las manadas y el aprovechamiento de los diversos recursos disponibles en las distintas temporadas.

En esta singular estrategia de manejo de los recursos, un rol fundamental desempeñaban las cuevas y abrigos rocosos, dado que representaban un importante refugio para las bandas frente a las agresivas condiciones climáticas. Esto es especialmente importante si consideramos que estas son regiones donde los cambios de temperatura son drásticos entre el día y la noche, al igual que son frecuentes las heladas, así como las lluvias y tempestades de nieve y granizo. Algunos de estos sitios, con un emplazamiento estratégico con relación a los recursos explotados y con determinadas condiciones favorables, se constituían en “campamentos base”, es decir lugares donde se concentraba el grueso de la banda y a partir de los cuales estas organizaban las partidas de caza y recolección, desplazándose hacia “campamentos provisionales” o apostaderos de caza para la realización de esta u otras faenas ligadas a la recolección.

Fig. 9. Reconstrucción hipotética de zona de puna y cabeceras de valle interandino, con ubicación de Campamento Base y sitios provisionales, con énfasis en el manejo diversificado de recursos, y la articulación “vertical” del espacio territorial (Canziani).

En la zona de puna estudiada por John Rick, en los alrededores de la cueva de Pachamachay

identificada como un campamento base, además de este tipo de sitio se ha podido registrar la presencia de otros dos tipos: los campamentos temporales, relacionados aparentemente con el desarrollodelacaza;yuntercertipodesitiosposiblemente ligados a una ocupación eventual durante la caza, como simple refugio o lugar de descanso entre lugares de desplazamiento de los cazadores. Lo interesante del caso es que la distribución de estos tres tipos de sitios responde a un patrón bastante definido, que estaría expresando unsistemaomodelodeasentamiento.Estosedesprende cuando se verifica que el campamento base (tipo 1), representado por el sitio de Pachamachay, se encuentra en una posición territorial central; mientras tanto los campamentos temporales (tipo 2) se distribuyen alrededor del campamento base, a una distancia de 5 a 8 km., relacionándose directamente con las zonas que presentarían las condiciones más propicias para desarrollar la caza de vicuñas, es decir, en las proximidades de las zonas donde se registra la mayor densidad de riachuelos, que constituyen los hábitatspreferidosporlasmanadasdeestoscamélidos. Por último, los del tercer tipo (tipo 3) se localizan relativamente próximos al campamento base y a

Fig. 10. Modelo de asentamiento en sitios de Puna con distribución de Campamentos Base y sitios provisionales (Rick 1988: fig. 1.20).

Fig. 11. Panorámica del abrigo de Telarmachay (Lavallée et al. 1985).

los de carácter temporal, o a lo largo de los trayectos entre estos (Rick 1983: fig. 30).

Significativamente, estos tres tipos de sitios presentan densidades marcadamente diferentes en cuanto se refiere a la presencia de artefactos líticos. Como es lógico, también se observa que mientras el campamento base presenta un amplio universo de artefactos, los campamentos provisionales o esporádicos exhiben puntualmente artefactos líticos funcionalmente asociados con la caza o el descuartizamiento de las presas de gran tamaño, para facilitar así su traslado al campamento base.

A este propósito, es interesante notar que así como los campamentos base representan el lugar donde se concentra el grueso de la banda y constituyen el centro desde donde esta despliega sus actividades de apropiación de los recursos en un determinado entorno territorial, estos sitios también se convierten en el centro donde se desarrollan y concentran una serie de procesos productivos. En algunos casos, se han observado evidencias de los esfuerzos destinados a la modificación de las características naturales de estos refugios, los que aparentemente estaban dirigidos a la generación de espacios que brindaran un habitat más confortable. Tal es el caso de Pachamachay, donde se ha documentado en distintas fases la colocación de postes alineados y la construcción de muretes en la boca de la cueva, conformando pequeños espacios donde se instalaron fogones (Rick 1983, 1988). Pero es en el sitio de Telarmachay –-gracias al desarrollo de una minuciosa y extensiva excavación de cada una de las capas de ocupación de los sucesivos pisos de este abrigo– donde se nos presentan una serie de datos relevantes. Tal es el caso de la distribución espacial del desarrollo de distintos procesos productivos dentro el refugio; la presencia de paravientos y fogones en su interior; y la extraordinaria documentación por medio del análisis del

Fig. 12. Corte estratigráfico del abrigo de Telarmachay (Lavallée et al. 1985).

material óseo, de un largo proceso evolutivo que habría conducido de la caza indiscriminada a la domesticación de los camélidos alrededor del

3,500 a.C. (Lavallée et al. 1985).

En efecto, en Telarmachay el sistemático registro de los fragmentos óseos y artefactos líticos depositados en las distintas capas del piso del abrigo, ha permitido inferir el desarrollo y distribución espacial de una serie de actividades y procesos productivos, como son la confección de determinados artefactos líticos, el destazado de los animales cazados, el curtido de las pieles o la preparación y consumo de alimentos, entre otras. De igual manera se definieron áreas asociadas a fogones en el interior del refugio, que presentaban una superficie relativamente limpia de fragmentos y que, coincidentemente, estaban demarcadas por concentraciones de piedras que señalaban el apuntalamiento de postes, destinados aparentemente al soporte de pieles tendidas a modo de paravientos, conformando una suerte de primitivas viviendas.

El análisis sistemático del material óseo de Telarmachay y su comportamiento en las diferentes capas de ocupación del refugio, revelaría que la mayor parte de los animales cazados correspondería a vicuñas. Pero lo más interesante sería que el examen de estos datos y su evolución a lo largo del tiempo, permitiría sostener la hipótesis de que en las épocas tempranas del sitio (aprox. 8 000 – 6 000 a.C.) se habría efectuado la caza indiscriminada de los individuos de las manadas; mientras que posteriormente se habrían ido afirmando patrones de caza que se concentraban de preferencia en los animales machos y maduros, protegiendo las hembras y juveniles. De esta manera, una estrategia destinada originalmente a garantizar la conservación y reproducción de las manadas, acompañada por el creciente manejo y conocimiento de los hábitos de las manadas, habría conducidopaulatinamentehacialageneracióndedos

Fig. 13. Foto del piso de uno de los niveles de ocupación del abrigo de Telarmachay (Lavallée et al. 1985).

nuevas especies de camélidos domésticos, como sonlaalpaca(lamapaco)ylallama(lamaglama).

Según Danièle Lavallée (1997) el abrigo de Telarmachay, no obstante su relevancia documental, no sería necesariamente un campamento base. Este rol posiblemente lo desempeñó Cuchimachay, un importante sitio que presenta una cueva amplia de más de cien metros cuadrados, a una altitud relativamente moderada por debajo de los 4,000 m.s.n.m. (Telarmachay se ubica cerca de los 4,500 m.s.n.m.) con una posición estratégica con relación a la apropiación de una amplia gama de recursos y como zona de confluencia de las rutas que ascienden desde los valles y quebradas de las partes bajas hacia las alturas de la puna. Estas singulares condiciones habrían pro-

Fig. 14. Croquis de la delimitación espacial, por medio de un paraviento, de un refugio que incorporaba fogones, correspondiente a uno de los niveles del abrigo de Telarmachay (Lavallée et al. 1985).

piciado una larga y densa ocupación, posiblemente durante gran parte del año. Si bien los depósitos arqueológicos han sido seriamente alterados por la cercana población de San Pedro de Cajas, se ha podido comprobar la presencia de abundantes desechos de fauna, talleres de elaboración de artefactos líticos, entre los que destaca el número de raspadores, evidenciando la importancia que tuvo en el sitio el curtido de pieles.

En el contexto de este espacio regional, donde Cuchimachay desempeñaba el rol central propio de un campamento base, Telarmachay habría sido tempranamente un sitio de ocupación temporal, para luego convertirse en uno de habitación con mayor densidad y frecuencia de ocupación, que no obstante su carácter secundario habría correspondido a un lugar de primera importancia para las faenas de caza y procesamiento de las presas. En este cuadro, se plantearía un modelo de asentamiento, donde además de Cuchimachay que habría operado como campamento base; tendríamos otros como Telarmachay, en su condición de lugares de habitación y de procesos productivos asociados a la caza; mientras otros corresponderían a emplazamientos temporales de caza, a canteras y a talleres de talla. Es interesante notar el señalamiento de que alrededor de Cuchimachay, estos sitios forman en el territorio una suerte de arco de no más de 10 km. de radio que corona las quebradas altas y la puna, cuyos vestigios posibilitan reconstruir el despliegue espacial de una serie de actividades y procesos productivos (Lavallée 1997).

Los cazadores recolectores de los valles interandinos

Para el estudio de sitios de cazadores recolectores en ecologías propias de valles interandinos, se cuenta con dos casos bastante representativos: Pikimachay en la cuenca de Ayacucho y Guitarrero en el Callejón de Huaylas. Sin embargo, es preciso advertir que estos sitios son bastante distantes entre sí, tanto geográficamente como en las evidencias de su cultura material.

Al mencionar el caso de Pikimachay, estudiado por el equipo dirigido por MacNeish, no entraremos en mérito a la discusión de los posibles artefactos líticos más tempranos, cuya validez –y de paso los fechados propuestos (entre 20,000 y 11,000 a.C.)– han sido seriamente cuestionados por entendidos en la materia (Rick 1988: 12-17). Interesa aquí más bien mencionar la propuesta

Fig. 15. Principales tipos de herramientas líticas de Telarmachay

(Lavallée et al. 1985).

planteada para esta zona, donde se ha sugerido el posibledesarrollodeunrégimendetrashumancia querevelaríadesplazamientosestacionales,enpos de la apropiación de los distintos recursos disponibles en la cuenca ayacuchana. Este movimiento estacional -que estaría sustentado más en un examendelascaracterísticasecológicasdelasdiferentes zonas, que en la propia evidencia empírica- se habría dado desde los campamentos ubicados en las partes bajas, a unos 2,800 m. de altitud, hasta aquellos localizados en las partes altas de los valles y en las punas que circundan a estos, entre los

3,300 a 4,000 m. de altitud.

En el caso de Guitarrero, estudiado por el equipo de Thomas Lynch (1980), a partir de las

Fig. 16. Modelo de asentamiento en sitios de Ayacucho con manejo estacional de recursos (McNeish 1978).

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: