Ciudad y Territorio de los Andes

Se presume que el área general del sitio de Wari tendría una extensión de alrededor de 1,500 ha. si bien el área nuclear ocupada por la ciudad correspondería a unas 250 ha[129] donde se advierte dos sectores principales, uno ubicado al norte del sitio y el otro al sur. Las diferencias en el estado de conservación y en ciertos rasgos arquitectónicos presentes en uno y otro sector permiten suponer que la ciudad hubiera podido estar dividida en dos mitades (Isbell et al. 1991: 20-24).

Podría parecer una paradoja que la ciudad capital de una organización imperial, que impulsa e impone un urbanismo altamente planificado en muchas de sus lejanas provincias, no presente evidencias de un ordenamiento urbano integral. Sin embargo, este fenómeno es totalmente coherente con la dinámica de su larga evolución histórica, ya que Wari —al igual que otros centros de formaciones imperiales— debió surgir aceleradamente a partir de un núcleo urbano temprano, cuyo crecimiento y expansión a lo más pudo ser planificado tan sólo al nivel de algunos de sus complejos o de determinados sectores urbanos que, en todo caso, tuvieron que implantarse ajustándose al tejido urbano preexistente.

Fig. 304. Fotografía aérea de la ciudad de Wari (Servicio Aerofotográfico Nacional).

La ciudad de Wari por esta razón no presenta en su conjunto evidencias de un ordenamiento urbano planificado, su plano más bien revela ser producto de un largo proceso de crecimiento generado por el ascenso poblacional y el de sus actividades productivas (Lumbreras 1981b: 57). Este proceso además fue bastante complejo ya que no solamente se trata de crecimiento, en términos de expansión urbana, ya que también existen evidencias de grandes obras de remodelación que afectaron determinados sectores urbanos, en los que se reemplazó o se superpusieron nuevas estructuras y complejos arquitectónicos, sobre los preexistentes (Isbell et al. 1991: 19).

Se podría afirmar que la revolución urbana llega algo tarde a la región de Ayacucho. Es decir, sin que se presenten en ella los complejos antecedentes que se encuentran ya desde el Formativo, si no antes, especialmente en las regiones costeñas del norte y centro de los Andes. Sin embargo, mientras el urbanismo de los majestuosos centros urbanos teocráticos de estas regiones se precipitaba en una irremediable crisis —acompañando la debacle de las formaciones sociales que les dieron origen— en la región de Ayacucho surgía un nuevo tipo de urbanismo, cuya base social y económica no habría tenido un sustento inmediato en la capacidades productivas de la agricultura local, que aparentemente no habría alcanzado condiciones para ser ampliamente excedentaria.

Fig. 305. Plano general de la ciudad de Wari (Williams 2001: fig. 3).

En todo caso, dado que el sustento del desarrollo urbano requiere necesariamente de la generosa disponibilidad de recursos agrícolas, debemos pensar que este requerimiento pudo ser resuelto ampliando la apropiación de estos en la escala territorial, para lograr así el acopio de los excedentes necesarios para sostener la economía urbana. Esta escala ampliada de la base territorial de apropiación pudo ser lograda mediante distintas vías. Entre estas, la notable especialización manufacturera instalada en los asentamientos Wari, permitiría pensar en el posible intercambio de productos urbanos, como cerámica o textiles finos u otros artículos de prestigio, a cambio de productos agropecuarios; el establecimiento de una dinámica de intercambio que pudo ser impuesta con mecanismos ideológicos y el uso de la fuerza, funcionales a los propósitos de anexión territorial; así como el impulso a la articulación e intercambio de recursos diversos entre distintas regiones; y la capacidad organizativa del Estado para establecer sistemas de tributación y movilización de la fuerza de trabajo, emprendiendo el

desarrollo de obras públicas (canales, sistemas de andenería) de escala supracomunal, que redundaran en la ampliación e intensificación de la producción. En este contexto, la ciudad de Wari se habría constituido no sólo en un centro de poder, sino también en el centro articulador de una novedosa propuesta de integración macrorregional, inédita hasta ese entonces en los Andes

Centrales.2

2 Este podría ser otro aspecto que ligaría la evolución de Wari con la influencia Tiahuanaco desde los Andes Centro Sur. Mayormente se ha hecho énfasis en determinados elementos culturales e iconográficos compartidos —como el célebre dios de los báculos posiblemente derivados del prestigio de la cosmogonía religiosa altiplánica; al igual que en ciertos aspectos relacionados con la lítica arquitectónica, funeraria y escultórica. Sin embargo, no es de descartar el intercambio de otros aspectos menos tangibles, pero no por esto menos importantes, como es el caso de las sofisticadas estrategias de integración y colonización desplegadas por Tiahuanaco en el sur andino, articulando los valles occidentales y el litoral de la Costa, con el altiplano circumlacustre y las yungas orientales de Bolivia. Si está probada la coexistencia Wari con poblaciones afiliadas a Tiahuanaco en el valle de Moquegua, no hay razones para descartar esta hipótesis, mas si este contacto se daba en una de las regiones donde esta estrategia era implementada de manera privilegiada por los tiahuanaco.

Fig. 306. Plano de los principales sectores al norte de la ciudad de Wari (Isbell et al. 1991: plano 1).

Las excavaciones arqueológicas desarrolladas en Wari han permitido establecer que en las capas más profundas de la ciudad se encuentran evidencias de una temprana ocupación del período de los Desarrollos Regionales, afiliados a la sociedad Huarpa que dominaba la región de Ayacucho durante esa época. Sin embargo, dado lo limitado de estas excavaciones, no ha sido posible establecer el tipo de asentamiento presente durante esta época, que bien podría haber correspondido a un poblado extenso como también a un asentamiento en el que ya se afirmaban determinados rasgos urbanos. En todo caso, la relativa abundancia de estas evidencias tempranas permiten inferir la presencia de una población bastante importante, la que podría haber constituido una sólida base para el desarrollo inicial de la ciudad en ese emplazamiento (ibid: 25).

La transición hacia la conformación de la ciudad se habría dado durante el Huarpa tardío y la fase temprana del Horizonte Medio I, asociada al estilo cerámico Chakipampa, tal como lo documentan las excavaciones realizadas en el sector de Wari conocido como Moraduchayuq, donde se presenta una compleja estratigrafía y algunos aspectos fundamentales para el entendimiento de la ciudad, desde sus tempranos orígenes y su posterior evolución, a través del notable testimonio de una secuencia de remodelaciones (ibid).

Las excavaciones en el sector de Moraduchayuq

Fig. 307. Plano del sector de Moraduchayuq (Isbell et al. 1991: fig. 6).

En Moraduchayuq, un sector al suroeste de la ciudad de Wari, las excavaciones expusieron un posible templo, caracterizado por presentar un patio o recinto semisubterráneo de planta perfectamente cuadrangular y cuyos lados de 24 m de largo estaban orientados con los ejes cardinales. El piso de este recinto estuvo cuidadosamente enlucido, mientras que sus muros alcanzaban una altura de 3.80 m y presentaban un fino aparejo de piedra labrada. En oposición a los paramentos lisos del interior del recinto, la cara posterior de los muros es marcadamente irregular, como resultado de las diferencias de espesor de los bloques de piedra que conforman su aparejo. Esta evidencia permite establecer que estos muros cumplieron la función estructural de contener los rellenos que rodean el recinto y que, por lo tanto, éste fue construido ex profesamente como un espacio hundido o semisubterráneo (Isbell et al. 1991: fig. 10).

Este posible recinto ceremonial fue integrado dentro de un complejo cercado, dado que al Este del mismo se ubicaron vestigios de dos murallas paralelas que definían un pasaje entre ellas. Estos datos permiten a los investigadores suponer que ya desde esta época se estaban desarrollando en la ciudad una serie de complejos cercados, los que comenzaban a definir una trama urbana con el establecimiento de determinados ejes de circulación que, por lo menos en este sector, tendían a orientarse con los puntos cardinales (ibid: 28-32).

El recinto de Moraduchayuq fue objeto de algunas remodelaciones, con eventos de relleno que estuvieron asociados a la elaboración de nuevos pisos cada vez más elevados. Algunos de estos pisos presentaban evidencias de enlucido con arcilla blanca y uno de ellos de la aplicación adicional de pintura roja o rosada. En una de las últimas remodelaciones del recinto, el piso fue recubierto con lajas de piedra. Finalmente, durante la época I B, este posible espacio ceremonial fue rellenado y sellado para posibilitar la construcción de nuevas edificaciones, cuyos patrones arquitectónicos fueron definitivamente distintos.

Con el desarrollo de este nuevo tipo de estructuras arquitectónicas, se percibe que comenzarían a imponerse en la ciudad de Wari, al igual que en sus principales enclaves urbanos, patrones ortogonales, que tienden a ordenarse generando unidades modulares. Estas unidades, que en términos generales definen la tipología del urbanismo de Wari y que denominamos como kanchas wari, se caracterizan por presentar como rasgo recurrente un patio central rodeado por estructuras en galería. A su vez, los muros perimétricos que delimitan estas unidades definían pasajes de circulación, conformando la trama urbana de los distintos sectores de la ciudad.

Los altos muros de estas estructuras presentan cimientos profundos y fueron elaborados con piedras rústicas y mortero de barro. La técnica constructiva empleada se denomina de «doble cara», es decir que las piedras fueron dispuestas con sus caras planas hacia ambos paramentos, mientras que el interior de los muros era rellenado progresivamente con piedras y barro. Tanto en las estructuras de las unidades como en los pasajes que las articulaban, se verificó que los paramentos de los muros, e inclusive los propios pisos, fueron terminados aplicándoles un enlucido de arcilla blanca.

La extraordinaria altura de los muros de las kanchas wari, no habría derivado sólo de la necesidad de aislamiento de estas unidades arquitectónicas, sino que respondería a la exigencia del diseño de estructuras que se desarrollaran en más de un nivel, lo que expresa en sus patrones arquitectónicos y urbanísticos la búsqueda por parte de los constructores wari de un alto coeficiente de edificación (Williams 2001: 90-94). [130]

Volviendo a Moraduchayuq, es también relevante señalar que las excavaciones arqueológicas registraron en los complejos arquitectónicos la presencia de varios canales subterráneos revestidos y cubiertos superiormente con lajas de piedra, por medio de los cuales se aseguraba tanto la provisión de agua como también el drenaje de la misma. El registro de la evidencia del abastecimiento de agua en determinados complejos es muy significativo, ya que podemos inferir que este no era un elemento aislado o limitado a algunos de estos complejos, sino más bien parte de una compleja y extensa red de alcantarillado, diseñada para resolver este imprescindible servicio urbano en los distintos sectores de la ciudad.[131]

Las excavaciones en las unidades expusieron también una serie de interesantes elementos arquitectónicos, como puertas que permitían el acceso y la conexión entre los recintos que los conformaban, así como la comunicación de estos con pasajes y patios. Igualmente se documentaron nichos en las paredes de algunos recintos y, menos frecuentemente, estrechas ventanas. En ciertos recintos se hallaron ménsulas corridas o cornisamientos

Fig. 308. Plano de detalle de un sector del piso y paramentos de la esquina sur oeste del patio hundido de Moraduchayuq (Isbell et al. 1991: fig. 10).

proyectados con relación a la cara de los muros, logrados mediante piedras empotradas en los muros y alineadas entre 2 a 2.30 m del piso. Este recurso técnico se utilizó para resolver el apoyo de las vigas y de la armadura de madera que descansaba sobre estas y que servía de soporte para asentar finalmente pisos de barro, lo que evidencia el desarrollo de edificios con dos o más pisos de altura en las kanchas (Isbell et al. 1991: 38-40).[132]Por su parte, los patios de las kanchas presentaron en su perímetro evidencias de banquetas corridas, a manera de una vereda que bordeaba sus cuatro lados. Estas tenían de 14 a 23 cm de alto sobre el nivel del patio y de 1.20 a 1.40 m de ancho. Aparentemente estuvieron cubiertas por la proyección de los aleros de los techos, proporcionando un espacio protegido del sol, la lluvia y de la eventual inundación del patio. De manera que estas banquetas pudieron constituirse en un lugar abierto y de expansión de los recintos laterales, bien iluminado y muy adecuado para el desarrollo de labores y actividades diarias (ibid: 40).[133]

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