Ciudad y Territorio de los Andes

Como conclusión de estas investigaciones y de sus estudios acerca de los patrones de asentamiento (Reindel et al. 1999), los investigadores proponen una estructura jerarquizada de los sitios Nasca en Palpa, la que habría tenido sucesivamente como centros principales a Los Molinos (Nasca Temprano) y a La Muña (Nasca Medio). Desde estos sitios se habría administrado el manejo el sistema de irrigación que hacía posible el cultivo de una de las zonas agrícolas más promisorias del valle, además de concentrar actividades productivas y ceremoniales del más alto nivel asociadas al culto de los ancestros y a los geoglifos de las pampas.

Se sugiere también que esta estructura jerarquizada de los asentamientos Nasca podría replicarse en otros valles de la cuenca, con posibles centros

Fig. 300. Geoglifo de las pampas de Nazca representando la figura de una araña (Loayza)

regionales como referentes en cada uno de estos. Se menciona en el marco de esta sugerente propuesta a Puente Gentil en el valle de Santa Cruz, Ventilla en el de Ingenio, Jumana en el valle bajo y Cantayoq en el valle medio del Nazca. Proponiendo que esta posible estructura de organización jerarquizada, a su vez, podría haber tenido como referente supraregional el prominente sitio de Cahuachi (Reindel e Isla 2001: 314).

Finalmente, es de relevancia la apreciación acerca de la evolución en la realización de los célebres geoglifos en las pampas y laderas de los valles de la región, estableciéndose su estrecha relación con los asentamientos de la población Nasca. Los estudios recientes conducidos en Palpa (Reindel et al. 1999, Reindel e Isla 2001), proponen una evolución temporal a partir de los geoglifos más tempranos de época Paracas, dedicados a la representación de motivos figurativos que privilegian las faldas de las laderas, de modo que podrían haber sido apreciados directamente por la población desde los valles. Posteriormente, durante el Nasca Temprano, los geoglifos con motivos figurativos afiliados a la iconografía de esta cultura, se desplazan hacia las elevaciones de las pampas, lo que los desvincula de su apreciación visual desde los valles oasis. Finalmente, en las fases más tardías las representaciones privilegiarán motivos geométricos generados por líneas o los llamados “campos barridos”.

De esta manera se constituyó un extraordinario palimpsesto cuya percepción visual no era directa, por lo que debió responder a la construcción de un enigmático paisaje ritual, en cuanto vasto espacio para el despliegue de actividades ceremoniales de la mayor relevancia por parte de la sociedad Nasca. Podríamos así suponer que en el mundo Nasca las restricciones observadas en la edificación de arquitectura ceremonial de envergadura monumental, se vieron compensadas con creces con la generación de un inconmensurable espacio ritual, mediante la imposición del signo de los geoglifos al espectacular paisaje de las pampas desérticas.

6

LA PRIMERA FORMACIÓN IMPERIAL ANDINA

Wari: la planificación urbana como política de Estado

Introducción

En los Andes Centrales durante el período denominado Época Wari (Lumbreras 1981a) o también como Horizonte Medio (Rowe 1962), que cronológicamente se ubica entre el 600 y el 1000 d.C., se asiste a la progresiva declinación de las formaciones regionales, como también a una serie de cambios que afectan la esfera de la cultura material e imponen modificaciones sustanciales en los patrones de asentamiento.

Este fenómeno, por una parte, está manifestando la crisis de las viejas formaciones teocráticas y, del otro, el surgimiento de nuevas formaciones sociales y, entre ellas, de un estado que conocemos como Wari, que expresan nuevas formas de organización económica y social. Se inaugura así una nueva época caracterizada por la presencia de sociedades con una impronta de corte más civil o seglar y de mayor relevancia política, donde el enorme peso que antes tuvieron la religión y la arquitectura pública ceremonial, fueron dando paso a formaciones, que estuvieron sustentadas por un eficiente aparato político administrativo, que les permitió ampliar la base productiva mediante obras públicas e instaurar una economía de mayor énfasis redistributivo, sin olvidar por esto la organización del ejercicio de la guerra como un importante componente del poder.

Estas nuevas formaciones económico sociales se verían expresadas —en términos del modelo de asentamiento— en ciudades o asentamientos urbanos donde lo central y sobresaliente ya no será el templo, en la forma de colosales montículos piramidales, sino más bien los complejos palaciegos de carácter político administrativo. Esta nueva época y sus modelos de urbanismo, que inicia con el fenómeno Wari, se proyectará luego durante el desarrollo de los estados tardíos, especialmente en aquellos asentados en la costa norte y central del Perú.

Sin embargo, con referencia a esta época y a las que le suceden, es importante hacer algunas precisiones ya que muchas veces se ha sugerido que a partir de este momento se impondría el urbanismo en los Andes Centrales. Este es un equívoco frecuente, que puede dar a entender que antes de esta época no existieron formas de vida urbana o ciudades, lo cual, como ya hemos visto ampliamente, es totalmente inexacto. De la misma manera, para ser más precisos, este nuevo tipo de urbanismo evidentemente no excluyó tampoco la presencia de aldeas y otros poblados como necesaria contraparte en el ámbito rural. Este un tema de relevancia, sobre todo si se pretende examinar el modelo de asentamiento impuesto por una formación imperial en sus dominios provinciales, donde históricamente y a nivel universal es recurrente documentar el urbanismo implantado por el poder imperial, coexistiendo con poblados de carácter rural, que mayormente presentan formas de organización «espontánea», como también repertorios culturales fuertemente teñidos por su filiación étnica y las matrices que definen los componentes locales.

Los antecedentes

Los antecedentes de Wari tienen sus raíces en Ayacucho, una región hasta ese entonces algo marginal dentro del proceso civilizatorio de los Andes Centrales, donde la cultura regional Huarpa procesaría en sus fases tardías algunas innovaciones trascendentes. Se ha señalado la importancia que habría tenido en el proceso de surgimiento del fenómeno Wari, los tradicionales contactos de la región ayacuchana con la costa de Ica y Nazca, así como con la sierra sur y el altiplano del Titicaca, desde donde recibiría respectivamente notables influencias de Nasca y Tiahuanaco (Menzel 1964, 1967).

Según Lumbreras (1981b: 24) las influencias de Nasca se darían en las fases tempranas del Horizonte Medio, con estilos como Okros y

Chakipampa, y serían evidentes inclusive en tipos cerámicos tardíos de Huarpa, donde ya se aprecia la incorporación de la policromía; mientras que las influencias de Tiahuanaco serían algo posteriores y se manifestarían con el despliegue de algunos de sus íconos más destacados tanto en la cerámica decorada como en el arte textil. Bajo estas influencias y contactos, la sociedad Huarpa habría procesado una creciente especialización manufacturera en el campo de la cerámica y los textiles, complementando con estas industrias sus capacidades productivas, en vista de las limitaciones que presentaba la agricultura en una región donde son predominantes las condiciones de aridez y escasos los suelos con vocación agrícola.

Fig. 301. Mapa con los principales sitios del período: 1 Viracochapampa

  1. Pampa Grande
  2. San José de Moro
  3. Galindo
  4. Honqo Pampa
  5. Villkawain 7 Wariwillka
  6. Wari
  7. Conchopata
  8. Azángaro
  9. Jincamoqo12 Maymi?

13 Cerro del Loro? 14 Pikillacta

15 Cerro Baúl (Canziani)

Efectivamente, no obstante las limitaciones para lograr una agricultura excedentaria, la zona presenta condiciones favorables para la producción de manufacturas, en especial cerámica y textiles. En el primer caso, son abundantes las canteras con arcillas de excelente calidad, así como la presencia de pigmentos y recursos combustibles; en el segundo caso, el valle de Ayacucho está rodeado de zonas de puna y praderas elevadas que son propicias para la crianza de camélidos (llamas y alpacas) y el manejo de manadas silvestres de vicuñas, igualmente se encuentran en la zona ex-

Fig. 302. Mapa de la región de Ayacucho con la localización de Wari, Conchopata, Azángaro y otros sitios arqueológicos de la época

(Isbell 2001: fig. 3)

celentes recursos tintóreos orgánicos como la cochinilla (Dactylopius confusus) que proporciona tonos rojos, y botánicos como la tara (Caesalpina tara) que brinda negros y marrones, el molle (Schinus molle) los amarillos, mientras el añil (Indigofera suffructiosa) los azules, y el aliso (Alnus jurullensis) los naranjas y amarillos, entre otras plantas que sería largo enumerar (ibid: 50-55).

En el marco de este proceso de creciente especialización manufacturera, se presentarían ciertos indicios que permiten suponer que la sociedad Huarpa en sus fases tardías, estaba transitando hacia ciertas formas de urbanismo, cuyos avances podrían haberse plasmado inicialmente con la constitución de dos conspicuos centros urbanos: Conchopata y el propio sitio de Wari, que testimoçnian una importante evolución posterior (ibid: 42, 60).

Es interesante notar que en Conchopata se ha reportado una alta densidad de ocupación, presentándose una organización de las estructuras arquitectónicas con patrones rectangulares, con una red de vías de circulación y sistemas de canalización del agua. En los sectores excavados los conjuntos arquitectónicos presentan patios, alrededor de los cuales se desarrollaban los recintos que servían como lugar de residencia y producción a los artesanos, mayormente especializados en la elaboración de cerámica policroma. En todo caso, de estos dos posibles núcleos urbanos primigenios, sólo Wari alcanzaría un desarrollo mayor, mientras que Conchopata habría asumido un rol secundario y quizás dependiente del centro principal (ibid: 31, 61-62).

Fig. 303. Plano de un sector de Conchopata con indicación de las estructuras con planta en forma de “D” (Isbell 2001: fig. 10).

Se ha sugerido que Conchopata podría haber constituido el antecesor del modelo de organización urbana que evolucionaría a formas rígidamente planificadas en otras ciudades Wari, como Pikillacta y Viracochapampa (Pozzi Escot 1991: 91). Sin embargo, también se afirma que su ocupación es contemporánea con la ciudad de Wari, por lo que parece más apropiado explicarnos las diferencias no tanto a partir de una lógica evolucionista, sino más bien desde el punto de vista funcional. A nuestro entender, la afirmación de las unidades modulares con patio central se daría en Wari en el marco de los lineamientos de las políticas de planificación estatal, que tiene por objeto generar una trama urbana que resuelva las actividades administrativas, productivas, ceremoniales y residenciales, de acuerdo con el modelo conceptual de organización del espacio urbano liderado por la elite política. Mientras tanto, en Conchopata habrían continuado vigentes los patrones mayormente «espontáneos», donde las edificaciones se construían en una constante agregación, de lo que resultaría su trazado algo irregular.

Desde el punto de vista funcional, Conchopata revela un fuerte énfasis en los aspectos residenciales y productivos de sus habitantes, mayormente especialistas alfareros dedicados a la producción masiva de cerámica fina. Por lo tanto, nos parece factible explicarnos las diferencias a partir de estos aspectos, que otorgarían a Conchopata un mayor peso comunal y productivo, donde su larga tradición como centro manufacturero de eximios ceramistas, le podría también haber conferido cierto margen de autonomía con relación a la autoridades políticas que sentaron sus reales en la ciudad de Wari.

La extensión de este importante asentamiento, ubicado sobre una terraza elevada en proximidad de la ciudad de Ayacucho, se estima en algo más de 20 ha. En Conchopata, además de las notables evidencias de talleres de alfareros, se han registrado importantes hallazgos de ofrendas de cerámica destruida ritualmente; así como la presencia de por lo menos dos estructuras con planta en forma de «D» asociadas a una aparente función ceremonial. Sin embargo, la construcción del aeropuerto de la ciudad y una expansión urbana irresponsable han conducido en las últimas décadas a la progresiva destrucción de la mayor parte del sitio, haciendo peligrar las escasas áreas arqueológicas conservadas (Isbell 2001, Pozzi Escot 1991).

La capital Wari en la cuenca de Ayacucho

El sitio arqueológico de Wari se encuentra enclavado en la región de Ayacucho, y se sitúa a

unos 2,700 msnm localizándose en una planicie elevada que separa las cuencas de Huanta al norte y la de Huamanga al sur. Lumbreras (1981b) hace referencia a una región oriental relativamente húmeda y otra occidental más árida. Esta posición especial debió ser elegida por su ubicación estratégica con relación a los recursos agrícolas de los valles inmediatos y a la población que estos albergaban. Rodeando estas cuencas se despliegan extensas zonas de puna donde los cultivos y la ganadería de altura, debieron de ampliar la gama de recursos alimenticios y productivos disponibles. La presencia de terrazas agrícolas abandonadas en los alrededores del sitio, podrían corresponder a los esfuerzos realizados para ampliar el acceso de los habitantes de la ciudad a mayores recursos alimenticios.

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