Ciudad y Territorio de los Andes

como Viracochapampa (Topic 1991), Pikillacta (McEwan 1991); y Cerro Baúl (Williams e Isla 2002) que, como es conocido, se localizan en algunas de las regiones territorialmente más alejadas con relación a la ciudad capital de Wari. Corroboraría esta hipótesis, el hecho sintomático que durante esta misma época 1B en la ciudad de Wari se inicie la construcción de las unidades modulares, dando paso a un nuevo ordenamiento de la trama urbana de la ciudad, que habría respondido a los requerimientos del poder político responsable de la conducción del estado y de sus estrategias expansivas (Isbell et al. 1991).

Finalmente, se daría alrededor del siglo XI d.C. una época caracterizada por la descomposición y declinación del estado Wari, que se presentaría asociada al paralelo surgimiento de tradiciones culturales definidas como «epigonales» y que testimonian el tránsito hacia la constitución y surgimiento de las formaciones tardías en los Andes Centrales (Lumbreras 1981b: 79).

Tal como se ha señalado, lo que parece traducirse de estos datos, es una posible analogía con la estrategia desarrollada por los Inka durante su expansión a lo largo y ancho de los Andes Centrales. Es decir, que el eje de las avanzadas de esta expansión habría privilegiado una directriz a lo largo de los valles interandinos hacia el norte, anexando el valle del Mantaro, luego el del Callejón de Huaylas, para proyectarse finalmente hacia la sierra norte y los valles de la cuenca de Cajamarca, que señalarían su límite norte. Hacia el sur esta expansión interesaría los valles de Apurímac y los del Cusco, proyectándose hacia Sicuani y el Altiplano.

La planificación urbana como política de Estado

De manera similar a la posterior expansión Inka, los Wari habrían fundado ciudades y enclaves urbanos a lo largo del eje longitudinal conformado por los valles interandinos. Estas instalaciones debieron formar parte fundamental de una estrategia aún más amplia, dirigida a la consolidación de sus sucesivas avanzadas en el dominio territorial. Sintomáticamente algunas de las principales ciudades fundadas en estos valles exhiben patrones planificados, como se verá en los casos de Pikillacta y Viracochapampa.

En este aspecto también se puede establecer ciertas analogías con el urbanismo Inka que fundará ciudades planificadas, como Pumpu o Huánuco Pampa, tanto por la necesidad de establecer enclaves de acuerdo a sus propios modelos urbanos, como también por la evidente ausencia en estas regiones de asentamientos urbanos previos y vigentes que les hubieran podido servir de soporte. Una analogía similar podría plantearse con relación a un posible control o presión sobre los valles costeños desde la serranía, cuya influencia podría leerse en las modificaciones o acondicionamientos que los asentamientos urbanos costeños manifiestan, tanto durante esta época como durante la ocupación Inka. Este fenómeno se explicaría con la preexistencia en la costa de ciudades y centros urbanos en plena actividad, y con la consistente presencia tanto de elites urbanas como de sus correspondientes organizaciones políticas locales. Entidades que eran mucho más funcionales, una vez adscritas o supeditadas al poder del estado expansivo. De lo que resultaría lo innecesario de fundar nuevas ciudades o asentamientos donde ya los había de gran valía.

En este contexto, la imposición de la planificación urbana por parte del Estado Wari responde a la necesidad de establecer en sus provincias un modelo de asentamiento que sea funcional al establecimiento de su presencia en los territorios ocupados y a la organización de su administración. Dentro de este concepto, la ausencia de asentamientos urbanos vigentes en las regiones alto andinas comprometidas de forma directa por su expansión, fortalece el requerimiento de la implantación de enclaves urbanos en estas regiones por parte de Wari. Este fenómeno, como la realización de su edificación en un determinado lapso de tiempo, explicaría la forma nítida en que se puede percibir en estas regiones la imposición de determinados modelos de planificación urbana, especialmente al comparar las plantas de ciudades como Pikillacta y Viracochapampa, más aún cuando se toma nota de que estas se encuentran separadas por más de 1,000 km de distancia en línea recta.

En el urbanismo planificado de Wari, especialmente en el caso de sus principales ciudades, se puede leer la búsqueda de un modelo relativamente sencillo en su concepción y en su propio proceso de fundación. Un modelo urbano definido por parámetros básicos y fáciles de implantar; que permita resolver de forma orgánica la estructura de los edificios neurálgicos, para que opere en ellos el sistema de poder, y donde el desarrollo de un tejido urbano organizado sobre la base de las kanchas, permita su adecuación a los distintos requerimientos funcionales, sean estos administrativos (tributación, acumulación, redistribución, etc.), ceremoniales, productivos, así como habitacionales de la población concentrada en la entidad urbana, o de la que residiera momentáneamente en ella, en el caso de tropas, de tratantes o en cuanto población movilizada en el marco de sistemas de desplazamiento poblacional similar al de los mitmaq Inka.

El urbanismo impuesto por Wari se habría convertido así en uno de los ejes fundamentales del desarrollo de la estructura de poder económico, político y de las estrategias de control territorial y poblacional. La estructura urbana generada responde a la división social del trabajo, propia de la intensificación de la especialización productiva y de la prestación de diversos servicios, pero donde también es manifiesto que se utilizó el propio urbanismo como una herramienta imprescindible para el ejercicio e imposición del poder político por parte del Estado.

Evidentemente no se trata sólo de ciudades de las dimensiones e importancia estratégica de Pikillacta y Viracochapampa, otros asentamientos menores —como Jincamocco, Azángaro o Jargampata— expresan la presencia de asentamientos de menor orden jerárquico, como también de apreciables diferencias funcionales, cual es el caso del enigmático enclave de Cerro Baúl, establecido en las lejanas fronteras de la región de Moquegua. Finalmente, es de destacar las múltiples evidencias acerca de la articulación territorial de estas ciudades y enclaves Wari mediante un sistema de caminos que debió servir de antecedente al Qhapaqñan de los Inka (Lumbreras 1969: 250251; Hyslop 1984,1992). Como se podrá apreciar en la descripción de los principales asentamientos Wari, no solamente existen antiguos caminos asociados a estos establecimientos, sino que en los casos más destacados, como Pikillacta y Viracochapampa, el trazo de los propios caminos ingresa a la trama urbana, la atraviesa y se convierte en un elemento ordenador de su organización espacial.

La ciudad de Pikillacta en la región del Cusco

El emplazamiento de Pikillacta revela claramente la localización estratégica de la ciudad. Esta se ubica en la confluencia de las cuencas del Huatanay con la de Lucre, las que a su vez confluyen hacia la del Vilcanota a través de un paso natural de unos 4 km de largo. De manera que desde esta posición privilegiada se tuvo acceso directo

Fig. 314. Planos comparativos de Pikillacta y Viracochapampa, elaborados por Carlos Williams (2001: figs. 12 y 13) para proponer que estas dos ciudades, además de un mismo modelo urbano, compartieron un sistema similar de trazado y de unidades de medida.

a tierras fértiles y a los recursos variados del entorno, en el cual se debe incluir la laguna de Huacarpay.

Fig. 315. Mapa con la localización de la ciudad de Pikillacta (McEwan 1991: fig. 1).

Por otra parte, su ubicación se encuentra en una encrucijada de caminos que tienen continuidad hasta hoy. Hacia el noroeste, remontando el Huatanay, se encuentran los territorios de los valles del Cusco; hacia el suroeste la cuenca del Lucre; al noreste la conexión natural hacia el Vilcanota y el valle del Urubamba; mientras que hacia el sureste transitan los caminos hacia Sicuani, el altiplano puneño y el Titicaca. Estos datos son sumamente significativos, ya que estarían señalando que los funcionarios Wari que tuvieron a su cargo la fundación de la ciudad debieron de tener un conocimiento muy detallado, no solamente de los recursos de la región, sino también de las rutas principales de acceso y conexión hacia las regiones vecinas.[135]

Es importante también notar que el emplazamiento de Pikillacta no es un hecho aislado, ya que estaría asociado a la instalación de otros sitios menores de filiación Wari, como también con relación a otros poblados locales en los cuales se registra su presencia. Algunos de estos sitios en los alrededores de Pikillacta están ubicados en lugares que permiten el control de las rutas de acceso a la zona y están asociados a obras defensivas y de control de la circulación, con murallas de fortificación como las de Rumiqolqa que fueran posteriormente reutilizadas en época Inka (McEwan 1991: 99).

La ciudad, que se localiza en las faldas al oeste del cerro Huchuy Balcón a unos 3,250 msnm tiene una extensión general de unas 200 ha. que comprende, además de su núcleo central, grandes áreas cercadas donde no se perciben en superficie ma-

yores restos arquitectónicos. Su núcleo central, donde se concentran y son claramente perceptibles sus principales edificaciones, presenta una planta de 745 m de noroeste a sureste por 630 m de suroeste a noreste, con una extensión de cerca de 47 ha. Si consideramos los sectores al noroeste del sitio como posibles agregados adicionales al plano original del núcleo central, tendríamos como base una planta prácticamente cuadrada de unos 630 m de lado, de acuerdo al modelo de ciudad wari compartido con Viracochapampa en Huamachuco.

La planta cuadrangular de la ciudad fue nítidamente dividida en 3 sectores que, simplificando su orientación, denominaremos Sector Este, Sector Central y Sector Oeste.[136] El Sector Este, el más elevado topográficamente, presenta una trama generada por su subdivisión en 6 líneas con 14 hileras, de modo tal que se definen 84 módulos o bloques espaciales cuadrangulares de 35 a 40 m de lado. Estas unidades modulares presentan distintos arreglos arquitectónicos interiores propios de las kanchas wari, con el clásico patio central y las estructuras en galería en el perímetro, como se verá más adelante. Se advierte también que los alineamientos de las kanchas ubicadas a ambos extremos del Sector Este presentan una disposición alterna en cuanto a los tipos de módulos arquitectónicos que se edificaron en ellas (ibid: 100101). Dado que este sector no presenta buenas condiciones de conservación, no ha sido posible definir si es que la cuadrícula generada por la trama urbana presentaba pasajes o calles como sistema de circulación entre las kanchas, tal como se aprecia en algunas zonas del Sector Central.[137]

El Sector Central está separado del Sector Este por una calle que corre de norte a sur. Este sector concentra la arquitectura más importante de la ciudad y su planeamiento revela también una mayor complejidad. Si bien comparte, en términos generales, la traza en cuadrícula y la modulación por hileras y líneas, de forma semejante al sector Este, en este caso se advierte algunas variantes importantes. Una de las más saltantes es la presencia de módulos de mayores dimensiones, uno de los cuales en posición central presenta una plaza central de más de 70 x 50 m enmarcada por un gran complejo cuyos lados presentan estructuras en galería con múltiples crujías y algunos amplios edificios abiertos hacia la plaza. Al norte de esta plaza existen por lo menos otros dos complejos que encierran grandes patios. Mientras que

Fig. 316. Pikillacta: foto aérea

de la ciudad (Servicio Aero-

fotográfico Nacional, McEwan

1991:

fig.

3).

Fig. 317. Pikillacta: plano general de la ciudad (McEwan 1991: plano 2).

a lo largo de su límite oeste se presenta un alineamiento de módulos rectangulares que parecen resultantes de la subdivisión por la mitad de los módulos estándar.

A diferencia del Sector Este, el Sector Central presenta un mejor grado de conservación y en él se ha podido identificar la presencia de avenidas o calles. Dos de ellas corren paralelas de norte a sur y separan este sector de los otros dos. Así mismo, se ha registrado la presencia de por lo menos 4 calles transversales. Sin embargo, se puede constatar que estas calles no permiten el acceso directo a la mayor parte de las kanchas. Por lo tanto, la problemática del cómo se resolvía la circulación en la ciudad no está aún del todo resuelta.

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