Ciudad y Territorio de los Andes

Fig. 327. Azángaro: excavación en el cubículo 8 de la primera hilera del sector central del complejo, donde se observa el piso revestido con lajas, las ménsulas corridas a poco más de 1 m de altura con relación al piso, y una pequeña abertura en el centro del lado derecho (Anders 1991: fig. 19).

Honqopampa

En el Callejón de Huaylas (Ancash) destacan dos sitios con ocupación Wari: Wilkawaín y Honqopampa, ambos localizados sobre las fértiles laderas occidentales de la Cordillera Blanca. Acerca del primero, existe escasa información arqueológica sobre las características y organización del sitio, donde sobresale la arquitectura monumental de aparente función funeraria o chullpas. Se trata de edificios de planta rectangular construidos con piedra, cuyos volúmenes macizos contienen cámaras y galerías subterráneas, que se desarrollan en más de un nivel, en los que se utilizó la técnica de la falsa bóveda mediante el empleo de grandes vigas de piedra (Lumbreras 1974: 171, fig. 180). Algo más de información se dispone para Honqopampa, donde el ordenamiento del sitio y los diferentes tipos de estructuras arquitectónicas allí documentadas son especialmente relevantes para conocer el impacto de la ocupación Wari en esta región (Isbell 1989).

Fig. 328. Honqopampa: Plano del sector Purushmonte, donde se aprecian conjuntos de kanchas y al sur dos estructuras con planta en forma de “D” (Isbell 1989: fig. 5).

El sitio de Honqopampa, se ubica sobre los 3,500 msnm en una ladera próxima a una serie de quebradas que descienden de la Cordillera Blanca, como Quebrada Honda, que constituye un paso natural hacia el Callejón de Conchucos. Éste factor, que facilita la articulación espacial con otros importantes territorios regionales, podría haber incidido en la elección de este lugar para la localización del asentamiento. Otro factor que debe de haber intervenido en la elección del lugar, es que las laderas que descienden de la Cordillera Blanca están dotadas generosamente de agua, dado que abundan los torrentes que descienden de los nevados, glaciares y lagunas de altura, lo que hace de esta margen del Callejón de Huaylas una zona reconocida por su notable fertilidad agrícola.

El reconocimiento y las excavaciones de Isbell (1989) se concentraron en el sector norte del sitio, conocido como Purushmonte. Allí se identificaron tres tipos distintos de arquitectura: las chullpas, los edificios con planta en forma de «D», y los conjuntos conformados por unidades con patio central o kanchas. Las chullpas se encuentran dispersas o formando pequeños conjuntos en las laderas o en pequeños promontorios más elevados, están construidas con piedra y se encuentran seriamente afectadas por la destrucción y el saqueo de sus restos, dada su función funeraria. Estas estructuras presentan plantas rectangulares, con un promedio de 2 a 5 m de lado, aunque existe una de dimensiones sobresalientes que mide 12 por 16 m Muchas de ellas presentan evidencias de haber tenido más de un nivel, con pequeños accesos dotados de dinteles megalíticos que permitían el ingreso a galerías y cámaras techadas con grandes vigas de piedra (ibid: 103-104).

Los edificios con planta en forma de «D» se ubican en la parte baja al sur del asentamiento, en el que son dominantes los conjuntos de ordenamiento ortogonal propios de las unidades con patio central (ibid: fig. 4). Se han registrado dos edificaciones con planta en «D», ambas con el frente recto orientado hacia el sur. La mayor de ellas (AC-13) muestra claramente el acceso central, mientras que la menor (AC-14) conserva los característicos nichos al interior del muro curvo. Existen evidencias de restos de otras estructuras adosadas a las edificaciones con planta en «D», por lo que se puede presumir que estas se encontraban enmarcadas dentro de conjuntos con una relativa complejidad arquitectónica. Un dato interesante es que el paramento interior de uno de los muros de una estructura asociada a los edificios en «D» presentaba una línea horizontal de piedras sobresalidas, indicando el posible desarrollo de un piso en un segundo nivel.

Los conjuntos arquitectónicos con patio central, las denominadas kanchas wari, se localizan en la parte más elevada del asentamiento y constituyen el tipo mayoritario de estructuras en el sitio. Estos conjuntos se ordenan en alineamientos que parecen seguir los ejes cardinales pero que, al mismo tiempo, se acomodan al relieve de la pendiente siguiendo las curvas de nivel (ibid: figs. 4 y 5). Los rasgos arquitectónicos de este tipo de conjuntos son básicamente los mismos que fueron reseñados para los conjuntos de la capital en Ayacucho, como de otros sitios Wari documentados en los Andes Centrales. Estos conjuntos presentan recintos dispuestos en galería rodeando un patio central, con sus respectivos accesos orientados hacia éste espacio abierto. Los patios presentan en su perímetro una banqueta elevada unos 20 a 30 cm sobre el nivel del piso de los patios. En algunos de los recintos en galería se halló la típicas ménsulas corridas para el soporte de pisos en un segundo nivel. Además de manos de moler ubicadas en los patios, las excavaciones reportaron en estas unidades consistentes acumulaciones de basura, lo que daría pie a suponer que este tipo de estructuras absolvieron en el sitio funciones mayormente residenciales (ibid: 105-108; figs. 7-11).

Las estructuras de los diferentes tipos arquitectónicos reseñados aquí presentan similares características constructivas y están asociados a materiales culturales Wari y otras manifestaciones regionales propias de esta época, lo que permite suponer que Honqopampa representa una clara expresión de la ocupación Wari en la región. Por otra parte, la forma de sus estructuras arquitectónicas, especialmente los edificios con planta en «D» y los conjuntos con patio central, no tienen antecedentes locales y nos remiten a sus símiles de la capital Wari o de otros asentamientos provinciales Wari. De modo que el conjunto de estas evidencias —a los que se pueden añadir los rasgos característicos de la edilicia Wari que exhiben las diferentes

estructuras arquitectónicas— confirmarían la consistente filiación de éste sitio que parece haberse implantado en la región durante la primera época de expansión del estado Wari (época 1) y que habría mantenido su vigencia durante la época 2.

Las investigaciones preliminares desarrolladas en Honqopampa evidencian que no se trata de una capital provincial, pero sí de un importante asentamiento de jerarquía menor, donde las kanchas habrían estado destinadas mayormente a fines residenciales, mientras los otros tipos de edificios resolvían aspectos rituales y funerarios. Por consiguiente, se trata de un asentamiento de sumo interés para el conocimiento, tanto del ordenamiento jerárquico de los establecimientos provinciales Wari, como de las funciones específicas que éste cumplía en un ámbito regional de importancia estratégica como es el Callejón de Huaylas.

Cerro Baúl

Se trata de un sitio extraordinario que permite aproximarnos desde diferentes facetas a la extensión y características de la expansión Wari y su evolución en los Andes Centrales. En primer lugar, se trata de un sitio principal de un conjunto de otros sitios que los wari instalaron en el valle alto de Moquegua, constituyendo el punto más meridional donde se ha documentado su presencia directa. Efectivamente, Cerro Baúl se encuentra a unos 600 km en línea de aire al sureste de la ciudad capital de Wari en Ayacucho y a unos 400 km al sur de Pikillacta en el Cusco. Lo considerable de estas distancias[139] plantea interrogantes sobre la forma en que se resolvieron los problemas logísticos para poder articular centros urbanos tan lejanos, aun cuando se puede suponer la presencia de centros intermedios a lo largo de estos recorridos.

Fig. 329. Mapa del valle alto de Moquegua con la localización de Cerro Baúl (3) y otros sitios wari como Cerro Mejía (2), Cerro Petroglifo (1), Cerro Baulcito (4) y Pampa del Arrastrado (5); así como de importantes sitios Tiwanaku como Chen Chen (8) y Omo (9)

(Williams e Isla 2002: fig. 3).

Por otra parte, la necesaria conexión de Cerro Baúl con la ciudad de Wari y otros sitios dependientes de esta, nos plantea la problemática de la «territorialidad» en un contexto histórico donde aparentemente no se trata de establecer límites y fronteras precisas, sino más bien una compleja red de relaciones —impuestas o negociadas— con las comunidades establecidas en los territorios alejados que el Estado recorre con sus caravanas, o donde es preciso establecer asentamientos y enclaves, especialmente cuando estos territorios no sólo se encuentran ocupados por población local sino también por colonias de otro estado expansivo, cual es el caso de Tiwanaku en el mismo valle de Moquegua. Lo que nos aproximaría a condiciones similares a las propuestas con los conceptos de «territorialidad salpicada» o de los «archipiélagos territoriales» planteados a partir de los documentos de la etnohistoria andina tanto por Murra (2002) como por Rostworowski (1981, 1988, 2004).

Otro tema de especial interés en esta perspectiva, es conocer qué tipo de planeamiento y qué componentes arquitectónicos comparte con la capital y otros centros Wari un sitio como Cerro Baúl, que evidentemente no correspondía al nivel y modelo de las principales ciudades provinciales como Pikillacta. A continuación examinaremos estos aspectos a partir de la especial localización de los sitios Wari en la región moqueguana, que en el caso de Cerro Baúl asume características también espectaculares.

Fig. 330. Vista de Cerro Baúl cuya silueta destaca en el valle alto de Moquegua, el sitio arqueológico se ubica sobre la meseta de la cima (foto: Adriana Von Hagen, Morris y Von Hagen 1993: fig. 109).

En la parte alta del valle de Moquegua, en el punto donde confluyen los ríos Torata y Tumilaca, destaca en el paisaje una formación geológica impresionante conformada por un gran macizo rocoso, cuyos flancos están recortados por un pronunciado acantilado. La silueta de la impresionante mole de Cerro Baúl se eleva unos 600 m por encima del nivel del valle y está coronada por una meseta que fue elegida por los wari para emplazar su principal sitio en la región. Al hacer esta elección es evidente que se tuvo muy en cuenta las extraordinarias características defensivas del lugar, que lo hacen prácticamente inexpugnable. Esta posición estratégica desde el punto de vista defensivo indicaría que la presencia Wari en la región no fue precisamente pacífica o que por lo menos no estuvo libre de tensiones, tanto frente a la población local como con relación a la posible rivalidad con el estado Tiwanaku. Las ventajas que otorga este emplazamiento estratégico, sobre la cima de la meseta, evidentemente comprometieron un costo relativamente alto para resolver la provisión de todos sus abastecimientos, como de la necesaria dotación de agua para sus habitantes, lo que debió exigir su permanente acarreo desde el valle por porteadores o con el auxilio de hatos de llamas.

Se ha registrado que el sitio de Cerro Baúl no estuvo aislado, constituyendo el sitio principal y central de un conjunto de otros asentamientos menores de ocupación Wari, como Cerro Mejía, Cerro Petroglifo, Cerro Baulcito y Pampa del Arrastrado, todos concentrados en la parte alta del valle, mientras significativamente los Tiwanaku tenían sus sitios emplazados en el valle medio (Moseley et al. 1991; Williams e Isla 2002: fig. 3). Otros hallazgos recientes reportan el desarrollo de importantes obras de infraestructura agrícola en ésta zona por parte de los wari. Este es el caso de canales de riego asociados a terrazas agrícolas, que habrían permitido el desarrollo de cul-

Fig. 331. Cerro Baúl. Croquis general del asentamiento (Moseley et al. 1991: fig. 12).

tivos en las laderas de Cerro Baúl y Cerro Mejía. Se puede deducir de esta intervención territorial, que los wari habrían buscado la forma de asegurar la provisión de alimentos para los pobladores de sus asentamientos en la zona, garantizando así la sostenibilidad económica de su presencia en una región tan alejada de su capital (Williams et al 2002: 78-80, fig. 10).

Fig. 332. Cerro Baúl. Plano de los sectores concentrados en las zonas este y central del asentamiento (Williams et al. 2002: fig. 4).

El asentamiento de Cerro Baúl se desarrolla sobre la meseta que tiene unos 1,000 m de Este a Oeste por unos 500 m de ancho (Moseley et al. 1991), concentrándose las estructuras mayormente en la zona central y especialmente al Este, ocupando las edificaciones una extensión de aproximadamente 10 ha. En el ordenamiento de la zona Este del asentamiento se perciben por lo menos tres sectores, al parecer demarcados entre sí por medio de pasajes o pequeñas plazas, y cuyas edificaciones exhiben diferencias formales y contextuales que estarían expresando su asignación a funciones diferenciadas de orden habitacional, productivo, administrativo y ceremonial (Williams e Isla 2002: fig. 4).

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