Ciudad y Territorio de los Andes

Los estudios de Topic en el sitio revelarían que la edificación de la ciudad habría quedado inconclusa y que esta no habría tenido una mayor ocupación durante la presencia Wari en la región de Huamachuco. Sin embargo, las gentes wari también habrían utilizado otros sitios de la zona como lugar de residencia y de actividad, entre los que se cuentan Cerro Amaru, con un conjunto de depósitos; el gran acueducto de La Cuchilla, aparentemente construido para proveer de agua a la ciudad de Viracochapampa; y un posible mausoleo en Marca Huamachuco (ibid.: 151-152).

Las razones por las cuales la ciudad de Viracochapampa habría quedado inconclusa por el momento constituyen un enigma. Sin embargo, pensamos que lo fundamental aquí es sopesar el conjunto de evidencias, en cuanto constituyen un testimonio ineludible de la voluntad impuesta por los designios del estado expansivo, con miras a establecer una ciudad enclave como posible cabecera de región. De esta voluntad fundacional son testimonio no sólo las edificaciones que se yerguen sobre la superficie del sitio, sino también la colosal energía impuesta en la realización de las profundas cimentaciones de muchos edificios cuyos muros no llegaron a construirse y que, aun así, se excavaron entre 1 a 3 m de profundidad en su agreste suelo, implicando un movimiento de tierra de decenas de miles de metros cúbicos (ibid.: 160-161). De otro lado, no es éste el primer testimonio —ni el último— de proyectos iniciados con el empuje arrollador de una férrea decisión estatal, y que aún así no logran culminarse o estuvieron destinados al fracaso, sea porqué se modificaron las correlaciones de fuerzas o se debilitó la capacidad de imponer políticas de dominio en provincias por demás bastante alejadas de los centros del poder de ese entonces.

Otros asentamientos Wari en los valles interandinos

Con el propósito de ilustrar la variedad de planteamientos formales y la aparente diversidad funcional que muestran algunos importantes asentamientos Wari, ubicados tanto en valles interandinos de notable importancia económica como el del Mantaro y el Callejón de Huaylas, como en otros puntos posiblemente estratégicos para el control territorial ejercido por el estado Wari, haremos una breve reseña de algunos de estos asentamientos, en la medida que lo permite la información disponible ya que en otros casos de no menor importancia (caso Wariwillca y Vilcawain) ésta lamentablemente resulta bastante limitada. En primer lugar, trataremos de los sitios de Jincamocco en Lucanas y de Azángaro en Huanta, dos sitios importantes aun cuando no son de gran extensión, que se localizan en la región de Ayacucho y relativamente próximos con relación a la capital de Wari. En segundo lugar, examinaremos el caso de Honco Pampa en cuanto importante asentamiento Wari enclavado en el Callejón de Huaylas; y finalmente el apasionante caso de Cerro Baúl en el extremo sur de la expansión Wari.

Fig. 323. Jincamocco: plano de

ubicación (Schereiber 1991:

fig. 2).

Jincamocco

El sitio de Jincamocco, ubicado en la provincia de Lucanas en el departamento de Ayacucho, proporciona una interesante información para conocer cual pudo ser la naturaleza de asentamientos de segundo o tercer orden jerárquico, en el marco del sistema de asentamientos impuesto por los wari en determinadas regiones y localidades.[138]

El valle de Carhuarazo, en el que se centra la ocupación Wari, se localiza en una zona que comunica el sur de Ayacucho con los valles costeños de Nazca. La ocupación de la zona por los wari habría estado acompañada por la reubicación de los asentamientos aldeanos, privilegiando zonas algo más bajas donde es posible el cultivo tanto de tubérculos como de granos, revelando la mayor importancia asignada a la producción de maíz. Coincidentemente, durante esta época se registra en el valle el despliegue de obras públicas orientadas a la construcción de terrazas agrícolas

Fig. 324. Jincamocco: plano del subsector al noroeste del sitio (Schereiber 1991: fig. 5).

para favorecer el incremento de este cultivo (Schereiber 1991: 210-211).

Además de Jincamocco, otros tres complejos cercados afiliados a Wari se establecen en el valle. Dos de ellos adyacentes a zonas favorables para el cultivo del maíz, que pudieron servir para el almacenamiento y ciertas actividades administrativas asociadas a la actividad agrícola; y el tercero en un sitio de altura asociado a un posible camino principal de la época, y que podría haber operado como un tambo (ibid: 212).

El asentamiento de Jincamocco, cuya ocupación se remontaría a la época 1B y que aparentemente se abandonaría a fines de la 2B con el colapso de Wari, se localiza a 3,350 msnm sobre la cima plana de un promontorio elevado flanqueado por una quebrada. En el sitio destaca un gran complejo cercado de planta rectangular de 260 por 130 m dividido en dos sectores, la mitad suroeste que presenta subdivisiones en unos 24 recintos; y la mitad noreste que aparentemente no presentaría construcciones.

Sin embargo, además del complejo cercado, existen evidencias de restos de otras edificaciones dispersas en una área mayor que alcanzaría unas 17.5 Ha. aun cuando ésta pudo ser más extensa, dado que el poblado moderno de Cabana se encuentra asentado al sureste de esta misma área (ibid: 199, fig. 2).

Las investigaciones arqueológicas desarrolladas por Schereiber en el sector suroeste del complejo, revelaron su forma de planeamiento mediante su división en 4 subsectores, en los que se organizaron hileras de recintos de similares dimensiones (ibid: fig. 4). La mayoría de estos recintos presentan internamente la arquitectura propia de las kanchas wari, también conocidas como «unidades patio», con cuartos, corredores y ambientes en galería alrededor de un patio central. Los patios evidencian haber contado con banquetas perimétricas de unos 0.80 a 2.2 m de ancho y elevadas de 30 a 40 cm sobre el nivel del piso de los patios. Los contextos recuperados en los patios permiten inferir el desarrollo tanto de actividades domésticas como de otras relacionadas con la elaboración de productos manufacturados (ibid: 202-203).

Es interesante notar aquí que las características constructivas de Jincamocco corresponden también a los patrones tradicionales de la arquitectura propia de los asentamientos Wari. Por ejemplo, los muros tienen cimientos en casi todos los casos, alcanzando en los muros exteriores del cercado 1.5 m de profundidad, mientras que los interiores tienen unos 80 cm y solamente los que sirven de tabiques o forman pequeñas divisiones carecen de cimientos. También la secuencia constructiva es similar, en primer lugar se construyeron los muros exteriores del cercado, luego los muros de los recintos interiores y, finalmente, algunos pequeños muros de cierre o división de corredores o ambientes en galería. Se recuperaron también evidencias del enlucido de muros y acabado de pisos aplicando arcilla blanca, otro rasgo común en la arquitectura Wari. De manera análoga las excavaciones revelaron la presencia de canales subterráneos que corrían por debajo de los pisos atravesando los recintos y sus patios, demostrando que también este tipo de asentamientos Wari contó con servicios de abastecimiento y drenaje de agua (ibid.).

Azángaro

Este sitio, de evidente orden menor con relación a los principales asentamientos urbanos wari, se ubica en la región de Huanta (Ayacucho), a unos 15 km al noroeste de la ciudad de Wari. El complejo se localiza en un llano elevado con relación al río Cachi a unos 2,390 msnm en una zona bien dotada de agua lo que posibilita su cultivo, contrastando con la relativa aridez del entorno. Precisamente, la disponibilidad de agua permanente para riego y la vocación de la zona para el cultivo del maíz, podría explicar la instalación de este complejo Wari que parece corresponder a un centro administrativo asociado al manejo agrícola desarrollado en la localidad (Anders 1991).

Fig. 325. Azángaro: plano de ubicación (Anders 1991: fig. 2).

A unos 1,600 m al noreste del complejo, se encuentra un manantial que fue dotado de dos reservorios, desde los cuales se tendieron dos canales paralelos provistos de canales de distribución que habrían permitido irrigar los campos de cultivo instalados en el llano. Pero es de notar que uno de los canales se convierte en subterráneo a unos 50 m del muro exterior del complejo, para atravesar el sector sur del mismo abasteciéndolo de agua (ibid.: fig. 2).

El complejo, cuya ocupación se iniciaría en la Época 1B y que mayormente correspondería a la Época 2, presenta una planta rectangular orientada de noroeste a sureste, que mide 447 x 175 m y está dividido transversalmente en tres sectores. El sector sur, que sirvió de acceso al complejo, se encuentra relativamente libre de estructuras, aunque las excavaciones de Anders (ibid) detectaron estructuras irregulares que parecen corresponder tanto al momento inicial de construcción, como a la finalización de la ocupación del sitio; sin embargo, también estas presentan algunas divisiones en subsectores con los clásicos ordenamientos en galería. El sector central presenta una nutrida y rígida organización celular del espacio, con un corredor central que lo divide en dos. Finalmente, el sector norte está dividido en tres subsectores y presenta algunas subdivisiones que parecen haber estado conformadas por las clásicas kanchas wari, con recintos en galería y patio central (ibid.: fig. 3).

El sector central a nuestro criterio es el de mayor interés, ya que no sólo tiene la mayor extensión y concentró la mayor inversión constructiva del complejo, sino que también por su posición central y rígida planificación, encierra la clave para la interpretación de la función del complejo. Este se ordena a partir del corredor central que lo divide en dos, y desde el cual se desarrollan transversalmente hacia ambos lados 20 hileras, 19 de ellas conformadas por cubículos alargados que miden unos 9.20 x 2.50 m y una de ellas por cubículos pequeños que miden unos 3.6 x 2.4 m Estas hileras están separadas entre sí por medio de corredores que habrían permitido el acceso a los cubículos y que, a su vez, se conectaban con dos corredores paralelos al central, que bordeaban los extremos de los lados Este y Oeste del sector central (ibid.: fig. 3b).

Este sector central parece haber correspondido a funciones de almacenamiento, aun cuando Anders propuso que estuviera destinado a una discutible y poco probable función residencial (ibid.: 191-192). A nuestro entender algunas importantes evidencias documentadas en el sector central apuntarían a la posible función de depósito de sus estructuras. Este el caso del hallazgo de ménsulas corridas de piedras empotradas en sus

Fig. 326. Azángaro: plano del complejo (Anders 1991: fig. 3).

paramentos interiores, las que se dispusieron a unos 100 cm del suelo, lo que indicaría que habrían servido para el soporte de pisos algo elevados del suelo, dejando el espacio inferior libre para la circulación del aire. A estos detalles, propios de las estructuras destinadas al depósito, se suma la presencia de pequeñas entradas de 60 cm de ancho y tan sólo 80 cm de alto (ibid: 174, fig.19), que bien podrían haber servido de aberturas para la ventilación por debajo de los pisos de los eventuales depósitos. Otro dato significativo, es que en este sector central se halló una red de canales organizados en una trama ordenada, donde se dispuso los canales en el eje central de los corredores, lo que permite deducir que habrían servido para el drenaje de la descarga pluvial de las estructuras techadas ya que, de lo contrario, esta podría haber inundado los corredores generando una indeseable humedad en el área de posible almacenamiento.

La gran cantidad de estos cubículos ordenados en 19 hileras, que reunen un total de 340 unidades alargadas (9.2 x 2.4 m), además de 36 cubículos más pequeños (3.6 x 2.4 m) en la última hilera al sur, llegan a sumar más de 8,000 m2 de área edificada. Si consideramos factible que estas estructuras tuvieran por lo menos unos 2 m de altura, tendríamos como resultado un posible volumen total de almacenamiento superior a los 16,000 m3, es decir una capacidad de depósito extraordinaria, que podría explicarse en la apremiante necesidad del Estado Wari de proveerse de excedentes agrícolas para sostener los requerimientos alimenticios de la población concentrada en su relativamente próxima capital.

Finalmente, algunos detalles constructivos documentados en Azángaro son de relevancia, como es el caso de la evidencia de pisos revestidos con lajas de piedra, algunos de ellos se encuentran en los cubículos aparentemente destinados al almacenamiento, lo que podría responder a la necesidad de asegurar que tuvieran un mejor aislamiento de la humedad del suelo. Así mismo, el desarrollo de un extraordinaria red de canales subterráneos, permitiría suponer que algunos habrían operado como un sistema de drenaje al estar provistos de sumideros perforados en los pisos (ibid: figs. 9, 11 y 21). Por último, es notable la presencia de elementos de cierre del lado interior de las portadas de acceso principal al corredor central, constituidos por pequeños nichos dispuestos a ambos lados de las jambas con al interior un vástago de piedra, lo que habría permitido trabar con cuerdas algún tipo de cerramiento horizontal (ibid.: figs. 13, 17 y 18).

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